Mariano tenía 25 años y vivía en Mar del Plata, una de esas ciudades donde el verano te volvía loco de calor y de ganas. En sus ratos libres, cuando no estaba laburando en el taller mecánico de su viejo, se tiraba en la cama con el celu en la mano y se prendía a los streams. Uno de sus favoritos era Coker, un pibe que hacía streams de gaming y charlas boludas que duraban horas. Pero la verdad, Mariano no seguía a Coker solo por los juegos. Desde la primera vez que la vio aparecer en cámara, todo cambió.
Juli Manzotti, la novia de Coker. Alta, morocha, con ese cuerpo que parecía hecho para volver loco a cualquiera. En los directos solía pasar por el fondo, saludar rápido o sentarse al lado de él un rato. Mariano se enganchaba como un perro. Apenas Juli aparecía, aunque sea para decir “hola chicos” con esa voz suave y un poco pícara, él ya no podía despegar los ojos de la pantalla. Se quedaba ahí, mirando cómo se movía, cómo se reía, cómo se le marcaban las tetas bajo la remera ajustada.
- Che, mirá esta mina… - se decía solo, bajito, mientras su mano ya bajaba despacio hacia el elástico del short.

Empezó a seguirla en Instagram. Ahí era peor. Fotos en bikini en la playa, stories en el gym donde se le veía el culo redondo y firme, o selfies en la cama con escote profundo. Mariano se pajeaba casi todos los días mirando esas fotos. Se imaginaba agarrándola de las caderas, metiéndole la cara entre las tetas, escuchándola gemir su nombre con ese acento argentino tan rico. Se corría fuerte, manchando la remera, y después se quedaba mirando la pantalla como un boludo, pensando que nunca iba a tenerla cerca.
Un día, mientras scrolleaba en Instagram, vio el anuncio de OLGA. El programa de streaming iba a hacer temporada de verano en Mar del Plata. Y ahí estaba: “Juli Manzotti confirmada como parte del equipo de TDT”. Mariano sintió que el corazón le daba un vuelco. Era su ciudad. Era su oportunidad. - Esta vez la veo en persona, boludo -, pensó. Empezó a contar los días.
El primer día de TDT en Mar del Plata, Mariano llegó temprano al salón donde grababan. Se sentó en la tercera fila, bien al medio, para no perderse nada. El programa fue una locura de risas, juegos y charlas. Juli estaba ahí, vestida con un vestido gris corto, pegado al cuerpo. Cada vez que se movía, Mariano sentía que se le endurecía la pija solo de mirarla. Apuntaba con el celu, sacaba fotos discretas, zoom a las tetas, zoom al culo cuando se daba vuelta. El programa terminó y el público aplaudió a full.

Después, el equipo de TDT salió a saludar a la gente. Juli estaba ahí, sonriendo, firmando autógrafos, sacándose fotos. Mariano sintió que el pulso se le aceleraba. Estaba a metros de ella. Se armó de valor y gritó: - ¡Juli! ¡Acá! -
Ella giró la cabeza, lo miró y sonrió. Se acercó caminando entre la gente. Mariano no podía creerlo. Estaba a un metro de la mina que se pajeaba todas las noches.
- Hola, ¿cómo andás? - dijo ella, con esa sonrisa que lo desarmaba.
- Boluda, no puedo creer que estés acá enfrente mío - soltó Mariano, nervioso pero sincero. - Soy fan desde hace rato. ¿Me das una foto? -
Juli se rio suave.
- Claro, dale. Gracias por la buena onda, eh. -
Se puso al lado de él. Mariano levantó el celu para la selfie. En el momento que sacó la foto, se acercó un poco más de lo necesario y pegó su cadera contra la de ella. Sintió el culo de Juli contra su pija, que ya estaba medio dura de tanto mirarla. Fue solo un segundo, pero él lo disfrutó como si fuera una eternidad. Juli lo notó, frunció un poquito el ceño, pero pensó que era por la cantidad de gente que había alrededor y no dijo nada.
Antes de que ella se moviera para seguir saludando, Mariano sacó un sobre del bolsillo.
- Tomá, un regalo chiquito. Abrilo cuando puedas, en tu casa. -
Juli lo tomó, sorprendida.
- Ay, gracias. Lo veo cuando llegue, prometido. Chau, cuidate. -
Le dio un beso rápido en la mejilla y se fue a saludar a los demás. Mariano se quedó ahí, con la pija latiéndole dentro del jean, mirando cómo se alejaba ese culo que acababa de tocar.
Llegó a su casa casi corriendo. Cerró la puerta de la habitación, se tiró en la cama y se bajó el pantalón sin perder tiempo. La pija le saltó dura, hinchada, con la cabeza ya brillando de pre-seminal. Empezó a pajearse despacio, recordando el momento exacto en que su cadera chocó contra el culo de Juli.
- Juli… boluda, qué culo tenés - gemía bajito, mientras la mano subía y bajaba por su pija. - Sentí cómo se te pegó mi pija, eh… solo un segundo y ya me tenés así. -
Se imaginaba que era ella la que estaba ahí, de espaldas, moviendo el culo contra él. Recordaba el olor de su perfume cuando se acercó, el calor de su cuerpo. Aceleró la mano, apretando fuerte.
- Te cogería ahora mismo, Juli… te metería toda la pija en ese culito que tenés… - jadeaba, con los ojos cerrados.
La corrida le llegó fuerte. Chorros gruesos de leche le salpicaron el pecho, la panza, hasta la remera. Se quedó ahí, respirando agitado, mirando el techo con una sonrisa de boludo enamorado.
Después de almorzar un sándwich rápido en la cocina de su casa, Mariano se puso la malla negra, una remera suelta y salió rumbo a la playa. El sol de la tarde pegaba fuerte en Mar del Plata. Caminó por la arena caliente hasta que, a lo lejos, cerca de la orilla, la distinguió. Era ella. Juli, sola, envuelta en una toalla que le cubría el cuerpo desde las tetas hasta arriba de los muslos. Estaba sentada en la arena, mirando el mar, con el pelo suelto cayéndole sobre los hombros. Mariano sintió que el corazón le latía en la garganta. No quería molestarla, no todavía. Se quedó parado a unos treinta metros, escondido detrás de un grupo de sombrillas, mirándola como un boludo.

- Mirá qué linda que está… sola, eh - murmuró para sí mismo, sin sacar los ojos de ella.
Esperó. Quería que se quitara la toalla, quería verla en bikini de cerca, aunque sea de lejos. Los minutos pasaban y Juli se levantó despacio. Caminó hacia la orilla, descalza sobre la arena. Metió el pie en el agua, moviéndolo un poco, probando la temperatura.
- Está ideal… - dijo ella en voz baja, casi para sí misma, pero Mariano estaba lo suficientemente cerca como para leerle los labios.
