La Primera parte aqui: http://www.poringa.net/posts/relatos/2278079/Noches-de-Placer-_Primera-parte_.html


Obvio que esa noche prácticamente no dormimos. Con Bruno nos acostamos y tratamos de dormitar un poco, pero nos fue imposible, estábamos tan cerca, tan juntos, que enseguida las caricias se hicieron presentes y ya no pudimos resistirnos. De las caricias pasamos a los besos y de los besos a los chupones, en cuestión de minutos ya estábamos comiéndonos como desaforados. Los dedos de Bruno en mi concha, explorándome por dentro, mis manos en su entrepierna, jugando con ese muñeco de carne que ya se había armado para proporcionarme el entretenimiento que estaba buscando. Esta vez no se la chupe, ya se la había chupado suficiente antes, solo se la acaricié hasta ponérsela bien dura y me le subí encima, cabalgándolo con todo mi entusiasmo, subiendo y bajando sin freno sobre esa barra candente que ya resplandecía en todo su esplendor. Desde abajo Bruno me chupaba, besaba, mordía los pechos, manteniéndome en todo momento bien aferrada de la cintura, acompañando mis oscilaciones, haciéndome subir cada vez que bajaba, y bajar cuando subía. Mi concha se amoldaba perfectamente a su pija, la cual me llegaba hasta lo más profundo, hasta lo más íntimo de mi anatomía, rebotando una y otra vez contra las paredes de mi útero. Me llenaba de carne, me inundaba con esa delicia viril rebosante de venas, tan cargada de lujuria y vigor que me conmovía hasta el alma. En esos momentos no soy yo, no soy Mariela, la esposa, la madre, no soy yo misma, solo soy una hembra en celo ansiosa porque la satisfagan, porque le den placer, una perra alzada en busca de su macho… no me pongo límites, todo lo que esté a mi alcance lo uso para mi propio provecho, para mi propia satisfacción. Y Bruno es igual a mí, es como estar frente a un espejo, sus gustos son igual de mórbidos que los míos, su lujuria es tan o más intensa que la mía, para los dos el sexo es la estrella que nos guía, la razón de nuestro existir, tanto él como yo somos depredadores sexuales que están siempre a la caza de su próxima víctima, y al igual que con nuestras respectivas parejas, entre nosotros la fidelidad no existe, él sabe lo puta que puedo llegar a ser y a mí me gusta saber que de mi cama se irá a acostar con su esposa, y que en la tarde seguramente se cogerá a alguna secretaria de la empresa. Lo sé y no se lo reprocho, porque yo haré lo mismo, ahora puedo estar con él, pero mañana… mañana ya es otro día.
Cada vez que bajaba me frotaba bien contra su pelvis, para sentirlo lo más adentro posible. Arqueaba la espalda para hacer aún más prolongada la penetración, y aún más intensas las sensaciones, disfrutando de ese palpitar que sentía estremeciendo todo mi ser. Subía y bajaba, subía y bajaba, me ensartaba por completo en esa dureza exquisita que parecía haber sido creada para mi propio beneficio. Mi primer orgasmo llegó en una forma por demás violenta, reaccioné clavándole las uñas en los hombros, soltando una andanada de gemidos y jadeos que remecieron las paredes de la habitación. El Ro no se despertó de milagro. Bruno aprovechó ese momento de desconcierto para darme la vuelta y poniéndome de espalda, reiniciar la cogida a su propio ritmo. La cama toda se sacudía a causa de sus embistes, los cuales parecían repercutir hasta en el último rincón de mi anatomía. Mis piernas estaban entrelazadas alrededor de su cuerpo, reteniéndolo junto a mí, disfrutando todas y cada una de sus penetraciones.
-¡Sí… cogeme… dame otro polvo… quiero gozar de nuevo… ahhhhh… sí… cogeme… cogeme… dámela toda…!- le pedía entre roncos y excitados gemidos, abriéndome toda para él, ansiosa por disfrutar de otro polvo en cuestión de segundos.
Metía y sacaba, metía y sacaba, hasta que… la sacó rápidamente y me acribilló con una violenta y caliente descarga de placer. Aunque él estaba entre mis piernas, los chorros de esperma me llegaron hasta la cara, dejándome impresa a fuego, en una de las mejillas, una larga y espesa estela seminal. Una huella más que clara y fidedigna del intenso momento que acabábamos de compartir.
Luego del placer nos limpiamos apenas con las sábanas y tratamos de dormir aunque sea un rato.
A las tres y media de la madrugada, como un relojito, Rodrigo empezó con su llanto. Era la hora de la teta. Me levanté, y así desnuda como estaba, con las huellas todavía latentes de la reciente faena, lo saque de la cuna y sentándome en el sofá que pusimos a tal efecto, me puse a darle la teta. Bruno se puso a mirarme con atención mientras alimentaba a mi hijo.
