No es mi primera vez escribiendo acá. Pero borré todo lo anterior hace mucho tiempo ya, o capaz quedó en alguna cuenta vieja. Ya ni se. Pero ahora necesitaba desahogarme. Así que vengo a compartir mi última entrada de mi diario... al menos el que llevo más en secreto. Me llamo Emilia, tengo 35, uruguaya... y a veces siento que estoy obsesionada con el sexo.
El sábado pasado fui con mi novio a un casamiento. La novia era la hija del exjefe de mi novio, así que, aparte de un par de excompañeros de trabajo, la verdad es que no conocíamos a casi nadie. Lo cual significaba que era una fiesta genial para ir. Iba a poder soltarme de verdad, e incluso vestirme un poco más atrevida de lo que lo haría en un casamiento lleno de familiares, para no incomodar a tu abuela o algo así.
Por eso me calcé mis tacos más altos, aunque eso hace que mi novio quede más bajo que yo, y me puse mi vestido negro más revelador. Espalda descubierta, tiras finitas y un escote bastante generoso, especialmente en el detalle favorito de mi novio: deja ver bastante de mi costado. Un poco de side boob no lastima a nadie. Lástima que estaba helado, y la mayor parte del tiempo me la pasé con un blazer rojo. Estaba decidida a pasarla genial. Tomar unos cócteles, bailar un poco y volver a casa para que me cogiera salvajemente hasta que los vecinos se quejaran por los ruidos. Nos ha pasado... y encima son más jóvenes que nosotros. Unos insoportables…
En fin, ahora que ya les pinté el panorama, voy con lo que pasó.
Desde el principio uno de los fotógrafos me llamó la atención, y evidentemente yo también le llamé la atención a él. Estaba todo el tiempo dando vueltas alrededor nuestro, sacándome fotos, fingiendo que simplemente estaba haciendo su trabajo. Había como otros cinco fotógrafos, así que supongo que pensó que podía dedicarse un rato a hacer la suya sin que nadie se diera cuenta. Y, la verdad, estaba re bueno. Tenía un aire a Channing Tatum en Magic Mike. Camisa blanca, mangas arremangadas, sin corbata y unos pantalones azul oscuro que le quedaban tan ajustados en los muslos y el culo. Yo me lo estaba comiendo con los ojos y mi novio ni enterado.
Después de 12 años juntos, tampoco es raro que él se distrajera con la comida, el vino y las conversaciones con los pocos conocidos que había encontrado ahí, poniéndose al día y hablando de... bueno, principalmente de trabajo y un par de temas medianamente interesantes. Pero yo estaba aburridísima y lo único que podía hacer para entretenerme era comerme con los ojos a ese fotógrafo… Además, siempre había tenido una fantasía con algo así... medio como esa fantasía de la estrella de rock que te lleva al camerino, pero con un fotógrafo que te muestra su estudio y después empieza a sacarte fotos. Te desviste de a poco hasta dejarte desnuda y hacer con vos lo que se le antoje...
Así que, antes de que sirvieran la cena, mi novio estaba tan metido en una conversación, no les miento: sobre las películas y series de Star Wars. Así que me fui para la barra, que por suerte estaba del otro lado del lugar, a través de toda la pista y las mesas. Vi que el fotógrafo me seguía a cierta distancia y me hice la boluda. Pedí un trago y me quedé por ahí. Encontré un lugar bastante oscuro y medio escondido. No se veía nuestra mesa, donde estaba segura de que mi novio seguía discutiendo sobre The Mandalorian y anda a saber qué más con los otros tipos. Y simplemente esperé...
No pasaron ni un par de minutos cuando el fotógrafo se acercó y me pidió que posara. Actuó como si simplemente estuviera sacando fotos casualmente de los invitados disfrutando de la fiesta, pero se pasó un par de minutos sacándome una docena de fotos mientras hacía distintas poses con mi trago. Estoy segura que el lugar era precioso y la iluminación estaba buenísima... pero espero que no les mande todas esas fotos a los novios. Se van a pasar un buen rato preguntándose quién carajo era yo y por qué había tantas fotos mías, jaja.
Al final, se animó y empezó a hacerme charla. Se llamaba Alex, era francés, pero había decidido venir acá a trabajar como fotógrafo porque la vida en Francia le parecía aburrida. Yo miraba de reojo buscando que mi novio no se apareciera, y Alex se dio cuenta, así que subió la apuesta y apretó su cuerpo contra el mío. Agarró la cámara con una mano mientras dejaba que la otra recorriera mi espalda, deslizándose por mi columna hasta abajo, haciendo que me estremeciera apenas con el roce de las puntas de sus dedos. Mis ojos saltaban de un lado al otro, entre la pista para ver si mi novio se acercaba, para luego fijarse en el antebrazo musculoso de Alex, y finalmente en su bulto… Se le marcaba tanto como la cola redondita. Por experiencia previa… seguro que la tenía re grande. Pero no me animé a comprobarlo.
