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Black corruption C1

Hey, que tal todo, espero que estén muy bien, espero que les guste esta serie de rato que si recibe muy buen apoyo tendrá bastantes partes, ademas ustedes pueden ser participes ya que en algunos episodios dejaré 3 opciones por la cuales ustedes pueden decidir a base de votación, espero su apoyo para seguir subiendo historias de su agrado
Sin mas, que lo disfruten 🔥🔥



Andrés abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso de un sueño profundo que aún no quería soltarlo. La habitación estaba inundada por una luz dorada y cálida que entraba por la ventana sin cortinas, dibujando patrones luminosos sobre las cajas de cartón apiladas contra las paredes. El aire olía a madera nueva, polvo de mudanza y un leve toque de pintura fresca. Era su primera mañana en la casa nueva, una casa donde van a empezar a construirsu amor, su familia, su felicidad.
Black CORRUPTION C1
Andres y Camila, para ellos un nuevo comienzo, a pesar de llevar tantos años, por fin decidieron empezar su vida juntos
Andrés estiró la mano hacia el lado izquierdo de la cama, buscando el cuerpo cálido de Camila. Solo encontró sábanas frías y arrugadas. Frunció el ceño ligeramente, aún aturdido por el cansancio acumulado del día anterior. Se incorporó con un gruñido suave, pasando una mano por su cabello desordenado. Miró el reloj del teléfono: 6:30 a.m.
Andres— Camila… murmuró con voz ronca.
Se levantó, sintiendo los músculos protestar por el esfuerzo de haber cargado cajas hasta altas horas de la noche. Caminó descalzo hacia la puerta, pisando el piso frío de madera.
Andres— ¿Camila? —llamó un poco más fuerte.
Desde la cocina llegó la voz alegre y cantarina de ella, como siempre llena de energía:
Camila— ¡Amor, estoy en la cocina!
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Andrés. Esa era su Camila. Siempre activa, siempre positiva, incluso cuando todo a su alrededor era caos. Recordó por un segundo cómo se habían conocido siendo apenas unos niños, y cómo, nueve años después, seguían juntos, ahora con el proposito de convertirse en marido y mujer, llevan planeando su boda antes de llegar a su nueva casa. Ese pensamiento le calentó el pecho. Fue al baño, se lavó la cara con agua fría para terminar de despertar y se miró un momento en el espejo. Tenía ojeras leves, pero también una chispa de esperanza. Salieron de su ciudad natal con muchos sueños. Ahora solo faltaba que se pudieran emparejar en matrimonio y ademas que la vida les diera una oportunidad.
Caminó hacia la cocina guiado por los olores. El aroma del café recién hecho se mezclaba con huevos revueltos, tocino crujiente, pan tostado y un toque dulce de jugo de naranja. Camila estaba de espaldas
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Moviendose con esa gracia natural que siempre lo había enamorado. Llevaba una bata, que le quedaba sexy y cortica, y el cabello mono oscuro recogido en una toalla desordenado. Cuando escuchó sus pasos, se giró con una sonrisa radiante y corrió hacia él.
Camila— ¡Buenos días, mi amor! —exclamó, abrazándolo fuerte y dándole un beso suave en la mejilla.
Andrés la rodeó con los brazos, aspirando su olor a shampoo y a hogar.
Andres— Buenos días, cariño —respondió con voz aún ronca de sueño
Andres— . ¿Qué te tiene tan alegre hoy?
Camila se separó un poco, mirándolo con esos ojos brillantes que tanto amaba.
Camila— ¿Qué me tiene alegre? —rió suavemente—.
Por fin tenemos nuestra propia casa, Andrés. Ya estamos, ya vivimos juntos… lo unico que falta por tachar en la lista es...
Ella señalando su dedo anular de una forma linda y juguetona
Camila- ¿qué puede ser mejor que esto?
Andrés miró alrededor. La cocina era pequeña, las cajas seguían apiladas en las esquinas y apenas había espacio para moverse. Aun así, ella lo veía todo con optimismo.
