Erik vivĂa solo en su apartamento del centro. A sus 28 años, trabajaba desde casa como programador, con pocos amigos y cero vida sexual activa. Una noche, cansado de la rutina, decidiĂł explorar algo distinto. HabĂa escuchado de una app discreta, “DesireRoom”, donde podĂas contratar compañĂa por horas. No buscaba amor ni conversaciĂłn. QuerĂa una mujer real, en su cama, desnuda, y entregada a sus deseos.
ReservĂł sin pensar demasiado. EligiĂł la categorĂa “élite” y una hora despuĂ©s sonĂł el timbre.
Cuando abriĂł la puerta, el mundo se le detuvo.
—¿Tú? —dijo él, sin poder evitar el asombro.
AllĂ estaba Valentina. La misma Valentina de la universidad. La que pasaba con aires de reina, ignorando a todos salvo su cĂrculo exclusivo. Cuerpazo, tetas grandes, curvas marcadas, labios carnosos… y la misma actitud altiva.
Ella también lo reconoció. Tragó saliva.
—Erik… vaya sorpresa.
—¿Tú trabajas aqu�
Ella bajĂł la mirada, incĂłmoda.
—Digamos que hago lo que tengo que hacer.
Él sonrió, cerró la puerta detrás de ella y dijo:
—Bueno… esta vez no vas a ignorarme.

Valentina se quitĂł la gabardina lentamente, revelando un conjunto de encaje rojo que apenas cubrĂa su cuerpo perfecto. Erik se sentĂł y la mirĂł como si fuera un premio que siempre soñó tocar.
—Ponte de rodillas —ordenĂł, con una seguridad que nunca habĂa mostrado.
Ella lo hizo, sumisa, mientras desabrochaba su pantalón y le sacaba su pija. Su lengua fue cálida, húmeda, obediente. Se lo tragó entero con una habilidad inesperada, haciendo que Erik gimiera con los ojos cerrados, sujetándola del cabello.
DespuĂ©s de unos minutos, Ă©l la hizo girar y la tirĂł al sofá. La penetrĂł por detrás, duro por su concha hĂşmeda, tomándola de las caderas con fuerza. Cada embestida de su pija era una mezcla de revancha y deseo acumulado. Ella gemĂa, ya sin orgullo, pidiĂ©ndole más, arqueando la espalda mientras sus tetas se balanceaban con violencia.
—¿Asà te gusta, Valentina? —jadeó él—. ¿Asà de dura?

—SĂ... ¡más fuerte! —gritĂł ella.
La girĂł, la hizo montar sobre Ă©l. Ella cabalgĂł su pene como una experta, dejándose caer con fuerza, la tetas rebotando frente a su cara. Erik las tomĂł con ambas manos y las lamiĂł, desesperado, mientras sentĂa cĂłmo su vagina lo apretaba con cada movimiento.
Finalmente, cuando sintiĂł que no podĂa más, la tumbĂł, la abriĂł de piernas y la tomĂł una Ăşltima vez, profundo, hasta que la llenĂł por completo… pero no se detuvo. SacĂł su pene mojado y lo dejĂł descansar sobre sus tetas.
Ella jadeaba, agotada, rendida. Él la miró con una sonrisa triunfante.
—Nunca imaginĂ© que terminarĂas asĂ… debajo de mĂ.
Valentina le devolviĂł la mirada, mordiendo su labio.
—Ni yo… pero no te voy a mentir. Lo necesitaba.