El agua estaba perfecta para un chapuzón. Juli se soltó el pelo del todo, dejando que las ondas morochas le cayeran por la espalda. Luego, con un movimiento natural, se quitó la toalla y la dejó caer sobre la arena. Mariano se quedó petrificado. Ahí estaba, en un bikini negro con puntitos blancos que le quedaba como pintado. La parte de arriba le marcaba las tetas firmes y redondas, con los pezones apenas insinuados bajo la tela. La bombacha era chiquita, de esas que se meten entre las nalgas y dejan casi todo el culo al aire: dos cachetes redondos, bronceados, perfectos, que se movían apenas cuando ella caminaba. La cintura estrecha, la panza plana, las piernas largas y tonificadas. Mariano no lo podía creer. Se le paró la pija al instante dentro de la malla, hinchándose contra la tela.

- Boluda… mirá ese cuerpo - pensó, y sacó el celu con la mano temblando. Como pudo, tomó un par de fotos rápidas: zoom a las tetas, zoom al culo cuando ella se dio vuelta para mirar el mar. Guardó el celu y siguió mirando, con la respiración agitada.
Juli entró al agua hasta la cintura, se tiró un poco y nadó unas brazadas cortas. Salió después de unos minutos, chorreando agua, con el bikini pegado. Las tetas se le marcaban más todavía, los pezones duros por el frío del mar. Tomó la toalla y empezó a secarse despacio, pasándola por los brazos, por la panza, por las piernas. Mariano no quería que se tapara de nuevo. No podía dejar que esa vista se terminara tan rápido. Se armó de valor y caminó hacia ella, con la pija ya dura marcándose claramente en la malla húmeda.
Juli lo vio acercarse y entrecerró los ojos, reconociéndolo.
- Ey… vos sos el pibe de después del programa, ¿no? El que me pidió la foto. -
Mariano tragó saliva, pero no pudo disimular. Sus ojos bajaban solos por el cuerpo de ella: las tetas, la cintura, el culo que se movía mientras se secaba.
- Sí… soy yo. Mariano. No quería molestarte, pero… te vi y… bueno, no pude evitar acercarme. -
Juli notó cómo la miraba. Notó la pija dura en la malla. Frunció el ceño, enojada y decepcionada al mismo tiempo.
- Ah, ya veo. Te acercaste solo para mirarme como un pajero, ¿no? Otro de los de siempre. ¿Te creés que no me doy cuenta? Venís a la playa a pajearte con la vista, boludo. -
Mariano se puso rojo, pero no se achicó. Ya estaba ahí, con la pija latiéndole, y no iba a perder la oportunidad.
- No soy un pajero, Juli. Soy seguidor tuyo hace rato, desde los streams de Coker. Te sigo en Instagram, veo todo. Pero sí, sos hermosa. Mirá cómo estás… con ese bikini. Hacés que a cualquiera se le ponga la pija dura, más si es con poca ropa como ahora. No te miento. -
Juli se quedó callada un segundo, procesando. No podía creer lo directo que era. Pero algo en su mirada cambió, un brillo de sorpresa… y quizás de algo más caliente que disimulaba.
- ¿De verdad pensás eso? -
Mariano asintió, con la voz más firme.
- Sí, de verdad. Tu novio Coker es un afortunado de mierda. Te tiene todos los días, puede cogerte cuando quiere, tocarte esas tetas, meterse en ese culo… Yo solo te veo por pantalla y ya me muero. -
Juli sintió un calor subirle por la panza. Se mordió el labio un segundo, disimulando, pero la voz le salió un poco más ronca.
- ¿O sea que lo que querés decir es que me querés para coger nomás? ¿Que, tenés la pija dura por mí ahora?
Mariano, sin nada que perder, dio un paso más cerca.
- Siempre que te veo se me pone dura, Juli. En los streams, en las fotos… y ahora acá, viéndote así. Si por mí fuera, te cogería todos los días. Te metería la pija hasta el fondo y te haría gemir. -
Juli fingió enojo, aunque por dentro sentía que se le mojaba un poco la bombacha. Dio un paso atrás y empezó a caminar para irse, envolviéndose la toalla de nuevo.
- Sos un pajero como todos, che. Andá a pajearte a otro lado. -
Mariano sintió pánico. La iba a perder. La voz le salió entrecortada, desesperada.
- Juli, esperá… por favor. Esperá un segundo. Si no te voy a ver nunca más, cumplime al menos una fantasía. Solo una, te lo pido. -
Ella se dio vuelta, enojada de verdad.
- No. Andate. -
Pero Mariano no aguantó más. La agarró del brazo con fuerza suave y, sin pensarlo, le pegó una cachetada fuerte en el culo. El sonido seco resonó en la playa casi vacía. Juli se quedó indignada, con los ojos abiertos como platos.
- ¿Qué carajo hacés, boludo? ¿Estás loco? -
Antes de que pudiera seguir gritándole, Mariano soltó rápido: - Dejame verte las tetas por lo menos, nada más. Te juro que después me voy. Solo eso. -
Juli lo miró fijo, respirando agitada. Estaba indignada, pero también… caliente por la situación. Miró alrededor: la playa no estaba llena, había un sector de rocas un poco más apartado donde no había nadie.
- Con tal de sacarte de encima… vení. Pero si alguien se entera, te denuncio, eh. Te lo juro. -
Mariano prometió al instante: - No digo nada. Nadie se va a enterar, Juli. Te lo juro por Dios. -
Lo llevó caminando rápido a esa zona escondida entre unas piedras grandes. Juli miró para todos lados, asegurándose de que no hubiera nadie. Luego, con un suspiro de fastidio, se quitó la parte superior del bikini. Las tetas le saltaron libres: grandes, firmes, con pezones rosados y duros por el aire y la adrenalina. Perfectas, redondas, con un poco de bronceado en los bordes.
Mariano se quedó sin aliento. Llevó una mano directo a una teta, apretándola suave, sintiendo lo firme que era. Con la otra mano se tocó la pija por encima de la malla, pajéandose despacio por la tela.
- Dios… qué tetas, Juli… -
Ella le quitó la mano rápido.
- No toques. Mirá nomás, ya está. -
Pero Mariano volvió a poner la mano, acariciando el pezón con el pulgar, sintiendo cómo se endurecía más.
- Son las tetas más lindas que vi en mi vida… - murmuró, con la pija palpitando.
Juli, con la cara roja, se puso el bikini de nuevo.
- Ya está. Listo. Andate. -
Mariano jadeaba, todavía tocándose.
- Fue una locura… me voy a pajear apenas llegue a casa pensando en esto, te lo juro. -
Juli lo miró seria, ajustándose la toalla.
- Andate ya. Y no me sigas. -
Él, antes de irse, intentó tocarle el culo de nuevo, pero ella se movió rápido y lo esquivó.
