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En el negocio de mi papá 3

Le di otro trago a mi bebida hasta terminármela, sentí como me estaba mareando por tomar tan rápido, me sentía caliente de la cara por el alcohol y muy excitada.

—¿Te gusta como huele mi perfume? Ven acércate más para que lo puedas oler mejor. —Le dije señalándole mi cuello con mi dedo índice.

—Hueles muy bien, me dan ganas de cogerte y hacerte mía. —Me dijo acercándose a mi oído. Pude sentir su respiración en mi cuello y su boca tocando mi oído.

Cuando me dijo eso sentí que mi vagina quería que ese hombre me penetrara y se corriera dentro, pero quise ir más despacio.

—¿Te gustaría ver más? —Yo sentía mariposas en el estómago, estaba muy nerviosa y los pezones se me endurecían más, un escalofrió recorría mi cuerpo, estaba nerviosa de hacerlo en el taller de mí papá con el riesgo de que nos cachara.

—Sí mamacita déjame verte bien las tetas.

Me quité el brasier muy lentamente, dejando mis senos expuestos ante ese hombre rudo y sucio de grasa, me sentí muy excitada, mis manos me temblaban de los nervios y mi respiración se agitaba.
En el negocio de mi papá 3

En ese momento él se lanzó como una bestia sobre mis senos y comenzó a lamerlos, me succionaba los pezones y me daba mordidas que me dolían un poco, se estaba comiendo mis pezones duros y sensibles, se colocó detrás de mí y agarro mis senos con sus manos sucias, manchándolos de grasa y aceite, me pellizcó los pezones muy duro hasta que solté un quejido, me sentí tremendamente excitada, en ese taller que olía a grasa, aceite, gasolina y neumáticos. Estaba sola entregándole mi cuerpo a ese hombre, mientras yo pensaba que me había conocido de pequeña y ahora me estaba manoseando y a punto de penetrarme y probar mi vagina, eso me puso muy húmeda, más estando en días fértiles que estaba ovulando y tenía mi libido hasta el tope con ganas de tragar verga de quien fuera.
En ese momento me sentí tan vulnerable, con ese hombre devorándose mis senos, encerrados en el taller de mi papá, tan solo a unos 6 o 7 metros había gente caminando por la banqueta, escuchaba como pasaban afuera los vehículos, y lo único que impedía que nos vieran era ese portón oxidado. Mi vagina me pedía ser penetrada, la sentía muy lubricada, caliente y sensible.

Me arrodillé ante ese hombre desnuda de la cintura a la cabeza y le desabroche la hebilla el cinturón, tomé sus pantalones junto con sus bóxer y los comencé a bajar lentamente, pude ver su cara de morbosidad, le urgía que su verga saliera frente a mí pero yo estaba calentándolo más, quería esa verga reventando de gorda, bajé sus pantalones sucios de grasa comencé a ver su vello púbico, continue bajando hasta que se descubrió su larga y gruesa verga, apuntando ligeramente hacia arriba, con la punta completamente descubierta, se me hizo agua la boca….
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Al ver esa verga tan deliciosa, la tomé con mis manos con mucha sutileza, acariciándole los testículos con mis uñas para excitarlo aún más, comencé a pasar mi lengua desde la base de su verga hasta la punta, mientras lo miraba a los ojos
con mi cara cachonda. Abrí mi boca y comencé a mamar esa gruesa verga con mis labios rojos, se me hacía agua la boca, estaba salivando como una perra en celo, ahora era yo la que se estaba devorando su verga a lengüetadas, entraba y salía de mi boca rápida y profundamente. De pronto sentí como me tomó del cabello y empujó mi cabeza contra su verga para metérmela hasta la garganta, me la tragué toda, mis labios quedaron pegados hasta la base de su verga, me estaba atragantando y se me dificultaba respirar, pero él me tenía bien pegada a su verga, sentí como se me salían lagrimas por el atragantamiento y me encantó ver a ese hombre disfrutando tanto, la mamada que le estaba dando.
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Después de unos segundos me soltó y pude recuperar el aliento empezando a jadear de la excitación y de que me faltaba el aire, su verga estaba llena de mi saliva escurriendo y se veía riquísima grande gorda venida y cabezona.

