

Unos días después, Lupita le envió un mensaje a Paty, diciéndole que su tío estaba interesado en conocerla. Paty, emocionada, no tardó en responder, y pronto estaban chateando directamente.
Hola, soy Roberto. Lupita me dijo que querías conocerme—escribió Roberto, rompiendo el hielo.
Paty respondió rápidamente, sus dedos volando sobre el teclado.
Hola, Roberto. Sí, siempre me he sentido atraída por hombres maduros y lindos como tú. Lupita me ha contado algunas cosas que me han dejado con muchas ganas de conocerte en persona.
Roberto sonrió al leer el mensaje, sintiendo la excitación crecer.
Y dime, ¿no sientes culpa por tener sexo con Lupita, siendo tu sobrina?—preguntó Paty, curiosa.
Roberto no dudó en su respuesta.
No pienso en eso. La veo como una mujer. Aunque se que no es moral, el morbo me excita más. Las jóvenes cachondas cómo ella son mi debilidad.
Paty se mordió el labio, excitada por la respuesta.
Yo también soy cachonda, incluso más que Lupita. Me encantaría demostrarte de lo que soy capaz.
Roberto se recostó en su silla, imaginando las posibilidades.
Eso tendría que comprobarlo—respondió, con una sonrisa lasciva en su rostro.
Paty aceptó el desafío sin vacilar.
Acepto. Dime cuándo y dónde.
Roberto pensó por un momento, luego escribió:
Mañana en mi casa. A las 8 de la noche. Te estaré esperando.
Paty sonrió, sabiendo que estaba a punto de vivir una experiencia inolvidable.
Allí estaré. No te decepcionaré.
Roberto cerró la conversación, sintiendo una mezcla de asombró y excitación. Sabía que Paty sería un desafío interesante, y estaba listo para ella.

Paty llegó a casa de Roberto. Al verla, Roberto quedó encantado, sus ojos recorriendo su cuerpo con apreciación.
—Paty, no esperaba que fueras tan linda— la alagó, abriendo la puerta para recibirla como una reina.
Paty sonrió, coqueta, mientras entraba.
—Tú también eres lindo, Roberto. Ya veo que eres muy seductor.
Roberto le ofreció algo de beber, y mientras charlaban de trivialidades, la tensión sexual en el aire era palpable. Finalmente, Roberto decidió romper el hielo.
—Y dime, Paty, ¿de verdad te gustó?
Paty no dudo en su respuesta. Se acercó a él, y le dio un beso apasionado mientras acariciaba el bulto en sus pantalones.
—Claro que sí, Roberto, me calientas mucho—murmuró contra sus labios.
Roberto, ya excitado, le levantó la pollera, tocando sus nalgas firmes y suaves. Paty se levantó, poniéndose de pie frente a él con una sonrisa pícara.
—Déjame mostrarte lo putita que soy—dijo, comenzando a desnudarse lentamente.

Roberto observando, hipnotizado, mientras Paty se quitaba la ropa, revelando su cuerpo perfecto.
Se acercó a ella, besando sus tetas y acariciando su vagina, sintiendo lo mojada que estaba.
No aguantando más, se bajó el pantalón, mostrando su gran pene erecto.
Paty abrió los ojos de par en par, sorprendida, pero excitada. Se agachó y comenzó a chuparlo y lamerlo, volviéndolo loco con su boca.

Roberto la acostó en la cama, abriendo sus piernas, le metio la pija en la concha, penetrándola con fuerza. Paty, jadeante, le pidió:
—Déjame cabalgarte.
Roberto obedeció, dejándola tomar el control. Paty le agarró la pija, se lo acomodó dentro de su concha y comenzó a rebotar sobre él, más intensa, sus tetas rebotando, sus brincos acompañados de palabras obscenas.

—¿Quieres ser mi tío también?—le preguntó con una sonrisa traviesa.
Roberto, excitado, respondió:
—A mí dime papi. Nalgueándola fuerte.
Paty, aún más cachonda, lo besó en la boca y susurro:
—¿Quieres romperme el culo, papi?
Sin dudarlo, Paty se puso en cuatro, separando sus nalgas, enseñandole el ano y llamándolo.

