Era un día del maestro, apenas antes de la primavera, con calor. Hacía días me venía calentando con Matu y con Martín, pero uno por su vida de adulto, y otro por estar en pareja, no me venían dando bola.
Mis viejos me despertaron cuando se fueron, tipo 8 de la mañana. Me volví a dormir hasta las 9 y pico, a las 10 desayuné. Tenía la casa sola y me había despertado caliente. Me puse a mensajear a Matu, a ver que estaba haciendo. Me contestó que estaba laburando. Yo remoloneaba en la cama, me empecé a desnudar. Le mandé una foto, pero no me apareció su doble tilde. Le hablé a Martín, a ver que estaba haciendo, pero no me contestó, siempre dormía hasta tarde cuando no había clases. Empecé a ver porno de trans, miraba sus culos hermosos, como pedían pija, y me sentía igual.
Me ensalivé un dedo y me empecé a acariciar el ano. Seguía esperando mensajes pero no pasaba nada. Me empecé a tocar como para hacerme una paja, pero no me satisfacía. Daba vueltas en la cama, no sabía qué hacer con mi cuerpo. Necesitaba que algo me entre en el orto urgente.
Me levanté de la cama y empecé a ver qué tenía cerca que me pudiera meter, estaba desesperado. Los desodorantes eran demasiado gruesos, los perfumes también. Miré en mi escritorio y agarré una lapicera. La ensalivé y me la fui metiendo en el orto. Entró fácil, como sabía que iba a ser (no era la primera vez que lo intentaba). Vi un resaltador fucsia que tenía, lo ensalivé, y me lo mandé en el orto, también entró fácil.
El corazón me latía más rápido. Revisé mi celular, con el resaltador en la cola, y ningún mensaje. Necesitaba pija urgente.
Con el resaltador metido en el culo empecé a caminar por mi casa, buscando algo mas grueso que meterme. No encontré nada en el baño, nada en la pieza de mis viejos. Fui a la cocina, y tres cosas llamaron mi atención: un pisa papas, una espátula con un mango grueso y, último, el palo de amasar.
Por orden de grosor y tamaño, arranqué con el pisa papas. Lo ensalivé mucho, me ensalivé la mano que me pasé por la cola, y me lo metí: entró fácil, de nuevo. Me lo empecé a meter y sacar, sentía el esfínter relajándose y tensándose, se me empezaban a ir los ojos en blanco, la calentura me nublaba.
Pasé a la espátula, me costó más, eran por lo menos dos dedos de grueso, pero de a poco me lo fui metiendo hasta que entró, cómodo. Me lo metía y sacaba fácil, me sentía muy puta. Me lo metí a fondo, pasando el mango grueso a la parte fina, llegando hasta donde empieza la parte real de la espátula. Debía tener más de 20 cms metidos en el orto. Me los metí a fondo y me lo dejé ahí. Empecé a caminar por mi casa, sintiendo como me llenaba el orto el estar así, con el culo invadido, andando por mi casa como una puta, deseando pija. Hubiera aceptado cualquier chota, literalmente toda poronga me venía bien.
Y de ahí pasé al palo de amasar: en los costados tenía la parte de las manos, y en el medio el cilindro de madera, ancho, grueso. Lo lubriqué lo mejor que pude, pero no me lo podía meter. Pensé "cabezas mas anchas me he comido", pero no me entraba. Ya pensaba que era demasiado para mi, hasta que, lentamente, pasando la puntita alrededor de mi ano, me lo pude meter. Sentí mucha satisfacción, además de que me sentía muy puta metiéndome un palo de amasar en el orto. Solo me metí el mango, no la parte cilíndrica y ancha de madera, pero aún así me encantó. Sentí que volaba de calentura. Estaba desesperado por que alguien entrara a mi casa, me viera así, desnudo metiéndome un palo de amasar en el orto, y me diera pija. Sin decirme palabras, que alguien entrara, se desnudara, y me metiera su pija en el orto para calmar esta sed de chota que tenía. Necesitaba una pija adentro mío y no sabía qué hacer.
Aún caliente, sin tocarme el pene, dejé de masturbarme la cola. No era lo que necesitaba, no me alcanzaba. Siempre me gustó estimularme a mí mismo, pero no se compara con carne de verdad, con otra persona que te la esté metiendo, que esté empujando su cuerpo adentro del tuyo. Y no sabía que hacer al respecto (todavía no conocía grindr, ni nada por el estilo).
Me cansé de masturbarme así y dije basta. Me di una ducha, me puse a hacer cosas del colegio, pero la calentura no se me iba. Dije "bueno, voy a hacer unas compras de la casa, y así se me pasa, caminando". Pero seguía muy caliente, así que al vestirme planee lo siguiente: salir con una remera suelta, que dejara ver mi piel, y con un short blanco sin bóxer. Recordaba haber estado vestido así y que hombres me miraran por la calle una vez que fui a encontrarme con Matu. Me puse las zapatillas y salí así, a dar una vuelta por el barrio, y a la vuelta pasar por el supermercado chino a comprar lo que hacía falta para la casa.
