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Concha abierta, leche de los cuñados y el novio llorando

Concha abierta, leche de los cuñados y el novio llorando

Natalia era la única mujer del grupo. El resto eran todos hombres. El grupo se componía de ella, su novio Nico y los hermanos mayores de él, Franco y Gastón. Ambos eran chicos atléticos: Gastón era profesor en un gimnasio y Franco había jugado al rugby toda la vida. En cambio, Nico jugaba al fútbol, pero no era un gran deportista ni tenía el cuerpo para competir con sus hermanos.

Desde que Natalia se había enterado de que irían a pasar unos días a la montaña con los hermanos de Nico, había comenzado a actuar de forma extraña. De repente prestaba muchísima atención a la ropa que iba a elegir para el viaje. Había comprado dos bikinis nuevas y una de ellas era roja, pequeña, con una «X» blanca en la parte trasera. Le esculpía la cola de tal forma que, si la veías tomando sol, era imposible no mirar. Y Nico lo notó. Sus hermanos vivían lejos de la capital, pero en verano volvían a visitar a la familia y en el viaje pudieron conocer mucho más de cerca a su nueva cuñada.

A Nico le molestaba que sus hermanos le miraran la cola tan libremente, pero no podía decirles nada ni culparlos: Natalia tenía un cuerpo para infartar a cualquiera. Por eso sufrió tanto cuando vio la bikini roja que Nati había comprado.

—¡Mirá, me llegaron las bikinis! —dijo Nati entusiasmada.

Nico se encontraba lavando los platos cuando Nati entró a la cocina con el paquete recién llegado del delivery. Sin dejar de lavar ni emitir sonido alguno, miró a su novia para ver qué se había comprado ahora, pensó. Natalia sacó una bolsa negra sintética y semitransparente que por fuera decía en grande la palabra: SEX.

—Ah, bueno, por suerte vienen tranquis las bikinis que compras.

Natalia se puso un poco colorada y soltó rápido:

—Ay, es marketing, ya sabés cómo sexualizan la ropa de mujer.

—¿Dónde compraste esta?

Nico observaba cómo Natalia abría la pequeña bolsa y sacaba una bikini, por no decir tanga, escandalosa. Automáticamente la miró a los ojos.

—Perdón, mi amor, no me mates, no sabía que era tan chiquita —dijo Natalia muy colorada, haciendo un falso puchero, sabiendo muy bien lo que pensaba Nico por dentro. «Lo loco que se va a poner cuando los hermanos vean lo que trajo puesto la cuñadita», pensó Nati—. Se la compré a una tienda que encontré en Instagram.

—Natalia, ¿vos estás en pedo? ¿Vas a estar 24/7 con mis hermanos usando esa tanga roja que pide pija?

—Bue, también sos un exagerado. Son tus hermanos, tampoco me voy a poner a chuparles la pija por turnos. Estás haciendo un escándalo, mi amor —dijo en un tono falso, intentando pinchar a Nicolás.

—Mejor callate, Natalia.

Cuando Nicolás terminó de pronunciar las últimas palabras, ella le sostuvo la mirada unos segundos y una sonrisa maligna se formó en la comisura de sus labios. Estaba saboreando el futuro y Nico lo notó.

—¿Qué te pasa ahora que me mirás así?

—Seguí jodiendo vos, seguí jodiendo. Acordate de que arriba de la montaña vamos a pasar mucho tiempo con tus hermanos. ¿Te imaginás que sin querer vean la ropa interior que llevo al viaje? —se mordió el labio inferior, en un intento de simular un falso escándalo—. O peor, que estemos muy apretaditos en esa carpa de cuatro. Qué bueno que voy a tener tres hombres para que la calienten de noche, ¿no? Espero que no sea al revés y los tenga que calentar yo —dijo en tono de puta rebelde, desafiándolo a él, a la relación y a lo que habían construido.

—Te estás pasando, pendeja de mierda —dijo Nicolás, entre enojado y frustrado, haciendo ruido con uno de los platos que lavaba.

Cada vez que Natalia oía que le imponían un límite, solo pensaba en devolver el doble. Era rebelde y tenía la capacidad de arruinarlo todo. Se fue de la cocina y volvió con la bikini roja puesta. Su cuerpo apretado lucía aquella bikini como si estuviera escrito que la pija de sus hermanos ya era suya. Y como broche de oro, se puso de espaldas a Nico con cara de nena caprichosa y, con las dos manos, se separó ambos cachetes de esa cola apretada, dejando entrever la nueva sorpresa: se había comprado un plug anal rojo que le combinaba con la bikini.

