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La Cura Prohibida Cap 7 - Experimentos

Ambos se quedaron dormidos sobre la camilla, agotados. Cuando despertaron, seguían siendo ellos. Sofía abrió los ojos, se tocó el hombro mordido y después miró a Carlos con una mezcla de alivio y algo más suave.

—Le juré a mi esposo que solo con él tendría sexo anal… pero gracias por arriesgarte por mí.

Parece que has hecho un gran descubrimiento: el sexo anal es seguro para ambos. Ya no dependeremos solo de los condones. Gracias, Carlos. Te amo.

Él le acarició el cabello, todavía con restos de polvo y sangre seca.

—Gracias a ti, Sofi. Te amo también. Ahora es hora de recuperar la oxitocina.

La Cura Prohibida Cap 7 - Experimentos

Salieron con cuidado. Los zombies se habían dispersado. Recuperaron la mochila donde había caído, comprobaron que las cinco ampolletas seguían intactas y emprendieron el regreso.

Llegaron al complejo exhaustos, al anochecer. No le contaron a nadie lo que habían encontrado ni lo que habían descubierto. Solo pidieron agua caliente y se encerraron en la habitación de Sofía.

incesto

Se metieron juntos en la bañera improvisada —un tinaco grande con agua calentada a duras penas—. El vapor llenaba el aire. Carlos le enjabonó la espalda, las manos resbalando por la curva de su cintura hasta el gran trasero. Sofía se giró, lo tomó por la nuca y lo besó con hambre. La polla de Carlos ya estaba dura contra su vientre. Ella se agachó dentro del agua y se lo llevó a la boca, chupándolo despacio, saboreando el sabor a jabón y a piel. Después se levantó, le dio la espalda, apoyó las manos en el borde del tinaco y empujó el culo hacia él.

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Carlos escupió sobre sus dedos, la preparó un momento y entró en su culo de un empujón lento. El agua se movía a su alrededor mientras la follaba con fuerza, las manos clavadas en esas caderas anchas, el sonido de piel mojada chocando. Sofía gemía, pidiendo más, y cuando él se corrió dentro ella se tocó el clítoris hasta llegar también, temblando contra él.

Al día siguiente Sofía propuso probar la oxitocina primero en Camila. No sabían qué cantidad sería necesaria y preferían no arriesgar una dosis completa sin control.

Carlos habló con su madre. Le contó todo: lo de la búsqueda, lo de Sofía, la mordida, el descubrimiento del anal, las ampolletas. Camila lo escuchó en silencio, la expresión seria. Al final asintió.

madre

—Está bien. Si hay una chance… la tomo.

Fueron con Sofía. Ella preparó una dosis baja y se la inyectó a Camila en el brazo. Después miró a Carlos.

madura

—Ve con ella a su habitación. Quédate al pendiente de su estado. Cualquier cambio raro, me avisas.

En solo unos minutos el efecto se notó. Camila se quedó quieta un momento, la respiración acelerándose. Después un calor intenso le subió desde el bajo vientre. Los ojos se le enturbiaron de necesidad. Se le fue encima a Carlos, casi arrancándole la ropa, las manos temblorosas, la voz rota:

madre e hijo

—Por favor… hijo, te necesito. Me estoy muriendo de ganas. Cógeme. Por favor.

Carlos supo que si no lo hacía, ella buscaría a cualquier otro… y la perdería. Sacó un condón, se lo puso con dedos torpes y la besó con fuerza.

La primera vez fue contra la pared. Le levantó una pierna, le abrió el coño con los dedos y entró de un embiste. Camila gritó de alivio, las uñas clavadas en su espalda. Carlos la folló de pie, profundo, rápido, el cuerpo voluptuoso de su madre rebotando contra el muro. Las tetas pesadas se le escapaban de la blusa; él las sacó y las chupó mientras embestía.

La Cura Prohibida Cap 7 - Experimentos

—Más… más duro, hijo… no pares —jadeaba ella.