- No te olvides de ver el regalo que te di -
Juli quedó callada, sin responder. Se dio vuelta y caminó hacia su auto, que estaba estacionado cerca de la playa. Mariano se quedó ahí, con la pija dura como piedra, viéndola alejarse. Sabía que había cruzado una línea, pero también sabía que ella no había gritado ni llamado a nadie. Y eso… eso lo dejaba con más ganas todavía.
Juli llegó a la casa que habían alquilado para la temporada en Mar del Plata, todavía con la piel caliente por el sol y el corazón latiéndole fuerte después de lo que había pasado en la playa. Se dio una ducha rápida para sacarse la arena y se tiró en el sillón del living. El regalo de Mariano estaba encima de la mesa, junto con otros sobres y paquetitos que le habían dado fans después del programa.
Miró el sobre un rato largo, dudando.
- Qué boluda… no lo abras, Juli. Olvidate de ese pajero - se dijo en voz baja, pero la curiosidad le picaba.
Al final, la intriga ganó. Abrió el sobre despacio. Adentro había una foto impresa en papel: Mariano sosteniendo su pija con una mano, bien dura, gruesa, con las venas marcadas y la cabeza hinchada y brillante. Al lado, un papelito escrito a mano con su número de teléfono: - "Si querés más, mandame mensaje. Mariano" -
Juli se quedó mirando la foto con los ojos bien abiertos. La pija era grande, más de lo que esperaba. Gruesa, recta, con un par de centímetros más de lo que estaba acostumbrada. Sintió un calor traicionero subirle por la panza y bajarle directo entre las piernas. La escena de la playa volvió a su cabeza: la cachetada en el culo, la forma desesperada en que él le había rogado, cómo se le había marcado la pija en la malla mientras le miraba las tetas. Se mordió el labio inferior.
- Hijo de puta… - murmuró, pero no pudo dejar de mirar la foto. Pasó el dedo por la imagen, imaginando el peso de esa pija en su mano, en su boca. - Mirá el tamaño que tiene este boludo… -
La situación de la playa la había dejado caliente, más de lo que quería admitir. Ahora, viendo esa foto explícita, sintió que se le mojaba la tanga. Se pasó la mano por encima del short y apretó suave, sintiendo el calor de su concha. Estaba húmeda.
En ese momento escuchó la voz de Coker desde la otra habitación: - ¡Juli, amor! En media hora arranco el stream, ¿me traés un mate? -
Ella guardó rápido la foto y el papelito en el cajón de la mesita. - Voy, Coco. -
Se levantó, todavía con las piernas un poco flojas, y le preparó el mate. Mientras lo llevaba, no podía sacarse de la cabeza la pija de Mariano.
Coker estaba sentado frente a la compu, con los auriculares puestos, ajustando luces y cámara.
- Gracias, bebé. Esta noche va a ser larga, hay un torneo con los chicos. ¿Vos qué vas a hacer? -
Juli se sentó en la cama detrás de él, cruzando las piernas.
- Nada… voy a leer un rato en la habitación. No quiero molestarte. -
Coker sonrió sin girarse del todo.
- Perfecto. Si salís, cerrá la puerta que el ruido del stream se escucha en toda la casa. -
Juli asintió, con una sonrisa que escondía todo lo que estaba pensando.
- Tranquilo, me quedo adentro. No voy a hacer ruido. -
Se levantó, le dio un beso en la cabeza y se metió en la habitación principal, cerrando la puerta con llave. Se tiró en la cama, sacó el papelito con el número. Abrió WhatsApp, creó un contacto nuevo.
Después de pensarlo dos segundos, le mandó el mensaje: - “Coco va a estar en stream toda la noche y no hay nadie más en la casa. Si no hacés nada vení. No le digas a nadie. No me hagas arrepentirme de esto. No toques timbre, avisame cuando estés afuera y te abro.” -
Lo mandó y se quedó mirando la pantalla, con el corazón latiéndole a mil. No podía creer lo que acababa de hacer. Se iba a coger a un desconocido mientras su novio streameaba a metros de distancia. El solo pensamiento la puso más caliente todavía. Se pasó la mano por encima del short otra vez y sintió lo mojada que estaba.
- Qué hija de puta que soy… - susurró, mordiéndose el labio con fuerza. - Pero Dios… quiero esa pija adentro mío. -
Mientras tanto, Mariano estaba en su cama, completamente desnudo, con la pija dura en la mano. Tenía el celu en la otra mano, mirando las fotos que le había sacado a Juli en la playa: ella saliendo del agua, las tetas marcadas, el culo brillando con el sol. Recordaba perfectamente cómo se sentían esas tetas en su mano, firmes, calientes. Se pajeaba despacio, apretando la base, imaginando que era la boca de Juli la que lo chupaba.
- Juli… boluda, qué tetas tenés… - gemía bajito, subiendo y bajando la mano. - Te voy a coger en mi cabeza hasta que me duela la pija… -
De repente, el celu vibró. Un mensaje de un número desconocido. Abrió WhatsApp y vio la foto de perfil: era Juli. Mariano se quedó congelado, con la pija latiéndole en la mano.
Mariano leyó dos veces, tres veces. No podía creerlo. Se le escapó una risa nerviosa y excitada.
- Carajo… - murmuró, sentándose de golpe en la cama. La pija se le paró todavía más, casi dolorosa.
Contestó al instante, con los dedos temblando: - “Ya salgo para allá. En 15 minutos estoy. No te arrepentís, te lo juro. Gracias, Juli. No le digo a nadie.” -
Mandó el mensaje y se levantó como un rayo. Se puso un jean, una remera negra, se peinó rápido con la mano y salió corriendo de su departamento. Mientras manejaba hacia la dirección que ella le había mandado por ubicación, no paraba de sonreír como un idiota.
Juli, del otro lado, vio la respuesta y sintió un nudo de nervios y excitación en la panza. Se miró en el espejo del baño: - No puedo creer lo que voy a hacer… - se dijo en voz baja, pero la voz le salió ronca de calentura. - Me voy a coger a este pibe mientras Coco está en directo al lado. Y por algún motivo… me calienta, la puta madre. -
Al rato, Juli sintió el celular vibrar en su mano y el corazón le dio un vuelco. Era Mariano: - “Estoy afuera”. -
Se miró una última vez en el espejo del pasillo, respiró hondo y abrió la puerta despacio, sin hacer ruido. Apenas la abrió, Mariano entró como un toro, la empujó contra la pared y le metió la mano directamente debajo de la remera, agarrándole una teta con fuerza mientras buscaba su boca.
- Juli… boluda, no sabés las ganas que te tengo - gruñó contra sus labios, apretándole el pezón entre los dedos.
Ella jadeó, pero lo empujó un poco, nerviosa.
- Pará, pará… no acá. Coco está streameando en la otra habitación. Vení, vamos a la mía. Y callate la boca. -
Lo tomó de la mano y lo llevó casi corriendo por el pasillo. Mientras caminaban, Mariano no se aguantaba: le metió la mano por debajo de la remera otra vez, después bajó y le agarró el culo. Intentó bajarle el shortcito de algodón que llevaba puesto.