Roberto se colocó detrás de ella, y le metio la pija en el culo, dándole duro, nalgueándola, metiendo y sacando su pija y manoseandole la concha, mientras Paty gritaba de excitación.
Roberto no pudo aguantar más y se la sacó, ordenándole que se lo chupara, para luego descargar sobre su leche sobre sus tetas. Paty agarrando su pija, lamiendo hasta la última gota de su semen.
Roberto cayó sobre ella, agotado pero satisfecho.
—Definitivamente, eres más intensa y puta que Lupita—murmuró, besándola.
Paty sonrió, orgullosa de haber superado las expectativas de su nuevo "papi".

Paty comenzó a levantarse para vestirse, pero Roberto la detuvo, agarrando su mano con firmeza.
—No te vayas todavía, Paty. Quedé encantado contigo—dijo, su llena de deseo y satisfacción.
Paty se giró para mirarlo, una sonrisa pícara en su rostro.
—¿Quieres cogerme de nuevo, papi?—preguntó, su tono provocativo y lleno de promesas.
Roberto asintió, sus brillando de excitación mientras la atraía hacia él.
—Sí, pero esta vez, quiero que me muestres todo lo que sabes hacer. Quiero ver esa boquita tuya trabajando sin descanso.
Paty se arrodilló frente a él, su respiración acelerándose. Comenzó a besar y lamer su pija, tomándolo profundo en su boca mientras lo miraba a los ojos. Roberto echó la cabeza hacia atrás, gimiendo de placer mientras ella lo mamaba con intensidad volviéndolo.
Después de unos minutos, Roberto la levantó y la llevó al sofá, acostándola boca abajo. Le separó las nalgas y, sin previo aviso, le metio la pija en el culo , haciéndola gritar de sorpresa y placer.

—¿Así te gusta, mi putita?—jadeó, moviéndose dentro de ella con embestidas profundas y controladas.
Paty asintió, incapaz de formar palabras mientras el placer la invadía. Roberto la sujetó con fuerza, usando su cuerpo para su propio disfrute mientras ella se retorcia debajo de él.
De repente, la sacó y la puso en cuatro, penetrando su concha con fuerza. Paty gritaba, sus manos agarrando la almohada mientras él la embestía sin piedad. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitación, acompañado de sus gemidos y jadeos.

Roberto cambió de posición nuevamente, levantando sus piernas hasta sus hombros mientras se la clavaba en la concha, penetrando con intensidad. Paty se agarraba a sus brazos, sus uñas clavándose en su piel mientras el placer alcanzaba un punto culminante.
Justo cuando estaba a punto de terminar, Roberto se la sacó y, con un gemido profundo, terminó sobre su concha, marcándola con su semen.
Se acostó sobre ella, abrazándola con fuerza mientras ambos recuperaban el aliento—Eres increíble, Paty. Definitivamente, eres la mejor—murmuró, besando su cuello y hombros.
Paty sonrió, satisfecha y agotada.
—Gracias, papi. Me alegra haber cumplido con tus expectativas.
Roberto se levantó y se vistió, mirando a Paty con una mezcla de satisfacción y anticipación.
—Y dime, ¿cuándo podrás volver? Porque ya estoy ansioso por más.
Paty se levantó y se vistió lentamente, saboreando el deseo en los ojos de Roberto.
—Cuando quieras, papi. Sabes dónde encontrarme.
Con una última sonrisa pícara, Paty salió de la habitación, dejando a Roberto con una promesa de más encuentros intensos y placenteros.