La llevó a la cama. La puso a cuatro patas y la penetró desde atrás, las manos agarrándole las caderas anchas, el sonido húmedo llenando la habitación. Camila empujaba hacia atrás, pidiendo que llegara más hondo. Él le dio una nalgada y ella se corrió con un gemido largo, el coño apretándolo en espasmos.

incesto

No terminó ahí. Carlos se recostó y ella se montó. Se lo cabalgó con desesperación, rebotando, las tetas saltándole en la cara. Él le sujetaba el culo y le embestía desde abajo. Cambiaron otra vez: ella de lado, una pierna levantada, él entrando profundo mientras le frotaba el clítoris.

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Después la puso de espaldas, le abrió las piernas hasta casi doblarla y la cogió con fuerza, mirándola a los ojos.

—Te amo, mamá —gruñó contra su boca.
—Te amo, hijo… cógeme, lléname… no pares…

Se corrieron juntos. Camila arqueó la espalda, el orgasmo la sacudió con violencia; Carlos la siguió segundos después, vaciándose dentro del condón mientras ella todavía se contraía a su alrededor.

madre

Quedaron abrazados, sudorosos, la respiración entrecortada. El calor de la oxitocina seguía ahí, pero ya no era desesperación pura. Era algo más profundo, más peligroso… y más suyo.

madura

Después de la dosis de oxitocina, Camila no volvió a sentir esa urgencia desesperada. Pasó más de un mes sin que el calor la empujara hacia nadie. Dormía mejor, trabajaba en la cocina con la mente clara y, aunque seguía compartiendo cama con Carlos, las noches eran tranquilas. El experimento había funcionado… al menos en ella.

madre e hijo

Sofía decidió que era su turno.

Una tarde, después de revisar las cuatro ampolletas que quedaban, llamó a Carlos a su habitación. Se inyectó la misma cantidad que le habían puesto a Camila. Se sentaron a esperar. A los pocos minutos el cambio fue evidente: la respiración de Sofía se aceleró, las mejillas se le colorearon y un brillo febril le apareció en los ojos. Se removió en la silla, cruzó y descruzó las piernas, y de pronto se levantó.

La Cura Prohibida Cap 7 - Experimentos

—Chico… ya empezó. Atiéndeme.

Carlos no necesitó que se lo pidiera dos veces. Cerró la puerta con llave, la empujó contra la pared y la besó con fuerza. Sofía le arrancó la camiseta mientras él le bajaba los pantalones. El gran trasero quedó libre; Carlos lo apreció un segundo con las manos antes de voltearla y hacerla apoyarse en el escritorio. Le separó las nalgas, escupió sobre su coño ya empapado y empujó la polla dentro de un solo embiste profundo.

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Sofía gritó de alivio.

—¡Joder, sí… así!

Él la folló sin contención, las caderas chocando contra ese culo redondo una y otra vez. Las manos le sujetaban la cintura con fuerza; cada embestida sacudía el cuerpo entero de Sofía. Ella empujaba hacia atrás, buscando más profundidad, gemía sin cuidarse de quién pudiera escuchar. Carlos le levantó una pierna para abrirla más y cambió el ángulo, golpeando exactamente el punto que la hacía temblar.

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La volteó. La sentó en el borde del escritorio, le abrió los muslos y volvió a entrar. Ahora la miraba a la cara mientras la cogía. Sofía le clavaba las uñas en los hombros, los labios entreabiertos, los ojos vidriosos de placer. Él se inclinó y le chupó una de las tetas pequeñas, mordisqueando el pezón al mismo tiempo que embestía más rápido.

madre

—Más duro… no pares, Carlos… me estoy corriendo…

madura

Se corrió con un gemido agudo, el coño apretándole la verga en espasmos fuertes. Carlos no se detuvo. La bajó del escritorio, la puso a cuatro patas en la cama y la penetró de nuevo, esta vez más profundo, casi brutal. El sonido de la piel contra piel llenaba la habitación. Sofía hundía la cara en la almohada y empujaba el culo hacia él, pidiendo que la usara sin piedad.

madre e hijo

La montó después. Se sentó sobre la polla de Carlos y se lo cabalgó con desesperación, rebotando, el gran trasero golpeándole los muslos. Carlos le sujetaba las caderas y le embestía desde abajo cada vez que ella bajaba. El sudor les resbalaba por la piel. Sofía se corrió una segunda vez, el cuerpo entero sacudiéndose, y en medio del orgasmo Carlos la volteó sin salir de ella, la puso de lado y siguió follándola hasta que él también terminó, gruñendo contra su cuello mientras se vaciaba dentro del condón.

