Me arrastró escaleras arriba, ignorando mis forcejeos débiles, directo a mi habitación. Me tiró en la cama, donde el espejo aún reflejaba mi imagen desarreglada de antes. Se quitó la camisa, revelando su pecho ancho y velludo, y luego los pantalones, liberando su polla gruesa y venosa, de un tono oscuro que contrastaba con mi piel. Era grande, palpitante, y me aterrorizó, pero también, no puedo negarlo, me intrigó en ese momento probarlo.
Se subió sobre mí, sujetándome las manos por encima de la cabeza con una sola de las suyas. "Vas a disfrutar esto, vecina", murmuró, y mientras me sujetaba las manos con uno de sus brazos me besaba y con su otra mano me manoseaba todo el cuerpo poco a poco bajaba hasta llegar a mi vagina y empezó a masturbarme metiendo sus dedos arrancandome gemidos bastante fuertes y escandalosos. Me estaba masturbando a tal punto que yo sentía como mi vagina estaba escurriendo de mis juguitos me estaba traicionado y el notaba la humedad en mi el sabía que mi vagina se estaba preparando para recibir su verga grande gorda y venuda.


Se acomodó en la entrada de mi vagina entre mis piernas abriéndolas completamente con acceso directo a mi vagina y puso su verga en la entrada de mi vagina y empezó a gritar mi vagina con su verga la verdad no puedo mentir porque se sentía rico su cabeza gruesa frotando mi entrada vaginal veía como su pene se iba lubricando con mis juguitos.



Me causaba tanto placer sentir como lo apretaba y lo presionaba contra mi vagina pero sin llegar a meterlo, me dejaba a la expectativa que ya estaba esperando el momento de recibir y sentir su verga penetrarme.
Hasta que de una empujó su verga contra mi entrada con fuerza. Entró de golpe, estirándome dolorosamente al principio, sentí como abría mi vagina y me llenaba por dentro le costó trabajo entrar pero por lo lubricada que estaba y la fuerza con lo que la metió entró de golpe.


Grité bastante fuerte mientras intentaba cerrar las piernas pero el las abrió con todas sus fuerzas y sonrió, pero el dolor se mezcló rápido con un placer abrumador de sentir lleno mi agujero vaginal como nunca lo había sentido sentía como mi vagina abrazaba su verga y como está tocaba las paredes de mi vagina de lo gruesa que era y como llegaba hasta mi tope de lo larga. Empezó a follarme con embestidas fuertes, su barriga golpeando mi abdomen, sus bolas peludas chocando contra mi culo. "¡No, por favor!", sollocé, pero mi coño lo apretaba, succionándolo, y pronto mis gemidos se volvieron reales, involuntarios. Básicamente me voy estaba violando en mi casa.

A pesar de todo, la estimulación era demasiado. Sus caderas chocaban contra las mías, su polla rozando ese punto dentro de mí que me hacía ver estrellas del placer. Lo odiaba me daba asco tenerlo encima de mi y sobre todo dentro de mi porque me estaba cogiendo sin condón, pero mi cuerpo lo amaba mi cuerpo lo disfrutaba le encantaba su verga: el sudor de su piel se mezclaba con el mío, y su olor terroso invadía la habitación como una niebla densa. Cada embestida era un recordatorio de lo mucho que odiaba esa sensación de pérdida de control, pero joder, mi cuerpo no escuchaba. Mi coño se contraía alrededor de su verga gruesa, succionándolo como si tuviera vida propia, mientras él gruñía como un animal satisfecho. "Eso es, apriétame así que rico aprietas estás bi n cerradita", jadeó, acelerando el ritmo, sus caderas chocando con las mías en un slap-slap que resonaba en las paredes.
Intenté girar la cabeza, apartar la mirada de esos ojos negros que me perforaban, pero él me sujetó la barbilla con dedos ásperos, obligándome a verlo. Sus dientes amarillos destellaban en una sonrisa torcida, y por un segundo, recordé lo que me dijo en el patio esta mañana, cuando solo me miró de arriba abajo y comentó mis piernas en pijama. Aquello era inocuo comparado con esto, pero el asco era el mismo, multiplicado por mil. "No... por favor, sal de mí ya deja de violar me por favor me duele", susurré, mi voz quebrada de excitación y placer, pero mis caderas traidoras se alzaron para encontrar su siguiente empuje el tomó mis piernas y las colocó en sus hombros para inclinarse y penetrar más rápido y más fuerte, enviando una oleada de placer que me hizo morder el labio con tanta fuerza hasta sangrar.

