Bien, les voy a contar la primera vez que hicimos un trío con mi novia Lucía. En ese momento teníamos 22 los dos, y un amigo venía de visita un fin de semana. Mi amigo se llama Ariel y tenía 21. Les dejo unas fotos de ella para que tengan una idea.

Fuimos con Lucía a buscarlo a la terminal de Retiro y nos quedamos boludeando por Capital. Cuando se hizo medio tarde volvimos a mi casa y preparamos unas pizzas con unos fernet para pasar la noche. Yo en ese momento vivía con mis viejos, así que cenamos con ellos y después nos fuimos a mi pieza a seguir tomando y escuchando música.
Jugamos un poco a las cartas, y ya después de tomar bastante estábamos un poco acalorados. Lucía tenía una calza negra bien apretada que le marcaba bastante el orto, y una remera gris un poco escotada. Entre baile y juego notaba que Ariel le fichaba el orto a mi novia, y por dentro eso me re calentaba, solo de imaginarlo.
Así que aproveché. Cuando Ariel se iba al baño o a la cocina a preparar más fernet, yo le decía a mi novia que no paraba de ficharle el orto. Y eso la excitaba mucho. Aprovechábamos los ratitos solos para besarnos o tocarnos. Hasta que no aguanté más y cuando Ariel se fue a la cocina le dije:
— Acompañalo y fijate si te sigue el juego para apoyarte 😛
Fue a la cocina y se tomaron su tiempo. Cuando volvieron, Ariel se fue al baño y ella me vino a contar que al principio él dudó, pero después la apoyó toda. Y también aprovechó a tocarle la pija.
Entonces ya en la pieza empezamos a jugar un poco más toquetones. Ella se iba turnando, bailaba con uno o con el otro y se apoyaba. Yo los dejaba solos un rato, me iba al baño, y chusmeaba por la puerta cómo ella le comía la boca o se le sentaba encima.
Después de jugar un rato así nos acostamos, con mi novia en la cama de dos plazas y Ariel en un colchón que tiramos en el piso. Nadie tenía sueño, todos estábamos re calientes. Así que yo besaba a mi novia, sin hacer mucho ruido, mientras la tentaba al oído con imaginarnos a los dos ahí en la cama, y ella en el medio de nosotros. Más loca se volvía. Entonces la mandé a "molestarlo" un rato a Ariel en el piso.
Y fue sin dudarlo. Desde arriba de la cama veía un poco los movimientos que hacían. Ella estaba arriba de él, mientras lo besaba. Después de un rato los dos vinieron a la cama. Estábamos los tres: Ariel y yo solo en boxer, porque dormíamos así, y mi novia con su remera y tanga únicamente.
Se acostó en el medio y nosotros ya nos dejamos llevar. Le empezamos a besar entre los dos, uno la boca, el otro la espalda, mientras la íbamos tocando. Yo le bajé la tanga despacio, y Ariel, sin que le dijera nada, le levantó la remera y le sacó el corpiño de una sola mano. Le quedaron las tetas al aire. Ella ya estaba empapada, se le notaba en la respiración, en cómo se movía, en cómo nos buscaba a los dos con las manos.
Le chupamos las tetas entre los dos, uno de cada lado, y ella gemía bajito para no despertar a mis viejos. Le metí la mano y estaba escurriendo. Ariel, mientras, le acariciaba la cola, se la abría despacio, y ella se dejaba hacer. No tardamos mucho en estar en bolas los tres.
Ella ya quería que la cogiéramos directamente, re caliente estaba después de todos los juegos de la noche, jajaja. Así que se subió primero arriba de Ariel. Se sentó de frente, lo miró, y bajó despacio hasta que se la metió entera. Se movía encima de él, despacio primero, sintiendo cómo le entraba y cómo se le acomodaba adentro, y después empezó a cabalgarlo con más ganas. Yo me acosté al lado y la agarraba de las tetas, le besaba el cuello, le pasaba la mano por la cola abierta, sintiendo cómo se la metía y se la sacaba.
