Paola se sentó en la silla de la cocina como siempre, inocente. Yo empecé a manosear las tetas por encima de la remera. Le agarré, las apreté, las moví. Ella soltó un gemido bajito y se le abrieron las piernas un poco más.
Después le subí la remera despacio y se las dejé al aire. Ahí quedaron. Tetas pesadas, pezones ya parados, sentadas con las piernas abiertas, sin poder coger.
Me puse de pie, saqué la pija dura y la puse entre las tetas. Empecé a pajearme con ella. La pija chapoteaba entre su piel caliente, los pezones duros me presionaban contra la carne. Paola respiraba más profundo, las caderas apenas moviéndose, sintiendo cómo la usaban con sus propias tetas.
Seguí un buen rato así. Subía y bajaba más rápido, sintiendo cómo se le marcaban los pezones contra la pija, hasta que se acabó todo. Tiré varios chorros espesos, uno encima de cada teta, y el resto en la silla y en el piso. Paola quedó sentada, con las tetas manchadas y brillantes, la concha chorreando leche blanca por los muslos y goteando en la silla.
Se quedó ahí, jadeante, con la remera subida y la cara sonrojada, mientras yo seguía respirando agitado frente a ella.
Después le subí la remera despacio y se las dejé al aire. Ahí quedaron. Tetas pesadas, pezones ya parados, sentadas con las piernas abiertas, sin poder coger.
Me puse de pie, saqué la pija dura y la puse entre las tetas. Empecé a pajearme con ella. La pija chapoteaba entre su piel caliente, los pezones duros me presionaban contra la carne. Paola respiraba más profundo, las caderas apenas moviéndose, sintiendo cómo la usaban con sus propias tetas.
Seguí un buen rato así. Subía y bajaba más rápido, sintiendo cómo se le marcaban los pezones contra la pija, hasta que se acabó todo. Tiré varios chorros espesos, uno encima de cada teta, y el resto en la silla y en el piso. Paola quedó sentada, con las tetas manchadas y brillantes, la concha chorreando leche blanca por los muslos y goteando en la silla.
Se quedó ahí, jadeante, con la remera subida y la cara sonrojada, mientras yo seguía respirando agitado frente a ella.
1 comentarios - La Turca en la Silla