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Me culeó uno de 18 años (era su primera vez con un hombre)

Hace tiempo que no escribo, ya van algunas semanas. La verdad, los relatos que he ido escribiendo ocurrieron hace meses, incluso años, pero conforme me voy animando, les voy contando aquellas experiencias que considero pueden ser interesantes para la comunidad.
En esta ocasión les traigo una experiencia con un chico joven que fue bastante buena pero mientras escribía se me fue de las manos el texto y terminé haciendo un relato bastante extenso, no sé si sea de su agrado. Pero con todo, véanlo como un ejercicio de lectura jajaj. 
Empieza así: 
 
Normalmente, los encuentros que he tenido por Grindr han sido con personas más o menos de mi edad. Tengo alrededor de 30 años y casi siempre he estado con gente de mi rango, quizá unos cinco años más o cinco menos. Una vez estuve con un tipo de 40, relato que sí les conté hace tiempo. Pero más jóvenes que eso, realmente nunca; supongo que para evitar problemas o situaciones incómodas.


En esta ocasión encontré un perfil en Grindr que decía tener 18 años. Ese tipo de perfiles siempre me generan desconfianza porque mucha gente miente con la edad y, ustedes saben, eso puede traer problemas bastante serios, incluso legales. Pero este chico tenía enlazado su Instagram en el perfil de Grindr. Revisándolo un poco, vi fotos de su graduación del colegio de hacía aproximadamente un año y medio, así que, haciendo cuentas, sí cuadraba con la edad que decía tener. Por ese lado me quedé tranquilo.
Empezamos a hablar y, la verdad, la conversación fue bastante seca, nada fuera de lo común. El típico “¿cómo estás?” y “¿qué tal?”. Esa noche, como a las once, yo venía de tomarme unos tragos con unos amigos. Además, había estado antes con una chica muy buena, una chica muy rica. Incluso había acabado, así que ya venía bastante relajado. Llegué a la casa, me duché y me puse a revisar la aplicación cuando retomé la conversación con este chico.
Me preguntó qué rol era y yo le respondí que era pasivo. Él me dijo que era activo. Lo normal. Después me pasó una foto de su verga y ahí pude ver que la tenía de unos quince centímetros, gruesa, pero nada desproporcionado; bastante normal. Se veía limpio, sano y sin nada raro, que siempre es algo en lo que uno se fija. Aunque, claro, siempre queda la duda de si las fotos son falsas.
Luego me envió una foto de su rostro y me pidió que hiciera lo mismo. Yo, sinceramente, siempre manejo bastante desconfianza con eso. Si alguien me reconoce, prefiero cortar todo y ya. Aunque, claro, cualquiera podría tomar una foto con otro teléfono, pero ese no es el punto. Le envié una foto efímera de mi rostro al comienzo.
Al final le envié una foto de las que ya tenía guardadas, donde se me veía la nalga, la espalda y la figura. Tengo una figura bastante esbelta: buena espalda, buenas piernas y buen abdomen. No soy súper marcado, pero sí me han dicho varias veces que tengo buen cuerpo y, sobre todo, unas buenas nalgas.
La cuestión con este chico era que en la aplicación aparecía que estaba bastante cerca, aproximadamente a unos 600 metros, que por aquí vienen siendo unas 5 cuadras, no más. Y bueno, mi barrio tiene muchísimas calles, vericuetos y callecitas secundarias. Es una zona que hace no mucho tiempo fue poblada, sobre todo en la parte de atrás de mi casa. Entonces pensé que podía ser alguien discreto y que no habría problema.
Antes de eso me preguntó qué hacíamos, y yo le dije que, si quería, podíamos coger un rato. Le propuse que cayera a mi casa para vernos aquí, aunque también le pregunté si él tenía lugar. Entonces me mandó una foto de donde vivía. La verdad, era un departamento pequeño, bastante modesto. Un poco rústico, pero ordenado. Ahí me dijo que mejor fuera yo.
A mí sí me daba un poco de miedo porque normalmente me muevo en moto y no me gusta dejarla afuera. Entonces le pregunté si tenía garaje y me dijo que sí, que podía meter la moto dentro de la casa. Me explicó que arrendaba ahí y que había más cuartos; era como una especie de vecindad.
También le pregunté si el lugar era discreto y me respondió: “Entras como si fueras un amigo y ya, todo bien”. Además me dijo que, una vez adentro, no se escuchaba nada. Igual, como tampoco es que yo sea gritón, eso no me preocupaba demasiado.
Después le pregunté si tenía condones y me dijo que no. Por suerte, yo sí tenía un par guardados. Entonces le pedí que me diera unos quince minutos.