-¡Que mamá tan sexy!- exclamó al verme.
Me sonreí y seguí con mis labores maternales. En ese momento era mi hijo quién requería de toda mi atención. Cuando termine de darle los dos pechos, y ya se quedó dormidito, lo cambié y lo deje de nuevo en la cuna. Al volver hacia la cama, lo veo a Bruno, con una erección tremenda, mirándome con inocultable lascivia.
-Nunca me calenté tanto viendo amamantar a una mujer- me dijo sin dejar de frotar con sus dedos ese fierro caliente que ya conocía tan bien.
No me dejo llegar a la cama. Se levantó de un salto de la cama, como un depredador en busca de su presa, vino hacia mí y tras besarme con pasión, me llevó hacia el sofá en donde acababa de amamantar a Rodrigo, me puso en cuatro sobre el mismo, con el culo bien en pompa, y me la puso sin mayores dilaciones. Unos cuantos ensartes por la concha, y entonces cambió bruscamente de objetivo, me la metió por el culo, antes me lo preparó con sus dedos y un poco de saliva y hasta con el mismo fluido que salía de mi entrada principal, unos pocos empujes bastaron para que me la metiera toda adentro, iniciando un vaivén que amenazaba con sacarme ampollas de tanta fricción que me provocaba. Mis plácidos y rítmicos jadeos acompañaban sus movimientos, los cuales se incrementaban al hacerse aun más grande el orificio que estaba penetrando. La dilatación es una de mis grandes habilidades, puedo tenerlo bien cerradito y apretadito durante gran parte del tiempo, pero cuando la estimulación se hace presente, se abre y se agranda como si quisiera devorarse todo en derredor. Y Bruno sabe hacer un muy buen uso de esta habilidad, hundiendo hasta lo más profundo su prepotente pijazo, y dándole vueltas adentro, como si quisiera revolverme los intestinos con esa herramienta que me calza a la perfección. Con cada mazazo que me da, los huevos impactan de lleno contra mis nalgas, produciendo ese estrepito tan excitante que confirma y asegura una penetración plena y absoluta… hasta los pelos…
Bruno me agarra bien firme de la cintura, dándome y dándome, sin darme respiro alguno, culeándome con una fuerza tal que pareciera querer sacármela por la garganta… no me parece mala idea… jaja… morir atravesada por tremenda lanza amorosa… morir de placer… no puedo contener los gemidos que se amontonan en mi garganta pugnando por estallar en exaltadas exclamaciones. Lo miro a Rodrigo que duerme en su cuna como un santito, no quiero despertarlo, no quiero que escuche como se culean y le rompen el culo a su madre, pero no puedo evitarlo, grito, me desgarro las cuerdas vocales liberando esa tensión sexual que me pone en un estado irreconocible. Por suerte Rodrigo sigue durmiendo, es un ángel. Bruno me la saca y hace que me levante. Tiene la pija en llamas el guacho. Se sienta en el sillón de amamantar y hace que me le siente encima, dándole la espalda. De nuevo lo estoy cabalgando, solo que ahora por el culo. Al sentarme mi agujero negro se devora toda esa poronga bien hasta los huevos, me acomodo, flexiono bien las piernas y empiezo a subir y bajar. Los gritos se renuevan, provocados no solo por el placer que me está proporcionando, sino también por la máxima abertura a la que me está sometiendo. En medio de los gritos empiezo a frotarme el clítoris, siguiendo el ritmo de la montada, empapándome los dedos con la humedad que fluye incesante de mi interior. De a ratos me detengo para soltar unos chorritos que me salen disparados con una fuerza inusual, chorritos de flujo que caen en sus piernas, dejo que salga todo y entonces vuelvo a moverme, con más ímpetu cada vez, entregándome por completo a ese demoledor ejercicio sexual que tanto me satisface. Ahora él me impacta desde abajo, me estremece con cada golpe de su pelvis, me quedo como en suspenso sobre él recibiendo todas y cada una de sus acometidas, no solo parece querer culearme, quiere romperme, destrozarme, me quiere desmembrar y regar por todo el cuarto las partes de mi cuerpo. Yo me dejo, me entrego por completo, en momentos así mi voluntad no existe, o mejor dicho, sí existe, pero se mimetiza con la de quién en ese momento ejerce el control y dominio de todos mis sentidos. Sus deseos son los míos, y como tales son los que predominan.
