Estaban pasando cosas demasiado extrañas, ydemasiado rápido. Había
tenido una especie de avance con mamá, cosa que, de solo pensarlo, me
hacía sentir que estaba enloqueciendo. La experiencia que había tenido
hacia unos minutos, apretando mi verga dura en su trasero, fue lo más
sexi que experimenté en mi vida. Claro, ella después se separó, algo
asustada, pero lo que pasó no se me iba a borrar por eso.
Y encima me había enterado de lo de Luana ytía Mariana.
En el almuerzo estuve bastante nervioso, perotodas ellas actuaban con
normalidad. Mamá hablaba de cosas triviales, como si la mañana no
hubiera existido. Luana se reía con su celular en la mano, y Mariana
largaba algún comentario de vez en cuando. Yo apenas podía tragar la
comida; sentía la garganta seca y las manos húmedas. Cada vez que mamá
se levantaba de la mesa, no podía evitar mirarla, recordando ese
instante prohibido.
Me di cuenta de que todas fingían muy bien.Incluso mamá.
Miraba de reojo a Luana y Mariana. Todavíarecordaba la imagen que me
habían regalado. Mi hermana entre los muslos de nuestra tía, chupándole
la concha hasta sacarle un orgasmo. Qué locura. Me pregunté desde cuándo
estaba pasando Eso. Luego recordé que Mariana dijo que luego
hablaríamos.
Igual eso también me hacía sentir celoso.Porque yo estaba fuera de ese
juego sexual incestuoso, y ganas no me faltaban.
—Miren —dijo Luana de repente, con los ojosen la pantalla del celular,
cuando ya estábamos en la sobremesa—. Parece que las vacunas para esta
nueva cepa van a tardar más de lo previsto.
—No puede ser —dijo mamá, perpleja.
Entonces encendió el televisor. Justo en esemomento estaba hablando el
ministro del interior en cadena nacional. Pero no hacía falta oírlo,
porque en el graf decía lo más importante: “La cuarentena se extiende
por un mes más”.
—La puta madre —dijo mamá, casi largándose allorar ahí mismo.
—Bueno, era obvio que la cuarentena se iba aalargar. Pero seguramente
van a ir bajando las restricciones poco a poco —dijo tía Mariana—. No
creo que nos obliguen a estar encerrados así por tanto tiempo.
—¿No te das cuenta? —le dijo mamá, casigritando—. Si fuera así, ya lo
estarían diciendo. Está claro que el nivel de aislamiento va a seguir
siendo este. Me voy a volver loca.
Unos segundos después, el ministro confirmólos temores de mamá, y de
todos. Bueno, yo no estaba tan asustado ante esa perspectiva. Es muy
poco ético lo que voy a decir, pero si con esos pocos días que pasó mamá
encerrada, ya me la encontré desnuda, masturbándose, y luego habíamos
tenido ese momento en la cocina, el hecho de que el aislamiento se
extendiera me podía beneficiar de alguna manera.
Tía Mariana trató de calmarla, pero fue envano.
Después, cuando fui a lavar los platos —metocaba hacerlo—, Luana fue a
llevar los vasos, y quedamos a solas un rato.
—¿Y, qué onda? —le pregunté.
—Qué onda de qué —dijo ella, a la defensiva.
—Me dijeron que íbamos a hablar después,
—Yo no te dije nada. Fue Mariana —dijo, algoirritada—. Además, no creo
que tenga nada que hablar con vos.
—No sé por qué te enojás —le dije—. No soyningún buchón. Solo me da
curiosidad. Además… No voy a ser yo justamente el que te critique por
tenerle ganas a la tía. Es solo que me sorprendió.
—Sí… ¿Pensás que es raro?
—Sí —reconocí—. Pero no raro como algo malo.¿Estás enamorada? —pregunté
después.
Ella soltó una carcajada.
—Qué inocente sos —dijo—. No, Lucio, cuandodos personas cogen no
necesariamente tienen que estar enamorados.
—Ya lo sé, boluda. Solo preguntaba.
La miré de arriba abajo, sin poderdisimularlo. Tenía puestos uno de
esos shortcitos diminutos que apenas le cubrían lo justo, dejando ver el
principio de esas piernas largas, doradas por el sol. Eran de jean
claro, gastados, con roturas en los bordes que parecían hechas a
propósito para que se asomara un poco más de piel. El short le marcaba
el trazo perfecto de las caderas y ese trasero firme, redondo, que se
movía apenas cuando daba un paso.
Arriba llevaba una musculosa blanca, simple,pero tan ajustada que
parecía hecha a medida. Le marcaba la cintura y dejaba adivinar el
contorno de sus tetas, firmes y proporcionadas, sin exagerar. El pelo,
castaño y suelto, le caía hasta los hombros con un brillo natural que
acompañaba cada movimiento.

Tenía ese tipo de belleza que no necesitaesfuerzo: natural, relajada,
pero imposible de ignorar. Era de esas chicas que uno puede mirar sin
cansarse, porque cada detalle —desde el brillo en los labios hasta la
manera en que se acomodaba el short— parecía pensado para tentar.
—¿Qué mirás? —me preguntó.
—No, nada —dije.
—Que me coja a mi tía no quiere decir queesté dispuesta a cogerme a mi
hermano —largó, despiadada.
—¿Qué decís, boluda? Yo no estaba pensando eneso.
—¿Ah, no? Entonces estás caliente con mamá ycon nuestra tía, pero
conmigo no.
Era demasiada información con la que lidiar.No sabía qué carajos
pensar. Mi hermana me estaba diciendo en la cara que se daba cuenta de
que estaba caliente con ella y con mamá. Bueno, yo siempre fui demasiado
obvio, pero no esperaba que me lo dijera así.