Llegué a la ubicación que me dio. Iba con una bermuda, sandalias y una camiseta. El problema fue que empezó a llover un poco y, cuando llegué, le escribí, pero el tipo no me respondía.
El punto es que ya estaba a punto de irme cuando me escribió: “¿Eres el de la moto negra?”. Y yo le respondí: “Sí, pero no hay nadie. Me haces venir en vano”. Entonces me dijo: “Regresa, justo estaba saliendo”.
Me regresé y ahí lo vi asomarse por un portón grande. Me abrió, metí la moto y me aseguré de que el portón quedara con candado. Apenas entré, me saludó como si fuera un amigo de muchísima confianza, obviamente para no levantar sospechas. Yo también le seguí el juego y le dije:
—¿Qué más, brother? ¿Cómo te ha ido?
Y él respondió:
—¿Qué más, mije? ¿Cómo estás?
—Todo bien. Oye, sí queda segura la moto, ¿verdad?
—No, sí, sí. Me dijiste que te daba miedo que te la fueran a robar.
Los dos sabíamos perfectamente que ese juego de fingir que nos conocíamos era para disimular frente a los demás.
Después me dijo:
—Vamos, vamos. Apúrate que tengo que salir.
Y yo le seguí el ritmo mientras entrábamos rápido al cuarto, un poco disimulando todo.
Como les dije, el cuarto era bastante sencillo, pero ordenado. Un poquito oscuro también.
Dejé mis cosas en una mesa que tenía y me senté en la cama.
Y aquí viene la parte interesante.
Ya sé que están esperando la parte sexual. Aquí viene:

Mientras él se fue un rato al baño —creo que a lavarse la cara o algo así—, me di cuenta de que parecía que ya estaba a punto de salir. Supongo que desconfiaba de que yo realmente fuera a llegar porque seguía con pantalón, zapatos y todo puesto.
Entonces le pregunté:
—¿Qué pasó? ¿Ya te ibas?
Y me respondió:
—Sí, justo iba a salir. Pensé que no venías.
—No, ya estoy aquí —le dije.
Entonces me soltó algo que me dio una mezcla entre risa y ternura:
—Oye, la verdad, yo nunca he hecho esto.
Y ahí me quedé como: “Ah, chuta, ¿y ahora cómo te ayudo?”. Porque, aunque tampoco soy un experto, uno ya conoce ciertos protocolos en estas situaciones y sabe más o menos a lo que va.
Entonces le pregunté:
—Bueno, me dices que eres activo, ¿verdad?
—Sí —me respondió.
—Pero, o sea, ¿eres gay o bi? ¿Qué onda contigo?
Y me dijo:
—No, yo llevo una vida hetero, pero siempre he querido ver qué se siente estar con un hombre.
Y yo le respondí:
—Ah… no, pues casi es igual que con una mujer, aunque bueno, ahí tendrás que ver qué sientes tú.
Y aquí vino la parte interesante. Porque generalmente yo, como pasivo, siempre he sido relativamente dominado. Uno suele ser más complaciente; si te dicen “ponte en cuatro”, te pones en cuatro; si te ponen la verga en la boca, la chupas, si te dicen "acuéstate" o "ponte patas hombro", lo haces.
Pero esta vez fue diferente.
Le dije:
—Sácate la ropa. Siéntate ahí… acuéstate.
Y él simplemente me obedeció. O sea, prácticamente yo iba a ser el culeado por ese man, pero al mismo tiempo iba a ser yo quien dirigiera todo.

