Hola comunidad les comparto una nueva narración la cual espero que les guste. Poco a poco iré terminando la historia.

Les recomiendo mi primera narración:

http://www.poringa.net/posts/relatos/1791402/La-mama-de-mi-amigo-o-el-deseo-con-canas_-Parte-1.html
http://www.poringa.net/posts/relatos/1792461/La-mama-de-mi-amigo-o-el-deseo-con-canas_-Parte-2.html
http://www.poringa.net/posts/relatos/1794311/La-mama-de-mi-amigo-o-el-deseo-con-canas-3.html
http://www.poringa.net/posts/relatos/1797036/La-mama-de-mi-amigo-o-el-deseo-con-canas-4.html


Si les gusta recomiéndenlos y si gustan puntear háganlo en el 2o de arriba

El consuelo que da mi tía

Los entierros nunca son tan tristes como la gente que hace que uno se ponga triste, es como si existiera la necesidad de forzosamente estar triste en esos momentos, aunque no sea así, por la perdida. En mi caso la muerte de mi abuelo era algo esperado y hasta deseado ya que el pobre viejo llevaba 12 años en silla de ruedas. El panteón se fue quedando vacio y yo seguía firmando papeles ya que mis padres no estaban en condición de hacerlo. Al final estaba solo y sin auto saliendo de la oficina y pensando como volver a casa. Y fue cuando la vi, de nuevo.
Isabel se había enterado de la muerte del abuelo y al no conocer la ciudad había llegado tarde, era una prima lejana de mi padre, por lo que era mi tía, que no frecuentaba a la familia pero que gracias a las últimas vacaciones la había conocido.

-¡Hola!, ya se acabo todo, ¿verdad?- me preguntó y sólo asentí. Se acercó a mí y me dio un abrazo mientras susurraba que todo estaría bien. Yo me dejé llevar por lo cálido de su cuerpo y la retuve contra el mío y en ese momento y en aquel lugar el diablo me tocó. Empecé a sentir una erección bajo mi pantalón que hizo que la soltara y me diera la vuelta mientras le preguntaba sobre el viaje y las dos horas manejando que debía haber hecho, pregunté otras tantas cosas dándole tiempo a mi pene a que se le bajaran los ánimos. Durante este tiempo yo veía las flores y el cielo como dándole a notar que mis sentimientos hacia mi abuelo estaban destrozados y que me encontraba frágil.

-¿Te llevo?- dijo mientras me miraba con esos ojos negros y tocaba mi hombro para consolarme. Respondí que sí y nos dirigimos al auto, yo caminaba despacio, y no por la pena que ella suponía sino para poder verla en toda su plenitud delante de mí: de estatura baja pero con un cuerpo perfectamente formado y con el cabello café al igual que sus ojos que contrastaban con lo blanco de su piel; tenía unas piernas redondas y hermosas que se ajustaban al vestido negro que llevaba; sus nalgas eran un monumento al deseo ya que parecía que cabalgaban con vida propia a cada paso dado: una cintura breve y una espalda que se adivinaba frágil; mientras volteaba a verme me deleitaba con su pecho que se dibujaba perfecto por la última luz del día. Podría decir que a sus 35 años mi tía era una diosa. Subimos a su coche y nos enfilamos a mi casa.

El trayecto era corto, pero hubiera deseado que durara más ya que el cinturón de seguridad estrangulaba el par de tetas que tenía mi tía, y mi cabeza maquinaba ideas complejas para poder llevarme a la cama a Isabel. Finalmente llegamos a la casa.

-¿Gusta pasar?- le pregunté con nerviosismo mientras mi cara de tristeza regresaba, -la soledad se siente por todas partes- añadí. Para mi sorpresa ella se quitó el cinturón y dijo que no podía dejar a alguien, y menos de su familia, solo en ese momento. Y pasamos.
Desde hacia dos años vivía solo en la casa ya que mis padres y mi hermana menor se habían mudado a las afueras de la ciudad. Era mi lugar de parrandas universitarias y de amoríos rápidos.

La casa grande y con pocos muebles no podía ser más perfecta para mí en esos momentos ya que se sentía abandono en cada rincón de ella (la verdad era que no me gustaba la limpieza) y eso ayudó a mis fines. Le ofrecí un té que ella aceptó pero le llevé una cerveza (quién en mi situación tiene té) disculpándome ya que no me daba tiempo entre mi tristeza y mi soledad de hacer las compras, recalcando las palabras tristeza y soledad para que ella las recordara..
-¿Sabes cómo se me quitó la tristeza cuando murió mi abuelo?- me dijo, y sin esperar mi respuesta me contestó -follando- acto seguido se tomó la cerveza completa de un solo trago. No sabía si había escuchado lo que al parecer sí había escuchado y de ser así no sabía qué hacer para que ella siguiera con su declaración o, mejor aún, con la acción.

-¿Follando?- le pregunté cómo si no supiera lo que era eso, -no te entiendo, ¿es lo qué se debe hacer en estas situaciones?- pregunté saboreándome su respuesta, y a continuación me contó lo que había pasado en aquella ocasión:

“Después del entierro de mi abuelo estaba desconsolada. Esto fue hace algunos años pero cada vez que lo recuerdo me siguen temblando las piernas. Yo me quedé en la casa de la abuela a limpiar todo ya que los demás debían trabajar al día siguiente, era tiempo de vacaciones, y me ofrecí a quedarme con la abuela y mi tío Alfredo, hermano de mi papá, quien vivía en la casa y no dejaba de llorar. Mis padres se marcharon con los demás y estábamos solos, los tres en casa.

