Estaban de vacaciones con la amiga de Pao. Se fueron al campo del primo de la amiga. Era de noche, ya habían cenado y tomado algunas copas. La amiga se cansó y se fue a dormir a una de las habitaciones. Quedaron Pao y el pibe solos en el living, hablando en voz baja.
En un momento él se paró, se le acercó por detrás y la abrazó. Le pasó los brazos alrededor de la cintura y la apretó contra su cuerpo. Pao se quedó quieta. Sintió que él tenía la pija medio dura contra su culo. El tipo le habló al oído, bajito:
—Hace rato que tengo ganas de esto…
Después la dio vuelta un poco y la besó. El beso empezó suave y se fue poniendo más intenso. Él le apretaba la cintura con una mano y con la otra le subió un poco la remera, tocando la piel de su panza. Pao correspondía el beso, pero cuando la mano del pibe subió más y le rozó la teta por debajo de la remera, ella se tensó.
Él insistió un poco: le apretó la teta por arriba del corpiño, le mordió el labio inferior y la pegó más fuerte contra su cuerpo. Pao soltó un suspiro y le agarró la muñeca, frenándolo.
—No… no sigamos —le dijo en voz baja.
El tipo se quedó un segundo más abrazándola, con la pija dura contra ella, y después la soltó. Se miraron, los dos calientes, y volvieron a sentarse como si nada. Poco después cada uno se fue a su habitación.
En un momento él se paró, se le acercó por detrás y la abrazó. Le pasó los brazos alrededor de la cintura y la apretó contra su cuerpo. Pao se quedó quieta. Sintió que él tenía la pija medio dura contra su culo. El tipo le habló al oído, bajito:
—Hace rato que tengo ganas de esto…
Después la dio vuelta un poco y la besó. El beso empezó suave y se fue poniendo más intenso. Él le apretaba la cintura con una mano y con la otra le subió un poco la remera, tocando la piel de su panza. Pao correspondía el beso, pero cuando la mano del pibe subió más y le rozó la teta por debajo de la remera, ella se tensó.
Él insistió un poco: le apretó la teta por arriba del corpiño, le mordió el labio inferior y la pegó más fuerte contra su cuerpo. Pao soltó un suspiro y le agarró la muñeca, frenándolo.
—No… no sigamos —le dijo en voz baja.
El tipo se quedó un segundo más abrazándola, con la pija dura contra ella, y después la soltó. Se miraron, los dos calientes, y volvieron a sentarse como si nada. Poco después cada uno se fue a su habitación.
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