Sin ningún rumbo, con la sangre a mil, salí a caminar. Di un par de vueltas, en avenidas con mucha gente caminaba normal, en calles menos concurridas aprovechaba a mover mi cintura a ambos lados, era una forma de corporizar mi calentura de alguna manera. Entré a un kiosco, había bastante gente y tuve que hacer fila. Intentaba hacer contacto visual con la gente que había pero nadie me daba bola. La gente se fue, quedó el kiosco vacío y me tocó a mi. El kiosquero era un tipo de mas de 30 (yo estaba terminando 4° año) no era muy lindo, pero quise darle charla, a ver si me la seguía. Le pedí unos chicles, me dijo donde estaban pero yo no los veía, le pregunté si era un día muy ocupado, le saqué un poco de charla. Le pedí un chupetín, tardé a propósito en cual decidir. En el medio apareció una señora, a la cual dejé pasar, pidió unos cigarrillos y se fue. Yo seguí charlando con el kiosquero, ya siendo poco sutil: me remojaba los labios, miraba los suyos, le sonreía, le hacía contacto visual. Miré alrededor que no viniera nadie y me la jugué: le pedí unos preservativos. Él me preguntó cuales, y yo le dije que no sabía, que cuales eran los mejores para él. Me dijo que usaba unos con tachas (unos prime rojos), y le pedí una cajita. No sabía como más sacarle charla ni como encarar la situación así que pagué y me fui, después de agradecerle mucho su ayuda. Al salir, enfrente de su ventana, sin doblar mis rodillas me puse a atar los cordones de mis zapatillas (que no tenía desatados, solo quería que me vea el culo). Cuando terminé, giré a ver si me estaba mirando y me decepcioné cuando me di cuenta que no me estaba con el celular.
Estaba bajoneado, así que encaré a mi casa, pero primero tenía que pasar por el chino. Caminé las cuadras sin pensar, sin fijarme en nadie. Mi celular seguía sin mensajes, el kiosquero no me había dado bola, estaba caliente y frustrado. Entré al chino y fui a las góndolas del fondo; estaba todo vacío, sin nada de gente, caminaba y fui agarrando mis cosas. Me agaché para decidir que llevaba y noto que estaba el repositor cerca, y no solo estaba cerca, me estaba mirando. Era un tipo joven, muy flaco, tipo 25 años, morenito, pelo un poco largo, algo de bigote no afeitado, ojos marrones. No era hermoso pero me era atractivo, un "rocho" lindo. Vestía toda ropa gastada, guantes y eso que usan los repositores para no joderse la espalda. Lo miro con el chupetín en la boca, noto que me está viendo, esquivo la mirada un segundo, instintivamente... y vuelvo a mirarlo. Nos sostenemos la mirada varios segundos. Sin pensar, por el solo hecho de tener el chupetín, me lo saco y lo lamo, sosteniéndole la mirada.
Veo que se muerde un poco el labio y ya mi mente empezó a pensar escenarios: si era por mi, que me agarrara y me cogiera ahí mismo, pero en realidad estaba en aguas inexploradas: jamás me había "levantado" a alguien. No sabía qué más podía hacer para avanzar. Solo me lo quedé mirando, lamiendo mi chupetín. Le pasé la lengua como si estuviera lamiendo la cabeza de una pija ante su mirada. Él se acercó, empezó a llenar una góndola de un producto que estaba cerca mío. Yo no me moví, mi corazón latía a mil, se me sacudía adentro del pecho, estaba muy nervioso y muy caliente. Ya había jugado mis cartas: me había mostrado bien puto, lo que pasara a continuación ya estaba fuera de mi alcance.
Estando cerca mío, me habló. Me dijo algo de que tal producto estaba de oferta. Creo que contesté algo como "ah", y nada más. Seguía sin moverme. Mis ojos se debatían entre mirarlo a él y pasear la mirada por cualquier lugar, haciendo tiempo para volver a mirarlo. Se me acerca más y me vuelve a hablar.
- Repositor: A las 14 cerramos, volvemos a abrir a las 16:30. - ya eran casi las 13.
- Yo: Ah... - mirándolo, nervioso.
- Repositor: Me podés esperar en la esquina de la plaza. - una esquina en diagonal al chino.
- Yo: Bueno, dale...
Lo miré una última vez y fui para la caja. Pagué con la cabeza a full, era un torbellino. Estaba desesperado por pija antes, pero ahora se me había presentado una oportunidad real, con un completo desconocido, y no sabía qué hacer. Volví a mi casa y pasaban un montón de cosas por mi mente: "seguro que me quería coger? y si me quería mat*r? Y si la paso mal? Y si no me termina gustando? Y si me viol@?". Llegué a mi casa y eran las 13. Sabía que tenía la posibilidad de no ir, que era lo más seguro. Pero a la vez... no paraba de caminar, tenía una calentura adentro mío que no aflojaba. Sentía palpitaciones en el pecho, tenía mucha calentura y mucho miedo. Se hicieron las 13:30 y me fui a dar otra ducha. Al salir del agua, decidía. Me bañé bajo el agua bien fría unos minutos, y al salir, sin que mi calentura haya disminuido, pensé "ya fue, voy". Me puse la misma ropa que tenía antes, y esperé unos minutos. 13:45 ya estaba en la esquina del parque, masticando un chicle. Tenía una vista perfecta del supermercado: apenas pasadas las 14 salieron todos. El repositor se quedó hablando unos minutos con el verdulero; éste se fue para un lado, y el repositor se acercó para el mío.
