Buenas chicos, subo otro post luego de mucho tiempo, y obligaciones en general. Esta vez con un relato creado. Si llegamos a los 1000 puntos, subo la continuación
de este relato, tengo ideas de relatos espero les guste :)
El sol de la tarde entraba tenue por las cortinas del departamento. Sofía, una chica blanca y chiquita de apenas 1.55 metros, morena con el cabello ondulado cayéndole sobre los hombros, se movía nerviosa por la habitación. Sus tetas grandes y pesadas, coronadas por pezones rosados que siempre se marcaban fácilmente, se balanceaban bajo la camiseta holgada. Tenía varios lunares sexys repartidos por el cuerpo: uno justo encima del pecho izquierdo, otro en la cadera, y un par más en la parte interna de los muslos que volvían loco a su novio.Mateo, su novio de 1.80, la observaba desde la cama con una sonrisa. Su pija de 16 cm ya empezaba a endurecerse solo de verla.Esa noche, después de una sesión intensa de sexo donde él la había hecho correrse dos veces, se sinceraron como nunca. Mateo confesó que le encantaría verla gozando con dos vergas al mismo tiempo. Sofía se sonrojó, dudando, pero justo entonces un peluche de payaso viejo que tenía desde niña cayó de la repisa sobre la cama. Sus ojos se perdieron unos segundos en disociación, como le pasaba a veces por su TEA. Cuando volvió, lo miró seria y dijo con voz baja pero firme:—Si mi primer trío es con un payaso… lo permitiría.Mateo se quedó helado, excitado y confundido a la vez. Aceptó solo si ella también se disfrazaba de payasa. La ilusión en los ojos de Sofía fue inmediata.Semanas después, todo se concretó. Mateo contactó a un amigo mago que conocía el mundo circense, y este le pasó el contacto de “Bolo”, un payaso profesional para eventos privados… de toda índole.El día llegó. Decoraron el living como si fuera el cumpleaños de Sofía: globos, guirnaldas, una torta falsa y serpentinas. Primero recibirían al payaso con ropa normal.Cuando Bolo tocó el timbre, era exactamente como lo había imaginado y mejor. Alto (cerca de 1.75), simpático, cuerpo musculado pero armónico, con un lunar sexy en el labio inferior y otro cerca del ojo izquierdo. Su sonrisa amplia y blanca derritió a Sofía al instante; sintió cómo se le mojaban las bragas en segundos.Le indicaron el baño para que se cambiara y maquillara. Mientras ordenaban todo, Sofía, muerta de nervios, se tomó dos vasos de Four Loko casi seguidos. Diez minutos después, la urgencia la hizo correr al baño. Pasó frente al otro baño cuya puerta estaba entreabierta y no pudo evitar mirar.Allí estaba Bolo, ya con la parte de arriba del traje de payaso puesto —camisa a lunares, tirantes—, pero abajo completamente desnudo. Su verga colgaba pesada, gruesa como un desodorante roll-on grande, venosa y con una cabeza rosada prominente. Incluso flácida era mucho más grande que la de Mateo. Sofía se quedó paralizada, respirando agitada. De pronto Bolo giró la cabeza y sus miradas se cruzaron un segundo. Ella huyó al baño principal, el corazón latiéndole en la garganta, las mejillas ardiendo y la vagina palpitando.Cuando salió, roja como tomate, Mateo notó algo raro pero no preguntó.La música empezó. Bolo salió completamente vestido de payaso: nariz roja, maquillaje exagerado, peluca de colores. Al ver que no había niños ni público, se extrañó. Le explicaron la fantasía. Al principio se tensó, pero cuando Sofía, con voz temblorosa y ojos brillantes, le dijo que era su regalo de cumpleaños y que le pagarían muy bien, además de prometerle una experiencia que nunca olvidaría, aceptó con una sonrisa pícara.—Entonces ve a cambiarte, payasita —le dijo.Sofía volvió con un disfraz de payasa sexy que ella misma había mandado a hacer: corsé blanco y rojo que apenas contenía sus enormes tetas, escote profundo que dejaba ver el lunar sobre su pecho izquierdo, short cortísimo que se le metía entre las nalgas redondas y mostraba la curva inferior de su culote, y medias de red. Maquillaje completo: labios rojos brillantes, mejillas coloradas, dos lágrimas negras sexys bajo los ojos.Bolo se quedó sin palabras. Mateo también.Empezaron despacio. Bailes, roces, globos que reventaban contra sus cuerpos. Sofía estaba empapada. Cuando los dos hombres se bajaron los pantalones del traje, ella soltó un gemido ahogado. La pija de Bolo, ya semidura, era monstruosa: más de 22 cm y muy gruesa. Mateo sonrió al ver la cara de sorpresa y excitación de su novia.La pusieron entre los dos. Primero una rica rusa doble: las tetas grandes y suaves de Sofía