Después de limpiar la sala y la cocina estaba rendida y subí a una pieza a recostarme. Mi abuela dormía en su recamara y se oía el llanto de mi tío en otra pieza, entré a la recamara que estaba vacía y me acosté con todo y ropa, de inmediato me quedé dormida. No sé qué hora era cuando sentí algo raro sobre mí: era mi tío que se había montado en mí y me tapaba la boca. Lentamente acercó su boca a mi oreja y me susurró: -¿me ayudarías a que se me fuera la pena?- no sé si fue el hecho de que estaba adormilada; que no sabía que pasaba; o que sentía un enorme bulto sobre mi estomago pero asentí con la cabeza.

La lámpara de mi cama estaba prendida y pude darme cuenta de que mi tío no llevaba pantalón ni calzones era por eso que sentía su miembro de una forma tan intensa. A esa edad yo todavía era virgen pero ya había tenido muchos novios y lo más que había pasado con ellos eran unos manoseos tremendo, unas mamadas que poco a poco fui perfeccionando, me habían bañado de leche desde la cara hasta el culo, se habían masturbado frotando mi conchita y entre mis nalgas, me habían dado tantos lengüetazos en la concha que sentía que el vello me estorbaba, y en una sola ocasión me habían metido un dedo por la cola mientras yo se la mamaba al que era mi novio entonces. Era virgen en un 95%. -¿Me sigues sobrino?- preguntó y yo asentí al mismo tiempo que intentaba que todas esas imágenes se fueran de mi cabeza. Ella continuó.

“Él se colocó encima de mí y pude sentí r lo caliente de su respiración en mi cara cuando empezó a besarme. Nunca había sentido esa sensación con mis ex novios, era como una urgencia de follar en cada beso: su lengua recorría el interior de mi boca como intentando llegar a mi clítoris; sus labios se restregaban en mi cara y su barba descuidaba me estaba poniendo calientísima; cuando llegaba con su boca a mis oídos me susurraba que era su putita y que siempre lo sería, eso terminó por hacer que mis pantis se mojaran a la vez que mi rostro estaba bañado por su llanto.

Pero si eso pasaba en mi cara abajo las cosas estaban mucho mejor ya que con una mano estrujaba mis pechos por encima de mi ropa y apretaba mi pezón que se erguía como un monolito. Con la otra masajeaba mis nalgas dejando enterrados sus dedos en mi culo; sentía cada fibra de la mezclilla y del encaje entre mi carne. Y sucedió lo que nunca antes en todos esos juegos con mis ex había pasado: tuve mi primer orgasmo entre espasmos, maldiciones y contracciones de mi conchita; incluso le escupí la cara e intenté morderle los labios. Era una perra en esos momentos. Y una perra en brama que seguía siendo virgen.”

Conforme se desarrollaba su narración yo pasé de una completa excitación a una corrida sin siquiera darme cuenta, hasta que el semen se enfrió pude saber lo que había pasado. Tan absorto estaba en lo que oía que no me di cuenta de lo que pasaba con mi cuerpo. -Sigue-, fue todo lo que pude decir.

“Se pudo dar cuenta de lo que había pasado y me dijo que no tenía ni puta idea de que seguiría.

Tomó mis manos y las puso en mi espalda para que no me pudiera mover y se sentó en mi estomago; a pesar de mi ropa pude sentir el calor de su culo desnudo y como se estremecían sus bola; sujetó su pene con una de sus manos y empezó a masturbarse llegando a ser inmenso, tanto así que su glande llegaba a tocar mi nariz. Se movió hacia mi pecho y dejó caer el trozo que era su verga en mi mejilla y sentí el líquido que empezaba a manar de la punta: claro y pegajoso. Su pene recorría toda mi cara y yo me mantenía con los ojos y la boca abierta como esperando mi premio, hasta que llegó: su cabeza caliente y vibrante estaba entre mis labios y empecé a chuparla con desesperación mientras mi lengua recorría su carne, pero lo levantó y me quedé con la boca abierta. Me dijo que era una tonta ya que no sabía ni chupar una polla, eso me dio en mi orgullo ya que todos mis ex novios se daban unas corridas tremendas en mi boca y me decían que era la mejor, por lo que ese hombre, hermano de mi papá, y que tenía su culo sobre mis tetas y sus bolas y su tremenda arma sobre mi cara debía estar bromeando.

-¡Tendré que enseñarte!- me dijo, se levantó poniéndose de pie sobre la cama me sujetó por los cabellos y me puso de rodillas y su bulto apuntaba hacia mi boca por lo que la abrí y su trozo se introdujo en ella sin soltar mi cabello empezó a darle ritmo y cada vez me metía un poco más haciendo que raspara mi garganta y que mis ojos se llenaran de agua hasta casi ahogarme, entonces la sacó y me dijo que era una putita buena por lo que me había ganado un premio y me la volvió a meter: los vellos de sus testículos me tallaban la barbilla y toda su verga estaba adentro, empecé a mover la lengua y a contraer la garganta ante sus embestidas hasta que sentí un torrente de leche caliente que me llenó por completo. Se corrió tanto que cuando la sacó mi boca estaba llena, elevé la vista y vi una mirada ruda por lo que sin esperar una palabra me los tragué, volvió a poner su pene en mi boca y me dijo que lo limpiará lo cual hice con más gusto que cuando era niña y tomaba mamila: con una mano seguía sacando sus jugos, mis labios alrededor de su glande y mi lengua toqueteándolo. Con mi otra mano le sobaba las bolas como si estuviera ordeñando a una vaca”

-¿Cómo estás sobrino, aún aguantas?- me dijo pero viendo la mancha en mi pantalón y el bulto debajo de éste.
-¡Sí!- le respondí mientras miraba sus ojos.

Continuará………………..