Después de mamársela me levanté.
—Ya estoy lista para que me penetres, me siento muy cachonda y quiero tenerte adentro.

—Yo ya tengo la verga bien dura zorrita, la mamas muy bien muy rico.

—Sí la tienes enorme, está muy rica tu verga me costó trabajo y me dolió la garganta, pero ya la quiero adentro. —Le dije a tono de ruego.

—Te la voy a meter natural hermosa porque no tengo condón y no quiero perder este momento en ir a comprar uno.

—Está bien así, me gusta más. Además, al rato me compro unas pastillas del día siguiente.

—Que bien mamacita así te voy a disfrutar mucho mejor que rica vagina tienes.

Me retiré momentáneamente los tacones, y me quité la falda despacio frente a ese hombre que se moría de ganas por cogerme, yo estaba muy excitada, sabía que ese hombre me iba a meter la verga brutalmente pues lo había estado calentando muchísimo, terminé de retirarme la falda y de nuevo me puse mis tacones. Caminé hacia el para que viera mi cuerpo desnudo, el hombre me tomó de la cintura y lamió mis tetas de nuevo, mis pezones estaban durísimos como montañas, siguió lamiéndome hasta el cuello, sentí como se me erizaba la piel cada que pasaba su lengua cerca de mi oído.
Huele muy rico tu perfume, eres una zorrita muy fina. Eso me causó más excitación.

El mecánico me soltó por un momento y retiró las cosas que tenía sobre la mesa metálica, se acercó a mí de frente y me tomó de las nalgas, las abrió y me cargó, yo lo abracé mientras el caminaba para llevarme a la mesa, me sentó ahí sobre las manchas de grasa y aceite de coche mis nalgas y mi vagina se mancharon y eso me hizo sentir muy cachonda. Me recosté boca arriba y el me jaló de las piernas para llevar mi culo hasta la orilla de la mesa, y de un tirón me quitó mi tanguita que era lo único que me hacía sentir protegida en ese momento, me sentí completamente desnuda, vulnerable, y tremendamente excitada, ese hombre

estaba tomando el control después de haberlo estado provocando y calentando tanto.

Permanecí recostada sobre la mesa boca arriba y con mi culo hasta la orilla, el mecánico abrió mis piernas y se lanzó sobre mi vagina introduciendo su lengua, muy adentro, sentía como la movía dentro de mis paredes vaginales era delicioso sentir su lengua devorándome por dentro, me lamía los labios internos y externos como un experto, de pronto una sensación estremecedora me hizo comenzar a gemir, el mecánico estaba pasando su lengua deliciosamente por mi clítoris, yo por mi cuenta me acariciaba los senos y frotaba mis pezones, comencé a llorar, fue un sentimiento muy lindo, me sentí querida por ese hombre.
Taller
El mecánico se detuvo y supe que estaba por venir lo mejor, esa verga estaría dentro de mí. Yo seguía recostada sobre la mesa boca arriba, el mecánico estaba de pie a la orilla y levantó mis piernas y las puso sobre sus hombros, les confieso que sentí mucho temor pues tenía una verga muy gruesa y larga, más que la de toros hombres que me han cogido. Y esa posición con las piernas al hombro permite una penetración muy profunda, sentí como acercó la punta de su verga y la coloco justo a la entrada de mi vagina lubricada. Y con sus manos sucias de grasa, me tomó de las piernas, eso me confirmó que me iba a jalar hacia el para ensartarme de un empujón. El mecánico me miró a los ojos de manera morbosa y con un deseo de cogerme violentamente, yo sabía que era el resultado de mi seducción, estuve provocándolo mucho, así que simplemente le respondí viéndole a los ojos.
—¡Cójame!