Después de un rato se bajó y se subió arriba mío. Igual: me miró, se acomodó, y bajó hasta el fondo. Estaba tan mojada que entraba sin resistencia. Se movía lento, buscando el ángulo, y después empezó a cabalgarme con más fuerza. Ariel, al lado, se quedaba mirando, le agarraba la cola a Lucía, se la abría un poco más, la ayudaba a subir y bajar. En un momento ella se inclinó hacia adelante, me apoyó las tetas en la cara, y mientras yo le chupaba una, ella giraba la cabeza y le comía la boca a Ariel.
Así se iba turnando entre la pija de cada uno, un rato arriba de él, un rato arriba mío. Nosotros nos íbamos pasando las manos, la agarrábamos entre los dos, le abríamos la cola, se la marcábamos. Ella no aguantaba los gemidos. En una de esas, mientras estaba arriba de Ariel y yo la agarraba por atrás, él no aguantó y acabó adentro. Ella se quedó quieta, sorprendida, porque no lo esperaba. No sabía si salir o quedarse, y yo, desde atrás, la agarré de la cintura y la presioné hacia abajo para que no se le escape nada. Ella gimió con mucho placer.
Lo mira a Ariel y le dice:
— Parece que viniste cargado, jaja.
Se ríe él también, me mira y me dice:
— Ahora te toca a vos.
Yo me acomodo al lado de Ariel. Ella sale lentamente y se sube arriba mío. Se acomoda mi verga adentro y empieza a gemir. Yo sentía que adentro de ella estaba demasiado caliente, más de lo normal, y toda mojada. Por lo visto había acabado bastante Ariel, jaja. Se movía despacio al principio, sintiendo cómo le entraba y cómo se le acomodaba adentro, y después empezó a subir y bajar con más ganas. Después de un rato yo también acabo adentro de ella.
Nos fuimos a dormir los tres, y a la mañana siguiente mis viejos tocaron la puerta para avisarme que se iban. Me levanté a decirles que estaba bien y volví a la cama.
La vi a ella, estaba durmiendo en el medio, de costado, y notaba la cantidad de leche que le había salido durante la noche, jaja. La empecé a besar por la espalda para despertarla, mientras ella empezó a besar a Ariel. En ese momento nadie habló de nada, yo no le dije nada a ella, ni de lo que pasó, solo seguimos besándonos.
Después de un rato se sube arriba de Ariel para besarlo, y yo me quedo al lado de él mientras ellos se besaban. Se giraba y me besaba a mí. De momento eran solo caricias, hasta que en un momento, entre el juego, Ariel se fue excitando y de a poco se le fue parando. Mientras ella me estaba besando empezó a gemir, porque Ariel se la iba metiendo lentamente. Al seguir un poco mojada no costó que fuera entrando. Sentía cómo se le abría por dentro, cómo se le acomodaba la pija adentro, y ella se apretaba contra él, tirando la cabeza para atrás, buscándome la boca con la lengua.
Ella baja de arriba de Ariel y baja a chupársela, quedando en cuatro hacia el borde de la cama. Yo me paro y se la meto en esa posición. Aprovechando que no había nadie, pudo gemir un poco más. Se la iba metiendo despacio, sintiendo cómo la tenía empapada, y le iba cambiando el ritmo mientras se la chupaba a Ariel. Gemía con la boca llena, y cada vez que yo se la clavaba hasta el fondo le temblaban las piernas.
Después de un rato cambiamos con Ariel. Cambiamos de posición, ella se volvió a acostar, nosotros en los costados, y ella nos dice:
— Ya estoy cansada, jaja. Les toca a ustedes venir arriba.
