Estos días no estoy cogiendo mucho con mi novio, no se porque pero desde que volvimos no tenemos la misma frecuencia que antes, esta bien, vivimos lejos el uno del otro, y la única oportunidad que tenemos para estar juntos es en los fines de semana, cuándo voy a su casa, pero ya hace un par de semanas que no estoy yendo. En estas circunstancias la única alternativa que tengo es Raúl, por suerte en este tiempo esta con muchas ganas de cogerme, demasiadas debo decir, tanto es así que prácticamente lo estamos haciendo día por medio. Él es mi fuente de inspiración, mí antes y después, la razón de mí existir, el que me permitió darme cuenta y descubrir que alguien que no conocía vive en mi interior. Pero con él tampoco todas son buenas, si bien sus cogidas me resultan cada vez más maravillosas, a veces, solo a veces, me deja con las ganas. Como ayer sin ir más lejos.
Como siempre habíamos quedado en vernos después del trabajo, aunque esta vez con una leve variante. En vez de encontrarnos en la misma esquina de siempre, la cuál igualmente íbamos variando toas las semanas, por si las moscas, le pedí de vernos en el Abasto. Tenía que pagar la tarjeta Shopping, por lo que después podríamos ir a un telo de por ahí. No tuvo problema, ya que me dijo que ese día tenía bastante tiempo, incluso hasta me propuso el ver juntos una película, y yo ya hace rato estaba con ganas de ver los pingüinos de Papá.
Así que para ganar tiempo, apenas llegue pagué el resumen y me dispuse a esperarlo. Y lo espere, lo espere, lo espere…
Ya llevaba casi una hora dando vueltas, hasta que me decidí a llamarlo, ya se que habíamos quedado en nada de llamadas, pero estaba preocupada, quizás le había pasado algo en el trayecto, así que me anime y marque su número.
-Ah, hola Gise- me dijo como si en ese preciso instante se hubiera acordado que me tenía esperándolo.
-¿Te pasó algo?- le pregunte preocupada.
-No, nada, es que… me surgió un inconveniente, perdoname pero no voy a poder ir-
Aunque le pregunté de qué se trataba ese inconveniente no me lo quiso decir. Me mandó un beso y cortó. Por supuesto me quede intrigada, ya que suponía que ese “inconveniente” al que hacía referencia no podía venir del lado de su familia, ya que me había dicho que ese día lo tenía totalmente libre. Entonces, ¿Qué podía ser?
Fuera lo que fuera pensaría en eso después, ahora estaba en una situación desesperante. Ya me había mentalizado en que iba a coger con Raúl, y ahora, de un momento a otro, me quedaba sin nada, y como bien se dice habitualmente no es bueno quedarse con la calentura. Pero no tenía otra, me dije a mí misma resignándome ya a consolarme con una paja en casa.
Seguí un ratito más en el Shopping, mirando vidrieras, hasta que al salir de un local me tropiezo con un tipo. Pero me tropiezo de tal forma que prácticamente le apoye las tetas en el pecho.
-Perdoná- le digo.
-Esta bien, no es nada- me dice.
Sigo mi camino pero pronto me doy cuenta que ese mismo tipo me viene siguiendo, ¿o será que es casualidad y esta viendo los mismos locales que yo? Trato de asegurarme pegando la media vuelta y yendo por otro lado… él hace lo mismo. Ahora no me quedan dudas, me esta siguiendo. Por ahí me tomó por puta, con este cambio de look no son pocos los que se me acercaron para hacerme alguna propuesta indecente.
Me fijo bien en él, para poder identificarlo por cualquier cosa. Debe tener unos 25 años, delgado, morocho, de rulitos, con un piercing en la ceja izquierda como seña particular, viste de forma común, jean y pulóver, pero aparte de eso hay algo que me llama la atención y es que tiene tremenda cara de pajero… pero pajero mal, eh, y esto no lo digo en forma despectiva o acusatoria, ya que yo también soy terrible pajera y me hago cargo.
