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Compendio II
😍
¡Hola a todos!
¡Tengo que contarles de la mejor conversación que he tenido en toda mi vida!
No fue en ningún restaurante elegante ni susurrada bajo las estrellas: ocurrió en nuestra habitación, justo antes de irnos a dormir.
😲
Ok, ok…
Tengo que partir desde el principio.
🤔
Fue a principios del mes pasado, incluso antes del Día de las Madres. Era una de esas noches frías de Melbourne que anunciaban sin lugar a duda la llegada del invierno... aunque nosotros estábamos calentitos y a gusto gracias a nuestro aire acondicionado.

Con mi mejor amigo, tuvimos una de esas charlas importantes antes de dormir.
Lo que tiene mi amor es que tiene una forma particular de hablar: lenta, pausada, como si le diera vueltas a cada palabra en la cabeza antes de entregártela.
Sus hombros desnudos brillaban bajo la luz de la lámpara de nuestro dormitorio, y aún se percibía el aroma de su entrenamiento...
O sea, él ya había hecho su rutina de ejercicios y todo eso, así que ya había babeado por él y todo.
😋
Pero la cosa es que mi marido y yo queremos tener otro bebé.
😮
¡Sip! Nuestro Jaci es lindo y todo, pero igual queremos tener otro hijito o hijita o si Dios lo quiere, ambos al mismo tiempo.
😂
Pero lo que me pegó más fuerte es que, aunque los dos queremos lo mismo, estar casado con él lo hace más profundo.
Es como meter los pies en un lago y darte cuenta de que no es solo agua, sino algo vivo, con corrientes que no habías notado antes, para que me entiendan.
Porque mi esposo piensa en todo, y me refiero a “TODO”. Y lo mejor de todo: lo toma en consideración.
🤔
Por ejemplo, él sabía (antes incluso de que yo lo mencionara) que me encanta mi trabajo como profesora de Historia en la academia.

Que todavía recuerdo cómo se me apretaba el pecho cuando tuve que dejar mis clases a mitad de curso durante el embarazo de Jacinto, cómo las niñitas habían garabateado “¡Te extrañaremos, miss!” con sus mejores letras y dibujos.
😭
Así que ahora está siendo súper previsor al pensar de antes en mi licencia por embarazo, algo que (sinceramente) yo ni siquiera había considerado todavía.
O, por poner otro ejemplo, él ya sabe que tener un bebé es complicado, no solo para mí, sino también para él.

Ese primer año con Jacinto, Alicia y nuestras gemelas, mi amor se despertaba con los ojos achinados a las 3 de la mañana para cambiar pañales mientras yo amamantaba, con sus anchos hombros encorvados sobre la mesa para mudar como un gigante cansado que maneja porcelana.
Pero ambos entendemos que pronto no podré tener más hijos luego: mi cuerpo tiene sus límites, y mi mejor amigo sabe que el reloj no se detiene, de esa manera silenciosa y biológica.
😕
Es muy extraño cómo, sin darnos cuenta, hemos empezado a marcar los hitos de nuestros hijos con “últimos” en lugar de “primeros”: el último primer diente, los últimos primeros pasos…
Y, en definitiva, aunque tenemos tres niñas pequeñas y un principito, no queremos parar...
😍
Y así, tuvimos que hablarlo con las niñas, también...
0_0
Porque, o sea, nuestros papás nunca conversaron este tipo de cosas con nosotros.
Pero con nuestras hijas, nosotros somos diferentes.
😇
Aprovechando que las gemelas iban a cumplir doce (que también, mi mejor amigo se pasó para celebrarles), las sentamos para contarles todo.
XD
No de esa forma tan pesada y moralista en que la hacían nuestros papás (en la que una se sentaba con la espalda rígida en el sillón mientras ellos daban un monólogo eterno sobre la responsabilidad), sino en nuestra mesa de desayuno de los sábados.

Empezó por deslizar hacia las gemelas el plato de panqueques recién hechos (sus favoritos, rociados con manjar y rodajas de plátano) antes de preguntarles si querían otro hermanito o hermanita.
Nuestras niñas, obviamente, dijeron que sí, pero el amor de mi vida no se limitó a asentir y pasar a otra cosa.

