El verano pasado, un amigo mío, Juan, se tuvo que ir a laburar enero y febrero a Carlos Paz. Lo habían contratado de un boliche allá.

Desde que se instaló, me empezó a joder con que fuera unos días. Tanto llamó que al final me creí que estaba sólo y aburrido, y fui a hacerle compañía.

A pesar de que le dije que no, me fue a buscar al aeropuerto. Todo para darme la sorpresa de la camioneta nueva que se había comprado. “No sabés cómo gano minas con esta”, me dijo.

Entonces supe que de solo y aburrido nada. La estaba pasando bomba y quería compartirla. Y en todo caso le faltaba un amigote para hacerle la gamba en la joda.

Del aeropuerto fuimos a la casa que alquilaba, en un country a 15 minutos de Carlos Paz (25 minutos de Córdoba). Espectacular!.

A riesgo de parecer agente inmobiliario la describo: living con la cocina anexada y un baño en la planta baja, más un cuarto y un quincho con parrilla. Arriba un livingcito para ver tele y otro cuarto. Afuera la pileta con reposeras. Divino el lugar y la vista del cerro atrás.

“Mi hermana duerme en el cuarto de abajo y yo en el de arriba. Vos podés dormir en el sofá-cama del living de arriba o en el cuarto conmigo, yo junte las camas para que quede una grande, pero las separamos y listo”, me dijo mientras me mostraba el lugar.

Opté por el sofá-cama para no joderlo, pero antes pregunté por la hermana de Juan, Marina (le dicen Mara), que es un año y medio más grande (tiene 27).

“Ella está laburando a la tarde en un parador y a la noche me da una mano en el boliche. La casa la alquilé con ella así repartimos gastos”, me dijo.

Yo insistí para ver que se hacía en caso de traer minas. “Quedáte tranquilo, la mayor parte de las veces duerme en el depto de las amigas. Acá se queda de lunes a miércoles cuando no va al boliche”.

Era viernes. Así que era casi seguro que la hermanita no pintaba a la noche y se quedaba en lo de sus amigas, dos modelitos que hacían promociones en el verano. Sin embargo apareció tipo 7 cuando caía el sol y nosotros íbamos por la tercer cerveza al borde de la pileta.

Me saludó cariñosa. Siempre fue divina, aunque la tenía más gordita. Pero había bajado como 5 kilos. Dijo que se iba a tirar a dormir un rato. Apenas se fue, Juan me dice: “se puso linda no?”.

“Es tu hermana boludo!”, le digo. “Si, pero bien que le miraste el orto”, me contestó cagándose de la risa. Yo sabía que el guacho era cero cuida.

A tal punto que una vez me había hecho el entre con una ex novia suya. “La verdad está mucho más linda”, dije. “Se peleó con le novio, por eso se vino conmigo y las amigas de joda acá el verano”, me contó.

Descansamos un rato nosotros también, después cenamos, y rumbeamos temprano para el boliche. Me presentó a los dueños, y a los pibes que laburaban con él y nos instalamos en el vip.

El lugar ya estaba medio lleno con la gente de la matinee, pero en el vip no había nadie. Charlamos otro poco, de laburo y que se yo, hasta que empezó a caer gente. Juan empezó a ir y venir y me quedé solo un rato.

Ahí aparecieron dos minitas que conocía de Buenos Aires que estaban allá en una obra de teatro y nos pusimos a charlar un rato. Obvio que les tiré los perros, pero una estaba de novia hacía poco y la otra estaba con un pibe ahí, así que nada.

Al rato cayó Marina y las amigas. Muy lindas las otras dos también. Una flaca, alta y rubia con mucha cara de puta. La otra castaña, un poco más bajita pero con terrible orto. Natalia y Fernanda. Con Mara que es morocha de ojos negros, hacían un trío perfecto. Se los dije. “Querés que seamos los Ángeles de Max”, me jodió Mara.

Me encantó al toque la onda de Mara. Hasta las amigas se dieron cuenta que había algo entre nosotros y nos dejaron solos. Igual yo me abstuve de encararla y sólo charlamos. Pero cagándonos de la risa todo el tiempo.

