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mi mamá lleva a mi amigo

Brandon estaba furioso otra vez. Su madre Adilene lo recogía todos los días frente a la secundaria en esa moto ruidosa y él odiaba que lo hiciera. Quería llegar con sus compañeros, no que su mamá tetona y culona lo estuviera esperando como si fuera un niño chico.

Ese día el sol pegaba fuerte. Adilene bajó de la moto con su uniforme ajustado que apenas contenía sus enormes tetas y su culo redondo y pesado. El escote profundo dejaba ver la mitad de sus pechos y la falda se le pegaba al trasero.

—Brandon, sube, te llevo a casa—dijo ella con esa voz dulce.

—Vete ya, no necesito que me recojas como si tuviera cinco años—le contestó Brandon de mala manera, empujando su mochila contra el pecho de su madre.

Adilene se quedó callada, dolida, cuando de pronto apareció Angel Gabriel, el amigo de Brandon. Un chico negro, flaco, con la piel pegada a los huesos, la cara llena de granos y una sonrisa torcida. Parecía desnutrido y feo, pero tenía algo en la mirada.

—Oye Brandon, dile otra vez que se vaya—susurró Angel al oído de su amigo—. Háblale más feo.

Brandon frunció el ceño pero repitió:

—Lárgate de una vez, no quiero que estés aquí.

Adilene tragó saliva. Algo en la forma en que Angel la miraba la hizo sentir rara. El chico negro se acercó y le sonrió.

—Señora Adilene, ¿me podría llevar a mi casa? Vivo lejos y hace mucho calor.

Ella dudó solo un segundo. Luego sonrió, conmovida por la forma educada en que Angel le hablaba.

—Claro que sí, hijo. Súbete.

Angel no esperó ni un segundo. Se montó detrás de Adilene en la moto, pegando su cuerpo flaco contra las curvas de la mujer. Sus manos delgadas rodearon la cintura de Adilene, sintiendo la suavidad de su vientre y rozando la parte baja de sus tetas enormes.

Brandon se quedó plantado en la acera.

—¿Y ahora quién me acompaña?

Angel se rio, apretando más fuerte a Adilene.

—Vete caminando, Brandon. Yo me voy con tu mamá.

La moto arrancó. Brandon tuvo que caminar bajo el sol ardiente mientras veía cómo su amigo flaco y negro se iba abrazado a su madre tetona y culona. Las manos de Angel subían poco a poco, rozando las tetas de Adilene por debajo. Ella no decía nada, solo conducía.

Cuando llegaron a la casa de Angel, un pequeño departamento en las afueras, Adilene apagó la moto. Angel bajó primero y le tendió la mano para ayudarla a ella. En cuanto Adilene puso un pie en el suelo, Angel la atrajo hacia él y le dio un beso largo en la mejilla, casi rozando la comisura de sus labios.

—Gracias por traerme, señora Adilene. Mañana me recoge otra vez, ¿verdad?

Adilene sintió un calor extraño entre las piernas. Asintió.

—Sí, Angel. Todos los días.

Los días siguientes fueron iguales. Adilene ya no iba por Brandon. Llegaba directo a buscar a Angel. El chico negro subía a la moto y se pegaba contra ella, sus manos cada vez más atrevidas. Una mañana, mientras conducían, Angel subió las manos y agarró las tetas enormes de Adilene por encima de la blusa. Ella jadeó pero no lo detuvo. Sus pezones se endurecieron al instante.

Esa tarde, cuando llegaron a la casa de Angel, él la tomó de la cintura y la besó en la boca. Un beso húmedo, con lengua. Adilene gimió contra sus labios. Angel la empujó contra la puerta y le metió la mano por debajo de la falda, apretando sus nalgas grandes y suaves.

—Qué culo tan rico tiene, señora Adilene—gruñó Angel contra su boca.

Adilene temblaba. Dejó que el chico negro la metiera dentro de la casa. En cuanto cerraron la puerta, Angel la volteó contra la pared y le bajó la falda. El culo de Adilene quedó expuesto, dos globos redondos y pesados. Angel le dio la primera nalgada fuerte. El sonido resonó en la habitación.

—Ah—gimió Adilene.

Angel le dio otra nalgada, y otra. Las nalgas de la mujer se pusieron rojas. Él se arrodilló detrás de ella y le mordió una nalga, luego lamió la marca. Adilene abrió las piernas sin que él se lo pidiera. Angel metió la cara entre sus nalgas y le lamió el coño desde atrás. Su lengua delgada entraba y salía de la vagina mojada de Adilene mientras ella gemía contra la pared.

—Angel… por favor…—suplicó ella.

El chico negro se bajó los pantalones. Su polla negra, larga y delgada, saltó libre. Sin decir nada, Angel empujó su verga dentro del coño de Adilene. Ella gritó de placer. El pene de Angel era más grande de lo que parecía y la llenaba por completo. Empezó a follarla contra la pared, metiendo y sacando su polla negra con fuerza. Cada embestida hacía que las tetas de Adilene golpearan la pared.

—Su puta madre, Brandon—jadeó Angel mientras follaba a Adilene—. Su mamá es mi puta ahora.

Adilene solo gemía. Se corrió dos veces antes de que Angel eyaculara dentro de ella, llenándole el útero de semen caliente. Cuando terminó, Angel le dio otra nalgada y le dijo:

—Mañana la recojo yo en la moto, señora Adilene. Usted me espera en la puerta de mi casa.

Así pasaron las semanas. Brandon caminaba solo a la secundaria bajo el sol mientras su madre recogía a Angel. Cada tarde, Adilene llevaba al chico negro a su casa y se quedaban horas follado. Angel le daba nalgadas hasta dejarle el culo rojo, le chupaba las tetas hasta dejarle moretones, y la follaba en todas las posiciones: de perrito, contra la pared, sentada en su regazo, de pie en la ducha. Adilene ya no escondía nada. Le chupaba la polla a Angel hasta que él se corría en su boca, tragándose el semen. Le dejaba que le metiera los dedos en el culo mientras la follaba. Una vez Angel invitó a dos amigos suyos y los tres se turnaron para follar a Adilene toda la tarde. Ella se dejó usar, chupando pollas negras mientras le metían otra por el coño y otra por el culo.

Brandon nunca supo los detalles, pero cada vez que veía a Angel en la escuela, el chico negro le sonreía con superioridad. Una tarde Brandon llegó caminando a su casa y encontró a su madre en la cocina, con la falda subida y el culo lleno de marcas de manos. Angel estaba detrás de ella, follándola contra la mesa mientras Adilene gemía su nombre.

—Angel… sí… fóllame más fuerte…

Brandon se quedó congelado en la puerta. Angel lo miró y le guiñó un ojo sin dejar de meterle la polla a su madre.

—Sigue caminando, Brandon. Tu mamá ya tiene quien la lleve.

Adilene ni siquiera se dio cuenta de que su hijo estaba allí. Estaba demasiado ocupada siendo la puta personal de Angel Gabriel.

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