Fue extremadamente sincero con ellas, a su manera, esa forma que tiene de suavizar incluso las verdades más crudas.
0.0
A él le preocupa que no les pueda dedicar la misma cantidad de tiempo que ahora.
Pero las niñitas (las gemelas, principalmente) son súper maduras y comprensivas.
😆
Ellas saben que su papá se desvive por ellas y les hace caso en todo.
(Por eso, incluso ahora se ve más rico, porque las niñas querían que se pusiera más musculoso y fornido…)
😋
Pero entonces, les pidió ayuda a nuestras hijas.
0.0
Habló con las gemelas, diciéndoles que, como ya son mayores y pronto se irán a la universidad (dentro de unos seis años, aunque el tiempo pasa volando… T.T) tenían que aprender a cocinar o, como mínimo, a preparar arroz con huevo frito.
Su voz era firme. Les aclaró rápidamente, casi a la defensiva, que él no quería que cocinaran “siempre”, solo lo suficiente para sobrevivir durante su primer año lejos de casa.
Él y yo nos encargaremos de la cocina por ahora.
😳
Pero que después, cuando esté esperando, ellas nos puedan dar una mano.
XD
Pero lo más tierno fue que también le pidió ayuda a nuestra Alicia mágica. Se arrodilló junto a su silla (esa con la pintura rosa descascarada de cuando ella intentó “decorarla” el año pasado) y le dijo en esa voz de secretos que tiene solo para ella.
Él le dijo que, como ella es nuestra “aprendiz de chef” más pequeña, él puede enseñarle a usar la licuadora y a preparar postres de fruta, que son mucho más fáciles.
😵

Los ojos de nuestra pequeña se iluminaron como bengalas al oír hablar de postres de fruta, pensando en todas las combinaciones locas que podría hacer.
Y bueno, nuestras niñas aceptaron, porque con nuestro bebé Jacinto, lo han mimado y cuidado muy bien, a veces incluso mejor que mi esposo y yo.
XD
Pero al final, tuvimos esa charla...
(Y volvemos al principio de mi larga historia... XD)
😍
O sea, él sigue metiéndose con sus compañeras de trabajo...
(Y también con la frustrada y elegante esposa británica de su nuevo jefe... XD)

Pero dijo que, en mi caso, teníamos que ser constantes.
😘
Yo paré de tomar la píldora a finales de abril; nada espectacular, simplemente tiré las pastillas a la basura del baño como si fuera una caja vacía.
Y, por supuesto, me dijo que teníamos que hacer el amor al menos una vez al día para ver si me preña; con un tono totalmente analítico, como si estuviéramos hablando de la lista de las compras del mes.
😏
(Que la verdad, no es tan difícil, porque hasta yo me pongo inquieta si no hacemos el amor, aunque sea una vez todos los días…)

Pero así partimos…
Me encanta cómo me mira: no como si fuera simplemente su esposa, sino como si fuera la única mujer en el mundo capaz de entenderlo.

😍
Porque me hace sentir especial.
Distinta.
😤
O sea, hasta las niñas ya se dan cuenta que claro, hay muchas mujeres que coquetean con su papá.
Pero la forma que me mira mi mejor amigo es distinta.
💓
O sea, él me busca.
Me desea.
Me quiere un montón.
😍
Me quiere muchísimo.
Podríamos estar en la playa (con la arena pegada a la piel, mujeres en bikinis minúsculos agachándose para jugar al voleibol) y su mirada nunca se desvía de mí.

¿Me entienden?
Y sí, en su trabajo, sus amigas pueden tirarse encima de él una y otra vez (la mayoría de las veces en su oficina, o después de su hora de almuerzo en hoteles, y solo unas pocas visitas después del horario laboral XD) ...
Pero cuando regresa a casa y me mira con esos ojos (oscuros como el espacio entre las estrellas, hambrientos de una manera que no tiene nada que ver con la comida), trago saliva.
0_0
No porque tenga miedo, sino por ansiedad. Porque esa mirada significa que más tarde los azulejos de la cocina se sentirán fresquitos contra mis muslos desnudos; o que la mesa plegable del lavadero crujirá bajo nuestro peso; o que él me presionará contra la pared del pasillo con una mano sobre mi boca para que las niñas no nos oigan.
😩 😖
Pero así fue.
Nos empezamos a besar.

😘
Me trato de ver bonita para él.
No de esa forma obsesiva en que lo hacen algunas mujeres: poniéndose capas y capas de maquillaje como si fuera una armadura, matándose de hambre para alcanzar unas formas que no son las suyas.
Y tampoco voy al gimnasio...