Le mamé la verga como unos diez minutos, porque a mí me encanta mamar verga cuando no me están empujando la cabeza ni provocándome arcadas. Me gusta chupar, lamer y saborear a mi ritmo.
El tipo solo se limitaba a respirar y decir:
—Ay, sí… ay, sí… ay, sí…
En un momento me levanté un poco y le pregunté:
—¿Te gusta?
Y me respondió:
—Sí… sí se siente rico. La chupas incluso mejor que las mujeres.
Le dije:
—Gracias. Es una expresión bastante común hombres, jajaj ya te irás dando cuenta.
Y seguí mamándole la verga como un desquiciado, como un animal sexual. A veces rápido, a veces lento. Le lamía de arriba abajo, le chupaba las bolas, le pasaba la lengua por debajo de los huevos. El tipo estaba completamente bañado y aseado; no le olía mal absolutamente nada.
Yo seguía tratando de meterme toda esa verga en la boca, pero no podía. Yo mismo me provocaba las arcadas por querer tragármela toda. Y seguía mamándole la verga, chupándosela sin parar.
Obviamente entendía que él iba a dejarse seguir chupando si no le decía nada, pero para mí eso era incluso mejor porque a mí me encanta quedarme bastante tiempo ahí.
Lo único que sí le pregunté fue:
—Oye, ¿te vas a venir así? Porque no quisiera que me acabes en la boca.
Y me dijo:
—No, tranquilo. Yo no acabo con sexo oral.
Entonces le respondí:
—Ok, entonces no pasa nada.
Y seguí chupándole la verga. Tenía la cabeza muy bonita, lisita. Estaba deliciosa. Yo seguía chupando y chupando.
Como para provocarle un poco más de morbo, me arrodillé al lado de él, dejándole mi culo cerca de su hombro. Esa polla seguía tiesa ahí y yo me la seguía metiendo en la boca solo descansando por momentos para respirar.

De repente siento que este nene entra en acción y empieza a acariciarme el culo, a tocarme las piernas y la espalda mientras yo seguía mamándole la verga.
En eso, noto que me toma de la pierna e intenta acomodarme encima de él, prácticamente poniéndome el culo sobre la cara, como si quisiera hacer un 69.
Ahí simplemente me dejé llevar. Me acomodé encima de él y terminé poniéndole el culo directamente en la cara mientras seguía mamándole la verga.
A esas alturas yo le tenía la verga completamente ensalivada, aunque a mí nunca me ha gustado mucho hacer todo demasiado salivado. Siempre termino tragándome la saliva a cada rato para seguir chupando cómodo.
De repente siento que empieza a cogerme la verga. Empezó a masturbarme un poco y, la verdad, me dejé. Hay un detalle bastante curioso conmigo: cuando me meten la verga, cuando me cogen, a mí casi nunca se me para. Obviamente lo disfruto muchísimo, me encanta que me cojan, pero la verga rara vez se me pone dura. Por eso también es muy difícil que yo acabe; solo me ha pasado unas cuantas veces.
Entonces, mientras él seguía agarrándome la verga y masturbándome, mi miembro empezó a reaccionar y se me paró. Eso hasta me pareció extraño.
Pero bueno, simplemente me dejé porque se sentía demasiado rico.
Entonces el tipo me agarró la verga, se la jaló hacia él y empezó a mamármela. Ahí sí me quedé pensando: “Espera… se supone que era activo”. Pero no dije nada. Supuse que simplemente era de esos manes activos a los que también les gusta mamar verga. Nada raro. Pero era un pasivo en potencia jajajaj.

Él empezó a mamármela mientras yo seguía chupándole la polla, así que prácticamente terminamos haciendo un 69.
El tipo me mamó la verga aproximadamente uno o dos minutos, hasta que de repente hizo exactamente lo que yo quería que hiciera: me agarró las nalgas y empezó a meterme un dedito despacio en el culo mientras me lo lamía.
Primero me rozaba apenas, jugando con el dedo alrededor del agujero, metiéndolo un poco y sacándolo de nuevo. Me estimulaba despacito mientras seguía chupándome y lamiéndome.
Y de repente siento que me jala de la cadera todavía más hacia su cara.
Entonces sí me senté bien encima de él, acomodándome más hacia atrás, y el chico empezó a lamerme el culo.
Obviamente yo estaba completamente limpio; como siempre. Y el tipo empezó a chuparme y a lamerme como si me estuviera comiendo una vagina.
Yo, con más ganas todavía, seguía mamándole la verga. Esa verga estaba demasiado deliciosa.
Y ahí estuvimos como cinco minutos en esa posición. A esas alturas yo ya le había sacado brillo a esa verga de tanto mamar.