HabĂan pasado dos semanas desde aquel primer encuentro, pero Erik no podĂa sacarse a Valentina de la cabeza. La habĂa contratado por una noche, pero el sabor de su piel, sus gemidos, su cuerpo rendido… todo eso lo perseguĂa como un vicio nuevo.
La volviĂł a contactar por la app. Esta vez no esperĂł respuesta: pagĂł el servicio premium y dejĂł una nota directa:
> “Te quiero esta noche. Sin ropa interior. Lista para todo.”
A las 9:00 p.m., el timbre sonĂł. AbriĂł la puerta y ahĂ estaba ella, con un vestido negro tan corto que parecĂa hecho para pecar.
—¿Otra vez tú? —dijo, sonriendo con malicia—. Empiezas a gustarme demasiado.
Erik no respondiĂł. Solo la jalĂł por la muñeca y la besĂł con hambre, con furia. Sus lenguas se entrelazaron como si el tiempo no existiera. La empujĂł contra la pared y le levantĂł el vestido. Ella no llevaba nada debajo, tal como habĂa ordenado.
—Estás mojada ya —susurró, deslizándole dos dedos en su concha.
—Estaba pensando en ti en el auto... me toquĂ© antes de llegar —le confesĂł ella al oĂdo, jadeando.
Él la arrodillĂł frente al sillĂłn y sacĂł su pene ya duro. Ella lo mirĂł con esa mezcla de desafĂo y deseo. Se lo metiĂł en la boca con ansias, y comenzĂł a mamarselo, tragándolo entero hasta el fondo. Erik la sujetĂł por la nuca y comenzĂł a marcar el ritmo.
—AsĂ... —le dijo con voz grave—. Como la putita que se hacĂa la inalcanzable en clase.
Valentina gemĂa con la boca llena, moviendo la lengua, mirándolo con ojos hĂşmedos mientras Ă©l temblaba de placer.
No tardó en levantarla y cargarla hasta la cama. La dejó caer boca arriba, le abrió las piernas, le rozo la pija dura por la concha y la penetró con fuerza. Cogiendola con furia.Ella gritó de placer, aferrándose a las sábanas.
—¡Dios... Erik! ¡AsĂ... no pares!
Ella se sentĂł sobre Ă©l, se indrudujo su pene en su concha y comenzĂł a cabalgarlo como una loca, rebotando con sus grandes tetas agitándose frente a su cara. Él las chupĂł, las apretĂł, la azotĂł suavemente mientras ella se movĂa cada vez más rápido sobre su pija.
Pero Ă©l querĂa más.
—Ponte en cuatro —ordenó.
Valentina obedeciĂł. Erik escupiĂł sobre su mano, lubricĂł su culo y comenzĂł a empujar. Ella jadeĂł con una mezcla de dolor y Ă©xtasis mientras lo sentĂa abrirle el culo, centĂmetro a centĂmetro.

—¡Ahhh... me estás partiendo! —gritó ella—. ¡Pero me encanta!
Él embestĂa sin piedad, sujetándola de las caderas, golpeando su cuerpo contra el suyo mientras el cuarto se llenaba de gemidos, piel contra piel, placer crudo.
Cuando ya no pudo más, la sacó y se vino entre sus tetas, salpicándola con su deseo mientras ella lo miraba con una sonrisa perversa.
—Esto... —dijo ella, limpiándose con un dedo y chupándolo—. Va a volverse un hábito.
Erik la mirĂł, aĂşn jadeando.
—Y pensar que antes ni me mirabas.
—Y ahora —susurró ella, sentándose sobre él una vez más—, soy toda tuya... cuando quieras.
ReservĂł sin pensar demasiado. EligiĂł la categorĂa “élite” y una hora despuĂ©s sonĂł el timbre.
Cuando abriĂł la puerta, el mundo se le detuvo.
—¿Tú? —dijo él, sin poder evitar el asombro.
AllĂ estaba Valentina. La misma Valentina de la universidad. La que pasaba con aires de reina, ignorando a todos salvo su cĂrculo exclusivo. Cuerpazo, tetas grandes, curvas marcadas, labios carnosos… y la misma actitud altiva.
Ella también lo reconoció. Tragó saliva.
—Erik… vaya sorpresa.
—¿Tú trabajas aqu�
Ella bajĂł la mirada, incĂłmoda.
—Digamos que hago lo que tengo que hacer.
Él sonrió, cerró la puerta detrás de ella y dijo:
—Bueno… esta vez no vas a ignorarme.

Valentina se quitĂł la gabardina lentamente, revelando un conjunto de encaje rojo que apenas cubrĂa su cuerpo perfecto. Erik se sentĂł y la mirĂł como si fuera un premio que siempre soñó tocar.
—Ponte de rodillas —ordenĂł, con una seguridad que nunca habĂa mostrado.
Ella lo hizo, sumisa, mientras desabrochaba su pantalón y le sacaba su pija. Su lengua fue cálida, húmeda, obediente. Se lo tragó entero con una habilidad inesperada, haciendo que Erik gimiera con los ojos cerrados, sujetándola del cabello.
DespuĂ©s de unos minutos, Ă©l la hizo girar y la tirĂł al sofá. La penetrĂł por detrás, duro por su concha hĂşmeda, tomándola de las caderas con fuerza. Cada embestida de su pija era una mezcla de revancha y deseo acumulado. Ella gemĂa, ya sin orgullo, pidiĂ©ndole más, arqueando la espalda mientras sus tetas se balanceaban con violencia.
—¿Asà te gusta, Valentina? —jadeó él—. ¿Asà de dura?

