Puesto que me excita más el placer de los hombres que el propio, suelo escribir más historias sobre lo que mi marido hace. Casi nunca escribo sobre mis experiencias, pero esta historia sí es sobre algo que yo viví.
Primero un poco de contexto: esto sucedió hace varias décadas cuando yo tenía unos 25 años y trabajaba en una pequeña oficina en un ranchito de un viejito muy amable por cierto. Yo trabajaba a gusto gestionando los pagos de los trabajadores, los impuestos, demás gastos en general. También a veces ayudaba un poco con labores físicas, pero mi trabajo era más de oficina.
Resulta que había un muchacho que entró a trabajar y de inmediato me echó el ojo. Me sonreía mucho y yo la verdad me chiveaba también. Me gustaba bastante. No era muy musculoso (me gustan los hombres con músculos marcados) pero sí era muy alto y de espalda grande. Estaba algo panzoncito pero no mucho. Él era el mandadero y hacía de todo un poco. Al final del día solía apestar mucho a sudor por sus labores tan arduas. Lo voy a llamar Ramón.
Recuerdo que una noche estuvo lloviendo mucho y por la noche con el frío yo me estaba metiendo el dedo y fantaseando con el Ramón besándome la panocha. Pero no lograba un orgasmo, necesitaba algo más, tal vez porno. Pero en aquellos años los celulares no eran muy aptos para eso, el porno se veía en computadoras. Así que me levanté y me fui a la oficina para ver torsos de hombres desnudos y calentarme. Eso era lo que solía ver para masturbarme en esos años.
Total que iba caminando hacia allá y que veo la camisa sudada del Ramón. Se la había quitado y la había dejado colgada en un clavo del pasillo. Ramón dormía en el mismo rancho, por cierto. No lo pensé dos veces: tomé la camisa que todavía olía a Ramón, me fui a mi recámara y me empecé a meter el dedo con la camisa en mi cara, oliendo su sudor. Me excité mucho, tuve un orgasmo muy jugoso y me quedé dormida. No sé si ya les platiqué pero a mí me da sueño después de coger (Dice mi marido que soy el sueño de cualquier hombre porque no hay que platicar conmigo después de culiar, pues me quedo dormida).
Pero volviendo al tema, me quedé dormida y de pronto desperté cuando ya había luz del día. Me asusté, porque tenía la camisa de Ramón todavía en mi poder y tenía que regresarla a tiempo sin que él se diera cuenta. Tomen en cuenta que era temprano ya que era en esos meses de vacaciones. No recuerdo la fecha exacta pero pudo ser en julio o agosto, que es la temporada de lluvias por acá. En esos meses suele clarear como a las 5 de la mañana. Y era a esa hora cuando desperté.
Entonces me levanté corriendo, todavía en shortcito y abrí la puerta. Comprobé que nadie se había levantado aun y fui al pasillo a colgar la camisa, pero me encontré a Ramón en el camino sin camisa. Yo no supe qué decir y solo le entregué la camisa y le sonreí sonrojada. Él me miró extrañado y yo le di una excusa muy tonta y rebuscada: "Es que pensé que se iba a gotear y me llevé tu camisa a un lugar más seco..." Pero estaba toda nerviosa y tartamudeaba. Ramón muy tranquilo me dijo: "Gracias. Pero, ¿no la manchaste anoche que te metiste el dedo con ella?"
Yo me asusté bastante porque supe que me había visto y le empecé a rogar que no me delatara, que no volvería a pasar y que me disculpara. Él, con la tranquilidad que le caracterizaba me dijo: "No te preocupes, tú también me gustas un montón. ¿Vamos al arrollo a cul...., perdón a ver cómo subió el agua?", me dijo en tono bromista.
Por cierto, ya después me confesó que él no sabía nada de que yo hubiera usado su camisa para mis cochinadas, simplemente fue una broma que se le ocurrió, pero al ver mi reacción pues se aprovechó.
Y es que ya en el arrollo me dijo que me iba a culiar. Me encantó cómo me lo dijo. No me preguntó si quería hacer el amor, ni me empezó a besar para excitarme y luego poco a poco convencerme de coger. Simplemente me dijo: "Lupita, quítate ese short porque te voy a culiar". Y mientras lo decía, se desbrochaba el cinto piteado que usaba y se bajaba sus pantalones vaqueros. De nuevo no supe qué decir pero me excitó su manera tan directa y lo macho que se veía cuando se sacó la verga y se puso a jalársela.