Así que abre las piernas lentamente. Lo besa a Ariel y él va primero. Ella se acomoda, levanta las piernas para que pudiera sentir lo más adentro posible a Ariel. Primero lento y profundo, mientras se besaban. Yo miraba, algo que me encantaba hacer: verla, escucharla gozar. Ariel se la clavaba hasta el fondo, se quedaba ahí un segundo, y ella levantaba la cadera para sentirlo más. Cada embestida le sacaba un gemido que ya no disimulaba.
Después de un rato, Ariel, mientras ella me besaba y me miraba, la mira a ella, la besa, y le dice que está por acabar. Ella no duda, le clava la mirada y le dice otra vez que acabe adentro. Él baja la velocidad y empieza a hacerlo lento y profundo. Cada embestida le llega hasta el fondo, y ella siente cómo la pija de Ariel se le hincha por dentro, cómo late, cómo se le estremece. Se agarra fuerte de él, le clava las uñas en la espalda, y cuando lo siente vaciarse por completo. Se queda quieta, sin respirar, sintiendo cómo cada chorro de leche , cómo se le acomoda adentro. Se le escapa un gemido largo, tembloroso, y aprieta las piernas alrededor de él para que no se le escape nada.
Ariel sale lentamente y me deja entrar a mí. Yo me voy acercando y veo cómo iba saliendo literalmente la leche de Ariel de adentro de mi novia. Al entrar, ella tenía los ojos cerrados, la respiración cortada, la piel caliente. Estaba tan llena y tan mojada que entraba sola. Sentí cómo me envolvía toda, cómo me apretaba por dentro, cómo cada centímetro mío se abría paso entre lo que él había dejado. Ella gemía distinto ahora, más bajo, más profundo, como si cada movimiento mío le removiera algo por dentro. Sentía cómo se estremecía, cómo le temblaban las piernas, cómo me buscaba con las manos. Después también acabé adentro, siguiendo el mismo ritmo que Ariel: lento y profundo, clavándome hasta el fondo y vaciándome entero, hasta quedarme bien adentro, sintiendo cómo los dos la habíamos llenado por completo.
aca le dejo la conchita en donde entramos y acabamos los 2 😳

Nos fuimos a bañar. Primero fue Ariel, mientras él se iba, ella me confesó, medio en voz baja, con una sonrisa pícara:
Me encantó que me acabaran adentro. Ya me gustaba cuando vos de vez en cuando lo hacías, pero ahora me volví loca... ¿y ahora qué?
Hay que comprar la pastilla, y yo me tengo que ir a lo de mi mamá
Arreglamos que se la llevábamos a la tarde. Después se fue a bañar ella, y al final nos bañamos nosotros. Ella se fue a la casa de la madre. Con Ariel dormimos un rato más, nos levantamos, tomamos unos mates y fuimos para la casa de Lucía. Pasamos por la farmacia cerca de su casa y compramos la pastilla del día después.
Fuimos al departamento de la mamá y nos quedamos tomando unos mates con galletitas. En un momento la madre le dice a Lucía que se iba al mercado. De la casa de la madre al mercado había 20 cuadras, o sea unos 20-30 minutos los tres solos. Yo siempre que iba y la madre se iba a comprar aprovechábamos para tocarnos, besarnos, y esta no fue la excepción. Ella tenía una jean gris y nosotros estábamos de jogging, así que no fue tan difícil todo.
Primero se sentó arriba de Ariel, dándole la espalda mientras lo besaba, y Ariel le tomaba las tetas. Después se sentó arriba mío, de frente, mientras me besaba, y Ariel de costado le tocaba o le nalgeaba la cola. Nosotros estábamos sentados uno al lado del otro, así que era fácil subir arriba de cada uno.

Después de tanto jugar, ella nos saca la verga del pantalón y nos las empieza a chupar agachada en el piso. Se metía una o la otra hasta el fondo, se salivaba, gemía con la boca llena. Ella se para, y Ariel se sienta de nuevo en la silla. Yo la sigo besando a Lucía mientras estamos parados. Cuando ella se empieza a acomodar para sentarse arriba de Ariel de nuevo, yo me animo a bajarle el jean.