Pero, a pesar de que como mucho y comida deliciosa, realmente no engordo… o al menos no de la forma de la que se quejan otras mujeres después de dar a luz, pellizcándose la cintura con un suspiro.
😅
(Yo creo que quemo muchas calorías con él…)
Pero el asunto fue que me empezó a besar…
😋 😍
O sea, imagínense a mi mejor amigo: hombros enormes, pecho de superhéroe, brazos musculosos... y esas manos (¡Dios, me encantan esas manos!) ásperas por el trabajo, pero suaves cuando recorren la curva de mi cadera…
🤤
Y ahí estaba yo, con mi sexy camisón blanco (ese con el ribete de encaje que a él le encanta mordisquear), sintiéndome de repente pequeña y delicada bajo él.
XD
El contraste es ridículo, la verdad.
(Y ni me hagan hablar de esa cosa enorme que tiene entre las piernas... :F)

😈
Me abrazó y me agarró el trasero, acercándome a él hasta que nuestros cuerpos se fundieron en uno solo; sus manos ásperas me acariciaban la piel a través del fino encaje de mi camisón como si se muriera de ganas.
Jadeé contra su boca, mientras mis dedos de los pies se curvaban contra las sábanas y su lengua recorría el borde de mis labios, exigiendo entrar…
Y luego, estaban mis pechos...
😤
O sea, sé que mis pechos lo vuelven loco, no solo porque son mías, sino porque son “exactamente” del tamaño que a él le gusta.
No como esos melones ridículos que su jefa de TI presume en cada reunión de la junta directiva (aunque Dios sabe que también ha hundido su cara en ellos XD), sino los míos: compactos, suaves, del tamaño perfecto para desaparecer entre sus palmas cuando los amasa como si fueran masa.

Sus pulgares encontraron mis pezones a través del encaje, y me arqueé hacia él con un gemido que me habría avergonzado si no estuviera ya desabrochándole los pantalones del pijama.
😩 😖
(Lo más tierno de todo, sin embargo, es que todos sus encuentros tienen lugar estrictamente durante el horario laboral. A veces, citas en hoteles entre hoja y hoja de cálculo; la mayoría son encuentros apresurados en la oficina en los que se asegura de que su hora de almuerzo incluya postre... y una vez cada dos meses, una estadía de “horas extras” porque una chica lo quiere un poco más de tiempo, así que nunca les roba tiempo a nuestras hijas. Ni a mí.)
Pero ahí estaba yo, sintiéndome como Caperucita Roja siendo devorada por los besos del lobo feroz...

😘
(Excepto que mi canasta no estaba llena de golosinas para la abuela, sino con la promesa de otro bebé y la emoción familiar de su boca reclamando la mía. XD)
XD
Entonces, de repente, se detuvo y me miró fijamente con esos ojos increíbles... ese tipo de mirada que me derrite las rodillas incluso después de doce años.
“¿Sabes? Me encanta hacer el amor contigo... pero a veces me pregunto si estaría mal dejarte embarazada mientras tenemos sexo salvaje.” Me dijo con esa voz que me derrite como si fuera helado. “Quizás debería centrarme solo en hacerte el amor.”
😱 😳
Me sentí como si me hubieran dado una cachetada, no de esas que duelen, sino como cuando te azotas la cara al tirarte un piquero en agua fría.
Porque sí, es increíble cuando tenemos sexo, sobre todo cuando me folla la colita contra la encimera de la cocina con los dibujos animados de las niñas a todo volumen en la habitación de al lado.
Pero ahora entiendo perfectamente a qué se refiere cuando habla de “hacer el amor” ...
😏
Porque cuando mi esposo y yo solo follamos, me hace sentir como una putita...

Como si fuera una de sus amantes apretada contra su escritorio, con mis calzoncitos de encaje a un lado mientras me susurra obscenidades al oído sobre lo apretado que se siente y lo mucho más gruesa que es la verga de mi amor que la del novio o esposo de esa chica.
(Sí, lo sé. Una locura... XD)
Pero cuando hacemos el amor, es completamente diferente.
😍
Para empezar, me mira igual que cuando empezamos a ser pololos: con esa mirada lenta y ardiente que se posa primero en mi rostro colorado y se detiene en mi boca, como si estuviera memorizando su forma.
Catorce años, cuatro hijos e innumerables encuentros apresurados en baños, cocinas y autos después, y sus ojos siguen oscureciéndose de la misma manera cuando me pilla mordiéndome el labio inferior.
💓 💗
Siento que mi corazón late a toda velocidad, las mejillas me arden como el fuego bajo su mirada seria...
Mi conchita se contrae y se humedece con cada segundo que pasa...