- Repositor: Vení, vamos. - haciéndome un gesto cuando estaba cerca.
Sin decir palabra lo empecé a seguir. Caminábamos a la par pero sin decirnos nada. Hicimos una cuadra y media y frenamos en una puerta. Era un PH. Caminamos por un pasillo hasta el fondo, donde estaba su casa. Entré, era un lugar lindo pero descuidado y algo sucio. Prendió la tele, abrió la heladera y me ofreció gaseosa (que era como una coca cola pero de una marca mas barata). Me preguntó mi nombre, yo el suyo (Kevin), y me dijo que se iba a dar una ducha rápida. Me senté en el sillón, nervioso, esperando. Estaba en la casa de un completo desconocido solo porque me lo ofreció, todo para calmar la sed que tenía en la cola, y ahora me sentía totalmente vulnerable.
Salió del baño solo con un short de fútbol. Tenía lindo cuerpo, morenito, sin panza, algo velludo pero no mucho. Se sentó conmigo en el sillón. Pasó su brazo por el respaldo, cerca de mi cabeza.
- Kevin: ¿Estás bien?
- Yo: Si.
- Kevin: ¿Estás nervioso?
- Yo: Un poco jaja.
- Kevin: ¿Es tu primera vez?
- Yo: Jaja no... - me empezó a acariciar el pelo con su mano en el respaldo.
- Kevin: Acercate.
Me acerco y él acerca su cara. Nos empezamos a besar y me empecé a soltar de a poco. Empecé a acariciar su pecho, su cuello. Él puso una mano en mi muslo y la iba subiendo. Me estaba calentando mucho sentir unos nuevos labios, una nueva lengua, unas nuevas manos en mi piel. Me sacó la remera y nos seguimos besando. Me empezó a pellizcar los pezones suavemente y me sacaba suspiros. Puse una mano en su pierna, cerca de su bulto que ya se veía mas grande. Bajó su brazo del respaldo y me incliné hacia él para dejarlo llegar a mi cola. Metió su mano por debajo de mi pantalón y se dio cuenta que no tenía ropa interior.
- Kevin: Viniste listo.
- Yo: Si jaja.
Nos volvimos a besar, esta vez mas pasional. Me metía su lengua fuerte y me acariciaba fuerte las nalgas. Me empezó a besar el cuello y terminé de calentarme del todo. Empecé a acariciarle la pija por arriba del short, y él enseguida se lo bajó. Su pija salió como un resorte apuntando al techo. Era una linda pija, no muy ancha y tampoco tan grande como las que conocía, pero larguita, un poco más que promedio. Se veía deliciosa, ideal para lo que necesitaba. Tenía una cabeza rosa oscuro, piel más morena que en el resto del cuerpo, con pelos pero no muy largos. La acariciaba mientras me seguía besando el cuello. Se la agarré y lo empecé a pajear. Él me hizo sacarme el pantalón corto y quedamos los dos desnudos en su sillón. Me acomodé más quedando de frente a él. Kevin se ensalivó un dedo y me empezó a acariciar el ano. Se me escapó un gemido al sentir su dedo en mi orificio. Me puso una mano en la nuca y empujó la cabeza hacia su pija.
No me resistí. A esto había venido, esto había salido a buscar. Me mandé su pija a la boca. La tragué casi toda, dejé caer saliva, y empecé a subir y bajar mi boca en su pija, acariciándola con mis labios. Kevin largó un suspiro y me dejó hacer mientras me acariciaba la espalda y la cola. Yo le chupaba la chota y le acariciaba las bolas con mi mano. Su pija estaba bien dura, me llenaba la boca. Sentía su olor masculino, la textura de su cabeza, la tensión de su cuerpo.
- Kevin: Vamos a la pieza.
Me salí de su chota y me llevó de la mano a la pieza, que eran unos pasos. Me sentó en la cama y me puso la pija enfrente. Se la empecé a chupar de nuevo, esta vez él tomaba mas iniciativa. Me empezó a coger la boca, primero con suavidad, y después más a lo bestia. De a poquito me iba entrando más y más de su pija, hasta que finalmente me la tragué toda. Mis labios hicieron contacto con los vellos de su ingle. Por primera vez en mi vida había logrado meterme una pija entera a la boca.
- Kevin: Te la comes toda, putito.
Me lo dijo como un halago y me dejó respirar. Me alejé tosiendo, dejando hilos de saliva entre mi boca y su pija. Y volví a hacerlo. Me metí toda su pija entera en la boca una y otra y otra vez. Me ahogaba con su pija por propia voluntad, me encantaba sentir mi nariz chocar contra su pelvis y sus huevos rebotar en mi pera. Era la primera vez que lo vivía y lo quería disfrutar. Sentía su cabeza chocar contra el fondo de mi garganta, su líquido preseminal llenándome la boca, mezclándose con mi baba. Lo repetí hasta que él se alejó, con la pija hecha un fierro.