Él rio, un sonido gutural que vibró contra mi piel, y soltó mis manos solo para voltearme como si fuera una muñeca. De rodillas ahora, mi cara aplastada contra la sábana revuelta, sentí su peso sobre mi espalda, inmovilizándome. Sus manos peludas agarraron mis caderas, tirando de mí hacia atrás, y su verga se hundió de nuevo en mi coño empapado con una fuerza que me arrancó un grito. "Mírate, tan mojada para mí. No puedes mentirme, niña", murmuró cerca de mi oído, su aliento caliente rozando mi nuca. Odiaba cómo sus palabras se clavaban, cómo mi mente gritaba que parara mientras mi clítoris palpitaba con cada roce interno quería más.


Traté de arrastrarme hacia adelante, de liberarme, mis uñas arañando la tela de la cama, pero él era un muro de carne y músculo. Su barriga presionaba contra mi culo, y una de sus manos subió a mi pecho, pellizcando mi pezón endurecido a través del bra rosa que aún colgaba desarreglado. El dolor se fundió con el placer, y un gemido escapó de mis labios antes de que pudiera detenerlo. "¡Maldito seas!", espeté, pero él solo embistió más profundo, rozando ese punto sensible que me hacía ver chispas. Mi cuerpo se rindió un poco más, mis paredes internas apretándolo, lubricándolo con mis jugos traicioneros. En el fondo, lo detestaba: su audacia, esa forma de invadir mi espacio como si el mundo le perteneciera y que a la vez me causaba placer.
El espejo al lado de la cama capturaba todo, reflejando mi imagen deshecha—cabello revuelto pegado a la frente sudorosa, piernas abiertas en sumisión forzada, y él encima, su piel oscura contrastando con la mía mientras me follaba sin piedad. Recordé vagamente cómo solía disfrutar el sol en el patio, sintiendo el pasto bajo mis pies desnudos, pero ahora todo eso parecía un sueño lejano, contaminado por su presencia. Sus bolas peludas golpeaban con cada movimiento, y el calor se acumulaba en mi vientre, construyendo algo que no quería admitir. Me estaba follando en 4 con toda su fuerza posible.


-¡Que piernas tan deliciosas tienes. ¡Me vuelves loco cuando usas faldas o shorts hermosa y ese culo bien formado! -Me decía mientras las acariciaba. Saco su verga dentro de mí mientras me miraba.
Y es que no lo culpo, mis piernas son lo mejor de mí, como salgo a correr, mis piernas están firmes y suaves al tacto. Después me abrió las piernas y comenzó a tocarme mi conchita.
Comencé a gritar, cuando sentí sus dedos fríos en mis labios vaginales –Cállate, trato de chupártela. -sentía como su lengua húmeda y caliente tocaba las paredes de mi vagina dejando una película de saliva viscosa.