Andres —No puedo creer que sigas tan entusiasmada viendo todo el desastre que hay por hacer —dijo él con una media sonrisa.
Camila se encogió de hombros, todavía abrazada a su cintura.
Camila— No me importa. Lo veo y me pongo más feliz todavía… porque estoy contigo.
Andrés sintió una oleada de cariño. Se acercó más, besándole el cuello con ternura mientras su mano bajaba lentamente por su espalda, buscando la curva de su cadera. Sus dedos rozaron el borde de la camiseta, subiendo un poco por su muslo.
Camila soltó una risita y le dio una palmada suave en la mano, girándose con una expresión entre tierna y regañona, como una madre regañando cariñosamente a su niño.
Camila— Hey… cálmate, sabes que no podemos —le dijo con suavidad.
Andrés levantó las cejas, fingiendo inocencia.
Andres— ¿Qué hice de malo?
Ella lo miró con esa dulzura que lo desarmaba.
Camila— Sé que ya vivimos juntos, somos adultos y que podemos tener un poco más de libertad… pero sabes cómo es esto, sere virgen hasta que me case, entendido? Y ademas tenemos demasiadas cosas que hacer y lo último que deberíamos estar pensando ahora es en sex... no es momento para pensar en eso.
Andrés suspiró, pero no insistió. Se acercó de nuevo, más calmado, y le pidió con voz suave
Andres— Al menos dame un beso en los labios, ¿sí?
Camila puso los ojos en blanco con ternura, se puso de puntillas y le dio un beso corto pero lleno de cariño. Luego sonrió como una niña pequeña.
Camila—Te amo —susurró.
Andres—No creo que tanto como yo te amo a ti —respondió él.
Camila sirvió los platos. La isla de la cocina estaba tan llena de cajas que apenas cabían dos. Mientras comían, el teléfono de Camila sonó con insistencia. Ella lo buscó entre el desorden, agitada pero emocionada, y contestó.
Camila— ¿Hola? Sí, con ella...… Sí, yo solicité el puesto….... ¿En serio? ¿Hoy mismo? —Sus ojos se iluminaron—. ¡Perfecto! Sí, ahí estaré. Muchísimas gracias.
Colgó y soltó un grito de alegría, saltando en el lugar. Andrés la miró con una sonrisa enorme.
Camila —¡Me aceptaron! —exclamó ella, lanzándose a sus brazos
Camila— ¡Es el equipo de básquetbol juvenil! ¡Voy a ser su fisioterapeuta!
Andrés la abrazó fuerte, contagiado de su felicidad.
Andres—Estoy muy orgulloso de ti, amor. Te lo mereces.
Camila se separó un poco, mirando todo el desastre al alrededor
Camila —Perdón por dejarte solo con todo esto…
Andres—No te preocupes —la interrumpió él con ternura—. Yo me encargo. Además tengo tres entrevistas virtuales hoy. Tú ve y brilla.
Ella le dio un beso tierno y largo, lleno de gratitud, y corrió a bañarse y arreglarse.
Andrés terminó de desayunar, lavó los platos y se preparó para sus entrevistas. Mientras Camila cantaba en la ducha con pura emoción, él sonrió con cariño. Todo iba a salir bien. Tenían que salir bien.
Despues de despedirse y salir corriendo porque se le hacia tarde, camila estacionó el auto frente al moderno centro deportivo del equipo.
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El corazón le latía con fuerza. Se miró una última vez en el espejo retrovisor: llevaba el cabello suelto pero gracias a su tono dorado brillaba espectacularmente, un a cuadros gris de vestir que se ajustaba discretamente a sus curvas y una blusa blanca sencilla pero elegante. Respiró profundo, tomó su bolso y bajó.
El lugar era imponente. El edificio principal tenía grandes ventanales que dejaban ver las canchas iluminadas. El olor a goma de las canchas, sudor limpio y desinfectante flotaba en el aire cálido de la tarde. Se escuchaban los sonidos lejanos de balones rebotando, silbatos y gritos de motivación.