Apenas pronuncié esa palabra el mecánico me jaló fuertemente hacia él, al mismo tiempo que de un fuerte empujón me penetró hasta el fondo, sentí como su verga gruesa y larga, se abrió paso entre mis paredes vaginales, hasta que topó en el fondo de mi vientre, fue una ensartada tan deliciosa y violenta, que me arrebató un fuerte gemido de dolor y placer.
—¡Aaaaahhhhh!
Taller de papa

Estoy segura que se escuchó hasta la calle. Yo lo miré con mis ojos llorosos, tremendamente excitada, y el sacó su verga por completo, para volver a penetrarme fuertemente hasta el fondo en repetidas ocasiones.

—¡Aaaahhh! ¡Aaaahhh! ¡Aaaahhh!
En el negocio de mi papá 3

Yo solo podía escuchar el rechinido de las patas de la mesa que se movía cada que me penetraba, lo hacía con mucha fuerza, se escuchaba el impacto de su cuerpo contra mis nalgas, era una penetración frenética, se sentía tan delicioso cada que entraba y salía de mi interior, comencé a sentir un calor en mi vientre que me causaba un sentimiento de debilidad, de indefensión ante esa bestia que estaba matándome en cada embestida. Era como un animal, sentía que su verga iba a perforar mi útero. El hombre jadeaba de deseo, me sentí tan plena de ver a ese hombre desahogando sus ganas conmigo, estaba satisfaciéndose totalmente sin importarle si me lastimaba, él solo quería cogerme, yo comencé a acariciar mi cuerpo, sentía mi piel muy sensible, recorrí mi abdomen suavemente hasta llegar a mis senos y los acaricié, queriéndome a mí misma mientras ese hombre me cogía, sentí mis pezones sensibilizarse aún más, se pusieron duros, mis senos eran unas montañas a la vista de aquel hombre.

—¡Aaahhh! ¡Que ricooo! ¡Más rápido! ¡Aaahhh! ¡Cógeme más fuerte! ¡Cógeme! quiero que te corras dentro y me hagas tuya.

Él aceleró el ritmo y me empujaba con más fuerza, yo comencé a gemir sin parar pues estaba sintiendo que me iba a venir, el abdomen se me contrajo y mis piernas comenzaron a temblar sobre sus hombros, sentí erizarse mi piel y mis pezones, sabía que ya me estaba viniendo cuando un calor delicioso en mi vagina me hizo entrar en llanto, era un fuerte sentimiento, me sentí plena entregándole mi cuerpo a ese hombre. Él continuaba embistiéndome brutalmente, cada que me penetraba sentía como topaba en mi interior y mi cuerpo se estremecía.

—¡Aaahhh! ¡Aaahhhaaa! ¡Aaahhh! ¡Así papi! ¡Aaahhh!

—¿Te gusta preciosa?

—¡Aaahhh! ¡Sí me encanta! ¡Aaayyy que rico! ¡Que rico!

De pronto sentí como la punta de su verga, me disparaba chorros de semen caliente por dentro, el dejó su verga hasta el fondo de mi vientre durante algunos segundos para terminar de echar su semen donde va y yo mientras gemia de tanto placer.

—¡Ah! ¡Ah! —El jadeaba fuertemente de placer y yo sufría contracciones vaginales acariciando su verga en mi interior mientras mis piernas temblaban del orgasmo que me había provocado. Apreté mis músculos vsginales para abrazar su verga por dentro y me movía para terminar de sacar la leche y que me la diera toda.

—¡Tienes muy apretadita tu vagina preciosa! —Me dijo muy sorprendido y excitado.

—¡Sííí! ¡Aaahhhh! ¿Le gusta, siente rico como aprieto? Aparte la tienes enorme usted

—Sí, preciosa. Te la comes bien rico. Aprietas riquísimo

Después retiró su gruesa verga y pude sentir como el semen se derramaba entre mis labios vaginales. El hombre terminó satisfecho y cansado, yo por mi parte totalmente complacida, secándome las lágrimas producto del placer que sentí en ese orgasmo y con mi vagina adolorida.