😰
Y sí, puede que mi mejor amigo tenga ahora algunas canas y arrugas, pero sigue siendo el mismo hombre del que me enamoré.
😃
Y está toda esa cosa del respeto.
😊
Sigue mirándome como si fuera algo que se pudiera romper, y eso me encanta...

T.T
Porque ningún otro chico me había mirado nunca como él lo hace...
Ni entonces, ni ahora.
Incluso después de doce años de matrimonio y cuatro hijos, sus ojos siguen mirándome de esa misma ternura peligrosa que me aceleraba el pulso.
Como si yo fuera algo raro y precioso, protegido entre sus manos bonitas, pero capaz de encenderlo con una sola mirada.
😆
Pero bueno, mi amigo termina abrazándome como si estuviera hecha de algodón de nube: esos brazos suyos, enormes y ridículos, me envuelven por completo hasta que desaparezco en su pecho heroico, con mi risa amortiguada contra su piel.

Sus besos eran lentos y melosos, de esos que me hacen encoger los dedos de los pies, no por la urgencia, sino por la pura dulzura del momento, como si me estuviera saboreando milímetro a milímetro.
Y entonces (porque me conoce, sabe exactamente cómo funciona mi cuerpo tras estudiarlo minuciosamente) sus manos se deslizan hacia abajo, sus pulgares rozan mis pezones a través del encaje hasta que se endurecen, y su boca los sigue para chuparlos suavemente solo para oírme jadear.
😩 😲
Me pellizca el clítoris de una forma que podría calificar de "criminal" y me acaricia el sexo con los dedos como si estuviera amasando masa: con rudeza y determinación, curvando sus dedos gruesos justo lo necesario para que mis dedos de los pies se claven en las sábanas.
Lo que quiero decir es que termina excitándome como un horno.

😱
Y entonces, cuando la tiene dura e hinchada y del tamaño del brazo de un bebé, mi amor empieza a introducirlo lentamente en mí...
XO
Me besa con locura, con esos besos que te hacen sentir como si te ahogaras, pero de la mejor manera posible; su lengua toma la mía con un ansia que hace que mis dedos de los pies se aprieten contra las sábanas.
Una mano me agarra el cabello con fuerza, echándome la cabeza hacia atrás tal y como a mí me gusta, mientras que la otra me agarra el pecho a través del encaje, con el pulgar rodeando mi pezón con la presión justa para hacerme gemir.
Y entonces, empieza a entrar y salir de mí, destrozándome por completo...
😰
Tuve que hablarlo con las gemelas.
No porque nos hubieran pillado (gracias a Dios por las pequeñas bendiciones), sino porque las preadolescentes no son tontas.
Se dieron cuenta de la “ayuda a mamá con la cena” de papá al volver del trabajo y el sospechoso crujir de los estantes de la despensa y mis gemidos ahogados...

😊
Pero, aunque no nos han visto, si se han dado cuenta que después que él llega del trabajo y las saluda, nosotros nos encerramos a “preparar la cena” …
Y bueno…
😅
No soy muy silenciosa que digamos y él tampoco la hace fácil con el enorme cañón que tiene entre las piernas…
La cosa es que nuestras tres niñas han aprendido que no deben ir a la cocina si él y yo estamos muy callados durante mucho tiempo.
Que los “dulces” simplemente tienen que esperar un rato...
(bastante distinto a nosotros, que sí las vigilamos cuando ellas andan mucho tiempo calladas…)
😂
Pero volviendo a esos momentos apasionados, me la metió suave y lentamente, abriéndome enterita...
XO
En la academia, Bonnie y Melissa no paran de insistirme en que debería salir más y conocer a más hombres...

