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Gatos pardos

Antonia era la sensación de la oficina. No permitía mucha intimidad,pero le encantaba ser el centro de atención, y todos los hombres estabanhechizados por ella. Cada uno intentaba ser más atento y amable con la bellaAntonia, en la cafetería. En poco tiempo, pasó de recepcionista a secretariadel jefe, pero corría el rumor de que ni siquiera él conseguía más que unascuantas sonrisas. Tenía una forma muy sugerente de hablar y mirar cuando algole interesaba. Pero era solo una promesa eterna de placer, porque nuncacorrespondía, incluso comportándose de manera petulante y snob, pero como dicenalgunos: si puedes, puedes. Y ella podía muy bien.
 
A pesar de su crueldad y ser inaccesible, reinaba en la imaginaciónmasculina. Cuanto más se hacía la difícil, más la amaban e idolatraban. Eracasi un privilegio admirarla, pues a la mayoría de los hombres simplemente losignoraba, como si fuera una reina que eligiera quién podía o no servirla. Todosdebían conformarse con observarla desde la distancia.
 
Siempre era la última en llegar y la primera en irse. Tomaba descansosde dos horas para almorzar y trabajaba todos los días festivos por adelantado.Sin embargo, nunca recibió ninguna reprimenda. Era como si su sola presenciabastara para justificar su salario. ¿Y quién podría decir lo contrario?

Gatos pardos

Ivana era todo lo contrario a la bella Antonia. No vestía de formaatractiva ni llamaba la atención; no desprendía encanto ni sensualidad alládonde iba. De hecho, su presencia apenas se notaba, salvo cuando necesitaban aalguien que se quedara hasta tarde o trabajara los fines de semana o festivos.Conocía todas las necesidades de la oficina y trabajaba en todos los frentes,dominando todos los entresijos del oficio a la perfección, y por eso mismo, eracomo si tuviera la obligación de resolver todos los problemas. Antonia no eratonta, pero Ivana era sin duda la más inteligente. Sin embargo, en una oficinallena de hombres, su inteligencia atraía menos atención que las curvas de sucompañera. No se llevaban mal, pero tampoco tenían lo que podría llamarse unagran amistad. Simplemente trabajaban juntas, y como Ivana siempre estabaocupada, sus conversaciones se limitaban a lo básico. Los hombres de la oficinano flirteaban con ella, y su vida social fuera del trabajo tampoco era muyprometedora, ya que apenas tenía tiempo ni ganas. Tampoco se esforzó mucho porcambiar eso, con su ropa sencilla y sin gracia, rodeada de gente a la que leencantaba ver y ser vista. Un colega dijo una vez: "No es fea, simplementeno se cuida".
 

Quizás así fuera, pero ella ya estaba acostumbrada a esa situación yno se consideraba capaz de grandes cambios tras esas gafas de montura gruesa,tan repulsivas para los hombres. En resumen, así era como afrontaba su día a díaen la oficina: toda la gloria y la atención para la bella Antonia, todo eltrabajo y la indiferencia para Ivana.

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Una vez, sucedió algo impensable. Tras mucha insistencia, Álvaro ySergio, dos de los chicos más decididos y persistentes de la oficina, lograronque la bella Antonia aceptara salir a tomar algo el viernes después deltrabajo. Era la tercera o cuarta vez que intentaban convencerla, pero esta vezella dijo: "Bueno, creo que estaré libre el viernes. Los veo a las 8:00pm". Les dedicó una leve sonrisa por encima del hombro, como solía hacer,y se marchó, con los ojos de los dos chicos siguiendo cada uno de sus elegantesy sugerentes movimientos. Estaban paralizados, por supuesto. Incrédulos ante loque acababan de oír, pero al mismo tiempo con todos los sentidos agudizados,emocionados solo de pensar en las posibilidades. La bella Antonia no salía connadie, aunque no faltaban los que lo intentaban, y ahora, allí mismo, delantede todos, simplemente cedió, para asombro general ante las barreras defensivasde la bella Antonia. Era jueves, la reunión era al día siguiente.
 
Sus compañeros de trabajo se volvieron hacia ellos, también estabansin palabras; era el evento del año. En un instante, pasaron de ser vistos como"plagas molestas" —aunque algo celosos— a "hijos de putaafortunados". Héroes de la oficina.
 
