You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Sin límites

Sin límites
No suelo sorprenderme.
Después de tantos mensajes, tantos juegos y tanta gente que aparece convencida de entenderme, aprendí que la realidad es otra.
Lo difícil no es encontrar personas dispuestas a jugar.
Eso sobra.
Lo difícil es encontrar a alguien que entienda el juego.
Puedo recibir miles de mensajes. La enorme mayoría se quedan ahí, en un simple "hola", "qué hacés", "que lindo culo", o peor "que ganas de chuparte la concha", "me gustaría romperte el orto", etc. Algunos pocos despiertan mi curiosidad. Y de esos, apenas un puñado termina convirtiéndose en seguidores con los que repito juegos porque hay algo que funciona.
Respeto.
Paciencia.
Complicidad.
La capacidad de entender un límite sin que yo tenga que dibujarlo.
Con él pasó eso.
Y pasó varias veces.
Nunca voy a contar cuáles fueron esos primeros juegos. Me gusta que queden solamente entre nosotros.
Lo importante es que, después de cada uno, seguíamos hablando.
No porque hubiera algo pendiente.
Simplemente porque me gustaba.
Con el tiempo me di cuenta de que esperaba sus mensajes.
Y eso ya era raro.
putita petera

Intenté convencerme de que era solamente porque jugábamos bien juntos.
Hasta que un día tuve que admitir algo más.
También me había gustado él.
Y no por una foto.
Ni por una fantasía inventada detrás de una pantalla.
Me había gustado cuando estuvimos frente a frente.
Había algo en su forma de estar, de mirar sin invadir, de respetar cada pausa, de hacer que todo pareciera fácil.
Me descubrí pensando en él más de una vez.
Y eso ya no podía seguir llamándolo casualidad.
Lo que más me desconcertaba era otra cosa.
Yo ya había corrido un poquito mi propio límite una vez.
En otro juego había permitido algunas caricias en un reservado.
Nada más.
Había sido una excepción pequeña, perfectamente controlada.
Pero esto era distinto.
Mucho más distinto de lo que quería reconocer.
No porque quisiera romper mis reglas.
Sino porque, por primera vez, sentía que había encontrado a alguien que las entendía tanto como yo.
Entonces la propuesta salió de mí.
Todavía me acuerdo del mensaje.
Corto.
Simple.
Sin vueltas.
Le propuse que nos encontráramos en el boliche swinger al que, de vez en cuando, iba con Alexis.
Él respondió igual que siempre.
Sin ansiedad.
Sin preguntas innecesarias.
Aceptó.
Y en ese instante supe que había elegido bien.
puta

Alexis no sabía absolutamente nada.
Para él iba a ser una noche más de salida a jugar juntos.
Como tantas otras.
Pero en esta se sumaba otro juego... El mío, el de Xime.
Jamás hubiera imaginado que el hombre con el que probablemente terminaríamos compartiendo parte de la noche ya conocía una faceta de mí que él desconocía por completo.
Ese era el verdadero juego.
No el lugar.
No el ambiente.
El secreto.
Llegamos al boliche como siempre.
Entramos tomados de la mano.
Saludamos a algunas caras conocidas.
Pedimos algo para tomar.
Mientras Alexis hablaba, yo lo buscaba con la mirada.
Lo encontré antes de que él nos viera.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, apenas hizo un gesto con la cabeza.
Casi imperceptible.
Perfecto.
putita

Un rato después coincidimos naturalmente en el mismo sector.
Al rato hizo contacto con Alexis, en la barra, dónde el suele estar mientras me mira bailar.
Lo saludó como si fuera un desconocido más.
Y yo tuve que contener una sonrisa.
No porque estuviera pasando algo extraordinario.
Sino porque solamente nosotros dos sabíamos toda la historia que existía antes de ese saludo.
La charla fluyó enseguida.
Como suele pasar con Alexis.
Él también estuvo impecable.
Natural.
Respetuoso.
Sin una mirada de más.
Sin un gesto que pudiera delatar nada.
Y creo que ahí terminé de entender por qué había llegado hasta ese punto.
No era solamente la química.
No era solamente la atracción.
Era la tranquilidad.
La certeza de que no necesitaba controlar cada detalle porque él ya entendía el juego.
Mientras los dos conversaban, yo los observaba.
Uno creyendo que acababa de conocer a alguien.
El otro guardando un secreto conmigo.
Y yo disfrutando de sostener ese pequeño universo invisible delante de los dos.
Durante toda la noche me hice una pregunta.
¿Qué era exactamente lo que estaba buscando?
Durante mucho tiempo pensé que la respuesta era muy sencilla.
Los juegos.
La adrenalina.
Los regalos.
Siempre me fascinó esa sensación de sentir que alguien valoraba tanto una experiencia conmigo como para querer recompensarla.
Era parte de mí.
Parte de mi juego.
Parte de la mujer que había construido.
Pero esa noche me pasó algo inesperado.
Casi me olvidé de eso.
Estaba tan concentrada en vivir ese momento, en comprobar que la conexión que había nacido después de tantos juegos seguía existiendo frente a frente, que el regalo quedó en un segundo plano.
Y eso me desconcertó.
Obviamente ya lo habíamos hablado antes. Él me propuso llevar una tanga nueva para que yo volviera con esa en lugar de la mía. La idea me encantó. Además, no me traía ningún problema con Alexis. Si llegaba a notarla, tenía la excusa perfecta: decirle que, en la oscuridad del reservado, me había confundido y me había llevado la de otra chica. De hecho... ya me había pasado una vez. 🤭
culona