Agarró sobrecitos de lubricante y un preservativo. Me dijo que me acueste en la cama, boca arriba. Puso una almohada sobre mi cintura, elevando parte de mi cuerpo. Se puso el forro y esparció un lubricante sobre su pija y sobre mi ano. Me metió un dedo, enseguida probó con otro. Ya estaba algo abierto de haber estado jugando con mi cola en casa y entraron fáciles. Kevin se me vino encima, poniendo mis piernas en sus hombros, y me fue puerteando. Enseguida, con un empujoncito, logró meter su cabeza. Se me escapó un gemido fuerte, y tras un segundo de silencio, retomé mi gemido cuando Kevin me penetraba más y más. Se apoyó más encima mío, poniendo mis rodillas a la altura de mi cabeza, con su respiración dándome en la cara. Sentía mi cola llena de carne, lo que había estado buscando. Salí a buscar a alguien que me haga el orto y lo encontré. Ahora estaba en la casa de un desconocido, un laburante que en su hora de descanso se está cogiendo un putito regalado. Me mordí el labio para callarme un poco, miré sus ojos marrones, su cara de lujuria mientras su pija se hundía en mi cola.
Empezó a sacar y meter con ritmo. Lo tenía abrazado del cuello, a veces agarrándolo de la espalda, siendo aplastado por su peso mientras me cogía. Se escuchaba mi sonido favorito, el de unas pelotas chocando contra mis nalgas, era maravilloso. Ya habiéndome pajeado sin acabar desde antes estaba muy caliente y lo estaba disfrutando mucho. Se pone más derecho, agarrándose de atrás de mis rodillas, empujándomelas hasta la almohada, y me empieza a dar con fuerza. Su pija se metía hasta el fondo de mi cola y yo gemía como puta. La cama se corría con cada embestida, yo estaba casi cabeza abajo de cómo me estaba cogiendo. Me daba duro y me hacía gritar, y parecía que cada grito lo envalentonaba más.
Me estuvo cogiendo fuerte uno rato largo hasta que le pedí cambiar de posición, tenía las piernas incómodas. Le dije que se acueste y me acomodé arriba suyo. Con cuidado me metí su pija hasta hacer fondo. Me mordí el labio, acostumbrándome a la posición, y empecé a moverme lentamente levantando y bajando mi cola para meterme y sacarme su chota. Kevin suspiraba, me sentía poderosa. Lo usaba como un pedazo de carne, como él a mi. Yo quería su pija, él quería mi cola, los dos salíamos ganando. Él tenía sus manos en mi cintura para ayudarme con el movimiento; agarré una y me la llevé a mis labios. Agarré su dedo índice y lo lamí antes de metérmelo en la boca.
- Kevin: Que puto que sos, nene.
- Yo: Gracias - le dije sonriendo, haciéndome la gata.
Me estuve moviendo arriba suyo un rato, variando de ritmo. Noté como él parecía estar mas cerca de acabar. Me acosté sobre él, moviendo solo mi cintura. Notaba como le gustaba, pero ya no me daban las piernas. Me dijo que me ponga en cuatro y me acomodé, con el pecho en el colchón y las rodillas flexionadas, entregándome entera. Él, de rodillas en la cama, me la puso de una hasta el fondo y me entró a coger fuerte. Me tenía agarrado de la cintura y empujaba mi cuerpo hacia el suyo para darme con mas furia. El sonido de mi cuerpo con el suyo era un escándalo, mis gemidos también.
- Kevin: Tomá, putito, tomá. ¿Te gusta?
- Yo: Si, SI! Cogeme.
Él gruñía más y más, hasta que de un golpe se separó de mi. Gire la cabeza y pude ver como en medio segundo se sacaba el forro y me tiraba chorros de leche en la cola. Fueron como 7 u 8, se ve que estaba cargado. Mis nalgas principalmente y también mi cintura estaban llenas de leche, y un poco también había caído en mi espalda. Me dejé caer en el colchón, cansado, con calor y con el orto abierto, notando como ríos de leche se unían en mi raya. Kevin se sentó en la cama, también respirando pesado.
- Kevin: ¿Te gustó?
- Yo: Si, si, estuvo bueno. - le contesté con una sonrisa.
Él fue al baño. Pensé que me iba a traer papel para limpiarme pero se estaba dando otra ducha. Lo esperé en la pieza hasta que salió, ya medio vestido. Me dijo si me podía vestir que ya tenía que volver al laburo. Medio avergonzado me vestí rápido. Todavía su leche no se me había secado de la cola y ya estaba cruzando su puerta. Las rodillas me temblaban de los sacudones que me estuvo dando, mi aliento olía a pija, pero no me importó mucho. Me calentó caminar a mi casa con leche en la cola y los labios con presemen. Se me debía transparentar en el short blanco, sin tener boxer, y sentía como la leche me bajaba por las nalgas lentamente hasta los muslos, pero no me importaba. Sentía esa leche en mis nalgas como un trofeo, como una medalla que me había ganado. Había salido a que me cogieran y ahora volvía con la cola rota y con la leche de un desconocido encima.
Llegué a casa y me desnudé, tiré la ropa en un rincón y me empecé a masturbar mientras me tocaba la leche de la cola, ya casi dura. Junté un poco con un dedo y me lo metí a la boca. Acabé enseguida y me quedé dormido así como estaba. Tuve que bañarme de nuevo por todo el olor a leche que tenía, la mía y la del repositor del chino. Mi cola era un pegote, me toqué el ano y lo sentía cosquillear. Me quedé muy feliz, conforme con lo que hice. Sería la primera de muchas veces en que saliera a buscar pija y hacerme coger por cualquiera.