—SĂ... ¡más fuerte! —gritĂł ella.
La girĂł, la hizo montar sobre Ă©l. Ella cabalgĂł su pene como una experta, dejándose caer con fuerza, la tetas rebotando frente a su cara. Erik las tomĂł con ambas manos y las lamiĂł, desesperado, mientras sentĂa cĂłmo su vagina lo apretaba con cada movimiento.
Finalmente, cuando sintiĂł que no podĂa más, la tumbĂł, la abriĂł de piernas y la tomĂł una Ăşltima vez, profundo, hasta que la llenĂł por completo… pero no se detuvo. SacĂł su pene mojado y lo dejĂł descansar sobre sus tetas.
Ella jadeaba, agotada, rendida. Él la miró con una sonrisa triunfante.
—Nunca imaginĂ© que terminarĂas asĂ… debajo de mĂ.
Valentina le devolviĂł la mirada, mordiendo su labio.
—Ni yo… pero no te voy a mentir. Lo necesitaba.

HabĂan pasado dos semanas desde aquel primer encuentro, pero Erik no podĂa sacarse a Valentina de la cabeza. La habĂa contratado por una noche, pero el sabor de su piel, sus gemidos, su cuerpo rendido… todo eso lo perseguĂa como un vicio nuevo.
La volviĂł a contactar por la app. Esta vez no esperĂł respuesta: pagĂł el servicio premium y dejĂł una nota directa:
> “Te quiero esta noche. Sin ropa interior. Lista para todo.”
A las 9:00 p.m., el timbre sonĂł. AbriĂł la puerta y ahĂ estaba ella, con un vestido negro tan corto que parecĂa hecho para pecar.
—¿Otra vez tú? —dijo, sonriendo con malicia—. Empiezas a gustarme demasiado.
Erik no respondiĂł. Solo la jalĂł por la muñeca y la besĂł con hambre, con furia. Sus lenguas se entrelazaron como si el tiempo no existiera. La empujĂł contra la pared y le levantĂł el vestido. Ella no llevaba nada debajo, tal como habĂa ordenado.
—Estás mojada ya —susurró, deslizándole dos dedos en su concha.
—Estaba pensando en ti en el auto... me toquĂ© antes de llegar —le confesĂł ella al oĂdo, jadeando.
Él la arrodillĂł frente al sillĂłn y sacĂł su pene ya duro. Ella lo mirĂł con esa mezcla de desafĂo y deseo. Se lo metiĂł en la boca con ansias, y comenzĂł a mamarselo, tragándolo entero hasta el fondo. Erik la sujetĂł por la nuca y comenzĂł a marcar el ritmo.
—AsĂ... —le dijo con voz grave—. Como la putita que se hacĂa la inalcanzable en clase.
Valentina gemĂa con la boca llena, moviendo la lengua, mirándolo con ojos hĂşmedos mientras Ă©l temblaba de placer.
No tardó en levantarla y cargarla hasta la cama. La dejó caer boca arriba, le abrió las piernas, le rozo la pija dura por la concha y la penetró con fuerza. Cogiendola con furia.Ella gritó de placer, aferrándose a las sábanas.
—¡Dios... Erik! ¡AsĂ... no pares!
Ella se sentĂł sobre Ă©l, se indrudujo su pene en su concha y comenzĂł a cabalgarlo como una loca, rebotando con sus grandes tetas agitándose frente a su cara. Él las chupĂł, las apretĂł, la azotĂł suavemente mientras ella se movĂa cada vez más rápido sobre su pija.
Pero Ă©l querĂa más.
—Ponte en cuatro —ordenó.
Valentina obedeciĂł. Erik escupiĂł sobre su mano, lubricĂł su culo y comenzĂł a empujar. Ella jadeĂł con una mezcla de dolor y Ă©xtasis mientras lo sentĂa abrirle el culo, centĂmetro a centĂmetro.

—¡Ahhh... me estás partiendo! —gritó ella—. ¡Pero me encanta!
Él embestĂa sin piedad, sujetándola de las caderas, golpeando su cuerpo contra el suyo mientras el cuarto se llenaba de gemidos, piel contra piel, placer crudo.
Cuando ya no pudo más, la sacó y se vino entre sus tetas, salpicándola con su deseo mientras ella lo miraba con una sonrisa perversa.
—Esto... —dijo ella, limpiándose con un dedo y chupándolo—. Va a volverse un hábito.
Erik la mirĂł, aĂşn jadeando.
—Y pensar que antes ni me mirabas.
—Y ahora —susurró ella, sentándose sobre él una vez más—, soy toda tuya... cuando quieras.
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