Mi hermana me vio masturbándome y después mi madre. A partir de ahí empezó todo
Con 18 años nunca había estado con una chica pero me gustaba masturbarme mirando la ropa interior de mi madre. Me tocaba el pene hasta que me salía un líquido y yo perdía toda la fuerza.
Mi hermana, cuatro años mayor que yo, un día me vio masturbándome en el baño, entró y cerró la puerta. Yo la miré y seguí hasta que me corrí delante de ella.
- ¿Te ha gustado? – me preguntó.
- Sí. A veces me toco. ¿Es algo malo?
- No, hay que hacerlo. Es igual que comer.
- ¿Tú también lo haces?
- Sí claro.
- A ver cómo lo haces.
- Para eso hay que tener ganas, igual que comer.
- ¿Y cómo se hace para tener ganas de tocarse?
- ¿Tú cómo las tienes?
- Cuando veo la ropa interior de mamá.
Ella iba en bragas, se las quitó y se quitó la camisa que llevaba. La vi desnuda y me gustó, tanto que empecé a excitarme. Mi hermana se rio y yo también.
- Y ahora cuando me ves desnuda también te gusta.
- Sí, también.
- Normalmente cuando veas a una chica desnuda te gustará.
- Pero tú no tienes pito. ¿Cómo te masturbas?
- Las mujeres tenemos coño y si nos tocamos ahí también nos masturbamos.
Se metió un dedo y lo sacó mojado.
- ¿Ves? Este es el flujo parecido al semen que sacáis los hombres.
Me acerqué, le metí un dedo también y lo saqué mojado.
- Me gusta tocarte ahí. ¿Puedo tocarte más?
- Sí, claro.
Empecé a masturbarla y vi la cara de placer que se le ponía, entonces me cogió el pene y me masturbó hasta que nos corrimos los dos.
- Es muy bonito – le dije - ¿Y puedo tocar a todas las chicas?
- Si ellas quieren, sí.
- ¿Y a mamá también?
- Pídeselo – me propuso con una sonrisa extraña.
En ese momento entró mi madre y nos vio desnudos. Miro a mi hermana e imaginándose lo que estábamos haciendo le preguntó a ella.
- Le enseñaba a masturbarse – le dijo.
- ¿Te gusta masturbarte, hijo?
- Sí, madre. ¿Tú te masturbas?
- Sí, pero lo hace papá.
- Ah claro – respondí imaginando que era lo normal. ¿Te podemos ver desnuda? – le pregunté sin más.
Mi hermana se rio, todavía desnuda y mi madre, accediendo a los deseos de su hijo, se desnudó también y enseguida se me puso dura otra vez.
- Podríamos ir desnudos por casa – propuso mi hermana.
- Bueno, pero cuando no esté tu padre – contestó ella.
- ¿Por qué? – pregunté – Yo quiero verle el pito a papá.
Mi hermana soltó una carcajada, se lo estaba pasando en grande y mi madre nos dijo que se lo preguntaría.
Cuando llegó mi padre, sin más le pregunté si se masturbaba. El hombre no sabía dónde mirar. Mi madre y mi hermana lo miraban esperando una respuesta y él supuso que yo se lo habría preguntado a ellas y ellas me habrían dicho que se lo preguntara yo a él. Al cabo de un momento se tranquilizó y me dijo que sí.
- A ver cómo tienes el pito, papá.
- ¿Ahora? – me preguntó mirando a mi madre y a mi hermana.
- Sí, mira mi pito, papá. Ellas no tienen pito pero tu y yo sí, ¿verdad?
- Claro.
Se bajó la bragueta y se lo sacó. Lo tenía agachado y le pregunté que por qué no lo tenía duro. Mi padre estaba sudando y mi madre, sonriendo, le dijo que respondiera, que el niño quería saber, pero las mujeres no podían responder a ciertas cosas.
- Mastúrbate a ver si se hace grande – le dije.
- Ahora no puedo.
- ¿Por qué? ¿Quieres verle las tetas a mamá?
Aquello empezaba a pasarse de castaño oscuro para él. Yo quería saberlo todo y no lo veía muy dispuesto a responder. Entonces mamá se acercó y se lo tocó. Al momento se le puso duro. Le bajó los pantalones y así le pudimos ver bien lo grande que tenía el pene. Era enorme.
- ¿Yo lo tendré así algún día, papá?
- Claro hijo – respondió con la voz entrecortada porque mi madre seguía masturbándolo.