Mis viejos me despertaron cuando se fueron, tipo 8 de la mañana. Me volví a dormir hasta las 9 y pico, a las 10 desayuné. Tenía la casa sola y me había despertado caliente. Me puse a mensajear a Matu, a ver que estaba haciendo. Me contestó que estaba laburando. Yo remoloneaba en la cama, me empecé a desnudar. Le mandé una foto, pero no me apareció su doble tilde. Le hablé a Martín, a ver que estaba haciendo, pero no me contestó, siempre dormía hasta tarde cuando no había clases. Empecé a ver porno de trans, miraba sus culos hermosos, como pedían pija, y me sentía igual.
Me ensalivé un dedo y me empecé a acariciar el ano. Seguía esperando mensajes pero no pasaba nada. Me empecé a tocar como para hacerme una paja, pero no me satisfacía. Daba vueltas en la cama, no sabía qué hacer con mi cuerpo. Necesitaba que algo me entre en el orto urgente.
Me levanté de la cama y empecé a ver qué tenía cerca que me pudiera meter, estaba desesperado. Los desodorantes eran demasiado gruesos, los perfumes también. Miré en mi escritorio y agarré una lapicera. La ensalivé y me la fui metiendo en el orto. Entró fácil, como sabía que iba a ser (no era la primera vez que lo intentaba). Vi un resaltador fucsia que tenía, lo ensalivé, y me lo mandé en el orto, también entró fácil.
El corazón me latía más rápido. Revisé mi celular, con el resaltador en la cola, y ningún mensaje. Necesitaba pija urgente.
Con el resaltador metido en el culo empecé a caminar por mi casa, buscando algo mas grueso que meterme. No encontré nada en el baño, nada en la pieza de mis viejos. Fui a la cocina, y tres cosas llamaron mi atención: un pisa papas, una espátula con un mango grueso y, último, el palo de amasar.
Por orden de grosor y tamaño, arranqué con el pisa papas. Lo ensalivé mucho, me ensalivé la mano que me pasé por la cola, y me lo metí: entró fácil, de nuevo. Me lo empecé a meter y sacar, sentía el esfínter relajándose y tensándose, se me empezaban a ir los ojos en blanco, la calentura me nublaba.
Pasé a la espátula, me costó más, eran por lo menos dos dedos de grueso, pero de a poco me lo fui metiendo hasta que entró, cómodo. Me lo metía y sacaba fácil, me sentía muy puta. Me lo metí a fondo, pasando el mango grueso a la parte fina, llegando hasta donde empieza la parte real de la espátula. Debía tener más de 20 cms metidos en el orto. Me los metí a fondo y me lo dejé ahí. Empecé a caminar por mi casa, sintiendo como me llenaba el orto el estar así, con el culo invadido, andando por mi casa como una puta, deseando pija. Hubiera aceptado cualquier chota, literalmente toda poronga me venía bien.
Y de ahí pasé al palo de amasar: en los costados tenía la parte de las manos, y en el medio el cilindro de madera, ancho, grueso. Lo lubriqué lo mejor que pude, pero no me lo podía meter. Pensé "cabezas mas anchas me he comido", pero no me entraba. Ya pensaba que era demasiado para mi, hasta que, lentamente, pasando la puntita alrededor de mi ano, me lo pude meter. Sentí mucha satisfacción, además de que me sentía muy puta metiéndome un palo de amasar en el orto. Solo me metí el mango, no la parte cilíndrica y ancha de madera, pero aún así me encantó. Sentí que volaba de calentura. Estaba desesperado por que alguien entrara a mi casa, me viera así, desnudo metiéndome un palo de amasar en el orto, y me diera pija. Sin decirme palabras, que alguien entrara, se desnudara, y me metiera su pija en el orto para calmar esta sed de chota que tenía. Necesitaba una pija adentro mío y no sabía qué hacer.
Aún caliente, sin tocarme el pene, dejé de masturbarme la cola. No era lo que necesitaba, no me alcanzaba. Siempre me gustó estimularme a mí mismo, pero no se compara con carne de verdad, con otra persona que te la esté metiendo, que esté empujando su cuerpo adentro del tuyo. Y no sabía que hacer al respecto (todavía no conocía grindr, ni nada por el estilo).
Me cansé de masturbarme así y dije basta. Me di una ducha, me puse a hacer cosas del colegio, pero la calentura no se me iba. Dije "bueno, voy a hacer unas compras de la casa, y así se me pasa, caminando". Pero seguía muy caliente, así que al vestirme planee lo siguiente: salir con una remera suelta, que dejara ver mi piel, y con un short blanco sin bóxer. Recordaba haber estado vestido así y que hombres me miraran por la calle una vez que fui a encontrarme con Matu. Me puse las zapatillas y salí así, a dar una vuelta por el barrio, y a la vuelta pasar por el supermercado chino a comprar lo que hacía falta para la casa.