—Es que… Esto es todo nuevo para mí —dije.
—Bueno, pero no le vas a decir nada a mamá,¿no? Si se entera, se va a
enojar mucho con la tía.
—Ya lo sé —balbuceé—. No le voy a decir nada.¿Qué iba a ganar con eso?
Entonces Luana se arrimó, y me dio un beso enla mejilla.
—Gracias, hermanito.
Me dejó ahí, con la verga ya a punto deendurecerse, mientras terminaba
de enjuagar los platos. Cuando cruzó el vano de la cocina, no pude
evitar mirarle ese precioso orto que tenía. Pero entonces, como si
tuviera ojos en la nuca, giró.
No dijo nada. Solo sacudió la cabeza, y medejó solo.
A la hora de la siesta, tía Mariana propusover algunas películas o
series, para pasar el rato. Mamá estuvo de acuerdo. Ya no quería ver el
noticiero, que solo le traía malas noticias.
—Dejemos los celulares unas horas, y pasemosun tiempo en familia —dijo.
Luana se quejó, pero obedeció. Creo que, enel fondo, agradecía tener
una excusa para no estar viendo a cada rato las redes sociales, cosa a
la que era adicta.
Así lo hicimos. Pasamos una tarde en elliving. Como habían arreglado el
aire acondicionado, estábamos mucho más cómodos que el día anterior. Eso
sí, las tres mujeres de mi familia estaban terriblemente buenas.
Luana se sentó en uno de los sofásindividuales. Como llevaba ese short
tan cortito, sus piernas torneadas estaban desnudas. Tía Mariana se
sentó a mi lado, cosa que enseguida me encendió, pues era inevitable
recordar su cuerpo desnudo, largando un orgasmo. Estaba vestida con un
pantalón elastizado que le calzaba como guante, y una remera gris, algo
holgada, que sin embargo no podía esconder esas enormes tetas que tenía.
Con mamá me pasaba lo mismo. La tenía al lado, vestida con una falda
celeste y una blusa blanca, y no podía evitar recordar cómo hace unas
horas había sentido su hermoso culo en mi verga.
No me importaba mucho la película. Soloquería estar ahí, rodeado de esa
hermosas mujeres, con la expectativa de que sucediera algo, por pequeño
que fuese.
Por un buen rato solo me tuve que conformarcon el estímulo visual y
táctil. Ver a mi hermana de perfil, con las piernas cruzadas, los
pezones marcándose en la remerita. Sentir la piel de mamá y de la tía,
que cada tanto frotaban las piernas o brazos conmigo. También había
detalles que en otro momento podrían parecerme inofensivos, pero que
ahora veía con dobles intenciones. Como cuando Luana separaba las
piernas exageradamente, casi como si quisiera que viera su sexo
marcándose en el short. O como cuando Mariana se levantó a buscar algo
fresco de la cocina, y pasó adelante mío, casi frotando su precioso culo
en mi cara.
Pero no eran más que cosas normales. Yo erasu hijo, hermano y sobrino,
por lo que ellas no deberían preocuparse por despertar mis instintos
ante un leve movimiento. Y, sin embargo, después de todo lo que había
pasado, me costaba no ver un trasfondo de depravación en cada mínimo
gesto que hicieran.
Y luego pasó algo más interesante.
—Uf, ese se parece mucho a Rogelio —dijoMariana, de repente,
refiriéndose a uno de los actores de la película que estábamos viendo.
—¿Qué? No creo —dijo mamá. Y luego, comomirando con más atención,
agregó—. Bueno, puede ser que tenga un aire.
—Y quién es Rogelio —dijo Luana, haciéndoseeco de mis propios
pensamientos.
—Un tipo que se cogía a tu mamá —dijo tíaMariana, de repente.
—Nena, no uses esos términos con los chicos—dijo mamá.
—¿Y cómo querés que le diga? No era tu novio.Era uno de esos tipos que
solo te querían coger. No tiene nada de malo, siempre y cuando vos
también quieras eso. Yo también los tuve.
—Claro, y Rogelio también fue uno de esos,¿no? —largó mamá, de repente.
—¿Por qué te enojás? Fue hace mucho. Y vos noestabas con Carlos en esos
tiempos. Así que no tiene nada de malo que los chicos sepan.
Recordé que mamá y papá habían tenido variasseparaciones y
reconciliaciones a lo largo de mi niñez. Y ahora suponía que era por la
voracidad sexual de mamá. Claro, él la entregaba a otros tipos, como
bien había visto en ese video que me mostró Luana. Pero quizás luego no
se lo aguantaba. Tenía muchas preguntas sobre la vida sexual de mamá y
papá, pero no era el mejor momento de hacerlo.
—¿Entonces…? —preguntó Luana—. ¿Tuvieron almismo chongo? ¿Cómo fue?
Primero estuvo con mamá y después con vos? ¿O no me digas que…?
—No es para tanto. Las dos estábamossolteras. Eso sí…
—Mariana, cortala, en serio.
—¿Eso sí, qué? —insistió Luana.
—No importa —dijo tía Mariana—. Ya pasó.
Por un momento, pareció que fue la tía quienmiraba con cierto
resentimiento a mamá, cosa que me sorprendió, porque la enojada siempre
era mamá.
—No te hagas la inocente —largó entoncesmamá—. Vos ya eras grandecita,
y sabías bien lo que hacías.
—Claro. Tenía dieciséis años. Toda unaadulta. Y vos me entregaste a ese
tipo.
—¡Vos estabas loca por él! Igual que porCarlos —dijo mamá.
Evidentemente la cosa se estaba desmadrando.
