Otra vez caí como una estúpida. No sé de dónde viene el impulso.
Sandro llegó alas 9 de la mañana con una pequeña mochila. Carla y César ya estaban en camino. Le dije a Sandro que me ayudase a buscar la cocina para camping en el garaje. Apenas entramos él me acarició y comprobó la firmeza de mi culo. Yo, un poco excitada por la salida que haríamos, fin de semana acampando con mi chico y nuestra pareja amiga, no intenté resistirme.
- Una chupadita antes de que lleguen, me dijo. Yo, obediente y deseosa, hincándome sin que mis rodillas toquen el piso, bajé su pantalón y me me metí esa pijadormida en la boca para empezar a chuparla con fervor. Así como un león despierta de su siesta y se yergue rugiendo al sol, así la pija hermosa de mi novio, se levantó y apuntó al cielo mientras el suspiraba un “ahhh, así,Gretta, desayuná tu lechita”. Cosa que me puso muy deseosa de probar ese manjar. Sabiendo que no teníamos mucho tiempo, escupí esa pija y le di una buena paja alternando con chupones y lamidas por el tronco, mientras masajeaba sus huevos. A los tres minutos ya estaba sintiendo los chorros de leche en mi boca y las piernas de Sandro temblaban. Un pequeño, sutil y profundo orgasmo cosquilleó mis adentros cuando pensé en cómo lo montaría en el lago. Siempre me gustó coger en la carpa.
Pero siempre es una de cal y una de arena. Encontramos lo que buscábamos y yo notaba que él estaba demasiado callado.
- ¿Pasa algo?- le pregunté.
- Es que se me olvidó decirte que con los compañeros de trabajo con anotamos a un campeonato de papi fútbol y empieza justo hoy…
La furia se apoderó de mí: me hizo sacarle la leche primero y ahora me avisaba que me dejaba sola ante una excursión. Yo había rogado a mi madre, con quien no vivía hacía cinco años, me prestase todo el equipo, había ordenado todas las cuentas con Carla y César para compartir gastos, preparado los alimentos y bebidas para esos días, y él (hombre necio que acusáis) ahora me decía que no fuera histérica,que saldríamos en otro momento y no sé qué otras cosas. Le pedí se fuera y así lo hizo. No hubo beso de despedida. Al entrar a la casa de mi madre ella estaba circunspecta, temí que me hubiera visto “desayunando”.
- Hija, tu hermano, está muy bajoneado. Resulta que mirando por casualidad el celular de su amigo Lucas encontró fotos de su novia, en algunas desnuda y en otras haciéndolo con el muy desgraciado.
Yo no estaba en ese momento de muy buen humor. Con mi hermano, Mauricio, no teníamos una relación cercana, Yo con veintisiete años y el con veinte, ese lustro había sido determinante para que, al entrar en la adolescencia, no pasáramos de un trato “de rigor”. No era un pibe muy atractivo, tampoco lo que se dice feo. Llevaba con su novia, mi tocaya, Gretta, un año y algo más. Él era una persona divertida ,adepto a los bailes y buen bebedor. Mi madre me dijo que, ya que iba al bosque, podía invitarlo ya que tiene su propia carpa y ella aportaría dinero para salvar los gastos de una boca más. Obviamente, en ese momento pensé en decirle, considerando el mal rato, o al menos el mal final de un buen rato con mi novio, ni de coñas, pero justo lo vi pasar a unos metros hacia la cocina y, la verdad, me provocó una mezcla de ternura y lástima. En un papel que nunca había jugado dije, con cara de alegría que sí y que si no tenía carpa yo le podía ofrecer espacio en la mía, ya que iría sola y César y Carla tenían su propio equipo. Convencer a mi hermanito llevó un poco detiempo, pero finalmente cedió, sin cambiar su cara de “Pantriste”.
