You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Pareja de Bogota y su primer GangBang en un club SW

Hace algunos años, en Bogotá, en un lugar que aún existe y frecuentamos de vezen cuando: el Club 69. Un Bar Sw de los más conocidos, un sitio donde la gente vaa perderse sin pretensiones. Nosotros todavía éramos más jóvenes, másnerviosos, más adictos a la novedad. Ella tenía treinta y pocos, yo casicuarenta. Ya éramos padres, ya teníamos la rutina, pero todavía nos quemaba laidea de que alguien más la tocara delante de mí.


Esa noche no planeamos nada. Solo queríamosmirar, tomar algo, ver si el ambiente nos calentaba lo suficiente para un tríoo un intercambio suave. Llegamos cerca de las once. El Club 69 estaba lleno.Música baja, luces rojas, un pasillo estrecho que llevaba a las salas privadasy a la zona de colchones grandes donde todo se mezclaba. Dejamos la ropa en loscasilleros. Ella se quedó en una lencería negra sencilla: tanga de hilo,sujetador que apenas contenía las tetas, medias hasta media muslo. Yo solo conun pantalón corto que se me marcaba ya. Desde el primer trago en la barra senotaba que ella estaba diferente. Más inquieta. Se le notaba en cómo se movía,en cómo se le endurecían los pezones cada vez que alguien la miraba de más.


Caminamos por la zona principal. Había parejasfollando pero aparentemente sin intercambio, un trío en un sillón, una mujer derodillas tragando mientras su marido le sujetaba el pelo. Nada extremo todavía.Hasta que llegamos a la sala grande del fondo. Allí el aire cambiaba. Había másgente. Más cuerpos. Y en el centro, sobre un colchón enorme, una mujer joven,quizás veinticinco, estaba rodeada. Tres hombres la follaban por turnos. Uno sela metía por detrás, otro le llenaba la boca, el tercero se masturbabaesperando turno. Ella gemía sin vergüenza, el culo rojo de palmadas, la vaginabrillante de jugos y saliva. Su novio, un muchacho delgado de unos veintiocho,estaba sentado a un lado, con la verga dura en la mano, mirándola con unasonrisa calmada. Nos miró a nosotros. Nos hizo una seña sutil. Que nosacercáramos si queríamos.


No lo pensamos mucho. Nos sentamos cerca. Miesposa no apartaba la vista. Se le notaba la respiración más pesada. Yo le paséla mano por la espalda, le bajé un poco el sujetador y le pellizqué un pezón.Ella solo suspiró. El joven que era el novio de la chica del gangbang se acercóun poco más. Nos ofreció un trago. Empezamos a hablar en voz baja. Él sellamaba Andrés. Su novia, Camila. Nos contó que ella amaba que la usaran así,que él disfrutaba viéndola. Mi esposa escuchaba en silencio, las piernas cruzadascon fuerza, como si intentara controlar la humedad que ya se le escapaba.


De pronto Camila, todavía con una vergaadentro, levantó la cabeza y miró a mi esposa. Le sonrió. Le hizo un gesto conla mano. “Ven”, dijo sin palabras. Mi mujer dudó solo un segundo. Me miró. Yole asentí. Ella se levantó, se quitó el sujetador completo y se acercó alcolchón. Los hombres se abrieron un poco para hacerle espacio. Camila la tomóde la mano y la atrajo hacia ella. Se besaron. Lenguas lentas, manos en lastetas ajenas. Mi esposa temblaba. Se le notaba. Camila le bajó la tanga y lepasó dos dedos por la vagina. Estaba empapada. “Mira cómo está”, dijo Camila envoz alta, para que todos oyeran.