Hice las cuentas. Mamá le llevaba ocho años aMariana. Así que en ese
momento ella ya tenía veinticuatro, mientras que su hermana apenas era
una adolescente.
—¿Ahora querés hablar de Carlos? ¿Querés quele contemos a los chicos
cómo lo convenciste para que vuelva, la última vez que se pelearon?
—¡Basta! —gritó Luana—. Dejen de pelearse.Las dos son unas sexópatas.
No se echen la culpa entre ustedes.
Fulminó con la mirada a ambas, pero se quedómirando a la tía. Después
de todo, Luana era una adolescente que estaba siendo cogida por su tía.
Podía recriminarle como Mariana le recriminaba a mamá. O eso entendí.
La película terminó. Luana subió a sudormitorio, y Mariana la siguió.
—¿Estás bien? —le pregunté a mamá—. Si vosestabas separada de papá. Y
si las dos querían salir con ese tipo… No me parece que esté mal —dije
después.
Quizás estaba siendo demasiado obvio. Estabatratando de decirle que me
parecían bien las relaciones retorcidas, y que no la juzgaba por su
apetito sexual. Pero eso tenía una doble intención muy clara.
—Está bien, igual Mariana tiene razón —dijomamá, levantándose del
sofá—. Sabía lo que hacía, sí. Pero no deja de ser cierto que era muy
chica, y yo debí cuidarla.
—Pero… ¿qué fue lo que pasó? Solo fue sexo,¿no? Y ella lo consintió.
—Sí, claro. Pero igual… En fin. Creo que haycosas que están muy mal en
mí.
Me paré, la agarré de la mano y la atrajehacia mí.
—No hay nada de malo en vos —le dije,mirándole a esos hermosos ojos
azules que ahora estaban brillosos.
Sus senos rozaban mi torso. La agarré de lacintura, para abrazarla.
—Sí, gracias —dijo ella, apartándose de mí—.Voy a hacer un poco de
ejercicio afuera.
Se metió en su cuarto, para cambiarse.
Yo salí afuera, con un libro, paraobservarla. Pero ella tardaba en
aparecer. Sin embargo, fue tía Mariana quien se dirigió a mí. Mientras
caminaba, meneaba las caderas suavemente, y sus senos se movían dentro
de la remera. Yo estaba recostado en una reposera, y no pude evitar
recordar esas impresionantes tetas desnudas.
—Perdón por lo de hace un rato —dijo,sentándose a mi lado.

—¿Por lo que pasó con mamá o con Luana?—pregunté.
Ella soltó una risita histérica.
—Tenés razón. Estás pasando por mucho en estodías, ¿no?
—Puede ser. Pero más que nada estoypreocupado por mamá, por cómo le
afecta la cuarentena. Lo demás me parece muy raro, sí. Pero quiero
entender. ¿Por eso estás acá?
—¿Qué querés entender? —me preguntó.
—Bueno… para empezar, ¿cómo es que te estáscogiendo a tu sobrina? Y no
lo digo desde la moral. Olvidate de eso. Solo me da curiosidad.
—Te entiendo. Bueno, como te habrás dadocuenta, las mujeres de esta
familia no somos muy normales que digamos.
—Es verdad.
—En lo que respecta a mí y a Luana. Todo fuemuy espontáneo, casi
inocente. Fue uno de esos días en los que jugábamos a la luchita.
Estábamos revolcándonos en el sofá. Ese día estábamos sola. Yo había
venido de visita, pero tu mamá te había llevado al médico. Fue unos
meses antes de la pandemia. Entre una cosa y otra, Luana me besó. Yo me
sorprendí, me reí. Después me besó de nuevo. Y ahí… yo la besé a ella.
—Un beso francés —dije.
—Sí —dijo ella, riendo.
—¿Y ese mismo día cogieron? —pregunté.
—No. Porque ustedes podían aparecer encualquier momento. La primera vez
fue la otra noche. Y cuando vos nos viste, recién fue la segunda vez.
Recordé la noche de los gemidos. Me habíapuesto al lado de la puerta
para escucharlas.
—Así que todo es gracias al aireacondicionado que se había roto —dije.
Ella soltó una carcajada.
—Bueno, supongo que de alguna manera sí. Perocreo que igual hubiera
pasado tarde o temprano.
—Seguro. Hay mucha tensión sexual entreustedes —dije.
—¿En serio? ¿Se nota mucho?
—Bueno, más o menos. La verdad es que reciénahora que sé lo que pasa
entre ustedes empiezo a atar cabos.
—¿Y qué pensás? —preguntó.
—Pienso que están locas. Y me gusta.
—No es nada serio. Más bien al contrario.
—Entiendo —dije—. ¿Y qué pasó con ese talRogelio?
La miré de perfil, y por un momento se meolvidó hasta respirar. Su
pecho era generoso, redondo, y con cada inhalación se elevaba
lentamente, como siguiendo un ritmo propio que me hipnotizaba. El
movimiento era suave, pero imposible de ignorar: la tela de su remera se
estiraba apenas, marcando el contorno perfecto de esas tetas grandes,
pesadas, que parecían desafiar la gravedad.
Podía ver cómo la luz se deslizaba sobre supiel, acentuando cada curva.
Su respiración pausada hacía que el aire pareciera más denso, más
cargado. Yo no podía apartar la mirada; era como si todo a su alrededor
se desdibujara y solo quedara ese vaivén lento y provocador que me
dejaba embobado. Era una imagen simple, pero tenía algo magnético, algo
imposible de disimular.