—Ya está lista la frutillita para que los hermanitos la glaseen toda —dijo con tono de beba trola.


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—Qué rápido que te pusiste ese plug, ni cinco minutos —fue todo lo que atinó a decir Nicolás. Estaba caliente y enojado, una combinación muy extraña.

—¿Viste? Y vos no me rompés el culo hace un montón, encima.

Nico subió a la montaña con su mochila y el peso de sus pensamientos. En lo más profundo de su cabeza estaba nervioso. Sabía dentro suyo que Natalia era una mujer atrevida y sexual, y que sus hermanos eran un imán de mujeres. Aquella combinación lo inquietaba. Franco y Gastón tenían antecedentes de robarse mujeres y alguna que otra novia. Además, Natalia, en sus momentos de intimidad, le había confesado a Nico que había sido infiel en otras relaciones. Todo fue encajando lentamente en la cabeza de Nicolás hasta que fue demasiado tarde y comenzó a suceder frente a sus ojos.

Fue una mirada de más. Estaban todos rodeando un pequeño fuego. Natalia llevaba una remera con un escote pronunciado y ayudaba la figura con la campera, dejando el cierre por debajo de sus lolas, haciendo presión, levantándolas y exhibiéndolas como si fuera un mostrador. «Qué puta», pensó Nicolás. En ese momento vio cómo Gastón le pasaba la botella de vino a Natalia; ella lo miró a los ojos y Gastón le devolvió la mirada observando sus tetas de forma descarada, como si pidiera que lo descubrieran, como si no le importara que su hermano menor estuviera a menos de dos metros.

Pero incluso eso hubiera sido soportable si Natalia se comportara. Sin embargo, Nati tenía otros planes. Cuando notó que Gastón la miraba, no tuvo mejor idea que bajar la cabeza, sostener la mirada perdida de Gastón y hacer un movimiento suave y leve, como una sacudida. Aquellos dos pechos se movieron, en forma de aviso o de bienvenida, pensó Nico.

Todo empeoraba lentamente y Nico lo veía suceder frente a sus ojos. Natalia terminó de coquetear con el hermano de su novio y quiso buscar a su alrededor, casi intentando no encontrar los ojos de Nicolás. Pero allí los encontró, observándola. De forma involuntaria, Natalia apartó la mirada hacia el suelo.

Se produjo una tensión extraña en el aire; incluso Franco, que se encontraba acomodando sus cosas junto al fuego, lo notó. Natalia se sentía caliente por dentro y avergonzada. Quería que esos dos hermanos la reventaran entre los dos, por turnos, que la llenaran hasta que rebalsara de leche y no se pudiera tragar ni una gota más. Quería regalarles la tanga de trofeo y dejarles en claro que podían cogerla las veces que quisieran, como quisieran y donde quisieran. De uso gratis. Pero tenía un problema en el medio: su novio.

Gastón y Franco fueron los primeros en irse a dormir. Nicolás se quedó observando el fuego mientras sus pensamientos rebotaban dentro de las paredes de su cráneo. La angustia envolvía su rostro. Natalia se acercó a él y, susurrando con algo de preocupación genuina en la voz, le preguntó:

—¿Qué pasa, amor? Tenés una cara terrible, contame —susurró.

—Vi cómo lo miraste a Gastón hace un rato. Sé que les tenés ganas, Nati, se te nota —dijo él con tristeza.

—Shh, tranquilo. Estás imaginando cosas, Nico, eso no pasó. Mirá, yo quiero esto... —y con el rostro más serio y decidido puso su mano dentro de los pantalones de su novio y comenzó a pajearlo lentamente mientras lo miraba a los ojos.

—¿Qué hacés? Pará... —Nicolás no quiso sacarla, pero tampoco estaba seguro de dejarla seguir. Sin embargo, lo hizo.

—Escuchame, shh. Yo me podré calentar, Nico —dijo mirando al cielo como si buscara las palabras adecuadas—, pero es solo mirar un bulto o reirme un poco de más; el resto te lo estás imaginando.

—¡Ves! Tengo razón, yo sabía.

—¿Y? No es nada nuevo, estas cosas pasan todo el tiempo. ¿Qué, tengo que felicitarte por verme moverle las tetas a tu hermano?

—Qué cruda que sos para hablar... ¿Por qué sos tan cruel?

—Porque yo sé cuánto te calienta que lo sea, ¿o me equivoco? —y miró firmemente a Nicolás.



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Nico, entre avergonzado y habiendo perdido el control, solo bajó la mirada y se mantuvo en silencio. Natalia esbozó una pequeña sonrisa de victoria al sentir cómo la pija de Nicolás se hinchaba tras sus palabras. Para ella no había mejor símbolo de victoria que sentir cómo esa pija se ponía dura después de haber dicho la verdad.