Le dije de ir a la barra a buscar algo de tomar y ahí se nos acercó Juan. “Vení boludo”, y me llevó del brazo. La miré a Mara y me dijo “andá, andá, en otro momento la seguimos”. Y se fue con la amigas, que estaban sentadas charlando con otras amigas y unos flacos.

Yo lo seguí a Juan que me llevó hasta un living en la otra punta del vip donde estaban dos pendejas que parecían haber sobrevivido a la matinee. Aunque decían tener 18 y 19, la que me tocaba a mi, parecía de 16. Y como siempre en estos casos era la más fea de las dos.

Juan las había pescado de abajo y las había hecho pasar al vip y estaban recopadas. Vero y Maribel. Cordobesas las dos, decían ser primas. Juan se quedó con Vero (flaca, muy linda, morocha de ojos verdes). Yo me puse a parlar a la otra (1,60, culoncita, rubia, más bardera que la prima que parecía medio tímida).

Juan se la sentó al toque a la otra arriba, pero la minita se hacía la difícil para los besos. Mientras yo parlaba a Maribel que me pidió que la acompañara abajo a bailar.

Bailamos jodiendo hasta que la mina se me vino encima y empezamos a transar. La pendeja besaba muy bien y aunque hasta entonces no le había dado mucha bola en ese sentido, al toque me puso al palo.

La traje contra mi y le agarré el culo, y debe haber sentido el pedazo duro contra el vientre pero no esquivó el bulto (já!). Seguimos bailando un rato más y después fuimos otra vez para arriba.

Juancito estaba a los besos con Vero, y nosotros nos acomodamos al lado y los imitamos. La mía era más zarpada y se dejaba meter mano en el orto a full, mientras la otra la careteaba. Juan pidió champán y nos bajamos la botella en dos minutos. Y después otra.

Para esto ya eran como las 5 y el boliche se iba vaciando. Nosotros hacía un rato que estábamos los cuatro charlando cuando yo rumbié la conversación que venía en tono picante para elogiar la casa de Juancho.

Él me miró como diciendo “qué onda?”, mientras yo hablaba de la pileta y la vista, y sarasasa. Hasta que se dio cuenta a dónde iba y tiró: “tiene que venir ver el amanecer”.

Las pendejas dudaron un rato. Pero como estaban solas en Carlos Paz, al final Maribel la convenció a la otra. “Después yo las traigo de vuelta”, dijo Juan. Y agarraron viaje.

Cuando llegamos todavía faltaba una hora para que saliera el sol, así que nos instalamos en el living y seguimos tomado cerveza. Yo para que la cosa no se enfriara la agarré a la petisa y la senté arriba mió, con una pata a cada lado.

Entramos a comernos, y la chota se me puso dura. Ella estaba para colmo con su conchita justo encima de mi pija, y se encajaba perfecto. Empecé a tranzarla y agarrarle el orto mientras se mecía encima mío. Se ve que la calentaba el roce con mi pija porque largaba gemiditos.

Yo la escuchaba gemir y se me ponía más dura. Le levanté el vestidito dejándole el culo entangado a la vista de Juan que estaba en el sillón de enfrente con Vero. Los dos se quedaron mirándonos cuando empecé a pasar el dedo índice a lo largo de la raya de la cola de Maribel mientras ella gemía descontrolada frotándose.

Juan trató de meterle mano a la concha de Vero. Maribel de espaldas a ellos, ni enterada, me comía el cuello y me chupaba la oreja. Yo le metí 2 dedos en su conchita. La pendeja estaba empapada.

Entonces me desabroché el jean, liberé la pija, y sin cambiar nada se la mandé en la concha corriéndole la bombacha. Juan y Vero tardaron en darse cuenta que estábamos cogiendo, y sólo reaccionaron cuando la pendeja empezó a gritar en vez de gemir.

“Te la estás cogiendo boludo?”. “Si, se comió toda la pija la putita”. “Mirá”, le dije. Le levanté para que vieran mi verga y le abrí el culito a la pendeja y me la entré a bombear fuerte.

“Así-así-así”, largó la putita. “Si dale bebé, acábame todo”, le dije anticipádome. Cuando levante la vista la vi a Vero con la mirada clavada en mi pija y el culo de su prima.

“Mirá Verito como goza tu primita, no querés hacer lo mismo”. Juan entendió el pie y sacó la pija de su encierro.