—Rogelio era un tipo que perseguía a tu mamádesde hace rato. De esos
tipos que te terminan ganando con la insistencia. Era un vecino. Un tipo
grande, de cuarenta años. Pero no sé por qué, a mí siempre me había
gustado. Alicia, en cambio, tenía tantos pretendientes, que nunca se
había fijado en él. Pero, cuando se separó de tu papá, y vino unos días
con ustedes a la casa de mamá, las cosas cambiaron un poco.
—Cambiaron, ¿cómo?
—Bueno, claramente Rogelio se la estabacogiendo. Creo que era
simplemente un tipo que tenía a mano. Y ella.,, Bueno, en ese momento ya
empezaba a mostrar señales de adicción al sexo. A mamá no el gustaba
mucho que anduviera con ese tipo, porque en el barrio se decían muchas
cosas de él. Pero no le hizo caso, obvio. Yo tampoco lo hubiera hecho
—¿Y vos? ¿Qué tenés que ver con ese tipo?
—Simple. Una noche, ella apareció en micuarto. Estaba hecha una puta,
con una minifalda. Yo siempre la admiré, porque era mi hermana mayor y
era una diosa. Era la clase de mujer en la que toda adolescente quiere
convertirse.
—Bueno, ahora hay muchas adolescentes quedirían eso de vos —comenté.
—Gracias, sos un amor.
—¿Y entonces? ¿Qué pasó?
—Resulta que me invitó a salir. Yo estabarecontenta, porque casi nunca
lo hacía. Mamá al principio se quejó, porque los íbamos a dejar a
ustedes con ella, mientras nos íbamos de joda, pero al final Ali la
convenció. Pero, cuando salimos, me explicó que no íbamos realmente a
una fiesta.
—Iban a ver a Rogelio —adiviné.
—Sí. La casa estaba a solo dos cuadras. Y poreso tuvimos que esperar
hasta la una de la mañana. Como era día entre semana, no había casi
nadie por la calle. Si no, imagínate. Nosotras dos entrando a la casa de
un cuarentón. El chisme correría enseguida. Sobre todo por mí.
—¿Y qué pasó ahí?
—Rogelio estaba con un amigo. Era más jovenque él, pero por lo menos
era de treinta años.
—Muy grande para vos.
—Sí. Entonces Alicia se fue al cuarto conRogelio, y me dejó con el
tipo, que se llamaba Maxi.
—¿Abusó de vos?
—No. No exactamente. Es decir… Digamos que enesa situación, sola, con
un tipo mucho más grande que yo, mientras mi hermana cogía con su
pareja… No sé. Es como si en ese contexto no tuviera otra chance más que
decir que sí.
—Entiendo —dije.
Me di cuenta de que tenía la pija durísima. Yno era un momento oportuno
para eso. Pero tía Mariana no me estaba mirando. Al menos no por ahora.
—Igual, no es que la haya pasado mal. El tiposabía cómo tocar a una
mujer. Y no estaba nada mal. Además, me sentía halagada por el hecho de
que un hombre con todas las letras se fijara en una pendejita como yo.
—Claro, entiendo. Pero entonces, ¿no es unrecuerdo traumático para vos?
—No. Pero sí es uno de esos recuerdos que,cuando uno lo ve en
retrospectiva, se da cuenta de que había algo que no estaba bien. Pero
sí, en el momento la pasé muy bien.
—¿Y después?
Después, cuando el tipo terminó, yo quedé enel sofá —me había cogido
ahí—. Tirada, media desnuda. Y entonces, de repente, Rogelio salió del
cuarto. Al principio pensé que solo había salido a tomar agua. Me cubrí
las tetas. Pero entonces él se dirigió a mí .
—¿Y cómo estuvo la nena? Le preguntó a suamigo —siguió contando tía
Mariana—. Bien, algo tímida, pero va a salir bien putita, como su
hermana. Le dijo el tal Maxi. Y después le preguntó: ¿cambiamos?
—Como si fueran una cosa —dije yo.
—Ajam. Así que ahí Rogelio agarró mi brazo ylo apartó, obligándome a
mostrarle las tetas. Y después… Bueno, ya sabés lo que pasó. Mientras tu
mamá estaba cogiendo con Maxi, Rogelio me cogía a mí. Bueno, en
realidad, no me cogió exactamente. Pero igual la pasé muy bien. No tanto
por lo que hicimos, sino por el hecho de que por fin me quité las ganas
de estar con él. De hecho, pasó mucho tiempo hasta que tuve una
experiencia tan excitante como esa. Pero me cuesta no recriminarle de
vez en cuando a Alicia la manera en que me entregó a tipos tan grandes.
Pero es solo algo pasajero. Además, ella pasó por cosas peores debido a
su adicción.
—¿Peores? —pregunté.
—Sí, ya te vas a enterar en su momento, siella considera oportuno
contártelo.
—Bueno, ahora entiendo un poco mejor lascosas —dije—. O eso creo.
—¿Puedo contar con que no le cuentes nada aAlicia?
—Sí —dije.
—¿Y no vas a pedir nada a cambio?
Esa pregunta me tomó por sorpresa. Ni quedecir que se me vinieron un
montón de ideas obscenas a la cabeza.
—No, nada —dije—. Pero… quería saber algo.
—Qué.
—¿Volviste a estar con Rogelio? Digo, por loque dijo mamá.
—Sí, claro. Y ella también. Y volvimos aestar las dos con él. Solo con
él.
—¿Y cómo fue eso?
—¿Que cómo fue? ¿Me estás preguntando cómonos cogió Rogelio?
—Sí —dije, con la verga adolorida atrapada enel pantalón—. Me da
curiosidad.
—Está bien. Si ese es el precio de tusilencio… —dijo.
