Para comprender totalmente este relato te recomiendo que leas la primera parte: https://www.poringa.net/posts/relatos/6447823/Te-odio-pero-soy-tu-puta-parte-1.html
Regresé como una saeta, por las calles de la ciudad. Mi concha es un mar que mojó toda la tela de mi calza, me senté sobre la remera anudada a mi cintura para que no quede el manchón en el asiento. Llego, no entro el auto en la cochera, bajo, una vecina que barre la vereda me saluda y tiene ganas de conversar. “Buen día doña Angélica” digo al pasar para no ser descortés y sigo de largo, ingreso a mi casa, cierro la puerta y voy directo a mi dormitorio.
Caliente y desesperada, voy al cajón del placard, el que está más abajo y al fondo en donde escondo un par de juguetes. Saco ambos: un vibrador para mi clítoris, que me da inmenso placer y me hace acabar mucho; y otro, un consolador de tamaño mayor que la pija de mi marido pero que es semejante a la pija de él, venoso y con la cabeza en punta. No dudo tomo el segundo y el lubricante para ayudarme con la penetración. Cierro el placard y me veo en el espejo de la puerta. Tengo el consolador en la mano y con la otra comienzo a bajarme la calza y la bombacha juntas, un largo y viscoso hilo de baba une mi concha con la tela, me calienta de solo verlo, pienso: “no voy a necesitar el lubricante”.
Así parada, con la calza por las rodillas y el cuerpo ardiendo, con la punta del consolador recojo la baba de mi concha y la uso de lubricante. Cuando la cabeza de la verga de silicona llega a mi clítoris una inmensa sensación de placer invade mi cuerpo, mi mente inmediatamente me lleva a él: sus brazos, su espalda, sus manos tocándome, su barba en mi concha, el calor de su cuerpo encima de mí; todo está en mi mente que tiene una tormenta de imágenes que me calientan. Juego con el dorso del consolador rozándome el clítoris, los labios vaginales, abriéndolos y sintiendo cada roce. Caigo sobre la cama boca arriba. Desesperada me saco las zapatillas, a tirones la calza, me subo la remera y el top y me apréto las tetas.

Mi mente es un torbellino, mi cuerpo arde, mi concha esta hinchada, mojada y sensible, quiero gozar ya, lo necesito. Sin dudarlo y con violencia me meto el consolador: “por Dios que placer…” siento como me abre, como entra, como me roza e inmediatamente pienso en él, trato de sacarlo de mi mente y concentrarme en mi placer, no puedo, me da rabia eso. Como una desesperada y maltratando mi cajeta empiezo un mete y saca furioso, mientras con la otra mano me aprieto los pezones un rato y otro me chupo los dedos. “Te odio hijo de puta” le digo, “odio que juegues así conmigo, que me pongas así de caliente…” repito en mi mente, mientras jadeo y me meto el consolador a fondo. “Puto de mierda, hijo de puta, no soy tuya” vuelvo a repetir, mientras lo digo más me caliento, más sometida a sus palabras me siento. Bronca y placer.
El top me molesta la remera también, me los quito y quedo desnuda, sobre mi cama matrimonial, frente al gran espejo del placard. Allí me veo: en la penumbra, sola, desnuda, despeinada, transpirada, con los pezones duros, mi cara es de una hembra en celo, que está siendo infiel de mente a su marido en su propia cama matrimonial, no me importa, quiero ser esa mujer dispuesta a ser emputecida por un macho, deseo eso, lo necesito, para poder contrarrestarla vida cotidiana de madre, esposa, nuera, amiga, ama de casa; estos momentos me dan vida y rompen con la aburrida cotidianeidad.

Busco una almohada, me monto sobre ella, tomo el consolador-empapado de mis flujos-, y me siento sobre el juguete. Me agarro de las tetas y me chupo los dedos como si fuera una pija en mi boca. Comienzo un movimiento de caderas, como si lo estuviera montando a él. “Dale cojéme, dale haceme tu puta” digo en voz alta, “dale hijo de mil putas…fuerte”. Mi diálogo imaginario, está lleno de contradicciones, broncas, deseos, odios, furia, resentimiento y placer. “Hayy hijo de puta … ahgg… hay hijo de puta” casi grito en la soledad de mi cama, mientras monto desesperada mi consolador y me araño los pezones. Mi mano va hacia atrás y comienzo a jugar con el agujero de mi culo y con la otra me franeleo el clítoris, lo siento, el orgasmo se acerca.
Allí en el reflejo del espejo esta mi verdadera yo, la que deseo ser y no puedo. La hembra, cogída por un macho que verdaderamente la desea; la mujer, gozando de los placeres que le da un hombre que la calienta; la joven, que quedó subsumida por la madre y ama de casa; la puta que llevo adentro aflora, renace, sale a la luz…, él la saca de lo más profundo de mi ser. Eso me da bronca y satisfacción a la vez… eso me hace pensar que sigo viva a pesar de todo.