Cuando la noche avanzó y entendí que la complicidad entre los tres era real, dejé de buscar razones para seguir postergando aquella decisión.
Lo miré.
Él entendió.
No hizo falta una palabra.
Me fui a la pista y él vino detrás de mí.
Alexis se quedó en la barra, charlando y riéndose como casi siempre que salimos. Cada tanto nuestras miradas se cruzaban. Siempre le fascinó verme bailar con otros. Lo que no imaginaba era que, esa noche, ese "desconocido" ya formaba parte de mi historia.
Al principio solo bailamos. Nos acercábamos y nos alejábamos al ritmo de la música, cruzando sonrisas cómplices.
Yo estoy acostumbrada a bailar muy provocadora. Muchas veces, cuando salgo, algún chico termina acercándose, tocándome o buscando un beso. Es parte del juego y no me sorprende. Me encanta! ☺️
Pero él era distinto.
Seguía siendo tan respetuoso como en todos nuestros juegos. Nunca daba un paso de más.
Así que fui yo quien decidió acortar la distancia.
Me acerqué despacio. Él entendió el gesto sin necesidad de una palabra. Sonrió. Y por primera vez sentí que todo lo que habíamos construido durante tantos meses existía también ahí, frente a frente.
Volvimos caminando hacia la barra, donde Alexis nos recibió con la naturalidad de siempre. Charlamos un rato los tres, hasta que él, levantando el vaso, preguntó con una sonrisa:
—¿Subimos?
Nos miramos apenas un segundo.
Supe que acabábamos de cruzar un límite del que ya no había vuelta atrás.
Y simplemente los seguí.
Mientras caminábamos hacia el reservado del lugar, sentí una tranquilidad inesperada.
No estaba rompiendo una regla.
Estaba descubriendo que, a veces, las reglas también evolucionan.
petera argentina

Mientras subíamos me recorría una ansiedad que no había sentido antes, por primera vez sentí que era dos personas en un solo cuerpo, estaba disfrutando de los juegos en pareja con Alex, y vendiendo el cuerpo de Xime al mismo tiempo, me fascinaba.
Ya en el reservado no tuve tiempo ni de pensar, me solté y me dejé llevar, curiosamente eso me hizo sentir más poderosa y con más control, no quería que mis dos personalidades estuvieran calculando de a ratos cómo comportarse.
El primero que me tocó fué Alex... Suele ser así, me empezó a besar fuertemente mientras me levantaba el vestido semi transparente, y dejaba mi cola en tanga a la altura de la cara de él, que estaba sentado detrás mío.
El tiempo que demoró sólo en rosarme me volvió loca, más tarde cuándo le pregunté me dijo que estaba alucinado admirando un rato lo que se le estaba ofreciendo... Me encantó.
Temblé cuándo sentí el contacto en mi cola, suave, casi imperceptible, noté que era su legua, por toda mi piel, piernas, caderas, muslos, lamiendo cómo si fuera un helado.
Cuándo desabroché el pantalón de Alex y empecé a jugar con su pija, el se alejó unos pasos para que bajara con la boca, no me puse en cuclillas, cómo hubiera hecho lógicamente si estuviéramos solos, en cambio me incliné hacia adelante sin doblar las rodillas, hasta llegar perfecto a la altura necesaria para meterme la pija entera en la boca, y abrí un poco las piernas, para que mi cola quedara bien empinada y levantada, dejando todo mi interior absolutamente expuesto y regalado, solo apenas tapado por la tanga.
El entendió todo, al instante su lengua empezó a jugar por encima de la tanga, de arriba a abajo y de punta a punta por toda la línea de mi cola, hasta la punta de mi clitoris, que ya tenía estallado, yendo más despacio, y corriendo apenas con su lengua la tela cuándo pasaba por mis dos cavidades empapadas.
Cuándo sentí que por fin me bajaba la tanga y se paraba no cambié mi posición en lo más mínimo, seguí chupandole la pija a Alex, dejando claro que lo que pasará detrás mío era absolutamente decisión suya.
Me volvió a acariciar suavemente, esta vez con su pija, hacía todo el recorrido que había hecho con su lengua haciéndome explotar se deseo y placer, hasta que me la apoyó en el medio, no la punta como para meterla, entera, cómo descansando sobre todo el interior de mis muslos, me di cuenta que abarcaba mucho, desde el comienzo de mi cola arriba, hasta mi concha entera, y me volvió loca de morbo.
Mientras yo seguía jugando con Alex escuché que murmuraban entre ellos, ahora estaban frente a frente, conmigo abajo, entregada para los dos lados, y me volaba la cabeza pensar que estarían hablando, después Alex me contó que le había comentado lo hermosa que era y básicamente le había preguntado si le parecía bien si me metía la pija, Alex le dijo que yo estaba feliz y entregada, así que sin dudas lo hiciera, siempre obviamente con preservativo.
Cuándo empezó a entrar en mi casi exploto, me tuvieron un rato así, el dentro de mi concha, Alex dentro de mi boca, y yo enloquecida de placer, intentando no explotar y estirando el momento lo más posible. Escuchar que seguían murmurando entre ellos, casi cómo dos amigos cómplices, comentándose entre ellos el placer de cojerse a una mujer cómo yo me voló la cabeza.
puta culona