Yo me iba a defender diciendo que jamás leharía una extorsión de ese
tipo. Pero entonces, ella empezó a hablar.a empezó a hablar.
tenido una especie de avance con mamá, cosa que, de solo pensarlo, me
hacía sentir que estaba enloqueciendo. La experiencia que había tenido
hacia unos minutos, apretando mi verga dura en su trasero, fue lo más
sexi que experimenté en mi vida. Claro, ella después se separó, algo
asustada, pero lo que pasó no se me iba a borrar por eso.
Y encima me había enterado de lo de Luana ytía Mariana.
En el almuerzo estuve bastante nervioso, perotodas ellas actuaban con
normalidad. Mamá hablaba de cosas triviales, como si la mañana no
hubiera existido. Luana se reía con su celular en la mano, y Mariana
largaba algún comentario de vez en cuando. Yo apenas podía tragar la
comida; sentía la garganta seca y las manos húmedas. Cada vez que mamá
se levantaba de la mesa, no podía evitar mirarla, recordando ese
instante prohibido.
Me di cuenta de que todas fingían muy bien.Incluso mamá.
Miraba de reojo a Luana y Mariana. Todavíarecordaba la imagen que me
habían regalado. Mi hermana entre los muslos de nuestra tía, chupándole
la concha hasta sacarle un orgasmo. Qué locura. Me pregunté desde cuándo
estaba pasando Eso. Luego recordé que Mariana dijo que luego
hablaríamos.
Igual eso también me hacía sentir celoso.Porque yo estaba fuera de ese
juego sexual incestuoso, y ganas no me faltaban.
—Miren —dijo Luana de repente, con los ojosen la pantalla del celular,
cuando ya estábamos en la sobremesa—. Parece que las vacunas para esta
nueva cepa van a tardar más de lo previsto.
—No puede ser —dijo mamá, perpleja.
Entonces encendió el televisor. Justo en esemomento estaba hablando el
ministro del interior en cadena nacional. Pero no hacía falta oírlo,
porque en el graf decía lo más importante: “La cuarentena se extiende
por un mes más”.
—La puta madre —dijo mamá, casi largándose allorar ahí mismo.
—Bueno, era obvio que la cuarentena se iba aalargar. Pero seguramente
van a ir bajando las restricciones poco a poco —dijo tía Mariana—. No
creo que nos obliguen a estar encerrados así por tanto tiempo.
—¿No te das cuenta? —le dijo mamá, casigritando—. Si fuera así, ya lo
estarían diciendo. Está claro que el nivel de aislamiento va a seguir
siendo este. Me voy a volver loca.
Unos segundos después, el ministro confirmólos temores de mamá, y de
todos. Bueno, yo no estaba tan asustado ante esa perspectiva. Es muy
poco ético lo que voy a decir, pero si con esos pocos días que pasó mamá
encerrada, ya me la encontré desnuda, masturbándose, y luego habíamos
tenido ese momento en la cocina, el hecho de que el aislamiento se
extendiera me podía beneficiar de alguna manera.
Tía Mariana trató de calmarla, pero fue envano.
Después, cuando fui a lavar los platos —metocaba hacerlo—, Luana fue a
llevar los vasos, y quedamos a solas un rato.
—¿Y, qué onda? —le pregunté.
—Qué onda de qué —dijo ella, a la defensiva.
—Me dijeron que íbamos a hablar después,
—Yo no te dije nada. Fue Mariana —dijo, algoirritada—. Además, no creo
que tenga nada que hablar con vos.
—No sé por qué te enojás —le dije—. No soyningún buchón. Solo me da
curiosidad. Además… No voy a ser yo justamente el que te critique por
tenerle ganas a la tía. Es solo que me sorprendió.
—Sí… ¿Pensás que es raro?
—Sí —reconocí—. Pero no raro como algo malo.¿Estás enamorada? —pregunté
después.
Ella soltó una carcajada.
—Qué inocente sos —dijo—. No, Lucio, cuandodos personas cogen no
necesariamente tienen que estar enamorados.
—Ya lo sé, boluda. Solo preguntaba.
La miré de arriba abajo, sin poderdisimularlo. Tenía puestos uno de
esos shortcitos diminutos que apenas le cubrían lo justo, dejando ver el
principio de esas piernas largas, doradas por el sol. Eran de jean
claro, gastados, con roturas en los bordes que parecían hechas a
propósito para que se asomara un poco más de piel. El short le marcaba
el trazo perfecto de las caderas y ese trasero firme, redondo, que se
movía apenas cuando daba un paso.
Arriba llevaba una musculosa blanca, simple,pero tan ajustada que
parecía hecha a medida. Le marcaba la cintura y dejaba adivinar el
contorno de sus tetas, firmes y proporcionadas, sin exagerar. El pelo,
castaño y suelto, le caía hasta los hombros con un brillo natural que
acompañaba cada movimiento.

Tenía ese tipo de belleza que no necesitaesfuerzo: natural, relajada,
pero imposible de ignorar. Era de esas chicas que uno puede mirar sin
cansarse, porque cada detalle —desde el brillo en los labios hasta la
manera en que se acomodaba el short— parecía pensado para tentar.
—¿Qué mirás? —me preguntó.
—No, nada —dije.
—Que me coja a mi tía no quiere decir queesté dispuesta a cogerme a mi
hermano —largó, despiadada.
—¿Qué decís, boluda? Yo no estaba pensando eneso.
—¿Ah, no? Entonces estás caliente con mamá ycon nuestra tía, pero
conmigo no.
Era demasiada información con la que lidiar.No sabía qué carajos
pensar. Mi hermana me estaba diciendo en la cara que se daba cuenta de
que estaba caliente con ella y con mamá. Bueno, yo siempre fui demasiado
obvio, pero no esperaba que me lo dijera así.