El viaje en la VAN de mis amigos transcurrió muy bien. Al llegar a una zona apartada del camping, cerca de la orilla, armamos las tres carpas. Mauricio, sin preguntar, sacó un porro y, en silencio se puso a fumar. Alarmada le dije que apagara eso, pero mis amigos se acercaron y, haciendo bromas, terminaron fumando con él, a lo que yo, para no parecer una timorata, también me sumé. La tarde pasó entre risas y juegos. Carla y Cesar no dejaban de besarse y tocarse, lo que a mí me ponía muy caliente y a mi hermanito parecía no afectar, ya que de a ratos volvía asumirse en la tristeza. Por la noche cocinamos una colita de cuadril a la parrilla y no se escatimó el vino, aunque yo me moderé ya que, al mezclar humo y alcohol mi estómago me traiciona. Así estábamos luego de comer: Carla y César muy alegres y a las risas, mi hermano en evidente estado de ebriedad y yo a medio camino entre las ganas de coger que me habían quedado después del desayuno y la borrachera que parecía avecinarse mezclada con las risas que me provocaba mi pareja amiga que no dejaba de darse besos de lengua y tocarse entre las piernas a la luz de la fogata. Mi hermano se durmió, su cuerpo no soportó la pesadez de tanto vino. Ellos lo notaron y comenzaron a besarse y tocarse con más intensidad. De repente, el fuego iluminó la mano de Carla que agarraba con firmeza el duro tronco de su novio. Yo hice como que no vi, pero ella me interpeló:
- Qué lástima que no vino tu novio, amiga. Te compartiría el mío, pero está medio borrachito y no va a poder con las dos, jajajaja.
- Poneme a prueba. Contestó él.
- Primero te pruebo yo- le dijo ella y le ayudó a levantarse. Fueron hacia la carpa y yoquedé con la hermosa pija de César estampada en la retina.
No es que hubiera fantaseado con mis amigos, pero la imagen me hizo presa de una gran calentura que se incrementó cuando empecé a escuchar la acción de la carpa. Sentí un calor y humedad, me toqué, me mordí el labio inferior, acaricié mis tetas, pellizqué mis pezones. “Ah, sí, mi amor métela ya” decía Carla y emitía un sonido salvaje que delataba la clavada. Yo estaba absolutamente caliente, mefui a incorporar para acercarme a la carpa, decidida, al menos a escuchar o poder espiar desde afuera el hermoso polvo que le estaban dando a mi amiga. Me incorporé, para bajar la calentura tomé un tronco y lo eché al fuego. El resplandor iluminó a mi hermanito que, boca arriba y en maya, dormía su borrachera. Pero no estaba “todo” dormido: por sobre el elástico de su ropa asomaba media pija rematada por un glande perfecto, un hongo de placer que invitaba a ser comido como el más delicioso afrodisíaco. Sacudí mi cabeza. Era mi hermano, no debía tentarme. Pero siempre fui razonable: si estuviera consciente, sería mi hermano, pero como no lo está, no es más que un cuerpo. Mareada por el deseo, el porro y el alcohol, me acerqué a ese cuerpo y acaricié esa verga. Pensaba sólo tocarla. Mi otra mano acariciaba mi concha que ya era un charco. Los gemidos desde la carpa no detenían su in crescendo. “y…sí, se la chupo un poquito, total no se va a dar cuenta…”Con sigilo bajé esa ropita y contemplé la rígida, derecha y brillante pija de mi hermano. Me la metí en la boca y la tragué hasta la arcada. Él gimió, una alerta que hizo que me detenga. Sin embargo, un ronquido siguió al gemido y un chorro de saliva siguió a mi alerta. Era una pija deliciosa. Me masturbaba, escuchando a mi amiga pedir por el culo. Mi mano no me alcanzaba: daba dedos a mi cuca y metía cada tanto otro en mi culo, deseando una verga como la que tenía en la boca. Ya fuera de mí, corrí mi bombacha. Así como las amazonas van montadas a todo galope con sus cinturas subiendo y bajando sobre la montura, así monté a mi hermano para arremeter los campos del incesto. Sentía su pija y el vértigo de lo prohibido. De repente, llenándome de estupor el murmuró “Gretta, Gretta, por qué sos tan puta, me engañaste” Me di cuenta de que soñaba con su novia, o ex. No sé de donde se me ocurrió “ahora estoy con vos, mi amor”
- Sí, montame, así, Gretta. Decía. Yo gemía y con Carla hacíamos un coro carnal arreglado por los gemidos guturales de su macho y mi inocente hermanito que estaba siendo objeto sexual.