- Quiero verte toda… - susurró, tirando de la tela.
Juli se lo subió rápido, pero no antes de que él viera la tanga blanca desapareciendo entre sus nalgas.
- Calmate, boludo. Ya vas a ver todo lo que quieras, pero despacio. -
Entraron a la habitación y Juli cerró la puerta con llave. Apenas giró, Mariano la agarró de la cintura y la besó con hambre. Sus lenguas se enredaron, calientes y húmedas. Él le sacó la remera por la cabeza de un tirón y se quedó mirando sus tetas libres, pesadas y firmes.
- Dios… estas tetas me volvieron loco todo el día - dijo, y hundió la cara entre ellas, chupando un pezón con fuerza mientras apretaba la otra teta con la mano. Lamía, succionaba, mordisqueaba suave.
Juli gimió bajito, arqueando la espalda.
- Ahh… chupá más fuerte… así… mirá cómo me ponés los pezones. -
Juli le levantó la cabeza un segundo, con los labios brillosos.
- Quiero ver tu pija. Mostrame si es como en la foto que me mandaste. -
Él sonrió con picardía, ella se arrodilló frente a él y le bajó el jean y el bóxer de un tirón. La pija le saltó a la cara, gruesa, venosa, con la cabeza hinchada y ya mojada.
- Carajo… sí que es grande - murmuró Juli, tomándola con las dos manos. - Más gruesa de lo que parecía en la foto. -
Se la metió en la boca sin pensarlo dos veces. Empezó a chuparla despacio, lamiendo desde los huevos hasta la punta, girando la lengua alrededor de la cabeza. Mariano gruñó y le agarró el pelo.
- Así… chupámela toda, Juli. Metétela más adentro… ahhh, qué boca tenés, boluda. -
Ella levantó la vista, con los ojos llorosos de tenerla tan profunda, y sacó la pija un segundo para hablar:
- Decime… ¿te gustó cachetearme el culo en la playa? -
Mariano sonrió con malicia. - Te encantó, ¿no? Sentí cómo te mojaste. -
Juli se mordió el labio, todavía arrodillada.
- Sí… me gustó. Hacelo de nuevo. Pegame fuerte. -
Mariano la levantó, la dio vuelta y la empujó contra la cama. Le bajó el shortcito y la tanga de un tirón, dejándola completamente desnuda. Le dio una cachetada fuerte en el culo, el sonido seco resonó en la habitación.
- Así, ¿te gusta? -
Juli gimió fuerte, empujando el culo hacia atrás.
- Más fuerte… ahh, sí… otra vez. -
Le dio varias cachetadas seguidas, alternando cachetes, hasta que la piel se le puso roja. Después la recostó sobre él, con la panza contra sus piernas, y siguió nalgueándola mientras le metía dos dedos en la concha, que ya estaba empapada.
- Estás re mojada, Juli… mirá cómo chorreas. -
Ella gemía contra la almohada.
- Metémela… por favor… ya no aguanto más. Cogeme. -
Mariano no se hizo rogar. La puso en cuatro sobre la cama, le agarró las caderas y le metió la pija de un solo empujón hasta el fondo. Juli ahogó un grito.
- Ahhh… qué gruesa… llename toda… -
Empezó a cogerla fuerte, entrando y saliendo con ritmo duro. El sonido de las nalgas chocando contra su pelvis llenaba la habitación. Después la cambió de posición: la sentó encima de él en caballito, mirando hacia él, para verle la cara mientras rebotaba.
- Montame, Juli… mové ese culo lindo. -
Ella apoyó las manos en su pecho y empezó a subir y bajar, sus tetas saltando con cada movimiento.
- Así… mirá cómo te la meto toda… sos un hijo de puta… me estás cogiendo mientras mi novio está al lado… -
Mariano le agarró las tetas y las apretó. - Decime que te gusta más mi pija que la de él. -
Juli jadeaba, cada vez más cerca.
- Me gusta… me gusta más… es más gruesa… me llega más adentro… ahh, me voy a acabar… -
Ella se corrió fuerte, temblando, apretando la pija con su concha. Se dejó caer sobre él un momento, respirando agitada.
- Necesito un poco de agua… esperá un segundo. -
Se levantó, todavía desnuda y con las piernas temblando, y salió de la habitación rumbo a la cocina. Mariano esperó unos segundos y la siguió sin hacer ruido. Juli abrió la heladera, se agachó un poco para agarrar la botella de agua fría. En ese momento él se acercó por detrás, le tapó la boca con una mano y con la otra le metió la pija de golpe, penetrándola profundamente.
- Shhh… yo todavía no acabé, boluda - le susurró al oído mientras empezaba a cogerla fuerte contra la heladera abierta.
Juli gemía contra su mano, los ojos bien abiertos del susto y del placer. No podía hacer ruido. Coker estaba a solo unos metros, hablando por el micrófono.
- Mmmph… mmm… - gemía ahogada, mientras Mariano la penetraba una y otra vez, rápido y profundo.
- Sentí cómo te cojo en la cocina… mientras tu novio streamea… sos una puta, Juli… -
La dio vuelta, la puso de rodillas en el piso frío de la cocina y se pajeó rápido frente a su cara. Juli abrió la boca, con la lengua afuera.
- Dame toda… acabame en la cara… -

Mariano gruñó y le descargó chorros gruesos y calientes de leche: en la cara, en las tetas, en la lengua. Juli tragó lo que pudo y después le limpió la pija con la boca, chupando suave hasta dejarla limpia.
- Qué rico que sabés… - murmuró ella, todavía arrodillada.
Volvieron rápido a la habitación. Se tiraron en la cama un rato, recuperando el aliento. Juli miró el reloj.
- Coco ya debe estar por terminar el directo. Es mejor que te vayas ahora, con tiempo. -
Mariano asintió, aunque no quería. Se vistió rápido. Juli se puso solo la tanga blanca de nuevo y una remera grande de Coker, sin corpiño, con las tetas marcadas debajo.
En la puerta, antes de abrir, Mariano la agarró del culo con las dos manos, la pegó contra él y le dio un beso largo, metiéndole la lengua.
- Gracias por esto… fue una locura. Mandame mensaje cuando quieras repetir, eh. No me hagas esperar mucho. -
Juli sonrió, todavía con la cara un poco colorada y restos de leche seca en el cuello que disimuló con el pelo.
- Andate ya, boludo. Y calladito, ¿eh? -
Le dio un último beso rápido y abrió la puerta. Mariano salió a la noche de Mar del Plata con una sonrisa enorme y la pija todavía medio dura dentro del jean.
Juli cerró la puerta, se apoyó contra ella y suspiró profundo, sintiendo cómo le latía la concha todavía sensible.