—Decime la verdad —le levantó el rostro con una mano mientras con la otra lo pajeaba más rápido—: te gustó que le moviera las tetas a tu hermano, ¿no?

—Me dolió... y sí, un poco me calentó.

—Yo sabía —miró al cielo, soltó un suspiro y lo pajeó muy rápido durante unos segundos. Cuando esa pija no daba más, la soltó de golpe y le susurró al oído—: Me voy a dormir, mi amor —le dio un beso en el cachete como una bebota trola y se fue gateando hasta la carpa que se escondía en la oscuridad, unos metros detrás del fuego.

Él se quedó confundido, dolido, caliente, sin saber qué hacer, qué pensar o dónde esconderse. Se quedó observando el fuego, perdido en sus pensamientos. Los minutos pasaron largos y jamás lo notó, hasta que desde la oscuridad unos ruidos comenzaron a asomarse. Parecían venir de la carpa, como si las bolsas de dormir se estuvieran moviendo mucho, acompañadas por algún susurro.

Recuperó la compostura y se dispuso a irse a dormir. Cuando abrió la carpa, vio que Franco y Gastón dormían del lado izquierdo. Natalia parecía descansar profundamente dándole la espalda a Franco, que había quedado entre su hermano en el extremo izquierdo y su cuñada a la derecha. Nico intentó mover a Natalia hacia el otro extremo, pero ella no quiso saber nada con moverse, así que, sin más, él se acostó en el extremo derecho.

Poco a poco el cansancio del viaje se fue apoderando de él y Morfeo consiguió llevarlo al mundo de los sueños.

Nico estaba teniendo una pesadilla cuando comenzó a sentir ruidos que provenían de la carpa: algunos movimientos de la bolsa de dormir de Nati y los chicos, pero ninguno parecía salir de la carpa o entrar. Intentó seguir durmiendo, pero en su espalda empezó a sentir a Natalia rebotar. De forma rítmica, parecía ser empujada o moverse sola, no estaba claro. Nicolás, confundido, se dio vuelta en la oscuridad y apenas pudo distinguir el rostro de Natalia.

—¿Qué pasa, Nat?

—¡Ay! Nico... la... puta... madre. Estás despierto —dijo entre medio de cada rebote, muy sorprendida de ver que lo estaba.

De fondo se escuchaba cómo Franco y Gastón susurraban algunas cosas, se movían y cada tanto soltaban una risita cómplice.

—¿Qué te pasa que te movés así? Quedate quieta —dijo Nicolás, cada vez más confundido, sin comprender qué sucedía.

—Dormite, mi amor, ya termino. Dormite, dale, shh. Date vuelta —le dijo Natalia rebotando entre medio de sus palabras, intentando minimizar la situación y al mismo tiempo actuar como si nada estuviera pasando.

Nicolás, sin entender, sostuvo a Natalia por las caderas para que se quedara quieta y decirle algo, pero fue allí mismo donde sus manos se encontraron con la de uno de sus hermanos. En ese instante entendió qué sucedía.

Se quedó helado, quieto, sintiendo cómo la mano de su hermano sostenía con firmeza la cintura de su novia y cómo esta se agarraba muy fuerte a su antebrazo mientras intentaba contener los gemidos y mantener la cara lo más natural posible, sin lograrlo en ningún momento de esa interminable cogida. Nicolás comenzó a lagrimear sin parpadear.

—Ay, mi amor, tranquilo. Tranquilo, shh, no pasa nada, no pasa nada. Vení, dame las dos manos —dijo Natalia muy nerviosa entre gemidos, en un intento de recobrar la compostura mientras su novio veía cómo la detonaban desde la oscuridad sus hermanos. Él sentía cómo Natalia se movía y a los hermanos poco a poco les dejaba de importar hacer ruido. Natalia no pudo evitar soltar algún gemido ante la situación.

Nicolás no lo soportó más y comenzó a llorar en la oscuridad, mientras detrás sus hermanos susurraban:

—Me toca, dejame cogerme a esta puta —susurró Gastón a Franco.

—Ahí va. Pará, pará... ¿podés creer que tiene el plug puesto la puta esta? Tenía unas ganas de que la cojamos...

—Ayy... shh, cállense, tontos —dijo Natalia entre sudores, intentando recomponer la postura para que Nico no notara cuánto lo estaba disfrutando. Asimismo, intentó tapar los oídos de Nico con las manos de forma completamente inútil.

Nico, completamente derrotado ante la humillación, solo lloraba como una piedra quieta.