—Es que… Esto es todo nuevo para mí —dije.
—Bueno, pero no le vas a decir nada a mamá,¿no? Si se entera, se va a
enojar mucho con la tía.
—Ya lo sé —balbuceé—. No le voy a decir nada.¿Qué iba a ganar con eso?
Entonces Luana se arrimó, y me dio un beso enla mejilla.
—Gracias, hermanito.
Me dejó ahí, con la verga ya a punto deendurecerse, mientras terminaba
de enjuagar los platos. Cuando cruzó el vano de la cocina, no pude
evitar mirarle ese precioso orto que tenía. Pero entonces, como si
tuviera ojos en la nuca, giró.
No dijo nada. Solo sacudió la cabeza, y medejó solo.
A la hora de la siesta, tía Mariana propusover algunas películas o
series, para pasar el rato. Mamá estuvo de acuerdo. Ya no quería ver el
noticiero, que solo le traía malas noticias.
—Dejemos los celulares unas horas, y pasemosun tiempo en familia —dijo.
Luana se quejó, pero obedeció. Creo que, enel fondo, agradecía tener
una excusa para no estar viendo a cada rato las redes sociales, cosa a
la que era adicta.
Así lo hicimos. Pasamos una tarde en elliving. Como habían arreglado el
aire acondicionado, estábamos mucho más cómodos que el día anterior. Eso
sí, las tres mujeres de mi familia estaban terriblemente buenas.
Luana se sentó en uno de los sofásindividuales. Como llevaba ese short
tan cortito, sus piernas torneadas estaban desnudas. Tía Mariana se
sentó a mi lado, cosa que enseguida me encendió, pues era inevitable
recordar su cuerpo desnudo, largando un orgasmo. Estaba vestida con un
pantalón elastizado que le calzaba como guante, y una remera gris, algo
holgada, que sin embargo no podía esconder esas enormes tetas que tenía.
Con mamá me pasaba lo mismo. La tenía al lado, vestida con una falda
celeste y una blusa blanca, y no podía evitar recordar cómo hace unas
horas había sentido su hermoso culo en mi verga.
No me importaba mucho la película. Soloquería estar ahí, rodeado de esa
hermosas mujeres, con la expectativa de que sucediera algo, por pequeño
que fuese.
Por un buen rato solo me tuve que conformarcon el estímulo visual y
táctil. Ver a mi hermana de perfil, con las piernas cruzadas, los
pezones marcándose en la remerita. Sentir la piel de mamá y de la tía,
que cada tanto frotaban las piernas o brazos conmigo. También había
detalles que en otro momento podrían parecerme inofensivos, pero que
ahora veía con dobles intenciones. Como cuando Luana separaba las
piernas exageradamente, casi como si quisiera que viera su sexo
marcándose en el short. O como cuando Mariana se levantó a buscar algo
fresco de la cocina, y pasó adelante mío, casi frotando su precioso culo
en mi cara.
Pero no eran más que cosas normales. Yo erasu hijo, hermano y sobrino,
por lo que ellas no deberían preocuparse por despertar mis instintos
ante un leve movimiento. Y, sin embargo, después de todo lo que había
pasado, me costaba no ver un trasfondo de depravación en cada mínimo
gesto que hicieran.
Y luego pasó algo más interesante.
—Uf, ese se parece mucho a Rogelio —dijoMariana, de repente,
refiriéndose a uno de los actores de la película que estábamos viendo.
—¿Qué? No creo —dijo mamá. Y luego, comomirando con más atención,
agregó—. Bueno, puede ser que tenga un aire.
—Y quién es Rogelio —dijo Luana, haciéndoseeco de mis propios
pensamientos.
—Un tipo que se cogía a tu mamá —dijo tíaMariana, de repente.
—Nena, no uses esos términos con los chicos—dijo mamá.
—¿Y cómo querés que le diga? No era tu novio.Era uno de esos tipos que
solo te querían coger. No tiene nada de malo, siempre y cuando vos
también quieras eso. Yo también los tuve.
—Claro, y Rogelio también fue uno de esos,¿no? —largó mamá, de repente.
—¿Por qué te enojás? Fue hace mucho. Y vos noestabas con Carlos en esos
tiempos. Así que no tiene nada de malo que los chicos sepan.
Recordé que mamá y papá habían tenido variasseparaciones y
reconciliaciones a lo largo de mi niñez. Y ahora suponía que era por la
voracidad sexual de mamá. Claro, él la entregaba a otros tipos, como
bien había visto en ese video que me mostró Luana. Pero quizás luego no
se lo aguantaba. Tenía muchas preguntas sobre la vida sexual de mamá y
papá, pero no era el mejor momento de hacerlo.
—¿Entonces…? —preguntó Luana—. ¿Tuvieron almismo chongo? ¿Cómo fue?
Primero estuvo con mamá y después con vos? ¿O no me digas que…?
—No es para tanto. Las dos estábamossolteras. Eso sí…
—Mariana, cortala, en serio.
—¿Eso sí, qué? —insistió Luana.
—No importa —dijo tía Mariana—. Ya pasó.
Por un momento, pareció que fue la tía quienmiraba con cierto
resentimiento a mamá, cosa que me sorprendió, porque la enojada siempre
era mamá.
—No te hagas la inocente —largó entoncesmamá—. Vos ya eras grandecita,
y sabías bien lo que hacías.
—Claro. Tenía dieciséis años. Toda unaadulta. Y vos me entregaste a ese
tipo.
—¡Vos estabas loca por él! Igual que porCarlos —dijo mamá.
Evidentemente la cosa se estaba desmadrando.