Sin ningún rumbo, con la sangre a mil, salí a caminar. Di un par de vueltas, en avenidas con mucha gente caminaba normal, en calles menos concurridas aprovechaba a mover mi cintura a ambos lados, era una forma de corporizar mi calentura de alguna manera. Entré a un kiosco, había bastante gente y tuve que hacer fila. Intentaba hacer contacto visual con la gente que había pero nadie me daba bola. La gente se fue, quedó el kiosco vacío y me tocó a mi. El kiosquero era un tipo de mas de 30 (yo estaba terminando 4° año) no era muy lindo, pero quise darle charla, a ver si me la seguía. Le pedí unos chicles, me dijo donde estaban pero yo no los veía, le pregunté si era un día muy ocupado, le saqué un poco de charla. Le pedí un chupetín, tardé a propósito en cual decidir. En el medio apareció una señora, a la cual dejé pasar, pidió unos cigarrillos y se fue. Yo seguí charlando con el kiosquero, ya siendo poco sutil: me remojaba los labios, miraba los suyos, le sonreía, le hacía contacto visual. Miré alrededor que no viniera nadie y me la jugué: le pedí unos preservativos. Él me preguntó cuales, y yo le dije que no sabía, que cuales eran los mejores para él. Me dijo que usaba unos con tachas (unos prime rojos), y le pedí una cajita. No sabía como más sacarle charla ni como encarar la situación así que pagué y me fui, después de agradecerle mucho su ayuda. Al salir, enfrente de su ventana, sin doblar mis rodillas me puse a atar los cordones de mis zapatillas (que no tenía desatados, solo quería que me vea el culo). Cuando terminé, giré a ver si me estaba mirando y me decepcioné cuando me di cuenta que no me estaba con el celular.
Estaba bajoneado, así que encaré a mi casa, pero primero tenía que pasar por el chino. Caminé las cuadras sin pensar, sin fijarme en nadie. Mi celular seguía sin mensajes, el kiosquero no me había dado bola, estaba caliente y frustrado. Entré al chino y fui a las góndolas del fondo; estaba todo vacío, sin nada de gente, caminaba y fui agarrando mis cosas. Me agaché para decidir que llevaba y noto que estaba el repositor cerca, y no solo estaba cerca, me estaba mirando. Era un tipo joven, muy flaco, tipo 25 años, morenito, pelo un poco largo, algo de bigote no afeitado, ojos marrones. No era hermoso pero me era atractivo, un "rocho" lindo. Vestía toda ropa gastada, guantes y eso que usan los repositores para no joderse la espalda. Lo miro con el chupetín en la boca, noto que me está viendo, esquivo la mirada un segundo, instintivamente... y vuelvo a mirarlo. Nos sostenemos la mirada varios segundos. Sin pensar, por el solo hecho de tener el chupetín, me lo saco y lo lamo, sosteniéndole la mirada.
Veo que se muerde un poco el labio y ya mi mente empezó a pensar escenarios: si era por mi, que me agarrara y me cogiera ahí mismo, pero en realidad estaba en aguas inexploradas: jamás me había "levantado" a alguien. No sabía qué más podía hacer para avanzar. Solo me lo quedé mirando, lamiendo mi chupetín. Le pasé la lengua como si estuviera lamiendo la cabeza de una pija ante su mirada. Él se acercó, empezó a llenar una góndola de un producto que estaba cerca mío. Yo no me moví, mi corazón latía a mil, se me sacudía adentro del pecho, estaba muy nervioso y muy caliente. Ya había jugado mis cartas: me había mostrado bien puto, lo que pasara a continuación ya estaba fuera de mi alcance.
Estando cerca mío, me habló. Me dijo algo de que tal producto estaba de oferta. Creo que contesté algo como "ah", y nada más. Seguía sin moverme. Mis ojos se debatían entre mirarlo a él y pasear la mirada por cualquier lugar, haciendo tiempo para volver a mirarlo. Se me acerca más y me vuelve a hablar.
- Repositor: A las 14 cerramos, volvemos a abrir a las 16:30. - ya eran casi las 13.
- Yo: Ah... - mirándolo, nervioso.
- Repositor: Me podés esperar en la esquina de la plaza. - una esquina en diagonal al chino.
- Yo: Bueno, dale...
Lo miré una última vez y fui para la caja. Pagué con la cabeza a full, era un torbellino. Estaba desesperado por pija antes, pero ahora se me había presentado una oportunidad real, con un completo desconocido, y no sabía qué hacer. Volví a mi casa y pasaban un montón de cosas por mi mente: "seguro que me quería coger? y si me quería mat*r? Y si la paso mal? Y si no me termina gustando? Y si me viol@?". Llegué a mi casa y eran las 13. Sabía que tenía la posibilidad de no ir, que era lo más seguro. Pero a la vez... no paraba de caminar, tenía una calentura adentro mío que no aflojaba. Sentía palpitaciones en el pecho, tenía mucha calentura y mucho miedo. Se hicieron las 13:30 y me fui a dar otra ducha. Al salir del agua, decidía. Me bañé bajo el agua bien fría unos minutos, y al salir, sin que mi calentura haya disminuido, pensé "ya fue, voy". Me puse la misma ropa que tenía antes, y esperé unos minutos. 13:45 ya estaba en la esquina del parque, masticando un chicle. Tenía una vista perfecta del supermercado: apenas pasadas las 14 salieron todos. El repositor se quedó hablando unos minutos con el verdulero; éste se fue para un lado, y el repositor se acercó para el mío.
- Repositor: Vení, vamos. - haciéndome un gesto cuando estaba cerca.