Mi abdomen se contrae, mi concha aprieta el consolador, me aprieto las tetas, me inclino y siento un profundo orgasmo en todo el cuerpo. Caigo hacia adelante jadeando y ahogando un grito en el colchón, allí quedo unos minutos recuperándome con el consolador en la concha, hasta que lo expulso. Me doy vuelta miro el techo, respiro hondo, mi cabeza se tranquiliza, mi cuerpo se ablanda. Me siento y veo la almohada toda mojada por mis flujos y orgasmo, es la de mi marido, pienso, le voy a quitar la funda y la voy a ventilar y se la voy a dejar con mi olor a ver si así me coge con esmero. Me levanto, las sábanas están húmedas de mi transpiración, las quito y desnuda llevo todo al lavarropas, vuelvo tomo un juego de sabanas limpio para poner en mi cama, pero me veo en el espejo desnuda, me siento en la cama … sonrío: “¿Cómo lo hace, como puede con palabras solo ponerme así? No puede ser, está mal, no me puede dominar así a la distancia” reflexiono con bronca, se que todo está en mi mente y en mis fantasías, pero él sabe tocar los botones justos para dispararlas yeso me hace sentir vulnerable. “¿se lo debo contar a mi psicóloga? … nooo” me pregunto y me respondo. Pienso esto mientras estoy sentada desnuda frente al espejo luego de haberme masturbado con furia y a ver tenido un tremendo orgasmo: “me gusta ser su puta, me encanta como me trata…” sonrrío de costado. Se que voy a seguir jugando porque con él SIENTO, con él me DESPIERTO, con él GOZO, con él soy hembra y mujer…es MI MOMENTO, soy infiel con la mente y eso me gusta.

SE AGRADECEN LOS PUNTOS Y SE LEEN LOS COMENTARIOS
Regresé como una saeta, por las calles de la ciudad. Mi concha es un mar que mojó toda la tela de mi calza, me senté sobre la remera anudada a mi cintura para que no quede el manchón en el asiento. Llego, no entro el auto en la cochera, bajo, una vecina que barre la vereda me saluda y tiene ganas de conversar. “Buen día doña Angélica” digo al pasar para no ser descortés y sigo de largo, ingreso a mi casa, cierro la puerta y voy directo a mi dormitorio.
Caliente y desesperada, voy al cajón del placard, el que está más abajo y al fondo en donde escondo un par de juguetes. Saco ambos: un vibrador para mi clítoris, que me da inmenso placer y me hace acabar mucho; y otro, un consolador de tamaño mayor que la pija de mi marido pero que es semejante a la pija de él, venoso y con la cabeza en punta. No dudo tomo el segundo y el lubricante para ayudarme con la penetración. Cierro el placard y me veo en el espejo de la puerta. Tengo el consolador en la mano y con la otra comienzo a bajarme la calza y la bombacha juntas, un largo y viscoso hilo de baba une mi concha con la tela, me calienta de solo verlo, pienso: “no voy a necesitar el lubricante”.
Así parada, con la calza por las rodillas y el cuerpo ardiendo, con la punta del consolador recojo la baba de mi concha y la uso de lubricante. Cuando la cabeza de la verga de silicona llega a mi clítoris una inmensa sensación de placer invade mi cuerpo, mi mente inmediatamente me lleva a él: sus brazos, su espalda, sus manos tocándome, su barba en mi concha, el calor de su cuerpo encima de mí; todo está en mi mente que tiene una tormenta de imágenes que me calientan. Juego con el dorso del consolador rozándome el clítoris, los labios vaginales, abriéndolos y sintiendo cada roce. Caigo sobre la cama boca arriba. Desesperada me saco las zapatillas, a tirones la calza, me subo la remera y el top y me apréto las tetas.