Él era un muchacho muy tranquilo y verlo así transformado en macho me excitó, así que accedí y tímidamente me bajé mi short. Recuerdo bien que traía un calzón negro de lycra ajustado tipo cachetero. En ese tiempo yo no era tan zorra como lo soy ahora y sentía un poco de miedo entregarme a ese muchacho tan grandote que no parecía interesado en mis sentimientos sino solo en cogerme. De hecho ni siquiera mi miraba la cara mientras se la jalaba, clavaba su vista en mi panocha. Me empecé a incomodar y dije: "Esto es una mala idea", y me cubrí mi panocha con mis manos. Él me dijo violentamente: "¡Qué mala idea ni qué ocho cuartos!" Me jaló el brazo fuertemente diciéndome: "¡Déjame verte la pinche panocha!". Se acercó y me acariciaba la panocha pero muy fuerte y me lastimaba. Luego me rompió la camisetita sin mangas que traía. Me bajó el sostén a la panza para acariciar mis tetas y entonces me mojé. Le dije: "Ya estoy lista, hazme tuya". Y él me bajó el calzón y en un rápido movimiento me volteó y me agachó para ensartarme por la cola. Me dolió un chingo y le dije: "Por allí no". "Ok, ok", dijo y me la sacó. Pero como la tenía algo larga me metía su verga en la panocha pero desde atrás, como si me estuviera dando por el culo. Me la metió de un zopetón y yo torcí mis ojitos.
Y sin más, sin caricias, sin besos, sin palabras cariñosas, solo me empezó a bombear su vergota, que también la tenía gruesa. Me estaba dando bien duro desde el principio y yo sentía mucho dolor, pero también sentía rico. El me agarraba de las caderas fuertemente para darme más duro y me daba nalgadas con mucha fuerza.
El sol empezaba a salir y acá en Sonora, después de una lluvia el calor y el bochorno son insoportables. En medio de las ramas se siente que no hay aire. Y allí estábamos, sudando a chorros pero sin dejar de culiar. Recuerdo su olor a jornalero mezclados con mi perfume femenino y el olor a hierba y humedad de la lluvia de anoche. El golpeteo de mis nalgas y el sonido de los pájaros mañaneros.
Después de estarme dando como por una hora. Me acostó en el suelo, que estaba húmedo y frío. Se puso de rodillas a la altura de mi cara. Sabía lo que intentaba, me quería echar la leche en la cara, pero a mí nunca me ha gustado eso. "No, en la cara no, por favor", le dije. Y él dijo: "Como quieras". Y se sentó en mí, poniendo su verga entre mis dos tetas. "Apriétatelas", me dijo: Yo las apreté y el frotaba su verga sudada entre mis chichis. Ya no recordaba esa posición desde cuando estaba en la secundaria y un muchacho se masturbaba en mis tetas así.
Luego empezó a darme bien duro entre mis tetas y empezó a apretármelas él también. Pero me las apretaba mucho y me estaba lastimando, así que le dije: "Mejor en la cara sí". "Ahora te aguantas", fue su respuesta. Unos segundos después de su verga salió abundante leche caliente, espesa y bien apestosa. Su leche me caía en mis tetas y chorreaba por mis hombros, también me caían chorros en mi barbilla. Yo alzaba la cabeza para que no me fuera a caer en la boca. Cuando él se dio cuenta, me jaló del pelo y me metió la punta palpitante de su verga echándome varios chorros dentro de mi boca. En cuanto me la sacó yo escupí, pero su leche espesa ya estaba pegada en mi lengua y mis muelas. Me dio mucho asco y di una arqueada. Él se reía mientras le seguía saliendo leche y me apuntaba con su verga para irme embarrando bien las tetas, mi pancita y mi ombligo.
Nunca había visto alguien que eyaculara tanto. Al final se escurrió la verga, hizo que se la limpiara con la lengua. Y se levantó. Se sacudió de tierra las rodillas, se subió el pantalón, tomó su camisa y sin ponérsela, solo se la echó al hombro y se fue. Me quedé tendida un rato así embarrada sin saber exactamente cómo ese hombre me convenció de ser usada de esa forma. Pero fue maravilloso. Todavía me mojo de recordar cómo me culió.
Yo me había enamorado de él, pero a él le dejé de interesar una vez que me cogió. Yo me hice la digna y dejé de hablarle. Pero confieso que sí me volvió a culiar un par de veces más. Tal vez se los platique en otra ocasión.
