El café del centro comercial estaba casi vacío a esa hora de la tarde. Julián permanecía sentado al fondo, con la mirada perdida en la taza de té helado. Tenía las ojeras marcadas y el rostro cansado tras haber pasado la noche anterior caminando en círculos por el apartamento.
Cuando Sofía apareció, caminando con elegancia, luciendo un vestido ajustado y oliendo a su perfume habitual, a Julián se le comprimió el pecho. Ella se sentó frente a él con una postura impecable, cruzándose de piernas y mirándolo con una calma fría, sin una sola gota de culpa en los ojos.
Julián apretó los puños por debajo de la mesa, tomó aire y habló con la voz pausada, tratando de no quebrarse:
Julián: —Sofía... yo no vine a pelear ni a gritarte. Solo quiero que me digas la verdad... ¿Por qué le mandas fotos en tanga a Camilo? ¿Por qué le mandas fotos totalmente desnuda? Ponte un segundo en mi lugar... ¿cómo quieres que me quede tranquilo viendo eso?
Sofía recostó la espalda en la silla, lo miró fijamente y soltó una risita baja y corta, cargada de una condescendencia helada.
Sofía: —¿Y qué, Julián? ¿Cuál es el problema? Cami es mi amigo de toda la vida, me ha visto mil veces y yo le puedo mandar las fotos que a mí se me dé la gana. El problema no son las fotos, Julián... el problema son tus celos y tu mente enferma que cree que por dormir conmigo eres mi dueño. Mis papás ven eso súper normal porque son gente abierta y madura, no como tú que te ahogas en un vaso de agua por nada.
Julián bajó la cabeza, sintiendo un golpe seco en el estómago. Ver la seguridad absoluta con la que ella hablaba y cómo lo hacía sentir como el único "enfermo e inseguro" por no ver las cosas con la misma "normalidad" que toda la familia de ella, lo dejó sin un solo argumento para defenderse.
Al verlo callado, acorralado y derrotado, Sofía suavizó la mirada. Para ella, Julián era el hombre de su vida, a quien amaba profundamente, y le dolía verlo sufrir por cosas que en su cabeza eran tan cotidianas. Estiró la mano sobre la mesa, le tomó los dedos con delicadeza y le sonrió con una ternura genuina:
Sofía: —Pero bueno... yo no vine aquí a hablar de eso ni a discutir por pendejadas. Vine porque te amo, baboso, y porque quiero que estemos bien. Vamos al apartamento, dejamos esta tontería atrás y te voy a consentir como a ti te gusta para que veas que sigo siendo tuya.
Apenas cruzaron la puerta del apartamento, la pasión contenida explotó. Julián, impulsado por una mezcla desesperada de posesión y necesidad de borrar las imágenes de su mente, tomó a Sofía por la cintura y la empujó contra la cama del cuarto principal.
Le subió el vestido de un tirón, le agarró la ropa interior y se la bajó por las piernas. Sin darle respiro, se acomodó entre sus muslos y se hundió a hacerle un sexo oral devorador, pasándole la lengua de abajo hacia arriba con desesperación.

S: SLURP, SLURP, SCHLICK, SCHLICK...
Sofía gemía complacida, acariciándole el cabello con amor verdadero. Le encantaba sentir cómo Julián la deseaba, pero sabía que para quitarle la inseguridad de la cabeza tenía que darle algo especial, algo que reservaba para momentos únicos.

Sofía: —Mmmh... mi amor... ven aquí... ponte detrás de mí... hoy te voy a dar lo que tanto te gusta para que te quede claro quién es el dueño de esta casita...
Sofía se puso en cuatro patas sobre el colchón, entregándole las nalgas abiertas con una confianza ciega. Julián sintió que la sangre le hervía en las sienes. Agarró el lubricante de la mesa de noche, le untó abundantemente en el anochecer de su cuerpo y en la verga, y apoyó la cabeza contra la entrada apretada y caliente.


PLACK! PLACK! SCHLICK! SCHLICK!
Con una estocada lenta pero firme, la cabeza se abrió paso en el ano de Sofía. Ella soltó un jadeo profundo, apretando las sábanas con las manos mientras Julián se iba metiendo hasta el fondo, llenándola por completo.
Sofía: —¡AHH... AHH... JULIÁN! ¡Mmmh... sí, mi vida... métemela toda por el chiquito... ahh! ¡Para que veas que soy tuya, mi amor... solo tuya...!
Julián empezó a embestirla con una fuerza bruta, agarrándola de la cadera mientras el choque de su piel contra las nalgas sonaba seco por toda la habitación. Sofía gemía de placer real; ella adoraba el sexo con Julián, amaba la forma en que él la poseía y se entregaba por completo al morbo de sentir cómo él se adueñaba de su culo para reconciliarse.
EFECTOS / SONIDOS: ¡PLACK, PLACK, PLACK! ¡SLURP, SCHLICK!
Julián: —¡Dime que eres mía, Sofía! ¡Dime de quién es este culito!
Sofía: —¡Tuyo, mi amor! ¡Es tuyo, ahh... ahh... dale más duro, que me voy a venir contigo...!