Seguí caminando por los pasillos del Shopping, aunque ahora más atenta a mi inesperado perseguidor que a las vidrieras. En eso me detengo en un local de zapatillas, me quedo un rato mirando y cuándo me aseguro que él esta bien cerca, me doy la vuelta y… me lo vuelvo a llevar por delante, pero esta vez apoyándole bien las tetas en el pecho. Pese a la ropa seguro que llego a sentir la rigidez de mis pezones.
-Uy, perdoná, pero parece que hoy estamos destinados a chocarnos- le digo con una sonrisa.
-Esta bien, no hay drama- me dice.
-Para evitar un tercer choque, ¿Qué te parece si me invitás a tomar algo?- le propongo.
-Si, esta bien, ¿Por qué no?- asiente.
Caminamos hacia la confitería, pero antes de llegar se detiene y me dice:
-¿Y si vamos a mi casa? Esta acá nomás, a la vuelta-
Generalmente no es una buena idea ir a la casa de un desconocido, con todos los riesgos que ello implica, pero en ese momento como que estaba de oferta y el peligro hasta resultaba un aliciente.
-¿Y como se que no me vas a violar?- le pregunto.
Se me queda mirando, sin llegar a captar mi intención de broma.
-Es un chiste- le digo, lo agarro del brazo y acepto: -Vamos- así nomás, sin mayores consideraciones.
Salimos del Shopping, doblamos en Agüero y caminamos una cuadra y media por Guardia Vieja. Llegamos a una puerta de hierro color verde, saca una llave de su bolsillo y la abre.
-Todavía no sé tu nombre- le digo antes de entrar.
-Mariano- se presenta.
-Giselle- me presento yo.
Sin agregar nada más entramos, atravesamos un pasillo, completamente oscuro a esa hora, y llegamos a su casa propiamente dicha, un departamento interno. “Ojalá me toque la cola”, pienso al entrar. No me la toca.
Prende la luz, y cierra la puerta entrando tras de mí. Se trata de un departamento de hombre solo, todo desordenado, obviamente, con la ropa tirada en la cama, sobre la silla y hasta en el suelo, como si al cambiarse la tirara sin importarle en donde fuera a caer. Pero más allá del desorden lo primero que llama mi atención son unas revistas porno que hay sobre una mesa, agarre una al azar y la empecé a hojear, enseguida me di cuenta que algunas páginas estaban algo “pegoteadas”, especialmente aquellas en donde había una mujer mamando.
-¿Te gusta?- le pregunté mostrándole la foto en donde una mina se comía flor de verga.
-Es lo mejor- asintió a la vez que se tocaba sin disimulo el paquete.
-Entonces hoy es tu día de suerte- le aseguré.
Deje la revista en su lugar y seguí chusmeando por ahí.
-¿Vas seguido al Shopping?- quise saber.
-De vez en cuándo- respondió.
-¿Y como te va?- pregunté.
No entiende a que me refiero.
-Ya se que vas de levante, digo, ¿ya trajiste a alguna chica antes?- le aclaré.
-Si, siempre me vengo con alguien-
Sabía que era mentira, pero no lo contradije. Seguí con mi recorrida por el departamento, fijándome en los pequeños detalles, tratando de armar mentalmente un perfil de aquel sujeto. Aunque estaba caliente y sabía que iba a terminar cogiendo con ese chabón, tenía ganas de jugar. Así que le daba la espalda y levantaba bien la colita, tentándolo, deseando que de una vez por todas se me tirara encima. Sin embargo él seguía ahí, a la expectativa, sin sacarme los ojos de encima, tocándose arteramente la bragueta. Solo esperaba que no se limitara a hacerse una paja y ya esta. A ver si resultaba ser más pajero de lo que yo creía.
-¿Por qué no me tocás?- le pregunté entonces, harta ya de los jueguitos.