Ella me mira con cara de sorprendida, medio confundida, y me dice al oído, casi susurrando:
— ¿Otra vez? Si ya me acabaron los dos, dos veces cada uno... ¿y ahora otra vez más?
Pero no se resistía. Se notaba que las dudas eran de la cabeza, nomás, porque el cuerpo ya estaba pidiendo. Mientras me hablaba al oído y me miraba con esos ojos entre asustados y calientes, yo le iba bajando el jean despacio, por las caderas, después por los muslos, hasta las rodillas. Y ella se dejaba hacer, sin dejar de mirarme.
Ariel, mientras tanto, la iba acomodando, la tomaba de la cintura y la guiaba para que se fuera sentando arriba de él. Y ella se iba dejando, se acomodaba, y cuando sintió la punta de la pija de Ariel entre los labios ya no hubo más dudas: bajó despacio y se la metió entera. Tanto Ariel como yo teníamos solo la verga afuera del pantalón.
Ella se sentó y se acomodó adentro de ella la pija de Ariel, mientras me la estaba chupando a mí. Yo me alejo un poco y los dejo disfrutando. Le levanto la remera para que Ariel pudiera agarrarla de las tetas. Mientras yo los miraba, me hacía una paja.
Ella se movía despacio, sentía cómo se le abría por dentro con cada centímetro que le entraba. Se la metía hasta el fondo y se quedaba un segundo ahí, apretándolo, sintiéndolo bien adentro. Después arrancaba a subir y bajar, cada vez con más ganas, y se le escapaban unos gemidos que ya no disimulaba. Ariel le agarraba las tetas con las dos manos, se las apretaba, se las amasaba, y ella se dejaba hacer, tirando la cabeza para atrás.
En un momento ella se inclinó, le buscó la boca a Ariel y le dijo al oído, entre jadeos:
Quiero que me acabes adentro de nuevo.
Después de un rato Ariel le dice:
Voy a acabar.
Y ella, sin dejar de mirarlo:
Acabame adentro, quiero sentirte de nuevo.
Y ahí Ariel empezó a darle con más fuerza, a clavársela hasta el fondo, cada vez más rápido. Él la agarraba fuerte de la cintura y ella se abría con las manos los cachetes de la cola para sentirlo más profundo, para que le llegara hasta el tope. Se le escapaban unos gemidos que ya no disimulaba. Cuando Ariel sintió que ya no aguantaba, se la clavó hasta el fondo y acabó adentro de ella. Ella se quedó un ratito quieta, apretándolo por dentro, sintiendo cómo le latía la pija y cómo la leche se le quedaba adentro. Después empezó a moverse despacio, acomodándose más adentro, sin dejar que se le escape nada.
Se para y se pone en cuatro arriba de la mesa. Mientras Ariel se iba al baño, me dice:
Veni.
Yo veía cómo estaba por empezar a salir la leche de Ariel por entre las piernas. No me tardé, me la metí directamente, y estaba tan caliente y tan llena que entraba sola. Sentí cómo me envolvía toda, cómo me apretaba por dentro, y no sé si alguno experimentó esa sensación, pero cogerla justo después de que otro le acabó adentro es algo que no se olvida. Después de unas embestidas también acabé adentro de ella.
Salió del baño Ariel, me pide agua, y fue Lucía al baño a lavarse. Vino rápida, se tomó la pastilla del día después, acomodamos todo, y al rato llegó la mamá. Nosotros como si nada. Y al ratito nos fuimos a acompañar a Ariel a Retiro.
Después de dejarlo en Retiro, la acompañé a ella hasta la casa y yo me fui a la mía. Mientras esperaba el colectivo me mandó un mensaje y me dice:
No sé si fue por la cantidad de veces que acabé o la cantidad de leche que me dejaron adentro, pero sentía un ardor adentro.

