Veníamos con mis amigos de un agotador partido de fútbol en verano. El calor era terrible, nuestras camisetas pegoteadas a nuestras pieles gracias al sudor que emergía de nuestros cuerpos.
Fuimos hacia el vestuario para cambiarnos y descansar. Pero, ni 3 segundos de haber ingresado, nuestra atención quedó centrada en el duraznito de un pibe que se estaba bañando y ni conocíamos. Por lo menos la mía. Al ver el agua escurrir por su piel desnuda y sus movimientos lentos y distraídos bajo la regadera de pronto lograron que mi parte baja se sienta algo ajustado e incomoda.

Creo que mis compañeros también se impactaron, se creo un silencio y un par de murmullos. Ponían caras de sorpresa al ver semejante delicia tan regalada. Y eso que veníamos de gritar goles, no gemidos.
El chico al sentir movimiento se deslizó unos grados su rostro hacia atrás, nos percibió, era consciente de nuestra presencia, pero como que no le importó y siguió en la suya.
Mis amigos comenzaron a retirarse, yo me quedé para bañarme y sacar el sudor. Me ubiqué detrás de este chico. No tenía jabón así que atiné a pedirle. Me lo prestó. Al darse vuelta, percibí su depilación total del vientre, tenía marcado un poco sus abdominales por donde el agua escurría como manantial y caía directo hacia la fuente por su parte más íntima y deseable.
No llegué a ponerme de perfil para que él no perciba mi erección. Su jabón limpiaba cada parte de mi ser. Hasta tenía su fragancia impregnada. Olerla era droga total.
Ambos finalizamos al mismo tiempo, tomamos nuestras toallas y nos secamos de un poco, lentamente. Él no sacaba la mirada de abajo mía mientras secaba su parte trasera. Tanta tensión que mi mirada ya no lo pudo evitar, lo miré a los ojos, sonriendo, yo no sabía que hacer. Pero ya parecíamos conocernos desde hace tiempo, había confianza, así que puse mi toalla sobre el hombro y le pregunté ¿cómo te llamás? —Enzo —me dijo. Y yo entendí que no era nombre: era permiso.
Fuimos hacia el vestuario para cambiarnos y descansar. Pero, ni 3 segundos de haber ingresado, nuestra atención quedó centrada en el duraznito de un pibe que se estaba bañando y ni conocíamos. Por lo menos la mía. Al ver el agua escurrir por su piel desnuda y sus movimientos lentos y distraídos bajo la regadera de pronto lograron que mi parte baja se sienta algo ajustado e incomoda.

Creo que mis compañeros también se impactaron, se creo un silencio y un par de murmullos. Ponían caras de sorpresa al ver semejante delicia tan regalada. Y eso que veníamos de gritar goles, no gemidos.
El chico al sentir movimiento se deslizó unos grados su rostro hacia atrás, nos percibió, era consciente de nuestra presencia, pero como que no le importó y siguió en la suya.
Mis amigos comenzaron a retirarse, yo me quedé para bañarme y sacar el sudor. Me ubiqué detrás de este chico. No tenía jabón así que atiné a pedirle. Me lo prestó. Al darse vuelta, percibí su depilación total del vientre, tenía marcado un poco sus abdominales por donde el agua escurría como manantial y caía directo hacia la fuente por su parte más íntima y deseable.
No llegué a ponerme de perfil para que él no perciba mi erección. Su jabón limpiaba cada parte de mi ser. Hasta tenía su fragancia impregnada. Olerla era droga total.
Ambos finalizamos al mismo tiempo, tomamos nuestras toallas y nos secamos de un poco, lentamente. Él no sacaba la mirada de abajo mía mientras secaba su parte trasera. Tanta tensión que mi mirada ya no lo pudo evitar, lo miré a los ojos, sonriendo, yo no sabía que hacer. Pero ya parecíamos conocernos desde hace tiempo, había confianza, así que puse mi toalla sobre el hombro y le pregunté ¿cómo te llamás? —Enzo —me dijo. Y yo entendí que no era nombre: era permiso.
2 comentarios - El 🍑 mojado del vestuario💦