-¿Cómo?- se sorprendió.
-Se nota que te morís por tocarme, desde el Shopping que me venís mirando las tetas, el culo… veni, dejá de hacerte la paja y tocame- le dije entonces, acercándome a él y sacando pecho.
Enseguida sus manos se apoyaron sobre mis gomas, apretándomelas por sobre la ropa.
-Tenés los pezones bien duritos- se dio cuenta enseguida.
-Por tu culpa- le dije aceptando sus caricias, a la vez que deslizaba una mano por sobre la bragueta de su pantalón.
Él también estaba duro, cobrando de a poco un tamaño más que aceptable. En cuánto a volúmenes debo reconocer que resulta agradable tocar y acariciar una verga bien portentosa, pero cuándo se trata de chupar lo mejor es que sea la suficientemente maniobrable como para poder metértela toda en la boca, sino no tiene gracia. Y en cuánto le baje el cierre del pantalón y metí la mano adentro, pude comprobar que tenía un tamaño bastante normal pese a la holgura de su abultamiento. Se la saque afuera, me puse de rodillas frente a él y tras dedicarle una mirada y una sonrisita me puse a mamársela con avidez. Podría haberme sentado, o acostado, pero me ratoneaba chupársela así arrodillada, hacerle sentir que me tenía a su merced, aunque fuera al revés. Lo importante cuándo te cogen es dejarte dominar, hacerle saber a tu macho que él tiene el control, que es él el que manda, y que vos solo estás para servirlo, para cumplir sus caprichos, aunque esos caprichos también sean los tuyos.
Aunque tenía una verga riquísima, (bah, todas son ricas en realidad) no se la chupé por demasiado tiempo, ya que había otras partes de mi cuerpo que también demandaban urgente atención. Así que me levanté y fui hacia la cama que estaba a unos pocos pasos. Pero antes de acostarme, le pregunte si tenía sábanas limpias. Una cosa es acostarte en la cama de un telo, y otra en la de un extraño. Por suerte tenía, me las dio y las extendí mientras él se entretenía acariciándome la cola. Con la cama ya lista me puse en bolas y me eche de espalda, abriéndome bien de piernas para que ahora fuera él quien me chupara a mí. Me lo hizo con lengua, labios, dientes y lo que viniera, disfrutando a full de mi conchita ya toda mojada y enrojecida, ansiosa por sentir cuanto antes eso que pulsaba entre sus piernas.
Enseguida se puso un forro, y acomodándose entre mis piernas, me paseó la puta de la pija por toda la raya, de arriba hacia abajo y hacia los costados, ahora me hacía jugar él a mí, hasta que ya no aguanté más y agarrándosela con una mano me la clavé yo misma en la concha, empujando todo mi cuerpo hacia delante, asegurándome una penetración plena y completamente satisfactoria.
-¡Ahhhhhhhhhhhh…!- me estremecí al sentirla, exhalando en ese suspiro toda la frustración que me había dejado mi desencuentro con Raúl.
¿Raúl? ¿Qué Raúl? Pronto me olvidé del motivo de mis plegarias, más aún cuándo empezó a moverse en una forma por demás agradable, regulando sus ensartes de modo tal que nunca mantenía la misma cadencia. Sentía que me orinaba… y me oriné, un chorrito de meo saltó cuándo me sacó la poronga solo para volver a metérmela mucho más profundamente todavía. Mientras me cogía, yo me sobaba las tetas, me las apretaba, me las pellizcaba, me tironeaba los pezones, era tanta mi excitación que sentía mi concha deshaciéndose en un mar de flujo… un flujo constante e interminable que humedecía nuestros sexos en la forma adecuada, haciendo mucho más íntima la penetración. Me la metía toda, tanto es así que sus pendejos se frotaban contra mis gajos rubricando de esa forma el ensarte.
