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Un agujero para la gloria

Gloryhole… así llaman a un misterioso agujero situado en algunos aseos públicos o privados por donde surgen pollas dispuestas a dar y recibir placer anónimo…

En mi caso lo descubrí hace muchos años por pura casualidad. Fue una experiencia imposible de olvidar y tremendamente adictiva que representó el punto de partida de las innumerables infidelidades con las que adornaba y sigo adornando la cabeza del cornudo de mi marido, por entonces mi novio.

Volvía a casa después de una comida familiar ya bien entrada la tarde en un día de invierno frío y lluvioso. Era un domingo post navideño y recuerdo como me refugié de las inclemencias meteorológicas en un soportal tan oscuro como la calle donde se encontraba aunque al menos no me mojaba… Fueron las ganas de hacer pipí las que me llevaron al interior del único comercio abierto en el que pedir el favor de que me permitieran aliviarme. Me daba mucha vergüenza pero ya no aguantaba más… y aquel sexshop parecía muy tranquilo…

Jamás hubiera entrado en un lugar de ese tipo y cuando crucé el umbral de luces azules me pareció adentrarme en un mundo sórdido y desconocido a pesar de que debo reconocer que una parte de mí mantenía una curiosidad insana por descubrirlo y disfrutar de lo que fuera que allí se encontrara.

En el interior las luces eran tenues, discretas, adecuadas para mantener cierto anonimato, a la derecha tras un pequeño mostrador repleto de infinidad de complementos sexuales una dependienta ojeaba una revista sin prestar atención a mi entrada. Me acerqué a ella y le pregunté si sería posible que usara el aseo. Ella me sonrió y enigmáticamente, al menos para mí, me indicó - “Claro que si guapa, pero debes ponerte en el del centro ¿vale? Llegas un poco tarde…” - En ese momento pensé que los otros podían estar averiados y por eso debía usar uno en concreto pero no me extrañó y tanto mi ignorancia en el mundo erótico como la urgencia física jugaban a mi favor para no prevenir lo que se me venía encima.

Los aseos, igual que el resto del local, se encontraban repletos de pantallas donde se emitían una variedad de videos porno tan surtida que abotargaban los sentidos con una efectividad lujuriosamente certera. Las luces seguían siendo tenues por el pasillo que llevaba a los baños y también dentro de ellos cambiando de color con una cadencia pensada para lograr un ambiente propicio para el sexo anónimo… Asombrosamente dentro la cabina también había una pantalla, colgué la gabardina y el bolso y me bajé el tanga, me subí el vestido y me senté en la taza sin dejar de mirar con algo de aprensión y curiosidad las calientes escenas sexuales que se mostraban.

Hice pis con un placer inusual provocado por la acuciante necesidad y el descanso reconfortante después de tanta espera y, casi al final de tan larga y agradable meada, me percaté de un par de agujeros de buen tamaño que se encontraban en los paneles laterales que servían de separación entre aseos. No me dio tiempo ni a pensar cuál era la finalidad ni el propósito de tales huecos pues de ambos salieron casi serpenteantemente un par de pollas de un calibre brutal…

Enhiestas, gigantescas, gruesas, relucientes, venosas, cabezonas, duras, desafiantes, cualquier calificativo exultante les podría hacer justicia… aunque en aquel momento todavía no había sido infiel a mi marido, por entonces novio, y me asusté de tal manera que quise salir corriendo de tal infierno de lujuria… el corazón me latía agitado, mi cerebro se atolondraba tratando de dar las órdenes necesarias para escapar pero mis emociones se encargaban de boicotear la huida. El morbo se había instaurado en cuestión de segundos como el dictador de mis actos y me obligó a dejar de nuevo la gabardina en la percha, sentarme de nuevo en la taza y coger con fuerza esas bravas vergas que seguían provocándome con una intensidad lacerante.

Hasta ese momento mi experiencia sexual se limitaba a las relaciones con mi novio en las que dos o tres veces por semana nos dábamos placer… bueno, él lo conseguía y yo esperaba tenerlo algún día cuando él dejara de correrse tan rápido…

Ahora estaba en el baño de un sexshop con una polla, que al menos doblaba en tamaño a la de mi novio, en cada mano y parecía una golfa a punto de ser satisfecha a pollazos gracias a aquellos regalos surgidos del mismísimo averno.

No supe ni gestionar con habilidad ni una sola de aquellas dos pollas, traté de mamar como estaba viendo en las pantallas, metérmelas enteras en la boca, intenté ponerme de forma que pudieran penetrarme con facilidad pero no fui capaz y ya estaba desesperada por conseguirlo cuando una de las pollas se retiró dentro de su cueva. Sentí decepción y rabia por no haber sabido actuar apropiadamente que se convirtieron en ilusión y euforia a los pocos segundos cuando se abrió la puerta y apareció un hombre enormemente musculado y en el que reconocí al instante el enorme pene que había intentado complacer.

“¿Es tu primera vez en un gloryhole, zorrita?” - preguntó con una voz tan profunda que semejaba de ultratumba” - “Lo es, sí” - respondí con un balbuceo que le hizo reír al tiempo que yo me sonrojaba. Pasó al interior sin cerrar la puerta y me asió del pelo haciendo algo parecido a una brida para tomar las riendas de mis movimientos. Giró mi cabeza hacia la polla que permanecía sobresaliendo de la pared y me incitó - “Cógela y empieza besándola, eso es, muy bien, ahora saca la lengua y lame, sí, así, como si fuera un helado, no dejes de mover la lengua y mastúrbale despacio. Ahora abre la boca, intenta tragar un poco, poco, no intentes tragarla toda de golpe, zorra, pareces muy hambrienta ¿no te dan de comer en casa?” - Le miré entre avergonzada y excitada para responderle -”Mi novio no tiene ni la mitad de polla y yo ni siquiera había visto porno hasta que entré aquí pero ahora necesito que me folléis sin parar, me habéis puesto en celo con vuestras enormes pollas”. Escuchada mi súplica me alzó en pie tirándome del pelo y gritó - “Esta es primeriza, vamos a llevarla a los reservados” - Salimos del aseo y el otro hombre se nos unió en un intrincado camino hasta la zona opuesta del pasillo, donde se encontraban al menos una docena de puertas a ambos lados, yo andaba cogida de la mano de mi instructor y sentía más nervios a cada paso, tantos que estuve a punto de arrepentirme aunque también me notaba más mojada e impaciente por ser penetrada…FIN del primer capitulo, parte 2 en la red social del autor original todos los derechos reservados:
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