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Juego psicológico 11

Caminaba por el sendero del pueblo como si no fuera yo quien movía las piernas. Me sentía extrañamente liviano, como si mi conciencia se hubiera despegado de mi cuerpo y estuviera flotando a un metro de altura, observando desde arriba a ese man pálido y atontado que caminaba al lado de una mujer hermosa. Era una sensación de ir en modo automático; mis pies se movían, mis pulmones respiraban, pero por dentro yo estaba anestesiado, en un vacío absoluto donde el ruido del mundo se escuchaba lejano, como si estuviera debajo del agua.

Sofía me agarraba la mano con una ternura que me resultaba asfixiante. Sentía la calidez de sus dedos entrelazados con los míos y, en un chispazo de memoria, mi cerebro me proyectó la imagen de esa misma mano apretando la verga de Camilo mientras ellos se daban el gusto en la ducha. La disonancia era tan violenta que sentí un mareo. Ella se detuvo frente a una casona vieja con un viñedo que se extendía hasta el horizonte y me miró con unos ojos que brillaban de una ilusión tan sincera que me daba miedo.

**SOFÍA:** 
Mira, mi amor... Qué sitio tan hermoso. Cuando nos casemos, quiero que la fiesta sea en un lugar así. Me muero por verte en traje de novio, Julián... Tú eres el hombre de mi vida, el que me va a dar mis hijos.

Yo no dije nada. No pude. Solo asentí con la cabeza como un muñeco de trapo. Mientras ella hablaba de un futuro conmigo, de una familia y de un altar, yo solo podía pensar en que esa mujer era una perra insaciable que se dejaba reventar por el amigo de la casa mientras yo era el tonto que le sostenía la mano. Pero lo peor era que, mientras más me sentía humillado, más sentía cómo mi verga se despertaba en mi pantaloneta. Era una traición de mi propio cuerpo; el asco y la excitación se habían fundido en un solo sentimiento que me dejaba paralizado.

Regresamos a la casa y la noche cayó con una calma que se sentía falsa, como la quietud que precede a una tormenta. Cenamos con los suegros y con Camilo en una atmósfera extrañamente pacífica. Nadie decía nada, nadie gritaba; solo se escuchaba el sonido de los cubiertos y las risas casuales. Cuando nos fuimos a dormir, no hubo sexo. Sofía se acurrucó contra mí, pegando su culo a mi ingle y dándome besos cortos y dulces en el cuello. Me quedé dormido creyendo que, tal vez, la pesadilla se había detenido, que el orden se había restablecido. Qué pendeja fue mi esperanza.

Al día siguiente desperté con la luz del sol golpeándome la cara. Sofía ya no estaba en la cama. Me puse la pantaloneta y salí al pasillo con la cabeza todavía aturdida, buscando el baño para terminar de terminar de despertar. Pero cuando pasé frente a la habitación de huéspedes, el corazón se me detuvo. La puerta estaba abierta de par en par, sin ningún rastro de pudor.

A plena luz del día, en el centro de la habitación, Sofía estaba en cuclillas, montada en canelita encima de Camilo. Estaba sudada, con el cabello suelto y desordenado que caía sobre sus hombros mientras rebotaba rítmicamente sobre la verga del man. Sus nalgas chocaban contra los muslos de Camilo con un sonido seco y violento que retumbaba en todo el pasillo.

**SOFÍA:** 
(Gimiendo descarada, rebotando arriba y abajo con una fuerza animal) 
¡Ah... ah... ah...! ¡Eso, Cami! ¡Métamela toda, uff... qué verga tan rica!... ¡Sigue así, no pares!

Juego psicológico 11

**CAMILO:** 
(Agarrándole las caderas con saña, hundiéndola en cada estocada) 
¡Mire cómo rebota esta perra! ¡Le encanta que se la hunda bien profundo!... ¡Sienta cómo la rompo, mami!

*PLAS, PLAS, PLAS / PLOC, PLOC, PLOC*

El sonido de la carne chocando era ensordecedor. Me quedé ahí parado, rígido como una piedra en el marco de la puerta. Sentí cómo la sangre se me concentraba toda en la verga, que se marcaba obscenamente en la pantaloneta mientras el shock erótico me dejaba sin aire. En ese momento, Sofía giró la cabeza y sus ojos se encontraron con los míos. No se tapó. No se asustó. No intentó bajarse de Camilo. Al contrario, sonrió con un morbo helado, manteniendo el ritmo del rebote, haciendo que su pussy se tragara cada centímetro de la verga del amigo mientras me miraba fijamente a los ojos.

**SOFÍA:** 
(Jadeando fuerte, con la voz entrecortada por el esfuerzo del sexo) 
Hola, mi amor... ah... ah... buenos días, mi gordo... Mírame cómo me estoy gozando a Cami... ahhh... Hazme un favor, mi vida... ve bajando a la cocina y me vas preparando el desayunito con el café bien caliente... ah... ah... que ya casi termino aquí de atenderlo y bajo a estar contigo, ¿sí, mi cielo?

**CAMILO:** 
(Riéndose entre jadeos mientras le daba un azote fuerte en la nalga) 
Eso, hermano... vaya haciendo el café que la novia suya bajará con hambre después de que la deje bien servida.

Mi mente colapsó por completo. No hubo gritos, no hubo peleas, no hubo drama. Simplemente dejé de ser el protagonista de mi vida para convertirme en un espectador. Di media vuelta en un trance absoluto, sintiéndome como un autómata. Bajé las escaleras mientras el sonido del *plas, plas, plas* todavía retumbaba en el piso de arriba, marcando el ritmo de mi humillación. Entré en la cocina, saqué la cafetera y puse el agua a calentar para mi novia y para el amante que la estaba haciendo gemir en la habitación de al lado. Me quedé ahí, mirando el vapor del café, escuchando el eco de la traición y aceptando que ahora mi único propósito en esa casa era servir el desayuno mientras ellos se servían de mi mujer.

1 comentarios - Juego psicológico 11

pedrolopezz821
Sería bueno que ella lo ponga a mamarle la verga a Camilo
Daysi1320
Ñerda jejejer no sé jajaja