Vero lo miró y se fue para atrás en el sillón. “Dale vení, chupámela un poquito”, pidió Juan. Ella le agarró la pija con una mano y lo empezó a pajear.

Le dije a Maribel que seguía cabalgándome: “decíle a tu primita que se la coma que la va a pasar bien”. Sin dudar giró el cuello y largó: “Cómesela toda!”.

Yo agradecido me le entré a coger más fuerte, concentrado ahora en hacerla acabar. Igual, casi acabo yo cuando vi a Vero peteando tímidamente a Juan.

Me concentre en la mía. La putita no paraba de gemir y me pedía por favor que me la cogiera fuerte, mientras yo empezaba a mojar un dedito en su conchita, y se lo pasaba por el culito para ir preparándolo. De lo caliente que estaba…o de lo puta que era…no dijo nada.

Así le robé un polvito espectacular mientras Juan luchaba para que Vero se la comiera toda (con frase como “dale, toda”, “abrí bien la boquita”, “dale coméla, coméla”).

Yo al ver que Vero se resistía, le dije a Juan: “déjala a esa histérica de mierda, vení que nos enfiestamos a la pendeja”. Tardó un par de segundos en entender pero cuando vio que le estaba ofreciendo el ojete de la pendeja se vino al humo.

La nena se negó al toque. “No los dos no, no, no no”. Yo le decía: “dale pendeja, no te hagas la difícil, que sos bastante putita”. La abracé y la traje hacia mi para dejarle el culo de Maribel parado a Juan, que le apuntaba la pija al orto. Vero tiró a decir “dejala”. Pero ya era tarde.

“Ayyyyaaaa”, gritó la turra cuando le entro la pija de Juan. Yo sentí el roce. Siempre es una sensación rara, cuando pasa eso. A veces te excita, otras te la baja. Yo estaba más divertido en ver como nos la enfiestábamos y en la cara de Vero parada inmóvil atrás de Juan sin hacer nada.

Tampoco me podía mover mucho. Lo único que podía hacer era hablar así que le di manija a la pendeja. “Te gusta puta como te estamos enfiestando?”. “Si, si, me gusta”, decía ella.

“Mirá Vero, mirá tu primita como grita”, le dije a la otra. “Boludo, no sabés lo apretado que tiene el orto”, me dijo Juan. “Eso es porque estoy yo del otro lado, en realidad la pendeja lo debe tener bastante abierto”, le contesté.

“Sos un hijo de puta”, dijo Maribel cagada de risa. “Ayy como me están rompiendo el culo”. “Yo no, el que te está rompiendo el culo es él”, le contesté. “Te gusta puta?”, preguntó Juancho que iba y venía más rápido. “Me duele mucho”, contestó la muy puta. “Ayy aahh ahhhh”, entró a jadear. “Dale boludo que acaba”, le dije a Juan.

“Ayy no sabés que buen ojete, ayy”, contestó y por la cara imaginé que estaba acabándole en el orto a la pendeja. Así fue. Al rato se salió y fue a limpiarse al baño de arriba. La pendeja se salió de arriba mío y fue al baño de abajo. Era cómico verla caminar tipo pato con una mano tapándose el culo lleno de leche.

Yo me quedé como estaba sentado en el sillón con la pija a media asta y liberado del peso de los otros dos. Vero se había sentado acurrucada en el sillón de enfrente sin decir nada. Pero vi que de golpe me miraba la pija. Eso fue suficiente para que se me pusiera otra vez dura.

“Te gusta más ésta?”, le pregunté. No contestó nada y miró para otro lado. Me paré y fui hasta ella con la pija apuntándole. “Mirá bebé, para vos también hay”, le dije. “Salí pelotudo”, contestó enojada. “Vení, si te gusta”, le dije.

Forcejeamos un poco, la agarré de las muñecas para dejarla quieta y le busque la boca. Le metí un beso. Le solté los brazos. “Dale, no seas tonta”. Se fue calmando y la entré a tranzar.

Ella estaba sentada y yo arrodillado a los pies del sillón. Así que con las manos le agarré el culo y la traje para mi. La pija dura rozó la telita de su bombachita, que se asomaba gracias a que el vestidito se le había subido.

Se la froté un par de veces. Después llevé la mano y sentí que la bombachita estaba toda húmeda. Se la hice a un costado y vi que tenía la concha peludita y toda flujeada.

