Episodio IX: Quiebre.
Sofía me empujó con fuerza hacia atrás apenas intenté voltearla. Su mano se cerró firme alrededor de mi cuello, lo siguientemente fuerte como para dejarme un poco sin aire, dejando muy en claro quién tenía el control.
—¿Qué creés que hacés, pendejo? —dijo con esa voz ronca y autoritaria, mirándome desde arriba mientras se acomodaba sobre mí—. Acá mando yo. Siempre. ¿Entendiste?
Intenté resistirme. Mi lado dominante se rebeló. La agarré fuerte de las caderas con ambas manos y traté de embestir desde abajo, usando mi fuerza física para dar vuelta la situación.
—Sofía… yo no soy sumiso —gruñí entre dientes.
Ella soltó una risa baja, casi burlona, y me dio una cachetada firme en la cara. Luego apretó más el cuello y se inclinó sobre mí, sus pechos rozando mi torso.
—Mirá vos… tan fuerte, tan macho… —susurró con tono maternal y cruel al mismo tiempo—. Sos el novio de mi hija, Esteban. ¿Te pensás que podés venir a mi cama y dominarme? ¿A mí?
Su voz me golpeó más fuerte que la cachetada. La culpa y la excitación se mezclaron de forma peligrosa.
Intenté empujarla otra vez con los brazos. Sofía simplemente apretó las rodillas contra mis costados, inmovilizándome, y me miró a los ojos con esa seguridad de mujer madura que sabe exactamente lo que hace.
—Quedate quieto —ordenó con calma—. Si movés una sola vez más las caderas sin que yo te lo permita, me levanto y te dejo acá, con la pija dura y las bolas hinchadas. ¿Querés eso?
Me quedé quieto, paralizado. No por miedo… sino porque su voz, su mirada y la forma en que me recordaba lo prohibido que era todo esto me tenían completamente atrapado.
—Buen chico —murmuró, y empezó a montarme despacio, controlando cada centímetro. Cada vez que intentaba moverme, aunque sea un poco, ella se detenía por completo y me apretaba más el cuello.
—Te dije que no te movieras. Esta noche tu pija es mía. Tu cuerpo es mío. Y te vas a correr solo cuando yo decida.
Me tuvo así durante un rato largo: cabalgándome con ritmo lento y profundo, apretando su concha alrededor de mi verga cada vez que bajaba. Cada vez que sentía que yo estaba cerca, se detenía y esperaba, sonriendo con esa mezcla de ternura y dominación.
—Mirá cómo temblás… tan grande y tan fácil de controlar —susurró—. ¿Qué diría Jesi si te viera así, obedeciendo a su mamá como un perrito?
El nombre de mi novia fue como un latigazo de culpa y placer. Intenté resistirme una vez más, usando toda mi fuerza para incorporarme. Sofía me empujó de nuevo contra la cama y me dio dos cachetadas seguidas, más fuertes, consiguiendo que deje de resistirme en el acto.
—Basta —dijo con autoridad—. Dejá de pelear. Los dos sabemos que en el fondo querés esto. Querés que te use.
Después de correrse por segunda vez encima de mí, controlando completamente su propio placer, Sofía se levantó y se sentó sobre mi cara.
—Ahora vas a comerme la concha hasta que yo te diga que pares.
Me agarró fuerte del pelo y empezó a frotarse contra mi boca y mi lengua. No me dejaba espacio para respirar con comodidad. Cada vez que intentaba tomar aire, ella apretaba más.
—Lento… profundo… así. Usá toda la lengua. Bien adentro.
Me tuvo allí durante lo que pareció una eternidad. Se movía a su ritmo, a veces lento y sensual, a veces rápido y desesperado, corriéndose varias veces sobre mi boca mientras yo lamía todo: su concha empapada, sus jugos que me corrían por la cara. Cada vez que sentía que yo necesitaba aire, me daba solo unos segundos y volvía a apretarme contra ella.
—Buen chico… seguí. No pares. Esta boca es mía ahora.
Cuando finalmente se bajó, jadeando y satisfecha, me miró con una sonrisa peligrosa.
—Ponete en cuatro.
—No, Sofía… —intenté resistirme una última vez.
—Ahora.
