Luego de fallecer mi padre bastante joven, ví a mi madre que había luchado para sacarnos adelante con mi hermana, que no había tenido una vida tranquila.
Fue así que la empecé a empujar a que se haga amigos virtuales y que viva la vida a sus 50 años.
De esta manera conoció a Esteban, un señor musculoso de unos 20 años menor que ella. Deportista, sano, que salía de una relación de años con una pendeja. Claro, el tipo venía buscando algo maduro.
Entrando en confianza lo invitamos con amigos a jugar al fútbol y en un día en el vestuario, mientras se bañaba, vimos otro motivo por el cual mi madre se había enganchado. Tenía un pedazo de poronga enorme.
Yo nunca había tenido la fantasía relacionada a mi madre, hasta que una vez me pidió que la ayudara con su celular que se había trancado. Encontré un video donde le mandó a Esteban mientras se colaba un consolador en la concha. Pero estaba muy empapada, y costaba entrar. No pude ver más nada.
Tantos años sin sexo de mi madre le habían cerrado la concha. Era de esperarse.
Un día estaba yendo a la casa de un amigo, para dejarlos solos, pero a último momento me canceló. Mientras cambiaba de plan, volví lentamente a casa, a mi cuarto. Que para entrar, tenía que pasar por la puerta del suyo.
Empecé a sentir respiración agitada, ruido de besos, todo desenfrenado. La puerta estaba cerrada, tenía muchas ganas de abrirla. Solo pude pispear por la cerradura, ya que estaba todo muy oscuro, apenas la luz de afuera dejaba ver alguna sombra o algo de lo que se sentía.
Luego de ese festival de sonidos, comienzo a sentir arcadas. Y escupidas. Si, era mi madre comiéndose la verga gigante de Esteban, quien no paraba de quejarse. Ese ruido de arcadas, se mezclaban con el de chupadas, de seguro estaban haciendo un 69.
"Tenés la concha hirviendo, está pronta", decía Esteban. "Te juro, que por favor, vayas despacio, no voy a poder aguantar", contestó mamá.
El pequeño silencio fue interrumpido, por un sonido a vacío que salía de la concha, con un grito que fue tapado por la mano de Esteban. "Me estás abriendo toda la concha, no tan fuerte".
En la sombra veía como mi madre estaba de costado en cuatro y Esteban arremetía agarrandola del pelo. Ella hacia fuerza para atrás mientras él, lo hacía para adelante. El sonido del golpe de sus piernas y las nalgas de mi madre retumbaban por ese cuarto.
Yo fui inmediatamente al baño, pero encontré ropa interior de mi madre que se había estado cambiando. Una lencería negra, específicamente, que se ve que no optó por usar.
Mientras escuchaba todos los ruidos, me la envolví en la verga y me empecé a pajear.
"Más, dame más, no pares, no pares, no pares" mientras sollozaba mi madre, iba acelerando el ritmo de la cogida.
El sonido de la concha mojada de mi madre con la verga de él, era más que elocuente la apertura que venía teniendo. Al parecer había cambiado de posición, porque sentía y veía la silueta de ella saltando sobre la pija.
"Sentís como se abre?" Decía la puta de mi madre, mientras él apenas alcanzaba a decir que si, dándole con fuerza por esa concha que a esa altura estaba inundada.
Estaba acabando sobre la lencería de mi madre, cuando sentí un grito que decía "No aguanto más", un golpe seco, que intuyo que fue mi madre arrodillándose y una enorme carga de leche cayó sobre ella. Me lo imagino, porque ella se reía y decía "Ay no para de salir".
En ese momento, me meto para mí cuarto, tan apurado, pero con la sensación de que alguna gota de semen se haya caído en la puerta. A los minutos, los oigo salir del cuarto.
Yo desde el mío encerrado siento que mi madre se rie y dice "Ay, hasta acá llegó tu disparo", mientras Esteban se reía.
No era solo la leche de el, sino era la mía que había desbordado su lencería, por sentir como le abrían la concha a ella, y como disfrutó de una verga enorme.