Un poco más y acabamos los dos juntos, en perfecta sincronía, deshaciéndonos en una barroca sinfonía de gemidos y jadeos. Con un brazo enlazado alrededor de mi cintura, me retiene contra él, vaciándose en mi interior, llenándome con la savia natural de su sexo que a mi cuerpo le resulta tan imprescindible. Siento con absoluta nitidez los chorros de semen golpeando contra mis intestinos, regándome las entrañas con su efusividad… Placer Absoluto… sus manos suben por mi cuerpo y me aprisionan los pechos, me los aprieta fuerte haciendo fluir de los pezones la leche que Rodrigo no llego a consumir. Con los sentidos todavía embotados por el impresionante orgasmo que acabamos de compartir, nos vamos a la cama, quedándonos ahora sí profundamente dormidos. Nos despertamos al rato, cuándo casi no había amanecido, nos duchamos y desayunamos juntos. Bruno tenía que irse antes de que la actividad en el edificio fuera más fluida. Tras que se vistiera lo acompañe hasta la puerta, bajamos por la escalera para no llamar la atención con el ascensor. Y de nuevo en el hall nos encontramos con el de seguridad.
-Buenos días, ¿Qué dicen los hermanitos?- nos saluda con una más que clara ironía.
Le devolvemos el saludo sin demasiado énfasis y con Bruno nos despedimos como se despedirían dos hermanos, con un beso en la mejilla, no como dos amantes que acaban de pasar una noche rebosante de placer. Cuando ya se pierde en la calle, me giro hacia el guardia y le pido que por favor no comente con nadie lo de mi hermano.
-Ya sabe- le digo –No se lleva bien con mi marido, problemas de familia, y no creo que vaya a gustarle que haya venido a acompañarme mientras él no está-
-No se preocupe señora, no soy de andar contando lo que pasa durante las noches en los lugares que trabajo, lo que pasa en la noche se queda en la noche… jaja…- se ríe.
-Ok, gracias- le dije pensando ya en que debía hacerle un muy buen regalo a ese sujeto.
Ya me estaba yendo, ahora por el ascensor, cuando me detiene:
-Un momentito, ¿puedo comentarle algo?-
-Sí, claro-
Se me acerca y en plan confidente me dice:
-La próxima vez que te quedes sola no hace falta que llames a tu… hermano- nótese como hizo adrede esa pausa –Te aseguro que puedo hacerte muy buena compañía-
Me lo quede mirando sin poder creer lo que me decía.
-Es usted un zarpado- le dije cuando alcancé a reaccionar.
-Jaja…- se rió en tono burlón –Tampoco hace falta esperar hasta que tu marido salga de viaje, cualquier noche podés bajar y juntos le damos un buen uso al cuartito que tengo en el subsuelo- me dice redoblando la apuesta, rematando su frase con un procaz guiño de ojos.
-Le aseguro que de esto se va a enterar la administradora, no me puede hablar así, usted es un empleado- trato de amenazarlo.
-Entonces si la administradora me dice algo voy a saber que le contaste todo, pero si no, entonces significa que estás interesada- me dijo con una media sonrisa francamente desagradable.
-Es usted un… un…- no encontré la palabra justa para decirle, además sabía que no podía amenazarlo demasiado, porque el tipo podía contar que había pasado la noche con un hombre que no era mi marido y ahí sí se pudría todo.
Lo bueno del asunto es que no me había extorsionado respecto a lo de Bruno y sí lo hacía, sería su palabra contra la mía. Volví a mi departamento, y me acosté, durmiendo el resto de la mañana en las mismas sábanas que había transpirado junto a mi amante. Luego las cambié, por supuesto. A la tarde volvió mi marido de su viaje y ya todo fue como antes… o casi todo. Después de hacer el amor y echarnos un polvo deliciosamente conyugal, me quede despierta, no podía conciliar el sueño, le di la teta a Ro y no podía dejar de pensar en lo que me había dicho ese guardia. Pese a la noche que había pasado con Bruno, no podía sacarme de la cabeza sus palabras: “Tampoco hace falta esperar hasta que tu marido salga de viaje, cualquier noche podés bajar y juntos le damos un buen uso al cuartito que tengo en el subsuelo…”. Aunque en un primer momento me había parecido un exceso de su parte, ahora, en la intimidad de mi hogar, estaba comenzando a considerar seriamente la propuesta que me había hecho aquel sujeto. Aunque no me gustaba y ciertamente no me caía nada bien, el hecho de escabullirme de mi cama, de mi departamento, para… “darle un buen uso al cuartito ese”… le agregaba cierta dosis de morbo a toda aquella situación que, ni la fealdad del tipo ni el rechazo que sentía por él, podían evitar que me atrajera. Así que cuando no habían pasado ni 24 horas de mi primera “Noche de Placer”, ya estaba pensando en la segunda, y con el guardia de seguridad de mi edificio… ni más ni menos.