Paty se encontró con Lupita en el parque, emocionada por compartir su experiencia con Roberto.
—Adivina, Lupita. Disfruté mucho con tu tío y hasta me rompió el culo 2 veces. Quedó encantado conmigo y hasta me dijo que soy más puta que tú—presumió Paty con una sonrisa traviesa.
Lupita la miró, una mezcla de celos y determinación en sus ojos.
—Ah, sí? Bueno, hoy me toca a mí visitarlo. Veré si dice lo mismo mientras me da duro—respondió Lupita, desafiante.
Paty se acercó a ella, poniendo una mano en su hombro.
—Oye, no quiero sacarte a tu tío. Solo quiero disfrutar y que el disfrute también. No te pongas así.
Lupita asintió, aún con una expresión melancólica en su rostro.
Esa tarde, Lupita llegó a casa de Roberto, ansiosa por saber cómo le había ido con Paty.
—Hola, tío. ¿Cómo te fue con Paty?—preguntó, tratando de ocultar su inquietud.
Roberto sonrió, satisfecho.
—Me encanto, la pase muy bien con ella. De hecho, la próxima vez le preguntaré si quiere ser mi novia.
Lupita lo miró, una expresión de tristeza en el rostro.
—Entonces, tío, ¿me vas a cambiar por ella?
Roberto se acercó a ella, acariciando su cabello con ternura.
—Por más que Paty acepte ser mi novia, nunca voy a descuidar a mi sobrina favorita—murmuro, antes de besarla apasionadamente.
Lupita se dejó llevar, sintiendo cómo su cuerpo respondía al toque de su tío.
Roberto la desnudó lentamente, besando y lamiendo cada centímetro de su piel. Se demoró especialmente en sus tetas y vagina, haciendo que se retorciera de placer.

Luego, la sentó sobre su pija, haciéndola cabalgar mientras chupaba y mordía sus pezones.
—Tío, que no me falte tu pija nunca—suplicó, moviéndose más intensamente mientras él le chupaba las tetas.
Roberto sonrió, sus ojos llenos de lujuria.
—Eso nunca, sobrina—respondió, cambiando de posición y poniéndola en cuatro.
La penetró con fuerza primero por la concha, embistiéndola con intensidad, luego cambiando de agujero y metiendoselo en su culo. Lupita gritaba de placer y dolor, sintiendo cómo su tío la llenaba completamente.

Roberto se movía con intensidad, dándole duro hasta que, finalmente, terminó sobre sus nalgas, marcándola con su semen.
Lupita cayó exhausta sobre la cama, su cuerpo adolorido pero satisfecho.
Roberto, a su lado, pensó para sí mismo lo afortunado que era de tener a dos mujeres a su disposición, una con sus propias habilidades y deseos, listas para cumplir todos sus caprichos.

Paty llegó a casa de Roberto con una sonrisa pícara en su rostro.
—Hola, papi. Vengo verte cómo prometí—dijo, entrando con confianza.
Roberto la tomó las manos, sus ojos brillando de deseo y satisfacción.
—Paty, me encantas. Me dio demasiado placer cogerte. Sé mi novia, por favor.
Paty lo miró sorprendida, pero excitada por la propuesta.
—También me encantas, papi, pero solo acepto con una condición—respondió, su tono juguetón pero serio.
Roberto levantó una ceja, intrigado.
—¿Cuál es la condición?
Paty se acercó a él, su aliento cálido en su oído mientras susurraba—Quiero que solo me cojas a mí.
Roberto la miró, considerando su petición.
—¿Y qué hago con Lupita?—preguntó, genuinamente curioso.
Paty se encogió de hombros, una sonrisa malvada en su rostro.
—Ah es verdad. Aún te debe. Aunque sé que es solo un pretexto para cogertela. Está bien, ella también, pero tú pija es solo para nosotras dos.
Roberto asintió, satisfecho con el acuerdo.
—Trato hecho. Entonces, papi ya tienes a tu novia—dijo Paty, cayendo de rodillas frente a él.
Comenzó a chupar y lamer su pija con dedicación, saboreando cada centímetro mientras Roberto gemía de placer. Paty lo volvió loco con su boca, llevándolo al borde del éxtasis antes de que la levantara y la desnudara completamente.