Nadie la esperaba en la entrada. La recepcionista le indicó dónde estaba la oficina del director y Camila caminó sola por el pasillo. Al pasar por una sala grandisima qué se escuchaba el sonido de unas pesas moverse con la puerta entreabierta, su mirada se detuvo sin querer.
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Dentro, un hombre alto y extremadamente musculoso hacía ejercicios de tren superior. Estaba sin camiseta, solo con un short negro de baloncesto. Sus hombros anchos y brazos venosos se tensaban con cada repetición. El sudor brillaba sobre su piel oscura. Era una visión imponente, casi animal. Camila se quedó unos segundos observándolo, impresionada por la potencia y disciplina que transmitía. El hombre giró ligeramente la cabeza y sus ojos se encontraron por un breve instante. Ella apartó la mirada rápidamente, sintiendo un leve nerviosismo y continuó caminando.
Llegó a la oficina del director. El hombre, de unos 50 años, la recibió con una sonrisa profesional.
Director— Camila, bienvenida. Siéntate, por favor.
Durante casi cuarenta minutos hablaron de los términos del contrato. Le explicó el sueldo, los horarios, la responsabilidad sobre la recuperación de los jugadores y la posibilidad de hacer sesiones privadas en las casas de los jugadores más importantes cuando tuvieran lesiones igualmente remuneradas. También le confirmó que tendría acceso completo al gimnasio, piscina y todas las instalaciones.
Director —Además, viajarás con el equipo cuando sea necesario —añadió el director—. ¿Estás de acuerdo con todo?
Camila asintió, emocionada pero nerviosa.
Camila— Sí, señor. Estoy lista para empezar.
Firmó los documentos y el director se puso de pie.
Director—Bien. Vamos, te presentaré al equipo.
Mientras caminaban hacia la cancha principal, el director le habló con tono casual
Director—Aunque uses uniforme oficial, te recomiendo vestirte un poco más… cómoda. Los chicos responden mejor cuando ven cercanía.
Camila frunció ligeramente el ceño, pero no dijo nada.
Al llegar a la cancha, el entrenamiento estaba en pleno apogeo. El ruido era ensordecedor: zapatillas chirriando, balones golpeando el aro, gritos de motivación. Los jugadores eran jóvenes, altos, atléticos y llenos de energía. Cuando el director pare el entrenamiento para darle a conocer a sus jugadores a su nueva fisioterapeuta, la presentó, varios la miraron con interés descarado. Algunos silbaron bajito, otros sonrieron con picardía.
Director—Ella es Camila, nuestra nueva fisioterapeuta. Se que es bella pero trátenla con respeto—dijo el director ironicamente.
Camila sonrió con ironía pero con profesionalismo y habló con voz clara
Camila —Estoy aquí para ayudarlos a rendir al máximo y recuperarse lo más rápido posible. Cualquier molestia, por pequeña que sea, pueden decírmelo sin problema.
El entrenamiento continuó. Camila se quedó a un lado observando. Quedó realmente impresionada por la intensidad y el talento que veía. Uno de los jugadores destacaba claramente sobre los demás, era el hombre que hace unas horas observo impresionada en el gym de la instalación, ese era Darius. Era rápido, poderoso, dominante en la cancha. Cada vez que atacaba el aro parecía imparable. De pronto, en una jugada explosiva, Darius hizo un corte rápido hacia el aro. Hubo un mal apoyo. Se escuchó un grito seco de dolor.
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Darius —¡Ahh! ¡Mierda!
Darius cayó al suelo sujetándose la parte interna del muslo derecho, cerca de la ingle. Camila reaccionó de inmediato y corrió hacia él.
Camila —Sáquenlo de la cancha —ordenó con voz firme.
Lo llevaron hasta un banco lateral. Darius estaba sudado, respirando agitado, con el rostro contraído. Camila se arrodilló frente a él.
Camila —Soy Camila, la nueva fisioterapeuta. ¿Dónde te duele exactamente?
Darius —Aquí… —gruñó él, señalando el aductor—. Me sentí un tirón fuerte.