Hice las cuentas. Mamá le llevaba ocho años aMariana. Así que en ese
momento ella ya tenía veinticuatro, mientras que su hermana apenas era
una adolescente.
—¿Ahora querés hablar de Carlos? ¿Querés quele contemos a los chicos
cómo lo convenciste para que vuelva, la última vez que se pelearon?
—¡Basta! —gritó Luana—. Dejen de pelearse.Las dos son unas sexópatas.
No se echen la culpa entre ustedes.
Fulminó con la mirada a ambas, pero se quedómirando a la tía. Después
de todo, Luana era una adolescente que estaba siendo cogida por su tía.
Podía recriminarle como Mariana le recriminaba a mamá. O eso entendí.
La película terminó. Luana subió a sudormitorio, y Mariana la siguió.
—¿Estás bien? —le pregunté a mamá—. Si vosestabas separada de papá. Y
si las dos querían salir con ese tipo… No me parece que esté mal —dije
después.
Quizás estaba siendo demasiado obvio. Estabatratando de decirle que me
parecían bien las relaciones retorcidas, y que no la juzgaba por su
apetito sexual. Pero eso tenía una doble intención muy clara.
—Está bien, igual Mariana tiene razón —dijomamá, levantándose del
sofá—. Sabía lo que hacía, sí. Pero no deja de ser cierto que era muy
chica, y yo debí cuidarla.
—Pero… ¿qué fue lo que pasó? Solo fue sexo,¿no? Y ella lo consintió.
—Sí, claro. Pero igual… En fin. Creo que haycosas que están muy mal en
mí.
Me paré, la agarré de la mano y la atrajehacia mí.
—No hay nada de malo en vos —le dije,mirándole a esos hermosos ojos
azules que ahora estaban brillosos.
Sus senos rozaban mi torso. La agarré de lacintura, para abrazarla.
—Sí, gracias —dijo ella, apartándose de mí—.Voy a hacer un poco de
ejercicio afuera.
Se metió en su cuarto, para cambiarse.
Yo salí afuera, con un libro, paraobservarla. Pero ella tardaba en
aparecer. Sin embargo, fue tía Mariana quien se dirigió a mí. Mientras
caminaba, meneaba las caderas suavemente, y sus senos se movían dentro
de la remera. Yo estaba recostado en una reposera, y no pude evitar
recordar esas impresionantes tetas desnudas.
—Perdón por lo de hace un rato —dijo,sentándose a mi lado.

—¿Por lo que pasó con mamá o con Luana?—pregunté.
Ella soltó una risita histérica.
—Tenés razón. Estás pasando por mucho en estodías, ¿no?
—Puede ser. Pero más que nada estoypreocupado por mamá, por cómo le
afecta la cuarentena. Lo demás me parece muy raro, sí. Pero quiero
entender. ¿Por eso estás acá?
—¿Qué querés entender? —me preguntó.
—Bueno… para empezar, ¿cómo es que te estáscogiendo a tu sobrina? Y no
lo digo desde la moral. Olvidate de eso. Solo me da curiosidad.
—Te entiendo. Bueno, como te habrás dadocuenta, las mujeres de esta
familia no somos muy normales que digamos.
—Es verdad.
—En lo que respecta a mí y a Luana. Todo fuemuy espontáneo, casi
inocente. Fue uno de esos días en los que jugábamos a la luchita.
Estábamos revolcándonos en el sofá. Ese día estábamos sola. Yo había
venido de visita, pero tu mamá te había llevado al médico. Fue unos
meses antes de la pandemia. Entre una cosa y otra, Luana me besó. Yo me
sorprendí, me reí. Después me besó de nuevo. Y ahí… yo la besé a ella.
—Un beso francés —dije.
—Sí —dijo ella, riendo.
—¿Y ese mismo día cogieron? —pregunté.
—No. Porque ustedes podían aparecer encualquier momento. La primera vez
fue la otra noche. Y cuando vos nos viste, recién fue la segunda vez.
Recordé la noche de los gemidos. Me habíapuesto al lado de la puerta
para escucharlas.
—Así que todo es gracias al aireacondicionado que se había roto —dije.
Ella soltó una carcajada.
—Bueno, supongo que de alguna manera sí. Perocreo que igual hubiera
pasado tarde o temprano.
—Seguro. Hay mucha tensión sexual entreustedes —dije.
—¿En serio? ¿Se nota mucho?
—Bueno, más o menos. La verdad es que reciénahora que sé lo que pasa
entre ustedes empiezo a atar cabos.
—¿Y qué pensás? —preguntó.
—Pienso que están locas. Y me gusta.
—No es nada serio. Más bien al contrario.
—Entiendo —dije—. ¿Y qué pasó con ese talRogelio?
La miré de perfil, y por un momento se meolvidó hasta respirar. Su
pecho era generoso, redondo, y con cada inhalación se elevaba
lentamente, como siguiendo un ritmo propio que me hipnotizaba. El
movimiento era suave, pero imposible de ignorar: la tela de su remera se
estiraba apenas, marcando el contorno perfecto de esas tetas grandes,
pesadas, que parecían desafiar la gravedad.
Podía ver cómo la luz se deslizaba sobre supiel, acentuando cada curva.
Su respiración pausada hacía que el aire pareciera más denso, más
cargado. Yo no podía apartar la mirada; era como si todo a su alrededor
se desdibujara y solo quedara ese vaivén lento y provocador que me
dejaba embobado. Era una imagen simple, pero tenía algo magnético, algo
imposible de disimular.