Fuimos con Lucía a buscarlo a la terminal de Retiro y nos quedamos boludeando por Capital. Cuando se hizo medio tarde volvimos a mi casa y preparamos unas pizzas con unos fernet para pasar la noche. Yo en ese momento vivía con mis viejos, así que cenamos con ellos y después nos fuimos a mi pieza a seguir tomando y escuchando música.
Jugamos un poco a las cartas, y ya después de tomar bastante estábamos un poco acalorados. Lucía tenía una calza negra bien apretada que le marcaba bastante el orto, y una remera gris un poco escotada. Entre baile y juego notaba que Ariel le fichaba el orto a mi novia, y por dentro eso me re calentaba, solo de imaginarlo.
Así que aproveché. Cuando Ariel se iba al baño o a la cocina a preparar más fernet, yo le decía a mi novia que no paraba de ficharle el orto. Y eso la excitaba mucho. Aprovechábamos los ratitos solos para besarnos o tocarnos. Hasta que no aguanté más y cuando Ariel se fue a la cocina le dije:
— Acompañalo y fijate si te sigue el juego para apoyarte 😛
Fue a la cocina y se tomaron su tiempo. Cuando volvieron, Ariel se fue al baño y ella me vino a contar que al principio él dudó, pero después la apoyó toda. Y también aprovechó a tocarle la pija.
Entonces ya en la pieza empezamos a jugar un poco más toquetones. Ella se iba turnando, bailaba con uno o con el otro y se apoyaba. Yo los dejaba solos un rato, me iba al baño, y chusmeaba por la puerta cómo ella le comía la boca o se le sentaba encima.
Después de jugar un rato así nos acostamos, con mi novia en la cama de dos plazas y Ariel en un colchón que tiramos en el piso. Nadie tenía sueño, todos estábamos re calientes. Así que yo besaba a mi novia, sin hacer mucho ruido, mientras la tentaba al oído con imaginarnos a los dos ahí en la cama, y ella en el medio de nosotros. Más loca se volvía. Entonces la mandé a "molestarlo" un rato a Ariel en el piso.
Y fue sin dudarlo. Desde arriba de la cama veía un poco los movimientos que hacían. Ella estaba arriba de él, mientras lo besaba. Después de un rato los dos vinieron a la cama. Estábamos los tres: Ariel y yo solo en boxer, porque dormíamos así, y mi novia con su remera y tanga únicamente.
Se acostó en el medio y nosotros ya nos dejamos llevar. Le empezamos a besar entre los dos, uno la boca, el otro la espalda, mientras la íbamos tocando. Yo le bajé la tanga despacio, y Ariel, sin que le dijera nada, le levantó la remera y le sacó el corpiño de una sola mano. Le quedaron las tetas al aire. Ella ya estaba empapada, se le notaba en la respiración, en cómo se movía, en cómo nos buscaba a los dos con las manos.
Le chupamos las tetas entre los dos, uno de cada lado, y ella gemía bajito para no despertar a mis viejos. Le metí la mano y estaba escurriendo. Ariel, mientras, le acariciaba la cola, se la abría despacio, y ella se dejaba hacer. No tardamos mucho en estar en bolas los tres.
Ella ya quería que la cogiéramos directamente, re caliente estaba después de todos los juegos de la noche, jajaja. Así que se subió primero arriba de Ariel. Se sentó de frente, lo miró, y bajó despacio hasta que se la metió entera. Se movía encima de él, despacio primero, sintiendo cómo le entraba y cómo se le acomodaba adentro, y después empezó a cabalgarlo con más ganas. Yo me acosté al lado y la agarraba de las tetas, le besaba el cuello, le pasaba la mano por la cola abierta, sintiendo cómo se la metía y se la sacaba.