Mi mente es un torbellino, mi cuerpo arde, mi concha esta hinchada, mojada y sensible, quiero gozar ya, lo necesito. Sin dudarlo y con violencia me meto el consolador: “por Dios que placer…” siento como me abre, como entra, como me roza e inmediatamente pienso en él, trato de sacarlo de mi mente y concentrarme en mi placer, no puedo, me da rabia eso. Como una desesperada y maltratando mi cajeta empiezo un mete y saca furioso, mientras con la otra mano me aprieto los pezones un rato y otro me chupo los dedos. “Te odio hijo de puta” le digo, “odio que juegues así conmigo, que me pongas así de caliente…” repito en mi mente, mientras jadeo y me meto el consolador a fondo. “Puto de mierda, hijo de puta, no soy tuya” vuelvo a repetir, mientras lo digo más me caliento, más sometida a sus palabras me siento. Bronca y placer.
El top me molesta la remera también, me los quito y quedo desnuda, sobre mi cama matrimonial, frente al gran espejo del placard. Allí me veo: en la penumbra, sola, desnuda, despeinada, transpirada, con los pezones duros, mi cara es de una hembra en celo, que está siendo infiel de mente a su marido en su propia cama matrimonial, no me importa, quiero ser esa mujer dispuesta a ser emputecida por un macho, deseo eso, lo necesito, para poder contrarrestarla vida cotidiana de madre, esposa, nuera, amiga, ama de casa; estos momentos me dan vida y rompen con la aburrida cotidianeidad.

Busco una almohada, me monto sobre ella, tomo el consolador-empapado de mis flujos-, y me siento sobre el juguete. Me agarro de las tetas y me chupo los dedos como si fuera una pija en mi boca. Comienzo un movimiento de caderas, como si lo estuviera montando a él. “Dale cojéme, dale haceme tu puta” digo en voz alta, “dale hijo de mil putas…fuerte”. Mi diálogo imaginario, está lleno de contradicciones, broncas, deseos, odios, furia, resentimiento y placer. “Hayy hijo de puta … ahgg… hay hijo de puta” casi grito en la soledad de mi cama, mientras monto desesperada mi consolador y me araño los pezones. Mi mano va hacia atrás y comienzo a jugar con el agujero de mi culo y con la otra me franeleo el clítoris, lo siento, el orgasmo se acerca.
Allí en el reflejo del espejo esta mi verdadera yo, la que deseo ser y no puedo. La hembra, cogída por un macho que verdaderamente la desea; la mujer, gozando de los placeres que le da un hombre que la calienta; la joven, que quedó subsumida por la madre y ama de casa; la puta que llevo adentro aflora, renace, sale a la luz…, él la saca de lo más profundo de mi ser. Eso me da bronca y satisfacción a la vez… eso me hace pensar que sigo viva a pesar de todo.

Mi abdomen se contrae, mi concha aprieta el consolador, me aprieto las tetas, me inclino y siento un profundo orgasmo en todo el cuerpo. Caigo hacia adelante jadeando y ahogando un grito en el colchón, allí quedo unos minutos recuperándome con el consolador en la concha, hasta que lo expulso. Me doy vuelta miro el techo, respiro hondo, mi cabeza se tranquiliza, mi cuerpo se ablanda. Me siento y veo la almohada toda mojada por mis flujos y orgasmo, es la de mi marido, pienso, le voy a quitar la funda y la voy a ventilar y se la voy a dejar con mi olor a ver si así me coge con esmero. Me levanto, las sábanas están húmedas de mi transpiración, las quito y desnuda llevo todo al lavarropas, vuelvo tomo un juego de sabanas limpio para poner en mi cama, pero me veo en el espejo desnuda, me siento en la cama … sonrío: “¿Cómo lo hace, como puede con palabras solo ponerme así? No puede ser, está mal, no me puede dominar así a la distancia” reflexiono con bronca, se que todo está en mi mente y en mis fantasías, pero él sabe tocar los botones justos para dispararlas yeso me hace sentir vulnerable. “¿se lo debo contar a mi psicóloga? … nooo” me pregunto y me respondo. Pienso esto mientras estoy sentada desnuda frente al espejo luego de haberme masturbado con furia y a ver tenido un tremendo orgasmo: “me gusta ser su puta, me encanta como me trata…” sonrrío de costado. Se que voy a seguir jugando porque con él SIENTO, con él me DESPIERTO, con él GOZO, con él soy hembra y mujer…es MI MOMENTO, soy infiel con la mente y eso me gusta.

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