En ocasiones la metía hasta dentro, lenta y suavemente para después recorrer mis labios menores con su lengua, estaba completamente a su merced, inmediatamente empezó a torturar mi clítoris con la punta de su lengua, las sensaciones que salieron desde mi clítoris hicieron que mi espalda se arqueará y dejará escapar un pequeño gemido. Después comenzó a tocarme los pechos, con sus dedos apretaba mis pezones de una forma delicada pero fuerte, haciendo que el placer que estaba sintiendo se multiplicara, después sus manos bajaron a mi cintura, mis nalgas, todo lo que quería de mí.
-me gusta… ahh… me gusta la calidez de tu vagina vecina… -decía mientras entraba y salía de mí. –Me gustan las conchas con poquitos vellitos vecina… mmm… nunca imagine que fueras tan perfecta así depilada me gusta.
De pronto con sus dedos separo mis labios vaginales –que rico clítoris tienes vecina, me gusta cómo se te hincha hasta parecer un botoncito. -le dio unos ligeros toques con la punta de la lengua y sentí unos ligeros espasmos en mi pelvis me estaba dando mucho placer a tal punto que me retorcía y me mordía los labios para no gemir.
-¿Te gusto vecinita? –decía al mismo tiempo que pasaba su lengua por mi clítoris, por mis pezones y por todo mi cuerpo.
– ¿Qué… es… lo… que quiere… de mí? –le dije apenas recuperándome de todas las sensaciones que había sentido estaba jadeando completamente sudada.
- Quiero follarte vecina, desde que te vi he querido follarte toda me gustas mucho y el día que te Vi llegar me calentaste mucho y luego con lo puta provocativa que eres uffff me he masturbado varias veces pensando en ti y tenía que cogerte.
– Por favor no, se lo suplico, no me haga nadaaaa ya, me duele mucho...
Me abrió las piernas completamente y comenzó a besar mi conchita, sentía como me la humedecía al pasarme su lengua llena de saliva, las sensaciones volvían de nuevo y esta vez sentía que me dolían los pezones, al darse cuenta de su erección comenzó a chuparme los pechos, primero el izquierdo y luego el derecho, con sus labios apretaba mis pezones mientras pasaba su lengua rápidamente por mis pezones. Sentí unas cosquillas en ellos a la vez que sentía que se me ponían más duritos. En eso el vecino agarro su pene mientras me ponía de rodillas en el piso.
-mira vecina, este es un amigo que ha querido conocerte desde que te vi y quiere darte mucho amor
–su pene era muy grande y un muy grueso, por su fuerte erección sus venas se veían saltadas, era la primera vez que veía el pene de un hombre así de grande, anteriormente había visto dos penes el del chico de la tienda y el de mi ex novio, sin embargo, el pene de mi vecino era muy grande como nunca había visto uno antes. Me tomó del cabello y me jalo la cabeza hacia atrás, por instinto abrí mi boca para gritar por lo fuerte que me jalo, aprovechando, metió su pene en mi boca.
Puse cara de asco y cerré mis ojos, pero me ordeno que los abriera y que lo mirara directamente a la cara mientras el metía su verga.
–mírame a la cara putita y chúpalo… vamos…
mmmm… métetelo todo vecinita…
–brbr… brbrb… rbrbrb… –sentía arcadas cada vez que me penetraba y mis ojos comenzaron a lagrimear por lo mismo de tan grande que era y de tan profundo que lo metía.

Me tomó con sus dos manos la cabeza y me empujo para que se lo chupara más. Su pene apenas cabía dentro de mi boca y mi lengua recorrió cada centímetro de su pene. Conocer el sabor de ese pene negro fue asqueroso, sentía que no podía seguir teniendo su pene en mi boca, así que como pude me separé de él, alcance a mirar su verga mientras tocia y noté que estaba completamente cubierto de mi saliva, pequeños hilos de saliva caían sobre la alfombra y unos cuantos hilos conectaban su pene con mi boca. Me dolía la garganta de haberla tenido hasta el fondo.

De repente, me levantó y me puso de nuevo en la cama, me volteó boca arriba. "Quiero verte la cara cuando te corras", dijo, su voz ronca de lujuria. Intenté cerrar las piernas, empujarlo con las palmas contra su pecho velludo, pero él las separó con facilidad, posicionando su trabuco en mi entrada. Entró lento esta vez, torturándome, estirándome centímetro a centímetro hasta que estuve llena de él. Mis manos cayeron a los lados, exhaustas, y cuando empezó a moverse de nuevo, el ritmo fue implacable. Sus dedos encontraron mi clítoris, frotándolo en círculos ásperos, y el placer me golpeó como una ola.
"No... no lo hagas", sollocé, pero mis caderas se arquearon, buscando más. Lo odiaba, maldita sea, odiaba cómo mi cuerpo respondía a esa estimulación cruda, cómo su pene me llenaba de una manera que nunca lo habían hecho. Él se inclinó, capturando mi boca en un beso forzado, su lengua invasora saboreando mi resistencia. Gemí en su boca, el beso se volvió un caos de dientes y saliva, y sus embestidas se aceleraron. Sentí el orgasmo acercándose, inevitable, mi coño contrayéndose alrededor de él en espasmos.

–Que apretadito está aquí adentro vecinita, nunca imagine que fueras virgen. Creía que alguien más ya te había desflorado antes. –Me tomó de las caderas y de una sola embestida me metió aun mas su pene yo ya no era virgen pero por lo apretada que tenía mi vagina el creyó que era virgen y creo que eso lo excitó aún más; solté un grito ahogado por el dolor y dándome tiempo se quedó quieto para que mi vagina se acostumbrara al grosor de su pene. Lentamente empezó a follarme y sentía como me desgarraba al entrar y salir completamente de mí.