Después de un rato se bajó y se subió arriba mío. Igual: me miró, se acomodó, y bajó hasta el fondo. Estaba tan mojada que entraba sin resistencia. Se movía lento, buscando el ángulo, y después empezó a cabalgarme con más fuerza. Ariel, al lado, se quedaba mirando, le agarraba la cola a Lucía, se la abría un poco más, la ayudaba a subir y bajar. En un momento ella se inclinó hacia adelante, me apoyó las tetas en la cara, y mientras yo le chupaba una, ella giraba la cabeza y le comía la boca a Ariel.
Así se iba turnando entre la pija de cada uno, un rato arriba de él, un rato arriba mío. Nosotros nos íbamos pasando las manos, la agarrábamos entre los dos, le abríamos la cola, se la marcábamos. Ella no aguantaba los gemidos. En una de esas, mientras estaba arriba de Ariel y yo la agarraba por atrás, él no aguantó y acabó adentro. Ella se quedó quieta, sorprendida, porque no lo esperaba. No sabía si salir o quedarse, y yo, desde atrás, la agarré de la cintura y la presioné hacia abajo para que no se le escape nada. Ella gimió con mucho placer.
Lo mira a Ariel y le dice:
— Parece que viniste cargado, jaja.
Se ríe él también, me mira y me dice:
— Ahora te toca a vos.
Yo me acomodo al lado de Ariel. Ella sale lentamente y se sube arriba mío. Se acomoda mi verga adentro y empieza a gemir. Yo sentía que adentro de ella estaba demasiado caliente, más de lo normal, y toda mojada. Por lo visto había acabado bastante Ariel, jaja. Se movía despacio al principio, sintiendo cómo le entraba y cómo se le acomodaba adentro, y después empezó a subir y bajar con más ganas. Después de un rato yo también acabo adentro de ella.
Nos fuimos a dormir los tres, y a la mañana siguiente mis viejos tocaron la puerta para avisarme que se iban. Me levanté a decirles que estaba bien y volví a la cama.
La vi a ella, estaba durmiendo en el medio, de costado, y notaba la cantidad de leche que le había salido durante la noche, jaja. La empecé a besar por la espalda para despertarla, mientras ella empezó a besar a Ariel. En ese momento nadie habló de nada, yo no le dije nada a ella, ni de lo que pasó, solo seguimos besándonos.
Después de un rato se sube arriba de Ariel para besarlo, y yo me quedo al lado de él mientras ellos se besaban. Se giraba y me besaba a mí. De momento eran solo caricias, hasta que en un momento, entre el juego, Ariel se fue excitando y de a poco se le fue parando. Mientras ella me estaba besando empezó a gemir, porque Ariel se la iba metiendo lentamente. Al seguir un poco mojada no costó que fuera entrando. Sentía cómo se le abría por dentro, cómo se le acomodaba la pija adentro, y ella se apretaba contra él, tirando la cabeza para atrás, buscándome la boca con la lengua.
Ella baja de arriba de Ariel y baja a chupársela, quedando en cuatro hacia el borde de la cama. Yo me paro y se la meto en esa posición. Aprovechando que no había nadie, pudo gemir un poco más. Se la iba metiendo despacio, sintiendo cómo la tenía empapada, y le iba cambiando el ritmo mientras se la chupaba a Ariel. Gemía con la boca llena, y cada vez que yo se la clavaba hasta el fondo le temblaban las piernas.
Después de un rato cambiamos con Ariel. Cambiamos de posición, ella se volvió a acostar, nosotros en los costados, y ella nos dice:
— Ya estoy cansada, jaja. Les toca a ustedes venir arriba.
Así que abre las piernas lentamente. Lo besa a Ariel y él va primero. Ella se acomoda, levanta las piernas para que pudiera sentir lo más adentro posible a Ariel. Primero lento y profundo, mientras se besaban. Yo miraba, algo que me encantaba hacer: verla, escucharla gozar. Ariel se la clavaba hasta el fondo, se quedaba ahí un segundo, y ella levantaba la cadera para sentirlo más. Cada embestida le sacaba un gemido que ya no disimulaba.