La Cura Prohibida Cap 7 - Experimentos

Quedaron enredados, jadeando. Sofía todavía tenía pequeños temblores residuales. Carlos le acarició el cabello húmedo de sudor y le besó la sien.

Ella soltó una risa baja, cansada y satisfecha.

—Funciona… joder, funciona.

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Una semana después, en mitad de la noche, Carlos despertó por el movimiento a su lado.

Camila estaba inquieta, la respiración agitada, el cuerpo caliente bajo las sábanas. Se giró hacia él y le buscó la entrepierna con la mano, encontrándolo ya semi-erecto por el roce.

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—Hijo… otra vez —susurró con la voz ronca de necesidad—. Me está subiendo el calor. Por favor… ayúdame. Te necesito dentro.

Carlos buscó a tientas en el cajón improvisado. Vacío. Ya no quedaban condones. Habían agotado los últimos días atrás. Por un segundo dudó. Después recordó lo que habían descubierto con Sofía: el sexo anal era seguro. No transmitía el virus. Y con su madre… ya no había barreras que no hubieran cruzado.

madre

—No quedan condones —le dijo en voz baja—. Pero puedo… por detrás. Es seguro.

Camila asintió sin dudar, casi con alivio. Se puso de rodillas sobre la cama, le dio la espalda y arqueó la espalda, ofreciéndole ese culo maduro y redondo que él había mirado tantas veces en secreto. Carlos se arrodilló detrás de ella. Le separó las nalgas con las manos, admirando por un momento la entrada apretada. Escupió sobre sus dedos y empezó a prepararla con cuidado: un dedo primero, despacio, girando, empujando hasta que el músculo cedió. Después dos. Camila gemía contra la almohada, empujando hacia atrás, impaciente.

madura

—Ya… por favor, hijo. Métela.

Carlos alineó la polla, todavía solo con saliva, y empujó. La cabeza abrió paso con dificultad. Camila soltó un gemido largo, mezclado de molestia y placer. Él avanzó centímetro a centímetro, sintiendo cómo el culo de su madre lo apretaba con una fuerza casi dolorosa, hasta que estuvo completamente dentro. Se quedó quieto un momento, dejándola acostumbrarse, las manos firmes en sus caderas anchas.

—¿Estás bien? —preguntó, la voz tensa.
—Sí… muévete. Fóllame.

Empezó despacio. Embistió con cuidado al principio, sacando casi toda la longitud y volviendo a entrar hasta el fondo. El calor y la presión eran intensos. Camila empujaba hacia atrás cada vez, buscando más. Poco a poco Carlos aceleró. El sonido de sus caderas chocando contra el culo de su madre llenó la habitación. Ella gemía sin taparse la boca, pidiendo más duro, más profundo. Él le dio una nalgada y ella se estremeció de placer.

La inclinó más hacia adelante, casi con el pecho pegado a la cama, y cambió el ángulo. Ahora entraba más hondo. Una mano le rodeó la cintura y bajó hasta su coño, encontrándolo empapado. Le frotó el clítoris con los dedos mientras la follaba por detrás. Camila se corrió primero: el cuerpo se le tensó, el culo le apretó la verga en espasmos rítmicos y un gemido ahogado se le escapó contra la sábana.

Carlos no se detuvo. La sostuvo por las caderas y siguió embistiendo con más fuerza, usando el cuerpo maduro de su madre sin reserva. El sudor les resbalaba por la piel. Ella temblaba todavía por el orgasmo cuando él sintió que llegaba. Se hundió hasta el fondo y se corrió dentro de ella, llenándole el culo con chorros calientes, gruñendo su nombre contra su espalda.

Se quedaron así un rato, unidos, jadeando. Después Carlos se retiró con cuidado. Camila se dejó caer de lado, todavía con pequeños temblores. Él se recostó detrás de ella y la abrazó por la cintura, el pecho pegado a su espalda.