Desde entonces comenzó la cuenta regresiva parael gran evento, Álvaro y Sergio no pudieron contener su emoción.

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Imaginen, pues, su sorpresa cuando llegó el viernes y, en lugar de labella Antonia, encontraron a Ivana esperándolos en el bar donde habían quedadopara la hora feliz. Y ella parecía tan sorprendida como ellos dos:
 
“¿Qué hacen acá?”, preguntó ella, con expresión de asombro. “¿Quéhacés acá?”, preguntaron ellos casi simultáneamente.
 

El tiempo pasó, con la misma incredulidad. Como era de esperar, lasituación se volvió incómoda y nadie sabía cómo actuar. Uno de ellos pensó quelo mejor era sentarse a hablar para averiguar qué estaba pasando, ya queestaban allí. Fue entonces cuando Ivana dijo que estaba esperando a Antonia.Después de tanto tiempo juntas en la oficina, Antonia había sugerido que talvez era hora de que se conocieran un poco mejor, de que se hicieran amigas enlugar de solo compañeras de trabajo, y el bar parecía un buen lugar paraempezar. Para charlar y tal vez coquetear un poco. A Ivana no le convencíamucho la idea, pero ¿qué tenía de malo intentarlo? Hacía mucho que no salía conuna amiga. Por insistencia de Antonia, se había vestido de forma muy diferentea lo habitual, y esto era bastante evidente en la forma en que los chicos lamiraban, con admiración. Aunque en el fondo, ambas sospechaban que algo nocuadraba. ¿Acaso la bella Antonia les había gastado una broma a los dospersistentes pretendientes de la oficina?

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Los dos decidieron que lo mejor sería esperar un poco más. QuizásAntonia simplemente llegaría más tarde. Tal vez todo fue un malentendido y notenía sentido irse tan temprano, aunque tuvieran un mal presentimiento. Sinduda, Ivana era la que parecía más perdida. No estaba acostumbrada a ir alugares así, pero intentaba sentirse lo más cómoda posible.
 
Cada uno intentaba no parecer más incómodo de lo que realmente estaba,y así transcurrían los minutos.
 
Poco más de una hora después, ya no hablaban de la bella Antonia nidel motivo de aquel encuentro. La noche tenía un encanto mágico y el ambientebohemio los transformaba a todos. Como si asumieran nuevas identidades osimplemente dejaran aflorar su verdadera esencia, saboreaban el momento. Ivanaera, sin duda, la más influenciada por la atmósfera, pues para ellarepresentaba un redescubrimiento.
 
Los chicos estaban más acostumbrados a esas luces y sonidos.Simplemente no conocían a esta nueva Ivana. Era tan sensual, tan deseable.
 
El vestido era demasiado corto, dejando al descubierto esas piernas yel escote que nunca podían ver en la oficina.
 

De vez en cuando, los chicos intercambiaban miradas con la típicamirada de depredadores. Ivana lo notaba todo, pero fingía no haber visto nada ysonreía para sus adentros. Algo estaba pasando. De repente, ya no recordaban ala bella Antonia.

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Tras un rato y varias actuaciones de karaoke bastante dudosas, elambiente se volvió tan relajado y animado que, por razones desconocidas, Ivanay Sergio empezaron a besarse para celebrar una buena nota. En lugar desorprenderse, lo tomaron con naturalidad. No se dieron cuenta, o no les parecióimportante recordar que se conocían desde hacía años y apenas habíanintercambiado unas pocas palabras en la oficina. Y ahora estaban allí,besándose en su primera cita.
 

No podían culpar al alcohol, ya que ninguno de ellos, y menos aún Ivana,tenía la costumbre de excederse. Bebieron lo suficiente como para relajarse,pero sin perder de vista lo que estaban haciendo. Lo más probable es quesimplemente no tuvieran motivos para dejar de hacerlo. ¿Qué daño podía haber enbesar a un compañero de trabajo? Sobre todo estando en un ambiente tanpropicio, con todas esas luces, las sonrisas, la atmósfera y la sensación deque nadie los observaba, podían hacer lo que quisieran sin tener que darexplicaciones. Durante el día en el trabajo tenían una serie de reglas ycódigos de conducta que seguir, pero allí no. Allí, cada uno era dueño de supropio espacio. Durante el día, todos tenían deberes y obligaciones, pero porla noche, todos los gatos son pardos, como se suele decir. Solo tenés quequerer serlo.

