Estopaso hace varios años, en ese tiempo la verdad es que por más quemi esposo trabajaba a tiempo completo, la guita no nos alcanzaba paraun carajo y las deudas nos estaban comiendo. Como yo tenía lastardes libres porque mi laburo en el estudio era de medio tiempo,decidí dejar de quejarme y hacer algo extra con esas horas. Me anotéen un curso de masajista, aprendí bien las técnicas y arranqué ahacer mi experiencia trabajando como ayudante con mi amiga en sulocal para agarrar cancha. En cuanto junté unos pesos, me compré mipropia camilla, las cremas y armé todo el gabinete en casa, chochacon mis cosas recién compradas.
Para empezar a mover el ambiente, me publiqué en internet comomasajista independiente. Al principio puse un anuncio re tranqui,ofreciendo masajes descontracturantes comunes. Pero la cabeza me hizoun click total una tarde, a los pocos días de empezar sola en casa.Cae un cliente random de internet, un tipo que se notaba que teníaplata. Lo acosté boca abajo, arranqué a pasarle el aceite por laespalda, pero el chabón anhelaba otra cosa. A mitad de la sesión,se dio vuelta boca arriba tapándose apenas con la toalla, me mirófijo y me pidió de frente un "masaje completo". Me mostróque ya me había mandado un extra por Mercado Pago y me dejó lapantalla del celular a la vista.
Se me congeló la sangre por los nervios y sentí un calortremendo que me subió por las piernas, pero vi la transferenciahecha, pensé en lo apretados que estábamos y acepté. Me llenébien las manos de aceite de almendras caliente, le saqué la toalla yle hice mi primer relax manual. Se lo agarré con firmeza y arranquéa pajearlo con un ritmo salvaje, sintiendo cómo el tipo se retorcíay gemía en mi camilla nueva hasta que acabó con fuerza entre misdedos. Cuando el tipo se fue y miré el saldo en mi cuenta, entendíde golpe cómo funcionaba el verdadero negocio.
Esa misma noche le conté a mi amiga lo que había pasado ydecidimos armar un segundo anuncio para reventar las redes. Ellamisma vino a casa y me ayudó a sacarme las fotos en el gabinete. Mesaqué fotos de espaldas mostrando la cola en hilos dentalesdiminutos, con escotes al reviento, bien zorra para que los tipos sevuelvan locos al ver el anuncio. Sabía perfectamente el morboque iba a generar. Subimos las fotos más calientes a internet parafiltrar a los clientes que ponían la torta, aclarando siempre en losmensajes privados que el servicio es VIP, que todos los pagos son portransferencia de Mercado Pago y que es de relax manual estricto,sin penetración ni sexo de ningún tipo.
El anuncio nuevo fue un gancho letal. El teléfono no paraba deexplotarme con notificaciones de mensajes de tipos re calientes.Generalmente atendia en las tardes mientras mi marido trabajaba asitenia la casa sola y el gabinete mas tranquilo. Para justificar locaro que cobraba ese tipo de masaje y terminar de volver locos a lostipos, decidí redoblar la apuesta adentro del gabinete. Ya no losatendía con ropa común: empecé a recibirlos vestida conconjuntos de lencería de encaje transparente, portaligas, odirectamente en bolas, impecable, perfumada y bien limpia,paseándome desnuda por el cuarto mientras les volcaba el aceitecaliente en la espalda. Los tipos quedaban idiotizados viéndome lastetas al aire y la cola al descubierto mientras los masajeaba. Sabíanque el sexo estaba prohibido, pero el morbo de tener a una mina asíen bolas pajeándolos con furia arriba de la camilla hacía quepagaran lo que valía el servicio sin chistar.
Para mantener las apariencias con los vecinos y rescatar algúnque otro peso extra, yo seguía haciendo masajes descontracturantescomunes a un precio mucho menor. Los atendía vestida tranqui y lescobraba lo normal. El problema fue que una tarde, mi marido se cruzócon un amigo íntimo de su banda que andaba matado por unos doloresterribles en la zona lumbar. Mi negro, re gaucho, le pasó mi númerode teléfono para que arreglara un masaje directo conmigo, pero ami marido se le recontra pasó llamarme para avisarme que le habíadado mi contacto a su amigo, y el chabón, cuando me mandó unmensaje para coordinar la hora, tampoco me dijo en ningún momentoque venía recomendado por él.
