Nosotros éramos unos malcriados que habíamos llegado al último año del secundario sin mucho esfuerzo. Llevando la carrera sin mucho compromiso, habíamos logrado divertirnos y pasarla sin sobresaltos. Donde si teníamos inconvenientes era en procurarnos alguna actividad sexual divertida.
Ese ultimo año, tuvimos una profesora nueva en química. Durante semanas nos pareció mas de lo mismo, y nunca pensamos que por ahí pasaría una de las calenturas que nunca olvidaríamos en toda nuestra vida. Ya pasaron muchos años de estas aventuras.
La teacher comenzó tímida y preocupada por cumplir el programa de la materia, nosotros íbamos en sentido contrario. Nos importaba un pito la química y estábamos determinados a no aprender nada. En el laboratorio estábamos tratando de separar el hidrogeno del oxigeno contenido en el agua, primer ejercicio del año, con un poco de electricidad en juego en el experimento, todo muy rutinario cuando nos damos cuenta que la profe, que traía una camisa muy formal, una falda apenas corta y en general se vestía muy neutra, no traía medias y los zapatos claramente no eran los apropiados al conjunto.
Las banquetas altas del laboratorio, dejaban ver bien las gambas, pálidas, rematadas con unos tacos algo escandalosos para un secundario. Creo que podría asignarle a ese momento, nuestro cambio de óptica sobre la mina. Fue como una revelación. Entre varios mirábamos las piernas y esquivábamos su mirada. Y todos coincidimos en los comentarios del recreo en adivinar alguna inquietud en esas piernas. Algo tenían que parecían invitarnos. Es verdad que en esa edad, veíamos invitaciones eróticas en casi todas partes.
Esperamos la siguiente clase con ansiedad, en la semana la veíamos en los pasillos y todo el grupo interrumpía la charla de inmediato, y la saludaba con la mirada en su cuerpo y la mente en sus piernas. Ella no podía evitar sonreír de nuestras caras bóbas e inmóviles.
Imaginábamos su vida familiar, si su esposo la atendía, algo que explique esas señales que nosotros descubrimos de su falda hasta el piso. Discutíamos si una mina que nos doblaba o mas en edad le daría bola a unos pibes como nosotros.
La siguiente clase, la sandalia, alta, dejaba ver todo el pie. Fue lo primero que todos observamos. Ella pareció darse cuenta y no lo ocultaba. A fin de cuentas por algo se los ponía, dedujimos. Calculo que nuestra excitación era tan importante que nuestra conducta estaba condicionada por la calentura. No podíamos mantenernos en clase como seres humanos. Le preguntábamos cosas, le pedíamos que nos de explicaciones especiales, la interrumpíamos una y otra vez. Ella, nueva en la escuela ese año, se desvivía en atendernos, incluso mas allá de lo prudente. Las chicas del curso nos odiaban, no dejábamos que la clase trabaje naturalmente. Desde que llegaba hasta el fin de la hora, todo era molestarla, preguntarle, observarla lascivamente.
Sus clases a poco de comenzar el año, eran ingobernables, todos hablaban, jugaban con los elementos del laboratorio, al que quería estudiar, se le hacia imposible, y el resto disfrutaba el jolgorio como le parecía.
La veíamos sufrir, intentaba levantar la voz, pero su carácter no alcanzaba ni para sacar alguien de la clase. Se hacia nuestra voluntad en esa hora.
Suponemos que ella intento controlar su entorno, subiendo su apuesta a una vestimenta algo sexy. ¿Creerá que si deja ver mas sus encantos, podrá controlar el rebaño? Nos preguntamos.
Una vez intentó controlar alguno de la banda, pero no le obedeció y la pobre no supo imponerse. Es mas, ella quedó avergonzada. Este mundo del revés era muy divertido, esperábamos la clase ansiosamente.