Dejé escapar un leve grito al tiempo que me la metía con más fuerza, sentí como algo caliente emanaba de mi conchita y escurría por mis piernas.
– ¡Uy!... sí… mmm… que rico se siente mi pene dentro de tu vagina apretadita –me lo metía con más fuerza con cada embestida, me tenía bien agarrada por la cintura y me embestía salvajemente. Sentía como su pene chocaba con la entrada de mi útero, pero en vez de dolor ya, lo que sentía eran pequeñas descargas de placer.
Al poco rato el dolor había desaparecido y en su lugar un mar de sensaciones que nunca había sentido me ponía la piel chinita. –mmm… mmm… mmm… mmm… –gemía con cada embestida.
–mmmmmmm… aaahhhhh… –no podía dejar de gemir –ahhh ahhh ahhh… mmmm… –Por la forma en como me trataba sabía que le gustaban mis gemidos y yo también ya lo estaba disfrutando básicamente me estaba gustando que me violara.
–Te gusta ehh.. ahh ahhh ahhh… eres una vecinita muy putita… ¿lo sabias?… ahh.. ahhh… ¿te gusta que te la meta dura verdad? –me mordí el labio inferior y puse cara de niña buena, me miro y pude ver como lo excitaba mi gesto.
De pronto me cargó en sus brazos y me la comienzó a meter. Me subía y me bajaba, me subía y me bajaba en su pene solo para escucharme gritar mientras me la metía toda.

–ahhhh ahhhh… dete...nn...tee…ahhh… mmm paraaa!!!
–No puedo… me gustas mucho vecina… no puedo –seguía más y más rápido dándome.
–Ya no puedo maaas.... ahhhhhh –siento como llega mi primer orgasmo y como mi cuerpo se tensa cada vez que siento llegar un espasmo.
–Si…córrete encima de mi… si… ven si… más rápido –me daba rápido mientras me chupaba las tetas y me daba pequeñas mordidas en mis pezones.
Mis pezones pasaron a ponerse rojos por causa de mordidas que me había dado
–Ya por favor te suplico… dejameeeee – sin embargo, su lengua no daba tregua a mi pezón y me excitaba más.
–Suplícame, me gusta escucharte pedir piedad –me puso contra la pared y dejo de cargarme para después levantarme una pierna y seguir follandome fuerte. Me miró completamente y me besó.
–Dime si te gusta así… mmm… vas hacer que me corra en cualquier momento… que putita eres y ni querías al principio.
De pronto se salió de mí y agarrándose la verga comenzó a masturbarse. –Uiii si… ahh… prepárate vecina… que te bañare toda. –me apunto con su verga y un chorro de semen blanco y caliente fue a parar a mi cara, después otro y otro. Parecía lluvia y no paraba de gemir y tirar semen.
–mmmmmmmmmmmmm… uuuuuuuuyyyyyyyyy si toma tu lechita bebe…-me hecho todo su esperma encima, mis pechos quedaron completamente cubiertos, en mi cara unos cuantos chorros escurrían por mis mejillas y mi abdomen se fue cubriendo por el semen que escurría por mis pechos.
–tenia meses sin poder correrme tan a gusto, tenía las bolas llenas y todo eso lo guarde para ti vecinita la siguiente te los echo dónde van. ¿Te gustó? –no le conteste, preferí mirar hacia otro lado mientras me retiraba el exceso de semen que quedaba en mi rostro, lo cual le dio risa.
–Mira que bien te vez niña. Jajajajajaja. –de su pantalón saco su celular y empezó a tomarme fotografías.
–Te tomaré una fotito llena de leche, para recordar todo lo que te hice y como quedaste al final. –Se vistió mientras yo seguía en el piso.
Cuando estaba a punto de salir de mi habitación me miró, saco un frasco vacío de su pantalón y se devolvió. Se arrodillo ante mí, me tomó una vez más de las piernas y me las abrió. Comenzó a darme unos chupones en la vagina mucho más intensos que los de hace rato, metía su lengua en lo más profundo de mi vagina a la vez que movía en círculos su lengua.
–¡¡¡Ya por favor!!! –Le gritaba mientras me volvía la excitación.
–Es que me pones caliente. –Me contestó.
–Sentí como mis juguitos empezaban a salir de mi conchita, rápidamente coloco el frasco vacío y lo empezó a llenar con mis juguitos.
–Mmmm aquí está mi recpmpensa –tomó el frasco mientras con sus dedos abría aun más mi vagina para que saliera un poco más. Metió un dedo hasta dentro de mi vagina y este salió cubierto de mis jugos, se lo llevo a su boca para probarlo.
–mmmmmmmmm que rico sabor tienes vecinita –me quitó un poco de semen de la cara y me lo dio a probar
Tapo su frasco y me mostro el líquido trasparente y espeso que había recolectado de mi coño usado. Sin decir más salio de mi cuarto y me dejo ahí tendida desnuda, llena de semen, sudada, cansada y con mi coño hinchado por haberlo usado.
Se subió sobre mí, sujetándome las manos por encima de la cabeza con una sola de las suyas. "Vas a disfrutar esto, vecina", murmuró, y mientras me sujetaba las manos con uno de sus brazos me besaba y con su otra mano me manoseaba todo el cuerpo poco a poco bajaba hasta llegar a mi vagina y empezó a masturbarme metiendo sus dedos arrancandome gemidos bastante fuertes y escandalosos. Me estaba masturbando a tal punto que yo sentía como mi vagina estaba escurriendo de mis juguitos me estaba traicionado y el notaba la humedad en mi el sabía que mi vagina se estaba preparando para recibir su verga grande gorda y venuda.


