Antes de comer voy primero a darme una ducha. Salgo ya en modo noche, en pijama, con unas ganas enormes de simplemente besarte. Pero no te encontré. Habías sido más rápida y también te habías ido a duchar.
Así que me tocó a mí hacer algunos últimos detalles en la mesa, apagué un par de luces 😉 y se me ocurrió poner una vela sobre la mesa ❤️.
Después dejé una botella de vino sobre la mesa y esperé un ratito mientras te imaginaba en la ducha…
Me imaginaba el agua recorriendo tu cuerpo, quedándote inmóvil por un instante. El agua caía sobre tu cabello, ahora más oscuro, pesado por el peso de las gotas que iban buscando su camino. Bajaban por tu frente, por tus mejillas, por tu cuello, sin apuro, siguiendo las líneas de tu cuerpo hasta el final. A veces las gotas se desprendían antes: desde la punta de tu nariz, desde tus dedos, desde las puntas de tu cabello y hasta el rincón más sexy de tus hermosos y delicados pechos.
Mis pensamientos seguían ahí cuando saliste de la ducha y luego del baño. Verte así era todavía más lindo, tan fresca, con el pelo pesado, oscuro, todavía dejando caer algunas gotitas de agua sobre tu remerita de entrecasa, acompañada por un pantaloncito corto, tipo deportivo, que dejaba ver la piel sedosa de tus elegantes y esbeltas piernas. Tus piernas tan sexys que, con cada paso, tenían un movimiento apenas provocador, como si supieras perfectamente el efecto que causaban. Y todo eso “solamente” estando en casa.
Mirás hacia la mesa, pero no me encontrás. Enseguida llamo tu atención:
— acá estoy, bonita.
Estaba sentado en el sofá, con el teléfono en la mano, aunque ya ni lo miraba; solamente te miraba a vos, viendo cómo te movías.
Sin esperar más me levanto y te acompaño hacia la cocina. Pero antes, y realmente porque no puedo evitarlo, me acerco a vos. Quiero sentir el calor de tu cuerpo recién salido de la ducha, sentir el aroma único de tu piel. Quiero besarte, mi amor. Sentir tus labios tan suaves sobre los míos.
Solo tendría que ser un beso lindo, un beso que te muestre cuánto te quiero y lo hermosa que siempre me parecés.
Pero lo que empieza como uno de nuestros besos, suaves, lentos, llenos de miradas cómplices, enseguida va creciendo. Yo solo quería darte un beso, abrazarte y tenerte un poco más cerca. Pero la cercanía entre nosotros siempre es peligrosa; nos encanta y casi nunca conseguimos detenernos.
No fue la excepción.
Siento cómo me abrazás cada vez con más fuerza, no por desesperación sino por necesidad. Nuestros labios húmedos ya no alcanzan; necesitan más, buscan más sensaciones.
Me llevás nuevamente hasta el sofá, despacio, beso tras beso. Me hacés sentar, te acomodás sobre mí, tomás mi rostro con tus delicados dedos y volvés a besarme. Nos besamos de una manera tan linda.
También notás lo excitado que ya estoy, y eso despierta todavía más deseo en vos.
Sin ningún problema te sacás la remera. Tu cuerpo recién duchado brilla; tus pechos se muestran tan hermosos. Te mostrás orgullosa, segura de vos misma, increíblemente sensual.
Me acerco a tu cuerpo. Primero beso tu cuello mientras mis manos ya empiezan a recorrerte, bajando beso tras beso hasta tus pechos, firmes también por la excitación. Los disfruto, los siento con mis labios y también con mi lengua. Eso me excita muchísimo; a los dos nos gusta.
También te tomo de tu colita firme, aprieto tus curvas y te acerco todavía más a mí. Ya completamente excitado, duro, podés sentirme.
Mis manos sostienen tu cuerpo mientras mis labios siguen disfrutando de tus pechos, y con el movimiento ondulante que compartimos entendemos que ya no podemos seguir mucho tiempo así.
Ahora sí una desesperación controlada nos invade.
Te levantás apenas y te ayudo a bajar tu pantaloncito. Quedás completamente desnuda, hermosa, sexy, con una silueta espléndida 😍.