- Qué hija de puta que soy… - susurró, pero no pudo evitar sonreír.
Y mientras escuchaba a Coker terminar el stream en la otra habitación, ya pensaba en cuándo iba a mandarle el próximo mensaje a Mariano.
Juli Manzotti, la novia de Coker. Alta, morocha, con ese cuerpo que parecía hecho para volver loco a cualquiera. En los directos solía pasar por el fondo, saludar rápido o sentarse al lado de él un rato. Mariano se enganchaba como un perro. Apenas Juli aparecía, aunque sea para decir “hola chicos” con esa voz suave y un poco pícara, él ya no podía despegar los ojos de la pantalla. Se quedaba ahí, mirando cómo se movía, cómo se reía, cómo se le marcaban las tetas bajo la remera ajustada.
- Che, mirá esta mina… - se decía solo, bajito, mientras su mano ya bajaba despacio hacia el elástico del short.

Empezó a seguirla en Instagram. Ahí era peor. Fotos en bikini en la playa, stories en el gym donde se le veía el culo redondo y firme, o selfies en la cama con escote profundo. Mariano se pajeaba casi todos los días mirando esas fotos. Se imaginaba agarrándola de las caderas, metiéndole la cara entre las tetas, escuchándola gemir su nombre con ese acento argentino tan rico. Se corría fuerte, manchando la remera, y después se quedaba mirando la pantalla como un boludo, pensando que nunca iba a tenerla cerca.
Un día, mientras scrolleaba en Instagram, vio el anuncio de OLGA. El programa de streaming iba a hacer temporada de verano en Mar del Plata. Y ahí estaba: “Juli Manzotti confirmada como parte del equipo de TDT”. Mariano sintió que el corazón le daba un vuelco. Era su ciudad. Era su oportunidad. - Esta vez la veo en persona, boludo -, pensó. Empezó a contar los días.
El primer día de TDT en Mar del Plata, Mariano llegó temprano al salón donde grababan. Se sentó en la tercera fila, bien al medio, para no perderse nada. El programa fue una locura de risas, juegos y charlas. Juli estaba ahí, vestida con un vestido gris corto, pegado al cuerpo. Cada vez que se movía, Mariano sentía que se le endurecía la pija solo de mirarla. Apuntaba con el celu, sacaba fotos discretas, zoom a las tetas, zoom al culo cuando se daba vuelta. El programa terminó y el público aplaudió a full.

Después, el equipo de TDT salió a saludar a la gente. Juli estaba ahí, sonriendo, firmando autógrafos, sacándose fotos. Mariano sintió que el pulso se le aceleraba. Estaba a metros de ella. Se armó de valor y gritó: - ¡Juli! ¡Acá! -
Ella giró la cabeza, lo miró y sonrió. Se acercó caminando entre la gente. Mariano no podía creerlo. Estaba a un metro de la mina que se pajeaba todas las noches.
- Hola, ¿cómo andás? - dijo ella, con esa sonrisa que lo desarmaba.
- Boluda, no puedo creer que estés acá enfrente mío - soltó Mariano, nervioso pero sincero. - Soy fan desde hace rato. ¿Me das una foto? -
Juli se rio suave.
- Claro, dale. Gracias por la buena onda, eh. -
Se puso al lado de él. Mariano levantó el celu para la selfie. En el momento que sacó la foto, se acercó un poco más de lo necesario y pegó su cadera contra la de ella. Sintió el culo de Juli contra su pija, que ya estaba medio dura de tanto mirarla. Fue solo un segundo, pero él lo disfrutó como si fuera una eternidad. Juli lo notó, frunció un poquito el ceño, pero pensó que era por la cantidad de gente que había alrededor y no dijo nada.
Antes de que ella se moviera para seguir saludando, Mariano sacó un sobre del bolsillo.
- Tomá, un regalo chiquito. Abrilo cuando puedas, en tu casa. -
Juli lo tomó, sorprendida.
- Ay, gracias. Lo veo cuando llegue, prometido. Chau, cuidate. -
Le dio un beso rápido en la mejilla y se fue a saludar a los demás. Mariano se quedó ahí, con la pija latiéndole dentro del jean, mirando cómo se alejaba ese culo que acababa de tocar.
Llegó a su casa casi corriendo. Cerró la puerta de la habitación, se tiró en la cama y se bajó el pantalón sin perder tiempo. La pija le saltó dura, hinchada, con la cabeza ya brillando de pre-seminal. Empezó a pajearse despacio, recordando el momento exacto en que su cadera chocó contra el culo de Juli.
- Juli… boluda, qué culo tenés - gemía bajito, mientras la mano subía y bajaba por su pija. - Sentí cómo se te pegó mi pija, eh… solo un segundo y ya me tenés así. -
Se imaginaba que era ella la que estaba ahí, de espaldas, moviendo el culo contra él. Recordaba el olor de su perfume cuando se acercó, el calor de su cuerpo. Aceleró la mano, apretando fuerte.
- Te cogería ahora mismo, Juli… te metería toda la pija en ese culito que tenés… - jadeaba, con los ojos cerrados.
La corrida le llegó fuerte. Chorros gruesos de leche le salpicaron el pecho, la panza, hasta la remera. Se quedó ahí, respirando agitado, mirando el techo con una sonrisa de boludo enamorado.
Después de almorzar un sándwich rápido en la cocina de su casa, Mariano se puso la malla negra, una remera suelta y salió rumbo a la playa. El sol de la tarde pegaba fuerte en Mar del Plata. Caminó por la arena caliente hasta que, a lo lejos, cerca de la orilla, la distinguió. Era ella. Juli, sola, envuelta en una toalla que le cubría el cuerpo desde las tetas hasta arriba de los muslos. Estaba sentada en la arena, mirando el mar, con el pelo suelto cayéndole sobre los hombros. Mariano sintió que el corazón le latía en la garganta. No quería molestarla, no todavía. Se quedó parado a unos treinta metros, escondido detrás de un grupo de sombrillas, mirándola como un boludo.

- Mirá qué linda que está… sola, eh - murmuró para sí mismo, sin sacar los ojos de ella.
Esperó. Quería que se quitara la toalla, quería verla en bikini de cerca, aunque sea de lejos. Los minutos pasaban y Juli se levantó despacio. Caminó hacia la orilla, descalza sobre la arena. Metió el pie en el agua, moviéndolo un poco, probando la temperatura.
- Está ideal… - dijo ella en voz baja, casi para sí misma, pero Mariano estaba lo suficientemente cerca como para leerle los labios.