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Entonces se dieron cuenta de que no estaban solos. Álvaro los esperabaentre el público, sonriendo. En cierto modo, ya había planeado irse tempranopara darles más privacidad a Ivana y Sergio. Los dos amigos tenían una reglacuando salían: si uno no encontraba compañía, dejaba al otro libre paradisfrutar de la noche. Nada de terceros en discordia. Pero entonces, animadapor el ambiente festivo del karaoke, Ivana eligió una canción para que los trescantaran juntos, y cuando Álvaro dijo en un momento dado que se iba, ellaprotestó de inmediato.
 
“Para nada. La noche es preciosa. Ni siquiera recuerdo la última vezque me divertí tanto. No quiero que nada la estropee, vamos a divertirnos lostres juntos”.
 
La idea de que "los tres juntos se divirtieran" les dio ungiro a la cabeza a los chicos, y se miraron con picardía sin que Ivana se dieracuenta, o al menos eso creían. Cuando ya casi era hora de irse, uno de ellospreguntó:
 
“Bueno, el bar de karaoke va a cerrar pronto. ¿Adónde vamos ahora?”
 

Ivana añadió entonces, sin pensarlo dos veces: “¿Qué suelen hacerdespués?”

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“Normalmente vamos a casa de Sergio”, dijo Álvaro con una sonrisapícara y divertida, y añadió: “Pero claro, solo vamos cuando somos cuatro”.
 
“Miren, no sé qué piensan ustedes dos, pero yo llevaba muchísimotiempo sin divertirme tanto, y no quisiera irme a casa ya mismo. Pero tampocome parece justo que nos separemos si nos llevamos tan bien”, dijo Ivana. Losdos se miraron en silencio, esperando a que terminara de hablar, perodisimularon bien su nerviosismo, aunque les hervía la sangre.
 
“No estoy diciendo que tengamos que hacer un trío, por favor no memalinterpreten”.
 
“¡No, por supuesto que no!”, respondieron de inmediato.
 
“Podemos seguir escuchando música o charlando, da igual. Simplementeno quiero irme a casa ahora”.
 
Media hora después, los tres estaban en el departamento de Sergio, queestaba cerca. La tensión era palpable, y en cuanto entraron, los dos chicos laabrazaron al mismo tiempo.
 

Ivana, que llevaba mucho tiempo sin salir con nadie, pensó para símisma lo descabellada que era la situación, ya que jamás se había imaginadosalir con ningún compañero de trabajo, y mucho menos con dos a la vez. Pero,contrariamente a lo que cabría esperar, se sentía completamente a gusto.

Gatos pardos

Más que cómoda, Ivana estaba "muy ansiosa". Esto fue lo querealmente la sorprendió, ya que llevaba tanto tiempo sin estar con nadie que seconsideraba fuera de la contienda para cualquier interés romántico, "unacarta descartada", como se suele decir. Fue increíblemente emocionantevolver a sentir ese cosquilleo en el estómago y el calor entre las piernas, encontacto con el cuerpo de un hombre; en este caso, con el de dos.
 
Ellos sintieron ese instante más intensidad que en cualquier otromomento que habían vivido entre las muchas noches que habían pasado en ese departamento.Ya habían llevado a otras chicas allí antes, lo cual era normal para dos amigossolteros con ganas de disfrutar de la vida. Pero nunca habían salido las doscon la misma mujer.
 
Dado que era una situación sin precedentes para los tres, la euforiaparecía ser la misma para todos. Y también lo era su conexión.
 
Los dos chicos bajaron las manos simultáneamente hasta su escote. Suspechos se alzaron imponentes, mostrándose ante ellos en toda su gracia, listospara sus caricias y toques ansiosos, sin ningún pudor.
 

Ivana ni siquiera opuso resistencia. Se acomodó mejor entre los dos yse dejó besar y acariciar intensamente.

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Justo cuando pensaban que nada podía sorprenderles, los dos chicosvieron a Ivana levantarse sin previo aviso y quitarse la bombacha con totalseguridad delante de sus ojos, revelando su intimidad y deseo de una vez portodas, sin dejar lugar a dudas sobre lo que prometía la noche.
 
