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La Familia De Mi Novia Pt 23

Episodio XXIII: Paranoia a distancia

Ese día les dije que tenía mucho laburo acumulado y que me iba a mi departamento en Capital para enfocarme toda la semana. En realidad, necesitaba escapar de esa casa antes de que todo explotara. La imagen de Mica tirada en la cama, con mi leche chorreándole por los muslos, no se me iba de la cabeza… ni tampoco el riesgo de que Jesi hubiera subido cinco minutos antes.

Pero la distancia solo alimentó la paranoia.

Durante toda la semana recibí mensajes constantes de las tres, como si se hubieran coordinado para no dejarme en paz:

Jesi (lunes a la noche):
“Amor, te extraño demasiado. Anoche soñé que me cogías delante de ma y Mica… me desperté empapada, fue un sueño raro pero un poco morboso ¿no?. ¿Cuándo venís?”

Sofía (martes):
“Juguete, huir no te va a salvar. Cuando vuelvas quiero esa lengua en mi culo mientras Darío está en la casa. No me desobedezcas.”

Mica (miércoles, con foto):
[Foto abierta de su conchita peludita, hinchada y con los labios rojos]
“Todavía me duele cuando camino… pero no paro de tocarme recordando cómo me llenaste de lechita. No le dije nada a Jesi… por ahora 😉”

Jesi (jueves):
“El sábado papá se va. Vení a la noche. Vamos a jugar algo divertido los cuatro. Para romper la monotonía…”

Cada mensaje me generaba pánico, culpa y una erección inevitable. Apenas dormía. Me imaginaba que Jesi ya sabía todo, que Mica le había contado, que Sofía estaba arriesgando demasiado. La paranoia me estaba matando. Recordaba la forma en que la había agarrado del cuello y la había puesto en cuatro, cómo me había corrido adentro de ella otra vez… y cómo casi nos agarran.

Sábado por la noche.

Llegué a la casa cerca de las 9:30 pm. Darío ya se había ido esa tarde. Apenas crucé la puerta, Jesi me recibió con un beso morboso metiéndome la lengua, como marcando terreno, y tomó el control absoluto de la situación. Ya no era la novia tierna y sumisa de siempre. Había algo calculador y morboso en su mirada.

—Esta noche jugamos strip poker los cuatro —anunció con voz firme, sin pedir permiso—. Reglas claras: cada mano que perdés, te sacás una prenda. Jugamos hasta que alguien quede completamente desnudo. Sin rajar.

Sofía sonrió con esa expresión dominante que conocía muy bien.

Mica se puso roja pero se mordió el labio, excitada. Cuando nuestros ojos se cruzaron un segundo, supe que ella también estaba recordando la tarde en que la dejé llena y tirada en la cama.

—Pero amor, cómo vamos a jugar a eso con tu mamá y tu hermana, ¿no te parece que es demasiado? —le pregunté sorprendido y nervioso por lo que podía llegar a pasar.

—Ay, no pasa nada, somos todos adultos, es solo un jueguito —me dice guiñándome el ojo.

Pensamiento de Jesi: “Quiero ver las reacciones. Cómo se miran Esteban y Mica. Cómo reacciona su cuerpo cuando ma se saque ropa. Quiero confirmar esta sospecha que me está volviendo loca… y la verdad es que me calienta imaginarlo.”

Nos sentamos alrededor de la mesa baja del living. Jesi preparó tragos fuertes, puso música baja y repartió las cartas con una sonrisa peligrosa. El ambiente estaba espeso, cargado de tensión sexual.

Yo estaba muerto de pánico por dentro.

Pensamiento mío: “Esto es una trampa perfecta. Jesi sospecha de Mica y de mí. Me va a desnudar delante de las tres y va a estudiar cada mirada, cada erección, cada reacción. Si se me para cuando mire a Mica o a Sofía… todo se va a la mierda.”

Jesi repartió la primera mano y nos miró uno por uno, especialmente a mí y a Mica.

—Que empiece el juego… —dijo con voz suave pero cargada de morbo—. Quiero ver quién se saca la primera prenda.

Las cartas estaban sobre la mesa. Las miradas también.

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