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Ella empezó a revisarlo con profesionalismo. Sus manos palpaban con cuidado el músculo. Al moverle la pierna para evaluar el rango, sus dedos rozaron accidentalmente la zona muy cercana a su entrepierna. Sintió claramente el bulto grueso y pesado bajo el short. Levantó la mirada un segundo y se encontró con los ojos intensos de Darius. Ninguno de los dos dijo nada. Camila tragó saliva, apartó la mirada y siguió con la revisión, manteniendo su expresión lo más profesional posible.
Camila —Parece un tirón en el aductor. Vamos a aplicar hielo y compresión ahora mismo. Mañana te evaluaré mejor. Deberías descansar el resto del entrenamiento. Darius la miró fijamente unos segundos más, con una media sonrisa arrogante.
Darius —Gracias, doctora… —dijo con voz baja y ronca.
Camila se levantó, sintiendo un hormigueo por su cuello, pero lo atribuyó al nerviosismo del primer día.
Despues de que haya terminado el entrenó, camila salió del centro deportivo con una mezcla de emoción y cansancio. El sol de la tarde aún calentaba el estacionamiento. Se subió al auto, cerró la puerta y soltó un largo suspiro, apoyando la cabeza en el volante por unos segundos.Todavía sentía en sus dedos el calor de la piel de Darius cuando lo revisó. Sacudió la cabeza, tratando de quitarse esa sensación extraña, ella creía que era asco lo qje sentía, pero al parecer no lo era, pero para dejar de pensar marcó el número de Andrés.
Andres —¿Amor? —contestó él al segundo tono, con voz cansada.
Camila —Hola… ya salí —dijo ella, intentando sonar alegre—. ¿Cómo te fue en las entrevistas?
Andrés soltó una risa seca y amarga.
Andres —Siete entrevistas… y ninguna. Me dijeron de todo: que soy muy joven, que no tengo experiencia suficiente, que buscan perfiles más senior… Estoy harto, Camila. ¿Cómo es posible que tú hayas conseguido trabajo tan rápido y yo no?
Camila sintió una punzada en el pecho. Tal vez no lo decia en el tono que ella lo escucho pero sabía lo mucho que Andrés se estaba esforzando.
Camila —Tranquilo, mi amor… esto es solo el comienzo. Algo bueno va a salir, ya verás. Hoy me fue muy bien el primer día y me dijeron que hay bonos por viajes y sesiones privadas. Vamos a estar bien.
Andrés suspiró
Andres —Ojalá. Por cierto, mi mamá confirmó la cena de mañana. Dijo que nos espera a las 8pm ¿Tú vas a poder?
Camila —Sí, claro, después de que llegue de trabajar me cambio y nos vamos
Andres- Esta bien, que vas hacer ahora?
Camila- Solo voy a llegar a la casa, me cambio y organizo un poco. No te preocupes.
Andres— Te amo —dijo él con voz más suave.
Camila —Te amo más —respondió Camila con una sonrisa.
Colgó y se quedó unos segundos mirando por la ventana. Luego arrancó el auto y se dirigió a casa. Al llegar, la casa seguía siendo un desastre de cajas, pero ella se puso manos a la obra con energía. Ordenó la cocina, colocó algunos cuadros, hizo la cama del cuarto principal. Mientras trabajaba, no podía evitar recordar el momento en que revisó a Darius, dijo que lo que estaba pensando no era correcto y que tenia que ir a confesarce
Camila- Solo fue un toque. No significa nada se dijo.
A las 7:30 pm Andrés llegó después, visiblemente agotado. Se duchó rápido y bajaron juntos a para cenar. En la cena, Camila estuvo cariñosa y participativa, pero en su mente estaba algo rara, Andrés, ajeno a todo, solo podía pensar en cómo conseguir un trabajo decente para no sentirse tan inútil.
Esa noche, mientras se acostaban en su nueva casa, Camila mirando al techo de su nuevo hogar abrazada de medio lado con andres y le dio un beso suave.
Camila —Todo va a mejorar —susurró ella.
Para despues voltearse para dormir de cucharita
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Continuará...


Espero que les haya gustado y haya sido de su agrado, espero que puedan apoyarme con sus puntos y comentarios, saludos 🔥🔥

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