Fue así que la empecé a empujar a que se haga amigos virtuales y que viva la vida a sus 50 años.
De esta manera conoció a Esteban, un señor musculoso de unos 20 años menor que ella. Deportista, sano, que salía de una relación de años con una pendeja. Claro, el tipo venía buscando algo maduro.
Entrando en confianza lo invitamos con amigos a jugar al fútbol y en un día en el vestuario, mientras se bañaba, vimos otro motivo por el cual mi madre se había enganchado. Tenía un pedazo de poronga enorme.
Yo nunca había tenido la fantasía relacionada a mi madre, hasta que una vez me pidió que la ayudara con su celular que se había trancado. Encontré un video donde le mandó a Esteban mientras se colaba un consolador en la concha. Pero estaba muy empapada, y costaba entrar. No pude ver más nada.
Tantos años sin sexo de mi madre le habían cerrado la concha. Era de esperarse.
Un día estaba yendo a la casa de un amigo, para dejarlos solos, pero a último momento me canceló. Mientras cambiaba de plan, volví lentamente a casa, a mi cuarto. Que para entrar, tenía que pasar por la puerta del suyo.
Empecé a sentir respiración agitada, ruido de besos, todo desenfrenado. La puerta estaba cerrada, tenía muchas ganas de abrirla. Solo pude pispear por la cerradura, ya que estaba todo muy oscuro, apenas la luz de afuera dejaba ver alguna sombra o algo de lo que se sentía.
Luego de ese festival de sonidos, comienzo a sentir arcadas. Y escupidas. Si, era mi madre comiéndose la verga gigante de Esteban, quien no paraba de quejarse. Ese ruido de arcadas, se mezclaban con el de chupadas, de seguro estaban haciendo un 69.
"Tenés la concha hirviendo, está pronta", decía Esteban. "Te juro, que por favor, vayas despacio, no voy a poder aguantar", contestó mamá.
El pequeño silencio fue interrumpido, por un sonido a vacío que salía de la concha, con un grito que fue tapado por la mano de Esteban. "Me estás abriendo toda la concha, no tan fuerte".
En la sombra veía como mi madre estaba de costado en cuatro y Esteban arremetía agarrandola del pelo. Ella hacia fuerza para atrás mientras él, lo hacía para adelante. El sonido del golpe de sus piernas y las nalgas de mi madre retumbaban por ese cuarto.
Yo fui inmediatamente al baño, pero encontré ropa interior de mi madre que se había estado cambiando. Una lencería negra, específicamente, que se ve que no optó por usar.
Mientras escuchaba todos los ruidos, me la envolví en la verga y me empecé a pajear.
"Más, dame más, no pares, no pares, no pares" mientras sollozaba mi madre, iba acelerando el ritmo de la cogida.
El sonido de la concha mojada de mi madre con la verga de él, era más que elocuente la apertura que venía teniendo. Al parecer había cambiado de posición, porque sentía y veía la silueta de ella saltando sobre la pija.
"Sentís como se abre?" Decía la puta de mi madre, mientras él apenas alcanzaba a decir que si, dándole con fuerza por esa concha que a esa altura estaba inundada.
Estaba acabando sobre la lencería de mi madre, cuando sentí un grito que decía "No aguanto más", un golpe seco, que intuyo que fue mi madre arrodillándose y una enorme carga de leche cayó sobre ella. Me lo imagino, porque ella se reía y decía "Ay no para de salir".
En ese momento, me meto para mí cuarto, tan apurado, pero con la sensación de que alguna gota de semen se haya caído en la puerta. A los minutos, los oigo salir del cuarto.
Yo desde el mío encerrado siento que mi madre se rie y dice "Ay, hasta acá llegó tu disparo", mientras Esteban se reía.
No era solo la leche de el, sino era la mía que había desbordado su lencería, por sentir como le abrían la concha a ella, y como disfrutó de una verga enorme.


1 comentarios - Si, me pajee escuchando a mi vieja coger.