Yo solo pensé en ese momento “Esta puta ya está lista”.
No hubo más preámbulos. Uno de los hombres, untipo robusto de unos cuarenta, se arrodilló detrás de mi esposa, le pidió permisoy le separó las nalgas. Le metió la lengua. Ella se arqueó y soltó un gemidolargo. Otro le ofreció la verga a la boca. Ella la tomó sin pensarlo. Empezó achupar. Profundo. Babeando. Mientras tanto Camila se acomodó debajo de ella yle chupó el clítoris. Mi esposa se veía sumergida en un éxtasis de inmediato.Las piernas le temblaban, los jugos le chorreaban por los muslos, le caíansobre la cara de Camila. El sonido era obsceno: chupidos, gemidos, el chapoteode la lengua de Camila contra su coño hinchado.


Yo me había quedado sentado al lado de Andrés.Él se había quitado los pantalones. Su verga estaba dura, gruesa, con las venasmarcadas. Me miró y me ofreció a Camila con un gesto. “Ella también quiere”,dijo. Camila, sin dejar de lamer a mi esposa, se giró un poco y me extendió lamano. Me acerqué. Me arrodillé frente a ella. Ella me sacó la verga y se lametió en la boca de un solo movimiento. Caliente, húmeda, profunda. Mientras mechupaba, mi esposa la miraba de reojo, con la boca llena de otra polla, y gemíamás fuerte. El tipo de detrás ya se había puesto el condón y se la estabametiendo. De un solo empujón. Mi esposa soltó un grito ahogado. “Uy… quégruesa…”. Empezó a follarla con fuerza. Las tetas le rebotaban. Camila seguíachupándome mientras seguía con una de sus manos manoseando los senos de miesposa.


El gangbang se formó solo. Nadie lo planeó.Simplemente pasó. Tres hombres alrededor de mi esposa. Uno se la follaba pordetrás, otro le llenaba la boca, el tercero se masturbaba sobre sus tetas y devez en cuando le pellizcaba los pezones hasta dejarlos rojos. Ella aceptabatodo. Pedía más. “Otra… quiero otra…”. Cuando el primero se corrió dentro delcondón y se apartó, entró el siguiente sin pausa. Se la metió más duro. Laagarró de las caderas y la embistió hasta que el coño le hizo un sonido húmedo yobsceno con cada embestida. Los jugos le salían a borbotones, le manchaban losmuslos, le chorreaban hasta el colchón. Ella se corrió otra vez. Esta vez másfuerte. El cuerpo le temblaba entero. La vagina le apretaba la verga del tipocon fuerza. “Se está viniendo… se está viniendo encima de mí”, dijo el hombre,y siguió follándola mientras ella gemía sin control.


Yo no podía dejar de mirar. Mi esposa, la madrede mis hijos, de rodillas y en cuatro, con tres vergas usándola como si fuerauna puta de lujo. La cara llena de saliva, el maquillaje corrido, las tetasmarcadas de manos. Y al mismo tiempo tenía la boca de Camila alrededor de miverga, chupándome profundo mientras miraba cómo se la follaban a mi mujer.Andrés se había acercado detrás de Camila y se la estaba metiendo también. Todosformábamos un círculo sucio. El olor a sexo era espeso. Sudor, lubricante,jugos, semen que ya empezaba a salpicar.


En un momento Camila se separó de mí y se subióencima de mi. Se sentó sobre mi verga. Mientras tanto uno de los hombres sepuso frente a mi esposa y le metió la verga en la boca otra vez. Otro se laseguía follando por detrás. Camila se corrió sobre mi. Los jugos le chorrearonpor mi entrepierna. Mientras mi esposa aún estaba gimiendo, con la boca todavíallena.


Yo ya no aguantaba. Me acerqué, aparté un pocoa Camila y le metí la verga a mi esposa en la boca. Ella la reconoció alinstante. Me miró con los ojos vidriosos, me chupó más fuerte, más sucio. “Así…trágamela…”, le dije. Ella solo asintió con la cabeza mientras seguíarecibiendo embestidas por detrás. El tipo que la follaba se corrió. Cuando seapartó, el coño de mi esposa quedó abierto, hinchado, rojo, goteando una mezclaespesa de sus propios jugos. Camila se inclinó y lo lamió. Lamió todo. Limpió.Mi esposa se estremeció otra vez.