Se acomodó en la entrada de mi vagina entre mis piernas abriéndolas completamente con acceso directo a mi vagina y puso su verga en la entrada de mi vagina y empezó a gritar mi vagina con su verga la verdad no puedo mentir porque se sentía rico su cabeza gruesa frotando mi entrada vaginal veía como su pene se iba lubricando con mis juguitos.



Me causaba tanto placer sentir como lo apretaba y lo presionaba contra mi vagina pero sin llegar a meterlo, me dejaba a la expectativa que ya estaba esperando el momento de recibir y sentir su verga penetrarme.
Hasta que de una empujó su verga contra mi entrada con fuerza. Entró de golpe, estirándome dolorosamente al principio, sentí como abría mi vagina y me llenaba por dentro le costó trabajo entrar pero por lo lubricada que estaba y la fuerza con lo que la metió entró de golpe.


Grité bastante fuerte mientras intentaba cerrar las piernas pero el las abrió con todas sus fuerzas y sonrió, pero el dolor se mezcló rápido con un placer abrumador de sentir lleno mi agujero vaginal como nunca lo había sentido sentía como mi vagina abrazaba su verga y como está tocaba las paredes de mi vagina de lo gruesa que era y como llegaba hasta mi tope de lo larga. Empezó a follarme con embestidas fuertes, su barriga golpeando mi abdomen, sus bolas peludas chocando contra mi culo. "¡No, por favor!", sollocé, pero mi coño lo apretaba, succionándolo, y pronto mis gemidos se volvieron reales, involuntarios. Básicamente me voy estaba violando en mi casa.

A pesar de todo, la estimulación era demasiado. Sus caderas chocaban contra las mías, su polla rozando ese punto dentro de mí que me hacía ver estrellas del placer. Lo odiaba me daba asco tenerlo encima de mi y sobre todo dentro de mi porque me estaba cogiendo sin condón, pero mi cuerpo lo amaba mi cuerpo lo disfrutaba le encantaba su verga: el sudor de su piel se mezclaba con el mío, y su olor terroso invadía la habitación como una niebla densa. Cada embestida era un recordatorio de lo mucho que odiaba esa sensación de pérdida de control, pero joder, mi cuerpo no escuchaba. Mi coño se contraía alrededor de su verga gruesa, succionándolo como si tuviera vida propia, mientras él gruñía como un animal satisfecho. "Eso es, apriétame así que rico aprietas estás bi n cerradita", jadeó, acelerando el ritmo, sus caderas chocando con las mías en un slap-slap que resonaba en las paredes.
Intenté girar la cabeza, apartar la mirada de esos ojos negros que me perforaban, pero él me sujetó la barbilla con dedos ásperos, obligándome a verlo. Sus dientes amarillos destellaban en una sonrisa torcida, y por un segundo, recordé lo que me dijo en el patio esta mañana, cuando solo me miró de arriba abajo y comentó mis piernas en pijama. Aquello era inocuo comparado con esto, pero el asco era el mismo, multiplicado por mil. "No... por favor, sal de mí ya deja de violar me por favor me duele", susurré, mi voz quebrada de excitación y placer, pero mis caderas traidoras se alzaron para encontrar su siguiente empuje el tomó mis piernas y las colocó en sus hombros para inclinarse y penetrar más rápido y más fuerte, enviando una oleada de placer que me hizo morder el labio con tanta fuerza hasta sangrar.

