You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

La Salsa Secreta - [Relato Real] 💋

Eran las ocho de la tarde cuando empecé a cocinar. El departamento estaba en silencio, esa calma falsa que precede al caos de tres roomies llegando del trabajo. Yo estaba sola, o eso creía, con la única compañía de mi celular y la conversación en Poringa con un amigo que me escribía cosas que me hacían sonreír y, siendo honesta, me humedecían.

La Salsa Secreta - [Relato Real] 💋

Llevaba puesta una remera negra, holgada, sin corpiño. Mis bragas habían desaparecido hacía días —otra broma de mis roomies, esas bromistas pesadas que pensaban que era divertido robarme la ropa interior y dejarme sin nada— así que debajo del jogging gris que colgaba de mis caderas, estaba desnuda. El algodón suave rozaba mi piel cada vez que me movía, y esa fricción constante, combinada con las palabras subidas de tono de mi amigo, me tenía en un estado de excitación sutil pero persistente.

lesbianas

Estaba haciendo salsa boloñesa. El sofrito de cebolla y ajo ya perfumaba la cocina, ese olor que invade y se pega en la ropa. La carne estaba dorándose en la sartén, y yo revolvía distraída, riendo de algo que mi amigo escribía, cuando pensé en la venganza.

Las había visto esa mañana, a mis tres roomies, usando mis bragas como si nada, mostrándome con sonrisas de "¿qué vas a hacer?". Y yo, en lugar de enojarme de verdad, había sentido algo más complejo. Poder. Porque ellas no sabían que yo podía ser peor. Que podía ser más perversa.

puta

Puse el agua a hervir para los fideos moñito. La salsa ya tenía todo: la carne, el vino, las especias. Solo faltaba el tomate. Lo tenía ahí, cerca, en el frasco de vidrio. Y entonces se me ocurrió.

amateur

Metí la mano bajo el jogging.

Estaba mojada. No empapada, pero sí húmeda, esa humedad que se siente diferente al sudor, más viscosa, más íntima. Empecé a tocarme de verdad, ya no como juego, sino con intención. Los dedos circulando mi clítoris, entrando un poco, recogiendo mi excitación. Pensaba en ellas comiendo, en las cucharas llevando mi sabor a sus bocas, en la ignorancia con la que devorarían mi venganza líquida. Y esa idea, esa imagen, me excitaba más de lo que quería admitir.

Saqué los dedos. Estaban brillantes, húmedos, con mi esencia. Y los unté en la salsa de tomate.

real

Revuelvo lentamente, integrando mi secreto en la mezcla roja. Luego tomé las hojas de laurel —tres, aromáticas, secas— y las pasé por mi vagina. Una por una. Las froté contra mis labios, contra mi clítoris, contra la entrada, dejando que absorbieran mi olor, mi sabor. Las eché a la salsa con una satisfacción que me hizo gemir bajito.

culona hermosa

Seguí hablando con mi amigo, escribiendo "jaja" y "qué excitante", mientras revolvía mi propia excitación con la carne picada. Estaba perdida en mi cabeza, en el calor de la cocina, en el poder de mi pequeña travesura, cuando sentí que algo cambiaba.

El aire detrás de mí se movió.

No escuché pasos. No escuché la puerta. Pero sentí una presencia, un calor diferente al de la estufa. Y antes de que pudiera girarme, sentí manos en mis caderas, fuertes, decididas, y el jogging gris bajándose de golpe.

El aire frío de la cocina golpeó mi culo desnudo.

—Qué... —empecé a decir, pero la voz se me cortó.

Sentí algo húmedo. Algo caliente. Algo que no esperaba en mi vida.

Una lengua. En mi ano.

putita

Giré la cabeza tan rápido que casi me da vértigo, y la vi. Sarah. Arrodillada detrás de mí, su cara a centímetros de mi culo, sus ojos azules —esos ojos que parecían faroles en la penumbra de la cocina— mirándome fijamente mientras su lengua volvía a lamer, esta vez más lenta, más deliberada, desde mi ano hacia arriba, rozando mi vagina.

—Te vi —dijo Sarah, su voz ronca, diferente a cómo la conocía—. Vi lo que estabas haciendo, zorra. Vi cómo metías los dedos en tu concha. Vi cómo los untabas en la comida. Pensabas que eras lista, ¿verdad?

No supe qué decir. Mi cerebro se cortocircuitó entre la vergüenza de ser descubierta, el shock de tener la lengua de mi roomie en mi culo, y el hecho de que Sarah, la tranquila, la callada, la de los ojos azules, estaba hablando así.

Podría haberme apartado. Podría haber gritado. Podría haberla empujado.

Pero estaba cansada. Y estaba a su merced. Y algo en mí —esa parte que mi amigo de Poringa había estado alimentando toda la tarde— quería más.

Así que no me aparté. Me quedé quieta, agarrándome al borde de la mesada, y dejé que me viera toda. El jogging gris caído a mis rodillas. La remera negra levantada, dejando ver mi culo y mi vagina. Mis piernas temblando.

culona

tetona

puta culona

Sarah sonrió. No una sonrisa amable. Una sonrisa de depredadora.

—Eres una zorra —repitió, y esta vez sonó a cumplido—. Una zorra que pensaba envenenarnos. Pero yo te descubrí.

Y entonces me volteó.