Yo me arrodille sobre la cama sin estar seguro de obedecerle, ella se rio suavemente y sin esperar que me decida, me empujó la cara contra las sábanas y me abrió las nalgas sin pedir permiso. Sentí su lengua caliente y húmeda recorriendo mi culo con ganas, lamiendo con dedicación mientras se me escapaba un gemido. Después metió un dedo, despacio, buscando mi próstata mientras me pajeaba la pija desde atrás, dónde ya me salía precum.
—Mirá cómo chorreás… —susurró—. Tan macho por fuera y tan puto por dentro.
Me tuvo así un rato, chupándome el culo y cogiéndome con los dedos mientras me hablaba sucio, recordándome una y otra vez que era el novio de su hija y que ahora le pertenecía a ella.
Finalmente se subió otra vez sobre mí, me clavó su mirada y empezó a montarme con fuerza.
—Ahora sí vas a correrte. Pero cuando yo te diga.
Me folló con movimientos precisos, apretando y soltando, llevándome al borde una y otra vez hasta que finalmente ordenó:
—Ahora. Corréte adentro.
Me corrí con una intensidad brutal, gimiendo como nunca mientras ella seguía moviéndose encima de mí, ordeñándome hasta la última gota.
Después se bajó, me miró exhausto y sudado, y me acarició el pelo con una mezcla de ternura y posesión.
—Esto recién empieza, Esteban. Estos tres días sos mío. Vas a dormir en mi cama. Vas a obedecer todo lo que te diga. Y cada vez que intentes resistirte… yo voy a recordarte exactamente quién sos cuando estás conmigo.
Pensamiento mío: "Jesi y Mica vuelven el lunes. Estos tres días van a ser eternos, no se si voy a poder seguir así. No puede creer como fui tan sumiso con ella."
Pensamiento de Sofía: “Es mío. Por completo. Y me encanta cómo pelea… para terminar rindiéndose.”
---
Holiss, parte 9 lista, esperaban este lado de Esteban? Irá a seguir así todo el fin de semana o habrá un giro en los roles?
Si hay 300 puntos o 10 personas comentando, parte 10 está noche.
Los quieroo 😘🖤
Sofía me empujó con fuerza hacia atrás apenas intenté voltearla. Su mano se cerró firme alrededor de mi cuello, lo siguientemente fuerte como para dejarme un poco sin aire, dejando muy en claro quién tenía el control.
—¿Qué creés que hacés, pendejo? —dijo con esa voz ronca y autoritaria, mirándome desde arriba mientras se acomodaba sobre mí—. Acá mando yo. Siempre. ¿Entendiste?
Intenté resistirme. Mi lado dominante se rebeló. La agarré fuerte de las caderas con ambas manos y traté de embestir desde abajo, usando mi fuerza física para dar vuelta la situación.
—Sofía… yo no soy sumiso —gruñí entre dientes.
Ella soltó una risa baja, casi burlona, y me dio una cachetada firme en la cara. Luego apretó más el cuello y se inclinó sobre mí, sus pechos rozando mi torso.
—Mirá vos… tan fuerte, tan macho… —susurró con tono maternal y cruel al mismo tiempo—. Sos el novio de mi hija, Esteban. ¿Te pensás que podés venir a mi cama y dominarme? ¿A mí?
Su voz me golpeó más fuerte que la cachetada. La culpa y la excitación se mezclaron de forma peligrosa.
Intenté empujarla otra vez con los brazos. Sofía simplemente apretó las rodillas contra mis costados, inmovilizándome, y me miró a los ojos con esa seguridad de mujer madura que sabe exactamente lo que hace.
—Quedate quieto —ordenó con calma—. Si movés una sola vez más las caderas sin que yo te lo permita, me levanto y te dejo acá, con la pija dura y las bolas hinchadas. ¿Querés eso?
Me quedé quieto, paralizado. No por miedo… sino porque su voz, su mirada y la forma en que me recordaba lo prohibido que era todo esto me tenían completamente atrapado.
—Buen chico —murmuró, y empezó a montarme despacio, controlando cada centímetro. Cada vez que intentaba moverme, aunque sea un poco, ella se detenía por completo y me apretaba más el cuello.
—Te dije que no te movieras. Esta noche tu pija es mía. Tu cuerpo es mío. Y te vas a correr solo cuando yo decida.