—Entonces, ¿ese petiso que está en la mesa es tu hermano...? —dijo.
—Ja... mi novio —respondí, con una sonrisa.
—Ah, no me había dado cuenta —dijo con picardía—. ¿Y por qué no está acá con vos?
—Porque estaba aburrida... pero mejor así. Estoy acá con vos, conociéndote… —fui directamente al punto. No le di vueltas.
—¿No se enojaría si nos viera así, entonces?
—Probablemente... pero capaz que no...
—Bueno, mejor no lo hagamos enojar esta noche. Pasame tu número y podemos probar cómo funciona esto otra noche…
Y así, sin más, intercambiamos números. Charlamos un poco más, mientras Alex seguía jugando con su mano en mi espalda. Hasta que me tocó el culo, y sin quererlo solté un gemidito… apenas perceptible, pero él se dio cuenta. Se acercó a mi oreja y me susurró que tenía que seguir trabajando, pero que iba a estar pendiente de mi mensaje. Me volvió a apretar la cola y se alejó.
Durante el resto de la noche, los dos fingimos demencia, como que no había pasado nada… solo nos mirábamos desde lejos. Incluso me sacó un par de fotos con mi novio mientras bailábamos y cuando nos estábamos yendo.
Cuando llegué a casa me le tiré encima a mi novio como un animal salvaje, hambrienta de sexo y con una sola cosa en la cabeza: Alex. Con sus brazos fuertes, sus hombros anchos… y ese bulto… conformarme solo con la pija de mi novio fue difícil esa noche. No duró mucho encima… no es que dure demasiado normalmente, pero estaba agotado, y luego de lo que solo a él le pareció suficiente se cayó rendido. Llegué a un orgasmo, no le quito el mérito. Pero me quedé con ganas. Así que después de que él se limpiara me encerré en el baño y continué un poco sola. Abrí el celular, y busqué entre mis contactos a Alex. Quería ver si tenía foto de perfil en WhatsApp, pero la foto no se veía nada. Una foto de lejos, a contraluz… muy artística, pero nada que me sirviera. Casi le escribo… su número me quemaba en el celular. Y yo ya fantaseaba con él desnudándome, haciéndome posar, apretándome la cola, cogiéndome como un lobo salvaje. Poniéndome en cuatro y no parando hasta que me desmayara… ufff…
Y ahora... hace apenas un par de horas me escribió.
Todas mis dudas podrían quedar respondidas si simplemente le digo que nos encontremos este fin de semana. Pero ¿me voy a convertir en esta persona? ¿Debería engañar a mi novio de hace 11 años solo porque me calenté con un fotógrafo cualquiera en un casamiento?
Ya veremos cómo sigue, supongo.
El sábado pasado fui con mi novio a un casamiento. La novia era la hija del exjefe de mi novio, así que, aparte de un par de excompañeros de trabajo, la verdad es que no conocíamos a casi nadie. Lo cual significaba que era una fiesta genial para ir. Iba a poder soltarme de verdad, e incluso vestirme un poco más atrevida de lo que lo haría en un casamiento lleno de familiares, para no incomodar a tu abuela o algo así.
Por eso me calcé mis tacos más altos, aunque eso hace que mi novio quede más bajo que yo, y me puse mi vestido negro más revelador. Espalda descubierta, tiras finitas y un escote bastante generoso, especialmente en el detalle favorito de mi novio: deja ver bastante de mi costado. Un poco de side boob no lastima a nadie. Lástima que estaba helado, y la mayor parte del tiempo me la pasé con un blazer rojo. Estaba decidida a pasarla genial. Tomar unos cócteles, bailar un poco y volver a casa para que me cogiera salvajemente hasta que los vecinos se quejaran por los ruidos. Nos ha pasado... y encima son más jóvenes que nosotros. Unos insoportables…
En fin, ahora que ya les pinté el panorama, voy con lo que pasó.
Desde el principio uno de los fotógrafos me llamó la atención, y evidentemente yo también le llamé la atención a él. Estaba todo el tiempo dando vueltas alrededor nuestro, sacándome fotos, fingiendo que simplemente estaba haciendo su trabajo. Había como otros cinco fotógrafos, así que supongo que pensó que podía dedicarse un rato a hacer la suya sin que nadie se diera cuenta. Y, la verdad, estaba re bueno. Tenía un aire a Channing Tatum en Magic Mike. Camisa blanca, mangas arremangadas, sin corbata y unos pantalones azul oscuro que le quedaban tan ajustados en los muslos y el culo. Yo me lo estaba comiendo con los ojos y mi novio ni enterado.
Después de 12 años juntos, tampoco es raro que él se distrajera con la comida, el vino y las conversaciones con los pocos conocidos que había encontrado ahí, poniéndose al día y hablando de... bueno, principalmente de trabajo y un par de temas medianamente interesantes. Pero yo estaba aburridísima y lo único que podía hacer para entretenerme era comerme con los ojos a ese fotógrafo… Además, siempre había tenido una fantasía con algo así... medio como esa fantasía de la estrella de rock que te lleva al camerino, pero con un fotógrafo que te muestra su estudio y después empieza a sacarte fotos. Te desviste de a poco hasta dejarte desnuda y hacer con vos lo que se le antoje...