Tras un orgasmo intenso que los dejó a ambos temblando, Julián terminó acurrucado detrás de ella, abrazándola por la cintura y besándole la espalda con una devoción total, sintiéndose el hombre más dichoso por haber recibido ese "premio" de amor y entrega.
Sofía, desnuda y sudorosa, acariciaba la mano de Julián que descansaba en su vientre. En su mente todo estaba en orden: amaba a Julián con locura, le acababa de dar su culo para demostrárselo, pero eso no cambiaba en nada el cariño y la complicidad natural que tenía con Camilo.
Con Julián casi dormido al lado, Sofía estiró el brazo, tomó su celular de la mesa de noche y le envió un mensaje de voz a Camilo por WhatsApp, hablando en un tono dulce y tranquilo, sin esconder nada.
Sofía: (En audio de voz, susurrando con cariño mientras Julián le besaba el hombro dormido) —Hola, Cami... ya llegamos al apartamento con Julián. Ya hablamos todo, nos arreglamos súper rico y ya está súper tranquilo mi amor... Mis papás dijeron que el domingo hay almuerzo allá, así que nos vemos el domingo en la casa para que compartamos todos tranquilos. Un besito.
Sofía dejó el teléfono a un lado, se acomodó contra el pecho de Julián y sonrió en la oscuridad. Para su mente liberada y moderna no había engaño; simplemente le estaba dando a cada hombre el lugar que le correspondía en su vida.
A la mañana siguiente, el sol entraba radiante. Sofía le llevó el desayuno a la cama. Julián la miraba como un idiota enamorado, convencido de que la noche anterior con el anal había dejado marcado su territorio para siempre.
Sofía se le sentó encima en la cama, le dio un beso largo en la boca y le soltó la propuesta con la sonrisa más pura del mundo:
Sofía: —Mi amor hermoso... anoche mi mamá me confirmó que el domingo nos esperan en la casa para el almuerzo familiar. Y le dije a Cami que fuera para que ustedes dos por fin compartan como hombres maduros, se tomen unas cervezas y hagan las paces de una vez por todas. ¿Cierto que vas a ir conmigo bien juicioso, mi cielo?
Julián se congeló con el tenedor en la mano. Recordó el anal de la noche anterior, recordó su promesa implícita de no ser un celoso inmaduro, y sintió que no tenía escapatoria.
Julián forzó una sonrisa, le acarició la pierna y tragó saliva:
Julián: —Claro que sí, mi amor... Nos vemos allá el domingo.
Cuando Sofía apareció, caminando con elegancia, luciendo un vestido ajustado y oliendo a su perfume habitual, a Julián se le comprimió el pecho. Ella se sentó frente a él con una postura impecable, cruzándose de piernas y mirándolo con una calma fría, sin una sola gota de culpa en los ojos.
Julián apretó los puños por debajo de la mesa, tomó aire y habló con la voz pausada, tratando de no quebrarse:
Julián: —Sofía... yo no vine a pelear ni a gritarte. Solo quiero que me digas la verdad... ¿Por qué le mandas fotos en tanga a Camilo? ¿Por qué le mandas fotos totalmente desnuda? Ponte un segundo en mi lugar... ¿cómo quieres que me quede tranquilo viendo eso?
Sofía recostó la espalda en la silla, lo miró fijamente y soltó una risita baja y corta, cargada de una condescendencia helada.
Sofía: —¿Y qué, Julián? ¿Cuál es el problema? Cami es mi amigo de toda la vida, me ha visto mil veces y yo le puedo mandar las fotos que a mí se me dé la gana. El problema no son las fotos, Julián... el problema son tus celos y tu mente enferma que cree que por dormir conmigo eres mi dueño. Mis papás ven eso súper normal porque son gente abierta y madura, no como tú que te ahogas en un vaso de agua por nada.
Julián bajó la cabeza, sintiendo un golpe seco en el estómago. Ver la seguridad absoluta con la que ella hablaba y cómo lo hacía sentir como el único "enfermo e inseguro" por no ver las cosas con la misma "normalidad" que toda la familia de ella, lo dejó sin un solo argumento para defenderse.
Al verlo callado, acorralado y derrotado, Sofía suavizó la mirada. Para ella, Julián era el hombre de su vida, a quien amaba profundamente, y le dolía verlo sufrir por cosas que en su cabeza eran tan cotidianas. Estiró la mano sobre la mesa, le tomó los dedos con delicadeza y le sonrió con una ternura genuina:
Sofía: —Pero bueno... yo no vine aquí a hablar de eso ni a discutir por pendejadas. Vine porque te amo, baboso, y porque quiero que estemos bien. Vamos al apartamento, dejamos esta tontería atrás y te voy a consentir como a ti te gusta para que veas que sigo siendo tuya.
Apenas cruzaron la puerta del apartamento, la pasión contenida explotó. Julián, impulsado por una mezcla desesperada de posesión y necesidad de borrar las imágenes de su mente, tomó a Sofía por la cintura y la empujó contra la cama del cuarto principal.
Le subió el vestido de un tirón, le agarró la ropa interior y se la bajó por las piernas. Sin darle respiro, se acomodó entre sus muslos y se hundió a hacerle un sexo oral devorador, pasándole la lengua de abajo hacia arriba con desesperación.