Pero ya conozco al hombre que tengo en casa (ese, que me deja huellas en las caderas que me duran hasta la mañana siguiente…) y tendría que ser bastante tonta para pensar en buscar algo mejor en otra parte.
😫 😖
Me agarró el trasero, con esas manos ásperas y calientitas se vuelven de repente posesivas, y me apretó contra él, hundiéndose tan profundamente que me queda sin aliento, volviéndome completamente loca...
XO
A veces, cuando quiero que me mire, me subo encima de él como si montara un caballo (un caballo realmente salvaje y sexy) y mis pechos se balancean con cada movimiento, no de forma descontrolada, sino con un vaivén provocativo que atrae su mirada como un imán.
Pero otras veces, cuando quiero que me proteja y me envuelva por completo, dejo que él se ponga encima y lo introduzca hasta el fondo, y es entonces cuando se convierte en algo totalmente diferente.

Su peso me presiona contra el colchón como la gravedad, sus antebrazos enjaulan mi cabeza mientras se mueve con una precisión lenta y devastadora que nubla mi visión y me hace ver luces centelleantes.
😩😫
El ritmo de las embestidas es fluido y alucinante.
Lo rodeo con mis piernas y lo aprieto para que pueda penetrarme más profundamente, apretando mis muslos alrededor de sus caderas con tanta precisión que él gime contra mi cuello.

😅
Y eso es otra cosa chistosa. Porque él no se da cuenta de algo sobre sus “amigas con derechos”: que ya hay algunas que también quieren que él las deje embarazadas, pero ninguna de ellas tiene lo que yo tengo.

No tiene sus besos lentos y adoradores, con sabor a risas compartidas y promesas de muchos años.
No tienen sus manos (esas manos ásperas y tibias) que me acarician el rostro como si fuera algo frágil, incluso mientras me la mete hasta dejarme sin sentido.
😤
Yo le digo que lo hago porque no quiero dejarlo que la saque…
(No que realmente pueda, porque su pene se hincha mucho una vez que se corre, pero mis pantorrillas acaban quedándose atrapadas detrás de sus muslos como una trampa de osos, con los tobillos tan apretados que mis músculos se tensan.)
😂
Pero también porque quiero sentir su semen y su pene hinchado bien adentro de mi conchita, llenándome hasta el límite; no solo por esa sensación obscena y resbaladiza, sino porque de verdad quiero que me deje embarazada.
XD
Así que ahí estábamos, enredados entre las sábanas con ese calor pegajoso presionándonos la piel, de esos que hacen que los muslos se peguen entre sí incluso cuando no estás abrazada a tu esposo.
El aire acondicionado volvió a funcionar con un zumbido sobre nuestras cabezas, expulsando aire tibio que no servía de nada para el sudor que se acumulaba entre mis pechos, donde el pecho de mi amor se presionaba contra mí.
Los latidos de su corazón retumbaban contra mi pecho, demasiado rápidos, como si acabara de correr a toda velocidad por Melbourne en lugar de hacerme el amor con esa lentitud y precisión devastadora durante la última media hora.
😍
“¡Estás pensando muy fuerte!” me susurró al oído burlándose de mi silencio, rozándome la sien con los labios de esa forma que siempre me hace sentir un escalofrío recorriendo la espalda. Su voz tenía ese tono áspero, el que reservaba para los secretos que compartía conmigo. La mano que tenía en mi cadera se tensó, y sus dedos se clavaron en mi piel.
XD
Recorrí con la nariz el contorno de su clavícula, inhalando el aroma a sal y esa colonia tan ridícula y cara que se había echado después de la ducha. “¿Te estaba apretando demasiado?”
Su risita me hizo vibrar. “Como una boa constrictora.”
😂
El pulgar de mi esposo recorrió cariñosamente las estrías de mi cadera, esas que él les llama “rayas de tigre” cada vez que las gemelas preguntaban por qué la piel de mamá tenía ese aspecto.
Las sábanas crujieron cuando se movió, y su pene, ya más flácido, se deslizó fuera de mí con un sonido húmedo que hizo que me ardieran las mejillas. El calor me bajó por el muslo al instante: su semen, mi humedad, la evidencia de lo que acabábamos de hacer acumulándose en las sábanas debajo de nosotros.

😊
“¡No...!” empecé a decir, pero él ya estaba pasando los dedos por el desorden entre mis piernas, llevándoselos a la boca con esa sonrisa burlona que, doce años después, todavía me hacía retorcerme de placer.
😕
Sabía perfectamente lo que me provocaría ese lametón lento y acaramelado: cómo se me cortaría la respiración, cómo apretaría los muslos instintivamente a pesar de que acababa de correrse dentro de mí.