Acabé a punto de mojarle todo a mi alcoholizado hermano. La culpa me invadió a los segundos. Pero mi cuerpo estaba tembloroso y satisfecho.
Los grillos cantaban solitarios. Miré hacia la carpa de mis amigos y la cabeza de Carla asomaba, sonriente. Llevé a mi boca la mano, con recato tapé la ahora flácida pija de mi hermano; ella me había visto. Sonri, se mordió los labios, se acercó a mí.
- Pícara, te comiste a tu hermanito…¿mañana me lo prestás y yo te presto a César? Te va agustar, por lo que veo la de mi chico es mas larga y más gruesa que la de tu hermano.
No dije nada, agaché la cabeza y me fui a dormir a mi carpa. Soñé que estaba en cuatro patas mientras Carla me abría la cola empapada de leche y César me perdía su maravillosa verga en el culo. Mi propio gemido me despertó. El sol estaba bastante alto. Mi hermano calentaba agua para unos mates. Yo quise disimular y me acerqué, él estaba de espaldas.
- ¡Qué manera de chupar!- dije haciendo alusión a la cantidad de alcohol que habíamos tomado.
- Sí-dijo él- y de cabalgar ¿no Gretta?- volteó y sonrió casi demoníacamente. Eso meprovocó una calentura instantánea- ¿Qué querés desayunar?
- Leche-le dije, tomándolo de la mano y llevándolo hacia la carpa. Después de sacarlela lechita le pregunté si creía que los sueños se hacían realidad.
- Si los deseas mucho, sí- me dijo. Yo recordé las manos de Carla abriendo mi culo para ser taladrado.
Mi hermanito dijo algo sobre un mañanero, prendió un porrito más, me lo dio y se entregó con dedicación a tomar su desayuno mientras yo fumaba, acariciaba su pelo, gemía y sentía cómo su lengua tomaba todos mis juguitos mientras sus dedos jugaban a abrir mi deseoso culo…
Sandro llegó alas 9 de la mañana con una pequeña mochila. Carla y César ya estaban en camino. Le dije a Sandro que me ayudase a buscar la cocina para camping en el garaje. Apenas entramos él me acarició y comprobó la firmeza de mi culo. Yo, un poco excitada por la salida que haríamos, fin de semana acampando con mi chico y nuestra pareja amiga, no intenté resistirme.
- Una chupadita antes de que lleguen, me dijo. Yo, obediente y deseosa, hincándome sin que mis rodillas toquen el piso, bajé su pantalón y me me metí esa pijadormida en la boca para empezar a chuparla con fervor. Así como un león despierta de su siesta y se yergue rugiendo al sol, así la pija hermosa de mi novio, se levantó y apuntó al cielo mientras el suspiraba un “ahhh, así,Gretta, desayuná tu lechita”. Cosa que me puso muy deseosa de probar ese manjar. Sabiendo que no teníamos mucho tiempo, escupí esa pija y le di una buena paja alternando con chupones y lamidas por el tronco, mientras masajeaba sus huevos. A los tres minutos ya estaba sintiendo los chorros de leche en mi boca y las piernas de Sandro temblaban. Un pequeño, sutil y profundo orgasmo cosquilleó mis adentros cuando pensé en cómo lo montaría en el lago. Siempre me gustó coger en la carpa.
Pero siempre es una de cal y una de arena. Encontramos lo que buscábamos y yo notaba que él estaba demasiado callado.
- ¿Pasa algo?- le pregunté.
- Es que se me olvidó decirte que con los compañeros de trabajo con anotamos a un campeonato de papi fútbol y empieza justo hoy…
La furia se apoderó de mí: me hizo sacarle la leche primero y ahora me avisaba que me dejaba sola ante una excursión. Yo había rogado a mi madre, con quien no vivía hacía cinco años, me prestase todo el equipo, había ordenado todas las cuentas con Carla y César para compartir gastos, preparado los alimentos y bebidas para esos días, y él (hombre necio que acusáis) ahora me decía que no fuera histérica,que saldríamos en otro momento y no sé qué otras cosas. Le pedí se fuera y así lo hizo. No hubo beso de despedida. Al entrar a la casa de mi madre ella estaba circunspecta, temí que me hubiera visto “desayunando”.