—Gracias… —murmuró ella, la voz ya más calmada—. Te amo.
—También te amo—respondió él, besándole el hombro.

Afuera el complejo dormía. Dentro de la habitación, el olor a sexo y el calor de sus cuerpos mezclados eran la única prueba de lo que acababa de pasar.

Al día siguiente Carlos y Camila fueron a ver a Sofía. Le contaron lo ocurrido la noche anterior: el calor había vuelto a Camila a pesar de la dosis anterior.

madre e hijo

Sofía frunció el ceño, pensativa.

—Pudo ser la dosis… o que hace falta más de una aplicación. Propongo que nos inyectemos las dos. Conmigo vemos si varias dosis seguidas funcionan. Con Camila probamos una más fuerte. Así sabremos qué es lo que realmente frena esto.

Ambas aceptaron. Sofía preparó las jeringas. A Camila le puso una dosis notablemente más alta. A ella misma, una normal. Se inyectaron casi al mismo tiempo.

Los efectos no tardaron.

En menos de cinco minutos el calor subió como una ola. Camila fue la primera en notar la desesperación: las piernas le temblaban, el coño se le empapó de inmediato y se le acercó a Carlos casi arrastrándose.

La Cura Prohibida Cap 7 - Experimentos

—Hijo… ahora. Por favor.

Sofía no estaba mucho mejor. Se mordió el labio, los ojos ya nublados de necesidad, y se quitó la camiseta de un tirón.

—Los condones se acabaron anoche —dijo Carlos, la voz tensa—. Solo queda el anal.

Ninguna de las dos discutió.

Carlos las llevó a la cama grande de Sofía. Primero atendió a su madre. La puso a cuatro patas, le separó las nalgas y, con saliva y los dedos, la preparó lo más rápido que pudo. Camila empujaba hacia atrás, impaciente. Cuando él alineó la polla y empujó, ella soltó un gemido gutural al sentirlo abrirse paso dentro de su culo. Carlos no se contuvo: la folló con fuerza desde el primer momento, las manos clavadas en esas caderas maduras y anchas, embistiendo profundo mientras ella gemía su nombre y pedía más.

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Sofía no esperó su turno. Se colocó delante de Camila, de rodillas, y le ofreció el coño a la boca. Camila, todavía siendo penetrada por detrás, empezó a lamerla con hambre, chupándole el clítoris mientras su hijo le follaba el culo. Sofía le agarró el cabello y se frotó contra su cara, gimiendo.

Después cambiaron. Carlos sacó la polla de su madre, todavía dura y brillante de saliva, y se la clavó a Sofía de un embiste. El gran trasero de la líder se abrió alrededor de él con un gemido agudo. La cogió sin piedad, las caderas chocando una y otra vez, mientras Camila se sentaba delante y le ofrecía sus tetas pesadas para que Sofía las chupara. El sonido de piel contra piel, gemidos y respiraciones agitadas llenaba la habitación.

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Carlos las fue alternando. Un rato follaba el culo de Sofía con embestidas profundas y rápidas; después volvía al de su madre, más apretado, más caliente. Las dos se tocaban entre ellas: se besaban, se chupaban los pezones, se metían los dedos en el coño mientras él las usaba por detrás. En un momento las puso una al lado de la otra, ambas de rodillas, los dos culos expuestos. Entraba en una, daba varias embestidas fuertes, salía y se clavaba en la otra sin perder el ritmo.

madre

Camila se corrió primero, el culo apretándole la verga en espasmos mientras gritaba contra la almohada. Sofía la siguió minutos después, el cuerpo entero temblando, un hilo de saliva resbalándole por la comisura de los labios. Carlos no aguantó mucho más. Se hundió hasta el fondo en el culo de Sofía y se corrió con un gruñido largo, llenándola. Todavía semiduro, pasó a su madre y terminó de vaciarse dentro de ella también.

Los tres cayeron sobre la cama, sudorosos, jadeando, los cuerpos enredados.

El olor a sexo era espeso. Afuera el complejo seguía con su rutina. Dentro de esa habitación, por un rato, solo existían ellos tres y el alivio temporal que se habían dado.

madura

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