😠
“Todavía sabe dulce...” dijo, lamiéndose las yemas de los dedos como si estuviera probando un postre. Se me revolvió el estómago. Llevábamos doce años juntos y aún era capaz de hacerme sentir como una virgen avergonzada.
😶
El aire acondicionado se encendió con un chirrido, provocándome un escalofrío en la piel húmeda. Mi amor tomó el camisón arrugado que estaba a los pies de la cama, lo sacudió y me lo colocó sobre los hombros.
😰
“¡Te vas a resfriar!” dijo, ajustándome la tela alrededor de los hombros con el mismo cuidado cariñoso con el que ata los cordones de los zapatos de las niñas.
Le agarré la muñeca antes de que pudiera sacarla. Sentí cómo se aceleraba su pulso bajo mi pulgar.
“¿Hablas en serio sobre...?”
Arqueó las cejas (ese movimiento lento y exagerado que siempre me aprieta el estómago.)
“¿Sobre embarazarte como corresponde?”
😳
Se me escapó una carcajada.
“¡Dios mío, dilo más fuerte para las niñas y para Jacinto!”
Él sonrió, sin mostrar ningún remordimiento, y me dio un beso en la parte interior de la muñeca.
“¡Por supuesto, ruiseñor! ¡Te lo mereces!”
O.O

¡Puf! ¡Me sonrojé al instante!
😊
A unos metros de nosotros, la cuna de Jacinto crujió cuando nuestro hijo se movió. Mi esposo giró la cabeza hacia la cuna al instante, con el cuerpo tenso, como si fuera a salir corriendo en pelotas si el bebé tan solo emitía un gemido.
Lo tiré hacia atrás conmigo. “¡Está bien! ¡Respira, papá!”
La tensión se fue de él lentamente. Se desplomó de espaldas con un gemido, cubriéndose los ojos con un brazo. “¿Cuándo nos hicimos tan viejos?”
Me recosté sobre su pecho, apoyando la barbilla en las manos. “Tú eres el que tiene canas…”
😂
Su mano libre se posó en mi nuca, enredando los dedos en mi cabello. “¡Y tú sigues siendo la chica que me robaba las galletas cuando salíamos juntos!”
😶
La acusación quedó suavemente entre nosotros, envuelta en ese tipo de nostalgia que me hacía doler las costillas.
Afuera, una polilla golpeaba con insistencia contra la mosquitera de la ventana. La respiración de mi amor se estabilizó debajo de mí, y los latidos de su corazón se pusieron más lentos hasta alcanzar un ritmo constante.
😕
Debería haberme levantado (ver cómo estaba Jacinto, lavarme, tal vez echar un vistazo a los gemelos), pero su calor era una fuerza gravitacional de la que no podía escapar.
Su voz retumbó bajo mi oído, ya cargada de sueño: “¡Quédate!”
😍
Como si alguna vez pudiera irme.
XD
Y así, pasaron las semanas...
😰
Les digo: fue duro para los dos, porque en el trabajo, algunas de sus “amigas” se lo pasaron en grande con él como si no hubiera un mañana...

😕
Así que cuando volvía a nuestra habitación, nuestro encuentro amoroso duraba aún más y fue todavía más dulce y rico, dejándonos completamente agotados en la cama...
😈
Y los fines de semana, llegamos a un acuerdo: él tenía que darme por la cola al menos una vez, no solo porque los dos lo deseábamos, sino porque había algo deliciosamente perverso en ello.
XD
Así que así fue como permitimos que las gemelas (ahora prácticamente casi adultas con sus miradas irrespetuosas y su sabiduría repentina) llevaran a Alicia y a Jacinto en su cochecito cada sábado después de almuerzo, armados con protector solar e instrucciones estrictas de permanecer a la vista de la única cámara de seguridad del parque infantil, junto con celular en la mano.
Ellos pueden comer helado y ver a los patos en el estanque, mientras su padre me inclina sobre la cama, me empuja la cara contra las almohadas y me embiste la cola sin piedad alguna.

😩 😖 😩 😲
Y bueno, nuestros esfuerzos valieron la pena: me hice una prueba de embarazo y por fin aparecieron dos rayitas...

😍
Dos líneas que, con suerte, mejorarán aún más nuestra vida.
😉
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