Después hacés lo mismo conmigo. Me ayudás a sacarme el pantaloncito mientras sigo sentado. Ahora también podés verme por completo, y eso me enciende todavía más.
Estoy completamente excitado. Lo que antes habías sentido ahora lo tomás con delicadeza entre tus dedos. Me sentís duro, me acariciás, me sentís, me ves húmedo, casi retorciéndome de placer. Te gusta; lo veo en tu carita tan linda.
Volvés a acomodarte sobre mí, apoyándote sobre tus rodillas.
Nos vemoa a los dos completamente húmedos.
Seguís acariciándome y me guiás con tanta delicadeza entre tus piernas, haciéndome rozar contra esos labios tan ardientes, empapados ahora no solo por tu propia lubricación sino por la de los dos.
Con cada movimiento te siento un poco más. Siento que de mí también sale cada vez más, y quedás completamente mojada. Muy excitada, con un movimiento preciso hacés que entre completamente en vos.
A diferencia de otras veces, el peso de tu cuerpo y la enorme humedad de los dos hacen que, de golpe, quede totalmente dentro de vos.
La sensación es intensa. Nos sorprende. Pero sentirse completamente excitado, totalmente dentro tuyo, sentir toda tu entrepierna húmeda abrazándome hasta lo más profundo, hace que a los dos se nos escape un gemido fuerte de placer.
En ese momento no querés empezar a moverte hacia arriba y abajo. Querés sentir absolutamente todo. Querés besarme por completo.
Solo movés suavemente tus caderas, cada vez con un poco más de intensidad, hacia adelante y hacia atrás, dejando que todo sea un roce constante entre nosotros.
Tus suaves gemidos encienden hasta el último rincón de mi cuerpo.
A veces cierro los ojos. A veces te miro completamente fascinado. A veces simplemente nos besamos con toda la pasión que sentimos.
La mesa preparada y la vela encendida son nuestros únicos testigos.
Nos movemos, y vos lo hacés tan perfectamente que siento que no voy a poder aguantar mucho más.
Lo ves en mi cara. También te lo digo. Te gusta escucharlo y seguís, una y otra vez.
La sensación de estar dentro tuyo es tan intensa, tan estrecha, tan hermosa. Verte moverte, ver tu cuerpo, tus movimientos tan femeninos, tus curvas, mi amor 🔥.
Todo se vuelve cada vez más fuerte.
Vos lo sabés. Sabés que estoy por llegar al límite y, lejos de disminuir el ritmo, tus movimientos se vuelven todavía más precisos. También lo hacés por vos, porque te gusta y porque sabés que vos también estás muy cerca.
Hasta que ya no puedo más.
Con un último gemido te digo que estoy por terminar y vos, diosa, pícara y tan sexy, simplemente te apretás todavía más contra mí sin dejar de moverte.
—Oh sí, … por favor… acabá dentro mío.
Escucharte decir eso en voz baja es el detonante.
Ya no puedo más.
Cierro los ojos y siento cómo, lentamente, todo sucede dentro de vos. Con cada nuevo movimiento aparece una nueva oleada de calor y la sensación de humedad es absoluta.
Intento abrazarte, besarte. Vos seguís moviéndote. Yo lo disfruto, pero también imagino que vos estás llegando a tu propio momento culminante.
Te sostengo fuerte de la cola, casi ayudándote a moverte. Beso cada rincón de tu cuerpo al que consigo llegar en ese instante y parece magia.
Tu voz cambia, tus gemidos se mezclan con algunas palabras, y unos segundos después también llega tu momento.
Con tu cuerpo moviéndose junto al mío te apretás contra mí y te escucho repetir bajito, casi como si te costara hablar:
—Sí… sí… sííí…
Mientras tu cuerpo tiembla apenas, te abrazo fuerte y no te suelto durante un largo rato.
Nos quedamos así unos minutos, disfrutándonos ahora en silencio, tranquilos, en paz.
Hasta que lentamente te levantás.
Salís despacito de arriba mío.