envolvieron ambas vergas mientras ella lamía las puntas alternadamente. Sus pezones rosados estaban duros como piedras. Le metieron globos inflados parcialmente en la vagina, presionando contra su punto G mientras la penetraban por turnos con los dedos y luego con las vergas. Sofía gemía como loca, el maquillaje empezando a correrse por el sudor y las lágrimas de placer.La follaron en el sofá, luego la levantaron entre los dos. Mateo la penetraba por delante mientras Bolo la tomaba por atrás, sus tetas rebotando hipnóticamente. El maquillaje se le corría por completo, dándole un aspecto sucio y salvaje que los volvía locos.Terminaron la primera ronda corriéndose juntos sobre sus tetas y cara: gruesos chorros calientes que pintaron sus pezones rosados y sus labios rojos.Después de un breve descanso, Bolo quiso quitarse el maquillaje. Mateo, un tanto ebrio, solo asintió. Sofía acompañó al payaso al baño “para ayudarlo”. Apenas cerraron la puerta, Bolo la empujó contra el lavabo, abrió sus piernas y la penetró por el culo sin piedad. Sofía tuvo que morderse el brazo para no gritar de placer y dolor mezclado. La verga gruesa la abría como nunca, entrando profundo mientras él le tapaba la boca con una mano y le pellizcaba los pezones con la otra.Salieron y siguieron en la cama: Sofía a cuatro patas, Mateo debajo comiéndole el coño mientras Bolo la cogía por atrás. Luego sobre la mesa de la decoración, tirando la torta falsa, globos y serpentinas por todos lados. Sus tetas se aplastaban contra la madera mientras la doble penetraban otra vez.Al final, exhaustos pero insaciables, Bolo la sentó en el borde de la cama. Sofía, con el maquillaje completamente destruido, los ojos vidriosos de placer y la cara llena de semen seco, tomó esa verga enorme con ambas manos y se la metió en la boca con desesperación. Chupaba, lamía, se ahogaba, lágrimas corriendo por sus mejillas. Quería todo. Bolo gruñó, le sostuvo la cabeza y descargó un chorro espeso y abundante directo en su garganta. Sofía tragó todo lo que pudo, tosiendo, con hilos blancos cayéndole por la barbilla y entre sus tetas.Se quedaron los tres tirados, respirando agitados. Sofía, con una sonrisa satisfecha y aún temblando, susurró:—Feliz cumpleaños a mí…Mateo la miró con amor y lujuria. Sabía que no sería la última vez.

de este relato, tengo ideas de relatos espero les guste :)
El sol de la tarde entraba tenue por las cortinas del departamento. Sofía, una chica blanca y chiquita de apenas 1.55 metros, morena con el cabello ondulado cayéndole sobre los hombros, se movía nerviosa por la habitación. Sus tetas grandes y pesadas, coronadas por pezones rosados que siempre se marcaban fácilmente, se balanceaban bajo la camiseta holgada. Tenía varios lunares sexys repartidos por el cuerpo: uno justo encima del pecho izquierdo, otro en la cadera, y un par más en la parte interna de los muslos que volvían loco a su novio.Mateo, su novio de 1.80, la observaba desde la cama con una sonrisa. Su pija de 16 cm ya empezaba a endurecerse solo de verla.Esa noche, después de una sesión intensa de sexo donde él la había hecho correrse dos veces, se sinceraron como nunca. Mateo confesó que le encantaría verla gozando con dos vergas al mismo tiempo. Sofía se sonrojó, dudando, pero justo entonces un peluche de payaso viejo que tenía desde niña cayó de la repisa sobre la cama. Sus ojos se perdieron unos segundos en disociación, como le pasaba a veces por su TEA. Cuando volvió, lo miró seria y dijo con voz baja pero firme:—Si mi primer trío es con un payaso… lo permitiría.Mateo se quedó helado, excitado y confundido a la vez. Aceptó solo si ella también se disfrazaba de payasa. La ilusión en los ojos de Sofía fue inmediata.Semanas después, todo se concretó. Mateo contactó a un amigo mago que conocía el mundo circense, y este le pasó el contacto de “Bolo”, un payaso profesional para eventos privados… de toda índole.El día llegó. Decoraron el living como si fuera el cumpleaños de Sofía: globos, guirnaldas, una torta falsa y serpentinas. Primero recibirían al payaso con ropa normal.Cuando Bolo tocó el timbre, era exactamente como lo había imaginado y mejor. Alto (cerca de 1.75), simpático, cuerpo musculado pero armónico, con un lunar sexy en el labio inferior y otro cerca del ojo izquierdo. Su sonrisa amplia y blanca derritió a Sofía al instante; sintió cómo se le mojaban las bragas en segundos.Le indicaron el baño para que se cambiara y maquillara. Mientras ordenaban todo, Sofía, muerta de nervios, se