Sin decir palabra lo empecé a seguir. Caminábamos a la par pero sin decirnos nada. Hicimos una cuadra y media y frenamos en una puerta. Era un PH. Caminamos por un pasillo hasta el fondo, donde estaba su casa. Entré, era un lugar lindo pero descuidado y algo sucio. Prendió la tele, abrió la heladera y me ofreció gaseosa (que era como una coca cola pero de una marca mas barata). Me preguntó mi nombre, yo el suyo (Kevin), y me dijo que se iba a dar una ducha rápida. Me senté en el sillón, nervioso, esperando. Estaba en la casa de un completo desconocido solo porque me lo ofreció, todo para calmar la sed que tenía en la cola, y ahora me sentía totalmente vulnerable.
Salió del baño solo con un short de fútbol. Tenía lindo cuerpo, morenito, sin panza, algo velludo pero no mucho. Se sentó conmigo en el sillón. Pasó su brazo por el respaldo, cerca de mi cabeza.
- Kevin: ¿Estás bien?
- Yo: Si.
- Kevin: ¿Estás nervioso?
- Yo: Un poco jaja.
- Kevin: ¿Es tu primera vez?
- Yo: Jaja no... - me empezó a acariciar el pelo con su mano en el respaldo.
- Kevin: Acercate.
Me acerco y él acerca su cara. Nos empezamos a besar y me empecé a soltar de a poco. Empecé a acariciar su pecho, su cuello. Él puso una mano en mi muslo y la iba subiendo. Me estaba calentando mucho sentir unos nuevos labios, una nueva lengua, unas nuevas manos en mi piel. Me sacó la remera y nos seguimos besando. Me empezó a pellizcar los pezones suavemente y me sacaba suspiros. Puse una mano en su pierna, cerca de su bulto que ya se veía mas grande. Bajó su brazo del respaldo y me incliné hacia él para dejarlo llegar a mi cola. Metió su mano por debajo de mi pantalón y se dio cuenta que no tenía ropa interior.
- Kevin: Viniste listo.
- Yo: Si jaja.
Nos volvimos a besar, esta vez mas pasional. Me metía su lengua fuerte y me acariciaba fuerte las nalgas. Me empezó a besar el cuello y terminé de calentarme del todo. Empecé a acariciarle la pija por arriba del short, y él enseguida se lo bajó. Su pija salió como un resorte apuntando al techo. Era una linda pija, no muy ancha y tampoco tan grande como las que conocía, pero larguita, un poco más que promedio. Se veía deliciosa, ideal para lo que necesitaba. Tenía una cabeza rosa oscuro, piel más morena que en el resto del cuerpo, con pelos pero no muy largos. La acariciaba mientras me seguía besando el cuello. Se la agarré y lo empecé a pajear. Él me hizo sacarme el pantalón corto y quedamos los dos desnudos en su sillón. Me acomodé más quedando de frente a él. Kevin se ensalivó un dedo y me empezó a acariciar el ano. Se me escapó un gemido al sentir su dedo en mi orificio. Me puso una mano en la nuca y empujó la cabeza hacia su pija.
No me resistí. A esto había venido, esto había salido a buscar. Me mandé su pija a la boca. La tragué casi toda, dejé caer saliva, y empecé a subir y bajar mi boca en su pija, acariciándola con mis labios. Kevin largó un suspiro y me dejó hacer mientras me acariciaba la espalda y la cola. Yo le chupaba la chota y le acariciaba las bolas con mi mano. Su pija estaba bien dura, me llenaba la boca. Sentía su olor masculino, la textura de su cabeza, la tensión de su cuerpo.
- Kevin: Vamos a la pieza.
Me salí de su chota y me llevó de la mano a la pieza, que eran unos pasos. Me sentó en la cama y me puso la pija enfrente. Se la empecé a chupar de nuevo, esta vez él tomaba mas iniciativa. Me empezó a coger la boca, primero con suavidad, y después más a lo bestia. De a poquito me iba entrando más y más de su pija, hasta que finalmente me la tragué toda. Mis labios hicieron contacto con los vellos de su ingle. Por primera vez en mi vida había logrado meterme una pija entera a la boca.
- Kevin: Te la comes toda, putito.
Me lo dijo como un halago y me dejó respirar. Me alejé tosiendo, dejando hilos de saliva entre mi boca y su pija. Y volví a hacerlo. Me metí toda su pija entera en la boca una y otra y otra vez. Me ahogaba con su pija por propia voluntad, me encantaba sentir mi nariz chocar contra su pelvis y sus huevos rebotar en mi pera. Era la primera vez que lo vivía y lo quería disfrutar. Sentía su cabeza chocar contra el fondo de mi garganta, su líquido preseminal llenándome la boca, mezclándose con mi baba. Lo repetí hasta que él se alejó, con la pija hecha un fierro.