Yo que seguía recostada en la mesa, me senté a la orilla y el tomándome de la cintura me bajó con cuidado pues yo estaba aún entumecida. Lo abracé con mi cuerpo desnudo y le di un beso de lengüita, pues estaba muy feliz, me hizo sentir mujer, lo hizo fuerte, con ganas, me cogió como nadie me lo había hecho.

El seguía disfrutando de mi cuerpo, estando yo de pie me lamia desde los pies a la cabeza, me besaba y chupeteaba el culo, sentí como me abrazo de frente llevando sus manos por atrás para abrirme las nalgas, comenzó a dedearme el ano y a meter su dedo, yo lo miré morbosamente.

—¿Te gustaría meterme la verga por el culo? —Le pregunté sensualmente, aunque con un poco de temor a que él fuese a pensar que yo era una enferma pervertida y si lo soy pero.

—Sí mamacita, desde que te vi de nuevo así ya grandota, me dieron ganas de meterte la verga bien duro por el culo hasta hacerte gritar.

Cuando me dijo eso, me sentí muy excitada. Saber que ese hombre me quería complacer analmente avivó la lujuria en mí. Enseguida tomé mi bolso y saqué un lubricante que siempre llevo jajaja ahí se ve lo puta que soy que hasta cargo un lubricante para aplicármelo, después me fui caminando hacia uno de los vehículos que estaban adentro del taller, me incliné extendiendo mis brazos y dejando mis senos bien pegados sobre el cofre del vehículo, dejé mi espalda arqueada hacia abajo y levanté las nalgas para quedar empinada abriendo mis piernas que lucían preciosas manchadas con grasa y aceite, modelando con mis tacones altos de correas, cual si fuera poster de taller mecánico. Yo estaba invitando a ese hombre rudo a penetrarme por el ano.

El mecánico agarró una botella de aceite automotriz y se lubricó los dedos, se acercó y me lamió el ano de una forma deliciosa, para después lubricarme el culo con sus dedos aceitados, se me contraía el abdomen de la sensación tan excitante que me provocaba yo sabía que no era correcto dejar que metiera sus dedos con aceite automotriz pero estaba muy excitada. El mecánico se acomodó detrás de mí y colocó la punta de su verga en la entrada de mi ano.
—¡Soy toda tuya papi, méteme la verga por el culo!

Entonces él me tomó de la cintura muy fuerte y me jaló hacia atrás contra su verga, a la vez que de un solo empujón me penetró analmente hasta el fondo aventándome contra el cofre, pude sentir esa sensación rica de que una verga entrara por mi culo abriéndose paso en mi interior violentamente. Sentí una fuerte punzada, ese dolor desgarrador característico del sexo anal sin dilatación previa, cuando su verga topó en mi interior sentí que me rompía, fue tan excitante y doloroso a la vez que grite bastante fuerte y a la vez gemi. El mecánico siguió penetrándome analmente muy duro, cada que me la metía sentía como topaba hasta el fondo, empujándome contra el cofre yo estaba llorando y gritando sin parar, mi llanto se hizo presente, no pude evitarlo estaba derramando lagrimas saladas con mi rímel escurriendo, gritaba tan fuerte y de forma desgarradora, con mi llanto entrecortado, la gente que pasaba por la calle debió escuchar los gritos e irse de paso, mi corazón latía muy fuerte y sentía reventado el culo, me ardía mucho. Hasta que perdí las fuerzas, sentía que me desmayaba, mis piernas estaban entumidas no podía seguir de pie, estaba rendida con mis senos sobre el cofre.
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—¿Estas bien hermosa? —Él mecánico se detuvo por un instante.
—Sí, me duele mucho, pero es normal. Soy masoquista y disfruto que me duela mucho me excita.

Él continuó ensartándome su verga sin piedad, mientras yo le gritaba cachondamente.

—¡Ay que rico papi! ¡Sí, méteme la verga bien duro! ¡Así, papi, así! ¡Más rápido!

¡Rómpeme mi culo! ¡Se siente rico papi! ¡Que rico! ¡Ay! ¡Así! ¡Aaayyy!

Continúa

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