- Saca el semen, papá.
Mi madre se desnudó, lo besó y se sentó encima de él. Mi hermana y yo los mirábamos. Vi que mi hermana empezaba a masturbarse y yo ya tenía el pito duro al ver así a mi madre que empezó a moverse más rápido hasta que se quedaron parados.
- ¿Qué pasa, papá? ¿Has sacado el semen?
- Sí, hijo. Todo.
- ¿Y dónde está?
Mi madre se levantó y le vi el pito todo mojado. Entonces mi hermana se acercó a mí y se sentó encima. Vi que mi padre iba a decir algo pero mi madre lo detuvo y se nos quedaron mirando.
Noté su coño y empezó a moverse igual que mi madre. Era la primera vez que follaba a mi hermana. Me pidió que le chupara los pezones y al momento se corrió. Yo al verla, no pude contenerme y me corrí también.
Estábamos los cuatro desnudos callados. Al final mi madre me dijo que el semen que sale del hombre y le llega a la mujer hace que se quede embarazada. Abrí los ojos intentando procesar esa información y siguió hablando.
- Ahora ya sabes lo que es “follar”. Es como masturbarse pero en pareja. ¿Lo comprendes?
- Sí, madre.
- Las personas follan pero en la intimidad. Por eso no nos habías visto nunca antes y tampoco lo hubieras entendido. Ahora ya empiezas a hacer preguntas. Si quieres puedes ir desnudo por casa, no hay problema.
- ¿Entonces Lucía se quedará embarazada de mí?
Ella respondió que no porque tomaba unas pastillas y no tenía peligro.
- ¿Entonces podemos follar más veces? – pregunté a todos.
- Siempre que ella quiera, sí – me dijo mi madre besando a mi padre.
- Y cuando folléis vosotros ¿puedo veros? Me gusta mirar.
- ¿Sí? Igual estás durmiendo. Pero cuando estés despierto te lo diremos.
Estaba descubriendo todo un mundo nuevo que lo tenía ahí y nunca lo había visto. Ahora estaba entusiasmado. Mi hermana callaba y al final me dio un beso en la mejilla.
A partir de ese día lo vi todo de otra manera. Cuando me apetecía me masturbaba en cualquier parte de la casa y si estaba mi madre o mi hermana, me miraban y cuando me corría me daban un beso.
- ¿Quieres follar? – le preguntaba a veces a mi hermana.
Pero normalmente me decía que no y que prefería ver cómo me masturbaba. A veces lo hacía ella. Y a veces follaban mis padres.
De esa forma entré en el conocimiento del sexo de una forma un tanto extraña y muy abierta. Tanto que cuando un día vino mi tía a vernos, le pregunté si podía masturbarla.
La hermana de mi madre era diez años menor que ella y diez años mayor que yo. Mi madre le explicó cómo sucedió todo y cómo a esas alturas, todos nos masturbábamos cuando nos apetecía delante de todos. Incluso follábamos. Vi que a mi tía se le aceleraba la respiración. Y al final le dijo: Igual que hacíamos nosotras de pequeñas.
- ¿Vosotras os masturbabais? – preguntó mi hermana.
- Claro, hija. ¿Tú no lo haces? Y ahora masturbas a tu hermano.
Lucía calló porque era verdad lo que decía mi madre.
Se hizo un silencio un poco incómodo y al final mi madre y mi tía se fueron a la cocina a charlar.
Pasó el tiempo y mis hormonas iban a más. Un día vino mi tía a quedarse a dormir. De hecho tenía una habitación para ella, para cuando le apetecía. Esa noche, después de cenar, entré a su habitación y le dije que quería verla desnuda porque yo ya iba desnudo. Ella me sonrió, empezó a desnudarse y se acostó en la cama. Yo di un salto y me acosté a su lado.
- ¿Me masturbas? – le pregunté con el pene ya duro.
- Te has hecho muy descarado. ¿Lo sabes?
- ¿Descarado? ¿No te gusta masturbarte?
- Sí, pero sola.
- Yo antes lo hacía solo pero ahora no. Siempre quiero hacerlo delante de alguien.
- ¿Tienes amigas?
- No, solo amigos.
- No se te ocurra pedirle a una chica que te masturbe.
- ¿Por qué?
- Por eso, porque ellas se masturban solas.
- Bueno, si conozco a alguna se lo pediré a ver qué pasa.