Él rio, un sonido gutural que vibró contra mi piel, y soltó mis manos solo para voltearme como si fuera una muñeca. De rodillas ahora, mi cara aplastada contra la sábana revuelta, sentí su peso sobre mi espalda, inmovilizándome. Sus manos peludas agarraron mis caderas, tirando de mí hacia atrás, y su verga se hundió de nuevo en mi coño empapado con una fuerza que me arrancó un grito. "Mírate, tan mojada para mí. No puedes mentirme, niña", murmuró cerca de mi oído, su aliento caliente rozando mi nuca. Odiaba cómo sus palabras se clavaban, cómo mi mente gritaba que parara mientras mi clítoris palpitaba con cada roce interno quería más.


Traté de arrastrarme hacia adelante, de liberarme, mis uñas arañando la tela de la cama, pero él era un muro de carne y músculo. Su barriga presionaba contra mi culo, y una de sus manos subió a mi pecho, pellizcando mi pezón endurecido a través del bra rosa que aún colgaba desarreglado. El dolor se fundió con el placer, y un gemido escapó de mis labios antes de que pudiera detenerlo. "¡Maldito seas!", espeté, pero él solo embistió más profundo, rozando ese punto sensible que me hacía ver chispas. Mi cuerpo se rindió un poco más, mis paredes internas apretándolo, lubricándolo con mis jugos traicioneros. En el fondo, lo detestaba: su audacia, esa forma de invadir mi espacio como si el mundo le perteneciera y que a la vez me causaba placer.
El espejo al lado de la cama capturaba todo, reflejando mi imagen deshecha—cabello revuelto pegado a la frente sudorosa, piernas abiertas en sumisión forzada, y él encima, su piel oscura contrastando con la mía mientras me follaba sin piedad. Recordé vagamente cómo solía disfrutar el sol en el patio, sintiendo el pasto bajo mis pies desnudos, pero ahora todo eso parecía un sueño lejano, contaminado por su presencia. Sus bolas peludas golpeaban con cada movimiento, y el calor se acumulaba en mi vientre, construyendo algo que no quería admitir. Me estaba follando en 4 con toda su fuerza posible.


-¡Que piernas tan deliciosas tienes. ¡Me vuelves loco cuando usas faldas o shorts hermosa y ese culo bien formado! -Me decía mientras las acariciaba. Saco su verga dentro de mí mientras me miraba.
Y es que no lo culpo, mis piernas son lo mejor de mí, como salgo a correr, mis piernas están firmes y suaves al tacto. Después me abrió las piernas y comenzó a tocarme mi conchita.
Comencé a gritar, cuando sentí sus dedos fríos en mis labios vaginales –Cállate, trato de chupártela. -sentía como su lengua húmeda y caliente tocaba las paredes de mi vagina dejando una película de saliva viscosa.

En ocasiones la metía hasta dentro, lenta y suavemente para después recorrer mis labios menores con su lengua, estaba completamente a su merced, inmediatamente empezó a torturar mi clítoris con la punta de su lengua, las sensaciones que salieron desde mi clítoris hicieron que mi espalda se arqueará y dejará escapar un pequeño gemido. Después comenzó a tocarme los pechos, con sus dedos apretaba mis pezones de una forma delicada pero fuerte, haciendo que el placer que estaba sintiendo se multiplicara, después sus manos bajaron a mi cintura, mis nalgas, todo lo que quería de mí.
-me gusta… ahh… me gusta la calidez de tu vagina vecina… -decía mientras entraba y salía de mí. –Me gustan las conchas con poquitos vellitos vecina… mmm… nunca imagine que fueras tan perfecta así depilada me gusta.
De pronto con sus dedos separo mis labios vaginales –que rico clítoris tienes vecina, me gusta cómo se te hincha hasta parecer un botoncito. -le dio unos ligeros toques con la punta de la lengua y sentí unos ligeros espasmos en mi pelvis me estaba dando mucho placer a tal punto que me retorcía y me mordía los labios para no gemir.
-¿Te gusto vecinita? –decía al mismo tiempo que pasaba su lengua por mi clítoris, por mis pezones y por todo mi cuerpo.
– ¿Qué… es… lo… que quiere… de mí? –le dije apenas recuperándome de todas las sensaciones que había sentido estaba jadeando completamente sudada.
- Quiero follarte vecina, desde que te vi he querido follarte toda me gustas mucho y el día que te Vi llegar me calentaste mucho y luego con lo puta provocativa que eres uffff me he masturbado varias veces pensando en ti y tenía que cogerte.
– Por favor no, se lo suplico, no me haga nadaaaa ya, me duele mucho...
Me abrió las piernas completamente y comenzó a besar mi conchita, sentía como me la humedecía al pasarme su lengua llena de saliva, las sensaciones volvían de nuevo y esta vez sentía que me dolían los pezones, al darse cuenta de su erección comenzó a chuparme los pechos, primero el izquierdo y luego el derecho, con sus labios apretaba mis pezones mientras pasaba su lengua rápidamente por mis pezones. Sentí unas cosquillas en ellos a la vez que sentía que se me ponían más duritos. En eso el vecino agarro su pene mientras me ponía de rodillas en el piso.
-mira vecina, este es un amigo que ha querido conocerte desde que te vi y quiere darte mucho amor
–su pene era muy grande y un muy grueso, por su fuerte erección sus venas se veían saltadas, era la primera vez que veía el pene de un hombre así de grande, anteriormente había visto dos penes el del chico de la tienda y el de mi ex novio, sin embargo, el pene de mi vecino era muy grande como nunca había visto uno antes. Me tomó del cabello y me jalo la cabeza hacia atrás, por instinto abrí mi boca para gritar por lo fuerte que me jalo, aprovechando, metió su pene en mi boca.
Puse cara de asco y cerré mis ojos, pero me ordeno que los abriera y que lo mirara directamente a la cara mientras el metía su verga.
–mírame a la cara putita y chúpalo… vamos…
mmmm… métetelo todo vecinita…
–brbr… brbrb… rbrbrb… –sentía arcadas cada vez que me penetraba y mis ojos comenzaron a lagrimear por lo mismo de tan grande que era y de tan profundo que lo metía.