Muy lentamente también salgo de vos. Todavía muy excitado, veo y siento toda esa enorme humedad que quedó entre nosotros.
Fin.
Así que me tocó a mí hacer algunos últimos detalles en la mesa, apagué un par de luces 😉 y se me ocurrió poner una vela sobre la mesa ❤️.
Después dejé una botella de vino sobre la mesa y esperé un ratito mientras te imaginaba en la ducha…
Me imaginaba el agua recorriendo tu cuerpo, quedándote inmóvil por un instante. El agua caía sobre tu cabello, ahora más oscuro, pesado por el peso de las gotas que iban buscando su camino. Bajaban por tu frente, por tus mejillas, por tu cuello, sin apuro, siguiendo las líneas de tu cuerpo hasta el final. A veces las gotas se desprendían antes: desde la punta de tu nariz, desde tus dedos, desde las puntas de tu cabello y hasta el rincón más sexy de tus hermosos y delicados pechos.
Mis pensamientos seguían ahí cuando saliste de la ducha y luego del baño. Verte así era todavía más lindo, tan fresca, con el pelo pesado, oscuro, todavía dejando caer algunas gotitas de agua sobre tu remerita de entrecasa, acompañada por un pantaloncito corto, tipo deportivo, que dejaba ver la piel sedosa de tus elegantes y esbeltas piernas. Tus piernas tan sexys que, con cada paso, tenían un movimiento apenas provocador, como si supieras perfectamente el efecto que causaban. Y todo eso “solamente” estando en casa.
Mirás hacia la mesa, pero no me encontrás. Enseguida llamo tu atención:
— acá estoy, bonita.
Estaba sentado en el sofá, con el teléfono en la mano, aunque ya ni lo miraba; solamente te miraba a vos, viendo cómo te movías.
Sin esperar más me levanto y te acompaño hacia la cocina. Pero antes, y realmente porque no puedo evitarlo, me acerco a vos. Quiero sentir el calor de tu cuerpo recién salido de la ducha, sentir el aroma único de tu piel. Quiero besarte, mi amor. Sentir tus labios tan suaves sobre los míos.
Solo tendría que ser un beso lindo, un beso que te muestre cuánto te quiero y lo hermosa que siempre me parecés.
Pero lo que empieza como uno de nuestros besos, suaves, lentos, llenos de miradas cómplices, enseguida va creciendo. Yo solo quería darte un beso, abrazarte y tenerte un poco más cerca. Pero la cercanía entre nosotros siempre es peligrosa; nos encanta y casi nunca conseguimos detenernos.
No fue la excepción.
Siento cómo me abrazás cada vez con más fuerza, no por desesperación sino por necesidad. Nuestros labios húmedos ya no alcanzan; necesitan más, buscan más sensaciones.
Me llevás nuevamente hasta el sofá, despacio, beso tras beso. Me hacés sentar, te acomodás sobre mí, tomás mi rostro con tus delicados dedos y volvés a besarme. Nos besamos de una manera tan linda.
También notás lo excitado que ya estoy, y eso despierta todavía más deseo en vos.
Sin ningún problema te sacás la remera. Tu cuerpo recién duchado brilla; tus pechos se muestran tan hermosos. Te mostrás orgullosa, segura de vos misma, increíblemente sensual.
Me acerco a tu cuerpo. Primero beso tu cuello mientras mis manos ya empiezan a recorrerte, bajando beso tras beso hasta tus pechos, firmes también por la excitación. Los disfruto, los siento con mis labios y también con mi lengua. Eso me excita muchísimo; a los dos nos gusta.
También te tomo de tu colita firme, aprieto tus curvas y te acerco todavía más a mí. Ya completamente excitado, duro, podés sentirme.
Mis manos sostienen tu cuerpo mientras mis labios siguen disfrutando de tus pechos, y con el movimiento ondulante que compartimos entendemos que ya no podemos seguir mucho tiempo así.
Ahora sí una desesperación controlada nos invade.
Te levantás apenas y te ayudo a bajar tu pantaloncito. Quedás completamente desnuda, hermosa, sexy, con una silueta espléndida 😍.