S: SLURP, SLURP, SCHLICK, SCHLICK...
Sofía gemía complacida, acariciándole el cabello con amor verdadero. Le encantaba sentir cómo Julián la deseaba, pero sabía que para quitarle la inseguridad de la cabeza tenía que darle algo especial, algo que reservaba para momentos únicos.

Sofía: —Mmmh... mi amor... ven aquí... ponte detrás de mí... hoy te voy a dar lo que tanto te gusta para que te quede claro quién es el dueño de esta casita...
Sofía se puso en cuatro patas sobre el colchón, entregándole las nalgas abiertas con una confianza ciega. Julián sintió que la sangre le hervía en las sienes. Agarró el lubricante de la mesa de noche, le untó abundantemente en el anochecer de su cuerpo y en la verga, y apoyó la cabeza contra la entrada apretada y caliente.


PLACK! PLACK! SCHLICK! SCHLICK!
Con una estocada lenta pero firme, la cabeza se abrió paso en el ano de Sofía. Ella soltó un jadeo profundo, apretando las sábanas con las manos mientras Julián se iba metiendo hasta el fondo, llenándola por completo.
Sofía: —¡AHH... AHH... JULIÁN! ¡Mmmh... sí, mi vida... métemela toda por el chiquito... ahh! ¡Para que veas que soy tuya, mi amor... solo tuya...!
Julián empezó a embestirla con una fuerza bruta, agarrándola de la cadera mientras el choque de su piel contra las nalgas sonaba seco por toda la habitación. Sofía gemía de placer real; ella adoraba el sexo con Julián, amaba la forma en que él la poseía y se entregaba por completo al morbo de sentir cómo él se adueñaba de su culo para reconciliarse.
EFECTOS / SONIDOS: ¡PLACK, PLACK, PLACK! ¡SLURP, SCHLICK!
Julián: —¡Dime que eres mía, Sofía! ¡Dime de quién es este culito!
Sofía: —¡Tuyo, mi amor! ¡Es tuyo, ahh... ahh... dale más duro, que me voy a venir contigo...!



Tras un orgasmo intenso que los dejó a ambos temblando, Julián terminó acurrucado detrás de ella, abrazándola por la cintura y besándole la espalda con una devoción total, sintiéndose el hombre más dichoso por haber recibido ese "premio" de amor y entrega.
Sofía, desnuda y sudorosa, acariciaba la mano de Julián que descansaba en su vientre. En su mente todo estaba en orden: amaba a Julián con locura, le acababa de dar su culo para demostrárselo, pero eso no cambiaba en nada el cariño y la complicidad natural que tenía con Camilo.
Con Julián casi dormido al lado, Sofía estiró el brazo, tomó su celular de la mesa de noche y le envió un mensaje de voz a Camilo por WhatsApp, hablando en un tono dulce y tranquilo, sin esconder nada.
Sofía: (En audio de voz, susurrando con cariño mientras Julián le besaba el hombro dormido) —Hola, Cami... ya llegamos al apartamento con Julián. Ya hablamos todo, nos arreglamos súper rico y ya está súper tranquilo mi amor... Mis papás dijeron que el domingo hay almuerzo allá, así que nos vemos el domingo en la casa para que compartamos todos tranquilos. Un besito.
Sofía dejó el teléfono a un lado, se acomodó contra el pecho de Julián y sonrió en la oscuridad. Para su mente liberada y moderna no había engaño; simplemente le estaba dando a cada hombre el lugar que le correspondía en su vida.
A la mañana siguiente, el sol entraba radiante. Sofía le llevó el desayuno a la cama. Julián la miraba como un idiota enamorado, convencido de que la noche anterior con el anal había dejado marcado su territorio para siempre.
Sofía se le sentó encima en la cama, le dio un beso largo en la boca y le soltó la propuesta con la sonrisa más pura del mundo:
Sofía: —Mi amor hermoso... anoche mi mamá me confirmó que el domingo nos esperan en la casa para el almuerzo familiar. Y le dije a Cami que fuera para que ustedes dos por fin compartan como hombres maduros, se tomen unas cervezas y hagan las paces de una vez por todas. ¿Cierto que vas a ir conmigo bien juicioso, mi cielo?
Julián se congeló con el tenedor en la mano. Recordó el anal de la noche anterior, recordó su promesa implícita de no ser un celoso inmaduro, y sintió que no tenía escapatoria.
Julián forzó una sonrisa, le acarició la pierna y tragó saliva:
Julián: —Claro que sí, mi amor... Nos vemos allá el domingo.
0 comentarios - Juego psicológico 6