El agua estaba perfecta para un chapuzón. Juli se soltó el pelo del todo, dejando que las ondas morochas le cayeran por la espalda. Luego, con un movimiento natural, se quitó la toalla y la dejó caer sobre la arena. Mariano se quedó petrificado. Ahí estaba, en un bikini negro con puntitos blancos que le quedaba como pintado. La parte de arriba le marcaba las tetas firmes y redondas, con los pezones apenas insinuados bajo la tela. La bombacha era chiquita, de esas que se meten entre las nalgas y dejan casi todo el culo al aire: dos cachetes redondos, bronceados, perfectos, que se movían apenas cuando ella caminaba. La cintura estrecha, la panza plana, las piernas largas y tonificadas. Mariano no lo podía creer. Se le paró la pija al instante dentro de la malla, hinchándose contra la tela.

- Boluda… mirá ese cuerpo - pensó, y sacó el celu con la mano temblando. Como pudo, tomó un par de fotos rápidas: zoom a las tetas, zoom al culo cuando ella se dio vuelta para mirar el mar. Guardó el celu y siguió mirando, con la respiración agitada.
Juli entró al agua hasta la cintura, se tiró un poco y nadó unas brazadas cortas. Salió después de unos minutos, chorreando agua, con el bikini pegado. Las tetas se le marcaban más todavía, los pezones duros por el frío del mar. Tomó la toalla y empezó a secarse despacio, pasándola por los brazos, por la panza, por las piernas. Mariano no quería que se tapara de nuevo. No podía dejar que esa vista se terminara tan rápido. Se armó de valor y caminó hacia ella, con la pija ya dura marcándose claramente en la malla húmeda.
Juli lo vio acercarse y entrecerró los ojos, reconociéndolo.
- Ey… vos sos el pibe de después del programa, ¿no? El que me pidió la foto. -
Mariano tragó saliva, pero no pudo disimular. Sus ojos bajaban solos por el cuerpo de ella: las tetas, la cintura, el culo que se movía mientras se secaba.
- Sí… soy yo. Mariano. No quería molestarte, pero… te vi y… bueno, no pude evitar acercarme. -
Juli notó cómo la miraba. Notó la pija dura en la malla. Frunció el ceño, enojada y decepcionada al mismo tiempo.
- Ah, ya veo. Te acercaste solo para mirarme como un pajero, ¿no? Otro de los de siempre. ¿Te creés que no me doy cuenta? Venís a la playa a pajearte con la vista, boludo. -
Mariano se puso rojo, pero no se achicó. Ya estaba ahí, con la pija latiéndole, y no iba a perder la oportunidad.
- No soy un pajero, Juli. Soy seguidor tuyo hace rato, desde los streams de Coker. Te sigo en Instagram, veo todo. Pero sí, sos hermosa. Mirá cómo estás… con ese bikini. Hacés que a cualquiera se le ponga la pija dura, más si es con poca ropa como ahora. No te miento. -
Juli se quedó callada un segundo, procesando. No podía creer lo directo que era. Pero algo en su mirada cambió, un brillo de sorpresa… y quizás de algo más caliente que disimulaba.
- ¿De verdad pensás eso? -
Mariano asintió, con la voz más firme.
- Sí, de verdad. Tu novio Coker es un afortunado de mierda. Te tiene todos los días, puede cogerte cuando quiere, tocarte esas tetas, meterse en ese culo… Yo solo te veo por pantalla y ya me muero. -
Juli sintió un calor subirle por la panza. Se mordió el labio un segundo, disimulando, pero la voz le salió un poco más ronca.
- ¿O sea que lo que querés decir es que me querés para coger nomás? ¿Que, tenés la pija dura por mí ahora?
Mariano, sin nada que perder, dio un paso más cerca.
- Siempre que te veo se me pone dura, Juli. En los streams, en las fotos… y ahora acá, viéndote así. Si por mí fuera, te cogería todos los días. Te metería la pija hasta el fondo y te haría gemir. -
Juli fingió enojo, aunque por dentro sentía que se le mojaba un poco la bombacha. Dio un paso atrás y empezó a caminar para irse, envolviéndose la toalla de nuevo.
- Sos un pajero como todos, che. Andá a pajearte a otro lado. -
Mariano sintió pánico. La iba a perder. La voz le salió entrecortada, desesperada.
- Juli, esperá… por favor. Esperá un segundo. Si no te voy a ver nunca más, cumplime al menos una fantasía. Solo una, te lo pido. -
Ella se dio vuelta, enojada de verdad.
- No. Andate. -
Pero Mariano no aguantó más. La agarró del brazo con fuerza suave y, sin pensarlo, le pegó una cachetada fuerte en el culo. El sonido seco resonó en la playa casi vacía. Juli se quedó indignada, con los ojos abiertos como platos.
- ¿Qué carajo hacés, boludo? ¿Estás loco? -
Antes de que pudiera seguir gritándole, Mariano soltó rápido: - Dejame verte las tetas por lo menos, nada más. Te juro que después me voy. Solo eso. -
Juli lo miró fijo, respirando agitada. Estaba indignada, pero también… caliente por la situación. Miró alrededor: la playa no estaba llena, había un sector de rocas un poco más apartado donde no había nadie.
- Con tal de sacarte de encima… vení. Pero si alguien se entera, te denuncio, eh. Te lo juro. -
Mariano prometió al instante: - No digo nada. Nadie se va a enterar, Juli. Te lo juro por Dios. -
Lo llevó caminando rápido a esa zona escondida entre unas piedras grandes. Juli miró para todos lados, asegurándose de que no hubiera nadie. Luego, con un suspiro de fastidio, se quitó la parte superior del bikini. Las tetas le saltaron libres: grandes, firmes, con pezones rosados y duros por el aire y la adrenalina. Perfectas, redondas, con un poco de bronceado en los bordes.
Mariano se quedó sin aliento. Llevó una mano directo a una teta, apretándola suave, sintiendo lo firme que era. Con la otra mano se tocó la pija por encima de la malla, pajéandose despacio por la tela.
- Dios… qué tetas, Juli… -
Ella le quitó la mano rápido.
- No toques. Mirá nomás, ya está. -
Pero Mariano volvió a poner la mano, acariciando el pezón con el pulgar, sintiendo cómo se endurecía más.
- Son las tetas más lindas que vi en mi vida… - murmuró, con la pija palpitando.
Juli, con la cara roja, se puso el bikini de nuevo.
- Ya está. Listo. Andate. -
Mariano jadeaba, todavía tocándose.
- Fue una locura… me voy a pajear apenas llegue a casa pensando en esto, te lo juro. -
Juli lo miró seria, ajustándose la toalla.
- Andate ya. Y no me sigas. -
Él, antes de irse, intentó tocarle el culo de nuevo, pero ella se movió rápido y lo esquivó.
- No te olvides de ver el regalo que te di -
Juli quedó callada, sin responder. Se dio vuelta y caminó hacia su auto, que estaba estacionado cerca de la playa. Mariano se quedó ahí, con la pija dura como piedra, viéndola alejarse. Sabía que había cruzado una línea, pero también sabía que ella no había gritado ni llamado a nadie. Y eso… eso lo dejaba con más ganas todavía.