Entrando en el laboratorio, siempre sucedia lo mismo, nos empujabamos, apretujabamos, entre nosotros, con las pobres compañeras siempre. En ese arremeter, quedamos muy cerca de la profe que entraba inconciente, en medio del malon, y sin querer, sinceramente sin querer, uno de nosotros le roza las nalgas con su bulto. Instintivamente el pibe siente que debe hacer algo, y se disculpa. – Perdón, susurra cerca del oido, intentando que no sea mas vergonzosa la situacion. Ella se da vuelta, con la cara ruborizada y no pudo pronunciar palabra. El pibe imagino que a la profe la perturbò la apoyada. Es muy probable que no le haya producida ese efecto, pero toda la banda quiso creer eso.
Se comentó el asunto mil y una vez, dándonos maquina, en hacerlo nuevamente, ya de manera planificada.
Intentamos artificialmente producir el embotellamiento, pero curiosamente no sucedían. Entrábamos la clase ordenadamente y nosotros éramos los únicos que nos amontonábamos, al pedo.
La observábamos con lasciva, le mirábamos las piernas, la falda sobre la rodilla, los muslos firmes, y las piernas desnudas. Ella intentaba no prestarle atención a las miradas, pero nos parecía que no podía. - ¿Que iba a decir? Que le mirábamos con cara de alzados… Imposible. Si no podía controlar nuestra disciplina en situaciones muy fáciles de resolver, menos podría en algo tan subjetivo.
Cuando escribía en el pizarrón, se paraba en puntas de pie, y nosotros nos superábamos en guarangadas. Comenzábamos con simples silbidos y pequeños guaus, y terminamos con alaridos. Ella solo atinaba a ponerse nuevamente de frente a la clase. Y evitaba mirar a nuestro rincón.
Uno de nosotros vio en el reflejo de la ventana entreabierta, que cuando hacíamos esas payasadas, ella no podía evitar sonreír para sus adentros. Pero fue difícil confirmarlo para tranquilidad de todos. No creíamos en que le diviertan esas cosas, las supusimos parte de nuestra calenturienta imaginación de teenagers.
……….
Saliendo todos juntos del colegio, se produjo un amontonamiento, y el hecho que fueran cientos de personas rodeando, nos daba la oportunidad que solo la impunidad permite. El salvaje del grupo, se acomodó sobre la profe, y le masajeo solo un glúteo, de manera inequívoca. No podía tratarse de un roce, ni de empujón ni nada. Eso era una mano tocando descaradamente un culo. La profe se sobresalto pero no todo lo que debería una señora en esa situación, sin gritar ni pronunciar palabra. Al mirar para el lado equivocado, hizo que este bestia, se deslizara desde la nalga hasta el medio del culo y empujara suavemente, cariñosamente.
A la mujer le fue imposible hacer otra cosa que dejarlo pasar, cuando miró hacia el lado correcto, no se veía nada, o se veían muchachos de diversas edades, nada hacia suponer al dueño de la mano adulta que la había excitado. Después nos enteramos qua si eso habia sucedido.
Ese evento nos envalentonó y fuimos por mas. A riesgo que todo sea un mal entendido y quedáramos todos fuera del colegio y justo en el ultimo año.
La perseguíamos en el recreo, la espiábamos, la mirábamos cuando llegaba en su auto familiar, cuando se iba, conocíamos su vestidor de memoria, y los zapatos, todos.