—Rogelio era un tipo que perseguía a tu mamádesde hace rato. De esos
tipos que te terminan ganando con la insistencia. Era un vecino. Un tipo
grande, de cuarenta años. Pero no sé por qué, a mí siempre me había
gustado. Alicia, en cambio, tenía tantos pretendientes, que nunca se
había fijado en él. Pero, cuando se separó de tu papá, y vino unos días
con ustedes a la casa de mamá, las cosas cambiaron un poco.
—Cambiaron, ¿cómo?
—Bueno, claramente Rogelio se la estabacogiendo. Creo que era
simplemente un tipo que tenía a mano. Y ella.,, Bueno, en ese momento ya
empezaba a mostrar señales de adicción al sexo. A mamá no el gustaba
mucho que anduviera con ese tipo, porque en el barrio se decían muchas
cosas de él. Pero no le hizo caso, obvio. Yo tampoco lo hubiera hecho
—¿Y vos? ¿Qué tenés que ver con ese tipo?
—Simple. Una noche, ella apareció en micuarto. Estaba hecha una puta,
con una minifalda. Yo siempre la admiré, porque era mi hermana mayor y
era una diosa. Era la clase de mujer en la que toda adolescente quiere
convertirse.
—Bueno, ahora hay muchas adolescentes quedirían eso de vos —comenté.
—Gracias, sos un amor.
—¿Y entonces? ¿Qué pasó?
—Resulta que me invitó a salir. Yo estabarecontenta, porque casi nunca
lo hacía. Mamá al principio se quejó, porque los íbamos a dejar a
ustedes con ella, mientras nos íbamos de joda, pero al final Ali la
convenció. Pero, cuando salimos, me explicó que no íbamos realmente a
una fiesta.
—Iban a ver a Rogelio —adiviné.
—Sí. La casa estaba a solo dos cuadras. Y poreso tuvimos que esperar
hasta la una de la mañana. Como era día entre semana, no había casi
nadie por la calle. Si no, imagínate. Nosotras dos entrando a la casa de
un cuarentón. El chisme correría enseguida. Sobre todo por mí.
—¿Y qué pasó ahí?
—Rogelio estaba con un amigo. Era más jovenque él, pero por lo menos
era de treinta años.
—Muy grande para vos.
—Sí. Entonces Alicia se fue al cuarto conRogelio, y me dejó con el
tipo, que se llamaba Maxi.
—¿Abusó de vos?
—No. No exactamente. Es decir… Digamos que enesa situación, sola, con
un tipo mucho más grande que yo, mientras mi hermana cogía con su
pareja… No sé. Es como si en ese contexto no tuviera otra chance más que
decir que sí.
—Entiendo —dije.
Me di cuenta de que tenía la pija durísima. Yno era un momento oportuno
para eso. Pero tía Mariana no me estaba mirando. Al menos no por ahora.
—Igual, no es que la haya pasado mal. El tiposabía cómo tocar a una
mujer. Y no estaba nada mal. Además, me sentía halagada por el hecho de
que un hombre con todas las letras se fijara en una pendejita como yo.
—Claro, entiendo. Pero entonces, ¿no es unrecuerdo traumático para vos?
—No. Pero sí es uno de esos recuerdos que,cuando uno lo ve en
retrospectiva, se da cuenta de que había algo que no estaba bien. Pero
sí, en el momento la pasé muy bien.
—¿Y después?
Después, cuando el tipo terminó, yo quedé enel sofá —me había cogido
ahí—. Tirada, media desnuda. Y entonces, de repente, Rogelio salió del
cuarto. Al principio pensé que solo había salido a tomar agua. Me cubrí
las tetas. Pero entonces él se dirigió a mí .
—¿Y cómo estuvo la nena? Le preguntó a suamigo —siguió contando tía
Mariana—. Bien, algo tímida, pero va a salir bien putita, como su
hermana. Le dijo el tal Maxi. Y después le preguntó: ¿cambiamos?
—Como si fueran una cosa —dije yo.
—Ajam. Así que ahí Rogelio agarró mi brazo ylo apartó, obligándome a
mostrarle las tetas. Y después… Bueno, ya sabés lo que pasó. Mientras tu
mamá estaba cogiendo con Maxi, Rogelio me cogía a mí. Bueno, en
realidad, no me cogió exactamente. Pero igual la pasé muy bien. No tanto
por lo que hicimos, sino por el hecho de que por fin me quité las ganas
de estar con él. De hecho, pasó mucho tiempo hasta que tuve una
experiencia tan excitante como esa. Pero me cuesta no recriminarle de
vez en cuando a Alicia la manera en que me entregó a tipos tan grandes.
Pero es solo algo pasajero. Además, ella pasó por cosas peores debido a
su adicción.
—¿Peores? —pregunté.
—Sí, ya te vas a enterar en su momento, siella considera oportuno
contártelo.
—Bueno, ahora entiendo un poco mejor lascosas —dije—. O eso creo.
—¿Puedo contar con que no le cuentes nada aAlicia?
—Sí —dije.
—¿Y no vas a pedir nada a cambio?
Esa pregunta me tomó por sorpresa. Ni quedecir que se me vinieron un
montón de ideas obscenas a la cabeza.
—No, nada —dije—. Pero… quería saber algo.
—Qué.
—¿Volviste a estar con Rogelio? Digo, por loque dijo mamá.
—Sí, claro. Y ella también. Y volvimos aestar las dos con él. Solo con
él.
—¿Y cómo fue eso?
—¿Que cómo fue? ¿Me estás preguntando cómonos cogió Rogelio?
—Sí —dije, con la verga adolorida atrapada enel pantalón—. Me da
curiosidad.
—Está bien. Si ese es el precio de tusilencio… —dijo.
Yo me iba a defender diciendo que jamás leharía una extorsión de ese
tipo. Pero entonces, ella empezó a hablar.a empezó a hablar.
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