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El pacto 27 fin

La casa estaba sumergida en una oscuridad densa. A mi lado, Laura dormía con la pesadez de los que han entregado todo al placer; estaba despeinada, con un brazo cayendo fuera de la sábana y la respiración profunda y rítmica. Me quedé quieto un momento, observando la curva de su espalda, sabiendo que esa misma piel guardaba los secretos más sucios de la familia. Con un movimiento lento y casi imperceptible, estiré la mano hacia la mesita de noche y tomé su celular. La adrenalina me recorrió la columna como una descarga eléctrica; el simple hecho de robarle su privacidad me ponía la verga tan dura que sentía que iba a romper la tela de mi pijama.
El pacto 27  fin

En la oscuridad , la luz de la pantalla fue un destello violento. Comencé la inspección minuciosa, con el corazón martilleando en mis oídos. Lo primero que vi fue un chat con un contacto sin nombre ni foto de perfil, una jugada cínica de Laura para proteger su rastro. Pero al entrar, la identidad del interlocutor saltó a la vista de inmediato por la forma en que se hablaban.
NÚMERO DESCONOCIDO (TÍO MANUEL): (Video adjunto de 45 segundos) Mire este recuerdito que me encontré en el celular, mi amor... Me acuerdo de ese motel y me vuelve a dar hambre. Mire cómo rebotaban esas nalgas cuando te la meto bien profundo. Tan juiciosa que se ve en la casa y lo perra que se pone conmigo.
Reproduje el video con el volumen al mínimo. La imagen era nítida y obscena: Laura en la tina de un motel, con el agua salpicando mientras su culo se movía y se veía su ano bien grandete bajo el empuje de una verga que se hundía en su vagina con una saña animal. Sus gemidos ahogados en el video eran una sinfonía de depravación.
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LAURA: ¡Ay, Manu! No me mande eso a esta hora que me dan ganas de salir corriendo para allá... Guarde bien esos videos para cuando Daniel se vaya a jugar fútbol y tengamos la tarde sola. Aliste esa verga porque la próxima vez no lo voy a dejar salir del jacuzzi.
Sentí un nudo de excitación en el estómago. Mi mujer planeaba sus encuentros con su propio tío aprovechando mis horarios de gimnasio. Pero el verdadero golpe no vendría de ese chat, sino del siguiente. Pasé al chat con Paola y leí la conversación que habían tenido esa misma tarde.
LAURA: ¡Pao, me va a dar un paro cardíaco! Tengo dos semanas de retraso y la prueba de farmacia me acaba de marcar las dos rayas. ¡Estoy embarazada, marica, no sé qué hacer!
PAOLA: Jajajajaa ¡no me diga eso! Pero ven acá, ¿y de quién es el regalito? Porque la lista suya parece nómina de empresa...
LAURA: ¡Ese es el problema! No sé si es de Daniel, si se me coló un soldado de Esteban, de los strippers de la despedida... ¡o si es del Tío Manuel! Es más, Pao, hasta usted podría ser el papá por todas las palizas que me da con ese strap on en los hoteles.
PAOLA: Jajajajaja ¡tan conchuda! Fresca que si salió de mi strap on yo le respondo por la leche y le pago la leche al chino. Pero ya en serio, déjese de padas. Atribúyaselo a Daniel. Usted es la esposa perfecta, él es un pan de Dios que no sospecha ni una mierda. Dígale que va a ser papá y siga coronando.
LAURA: Sí, tienes razón... Yo amo la vida con Daniel, no lo voy a perder por nada. Voy a decirle que es de él y así me aseguro de tener lo mejor de los dos mundos.
Apagué la pantalla y me quedé en la oscuridad, con el rostro iluminado por la memoria de esas palabras. La revelación fue un disparo de placer que me dejó sin aliento: Laura estaba embarazada y planeaba usarme como el chivo expiatorio de su descontrol. No sabía si el hijo que crecía en su vientre era mío, de Esteban, de un stripper o del propio Tío Manuel, y esa incertidumbre me volvía loco. Me saqué la verga del pantalón y empecé a masturbarme en silencio, con la mirada fija en su silueta dormida, disfrutando de mi posición de titiritero en esta farsa obscena. Me corrí en la penumbra, sintiendo que el morbo de saber que mi hijo era un producto de la depravación colectiva me elevaba a un nivel de éxtasis que nunca antes había conocido.
A la mañana siguiente, la luz del sol inundaba la cocina cuando escuché sus pasos. Laura se acercó a mí con esa expresión de "mosquita muerta" que tanto amaba y tanto detestaba. Se veía radiante, pero sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía un pequeño objeto plástico. Se acercó y me mostró la prueba de embarazo con unas lágrimas fingidas de emoción que habrían engañado a cualquier santo.
LAURA: (Con la voz quebrada y una sonrisa de pura ternura) Mi amor... no sé cómo decirte esto... pero creo que vamos a ser papás. Mira... dio positivo.
Sentí un vuelco en el corazón, pero no de sorpresa, sino de un triunfo perverso. Me acerqué a ella y la rodeé con mis brazos, cargándola y dándole vueltas mientras fingía ser el hombre más dichoso y orgulloso del mundo.
DANIEL: (Con una voz cargada de una emoción perfectamente ensayada) ¡No puede ser!... ¡Mi vida, es la noticia más maravillosa de mi vida! ¡Vamos a ser papás!... Te amo tanto, Laura, gracias por este regalo.
La besé con pasión, mientras por dentro reía con cinismo. La princesa de la mentira acababa de coronarse, y yo, el cornudo más feliz del mundo, estaba listo para jugar mi papel en esta familia de demonios.
EPÍLOGO: 8 AÑOS DESPUÉS
De esta historia que les he venido contando ya han pasado ocho largos años. Hoy puedo decirles, con una copa de whisky en la mano y una sonrisa de satisfacción en los labios, que sigo felizmente casado con Laura.
En nuestra casa ya corretean dos carajitos. Y les soy 100% sincero: jamás en la vida se me ocurrió pedir una prueba de ADN, ni me quitó el sueño un solo segundo saber si la sangre que llevan en las venas es mía, de los strippers, de Esteban o de su propio Tío Manuel. Para la sociedad, para la familia y para el mundo entero, yo soy el padre abnegado, cariñoso y ejemplar que los educa y los consiente.
Lo más sabroso de todos estos años ha sido ver cómo la dinámica se asentó en una perfecta armonía de depravación. Con Esteban sigo jugando fútbol los domingos; nos tomamos nuestras cervezas después del partido, me abraza diciéndome que soy su hermano del alma, y a mí me produce un morbo insoportable ver cómo intenta disimular el sudor cuando se me come a la mujer a escondidas en el carro. Laura sigue inventándose "reuniones de trabajo" o escapadas de fin de semana para perderse con el Tío Manuel en moteles de carretera, llegando el domingo por la noche con cara de agotada a pedirme que le haga masajes en la espalda. Y Paola... bueno, Paola se convirtió en la visitante frecuente de la casa, cayendo los viernes para sus noches de vino, secretos y juegos a puerta cerrada que yo disfruto escuchando desde la sala.
Laura jura que me tienen engañado. Todos caminan sobre huevos a mi alrededor, sintiéndose muy astutos por jugarle sucio al "maridito inocente". Lo que ninguno de ellos llegará a sospechar jamás es que fui yo quien coronó el premio gordo: tengo el hogar perfecto, una esposa complaciente y el espectáculo voyerista más sucio y morboso de la tierra garantizado en mi propia cara... para toda la vida.

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