No solo tenía un cuerpo hermoso, sino también una personalidadcompletamente diferente a la que mostraba en el trabajo, como si fuera unapersona totalmente distinta.
 
Cualquiera que la conociera y la viera en ese momento diría que era otrapersona, una mujer mucho más audaz, segura de sus propias capacidades, queactuaba sin pedir permiso ni dudar.
 
Álvaro y Sergio estaban acostumbrados a liderar a mujeres ensituaciones similares, convenciéndolas y seduciéndolas, y ahora se encontrabanen una situación a la que no estaban muy acostumbrados. Estaban siendodominados por una mujer, de quien jamás esperarían algo así.
 

Pero, independientemente de la vergüenza o la sorpresa, lo que teníanante sí era demasiado excitante como para dejarse llevar por el orgullo o cualquierotra consideración. Ya no era la tímida Ivana quien estaba frente a ellos, sinouna mujer segura de sí misma y dominante, con la entrepierna desnuda, invitandoa cualquiera que tuviera el valor suficiente para darle lo que deseaba.

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Sergio fue el primero en ofrecerse como voluntario. Ivana apenas sehabía acomodado, inclinándose sobre una mesita, cuando él se apoyó en ella pordetrás, con una erección al rojo vivo, anhelando un chapuzón en agua fresca.Sin mucha ceremonia ni preparación, ella se levantó el vestido y se colocó deforma seductora, lista para recibirlo con firmeza en una embestida directa yprofunda. Su deseo era tan grande que ni siquiera se molestaron en quitarse laropa.
 

Álvaro permaneció sentado en el sofá, contemplando la escena ante susojos, sin saber muy bien cómo reaccionar al principio, pero enseguida empezó atocarse casi involuntariamente, sin poder controlarlo. Ivana, con una vergadentro y otro esperándola, sintió que su piel se encendía y la lujuria del momentose intensificaba. La sensación de poder que ejercía sobre ambos era un potenteafrodisíaco.

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Cuanto más se acostumbraban a la situación, más explícita y vigorosase volvía la actuación de todos, con Ivana superándose a sí misma en voracidady deseo con cada gesto. Parecía como si hubiera anhelado algo así durante muchotiempo. Hacía el amor como si no hubiera un mañana, como si fuera la últimavez, exigiendo toda su fuerza y ​​energía en cada movimiento, el sudorempapando su cabello, haciendo brillar su piel y que su ropa se le pegara alcuerpo.

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Sergio probablemente no estaba preparado para tanta vitalidad,especialmente de la mujer tímida que veía todos los días en la oficina. Setumbó, sin tiempo aún para terminar de desvestirse, pues Ivana apenas le dabatiempo a respirar, y observó casi como un mero espectador cómo ella descendíasobre él y se ajustaba como un guante a su verga roja e hinchada. Bajó hasta elfondo y la tragó entera, hasta el límite de su sedienta vagina, antes de tomarel control de los movimientos rítmicos y vigorosos. Pocas veces se había vistouna cabalgata tan intensa. Usó el peso de su propio cuerpo para enterrar cadacentímetro de esa verga dentro de sí misma, dejando a los dos hombresextasiados y con todos sus sentidos agudizados. Era casi como si estuvieranviendo un espectáculo, una película pornográfica de una actriz experimentada ytotalmente desinhibida.
 

Ella, a su vez, se alimentaba de su admiración, como si actuara paraun público exclusivo que era enteramente suyo.

cumshotTras permanecer un rato en esa posición, Ivana comenzó a gemir deforma más prolongada e intensa, como si le faltara el aire, a punto de liberaralgo que llevaba dentro. Colocó ambas manos sobre su pecho y movió las caderascon más lentitud y fuerza a la vez. Subía y bajaba, dejando la vergacompletamente empapada de abundante lubricación, brillando con un aspectolustroso e impactante.



Por un instante dejó de moverse y Sergio sintiólas rápidas contracciones de su vagina. Estaba teniendo un orgasmo con unaintensidad pocas veces vista por ambos. Uno de esos momentos en los que nadamás debería interferir, nada más importa. Con toda la atención y sensibilidaddel mundo concentradas en un solo punto. Lo único que importaba era el contactode músculos y nervios. Lo único que importaba era la descarga eléctrica que laasaltaba por completo y la hacía perder la noción de todo lo demás. Piernas,brazos, labios y manos ya no existían. Era una vagina en su totalidad, en plenoorgasmo, sin escatimar esfuerzos, gimiendo fuerte e intensamente, liberandotodo el placer contenido en su interior.