Me tomó con sus dos manos la cabeza y me empujo para que se lo chupara más. Su pene apenas cabía dentro de mi boca y mi lengua recorrió cada centímetro de su pene. Conocer el sabor de ese pene negro fue asqueroso, sentía que no podía seguir teniendo su pene en mi boca, así que como pude me separé de él, alcance a mirar su verga mientras tocia y noté que estaba completamente cubierto de mi saliva, pequeños hilos de saliva caían sobre la alfombra y unos cuantos hilos conectaban su pene con mi boca. Me dolía la garganta de haberla tenido hasta el fondo.

De repente, me levantó y me puso de nuevo en la cama, me volteó boca arriba. "Quiero verte la cara cuando te corras", dijo, su voz ronca de lujuria. Intenté cerrar las piernas, empujarlo con las palmas contra su pecho velludo, pero él las separó con facilidad, posicionando su trabuco en mi entrada. Entró lento esta vez, torturándome, estirándome centímetro a centímetro hasta que estuve llena de él. Mis manos cayeron a los lados, exhaustas, y cuando empezó a moverse de nuevo, el ritmo fue implacable. Sus dedos encontraron mi clítoris, frotándolo en círculos ásperos, y el placer me golpeó como una ola.
"No... no lo hagas", sollocé, pero mis caderas se arquearon, buscando más. Lo odiaba, maldita sea, odiaba cómo mi cuerpo respondía a esa estimulación cruda, cómo su pene me llenaba de una manera que nunca lo habían hecho. Él se inclinó, capturando mi boca en un beso forzado, su lengua invasora saboreando mi resistencia. Gemí en su boca, el beso se volvió un caos de dientes y saliva, y sus embestidas se aceleraron. Sentí el orgasmo acercándose, inevitable, mi coño contrayéndose alrededor de él en espasmos.

–Que apretadito está aquí adentro vecinita, nunca imagine que fueras virgen. Creía que alguien más ya te había desflorado antes. –Me tomó de las caderas y de una sola embestida me metió aun mas su pene yo ya no era virgen pero por lo apretada que tenía mi vagina el creyó que era virgen y creo que eso lo excitó aún más; solté un grito ahogado por el dolor y dándome tiempo se quedó quieto para que mi vagina se acostumbrara al grosor de su pene. Lentamente empezó a follarme y sentía como me desgarraba al entrar y salir completamente de mí.