Roberto besó y mordió sus tetas, lamiendo sus pezones hasta que se pusieron duros y. Luego, Paty se sentó sobre él, le agarró la pija y se lo metio en la concha, cabalgándolo con intensidad mientras él chupaba sus tetas.
De repente, Roberto la giró, la puso en cuatro y la penetró por la vagina, dándole embestidas profundas y rítmicas, acompañadas de nalgadas que la hacían gritar de placer.
Paty se retorcía debajo de él, su cuerpo respondiendo a cada movimiento.

Roberto sacó su Pija y, sin previo aviso, se lo metió en el culo.
Paty gritó de dolor y placer, sintiendo cómo la llenaba completamente. Él se movía con intensidad, dándole duro, embistiéndola, sus testiculos golpeando su concha, mientras ella se agarraba a las sábanas.
Justo cuando estaba a punto de terminar, Paty le chupó la pija, haciendo que terminara sobre su rostro y tetas, llenándola con su semen. Ella se lamió los labios, saboreando su leche mientras lo miraba con ojos llenos de satisfacción.
—Satisfecho, mi amor?—preguntó, su voz ronca de placer.
Roberto asintió aún jadeando.
—Sí, lo estoy.
Paty sonrió, orgullosa de haber cumplido cómo novia.
—Lo mejor para mí novio—murmuró, acurrucándose junto a él, lista para disfrutar de su nueva relación.

Era la noche del cumpleaños de Roberto, y después del brindis con la familia, se dirigía a su casa con una sonrisa en el rostro, anticipando lo que le esperaba.
Al abrir la puerta encontró a Lupita y Paty esperándolo, ambas vestidas de manera sexy y provocativa.

—Hola, tío. Venimos a celebrar contigo—dijo Lupita, su voz llena de promesas.
—Si, papi. Nos tendras a las dos juntas esta noche—añadió Paty, su tono juguetón y lleno de deseo.
Roberto sonrió, ya excitado por la visión de sus dos amantes. Lupita y Paty comenzaron a improvisar un baile hot, desnudándose lentamente mientras se tocaban mutamente.
Roberto, con su pija ya dura en la mano, observaba hipnotizado mientras ellas se contoneaban y se besaban apasionadamente.
Las dos se acercaron a él, sus lenguas y labios trabajando en armonía para chuparle y lamerle la pija, volviéndolo loco de placer .
Se besaban entre sí, compartiendo su saliva y excitación mientras Roberto gemía de placer.

No pudo aguantar más y, con un gruñido, se acostó en la cama. Lupita se sentó sobre él, deslizando su conchita, sobre su pija, cabalgándolo con intensidad mientras Paty se sentaba en su cara, permitiéndole chupar y lamer su concha.
Luego, cambiaron de lugar. Lupita se sentó en su cara, ofreciéndole su conchita para que la lamiera mientras Paty cabalgaba su pija con fervor.

Roberto, ya al límite de su control, las hizo ponerse en cuatro. Comenzó a penetrar a una y luego a la otra, alternando agujeros y dándoles duro, mientras se cogía a una le metia los dedos a la otra, hasta que, finalmente las hizo chuparlo juntas, terminando sobre sus tetas y rostros, bañandolas con su semen .
Lupita y Paty se besaron entre sí, saboreando la leche de Roberto mientras le deseaban un feliz cumpleaños.
—Feliz cumpleños!! ,—murmuraron juntas, sus voces llenas de satisfacción y deseo.
Roberto cayó exhausto en la cama, con cada una de sus amantes desnudas a su lado. Cerró los ojos, una sonrisa de satisfecha en su rostro, abrazándolas mientras pensaba:
—Esto es lo mejor que me pasó. Ahora tengo a estas dos putas para mí.
Y así, en la noche de su cumpleaños, Roberto se dejó llevar por el placer y la satisfacción de tener a dos mujeres increíbles a su lado, listas para cumplir con sus deseos y fantasías.


0 comentarios - Él Tío de Lupita ~ Parte 2📑275