Así que, antes de que sirvieran la cena, mi novio estaba tan metido en una conversación, no les miento: sobre las películas y series de Star Wars. Así que me fui para la barra, que por suerte estaba del otro lado del lugar, a través de toda la pista y las mesas. Vi que el fotógrafo me seguía a cierta distancia y me hice la boluda. Pedí un trago y me quedé por ahí. Encontré un lugar bastante oscuro y medio escondido. No se veía nuestra mesa, donde estaba segura de que mi novio seguía discutiendo sobre The Mandalorian y anda a saber qué más con los otros tipos. Y simplemente esperé...
No pasaron ni un par de minutos cuando el fotógrafo se acercó y me pidió que posara. Actuó como si simplemente estuviera sacando fotos casualmente de los invitados disfrutando de la fiesta, pero se pasó un par de minutos sacándome una docena de fotos mientras hacía distintas poses con mi trago. Estoy segura que el lugar era precioso y la iluminación estaba buenísima... pero espero que no les mande todas esas fotos a los novios. Se van a pasar un buen rato preguntándose quién carajo era yo y por qué había tantas fotos mías, jaja.
Al final, se animó y empezó a hacerme charla. Se llamaba Alex, era francés, pero había decidido venir acá a trabajar como fotógrafo porque la vida en Francia le parecía aburrida. Yo miraba de reojo buscando que mi novio no se apareciera, y Alex se dio cuenta, así que subió la apuesta y apretó su cuerpo contra el mío. Agarró la cámara con una mano mientras dejaba que la otra recorriera mi espalda, deslizándose por mi columna hasta abajo, haciendo que me estremeciera apenas con el roce de las puntas de sus dedos. Mis ojos saltaban de un lado al otro, entre la pista para ver si mi novio se acercaba, para luego fijarse en el antebrazo musculoso de Alex, y finalmente en su bulto… Se le marcaba tanto como la cola redondita. Por experiencia previa… seguro que la tenía re grande. Pero no me animé a comprobarlo.
—Entonces, ¿ese petiso que está en la mesa es tu hermano...? —dijo.
—Ja... mi novio —respondí, con una sonrisa.
—Ah, no me había dado cuenta —dijo con picardía—. ¿Y por qué no está acá con vos?
—Porque estaba aburrida... pero mejor así. Estoy acá con vos, conociéndote… —fui directamente al punto. No le di vueltas.
—¿No se enojaría si nos viera así, entonces?
—Probablemente... pero capaz que no...
—Bueno, mejor no lo hagamos enojar esta noche. Pasame tu número y podemos probar cómo funciona esto otra noche…
Y así, sin más, intercambiamos números. Charlamos un poco más, mientras Alex seguía jugando con su mano en mi espalda. Hasta que me tocó el culo, y sin quererlo solté un gemidito… apenas perceptible, pero él se dio cuenta. Se acercó a mi oreja y me susurró que tenía que seguir trabajando, pero que iba a estar pendiente de mi mensaje. Me volvió a apretar la cola y se alejó.
Durante el resto de la noche, los dos fingimos demencia, como que no había pasado nada… solo nos mirábamos desde lejos. Incluso me sacó un par de fotos con mi novio mientras bailábamos y cuando nos estábamos yendo.
Cuando llegué a casa me le tiré encima a mi novio como un animal salvaje, hambrienta de sexo y con una sola cosa en la cabeza: Alex. Con sus brazos fuertes, sus hombros anchos… y ese bulto… conformarme solo con la pija de mi novio fue difícil esa noche. No duró mucho encima… no es que dure demasiado normalmente, pero estaba agotado, y luego de lo que solo a él le pareció suficiente se cayó rendido. Llegué a un orgasmo, no le quito el mérito. Pero me quedé con ganas. Así que después de que él se limpiara me encerré en el baño y continué un poco sola. Abrí el celular, y busqué entre mis contactos a Alex. Quería ver si tenía foto de perfil en WhatsApp, pero la foto no se veía nada. Una foto de lejos, a contraluz… muy artística, pero nada que me sirviera. Casi le escribo… su número me quemaba en el celular. Y yo ya fantaseaba con él desnudándome, haciéndome posar, apretándome la cola, cogiéndome como un lobo salvaje. Poniéndome en cuatro y no parando hasta que me desmayara… ufff…
Y ahora... hace apenas un par de horas me escribió.
Todas mis dudas podrían quedar respondidas si simplemente le digo que nos encontremos este fin de semana. Pero ¿me voy a convertir en esta persona? ¿Debería engañar a mi novio de hace 11 años solo porque me calenté con un fotógrafo cualquiera en un casamiento?
Ya veremos cómo sigue, supongo.
0 comentarios - Al borde de la infidelidad