Agarré la pija y le pincelé la argolla separando los pelos trenzaditos que le tapaban el agujero. Cuando se abrió, le acomodé la cabezota en la puerta de la conchita y se la mandé adentro.

La tenía caliente, mojada, pero muy apretadita. Me miraba extasiada con esos ojitos azules que se le habían puesto vidriosos y la boca entreabierta largando jadeos. Que pendeja hermosa!

La besé, y después le comí el cuello, las orejas, el pecho. Liberé una tetita bajándole el vestido que terminó todo enroscado en la cintura y me hice un festín con esos pezones paraditos.

Después me le afirmé a la cadera y me la entré a coger bien fuerte. Ella empezó a gemir y yo lo disfrutaba a full. “No me acabés adentro”, me dijo sintiendo que mi pija crecía un poco más. En ese momento salí de mi trance y me separé un cacho.

Juan estaba a dos metros y Maribel, totalmente en pelotas ya, le chupaba la pija. Me sonrió. Yo seguí cogiéndomela. Vero jadeaba, gemía y de vez en cuando largaba un “ayy,ay,ay”, cuando mi pija se le clavaba hasta el fondo. Le dolía un poco.

“Te duele bebé?”, le pregunté. “Si, la tenés muy grande”. “te cojo con la puntita si querés”, le dije. Y la entré a coger con sólo la mitad de la pija o menos. Le encantó. A los cinco minutos, sus gritos anunciaron que iba a acabar.

“Ayy como acabaste primita”, dijo la puta de Maribel. “Sos un capo man, no se cómo hacés”, me dijo Juan. “Viste como aflojó la histeriquita, es flor de putita también”, le dije a yo mientras le daba desitos. “Tenés que probarle la boca a esta, ¡no sabes como chupa!”, dijo Juancho al rato. “Vos querés la de mi amigo ahora?”, le pregunté a Vero. “Bueno”, dijo.

“Dale vení cambiemos”, le dije a Juan. Yo no había acabado así que le pija estaba dura. Aunque toda flujeada por la concha de Vero. Maribel pareció darse cuanta mientras la manoteaaba la sintió pegajosa y apenas se comió la cabeza puso cara de asquito.

-Dale, puta, chupate ésta. ¿Querías pija? Acá tenés una verga toda para vos. Dale, puta, tragátela toda…
-Viste como chupa!,- dijo Juan.
-Callate boludo y, aprovechá que la pendeja te va a hacer todo lo que quieras, ¿no putita?,- le dije a Vero
-Sii,- dijo la otra turrita.

-Dale, dale…así…chupa, chupa, chupa…dale! Que boquita de chupa pijas que tenés,- le decía yo a Maribel.
-Ay, que conchita apretada,- le decía Juan a Vero.
-Jajaja, está cerradita no?,- le dije a Juan.
-Si boludo, es impresionante. Gracias por el ablande, jajaja
-Jajaj. Mirá que la concha te la dejé para vos, pero el culo me lo dejas a mí…, jajajaj

-Le vas a hacer la cola a mi primita?,- preguntó Maribel.
-Si, y a vos también,- le dije. Eso parece que la puso a mil porque se entró a comer la pija todavía más puta.
-Uyyyy, pendeja, dale, así, tragáte la pija hasta el fondo. Así, así, así, ahhh…vení, vení vení,- le dije sacándosela y la llevé hasta el sillón al lado de los otros dos, poniéndola en cuatro.

Me puse detrás de ella y le pregunté que si estaba lista.
Su respuesta fue un “¡Siiiiiiiii!”. Empecé a juguetear con mi cabeza en la entrada de su concha. Podía sentir su flujito calentito escurriendo.

Yo quería ir por el culo, pero esa argollita me tentó y se la dejé ir. Al lado, Juan disfrutaba la concha de la otra. “Probále el orto que no sabés lo que es”, me dijo como leyendo mi pensamiento. Nos conocíamos mucho. Yo mientras la seguía cojiendo por la concha, le puse un dedo en el culo. Entro sin problemas. Entonces le mandé otro.

Se la saqué de la argolla sin sacar el dedo del culo y se la apoyé en el ojete. “La querés?”, le pregunte a la pendeja. “Si, dámela”, me dijo.