—Mi amor, no, no, no llores, no pasa nada. Todo va a estar bien, los chicos ya se duermen, no llores, Nico. Después te dejo a vos, ¿dale? De verdad, no pasa nada, Nico, tranquilizate, no es para tanto —dijo visiblemente nerviosa—. Después te toca a vos, mi amor. Dejá que los chicos se diviertan una vez, ya está, no pasa nada. Después seguimos. Tranquilo.

Los hermanos comenzaban a cogerse a Natalia cada vez más fuerte. Nico sostenía las manos de Nati mientras ella era abierta por Franco y Gastón. Desde el otro extremo de la carpa le buscaban las tetas entre la bolsa de dormir. Natalia intentaba torpemente tapárselas con la bolsa para que Nico no viera cómo la mano de Gastón se metía entre ellas.

Natalia, preocupada por el estado de Nico pero sin querer dejar de sentir la verga de aquellos hermanos, decidió apelar a su última herramienta: sumar a Nico. Sin pensarlo demasiado, buscó casi desesperada la pija de Nicolás y comenzó a pajearlo con fuerza.

Nico no podía evitar sentir cómo la excitación lo alcanzaba, al mismo tiempo que sabía que su relación estaba en una espiral ruinosa. Natalia comenzó a sentir la verga dura y lo tomó como vía libre para dejarse llevar con los hermanos.

Gemía, chupaba dedos que le ponían en la boca y su única mano libre fue reclamada por Gastón al fondo, quien la tomó para que lo pajeara a él también. La putita estaba llena, completa: una pija de cada hermano, una pija de cada apellido en alguna parte de su cuerpo. No tardó en llegar el primer orgasmo y fue de Franco, quien ante aquella situación y sin preservativo, comenzó a llenar a Natalia.

—¿La acabaste, hijo de puta?

—No pasa nada, todavía sirve. Llenala, total se tiene que tomar igual la pastilla.

Natalia miraba a los ojos a Nico mientras sentía muy bien cómo se le escurría la leche de adentro tras haberle sacado la pija que tenía metida. Nico miraba a Natalia mientras escuchaba las conversaciones de sus hermanos.

—No pasa nada, Nico, me tomo la pastilla y nos olvidamos. Déjalos hoy, fueron re amables todo el viaje, se lo merecen —decía Natalia intentando tapar todo con palabras vacías. Cada vez pajeaba a Nico más fuerte y se encargaba de que la pija no se le pusiera blanda.

Ahora la cogía Gastón, sin forro y ya lubricada por su hermano Franco. Gastón era más salvaje y le importaba menos Natalia porque ya estaba usada por su hermano, así que la sacudía con mayor violencia, y esto a Natalia la calentaba. Gemía, casi gritaba mientras Gastón la abría al medio en cada cogida como hacía años no tenía. Ya no le importaba Nicolás, pero aún le mantenía la mirada y nunca dejaba de masturbarlo. Gastón le pegaba cachetazos en la cola y ella respondía con lujuria.

No pasó mucho tiempo hasta que Gastón también llenó por completo a la novia de su hermano frente a este. Y tampoco se quedó para limpiar el desastre ni a la mujer que había usado: así como había hecho su hermano Franco, se retiró hacia su lado de la carpa y quedó sola la pareja.

Natalia, sin perder un segundo más y con la concha chorreando semen —al punto de que en una de las bolsas de dormir se estaba formando un pequeño charco—, acomodó su cola en dirección a Nicolás y casi que se autointrodujo sola la pija de Nico. No sin antes sentir
 
este cómo el semen de sus hermanos lo manchaba por completo; por dentro se encontraba tan abierta y usada que casi ya no apretaba. Tenía que contraer manualmente su abdomen para que Nico tuviera más ganas de acabar adentro.

—No, pará, no te quiero acabar adentro...

Natalia dio vuelta la cabeza mientras introducía lentamente la pija de Nicolás cada vez más adentro y le repetía en un tono muy bajo:

—Nico... Estamos en la montaña y faltan dos días para bajar y conseguir esa pastilla. Si yo me quedo embarazada, ¿vos te pensás que van a ser tus hermanos los que se van a hacer cargo del bebé? Así que mejor llename como ellos; al menos así, además de ser un cornudo pelotudo, capaz tenés suerte y el nene sale tuyo.



Y esas fueron las palabras más verdaderas que Natalia había dicho en todo el viaje.

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Escrito por Tatiana Herrera. 
Escritora profesional y Hotwife a tiempo completo.💋


Pd: Me bajaron la cuenta anterior, estaré posteando en esta.😞


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