Juli llegó a la casa que habían alquilado para la temporada en Mar del Plata, todavía con la piel caliente por el sol y el corazón latiéndole fuerte después de lo que había pasado en la playa. Se dio una ducha rápida para sacarse la arena y se tiró en el sillón del living. El regalo de Mariano estaba encima de la mesa, junto con otros sobres y paquetitos que le habían dado fans después del programa.
Miró el sobre un rato largo, dudando.
- Qué boluda… no lo abras, Juli. Olvidate de ese pajero - se dijo en voz baja, pero la curiosidad le picaba.
Al final, la intriga ganó. Abrió el sobre despacio. Adentro había una foto impresa en papel: Mariano sosteniendo su pija con una mano, bien dura, gruesa, con las venas marcadas y la cabeza hinchada y brillante. Al lado, un papelito escrito a mano con su número de teléfono: - "Si querés más, mandame mensaje. Mariano" -
Juli se quedó mirando la foto con los ojos bien abiertos. La pija era grande, más de lo que esperaba. Gruesa, recta, con un par de centímetros más de lo que estaba acostumbrada. Sintió un calor traicionero subirle por la panza y bajarle directo entre las piernas. La escena de la playa volvió a su cabeza: la cachetada en el culo, la forma desesperada en que él le había rogado, cómo se le había marcado la pija en la malla mientras le miraba las tetas. Se mordió el labio inferior.
- Hijo de puta… - murmuró, pero no pudo dejar de mirar la foto. Pasó el dedo por la imagen, imaginando el peso de esa pija en su mano, en su boca. - Mirá el tamaño que tiene este boludo… -
La situación de la playa la había dejado caliente, más de lo que quería admitir. Ahora, viendo esa foto explícita, sintió que se le mojaba la tanga. Se pasó la mano por encima del short y apretó suave, sintiendo el calor de su concha. Estaba húmeda.
En ese momento escuchó la voz de Coker desde la otra habitación: - ¡Juli, amor! En media hora arranco el stream, ¿me traés un mate? -
Ella guardó rápido la foto y el papelito en el cajón de la mesita. - Voy, Coco. -
Se levantó, todavía con las piernas un poco flojas, y le preparó el mate. Mientras lo llevaba, no podía sacarse de la cabeza la pija de Mariano.
Coker estaba sentado frente a la compu, con los auriculares puestos, ajustando luces y cámara.
- Gracias, bebé. Esta noche va a ser larga, hay un torneo con los chicos. ¿Vos qué vas a hacer? -
Juli se sentó en la cama detrás de él, cruzando las piernas.
- Nada… voy a leer un rato en la habitación. No quiero molestarte. -
Coker sonrió sin girarse del todo.
- Perfecto. Si salís, cerrá la puerta que el ruido del stream se escucha en toda la casa. -
Juli asintió, con una sonrisa que escondía todo lo que estaba pensando.
- Tranquilo, me quedo adentro. No voy a hacer ruido. -
Se levantó, le dio un beso en la cabeza y se metió en la habitación principal, cerrando la puerta con llave. Se tiró en la cama, sacó el papelito con el número. Abrió WhatsApp, creó un contacto nuevo.
Después de pensarlo dos segundos, le mandó el mensaje: - “Coco va a estar en stream toda la noche y no hay nadie más en la casa. Si no hacés nada vení. No le digas a nadie. No me hagas arrepentirme de esto. No toques timbre, avisame cuando estés afuera y te abro.” -
Lo mandó y se quedó mirando la pantalla, con el corazón latiéndole a mil. No podía creer lo que acababa de hacer. Se iba a coger a un desconocido mientras su novio streameaba a metros de distancia. El solo pensamiento la puso más caliente todavía. Se pasó la mano por encima del short otra vez y sintió lo mojada que estaba.
- Qué hija de puta que soy… - susurró, mordiéndose el labio con fuerza. - Pero Dios… quiero esa pija adentro mío. -
Mientras tanto, Mariano estaba en su cama, completamente desnudo, con la pija dura en la mano. Tenía el celu en la otra mano, mirando las fotos que le había sacado a Juli en la playa: ella saliendo del agua, las tetas marcadas, el culo brillando con el sol. Recordaba perfectamente cómo se sentían esas tetas en su mano, firmes, calientes. Se pajeaba despacio, apretando la base, imaginando que era la boca de Juli la que lo chupaba.
- Juli… boluda, qué tetas tenés… - gemía bajito, subiendo y bajando la mano. - Te voy a coger en mi cabeza hasta que me duela la pija… -
De repente, el celu vibró. Un mensaje de un número desconocido. Abrió WhatsApp y vio la foto de perfil: era Juli. Mariano se quedó congelado, con la pija latiéndole en la mano.
Mariano leyó dos veces, tres veces. No podía creerlo. Se le escapó una risa nerviosa y excitada.
- Carajo… - murmuró, sentándose de golpe en la cama. La pija se le paró todavía más, casi dolorosa.
Contestó al instante, con los dedos temblando: - “Ya salgo para allá. En 15 minutos estoy. No te arrepentís, te lo juro. Gracias, Juli. No le digo a nadie.” -
Mandó el mensaje y se levantó como un rayo. Se puso un jean, una remera negra, se peinó rápido con la mano y salió corriendo de su departamento. Mientras manejaba hacia la dirección que ella le había mandado por ubicación, no paraba de sonreír como un idiota.
Juli, del otro lado, vio la respuesta y sintió un nudo de nervios y excitación en la panza. Se miró en el espejo del baño: - No puedo creer lo que voy a hacer… - se dijo en voz baja, pero la voz le salió ronca de calentura. - Me voy a coger a este pibe mientras Coco está en directo al lado. Y por algún motivo… me calienta, la puta madre. -
Al rato, Juli sintió el celular vibrar en su mano y el corazón le dio un vuelco. Era Mariano: - “Estoy afuera”. -
Se miró una última vez en el espejo del pasillo, respiró hondo y abrió la puerta despacio, sin hacer ruido. Apenas la abrió, Mariano entró como un toro, la empujó contra la pared y le metió la mano directamente debajo de la remera, agarrándole una teta con fuerza mientras buscaba su boca.
- Juli… boluda, no sabés las ganas que te tengo - gruñó contra sus labios, apretándole el pezón entre los dedos.
Ella jadeó, pero lo empujó un poco, nerviosa.
- Pará, pará… no acá. Coco está streameando en la otra habitación. Vení, vamos a la mía. Y callate la boca. -
Lo tomó de la mano y lo llevó casi corriendo por el pasillo. Mientras caminaban, Mariano no se aguantaba: le metió la mano por debajo de la remera otra vez, después bajó y le agarró el culo. Intentó bajarle el shortcito de algodón que llevaba puesto.
- Quiero verte toda… - susurró, tirando de la tela.