Fue brusco, pero no violento. Giró mi cuerpo con fuerza, dejándome de espaldas contra la mesada, con el jogging atrapado en mis tobillos, completamente expuesta desde la cintura para abajo. Sarah se puso de pie, me miró de arriba abajo, y luego —sin pedir permiso, sin dudar— se agachó y aplastó su cara contra mi vagina.

cunnilingus

Grité.

No fue un grito alto. Fue un grito ahogado, que salió de mi garganta antes de que pudiera controlarlo. Porque Sarah no lamió suave. Sarah chupó con fuerza, con hambre, como si estuviera furiosa y excitada al mismo tiempo.

Sentí su lengua entrando, moviéndose, buscando. Sentí sus labios cerrándose alrededor de mi clítoris, chupando con una succión que me hizo ver estrellas. Y sus manos —esas manos que solo había visto sostener libros o tazas de café— subieron por mi cuerpo, encontrando mis senos bajo la remera negra, masajeándolos con fuerza, pellizcando los pezones a través del algodón.

—Sarah... —jadeé, intentando procesar lo que estaba pasando.

Ella no respondió con palabras. Respondió metiendo dos dedos dentro de mí, curvándolos, encontrando ese punto que me hizo arquear la espalda y golpear la mesada con la mano. El ruido de la olla de agua hirviendo para los fideos se mezcló con el sonido húmedo de su boca en mi sexo, y por un momento pensé que me iba a desmayar.

Estaba avergonzada. Lo estaba. Pero esa vergüenza fue aplastada, como dijiste, por miles de pensamientos de excitación. Por la idea de que Sarah, mi roomie callada, me estaba comiendo en la cocina. Por el riesgo de que entraran las otras. Por el sabor de mi propia venganza que ella estaba probando de primera mano.

La Salsa Secreta - [Relato Real] 💋

Sarah aceleró el ritmo. Sus dedos entraban y salían, su lengua chupaba mi clítoris con fuerza brutal, y yo sentía que me venía. Estaba cerca. Tan cerca. Mis piernas temblaban alrededor de su cabeza, mis manos agarraban su pelo —cuándo había empezado a agarrar su pelo?— y la guiaba, la presionaba más contra mí.

Y entonces escuchamos las llaves.

El sonido metálico de la puerta principal siendo abierta. Voces. Risas. Las otras dos. Volviendo.

Sarah se separó de golpe. Se limpió la boca con el dorso de la mano, sonriendo, con mis fluidos brillando en sus labios. Yo tiré del jogging hacia arriba con dedos torpes, intentando cubrirme, intentando respirar normal, intentando parecer que no había estado a punto de venirme en la cara de mi roomie.

—Continuamos después —susurró Sarah, y su voz sonó a promesa, a amenaza, a juego.

Se fue. Salió de la cocina como si nada, dejándome ahí, apoyada en la mesada, con la vagina palpitando, el pelo desaliñado, y la salsa boloñesa todavía burbujeando en la sartén.

Tardé unos minutos en recomponerme. En secarme las manos. En acomodar el jogging. En servir los fideos moñito con manos que todavía temblaban, con la concha todavía húmeda y sensible, con el cabello que debía parecer como si me hubiera electrocutado.

Las otras dos roomies entraron a la cocina, charlando, pidiendo comida. Sarah volvió —¿de dónde había salido? ¿Del baño? ¿De su cuarto?— y se sentó en la mesa como si no hubiera pasado nada. Como si no hubiera tenido su lengua en mi ano hacía cinco minutos.

Serví la salsa. La salsa que llevaba mi secreto. La salsa que ella había probado de la fuente.

Y entonces sucedió lo que me volvió loca.

Sarah tomó un bocado. Masticó. Miró el plato con atención. Y luego me miró a mí, a los ojos, con esa sonrisa pequeña, privada, que solo yo podía descifrar.

—Está riquísima —dijo, dirigiéndose a todas pero mirándome a mí—. De verdad. Tiene un sabor... intenso. Personal. Nunca probé algo igual.

Y mientras las otras asentían, mientras elogiaban la comida sin saber, Sarah pasó una hoja de laurel por sus labios —una de las que yo había frotado en mi vagina— y me guiñó un ojo.

—¿Verdad que sí? —preguntó, y su voz tenía doble sentido.

Yo solo asentí, sintiendo el calor subir a mis mejillas, sintiendo mi propia humedad regresar entre mis piernas, sabiendo que esto —lo que sea que esto fuera— apenas empezaba.

lesbianas

puta


❤️ Pornpics consultados para ilustrar el relato:

1) - Brunette babe Kira Queen exposing big tits before masturbating in kitchen.

2) - Horny blonde Vinna Reed drinks her own pee while pleasuring her trimmed pussy.

3) - Teen with tiny tits Sofy strips her clothes and sticks her fingers in her twat.

4) - Gorgeous chubby lesbians Kesha Ortega & Sheila Ortega lick pussy.

5) - Blonde MILF Julia Ann & Brazilian teen Gina Valentina having sex at home.

6) - Big butted maid Jada Stevens gets toyed by her skinny boss Amber Rayne.

7) - Lesbian with big tits Angel Wicky eats & toys sexy Jennifer Mendez's pussy.

CONTINUARÁ... 💋

1 comentarios - La Salsa Secreta - [Relato Real] 💋

gust7387 +1
Muy buen relato. Ricos sabores le pusiste a la salsa