Apostábamos a ver quien se hacia una paja en el aula, y no tardamos mucho en intentarlo. Unas pocas sacudidas y al palo. Con la mujer en plena clase, estaba el pelirrojo sinvergüenza, en el último asiento, bajeándose furioso. Lo mirábamos desde nuestros asientos y no podíamos contenernos. Tanto que la profe sospecho algo. Siguiendo nuestra miradas, adivinó que el pelirrojo era el eje del asunto. Imaginando que sería la oportunidad de sorprendernos en alguna pavada que termine por disciplinarnos, se acerco al colorado. Este intentó simular normalidad, pero no podía, lo normal estaba ausente en esa clase siempre. En pocos pasos quedo sobre el alumno, y este no hizo a tiempo a guardar todo en esa dimension. Para poder realizar la maniobra se parò rapidamente en la inteligencia de permitir a la bragueta mas soltura. No fue el caso. Se parò y dejo la verga parada entre sus manos a la vista de la profe, que ya casi estaba encima. No supo que hacer y solamente freno sus pasos y como que intentó cubrir la vergonzosa escena con su cuerpo, era el ultimo asiento y nadie pareció advertir que este pibe había quedado detrás de ella con la verga al palo. Pocos segundos y aunque en medio de una maniobra complicada, el colorado se acaba en sus manos y salpica las piernas de la teacher.
Nosotros mirábamos para el fondo del aula sin hacer mucho escándalo, para darle alguna posibilidad de que un milagro haga que no expulsen al pelirrojo. Vimos como la profe elegantemente se paso las manos por las piernas, y se limpio en su femenino pañuelo que milagrosamente tenia a mano. No se animo a hacer ninguna acción administrativa. El colorado salvo su vida, y nosotros quedamos mas calientes que nunca.
La manija que todos los días nos dábamos y el debate que teníamos respecto de la profe de química, era interminable y monopolizaba nuestros temas de conversación.
El colorado juraba que la mina de cerca, dejó ver una carita de satisfacción y que por esa rabón no se animo a hacer nada. Nosotros lo convencimos que le perdonó la vida de buena mina que era, y que aunque quisiera no tenia el carácter para hacer algo distinto a aguantarse.
Si ese razonamiento era así, no podría controlar otra situación, y si era de buenaza, la bondad también tiene sus limites, y estábamos determinados a descubrirlos.
……………
Llegó el momento del trabajo en equipo y nosotros, como siempre teníamos nuestro equipo armado desde el primer año de la secundaria. No era momento para hacer cambios. Le dijimos que aunque deberían ser de no mas de cuatro alumnos, seriamos siete, inseparables. Aceptó, siempre aceptaba.
Ella colaboraba en cada trabajo de grupo, esperábamos el nuestro ansiosamente, aunque no teníamos nada organizado. Nadie tenia claro como llevar adelante el trabajo, que debería tomar la segunda mitad del año. Pero lo que estaba claro es que el trabajo era para nosotros siete y la profe. Ese semestre las demás materias no existieron. Tampoco química existió, solo el trabajo en equipo.
El primer encuentro debía ser para revisar la planificación, pero nadie pensó en eso. La profe nos cito al laboratorio. Y la sorpresa de ella fue que no habíamos preparado nada ni sabíamos de que se trataba el asunto. Ella intentó retarnos, pero lo único que logró fue calentarnos a todos.
…..
Nos reuniò en torno a la mesa alta del laboratorio y se preocupo de organizarnos el trabajo. Tan concentrada en su actividad que no notò que al sentarse le quedo la falda en una posición que dejaba casi toda la pierna cruzada a la vista.
Yo solo era quien tenia esa vista privilegiada, el resto solo veia una mesa y una profesora. Senti como mi corazon latia fuertemente y estaba en un estado de obnubilación que no escuchaba lo que se decia. Si me dirigian la palabra, nunca lo supe. Yo tenia mis sentidos clavados en esas piernas, simulando mirr en direccion al cuaderno node laprofe hacia anotaciones, pero mis miradas seguian hasta las caderas. Mis manos estaban cada una apoyadas por las palmas contra cada una de mis piernas, que en el taburete, quedan altas. Muy cerca de las de ella. Retirè mi mano de mi pierna derecha y la pose de la misma manera que la tenia en la mia, pero en la de ella desnuda. Podria tratarse de un equivoco. Pero con esta profe que teniamos en la mira, no habia equivocos. La profe sintio mi mano humeda y no dio ninguna señal, ni buena ni mala. Simplemente siguió su explicación. El resto del grupo intuia algo, pero no podia ver nada. No creo que hayan imaginado que mi mano estaba en ese sitio.