Mi tía se rio y yo le toqué los pechos. Después le metí los dedos y ella me cogió el pito hasta que me corrí encima de ella. Entonces ella se corrió dando un fuerte gemido. Al oírlo, entró mi hermana y nos vio desnudos en la cama. Ella no lo pensó dos veces y se unió a nosotros.
- Ya nos hemos corrido – le dije de la forma más natural.
La tía la miró con una sonrisa y mi hermana se acercó y le dio un beso en los labios tocándole las tetas. ´
- Tía, yo también quiero besarte.
La temperatura empezó a subir y los tres nos tocábamos y nos besábamos. Mi hermana me cogió el pene y me pidió que la follara. Mi tía nos miraba masturbándose. Ellas no paraban de correrse pero cuando me corrí yo dentro de mi hermana, caí en la cama mirando a la puerta y vi cómo nos miraba mi madre sonriendo.
- Mamá ¿te va a follar papá?
- Sí cariño - me dijo asomando la cabeza y entró a darnos un beso a todos, desnuda como iba.
- Mamá, yo quiero mirar.
- Está bien, vamos.
________
Me hacía mayor a la carrera y el hecho de tener sexo libre en casa me hizo el carácter muy liberal. Nadie sabía lo que hacíamos en casa y yo me cuidaba de decirlo hasta que un día, intimé bastante con una chica. Nos gustábamos y nos besábamos. Yo ya sabía que no podía masturbarla ni podía pedírselo, pero me moría de ganas de hacerlo.
Mi hermana advirtió que me pasaba algo porque me excitaba mucho más que antes. Me acosté en la cama y empecé a masturbarme cuando entró ella, se sentó a mi lado y me lo cogió como hacía muchas veces. Imaginando lo que pasaba, entró también mi madre y se sentó a mirarnos, también lo hacía a veces.
- Mastúrbate, mamá, quiero verte.
- Sí cariño.
Tenía a dos mujeres para mí, pero lo veía como algo normal. Lo que sentía por mi amiga era diferente.
- Tengo una amiga – dije mientras me masturbaba mi hermana.
- ¿Cómo? – preguntó - ¿Has follado con ella?
- No, no sé cómo pedírselo.
- Si se la metes te tienes que poner un condón – advirtió mi madre acariciándose el coño.
- No quiero que folles con ella. Solo conmigo – dijo mi hermana – al menos quiero que lo hagas delante de mí.
Y dicho eso se puso a horcajadas y se la metió empezando a follarme.
- ¿No te gusta follar conmigo?
- Claro que sí, pero quiero probar con ella.
- Bien, tráela un día y que nos vea a todos – dijo mi madre.
- ¿Queréis verme follar con ella?
- Eso será si ella quiere – dijo mi madre y en ese momento nos corrimos mi hermana y yo. Al vernos así, mi madre aceleró su paso y se corrió también.
Fue una tarde. Mi padre también estaba. Estábamos desnudos como siempre y oímos el timbre. Era Rosa. La recibí en pelotas y al verme se le clavaron los ojos en mi polla. La cogí del brazo y la empujé hacia dentro. La hice pasar al salón donde estaba mi familia todos de pie, en pelotas para saludarla.
- Te presento a mis padres y a mi hermana.
La besaron y ella se quedó paralizada. No sabía qué decir pero sus ojos iban de las tetas de mi madre a la polla de mi padre y a la mía que ya podía competir con la de él.
Sin poder evitarlo, mi polla empezó a crecer y ella se dio cuenta enseguida. Ella ya estaba bastante desarrollada y mi hermana era toda una mujer. Me acerqué a Rosa y le toqué un pecho dándole un beso en la mejilla, como ya lo habíamos hecho alguna vez, no dijo nada y me atreví a preguntarle si quería masturbarme.
- ¿Así, delante de todos?
- Así es como lo hacemos siempre – le expliqué – Por eso vamos desnudos. ¿Quieres desnudarte?
- Me da un poco de apuro.
- No la fuerces – dijo mi madre – se tiene que encontrar cómoda.
- Nos vamos a la habitación – les dije a todos.
- Pasadlo bien.
Junté la puerta pero no la cerré y ella se dio cuenta. Ella todavía estaba en choque pero mi madre me explicó que era mejor que nos viera y lo supiera todo cuanto antes. Nos sentamos en la cama y le di un beso en los labios que ella aceptó enseguida.
- ¿Estás excitada?
- Mucho.
- ¿Quieres masturbarme ahora?
Sin responder, me cogió el pene y si dejar de besarme, empezó a masturbarme.