Agarró sobrecitos de lubricante y un preservativo. Me dijo que me acueste en la cama, boca arriba. Puso una almohada sobre mi cintura, elevando parte de mi cuerpo. Se puso el forro y esparció un lubricante sobre su pija y sobre mi ano. Me metió un dedo, enseguida probó con otro. Ya estaba algo abierto de haber estado jugando con mi cola en casa y entraron fáciles. Kevin se me vino encima, poniendo mis piernas en sus hombros, y me fue puerteando. Enseguida, con un empujoncito, logró meter su cabeza. Se me escapó un gemido fuerte, y tras un segundo de silencio, retomé mi gemido cuando Kevin me penetraba más y más. Se apoyó más encima mío, poniendo mis rodillas a la altura de mi cabeza, con su respiración dándome en la cara. Sentía mi cola llena de carne, lo que había estado buscando. Salí a buscar a alguien que me haga el orto y lo encontré. Ahora estaba en la casa de un desconocido, un laburante que en su hora de descanso se está cogiendo un putito regalado. Me mordí el labio para callarme un poco, miré sus ojos marrones, su cara de lujuria mientras su pija se hundía en mi cola.
Empezó a sacar y meter con ritmo. Lo tenía abrazado del cuello, a veces agarrándolo de la espalda, siendo aplastado por su peso mientras me cogía. Se escuchaba mi sonido favorito, el de unas pelotas chocando contra mis nalgas, era maravilloso. Ya habiéndome pajeado sin acabar desde antes estaba muy caliente y lo estaba disfrutando mucho. Se pone más derecho, agarrándose de atrás de mis rodillas, empujándomelas hasta la almohada, y me empieza a dar con fuerza. Su pija se metía hasta el fondo de mi cola y yo gemía como puta. La cama se corría con cada embestida, yo estaba casi cabeza abajo de cómo me estaba cogiendo. Me daba duro y me hacía gritar, y parecía que cada grito lo envalentonaba más.
Me estuvo cogiendo fuerte uno rato largo hasta que le pedí cambiar de posición, tenía las piernas incómodas. Le dije que se acueste y me acomodé arriba suyo. Con cuidado me metí su pija hasta hacer fondo. Me mordí el labio, acostumbrándome a la posición, y empecé a moverme lentamente levantando y bajando mi cola para meterme y sacarme su chota. Kevin suspiraba, me sentía poderosa. Lo usaba como un pedazo de carne, como él a mi. Yo quería su pija, él quería mi cola, los dos salíamos ganando. Él tenía sus manos en mi cintura para ayudarme con el movimiento; agarré una y me la llevé a mis labios. Agarré su dedo índice y lo lamí antes de metérmelo en la boca.
- Kevin: Que puto que sos, nene.
- Yo: Gracias - le dije sonriendo, haciéndome la gata.
Me estuve moviendo arriba suyo un rato, variando de ritmo. Noté como él parecía estar mas cerca de acabar. Me acosté sobre él, moviendo solo mi cintura. Notaba como le gustaba, pero ya no me daban las piernas. Me dijo que me ponga en cuatro y me acomodé, con el pecho en el colchón y las rodillas flexionadas, entregándome entera. Él, de rodillas en la cama, me la puso de una hasta el fondo y me entró a coger fuerte. Me tenía agarrado de la cintura y empujaba mi cuerpo hacia el suyo para darme con mas furia. El sonido de mi cuerpo con el suyo era un escándalo, mis gemidos también.
- Kevin: Tomá, putito, tomá. ¿Te gusta?
- Yo: Si, SI! Cogeme.
Él gruñía más y más, hasta que de un golpe se separó de mi. Gire la cabeza y pude ver como en medio segundo se sacaba el forro y me tiraba chorros de leche en la cola. Fueron como 7 u 8, se ve que estaba cargado. Mis nalgas principalmente y también mi cintura estaban llenas de leche, y un poco también había caído en mi espalda. Me dejé caer en el colchón, cansado, con calor y con el orto abierto, notando como ríos de leche se unían en mi raya. Kevin se sentó en la cama, también respirando pesado.
- Kevin: ¿Te gustó?
- Yo: Si, si, estuvo bueno. - le contesté con una sonrisa.
Él fue al baño. Pensé que me iba a traer papel para limpiarme pero se estaba dando otra ducha. Lo esperé en la pieza hasta que salió, ya medio vestido. Me dijo si me podía vestir que ya tenía que volver al laburo. Medio avergonzado me vestí rápido. Todavía su leche no se me había secado de la cola y ya estaba cruzando su puerta. Las rodillas me temblaban de los sacudones que me estuvo dando, mi aliento olía a pija, pero no me importó mucho. Me calentó caminar a mi casa con leche en la cola y los labios con presemen. Se me debía transparentar en el short blanco, sin tener boxer, y sentía como la leche me bajaba por las nalgas lentamente hasta los muslos, pero no me importaba. Sentía esa leche en mis nalgas como un trofeo, como una medalla que me había ganado. Había salido a que me cogieran y ahora volvía con la cola rota y con la leche de un desconocido encima.
Llegué a casa y me desnudé, tiré la ropa en un rincón y me empecé a masturbar mientras me tocaba la leche de la cola, ya casi dura. Junté un poco con un dedo y me lo metí a la boca. Acabé enseguida y me quedé dormido así como estaba. Tuve que bañarme de nuevo por todo el olor a leche que tenía, la mía y la del repositor del chino. Mi cola era un pegote, me toqué el ano y lo sentía cosquillear. Me quedé muy feliz, conforme con lo que hice. Sería la primera de muchas veces en que saliera a buscar pija y hacerme coger por cualquiera.
8 comentarios - Por calentón me coge por el repositor del chino