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Nuestro segundo trío (Parte 2)

VERSIÓN DE ELLA

Primera parte

Me vi en el espejo del baño y sin dudas tenía cara de bien cogida, solo que por otro hombre que no era mi marido. Desde donde estaba, podía escucharlos conversar, mientras repasaba lo que acababa de suceder. Aun no caía en lo que estábamos haciendo. Me higienicé un poco y volví a salir a la habitación. Allí estaban los dos sobre la cama, fui lentamente hacia ellos. Me subí y nos besamos, sus manos volvían a apoderarse de mi cuerpo. En pocos instantes ya se habían incorporado, y uno al lado del otro volvían a darme sus pijas. Una vez más me las llevé a la boca, me daban ganas de comérmelos enteros, les pasaba mi lengua e incluso trataba de meterme ambas juntas. Ver cómo se rozaban me provocaba una calentura inusual, y como vi que ninguno de los dos parecía incomodarse por eso, seguí haciéndolo hasta tenerlos bien duros. Les pedí que se recostaran en el borde de la cama, y esta vez fui directo hacia mi marido, que únicamente había observado durante toda la primera parte.
Me subí arriba de Fer y empecé a cabalgarlo. Todo esto me seguía pareciendo una locura, pero lo disfrutaba a pleno. Tan solo unos meses atrás ni hubiéramos pensado algo similar, y de pronto ahí estaba cogiendo con mi marido mientras Juan se tocaba lentamente al lado nuestro. Al verlo me tenté y extendí mi mano para seguir yo con esa tarea. Me encantaba estar así entre ellos dos, poder calentarlos y sentirme tan deseada. Empecé a moverme más rápido, al tiempo que también lo masturbaba con más fuerza a Juan. Era un placer sentirlo así de duro en mi mano, y después de un rato me dieron ganas de cambiar. 
Salí de encima de mi marido y lo besé muy intensamente. Sentí los dedos de Juan, que comenzaba a tocarme y yo estaba que me derretía, pero más que seguir jugando con sus dedos yo quería volver a sentirlo adentro mío. Me acomodé arriba suyo y me dejé caer. ¡Qué placer, por favor! Me tenía agarrada de la cola y acompañaba cada movimiento. Apoyé mis manos en su pecho, y me reacomodé buscando la posición que me hiciera sentirlo aún más. La sensación era distinta que con Fer, me llenaba de otra manera, y era hermoso tener los dos a disposición para mí. Sin soltarme, Juan me llevó hacia sí para comerme las tetas sin dejar de cogerme, y no pude más que agarrarlo de la cabeza y apretarlo contra mi pecho. Era demasiado placentero lo que me estaba haciendo. En el momento en que levanté la vista, Fer seguía al lado nuestro, ya masturbándose sin ningún pudor. Lo miraba fijo y sabía que no podía dejarlo así.
Disfruté unos minutos más arriba de Juan, sin dejar de mirar a mi marido, hasta que me bajé y le indiqué a Fer que era nuevamente su turno. Me puse en cuatro y levanté la cola, ofreciéndome a mi marido, que me agarró de la cintura y estaba listo para entrar, pero lo frené y le pedí que me comiera. Obediente, hizo caso a mi pedido, mientras Juan permanecía acostado con la pija que no se le bajaba, y yo seguía prendida de él con mis manos y mi boca. Me sentía muy mojada, y lo pude comprobar al ver con qué facilidad me penetró Fer cuando dejó de chuparme. Empezó a darme más fuerte, se notaba su calentura, y Juan se acomodó mejor para que pudiera chuparlo bien. Me agarraba del pelo, y con cada embestida de mi marido, él trataba de meterme un poco más adentro su pija en la boca. Incluso hacía un poco de presión con sus manos en mi cabeza, y mi marido parecía que se iba a deshacer de tanto cogerme. Me estaban dando uno de cada extremo y nuevamente me llevaban al punto de máximo placer. Me hubiese quedado así por horas, pero pude darme cuenta de que Fer estaba cerca de acabar, así que me giré y quedé acostada boca arriba para poder chuparlo hasta el final.
Me metí su pija en la boca para que me diera todo ahí, como tanto me gusta. Lo que no me esperaba fue que en ese momento Juan me penetró así como estaba, y me salió un grito de adentro. En ese instante, Fer empezaba a darme su leche, y el morbo de estar así fue demasiado. Tragué como pude, mientras Juan me movía a su antojo y me hundía su pija hasta lo más profundo. Ya no me guardaba los gemidos, estaba realmente delirando del placer. Después de acabarme, mi marido quedó arrodillado al lado mío y me acariciaba mientras yo recibía las embestidas de nuestro invitado. Como instintivamente, tomé la mano de Fer y la puse entre mis piernas, directamente sobre mi clítoris, para que me tocara y así volver a explotar como ya lo había hecho antes. No aguante mucho más, y largando el último grito acabé de nuevo. Al salirme lo vi a Juan, con su pija brillante que también parecía a punto de explotar, y solo bastó un ligero gesto de mi mano ofreciéndole mis tetas para que se acomodara y me diera su acabada allí. Largó un grito ronco y se descargó encima mío después de haberme hecho gozar de una manera increíble. Quedamos los tres tendidos sobre la cama, muy satisfechos, y sin decirlo sabíamos que esto daba para mucho más y seguramente iba a haber una siguiente vez.

2 comentarios - Nuestro segundo trío (Parte 2)

Quieromiscuernos +1
Hermoso relato, me encantó, imagino cada escena tal como la vas describiendo y me prende cada vez más, son situaciones que daría todo por poder vivirlas con mi esposa, poder compartirla y hacerla gozar así con otro hombre me encantaría.
LauFer_
Gracias por comentar, fue una experiencia increíble. Ojalá puedan hacerlo
Quieromiscuernos +1
Estoy seguro que lo debe ser, es algo que me da vueltas en la cabeza hace rato ya, imagino las situaciones, los momentos y las escenas que pueden ocurrir y me encanta ya solo eso
LauFer_ +1
Sí, la fantasía ya es un montón. Así estuvimos nosotros un buen tiempo, sin buscar cumplirla pero estaba presente, hasta que finalmente se dio de forma muy natural y fue lo mejor que nos pudo haber pasado