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Sin que nadie dispusiera nada más, Álvaro se acercó a los dos ypresionó su miembro contra la boca de Ivana, quien dudó un instante, como si sedijera a sí misma que tal vez esto estaba yendo demasiado lejos. Tener sexo conambos en la misma habitación, uno a la vez, era algo que realmente la excitaba,pero... ¿ambos al mismo tiempo? En cualquier caso, esta indecisión duró poco,porque poco después abrió la boca y besó suavemente la punta de su verga rígidae hinchada. Y mientras Álvaro persistía en frotarla contra sus labios, ellaabrió la boca y pasó la lengua sobre ella. Más que eso, comenzó a succionar conrenovado deseo. Con cada embestida de Sergio, que estaba debajo de ella, semovía al unísono, tomando a Álvaro en su boca y lamiendo toda la longitud de sumiembro, deslizando la lengua entre los huecos de sus dedos y llegando a sustestículos. Cuando esto sucedió, un escalofrío la recorrió al oír los gemidosdel chico, y estos, a su vez, la excitaron aún más. Todo se desarrolló a unritmo frenético, sin prisa alguna. Era más bien la tensión del momento, como siuna descarga eléctrica los envolviera a los tres.
 
Los dos chicos se sentían atados y enganchados a ella, como si todo loque vieran fueran agujeros cálidos y húmedos que debían ser penetrados,llenados, violados y explorados sin demora, con todo el vigor y apetitoposibles. Cada uno de esos agujeros.
 
Ella, a su vez, se sentía como el centro delmundo, con todo girando a su alrededor, con toda la atención solo puesta enella. Sentía manos apretando cada parte de su cuerpo, en los lugares másíntimos, cosas que sin duda no permitiría en otra situación, o si no estuvieraembriagada por la lujuria. Pero lo cierto era que en ese momento no había razónpara sentir pudor, así que lo permitió todo. Lo permitió y lo deseó.

Gatos pardos
CuandoÁlvaro se colocó detrás de ella y comenzó a frotar su miembro palpitante entresus nalgas, Ivana sabía perfectamente lo que iba a suceder, y aunque sentíaaprensión, decidió dejarlo ir más allá para ver hasta dónde podía llegar.Contrario a lo que imaginaba, la penetración fue placentera, muy placentera,sintiéndolos a ambos dentro de ella al mismo tiempo. Había muchos estímulos, ycerró los ojos para absorber mejor lo que estaba sucediendo. Sergio, que estabaabajo, la mantenía cautiva con ambas manos alrededor de su cintura, conpenetraciones limitadas. Álvaro, a su vez, tenía total libertad y la usó condeseo y voracidad, con empujes firmes y momentos que se transformaban enforzados, controlados al principio, pero con algunas penetraciones profundas.


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Laimpresión era que los tres llevaban mucho tiempo haciéndolo, que no era laprimera vez. Tal era la facilidad con la que se adaptaban al momento. Ivana pensóen los comentarios de sus amigas sobre el sexo anal, cómo era una experienciadesagradable y temida para la mayoría. Sin embargo, allí estaba ella,experimentando su primera vez, sintiéndose como si siempre lo hubiera hecho, ysolo podía atribuir esa sensación al hecho de que estaba tan excitada yabierta, literalmente, a todas las posibilidades que este encuentro podíaofrecer. Entonces concluyó correctamente que todo en términos de sexo podía serplacentero, siempre que hubiera voluntad y deseo. Entre tantas fantasías yconclusiones, no perdió el ritmo y se entregó sin reservas en medio de los doshombres hambrientos. Todos sus puntos nerviosos estaban siendo estimuladosadecuadamente, todos los espacios llenos.


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Fue mucho más que la penetraciónen sí. La intensidad de todo residía también en el roce de sus dedos, lahumedad de su sudor, la fricción de sus cuerpos, la textura suave eembriagadora de su carne y músculos, la presión que cada parte ejercía sobre laotra, y también la mezcla de sus aromas. Podía abrazar a ambos hombres a la vezy ser tocada y apretada por ellos, abriéndose por completo, en cada rincón, sinninguna restricción. Si aún quedaba algo de vergüenza o pudor, se limitaba soloa pensamientos, pero ni siquiera se acercaba a competir con el saborelectrizante del sexo intenso y rítmico de los tres cuerpos.