Después de un rato, Ariel, mientras ella me besaba y me miraba, la mira a ella, la besa, y le dice que está por acabar. Ella no duda, le clava la mirada y le dice otra vez que acabe adentro. Él baja la velocidad y empieza a hacerlo lento y profundo. Cada embestida le llega hasta el fondo, y ella siente cómo la pija de Ariel se le hincha por dentro, cómo late, cómo se le estremece. Se agarra fuerte de él, le clava las uñas en la espalda, y cuando lo siente vaciarse por completo. Se queda quieta, sin respirar, sintiendo cómo cada chorro de leche , cómo se le acomoda adentro. Se le escapa un gemido largo, tembloroso, y aprieta las piernas alrededor de él para que no se le escape nada.
Ariel sale lentamente y me deja entrar a mí. Yo me voy acercando y veo cómo iba saliendo literalmente la leche de Ariel de adentro de mi novia. Al entrar, ella tenía los ojos cerrados, la respiración cortada, la piel caliente. Estaba tan llena y tan mojada que entraba sola. Sentí cómo me envolvía toda, cómo me apretaba por dentro, cómo cada centímetro mío se abría paso entre lo que él había dejado. Ella gemía distinto ahora, más bajo, más profundo, como si cada movimiento mío le removiera algo por dentro. Sentía cómo se estremecía, cómo le temblaban las piernas, cómo me buscaba con las manos. Después también acabé adentro, siguiendo el mismo ritmo que Ariel: lento y profundo, clavándome hasta el fondo y vaciándome entero, hasta quedarme bien adentro, sintiendo cómo los dos la habíamos llenado por completo.
aca le dejo la conchita en donde entramos y acabamos los 2 😳

Nos fuimos a bañar. Primero fue Ariel, mientras él se iba, ella me confesó, medio en voz baja, con una sonrisa pícara:
Me encantó que me acabaran adentro. Ya me gustaba cuando vos de vez en cuando lo hacías, pero ahora me volví loca... ¿y ahora qué?
Hay que comprar la pastilla, y yo me tengo que ir a lo de mi mamá
Arreglamos que se la llevábamos a la tarde. Después se fue a bañar ella, y al final nos bañamos nosotros. Ella se fue a la casa de la madre. Con Ariel dormimos un rato más, nos levantamos, tomamos unos mates y fuimos para la casa de Lucía. Pasamos por la farmacia cerca de su casa y compramos la pastilla del día después.
Fuimos al departamento de la mamá y nos quedamos tomando unos mates con galletitas. En un momento la madre le dice a Lucía que se iba al mercado. De la casa de la madre al mercado había 20 cuadras, o sea unos 20-30 minutos los tres solos. Yo siempre que iba y la madre se iba a comprar aprovechábamos para tocarnos, besarnos, y esta no fue la excepción. Ella tenía una jean gris y nosotros estábamos de jogging, así que no fue tan difícil todo.
Primero se sentó arriba de Ariel, dándole la espalda mientras lo besaba, y Ariel le tomaba las tetas. Después se sentó arriba mío, de frente, mientras me besaba, y Ariel de costado le tocaba o le nalgeaba la cola. Nosotros estábamos sentados uno al lado del otro, así que era fácil subir arriba de cada uno.

Después de tanto jugar, ella nos saca la verga del pantalón y nos las empieza a chupar agachada en el piso. Se metía una o la otra hasta el fondo, se salivaba, gemía con la boca llena. Ella se para, y Ariel se sienta de nuevo en la silla. Yo la sigo besando a Lucía mientras estamos parados. Cuando ella se empieza a acomodar para sentarse arriba de Ariel de nuevo, yo me animo a bajarle el jean.
