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La socorrista

Aquella mañana de octubre nos despertamos en el sur de Madrid con un día soleado. Debían de ser las diez cuando entré en la piscina cubierta. Fui de los primeros en llegar pero la monitora, una rubia con cara simpática y grandes ojos estaba preparando todo para la clase. Cómo aún no había llegado nadie aproveché para meterme en el agua y nadar algún largo pero justo a unos metros de alcanzar la otra orilla la vi. Llevaba una camiseta sin mangas de hello Kitty y el pelo suelto. Canturreaba una canción que estaba escuchando por los cascos inalámbricos rosas que llevaba. Y lo que parecía normal acabó por dar un giro que no esperaba. Al agacharse a recoger un rulo vi que no llevaba parte de abajo. Le vi el culito firme y el conejito limpio y brillante. No se había percatado de mi presencia, estaba ahora a cuatro patas colocando lo que utilizaríamos para jugar... Le vi perfectamente el ano pequeñito pero que se notaba que había sido abierto muchas veces... Y los pechos pequeños pero firmes.
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