Me tuvo así durante un rato largo: cabalgándome con ritmo lento y profundo, apretando su concha alrededor de mi verga cada vez que bajaba. Cada vez que sentía que yo estaba cerca, se detenía y esperaba, sonriendo con esa mezcla de ternura y dominación.
—Mirá cómo temblás… tan grande y tan fácil de controlar —susurró—. ¿Qué diría Jesi si te viera así, obedeciendo a su mamá como un perrito?
El nombre de mi novia fue como un latigazo de culpa y placer. Intenté resistirme una vez más, usando toda mi fuerza para incorporarme. Sofía me empujó de nuevo contra la cama y me dio dos cachetadas seguidas, más fuertes, consiguiendo que deje de resistirme en el acto.
—Basta —dijo con autoridad—. Dejá de pelear. Los dos sabemos que en el fondo querés esto. Querés que te use.
Después de correrse por segunda vez encima de mí, controlando completamente su propio placer, Sofía se levantó y se sentó sobre mi cara.
—Ahora vas a comerme la concha hasta que yo te diga que pares.
Me agarró fuerte del pelo y empezó a frotarse contra mi boca y mi lengua. No me dejaba espacio para respirar con comodidad. Cada vez que intentaba tomar aire, ella apretaba más.
—Lento… profundo… así. Usá toda la lengua. Bien adentro.
Me tuvo allí durante lo que pareció una eternidad. Se movía a su ritmo, a veces lento y sensual, a veces rápido y desesperado, corriéndose varias veces sobre mi boca mientras yo lamía todo: su concha empapada, sus jugos que me corrían por la cara. Cada vez que sentía que yo necesitaba aire, me daba solo unos segundos y volvía a apretarme contra ella.
—Buen chico… seguí. No pares. Esta boca es mía ahora.
Cuando finalmente se bajó, jadeando y satisfecha, me miró con una sonrisa peligrosa.
—Ponete en cuatro.
—No, Sofía… —intenté resistirme una última vez.
—Ahora.
Yo me arrodille sobre la cama sin estar seguro de obedecerle, ella se rio suavemente y sin esperar que me decida, me empujó la cara contra las sábanas y me abrió las nalgas sin pedir permiso. Sentí su lengua caliente y húmeda recorriendo mi culo con ganas, lamiendo con dedicación mientras se me escapaba un gemido. Después metió un dedo, despacio, buscando mi próstata mientras me pajeaba la pija desde atrás, dónde ya me salía precum.
—Mirá cómo chorreás… —susurró—. Tan macho por fuera y tan puto por dentro.
Me tuvo así un rato, chupándome el culo y cogiéndome con los dedos mientras me hablaba sucio, recordándome una y otra vez que era el novio de su hija y que ahora le pertenecía a ella.
Finalmente se subió otra vez sobre mí, me clavó su mirada y empezó a montarme con fuerza.
—Ahora sí vas a correrte. Pero cuando yo te diga.
Me folló con movimientos precisos, apretando y soltando, llevándome al borde una y otra vez hasta que finalmente ordenó:
—Ahora. Corréte adentro.
Me corrí con una intensidad brutal, gimiendo como nunca mientras ella seguía moviéndose encima de mí, ordeñándome hasta la última gota.
Después se bajó, me miró exhausto y sudado, y me acarició el pelo con una mezcla de ternura y posesión.
—Esto recién empieza, Esteban. Estos tres días sos mío. Vas a dormir en mi cama. Vas a obedecer todo lo que te diga. Y cada vez que intentes resistirte… yo voy a recordarte exactamente quién sos cuando estás conmigo.
Pensamiento mío: "Jesi y Mica vuelven el lunes. Estos tres días van a ser eternos, no se si voy a poder seguir así. No puede creer como fui tan sumiso con ella."
Pensamiento de Sofía: “Es mío. Por completo. Y me encanta cómo pelea… para terminar rindiéndose.”
---
Holiss, parte 9 lista, esperaban este lado de Esteban? Irá a seguir así todo el fin de semana o habrá un giro en los roles?
Si hay 300 puntos o 10 personas comentando, parte 10 está noche.
Los quieroo 😘🖤
6 comentarios - La Familia De Mi Novia Pt 9