- Hija, tu hermano, está muy bajoneado. Resulta que mirando por casualidad el celular de su amigo Lucas encontró fotos de su novia, en algunas desnuda y en otras haciéndolo con el muy desgraciado.
Yo no estaba en ese momento de muy buen humor. Con mi hermano, Mauricio, no teníamos una relación cercana, Yo con veintisiete años y el con veinte, ese lustro había sido determinante para que, al entrar en la adolescencia, no pasáramos de un trato “de rigor”. No era un pibe muy atractivo, tampoco lo que se dice feo. Llevaba con su novia, mi tocaya, Gretta, un año y algo más. Él era una persona divertida ,adepto a los bailes y buen bebedor. Mi madre me dijo que, ya que iba al bosque, podía invitarlo ya que tiene su propia carpa y ella aportaría dinero para salvar los gastos de una boca más. Obviamente, en ese momento pensé en decirle, considerando el mal rato, o al menos el mal final de un buen rato con mi novio, ni de coñas, pero justo lo vi pasar a unos metros hacia la cocina y, la verdad, me provocó una mezcla de ternura y lástima. En un papel que nunca había jugado dije, con cara de alegría que sí y que si no tenía carpa yo le podía ofrecer espacio en la mía, ya que iría sola y César y Carla tenían su propio equipo. Convencer a mi hermanito llevó un poco detiempo, pero finalmente cedió, sin cambiar su cara de “Pantriste”.
El viaje en la VAN de mis amigos transcurrió muy bien. Al llegar a una zona apartada del camping, cerca de la orilla, armamos las tres carpas. Mauricio, sin preguntar, sacó un porro y, en silencio se puso a fumar. Alarmada le dije que apagara eso, pero mis amigos se acercaron y, haciendo bromas, terminaron fumando con él, a lo que yo, para no parecer una timorata, también me sumé. La tarde pasó entre risas y juegos. Carla y Cesar no dejaban de besarse y tocarse, lo que a mí me ponía muy caliente y a mi hermanito parecía no afectar, ya que de a ratos volvía asumirse en la tristeza. Por la noche cocinamos una colita de cuadril a la parrilla y no se escatimó el vino, aunque yo me moderé ya que, al mezclar humo y alcohol mi estómago me traiciona. Así estábamos luego de comer: Carla y César muy alegres y a las risas, mi hermano en evidente estado de ebriedad y yo a medio camino entre las ganas de coger que me habían quedado después del desayuno y la borrachera que parecía avecinarse mezclada con las risas que me provocaba mi pareja amiga que no dejaba de darse besos de lengua y tocarse entre las piernas a la luz de la fogata. Mi hermano se durmió, su cuerpo no soportó la pesadez de tanto vino. Ellos lo notaron y comenzaron a besarse y tocarse con más intensidad. De repente, el fuego iluminó la mano de Carla que agarraba con firmeza el duro tronco de su novio. Yo hice como que no vi, pero ella me interpeló:
- Qué lástima que no vino tu novio, amiga. Te compartiría el mío, pero está medio borrachito y no va a poder con las dos, jajajaja.
- Poneme a prueba. Contestó él.
- Primero te pruebo yo- le dijo ella y le ayudó a levantarse. Fueron hacia la carpa y yoquedé con la hermosa pija de César estampada en la retina.