Primero un poco de contexto: esto sucedió hace varias décadas cuando yo tenía unos 25 años y trabajaba en una pequeña oficina en un ranchito de un viejito muy amable por cierto. Yo trabajaba a gusto gestionando los pagos de los trabajadores, los impuestos, demás gastos en general. También a veces ayudaba un poco con labores físicas, pero mi trabajo era más de oficina.
Resulta que había un muchacho que entró a trabajar y de inmediato me echó el ojo. Me sonreía mucho y yo la verdad me chiveaba también. Me gustaba bastante. No era muy musculoso (me gustan los hombres con músculos marcados) pero sí era muy alto y de espalda grande. Estaba algo panzoncito pero no mucho. Él era el mandadero y hacía de todo un poco. Al final del día solía apestar mucho a sudor por sus labores tan arduas. Lo voy a llamar Ramón.
Recuerdo que una noche estuvo lloviendo mucho y por la noche con el frío yo me estaba metiendo el dedo y fantaseando con el Ramón besándome la panocha. Pero no lograba un orgasmo, necesitaba algo más, tal vez porno. Pero en aquellos años los celulares no eran muy aptos para eso, el porno se veía en computadoras. Así que me levanté y me fui a la oficina para ver torsos de hombres desnudos y calentarme. Eso era lo que solía ver para masturbarme en esos años.
Total que iba caminando hacia allá y que veo la camisa sudada del Ramón. Se la había quitado y la había dejado colgada en un clavo del pasillo. Ramón dormía en el mismo rancho, por cierto. No lo pensé dos veces: tomé la camisa que todavía olía a Ramón, me fui a mi recámara y me empecé a meter el dedo con la camisa en mi cara, oliendo su sudor. Me excité mucho, tuve un orgasmo muy jugoso y me quedé dormida. No sé si ya les platiqué pero a mí me da sueño después de coger (Dice mi marido que soy el sueño de cualquier hombre porque no hay que platicar conmigo después de culiar, pues me quedo dormida).
Pero volviendo al tema, me quedé dormida y de pronto desperté cuando ya había luz del día. Me asusté, porque tenía la camisa de Ramón todavía en mi poder y tenía que regresarla a tiempo sin que él se diera cuenta. Tomen en cuenta que era temprano ya que era en esos meses de vacaciones. No recuerdo la fecha exacta pero pudo ser en julio o agosto, que es la temporada de lluvias por acá. En esos meses suele clarear como a las 5 de la mañana. Y era a esa hora cuando desperté.
Entonces me levanté corriendo, todavía en shortcito y abrí la puerta. Comprobé que nadie se había levantado aun y fui al pasillo a colgar la camisa, pero me encontré a Ramón en el camino sin camisa. Yo no supe qué decir y solo le entregué la camisa y le sonreí sonrojada. Él me miró extrañado y yo le di una excusa muy tonta y rebuscada: "Es que pensé que se iba a gotear y me llevé tu camisa a un lugar más seco..." Pero estaba toda nerviosa y tartamudeaba. Ramón muy tranquilo me dijo: "Gracias. Pero, ¿no la manchaste anoche que te metiste el dedo con ella?"
Yo me asusté bastante porque supe que me había visto y le empecé a rogar que no me delatara, que no volvería a pasar y que me disculpara. Él, con la tranquilidad que le caracterizaba me dijo: "No te preocupes, tú también me gustas un montón. ¿Vamos al arrollo a cul...., perdón a ver cómo subió el agua?", me dijo en tono bromista.
Por cierto, ya después me confesó que él no sabía nada de que yo hubiera usado su camisa para mis cochinadas, simplemente fue una broma que se le ocurrió, pero al ver mi reacción pues se aprovechó.
Y es que ya en el arrollo me dijo que me iba a culiar. Me encantó cómo me lo dijo. No me preguntó si quería hacer el amor, ni me empezó a besar para excitarme y luego poco a poco convencerme de coger. Simplemente me dijo: "Lupita, quítate ese short porque te voy a culiar". Y mientras lo decía, se desbrochaba el cinto piteado que usaba y se bajaba sus pantalones vaqueros. De nuevo no supe qué decir pero me excitó su manera tan directa y lo macho que se veía cuando se sacó la verga y se puso a jalársela.