Casi de inmediato, la profe alzo la vista y me mirò fijamente, en la intencion de controlar la situacion sin llegar a un escandalo. Como que ofrecia una salida elegante a una guarrada inexplicable. No me importo esa salida, y desafiante, en lugar de baja la vista, la mantuve en sus ojos, y subi la mano por el costado del muslo, debajo de la falda, como aprecieando su nalga en toda su magnitud.
Llegue hasta la delgada cinta de la ropa interior, solo una cinta era lo que yo podia adivinar. Las caderas temblaban debajo de mi mano y la alocución se le interrumpia a la profe.
Recorria con mi mano hasta la entrepierna y las gambas se abrieron muy suavemente, y mi mano entrò y recorrio toda su humedad. Chorreaba mi palma por mi ansiedad y la de ella, la notaba como se agitaba su voz y los colores. No tanto en su cara, mas en su escote, que aunque recatado, dejaba ver como se iba coloreando.
Mis dedos, tres, entraron en el culo por delante y senti como apretaba las piernas haciendo doler mis falanges. Intentaba terminar la explicación para de alguna manera poner fin a esa escena, pero ahora era yo el que preguntaba y pedia explicaciones. Una y otra vez la obligaba a que repitiera el programa de trabajo. Yo solo asentia y la miraba con autoridad. Ella casi no podia levantar la mirada y solo apuraba la explicación.
Mis manos mojadas la mojaban toda y sentia sus latidos en mi palma, hasta que me topo con otra mano, que no era la mia ni la de ella. Esa mano venia desde las nalgas y estaba muy metida en el culo, solo me tropece con el resto de la mano que estaba afuera. Ella intendo decir un – ¡Basta! Pero la voz se le quebrò y no pudo sostenerse en la postura. – Nada de basta, tenemos mucho trabajo que hacer en este grupo.
Apoyo su cabeza en la mesa, de costado, sobre un oido. Quedando su culo a la altura que mejor queriamos. La cabeza no se podia mover porque era sostenida fuertemente de los pelos, tironeando muy fuerte y las lenguas le entraban en la concha suavemente lamiento y en el culo, fuertemente como si de una verga se tratara.
Lanzaba unos gemidos y pedidos de que paremos. Le tapamos algo la boca con la mano y respondiò con un lamido. Una verga no se hizo esperar y reemplazar esa mano por una pija en la boca. Las lenguas se iban turnando para chuparle el culo y ella no podia hacer otra cosa mas que gozar, no tenia fuerzas para el mas minimo escape. Por momentos dejabamos de sosenerla fuertemente, y quedaba liberada, pero quedaba amarrada por ella misma a la verga que tenia cerca de su boca y lamia los cojones mas proximos. El colorado que la habia imaginado mil y una vez desnuda, se subio a la mesa y hundió la verga en el orto, eso no impidio que la lengua que chupaba la concha siguiera inmutable su agradable tarea. El colorado dio tres o cuatro empujones, y su juventud no le permitio mas sostenerse, dejando caer su leche en la espalda transpirada de la rubia. Ella paso su mano por la espalda con dificultad, hizo el ademán de limpierse, y dio unas lamidas sobre sus palmas enlechadas, suspirando extasiada. Ya tenia otra verga en su culo, cuando la sintio acabar, vino elmas timido del grupo, que no queria perder su oportunidad. A ese que parecia temeroso de la situacion, la profe lo invitio. Le dijo, vos nos seas timido, que esto no pasa todos los dias. Y lo beso apasionadamente de tal manera, que el muchacho se acabo en los pantalones todavía puestos. Ella de todos modos le bajo la bragueta y lo chupo asi como estaba. El muchacho nunca olvidara esa carita chupandolo.