Empecé a empujar y ella gritaba que se la meta. “Empujá”, me decía. “Metemela toda hasta la bolas, abrime el orto hijo de puta”.

Se la fui metiendo de a poco entre gritos y puteadas de ella. Vero la miraba a la prima y le decía “que puta que sos nena!!”. “Y vos boluda? Ya vas a ver cómo gritas cuanto te hagan el orto”, contestó la otra.

“Decíle que te gusta, si no va a querer probar”, le dije yo.
“Me encanta esa pija gorda que tenés, dámela ¡todaaaaaaa!”, dijo Maribel. Mi verga ya había entrado toda y yo la sacaba hasta la mitad y se la volvía a enterrar hasta que hacía tope, le daba.

La puta gritaba a lo loco. Vero también entró a gemir cuando Juan empezó a cogérsela más fuerte. “Dale bebé acabáme, grita putita, grita como tu prima”, decía.

“Ay si cojéeme fuerte”, contestó. “Dale Juancho rompéle la conchita”, aporté yo. “Sí, dale para que acabe”, alentó Maribel. “Ahí, ahí ahí”, se le escapó a Vero que entró a acabar.

Yo sentí que a mi también me venía la leche y la verga se puso más gruesa, Maribel se dio cuenta y pidió que le regara los intestinos de semen. “

Dale papi llenáme la colita”, pidió. No hizo falta porque yo ya estaba a punto, y le mandé un chorro a lo profundo de ese orto. “Aaaaahhh seeee pendejaaa, que buen oooortoooooooo”, largué copadísimo cuanto terminé de vaciarme por completo.

Me derrumbé sobre ella y le besé la espalda. Después me pidió que me saliera y fue al baño. Juan y Vero habían cortado la cogida. Y se reían de mi. “Boludo, estabas sacadísimo”, me dijo. “Vos viste lo que es ese culo, parece una aspiradora”. “Con la boca también”, dijo Juan y nos cagámos de la risa. Vero incluída.

“De que se ríen”, preguntó Maribel vuelta del baño. “Ellos dicen que tenés una aspiradora en la boca y en el culo”, soltó Vero burlona. “Es cierto”, dije. “Me encanta sentirlos acabar”, dijo la muy puta. “A mi todavía me queda si querés”, dijo Juan que se había quedado con ganas de pete. La pendeja se arrodilló y se la comió a lo pro.

Yo apunté a hacer lo mismo con Vero pero me pidió que me limpiara. Corri al baño, y a los dos minutos volví con la pija limpia. “Cambié de idea, te voy a comer yo a vos”, le dije a Vero. Se resistió pero al final se puso en cuatro en el sillón. Le quedaba el culito bien abierto. Juan festejó con “mirá el pavito que te vas a comer”.

Me agaché y le pase la lengua por la raya del culo, me detuve una eternidad en sus cachetitos. Después le separé más las nalgas y le enterré la lengua en el medio del orto. Vero pegó un grito de placer y me levantaba el culo y partía la espalda.

Excelente presentación para romperle el orto, pensé. Le mandé un dedito. Entraba súper apretadito. Ella no decía palabra, pero con sus gemidos bastaba. Al rato ya un dedo entraba, así que le puse dos.

Le dolía y se quejó. “Este culito es míooooo… ¡y me lo voy a comer todo!”, le contesté. Mis dedos seguían entrando y saliendo, y se los giraba para abrírselo mejor. Ella sufría un poco. Pero yo quería ir por todo. Le saqué los dedos y le escupí el culo. A lo bestia.

Me paré, me mojé le glande con saliva y le apunté. Me costó mucho meter la punta. Y ella se quejaba del dolor.
“Para Max, ella lo tiene más cerradito que yo”, me dijo Maribel. “Aguantá guacha, te voy a todo romper el orto…", mandé yo sacado. Pero fue demasiado para Vero.

Al final se la terminé sacando. Por suerte Maribel re gauchita, nos hizo un pete a los dos cuando volvió del baño de socorrer a Vero que estuvo media hora sentada en el bidet con agua fría.

Agotado mal, lo dejé a Juan solo cuando fue a llevar a las chicas al depto y me tiré a dormir. Hacía como una hora y media que había amanecido.

(SIGUE...)