Yo estaba en el living descansando, sin esperar a ningún clientefijo en mi agenda, cuando de repente tocan el timbre. Me asomo y veoa un tipo parado afuera. Como el negocio VIP por internet veníaexplotando y yo ya estaba re canchera con la guita fácil de MercadoPago, ni me gasté en preguntarle quién era ni de parte de quiénvenía; asumí al toque que era otro de los tantos clientes premiumdescolgados de las redes que venía buscando el relax total de misegundo anuncio. Volé al cuarto, me pegué una refrescada rápidapara quedar impecable y bien limpia, me perfumé toda con vainilla yme clavé un conjunto de encaje negro transparente con portaligas,lista para facturar la tarifa.
Cuando abrí la puerta posando re puta, mostrando las tetas alaire a través de la parte transparente de arriba y con mi mejorsonrisa, el chabón se quedó petrificado en el umbral. Resulta queera el amigo de mi marido, pero como yo no lo conocía de cara, lotraté como a cualquier desconocido adinerado. Al tipo se ledesencajó la mandíbula y se le saltaron los ojos de las órbitas alverme el lomo así en la entrada, pero anulado por completo por elmorbo de la lencería, el perfume de mi cuerpo y la timidez, elchabón se guardó el comentario de que venía de parte de mi maridoy se dejó llevar por la situación. Lo hice pasar al gabinete y ledije con voz sensual que se pusiera re cómodo y se sacara toda laropa. El tipo se desnudó completo temblando y se acostó boca arribaen mi camilla, con la pija apuntando al techo de lo dura que la teníapor los puros nervios.
Me llené bien las manos de aceite de almendras caliente, me lesubí a upa en portaligas y arranqué el servicio VIP como atendia atodos. Le pasé las manos por la espalda para aflojarle la zonalumbar que la tenía tensa de verdad, pero al toque pasé al platofuerte: le agarré el miembro bien firme y arranqué un relaxmanual ultra salvaje, amasándole los huevos con suavidadmientras él clavaba los dedos en la camilla y gemía con los ojosdados vuelta. Cuando terminó de acabar con fuerza entre mis dedos,le limpié la leche con una toalla, le pasé el alias de Mercado Pagopara que me transfiriera la tarifa VIP —que era re cara— y eltipo pagó en el acto sin chistar y se fue levitando, sin poder creerel "servicio completo" que daba mi gabinete.
Para empezar a mover el ambiente, me publiqué en internet comomasajista independiente. Al principio puse un anuncio re tranqui,ofreciendo masajes descontracturantes comunes. Pero la cabeza me hizoun click total una tarde, a los pocos días de empezar sola en casa.Cae un cliente random de internet, un tipo que se notaba que teníaplata. Lo acosté boca abajo, arranqué a pasarle el aceite por laespalda, pero el chabón anhelaba otra cosa. A mitad de la sesión,se dio vuelta boca arriba tapándose apenas con la toalla, me mirófijo y me pidió de frente un "masaje completo". Me mostróque ya me había mandado un extra por Mercado Pago y me dejó lapantalla del celular a la vista.
Se me congeló la sangre por los nervios y sentí un calortremendo que me subió por las piernas, pero vi la transferenciahecha, pensé en lo apretados que estábamos y acepté. Me llenébien las manos de aceite de almendras caliente, le saqué la toalla yle hice mi primer relax manual. Se lo agarré con firmeza y arranquéa pajearlo con un ritmo salvaje, sintiendo cómo el tipo se retorcíay gemía en mi camilla nueva hasta que acabó con fuerza entre misdedos. Cuando el tipo se fue y miré el saldo en mi cuenta, entendíde golpe cómo funcionaba el verdadero negocio.
Esa misma noche le conté a mi amiga lo que había pasado ydecidimos armar un segundo anuncio para reventar las redes. Ellamisma vino a casa y me ayudó a sacarme las fotos en el gabinete. Mesaqué fotos de espaldas mostrando la cola en hilos dentalesdiminutos, con escotes al reviento, bien zorra para que los tipos sevuelvan locos al ver el anuncio. Sabía perfectamente el morboque iba a generar. Subimos las fotos más calientes a internet parafiltrar a los clientes que ponían la torta, aclarando siempre en losmensajes privados que el servicio es VIP, que todos los pagos son portransferencia de Mercado Pago y que es de relax manual estricto,sin penetración ni sexo de ningún tipo.