- ¿Quieres desnudarte ahora?
- Hazlo tú, por favor. Estoy muy nerviosa.
- ¿Has follado alguna vez? – le pregunté de sopetón.
- No, nunca.
- Entonces no lo hacemos ahora.
- No, ahora no podría.
La desnudé y le acaricié los pechos, luego se los chupé, le acaricié las piernas y seguimos besándonos. Ella me masturbaba lentamente, como con miedo, pero me daba mucho placer.
En ese instante entró mi hermana y le dijo que ella también sabía masturbarme.
- Y también follamos – advirtió para que lo tuviera muy clarito.
Rosa paró su movimiento al escuchar eso y tragó saliva.
- ¿Quieres verlo? – le preguntó sin más.
- ¿Si quiero veros follando? Pues… No sé.
La pobre estaba temblando. Mi hermana se le acercó y le chupó los pezones.
- Los tienes muy bonitos.
- Gracias, tú también.
- ¿Quieres chupármelos?
- Pues…
- Anda, tócamelos.
Rosa había dejado de masturbarme y empecé yo porque vi que mi hermana quería estar con Rosa un rato. De esa forma, mi amiga se fue calmando e incluso la masturbó hasta que se corrió. Yo seguía a lo mío pero no quería correrme.
- ¿Ahora quieres ver cómo follamos?
- Joder… Me habéis puesto muy caliente.
- De eso se trataba. Queremos que estés a gusto con nosotros, pero has de saber que mi hermano y yo seguiremos follando. ¿Tú quieres que te la meta él?
- No por favor. Creo que no estoy preparada. Prefiero veros a vosotros.
Mi hermana estaba muy salida, me apartó la mano, se sentó encima y empezó a follarme sonriendo a mi amiga. Ésta se calentó otra vez, abrió las piernas y se masturbó mirándonos.
- Veo que te gusta vernos.
- Me encanta.
- ¿Te vas a correr? – le preguntó.
- Creo que sí.
Nosotros la mirábamos cómo se masturbaba hasta que se corrió. Mi hermana siguió follándome hasta que no pudo más y yo la seguí.
Estábamos los tres en la cama cuando entraron mis padres. Mi padre la llevaba bastante dura, lo que significaba que aún no habían follado. Mi madre se acercó a mi amiga y le dio un beso en la mejilla.
- Eres muy guapa.
- Gracias, señora – dijo sin apartar la mirada de la polla de mi padre.
Mi madre se la cogió y empezó a masturbarlo poniéndolo aún más caliente.
- ¿Quieres masturbarlo tú, bonita?
- ¿Puedo?
Le cogió la mano y se la puso encima para que lo masturbara. Ella miraba a mi padre que le sonreía. Yo me puse detrás de Rosa para acariciarle las tetas.
Cada uno sabía lo que hacer y Rosa entró en el juego enseguida. Se besaba con mi madre y mi hermana y luego me acercaba yo para masturbarla y ella gemía mientras seguía haciéndole una paja a mi padre. Mi hermana se metió mi polla en la boca y yo podía hacer lo que quisiera con ella y con mi madre. Mi padre se soltó de Rosa y empezó a follar a mi madre. A mí me encantaba masturbarme mirándolos. Rosa apartó a mi hermana y me la chupó también. Al final le dije a Rosa al oído que quería follármela. “Ya tardas”, me dijo muy excitada.
Los cinco estábamos mezclados. Tanto a mí como a Rosa nos tocaban todos, pero yo la tumbé en la cama y le metí la polla no sin antes ponerme un condón. No me gustó y no me corrí. Cuando la saqué, mi hermana le explicó a Rosa lo que tenía que hacer para no quedarse embarazada y poder follar sin condón.
Me saqué el condón y le pedí a Rosa que me hiciera una paja porque necesitaba correrme. Me corrí en sus tetas y ella me la chupó con mucho placer.
- Creo que te ha gustado – le dijo mi madre - Ya sabes dónde nos tienes. Ahora si quieres, te puedes duchar.
Me duché con Rosa acariciándole las tetas con mucho placer hasta que me volví a empalmar.
- Joder qué ganas tenías.
- No te lo puedes imaginar.
- ¿Sabes? Yo también
- ¿Y por qué no me lo dijiste?
- ¿Qué te iba a decir, que quería que me follaras?
- Pues sí. Ahora ya sabes, cuando te apetezca, venimos. Ya ves que serás bienvenida.
- Ya lo veo, ya.
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