Después hacés lo mismo conmigo. Me ayudás a sacarme el pantaloncito mientras sigo sentado. Ahora también podés verme por completo, y eso me enciende todavía más.
Estoy completamente excitado. Lo que antes habías sentido ahora lo tomás con delicadeza entre tus dedos. Me sentís duro, me acariciás, me sentís, me ves húmedo, casi retorciéndome de placer. Te gusta; lo veo en tu carita tan linda.
Volvés a acomodarte sobre mí, apoyándote sobre tus rodillas.
Nos vemoa a los dos completamente húmedos.
Seguís acariciándome y me guiás con tanta delicadeza entre tus piernas, haciéndome rozar contra esos labios tan ardientes, empapados ahora no solo por tu propia lubricación sino por la de los dos.
Con cada movimiento te siento un poco más. Siento que de mí también sale cada vez más, y quedás completamente mojada. Muy excitada, con un movimiento preciso hacés que entre completamente en vos.
A diferencia de otras veces, el peso de tu cuerpo y la enorme humedad de los dos hacen que, de golpe, quede totalmente dentro de vos.
La sensación es intensa. Nos sorprende. Pero sentirse completamente excitado, totalmente dentro tuyo, sentir toda tu entrepierna húmeda abrazándome hasta lo más profundo, hace que a los dos se nos escape un gemido fuerte de placer.
En ese momento no querés empezar a moverte hacia arriba y abajo. Querés sentir absolutamente todo. Querés besarme por completo.
Solo movés suavemente tus caderas, cada vez con un poco más de intensidad, hacia adelante y hacia atrás, dejando que todo sea un roce constante entre nosotros.
Tus suaves gemidos encienden hasta el último rincón de mi cuerpo.
A veces cierro los ojos. A veces te miro completamente fascinado. A veces simplemente nos besamos con toda la pasión que sentimos.
La mesa preparada y la vela encendida son nuestros únicos testigos.
Nos movemos, y vos lo hacés tan perfectamente que siento que no voy a poder aguantar mucho más.
Lo ves en mi cara. También te lo digo. Te gusta escucharlo y seguís, una y otra vez.
La sensación de estar dentro tuyo es tan intensa, tan estrecha, tan hermosa. Verte moverte, ver tu cuerpo, tus movimientos tan femeninos, tus curvas, mi amor 🔥.
Todo se vuelve cada vez más fuerte.
Vos lo sabés. Sabés que estoy por llegar al límite y, lejos de disminuir el ritmo, tus movimientos se vuelven todavía más precisos. También lo hacés por vos, porque te gusta y porque sabés que vos también estás muy cerca.
Hasta que ya no puedo más.
Con un último gemido te digo que estoy por terminar y vos, diosa, pícara y tan sexy, simplemente te apretás todavía más contra mí sin dejar de moverte.
—Oh sí, … por favor… acabá dentro mío.
Escucharte decir eso en voz baja es el detonante.
Ya no puedo más.
Cierro los ojos y siento cómo, lentamente, todo sucede dentro de vos. Con cada nuevo movimiento aparece una nueva oleada de calor y la sensación de humedad es absoluta.
Intento abrazarte, besarte. Vos seguís moviéndote. Yo lo disfruto, pero también imagino que vos estás llegando a tu propio momento culminante.
Te sostengo fuerte de la cola, casi ayudándote a moverte. Beso cada rincón de tu cuerpo al que consigo llegar en ese instante y parece magia.
Tu voz cambia, tus gemidos se mezclan con algunas palabras, y unos segundos después también llega tu momento.
Con tu cuerpo moviéndose junto al mío te apretás contra mí y te escucho repetir bajito, casi como si te costara hablar:
—Sí… sí… sííí…
Mientras tu cuerpo tiembla apenas, te abrazo fuerte y no te suelto durante un largo rato.
Nos quedamos así unos minutos, disfrutándonos ahora en silencio, tranquilos, en paz.
Hasta que lentamente te levantás.
Salís despacito de arriba mío.
Muy lentamente también salgo de vos. Todavía muy excitado, veo y siento toda esa enorme humedad que quedó entre nosotros.
Fin.
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