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Infidelidad: “no hicimos el amor, no te confundas…cogímos”

Infidelidad: “no hicimos el amor, no te confundas…cogímos”

 
Todas las historias relatadas son experiencias que uno tiene a lo largo de la vida, llevadas a una propuesta literaria. Recordarlas y compartirlas nos lleva a lugares inimaginables y placenteros. Esta tiene un especial recuerdo en mi memoria. (aclaro que hay una mezcla de fotos reales y de fantasías)

 
Debía hacer un trabajo de investigación sobre la movida nocturna en mi ciudad. Eso requería realizar una labor nocturna, de trasnoche. Para mi era un contratiempo, casado, luego de años de noviazgo, con un hijo y horarios de trabajo complicados. En ese mismo tiempo con mi mujer las cosas no estaban bien, después del parto, ella había perdido el deseo sexual.
 
Mi jefe me dijo: “no vas a ir solo, va con vos Valeria, así ella puede tener la visión de las chicas”. Ella hermosa, 30 años, 1,65 m de altura, tez blanca, caderas prominentes, un culo levantado, pechos pequeños, cabellos ondulados a la altura de los hombros, un rostro hermoso, soltera y vivía con una amiga. Yo: 32 años, con poco sexo y una calentura que volaba. Pero mi intensión era trabajo, no otra cosa; estaba casado luego de un noviazgo donde fui infiel varias veces, había asumido el compromiso de ser leal desde el casamiento y lo cumplía.
 
Nos encontramos a las 23 hs en una plaza céntrica, con el fin de recorrer diferentes lugares. Charlar con jóvenes veinteñeros/as para saber cómo vivían la movida nocturna correntina. La verdad es que con Valeria había conexión, pero laboral, nos conocíamos de la facultad, teníamos pensamientos políticos semejantes y una visión de la vida muy parecida. Pero eso, nada más, ella sabía que era casado.

 
Comenzó la marcha, un bar, otro bar, charla, preguntas, te regalan algo para consumir, el dueño del lugar tratando de “acomodarse” para que haya una buena referencia de su comercio. Ambos tomábamos y la pasábamos bien trabajando juntos. Ella llamaba la atención con su camisa suelta, metida en el frente y su culo que sobresalía, el jean le quedaba precioso; su figura era un buen gancho para hacer notas. Luego de un par de horas volvimos a la plaza. Nos sentamos cada uno con una cervecita en la mano, prendimos un cigarrillo y charlamos.
 
Era una noche calurosa de verano en el nordeste argentino. Con la bebida el clima cambió, nos desinhibimos, comenzaron las charlas con doble intensión, y la tensión sexual subía, aunque estaba contenida. Lo noté, a través de su camisa azul ella no podía ocultar sus pezones parados, al principio lo intentó, pero luego abandonó la lucha; no solo eran sus pezones, sus pechos resaltaban de manera hermosa como dos montañas finalizando en picos; para mí era imposible dejar de mírárlos, trataba, pero no podía. Ella se dio cuenta, no tuvo vergüenza en seguir el juego, dijo que tenía calor, hizo flamear su camisa como para ventilarse y sin querer un botón se desprendió dejando una vista bellísima e insinuante de sus pechos. En mi entrepierna mi verga estaba semidura y se notaba a través del pantalón, ella lo miró un par de veces. Había un juego tácito de los dos excitándonos. Pero no nos animábamos.   
 
Eran como las 4 de la mañana, el trabajo había terminado y ella debía irse, vivía cerca, me ofrecí a acompañarla por una cuestión de seguridad y caballerosidad. Su casa a un par de calles era un departamento bonito, compartido con una amiga. Llegamos a la puerta y busqué una excusa, pedí un vaso de agua, me invitó a pasar, me pidió que no haga ruido que su amiga dormía en la otra pieza en ese momento, prendió la luz de la cocina quedando el living casi en penumbras. Me senté en el sillón y allí ocurrió ese momento bisagra en donde ocurre la magia; todos y todas lo conocemos se palpa en el ambiente y se siente en el cuerpo: la vi venir hacia mí, con el vaso de agua en la mano, sus caderas se movían hipnóticamente, su pecho soberbios y parados; al verla desde abajo era un monumento sensual. Se paró frente a mí, entreabrió las piernas levemente y extendió la mano con el vaso de agua. La miré primero a los ojos, luego bajé, hacia los pechos y finalmente concluí en su entrepierna. Había ese aroma mezcla de hembra en celo, macho caliente, sudor de bares, cigarrillo y cerveza. “¿Y…te vas a servir o qué?” me dijo en tono insinuante sacándome de mi estado de obnubilación. Tomé el vaso y ella se sentó a mi lado en el sillón de dos cuerpos. Bebí un sorbo y lo dejé en la mesita que estaba junto al apoyabrazos, cuando giré el rostro para mirarla, sus pequeños ojos estaban clavados en los míos y su boca cercana.
 