Dejé escapar un leve grito al tiempo que me la metía con más fuerza, sentí como algo caliente emanaba de mi conchita y escurría por mis piernas.
– ¡Uy!... sí… mmm… que rico se siente mi pene dentro de tu vagina apretadita –me lo metía con más fuerza con cada embestida, me tenía bien agarrada por la cintura y me embestía salvajemente. Sentía como su pene chocaba con la entrada de mi útero, pero en vez de dolor ya, lo que sentía eran pequeñas descargas de placer.
Al poco rato el dolor había desaparecido y en su lugar un mar de sensaciones que nunca había sentido me ponía la piel chinita. –mmm… mmm… mmm… mmm… –gemía con cada embestida.
–mmmmmmm… aaahhhhh… –no podía dejar de gemir –ahhh ahhh ahhh… mmmm… –Por la forma en como me trataba sabía que le gustaban mis gemidos y yo también ya lo estaba disfrutando básicamente me estaba gustando que me violara.
–Te gusta ehh.. ahh ahhh ahhh… eres una vecinita muy putita… ¿lo sabias?… ahh.. ahhh… ¿te gusta que te la meta dura verdad? –me mordí el labio inferior y puse cara de niña buena, me miro y pude ver como lo excitaba mi gesto.
De pronto me cargó en sus brazos y me la comienzó a meter. Me subía y me bajaba, me subía y me bajaba en su pene solo para escucharme gritar mientras me la metía toda.

–ahhhh ahhhh… dete...nn...tee…ahhh… mmm paraaa!!!
–No puedo… me gustas mucho vecina… no puedo –seguía más y más rápido dándome.
–Ya no puedo maaas.... ahhhhhh –siento como llega mi primer orgasmo y como mi cuerpo se tensa cada vez que siento llegar un espasmo.
–Si…córrete encima de mi… si… ven si… más rápido –me daba rápido mientras me chupaba las tetas y me daba pequeñas mordidas en mis pezones.
Mis pezones pasaron a ponerse rojos por causa de mordidas que me había dado
–Ya por favor te suplico… dejameeeee – sin embargo, su lengua no daba tregua a mi pezón y me excitaba más.
–Suplícame, me gusta escucharte pedir piedad –me puso contra la pared y dejo de cargarme para después levantarme una pierna y seguir follandome fuerte. Me miró completamente y me besó.
–Dime si te gusta así… mmm… vas hacer que me corra en cualquier momento… que putita eres y ni querías al principio.
De pronto se salió de mí y agarrándose la verga comenzó a masturbarse. –Uiii si… ahh… prepárate vecina… que te bañare toda. –me apunto con su verga y un chorro de semen blanco y caliente fue a parar a mi cara, después otro y otro. Parecía lluvia y no paraba de gemir y tirar semen.
–mmmmmmmmmmmmm… uuuuuuuuyyyyyyyyy si toma tu lechita bebe…-me hecho todo su esperma encima, mis pechos quedaron completamente cubiertos, en mi cara unos cuantos chorros escurrían por mis mejillas y mi abdomen se fue cubriendo por el semen que escurría por mis pechos.
–tenia meses sin poder correrme tan a gusto, tenía las bolas llenas y todo eso lo guarde para ti vecinita la siguiente te los echo dónde van. ¿Te gustó? –no le conteste, preferí mirar hacia otro lado mientras me retiraba el exceso de semen que quedaba en mi rostro, lo cual le dio risa.
–Mira que bien te vez niña. Jajajajajaja. –de su pantalón saco su celular y empezó a tomarme fotografías.
–Te tomaré una fotito llena de leche, para recordar todo lo que te hice y como quedaste al final. –Se vistió mientras yo seguía en el piso.
Cuando estaba a punto de salir de mi habitación me miró, saco un frasco vacío de su pantalón y se devolvió. Se arrodillo ante mí, me tomó una vez más de las piernas y me las abrió. Comenzó a darme unos chupones en la vagina mucho más intensos que los de hace rato, metía su lengua en lo más profundo de mi vagina a la vez que movía en círculos su lengua.
–¡¡¡Ya por favor!!! –Le gritaba mientras me volvía la excitación.
–Es que me pones caliente. –Me contestó.
–Sentí como mis juguitos empezaban a salir de mi conchita, rápidamente coloco el frasco vacío y lo empezó a llenar con mis juguitos.
–Mmmm aquí está mi recpmpensa –tomó el frasco mientras con sus dedos abría aun más mi vagina para que saliera un poco más. Metió un dedo hasta dentro de mi vagina y este salió cubierto de mis jugos, se lo llevo a su boca para probarlo.
–mmmmmmmmm que rico sabor tienes vecinita –me quitó un poco de semen de la cara y me lo dio a probar
Tapo su frasco y me mostro el líquido trasparente y espeso que había recolectado de mi coño usado. Sin decir más salio de mi cuarto y me dejo ahí tendida desnuda, llena de semen, sudada, cansada y con mi coño hinchado por haberlo usado.
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