Él era un muchacho muy tranquilo y verlo así transformado en macho me excitó, así que accedí y tímidamente me bajé mi short. Recuerdo bien que traía un calzón negro de lycra ajustado tipo cachetero. En ese tiempo yo no era tan zorra como lo soy ahora y sentía un poco de miedo entregarme a ese muchacho tan grandote que no parecía interesado en mis sentimientos sino solo en cogerme. De hecho ni siquiera mi miraba la cara mientras se la jalaba, clavaba su vista en mi panocha. Me empecé a incomodar y dije: "Esto es una mala idea", y me cubrí mi panocha con mis manos. Él me dijo violentamente: "¡Qué mala idea ni qué ocho cuartos!" Me jaló el brazo fuertemente diciéndome: "¡Déjame verte la pinche panocha!". Se acercó y me acariciaba la panocha pero muy fuerte y me lastimaba. Luego me rompió la camisetita sin mangas que traía. Me bajó el sostén a la panza para acariciar mis tetas y entonces me mojé. Le dije: "Ya estoy lista, hazme tuya". Y él me bajó el calzón y en un rápido movimiento me volteó y me agachó para ensartarme por la cola. Me dolió un chingo y le dije: "Por allí no". "Ok, ok", dijo y me la sacó. Pero como la tenía algo larga me metía su verga en la panocha pero desde atrás, como si me estuviera dando por el culo. Me la metió de un zopetón y yo torcí mis ojitos.
Y sin más, sin caricias, sin besos, sin palabras cariñosas, solo me empezó a bombear su vergota, que también la tenía gruesa. Me estaba dando bien duro desde el principio y yo sentía mucho dolor, pero también sentía rico. El me agarraba de las caderas fuertemente para darme más duro y me daba nalgadas con mucha fuerza.
El sol empezaba a salir y acá en Sonora, después de una lluvia el calor y el bochorno son insoportables. En medio de las ramas se siente que no hay aire. Y allí estábamos, sudando a chorros pero sin dejar de culiar. Recuerdo su olor a jornalero mezclados con mi perfume femenino y el olor a hierba y humedad de la lluvia de anoche. El golpeteo de mis nalgas y el sonido de los pájaros mañaneros.
Después de estarme dando como por una hora. Me acostó en el suelo, que estaba húmedo y frío. Se puso de rodillas a la altura de mi cara. Sabía lo que intentaba, me quería echar la leche en la cara, pero a mí nunca me ha gustado eso. "No, en la cara no, por favor", le dije. Y él dijo: "Como quieras". Y se sentó en mí, poniendo su verga entre mis dos tetas. "Apriétatelas", me dijo: Yo las apreté y el frotaba su verga sudada entre mis chichis. Ya no recordaba esa posición desde cuando estaba en la secundaria y un muchacho se masturbaba en mis tetas así.
Luego empezó a darme bien duro entre mis tetas y empezó a apretármelas él también. Pero me las apretaba mucho y me estaba lastimando, así que le dije: "Mejor en la cara sí". "Ahora te aguantas", fue su respuesta. Unos segundos después de su verga salió abundante leche caliente, espesa y bien apestosa. Su leche me caía en mis tetas y chorreaba por mis hombros, también me caían chorros en mi barbilla. Yo alzaba la cabeza para que no me fuera a caer en la boca. Cuando él se dio cuenta, me jaló del pelo y me metió la punta palpitante de su verga echándome varios chorros dentro de mi boca. En cuanto me la sacó yo escupí, pero su leche espesa ya estaba pegada en mi lengua y mis muelas. Me dio mucho asco y di una arqueada. Él se reía mientras le seguía saliendo leche y me apuntaba con su verga para irme embarrando bien las tetas, mi pancita y mi ombligo.
Nunca había visto alguien que eyaculara tanto. Al final se escurrió la verga, hizo que se la limpiara con la lengua. Y se levantó. Se sacudió de tierra las rodillas, se subió el pantalón, tomó su camisa y sin ponérsela, solo se la echó al hombro y se fue. Me quedé tendida un rato así embarrada sin saber exactamente cómo ese hombre me convenció de ser usada de esa forma. Pero fue maravilloso. Todavía me mojo de recordar cómo me culió.
Yo me había enamorado de él, pero a él le dejé de interesar una vez que me cogió. Yo me hice la digna y dejé de hablarle. Pero confieso que sí me volvió a culiar un par de veces más. Tal vez se los platique en otra ocasión.
2 comentarios - Culiando en el arroyo