El destino estaba echado, era como saltar de un precipicio sin saber a dónde caer. La miré, la tomé suavemente de su nuca y la besé con pasión, ella se dejó, lo deseaba. Sentí sus labios carnosos, nuestras lenguas se abrazaron, el gusto de nuestras bocas era a cigarrillos y cerveza. Comencé una danza con las manos: primero las piernas, subiendo hasta su entrepierna que-a pesar del jean- hervía, ella abrió las piernas, seguí por su vientre debajo de la camisa, amasé sus tetas con lujuria, un leve gemido salió de su boca, metí la mano por debajo del corpiño y llegué a los pezones, que tanto había visto durante toda la noche. Con la yema de los dedos di vueltas por la aureola:“haayy…como me gusta” dijo Valeria, entonces con cuidado, pero con firmeza aprete la punta, tenía ambas manos en sus tetas, ella dio un leve quejido de placer y me clavó las uñas en la pierna.
 
cerveza

Allí estábamos, en la penumbra de su living, sentados en el sillón, sin hacer mucho ruido, besándonos apasionadamente y manoseándonos. Un hombre y una mujer de 30 años ella soltera, yo casado siendo infiel. Ella entregada: con la cabeza y sus brazos hacia atrás ofreciéndome su cuerpo, con las piernas abiertas. Yo, inclinado sobre ella haciéndola gozar, con la misión de tratar de quitarle la camisa, para disfrutar de sus pechos, el corpiño ya estaba por el cuello, llevé una mano atrás para desprenderlo (ese arte que debemos conocer los hombres para soltar los ganchos con una sola mano, mientras hacemos otras cosas), cuando al fin lo logré, como un mensaje ocurrió algo: mi anillo de casado se enganchó con el gancho del broche, tironeé bruscamente, no lograba desengancharlo. La situación fue incómoda. Hasta ese momento éramos dos personas sin importar nada más, en ese instante mi esposa apareció en medio. Creí que eso arruinaría todo, pero no; creo que nos encendió. El morbo de lo prohibido de violar las reglas es poderoso. Finalmente cedió el corpiño y como un lobo me arrojé sobre sus pechos, la camisa ya estaba por el piso, los besaba, amasaba y mordisqueaba los pezones; mientras ella me acariciaba la cabeza. “Quise comerte las tetas toda la noche” le dije; “si, me di cuenta y yo quería que me las comas” me contestó, con voz de putita. Tomé ambos pechos, los junté y pasé la lengua de pezón en pezón, arrancándole un suspiro, que luego supe fue su primer orgasmo. Me quité la camisa, ambos con el torso desnudo, nos rozábamos, traspirados y calientes. Tirado sobre ella le franeleaba la pija en la entrepierna como si la cogiera, ella se abría y se me ofrecía, sentía que tenía la concha hirviendo y húmeda.

cojer

 
No podíamos seguir en ese lugar incómodos y con el peligro que su compañera de departamento nos viera. A medio vestir nos dirigimos a su dormitorio. Quise prender la luz y no me dejó. Nos desvestimos nos arrodillamos en la cama, nos abrazamos y comenzamos a manosearnos. Tomé su culo con las manos, sentí sus pezones en el pecho, quise arrimarle mi verga dura a su vagina. “No” me dijo con firmeza, no entendí. Me paré en la cama y le ofrecí mi pija dura, comenzó a pasarle la lengua por los costados, lo engulló de una sola vez, en la oscuridad vi que me miraba a los ojos, me calentaba más. Inició una chupada fenomenal: luego de tragárselo todo, pasó la lengua alrededor de la cabeza, todo babeado lo tomó, lo puso mirando al techo y pasó su lengua desdelos huevos a la punta. Cada tanto la tomaba del pelo y la hacía tragársela. Yo, estaba en éxtasis, cuando sentí que había peligro de acabar, paré, la empujé para dejarla tirada en la cama, me arrodillé entre sus piernas para de besar su cuerpo, de hacerla gozar bien antes de penetrarla. Cuando me dirigía con mi boca hacia su vagina me paró, “no, no por favor, que no estoy afeitada” me dijo. Allí entendí cuál era el problema: porque no dejaba que le toque la entrepierna, porque no quería la luz prendida. “No me importa…”le dije, “¿en serio?” respondió. No terminó de decirlo cuando yo tenía mis labios besándole su clítoris peludo, muy peludo.