……………
Esa mañana entrando al colegio, los siete la observabamos desde donde estabamos. No estabamos en grupo, pero cada uno desde nuestra posición, la acompañamos con la mirada.
Ella entro lo mas rapido que pudo y se dirigio a sala de profesores. No la vimo sen ningun recreo, solo aparecio en nuestra clase. No nos dirigiola mirada en ningun momento y nosotros nunca le quitamos los ojos de encima.
Pasaron semanas asi, aunque ella parecia estar llevando adelante una lucha titanica, no creíamos que pudiera vencer. Estabamos a la espera de sorprenderla. No teniamos ningun plan en particular, pero algo sucederia.
Ella no dejo de usar sus tacos, y sus faldas algo cortas para una profe. Pareciera que su lucha estaba destinada de fallar.
Al entegarle los trabajos escritos, nos propusimos tocarle la mano cuando le entregabamos el papel delante de todos. No podria decir nada y nosotros podriamos observar su reaccion. El colorado, que siempre fue observador, juraba que al tocarle la mano, noto los pocos pelos en su muslo, pararse y la piel ponerse como de una gallina. Nos gusto creerle la historia, pero no se si fue cierta.
Eramos siete fieras esperando su caida, como un animal feroz que persigue a una presa herida. Ella intentaba mantenerse alejada de cualquiera de nosotros, al menos unos metros.
Delante del director del cole, donde ella no podia dejar de atendernos, la interceptamos con una pregunta tonta, en medio de la salida general de la escuela. El director la observaba, de manera de observar como nos atendia. Justo lo que nosotros queriamos que suceda.
Mientras ella contestaba la pregunta, muy atentamente, exgerando los ademanes para que el director la viera en su desenvolvimiento, uno de los siete, como si de una manada de leones se tratara, la apoyaba en pleno patio. Le refregaba bien la verga por la nalga y sentia como ella temblaba. No se si de miedo y de calentura, pero temblaba, y no era cuento.
Tratp de abrirse paso y una nueva pregunta de otro leon de la manada. Ya casi sobre el director. Ella intentaba cubrirse con sus carpetas, pero atrás, en sus nalgas tenia una mano firmememnte aferrada a su culo y parecia que intentaba desarmarlo.
La acompañamos a su camioneta familiar como para no demorarla y que el director no sospechara anormalidades.
Llegando al auto ella apuro el paso, llego unos segundos antes, entro a las corridas, logro cerrar la puerta antes, pero al bajar los pestillos, se dio cuenta que se le habia caido la cartera y la teniamos nosotros en las manos.
Con todo gusto se la mostramos, y ella no pudo sonreir, temblaba con las llaves en sus manos.
Resignada destrabo la puerta, ambas corredizas se abrieron para dejar entrar a los siete en el asiento trasero.
-Uds a donde van?, pregunto. –no se. Vos sabras, fue la respuesta.
Ella arrancò, imaginando que si se movia, quedariamos nosotros atrás, Pero obviamente seguiamos firmes amosntonados en ese asiento. La manoseabamos y ella se quejaba y suspiraba de placer al mismo tiempo.
Se dio vuelta e intento retarnos. Recibio como respuesta un tiron de pelos y una verga en la boca, que aun no estaba dura. Decia que no, que no la obliguen. -Nadie te obliga. Le decian. Y le sacaban la verga de la boca, y ella la seguia con la lengua y la tragaba entera. Ves que no queremos obligarte a nada. Le dieron mas, casi todas las pijas se las dieron de comer. La tenian de los pelos muy fuerte y la tironeaban sobre las vergas, no se podia realmente escapar a ninguna lado. Finalmente bajaron de la camioneta y la dejaron ir, calculo que ella esperaba algo adentro, pero no lo tuvo . Nosotros lo sabiamos y nos gusto no darselo. Queriamos torearla un poco antes.
Continuarà