El anuncio nuevo fue un gancho letal. El teléfono no paraba deexplotarme con notificaciones de mensajes de tipos re calientes.Generalmente atendia en las tardes mientras mi marido trabajaba asitenia la casa sola y el gabinete mas tranquilo. Para justificar locaro que cobraba ese tipo de masaje y terminar de volver locos a lostipos, decidí redoblar la apuesta adentro del gabinete. Ya no losatendía con ropa común: empecé a recibirlos vestida conconjuntos de lencería de encaje transparente, portaligas, odirectamente en bolas, impecable, perfumada y bien limpia,paseándome desnuda por el cuarto mientras les volcaba el aceitecaliente en la espalda. Los tipos quedaban idiotizados viéndome lastetas al aire y la cola al descubierto mientras los masajeaba. Sabíanque el sexo estaba prohibido, pero el morbo de tener a una mina asíen bolas pajeándolos con furia arriba de la camilla hacía quepagaran lo que valía el servicio sin chistar.
Para mantener las apariencias con los vecinos y rescatar algúnque otro peso extra, yo seguía haciendo masajes descontracturantescomunes a un precio mucho menor. Los atendía vestida tranqui y lescobraba lo normal. El problema fue que una tarde, mi marido se cruzócon un amigo íntimo de su banda que andaba matado por unos doloresterribles en la zona lumbar. Mi negro, re gaucho, le pasó mi númerode teléfono para que arreglara un masaje directo conmigo, pero ami marido se le recontra pasó llamarme para avisarme que le habíadado mi contacto a su amigo, y el chabón, cuando me mandó unmensaje para coordinar la hora, tampoco me dijo en ningún momentoque venía recomendado por él.
Yo estaba en el living descansando, sin esperar a ningún clientefijo en mi agenda, cuando de repente tocan el timbre. Me asomo y veoa un tipo parado afuera. Como el negocio VIP por internet veníaexplotando y yo ya estaba re canchera con la guita fácil de MercadoPago, ni me gasté en preguntarle quién era ni de parte de quiénvenía; asumí al toque que era otro de los tantos clientes premiumdescolgados de las redes que venía buscando el relax total de misegundo anuncio. Volé al cuarto, me pegué una refrescada rápidapara quedar impecable y bien limpia, me perfumé toda con vainilla yme clavé un conjunto de encaje negro transparente con portaligas,lista para facturar la tarifa.
Cuando abrí la puerta posando re puta, mostrando las tetas alaire a través de la parte transparente de arriba y con mi mejorsonrisa, el chabón se quedó petrificado en el umbral. Resulta queera el amigo de mi marido, pero como yo no lo conocía de cara, lotraté como a cualquier desconocido adinerado. Al tipo se ledesencajó la mandíbula y se le saltaron los ojos de las órbitas alverme el lomo así en la entrada, pero anulado por completo por elmorbo de la lencería, el perfume de mi cuerpo y la timidez, elchabón se guardó el comentario de que venía de parte de mi maridoy se dejó llevar por la situación. Lo hice pasar al gabinete y ledije con voz sensual que se pusiera re cómodo y se sacara toda laropa. El tipo se desnudó completo temblando y se acostó boca arribaen mi camilla, con la pija apuntando al techo de lo dura que la teníapor los puros nervios.
Me llené bien las manos de aceite de almendras caliente, me lesubí a upa en portaligas y arranqué el servicio VIP como atendia atodos. Le pasé las manos por la espalda para aflojarle la zonalumbar que la tenía tensa de verdad, pero al toque pasé al platofuerte: le agarré el miembro bien firme y arranqué un relaxmanual ultra salvaje, amasándole los huevos con suavidadmientras él clavaba los dedos en la camilla y gemía con los ojosdados vuelta. Cuando terminó de acabar con fuerza entre mis dedos,le limpié la leche con una toalla, le pasé el alias de Mercado Pagopara que me transfiriera la tarifa VIP —que era re cara— y eltipo pagó en el acto sin chistar y se fue levitando, sin poder creerel "servicio completo" que daba mi gabinete.
1 comentarios - Mi primer paso como masajista