No es que hubiera fantaseado con mis amigos, pero la imagen me hizo presa de una gran calentura que se incrementó cuando empecé a escuchar la acción de la carpa. Sentí un calor y humedad, me toqué, me mordí el labio inferior, acaricié mis tetas, pellizqué mis pezones. “Ah, sí, mi amor métela ya” decía Carla y emitía un sonido salvaje que delataba la clavada. Yo estaba absolutamente caliente, mefui a incorporar para acercarme a la carpa, decidida, al menos a escuchar o poder espiar desde afuera el hermoso polvo que le estaban dando a mi amiga. Me incorporé, para bajar la calentura tomé un tronco y lo eché al fuego. El resplandor iluminó a mi hermanito que, boca arriba y en maya, dormía su borrachera. Pero no estaba “todo” dormido: por sobre el elástico de su ropa asomaba media pija rematada por un glande perfecto, un hongo de placer que invitaba a ser comido como el más delicioso afrodisíaco. Sacudí mi cabeza. Era mi hermano, no debía tentarme. Pero siempre fui razonable: si estuviera consciente, sería mi hermano, pero como no lo está, no es más que un cuerpo. Mareada por el deseo, el porro y el alcohol, me acerqué a ese cuerpo y acaricié esa verga. Pensaba sólo tocarla. Mi otra mano acariciaba mi concha que ya era un charco. Los gemidos desde la carpa no detenían su in crescendo. “y…sí, se la chupo un poquito, total no se va a dar cuenta…”Con sigilo bajé esa ropita y contemplé la rígida, derecha y brillante pija de mi hermano. Me la metí en la boca y la tragué hasta la arcada. Él gimió, una alerta que hizo que me detenga. Sin embargo, un ronquido siguió al gemido y un chorro de saliva siguió a mi alerta. Era una pija deliciosa. Me masturbaba, escuchando a mi amiga pedir por el culo. Mi mano no me alcanzaba: daba dedos a mi cuca y metía cada tanto otro en mi culo, deseando una verga como la que tenía en la boca. Ya fuera de mí, corrí mi bombacha. Así como las amazonas van montadas a todo galope con sus cinturas subiendo y bajando sobre la montura, así monté a mi hermano para arremeter los campos del incesto. Sentía su pija y el vértigo de lo prohibido. De repente, llenándome de estupor el murmuró “Gretta, Gretta, por qué sos tan puta, me engañaste” Me di cuenta de que soñaba con su novia, o ex. No sé de donde se me ocurrió “ahora estoy con vos, mi amor”
- Sí, montame, así, Gretta. Decía. Yo gemía y con Carla hacíamos un coro carnal arreglado por los gemidos guturales de su macho y mi inocente hermanito que estaba siendo objeto sexual.
Acabé a punto de mojarle todo a mi alcoholizado hermano. La culpa me invadió a los segundos. Pero mi cuerpo estaba tembloroso y satisfecho.
Los grillos cantaban solitarios. Miré hacia la carpa de mis amigos y la cabeza de Carla asomaba, sonriente. Llevé a mi boca la mano, con recato tapé la ahora flácida pija de mi hermano; ella me había visto. Sonri, se mordió los labios, se acercó a mí.
- Pícara, te comiste a tu hermanito…¿mañana me lo prestás y yo te presto a César? Te va agustar, por lo que veo la de mi chico es mas larga y más gruesa que la de tu hermano.
No dije nada, agaché la cabeza y me fui a dormir a mi carpa. Soñé que estaba en cuatro patas mientras Carla me abría la cola empapada de leche y César me perdía su maravillosa verga en el culo. Mi propio gemido me despertó. El sol estaba bastante alto. Mi hermano calentaba agua para unos mates. Yo quise disimular y me acerqué, él estaba de espaldas.
- ¡Qué manera de chupar!- dije haciendo alusión a la cantidad de alcohol que habíamos tomado.
- Sí-dijo él- y de cabalgar ¿no Gretta?- volteó y sonrió casi demoníacamente. Eso meprovocó una calentura instantánea- ¿Qué querés desayunar?
- Leche-le dije, tomándolo de la mano y llevándolo hacia la carpa. Después de sacarlela lechita le pregunté si creía que los sueños se hacían realidad.
- Si los deseas mucho, sí- me dijo. Yo recordé las manos de Carla abriendo mi culo para ser taladrado.
Mi hermanito dijo algo sobre un mañanero, prendió un porrito más, me lo dio y se entregó con dedicación a tomar su desayuno mientras yo fumaba, acariciaba su pelo, gemía y sentía cómo su lengua tomaba todos mis juguitos mientras sus dedos jugaban a abrir mi deseoso culo…
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