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Cuando la colocaron boca arribaentre los dos chicos y la penetraron con renovada fuerza, volvió a tener unorgasmo. Quizás fue la segunda o la tercera vez... había perdido la cuenta. Locierto era que hacía mucho tiempo que no tenía uno, y ahora era como si sehubieran abierto las compuertas, liberando todo lo que había estado reprimido.Con cada nuevo orgasmo, Ivana se sentía más exhausta, menos activa, sin fuerzaspara corresponder a sus caricias. Simplemente se dejaba penetrar y usar porellos, quienes parecían volverse más fuertes a medida que ella se debilitaba.Había un aire ligeramente sádico de satisfacción en sus acciones, como sicompitieran por ver quién era el más vigoroso, y en esta competencia nodeclarada, Ivana era la que perdía cada vez más. Con una sonrisa soñolienta ydébil, se mordió los labios involuntariamente, y la visión de su rostro avivóel apetito de los chicos. Llegó al clímax, su voz era ahora débil, carente dela misma intensidad que al principio, pero aunque sus gemidos no fueran tanfuertes, la electricidad que recorría sus poros era incomparable.
 
Lo inesperado fue que, por muy agotada queestuviera, ni se le pasó por la cabeza pedir que pararan, como si quisiera vercuánto podía aguantar. Pensaba todo esto para sí misma, disfrutando del momentoal máximo, sin saber cuándo podría repetirlo.

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Durante unos minutos, simplementese dejó penetrar por ambos, incapaz de reaccionar, sintiéndose utilizada, pero,contrariamente a lo que se podría pensar, esto no la ofendió en lo más mínimo.Su estado de letargo, simplemente por estar allí sin necesidad de esforzarse,la excitaba de una manera muy diferente. En ese momento, era el objeto deldeseo de sus compañeros, y en todos sus pensamientos sentía cada centímetroentrando y saliendo de su interior con avidez. ¿Cómo podía alguien tan exhaustasentir aún tanto placer y excitación, agotando sus últimas energías?, sepreguntó.

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Se desconoce quién lo sugirió, niimportaba, pero el hecho es que cuando estaban a punto de llegar al clímax,ella se arrodilló entre ellos y se encargó de estimularlos con la boca y lasmanos, sintiendo que se acercaba el momento cumbre de cualquier encuentrosexual. En el pasado, había comentado en broma con sus amigas más cercanas quele parecía simplemente repulsivo que las mujeres permitieran que sus parejaseyacularan en sus bocas, pero ahora se encontraba allí, frente a dos hombres apunto de hacer exactamente lo que ella condenaba. Y no duró más que unosinstantes.


Los dos hombres eyacularon casisimultáneamente. El líquido caliente, espeso y viscoso explotó sobre su rostroy se extendió por su cabello, cuello, pecho y cuerpo. Sintió escalofríos alpercibir los temblores de sus amantes en ese momento extremo. Los controló consus manos, manteniéndolos lo más cerca posible, como si el desenlace de esanoche inesperada y fantástica dependiera únicamente de ella. Con sus últimasfuerzas, rió para sí misma, dándose cuenta de la locura que acababa de cometer,y solo por un instante pensó en cómo sería el día siguiente. Cómo sería vivircon sus dos compañeros de trabajo a partir de entonces, con quienes jamás habíaconsiderado la posibilidad de un simple beso.

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Contrario a lo que Ivanaimaginaba, al día siguiente todo salió a la perfección. Sus compañeros lasaludaron con calidez y se mostraron mucho más atentos en sus tareas. Como porinstinto, otros compañeros empezaron a interactuar y conversar con mucha máscordialidad que antes. Entre los tres surgió una especie de complicidadsecreta, y terminaron saliendo juntos varias veces más. Lo más intrigante erael comportamiento de la bella Antonia.


Ella continuó usando ropa provocativa,de hecho, cada vez más audaz. Los hombres continuaron admirándola, porsupuesto, pero no con la misma intensidad de antes. Por mucho que lo intentara,no lograba comprender por qué Ivana, que mantenía una apariencia másconservadora, atraía cada vez más la atención de los chicos.

Gatos pardos
FIN

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