Juli se lo subió rápido, pero no antes de que él viera la tanga blanca desapareciendo entre sus nalgas.
- Calmate, boludo. Ya vas a ver todo lo que quieras, pero despacio. -
Entraron a la habitación y Juli cerró la puerta con llave. Apenas giró, Mariano la agarró de la cintura y la besó con hambre. Sus lenguas se enredaron, calientes y húmedas. Él le sacó la remera por la cabeza de un tirón y se quedó mirando sus tetas libres, pesadas y firmes.
- Dios… estas tetas me volvieron loco todo el día - dijo, y hundió la cara entre ellas, chupando un pezón con fuerza mientras apretaba la otra teta con la mano. Lamía, succionaba, mordisqueaba suave.
Juli gimió bajito, arqueando la espalda.
- Ahh… chupá más fuerte… así… mirá cómo me ponés los pezones. -
Juli le levantó la cabeza un segundo, con los labios brillosos.
- Quiero ver tu pija. Mostrame si es como en la foto que me mandaste. -
Él sonrió con picardía, ella se arrodilló frente a él y le bajó el jean y el bóxer de un tirón. La pija le saltó a la cara, gruesa, venosa, con la cabeza hinchada y ya mojada.
- Carajo… sí que es grande - murmuró Juli, tomándola con las dos manos. - Más gruesa de lo que parecía en la foto. -
Se la metió en la boca sin pensarlo dos veces. Empezó a chuparla despacio, lamiendo desde los huevos hasta la punta, girando la lengua alrededor de la cabeza. Mariano gruñó y le agarró el pelo.
- Así… chupámela toda, Juli. Metétela más adentro… ahhh, qué boca tenés, boluda. -
Ella levantó la vista, con los ojos llorosos de tenerla tan profunda, y sacó la pija un segundo para hablar:
- Decime… ¿te gustó cachetearme el culo en la playa? -
Mariano sonrió con malicia. - Te encantó, ¿no? Sentí cómo te mojaste. -
Juli se mordió el labio, todavía arrodillada.
- Sí… me gustó. Hacelo de nuevo. Pegame fuerte. -
Mariano la levantó, la dio vuelta y la empujó contra la cama. Le bajó el shortcito y la tanga de un tirón, dejándola completamente desnuda. Le dio una cachetada fuerte en el culo, el sonido seco resonó en la habitación.
- Así, ¿te gusta? -
Juli gimió fuerte, empujando el culo hacia atrás.
- Más fuerte… ahh, sí… otra vez. -
Le dio varias cachetadas seguidas, alternando cachetes, hasta que la piel se le puso roja. Después la recostó sobre él, con la panza contra sus piernas, y siguió nalgueándola mientras le metía dos dedos en la concha, que ya estaba empapada.
- Estás re mojada, Juli… mirá cómo chorreas. -
Ella gemía contra la almohada.
- Metémela… por favor… ya no aguanto más. Cogeme. -
Mariano no se hizo rogar. La puso en cuatro sobre la cama, le agarró las caderas y le metió la pija de un solo empujón hasta el fondo. Juli ahogó un grito.
- Ahhh… qué gruesa… llename toda… -
Empezó a cogerla fuerte, entrando y saliendo con ritmo duro. El sonido de las nalgas chocando contra su pelvis llenaba la habitación. Después la cambió de posición: la sentó encima de él en caballito, mirando hacia él, para verle la cara mientras rebotaba.
- Montame, Juli… mové ese culo lindo. -
Ella apoyó las manos en su pecho y empezó a subir y bajar, sus tetas saltando con cada movimiento.
- Así… mirá cómo te la meto toda… sos un hijo de puta… me estás cogiendo mientras mi novio está al lado… -
Mariano le agarró las tetas y las apretó. - Decime que te gusta más mi pija que la de él. -
Juli jadeaba, cada vez más cerca.
- Me gusta… me gusta más… es más gruesa… me llega más adentro… ahh, me voy a acabar… -
Ella se corrió fuerte, temblando, apretando la pija con su concha. Se dejó caer sobre él un momento, respirando agitada.
- Necesito un poco de agua… esperá un segundo. -
Se levantó, todavía desnuda y con las piernas temblando, y salió de la habitación rumbo a la cocina. Mariano esperó unos segundos y la siguió sin hacer ruido. Juli abrió la heladera, se agachó un poco para agarrar la botella de agua fría. En ese momento él se acercó por detrás, le tapó la boca con una mano y con la otra le metió la pija de golpe, penetrándola profundamente.
- Shhh… yo todavía no acabé, boluda - le susurró al oído mientras empezaba a cogerla fuerte contra la heladera abierta.
Juli gemía contra su mano, los ojos bien abiertos del susto y del placer. No podía hacer ruido. Coker estaba a solo unos metros, hablando por el micrófono.
- Mmmph… mmm… - gemía ahogada, mientras Mariano la penetraba una y otra vez, rápido y profundo.
- Sentí cómo te cojo en la cocina… mientras tu novio streamea… sos una puta, Juli… -
La dio vuelta, la puso de rodillas en el piso frío de la cocina y se pajeó rápido frente a su cara. Juli abrió la boca, con la lengua afuera.
- Dame toda… acabame en la cara… -

Mariano gruñó y le descargó chorros gruesos y calientes de leche: en la cara, en las tetas, en la lengua. Juli tragó lo que pudo y después le limpió la pija con la boca, chupando suave hasta dejarla limpia.
- Qué rico que sabés… - murmuró ella, todavía arrodillada.
Volvieron rápido a la habitación. Se tiraron en la cama un rato, recuperando el aliento. Juli miró el reloj.
- Coco ya debe estar por terminar el directo. Es mejor que te vayas ahora, con tiempo. -
Mariano asintió, aunque no quería. Se vistió rápido. Juli se puso solo la tanga blanca de nuevo y una remera grande de Coker, sin corpiño, con las tetas marcadas debajo.
En la puerta, antes de abrir, Mariano la agarró del culo con las dos manos, la pegó contra él y le dio un beso largo, metiéndole la lengua.
- Gracias por esto… fue una locura. Mandame mensaje cuando quieras repetir, eh. No me hagas esperar mucho. -
Juli sonrió, todavía con la cara un poco colorada y restos de leche seca en el cuello que disimuló con el pelo.
- Andate ya, boludo. Y calladito, ¿eh? -
Le dio un último beso rápido y abrió la puerta. Mariano salió a la noche de Mar del Plata con una sonrisa enorme y la pija todavía medio dura dentro del jean.
Juli cerró la puerta, se apoyó contra ella y suspiró profundo, sintiendo cómo le latía la concha todavía sensible.
- Qué hija de puta que soy… - susurró, pero no pudo evitar sonreír.
Y mientras escuchaba a Coker terminar el stream en la otra habitación, ya pensaba en cuándo iba a mandarle el próximo mensaje a Mariano.
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