Entonces Andrés se acercó a mi esposa. Lepreguntó en voz baja si quería más. Ella, con la voz rota, solo dijo: “Sí…quiero más… quiero sentir más”. Andrés se puso el condón y se la metió. Máslento al principio, más profundo. Ella lo miró a los ojos un segundo y despuéscerró los suyos. Empezó a cabalgarlo desde abajo, moviendo las caderas,pidiendo que le diera más duro. Yo me senté a un lado y Camila se subió encimade mí. Se sentó sobre mi verga medio erecta, me puso un nuevo condón. Ella estabatan mojada que a pesar que aún no estaba totalmente erecta entró de un solomovimiento. Empezó a cabalgarme mientras miraba cómo Andrés se follaba a miesposa. “Mírala… está tan puta…”, me susurró Camila al oído. “Se nota que legusta que la usen”.


El ritmo se aceleró. Andrés se la follaba confuerza. Las tetas de mi esposa rebotaban. Ella gemía sin parar. Camila seguíaencima de mí, apretándome la verga con la vagina, chorreando. Yo me contuve.Quería seguir viendo. Cuando Andrés se corrió, otro hombre tomó su lugar. Estavez sin pausa. Se la metió de lado, le levantó una pierna y la embistióprofundo. Mi esposa ya no podía casi hablar. Solo gemía. “Más… no pares…”. Lellenaron la boca otra vez. Dos vergas a la vez: una en la vagina, otra en lagarganta. El sonido de su garganta ahogándose era obsceno. La saliva le caía achorros. Le manchaba las tetas. Le brillaba en el pecho a la luz roja.


Yo no pude más. Saqué a Camila de encima, lapuse de cuatro y me la follé duro mientras seguía mirando a mi esposa. Me corrídentro de Camila. Profundo. Ella después se giró y me limpió la verga con susmanos. Mientras tanto mi esposa seguía. Habían pasado ya cinco o seis hombres.Yo había perdido la cuenta. El colchón estaba empapado. Ella estaba cubierta defluidos. Saliva, jugos, un poco de semen que se había escapado de algún condón.El coño le brillaba, abierto, hinchado, todavía contrayéndose. Cuando por finel último se apartó, ella se quedó tendida, jadeando, las piernas abiertas,mirándome con una sonrisa cansada y completamente satisfecha.


Camila se acercó a ella y la besó. Lenta.Lamiéndole la cara, el cuello, las tetas. Después se bajó y le limpió el coñocon la lengua otra vez. Mi esposa se estremeció, pero ya no tenía fuerza paraotro orgasmo. Solo suspiró. Andrés nos ofreció agua. Nos quedamos un rato mássentados en el borde del colchón, sudados, oliendo a sexo puro. Mi esposa seapoyó en mi hombro. “No lo planeé”, me susurró. “Pero… volvería a hacerlo”. Yosolo le besé la frente y le pasé la mano por el culo todavía húmedo. “Lo sé”,le dije. “Yo también”.


Nos vestimos en silencio entre sonrisas picaras.Salimos del Club 69 casi al amanecer. En el taxi de regreso a casa ella seapoyó en mi pecho y se quedó dormida un rato. Yo miraba por la ventana, todavíacon la verga sensible, todavía con la imagen de ella rodeada de cuerpos ajenosgrabada detrás de los ojos. Esa noche no fue la última. Pero fue la primera vezque ella se entregó así, sin plan, sin control, solo porque el ambiente y eldeseo la empujaron. Y yo, desde entonces, supe que nunca iba a cansarme deverla así: usada, feliz, completamente puta… y completamente mía.
 

0 comentarios - Pareja de Bogota y su primer GangBang en un club SW