tomó dos vasos de Four Loko casi seguidos. Diez minutos después, la urgencia la hizo correr al baño. Pasó frente al otro baño cuya puerta estaba entreabierta y no pudo evitar mirar.Allí estaba Bolo, ya con la parte de arriba del traje de payaso puesto —camisa a lunares, tirantes—, pero abajo completamente desnudo. Su verga colgaba pesada, gruesa como un desodorante roll-on grande, venosa y con una cabeza rosada prominente. Incluso flácida era mucho más grande que la de Mateo. Sofía se quedó paralizada, respirando agitada. De pronto Bolo giró la cabeza y sus miradas se cruzaron un segundo. Ella huyó al baño principal, el corazón latiéndole en la garganta, las mejillas ardiendo y la vagina palpitando.Cuando salió, roja como tomate, Mateo notó algo raro pero no preguntó.La música empezó. Bolo salió completamente vestido de payaso: nariz roja, maquillaje exagerado, peluca de colores. Al ver que no había niños ni público, se extrañó. Le explicaron la fantasía. Al principio se tensó, pero cuando Sofía, con voz temblorosa y ojos brillantes, le dijo que era su regalo de cumpleaños y que le pagarían muy bien, además de prometerle una experiencia que nunca olvidaría, aceptó con una sonrisa pícara.—Entonces ve a cambiarte, payasita —le dijo.Sofía volvió con un disfraz de payasa sexy que ella misma había mandado a hacer: corsé blanco y rojo que apenas contenía sus enormes tetas, escote profundo que dejaba ver el lunar sobre su pecho izquierdo, short cortísimo que se le metía entre las nalgas redondas y mostraba la curva inferior de su culote, y medias de red. Maquillaje completo: labios rojos brillantes, mejillas coloradas, dos lágrimas negras sexys bajo los ojos.Bolo se quedó sin palabras. Mateo también.Empezaron despacio. Bailes, roces, globos que reventaban contra sus cuerpos. Sofía estaba empapada. Cuando los dos hombres se bajaron los pantalones del traje, ella soltó un gemido ahogado. La pija de Bolo, ya semidura, era monstruosa: más de 22 cm y muy gruesa. Mateo sonrió al ver la cara de sorpresa y excitación de su novia.La pusieron entre los dos. Primero una rica rusa doble: las tetas grandes y suaves de Sofía envolvieron ambas vergas mientras ella lamía las puntas alternadamente. Sus pezones rosados estaban duros como piedras. Le metieron globos inflados parcialmente en la vagina, presionando contra su punto G mientras la penetraban por turnos con los dedos y luego con las vergas. Sofía gemía como loca, el maquillaje empezando a correrse por el sudor y las lágrimas de placer.La follaron en el sofá, luego la levantaron entre los dos. Mateo la penetraba por delante mientras Bolo la tomaba por atrás, sus tetas rebotando hipnóticamente. El maquillaje se le corría por completo, dándole un aspecto sucio y salvaje que los volvía locos.Terminaron la primera ronda corriéndose juntos sobre sus tetas y cara: gruesos chorros calientes que pintaron sus pezones rosados y sus labios rojos.Después de un breve descanso, Bolo quiso quitarse el maquillaje. Mateo, un tanto ebrio, solo asintió. Sofía acompañó al payaso al baño “para ayudarlo”. Apenas cerraron la puerta, Bolo la empujó contra el lavabo, abrió sus piernas y la penetró por el culo sin piedad. Sofía tuvo que morderse el brazo para no gritar de placer y dolor mezclado. La verga gruesa la abría como nunca, entrando profundo mientras él le tapaba la boca con una mano y le pellizcaba los pezones con la otra.Salieron y siguieron en la cama: Sofía a cuatro patas, Mateo debajo comiéndole el coño mientras Bolo la cogía por atrás. Luego sobre la mesa de la decoración, tirando la torta falsa, globos y serpentinas por todos lados. Sus tetas se aplastaban contra la madera mientras la doble penetraban otra vez.Al final, exhaustos pero insaciables, Bolo la sentó en el borde de la cama. Sofía, con el maquillaje completamente destruido, los ojos vidriosos de placer y la cara llena de semen seco, tomó esa verga enorme con ambas manos y se la metió en la boca con desesperación. Chupaba, lamía, se ahogaba, lágrimas corriendo por sus mejillas. Quería todo. Bolo gruñó, le sostuvo la cabeza y descargó un chorro espeso y abundante directo en su garganta. Sofía tragó todo lo que pudo, tosiendo, con hilos blancos cayéndole por la barbilla y entre sus tetas.Se quedaron los tres tirados, respirando agitados. Sofía, con una sonrisa satisfecha y aún temblando, susurró:—Feliz cumpleaños a mí…Mateo la miró con amor y lujuria. Sabía que no sería la última vez.

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