corrientes

 
Nunca fueron para mi inconveniente los bellos corporales, eso no me impide disfrutar y hacer gozar a una mujer. Primero besé su clítoris un ratito y luego pasé la punta de la lengua por él. Lentamente bajé por su concha, entre pelos y fluidos, mientras seguía jugando con la yema de mis dedos con su clítoris. Con mi lengua recorrí sus labios vaginales, su concha era un mar, su olor me penetraba y sentía que la pija se me ponía mas dura. “Cogéme, cogéme ya….” suplicó Valeria. No quería hacerlo, alejé mi rostro, la miré a los ojos y comencé a masturbarla con firmeza; en la oscuridad vi como sus ojos se abrieron y de su boca salió un gemido. “Nooo, quiero tu pija, quiero que me abras” dijo ella, “mmm…Valeria que puta sos, te gusta la pija, querés que te reviente la concha” le dije, ya sacado por la calentura. Quité mis manos, con las rodillas abrí sus piernas y la elevé levemente con una almohada bajo su cadera, puse las manos sobre el respaldo de la cama y la penetré de una hasta el fondo, sin miramiento, con pasión y furia. Entré a su concha, era estrecha y mi pija gruesa, sentí centímetro a centímetro como la penetraba, como me deslizaba, la quería empalar, llegar hasta el fondo. “Hay hijo de puta” me dijo lujuriosa, “te gusta mi pija trola de mierda” le respondí, “sii…me está abriendo toda, despacio hijo de puta” pidió -en ese intercambio de insultos que nos excitaba-,mientras inconscientemente enrollaba sus piernas en mi cintura para que la penetrara.

peluda

 
La cogí con fuerza, la quería reventar, era una concha nueva luego de años de casamiento y fidelidad. No sé cómo explicarlo me sentía renovado, macho, poderoso. Ella también estaba desesperada, se notaba que hace rato no lo hacía. Puse sus piernas en mi hombro, saqué mí verga brillosa por sus jugos hasta el borde de su concha, rocé con la cabeza su punto “G” y luego fui hasta el fondo, la quería atravesar, sentí su queja. Entendí que tenía que tranquilizarme. Luego de un rato me pidió estar arriba. La postal desde abajo era bellísima, con la vista acostumbrada a la oscuridad podía ver sus gestos, sus tetas bamboleándose, estaba gozando, ahora Valeria con furia se movía hacia atrás y adelante penetrándose y haciéndome sentir -ahora ella- que me estaba haciendo gozar (luego me dijo que la calentaba la cara de perverso que ponía y que con cada arremetida ella gozaba más). Sentí el preciso momento en que acabó, por tres cosas: su útero se contracturó y me apretó la verga; se levantó levemente para que salga mi pija y tener un voluminoso squirt, que mojó mi abdomen y las sábanas; y un sonido gutural que salió de su garganta fue la demostración sonora de su placer.

infidelidad

 
Todo era un enchastre: bellos púbicos mojados, transpiración, jadeos, insultos, calentura. Mi pija seguía dura y dentro de ella, luego de sus orgasmos comencé a mover la cadera hacia arriba penetrándola un par de veces más y estaba por acabar con Valeria montándome. Cuando ella lo percibió me dijo:“¡Sali!, adentro no” y pegó un salto, mi leche alcanzó a la parte interior de su entrepierna, y el exterior de su vagina, el resto cayó en mi abdomen. No paraba de salir: 1,2,3,4, 5 chorros. “Que caliente que estabas, no cogés en tu casa” fueron las palabras que salieron de sus labios; rápidamente respondí: “¿y vos? acabaste a chorros, mojaste toda la cama”. Nos miramos y reímos. Desde abajo pude ver como su concha brillaba en la oscuridad, era una maraña de pelos pegoteados del cual caían gotas de semen mezclados con su squirt, mi abdomen y pecho estaban embarrados de las muestras del placer que habíamos tenido. Se recostó a lado mío, ambos mirábamos el techo y le dije: “no lo sabía, pero que ganas de hacerte el amor que tenía”, ella respiró hondo y me contestó: “no hicimos el amor, no te confundas…cogímos, solo eso”. Yo quede pensando. 

oscuridad

Se leen los comentarios y se agradecen los puntos. Saludos.
         

sin depilar

3 comentarios - Infidelidad: “no hicimos el amor, no te confundas…cogímos”

Ldmo37 +2
Que lindo cuando los dos se tienen ganas y pueden dar rienda suelta, bonita experiencia. Van 10
TodoPensamientos
Así se dió casi sin saberlo