Alex me conoce mucho, sabe que me encanta sentir a un hombre acabar por mi, así que cuándo notó que todos estábamos cerca del clímax, le propuso cambiar de lugar, algo que nos pareció ideal a todos... al instante, pero suavemente, me saqué las pijas de adentro, me di vuelta, y en la misma posición, sacándole el preservativo, volví a meterlas, pero esta vez Alex en mi concha y el en mi boca. Entre sonrisas cómplices y gemidos escuché cómo le decía a Alex que no podía ser tan hermosa y perfecta, que hasta parecía una coreografía... Me reí con su pija en la boca, y lo mordí suavemente, le encantó...
Pasaron sólo unos segundos, me cojían al mismo ritmo mientras me acariciaban y agarraban con sus cuatro manos fuertemente toda la espalda y la cola. Me llenaron casi al mismo tiempo que yo estallaba atragantada sin poder gritar del placer por tener la boca llena de él. Fué una locura.
Nos quedamos charlando, muy divertidos, de muchas cosas, ellos parecían amigos de siempre, y me mató de morbo pensar que era la novia de uno, y la puta del otro...
petera argenta

Al día siguiente, cuando ya todo había terminado y yo seguía reviviendo la noche una y otra vez en mi cabeza, recibí un mensaje suyo.
Me pidió mi alias.
Hasta ese momento jamás había pasado algo así.
Los regalos siempre habían llegado por otros medios.
Pero ya conocíamos nuestros nombres.
Ya habíamos compartido mucho más que un juego, y había confianza.
No me generó ninguna duda.
Se lo pasé.
Un rato después llegó la transferencia.
Me quedé mirando el monto varios segundos.
Era muchísimo más de lo que hubiera imaginado.
Sonreí.
No por la cifra.
Sino porque entendí que ese regalo no hablaba solamente de dinero.
Hablaba de cómo había vivido él esa historia.
Y ahí recién caí en algo que me hizo reír sola.
Acababa de descubrir que, por primera vez, podía vivir ese juego exactamente como siempre lo había imaginado. Sin esconderme de mí misma, disfrutándolo de verdad, entregándome por completo, pero sin dejar de cuidar cada uno de mis límites.
Y entendí que esa fantasía, por fin, había dejado de ser una fantasía.
Ya era realmente una puta. No porque alguien pudiera pagar por mi cuerpo, sino porque había descubierto el placer de elegir a quién regalarle una experiencia que sabía que iba a superar cualquier expectativa. El regalo nunca compraba el juego. Apenas era la forma de agradecer algo que yo ya había decidido entregar.
amateur

Lo que más me sorprendió fue darme cuenta de que, en lugar de sentir que había llegado a una meta, lo único que podía pensar era en todo lo que todavía quería vivir. Me ilusionaba imaginar los próximos juegos, volver a sentir esa mezcla de nervios, complicidad y libertad.
Y, por primera vez, la ansiedad por lo que venía era incluso más linda que la satisfacción de lo que ya había vivido.

1 comentarios - Sin límites

treintaydelsur
la ultima foto es la mejor, siendo que todas son geniales