Una de mis poses preferidas es en cuatro, y no me iba a privar de practicarla, pudiendo sentir semejante verga adentro, así que me puse de rodillas, como perrita en celo y apoyando las manos en la cama, empecé a mover la colita en una forma por demás tentadora. Cerré los ojos, me puse a temblar de la emoción y al sentirlo entrar… ahhhhhhhhhh… un nuevo suspiro que estalla, de nuevo siento que me meo, siento el pis que me chorrea por entre las piernas… ahhhhhhhhh… vuelvo a gemir cuándo empieza a cogerme con todo, haciendo… PLAP… PLAP… PLAP… al chocar contra mis nalgas. Toda, la quiero toda, quiero decírselo pero no puedo, aunque lo intento las palabras no salen de mi boca, solo gemidos y más gemidos. Todo mi cuerpo se conmueve al sentir esos ensartes que se vuelven cada vez más rápidos y profundos. Que polvo, por Dios, pero aunque acabo de echármelo con un desconocido, no puedo dejar de pensar en Raúl, que daría porque ese polvo fuera con él…
Pero no lo es, él no esta, si está en cambio ese flaco de verga prodigiosa, que sigue imperturbable pese a la excelentísima cogida que me esta dando. Me subo sobre él, bien montada y comienzo a moverme, arriba y abajo, disfrutando intensamente de ese recorrido que tengo que hacer para tener toda su verga en mi interior. Entonces me la saco yo misma, y agarrándola con una mano la pongo en la misma puerta de mi culito. La humedad de ambas partes es tal que no hace falta mayor lubricación.
-¿Te gusta por atrás?- le pregunto.
-¡Si… me encanta!- responde entre jadeos.
Acomodo la punta de la pija en el hueco y empujo para abajo, me siento con todo, provocando que mi ojetito… bueno, ojetazo, se abra en esa forma que solo el sabe, recibiendo tamaña porción adentro.
-¡Uhhhhh… como te voy a romper el culo, nena!- me dice el flaco, no da para decirle que ya lo tengo bien roto, que más no me lo puede romper, tendría que darse cuenta por sí solo.
Igual sigo subiendo y bajando, sacudiendo mis tetas frente a sus ojos, obvio que no se queda quieto y me las chupa, besa, muerde, hace todo lo que puede con tal de disfrutarlas. Me enloquece dejarme gozar así, saber que mi cuerpo es capaz de arrancar tales pasiones.
Me siento prácticamente sobre él, con la espalda bien erguida, apoyo las manos en sus piernas y me muevo más fuerte todavía, subo y bajo con fuerza, me estrello contra sus muslos, el impacto es enérgico, intenso, sus manos se apoderan de mis pechos y me los masajea acompañándome en tan excitante cabalgata, hasta que… todo se desvanece a mi alrededor… el corazón me late a mil por hora y un nuevo derrame anuncia el enésimo orgasmo que sacude mi cuerpo. Él también llega, puedo sentir el forro llenándose en mi interior, me derrumbo entonces sobre él y suelto una agónica exclamación de placer. Nos quedamos un rato ahí, el uno encima del otro, frotándonos, restregándonos mientras sentimos que todo esta volviendo a su cauce normal.
Ya era tarde, así que después de vestirnos le pedí si me podía acompañar hasta un cajero, ya que no tenía plata para el taxi. Me acompaño, fuimos hasta uno que esta sobre Corrientes, y les digo que es la primera vez que alguien me acaricia la cola mientras saco plata, una experiencia para nada desagradable, les diré… jajaja. Salimos del cajero, paré un taxi, me despedí de él con un besito y me subí. Le hice chau con la mano por la ventanilla y ya esta, así de fácil quedo en el pasado. Tarde en darme cuenta que el celular se iluminaba anunciando la entrada de un mensaje. Era de Raúl. Lo había mandado hacía más de una hora. “Ya me desocupé donde nos vemos”, me decía. No le contesté, ya pensaría en una buena excusa para darle.