Ella me mira con cara de sorprendida, medio confundida, y me dice al oído, casi susurrando:
— ¿Otra vez? Si ya me acabaron los dos, dos veces cada uno... ¿y ahora otra vez más?
Pero no se resistía. Se notaba que las dudas eran de la cabeza, nomás, porque el cuerpo ya estaba pidiendo. Mientras me hablaba al oído y me miraba con esos ojos entre asustados y calientes, yo le iba bajando el jean despacio, por las caderas, después por los muslos, hasta las rodillas. Y ella se dejaba hacer, sin dejar de mirarme.
Ariel, mientras tanto, la iba acomodando, la tomaba de la cintura y la guiaba para que se fuera sentando arriba de él. Y ella se iba dejando, se acomodaba, y cuando sintió la punta de la pija de Ariel entre los labios ya no hubo más dudas: bajó despacio y se la metió entera. Tanto Ariel como yo teníamos solo la verga afuera del pantalón.
Ella se sentó y se acomodó adentro de ella la pija de Ariel, mientras me la estaba chupando a mí. Yo me alejo un poco y los dejo disfrutando. Le levanto la remera para que Ariel pudiera agarrarla de las tetas. Mientras yo los miraba, me hacía una paja.
Ella se movía despacio, sentía cómo se le abría por dentro con cada centímetro que le entraba. Se la metía hasta el fondo y se quedaba un segundo ahí, apretándolo, sintiéndolo bien adentro. Después arrancaba a subir y bajar, cada vez con más ganas, y se le escapaban unos gemidos que ya no disimulaba. Ariel le agarraba las tetas con las dos manos, se las apretaba, se las amasaba, y ella se dejaba hacer, tirando la cabeza para atrás.
En un momento ella se inclinó, le buscó la boca a Ariel y le dijo al oído, entre jadeos:
Quiero que me acabes adentro de nuevo.
Después de un rato Ariel le dice:
Voy a acabar.
Y ella, sin dejar de mirarlo:
Acabame adentro, quiero sentirte de nuevo.
Y ahí Ariel empezó a darle con más fuerza, a clavársela hasta el fondo, cada vez más rápido. Él la agarraba fuerte de la cintura y ella se abría con las manos los cachetes de la cola para sentirlo más profundo, para que le llegara hasta el tope. Se le escapaban unos gemidos que ya no disimulaba. Cuando Ariel sintió que ya no aguantaba, se la clavó hasta el fondo y acabó adentro de ella. Ella se quedó un ratito quieta, apretándolo por dentro, sintiendo cómo le latía la pija y cómo la leche se le quedaba adentro. Después empezó a moverse despacio, acomodándose más adentro, sin dejar que se le escape nada.
Se para y se pone en cuatro arriba de la mesa. Mientras Ariel se iba al baño, me dice:
Veni.
Yo veía cómo estaba por empezar a salir la leche de Ariel por entre las piernas. No me tardé, me la metí directamente, y estaba tan caliente y tan llena que entraba sola. Sentí cómo me envolvía toda, cómo me apretaba por dentro, y no sé si alguno experimentó esa sensación, pero cogerla justo después de que otro le acabó adentro es algo que no se olvida. Después de unas embestidas también acabé adentro de ella.
Salió del baño Ariel, me pide agua, y fue Lucía al baño a lavarse. Vino rápida, se tomó la pastilla del día después, acomodamos todo, y al rato llegó la mamá. Nosotros como si nada. Y al ratito nos fuimos a acompañar a Ariel a Retiro.
Después de dejarlo en Retiro, la acompañé a ella hasta la casa y yo me fui a la mía. Mientras esperaba el colectivo me mandó un mensaje y me dice:
No sé si fue por la cantidad de veces que acabé o la cantidad de leche que me dejaron adentro, pero sentía un ardor adentro.
0 comentarios - Tres veces adentro 😉