Bueno, el punto es que el tipo empezó a morderme el culo mientras yo estaba encima de él y yo le seguía mamando la verga. La verdad, podría haber pasado ahí incluso horas, pero ya estaba bastante excitado y quería que me la metiera.
Entonces simplemente me quité de encima, me puse de pie y le dije:
—Ven.
Lo jalé de la mano y lo puse al lado mío mientras agarraba el condón. Yo simplemente procedí a ponerme en cuatro sobre la cama, frotándome un poco el culito para asegurarme de que estuviera bien lubricado con toda la saliva de él.
No le dije “métemela” ni “culéame”. Simplemente me puse en cuatro frente a él. Él estaba de pie al filo de la cama y yo ahí, como una perra, con la cabeza inclinada sobre la almohada y los brazos extendidos como diciéndole "quiero ver qué haces con este culo".

Entonces él se agarró la verga y empezó a rozármela por el ano. Todavía no me la metía y, la verdad, tampoco lo habría dejado porque aún no se había puesto el condón. Pero se notaba que estaba nervioso; quizá ya había cogido con mujeres antes o tal vez incluso con algún hombre, pero igual se sentía que le costaba dejarse llevar.
Empezó a rozarme la polla por el culo, despacito, una y otra vez. Y en un momento, cuando retrocedí un poco, dejé de sentirlo detrás de mí. Pensé que hasta se había ido.
Pero de repente me doy cuenta de que el tipo se había arrodillado. Me agarró las nalgas con las dos manos, me las abrió y empezó a mamarme el culo mientras yo seguía en cuatro.
Y yo pensé: “Este muchacho me salió terrible”.

Entonces empezó a chuparme el culo, a pasarme la lengua y a metérmela lo más que podía. Yo ya estaba completamente dilatado; sentía como si me estuviera follando con la lengua. Se sentía demasiado rico.
El tipo empezó a lamerme de arriba abajo mientras yo solo suspiraba del placer. Estuvo así por lo menos un par de minutos, chupándome el culo sin parar.

Entonces me acordé del condón, lo agarré, se lo pasé y le dije:
—Póntelo.
Él no dijo nada; simplemente lo cogió y se lo puso.
Después intentó meterme la puntita.
Intentó entrar, pero estaba apuntando mal y me empujaba más alrededor que en el agujero. Entonces yo mismo agarré su verga con la mano y fui acomodándole la cabeza poco a poco en la entrada. Igual, aunque ya estaba dilatado, sentía que podía dolerme.
La retiré un momento, me escupí la mano y me puse más saliva en el culo. También le puse un poco en la cabeza de la verga y volvió a intentarlo.
Esta vez simplemente se quedó quieto. Ya no trató de empujar de golpe. Entonces fui yo el que empezó a echarse hacia atrás despacio, sintiendo cómo esa verga me iba abriendo poco a poco.
La verdad sí se sentía bastante grande. Fácil unos seis centímetros de grosor. El tipo me agarraba de las caderas con fuerza, pero seguía ahí inmóvil.
De pronto, mientras yo iba retrocediendo lentamente, este nene también empezó a empujar suave hacia adelante. Hasta que, de repente, sentí que me ensartó toda la verga, toda caliente y completamente lampiña.
Ahí simplemente le empujé un poco hacia atrás y le dije:
—Quédate ahí… un rato.
Porque él, por nervios o por primerizo, como que quería moverse demasiado y hasta estuvo a punto de sacarla casi completa. Entonces lo agarré de las piernas y le repetí:
—No, quédate ahí un momento.
Y ahí nos quedamos quietos unos segundos, sintiendo cómo la verga terminaba de acomodarse dentro de mí.
Después empezamos a movernos despacio. Nos alejábamos y nos acercábamos lentamente. Sentía cómo toda su dureza salía casi por completo y, justo antes de que se saliera la punta, volvíamos a juntarnos para que me la enterrara otra vez.

Y así estuvimos fácilmente unas veinte o treinta veces. Se sentía demasiado rico.
Pero para ese punto yo ya esperaba que el chico tomara un poco más la iniciativa. Aunque, sinceramente, también estaba disfrutando mucho el momento.
Entonces me eché un poco hacia adelante, me saqué la verga y le dije:
—Ahora te voy a enseñar cómo se hace esto.
Lo acosté y me subí encima de él. A mí realmente no me gusta mucho el contacto visual durante el sexo con hombres, así que simplemente le di la espalda. Me puse de puntillas, con los pies a cada lado de su cadera, y empecé a bajar y subir, bajar y subir.
En pocos segundos ya estaba rebotando encima de esa verga. El tipo tenía las manos completamente agarradas a mi culo mientras yo seguía moviéndome. Se sentía increíble.

La verga tenía un grosor excelente, muy buen largo también. Pero lo más rico era que entraba completamente tiesa y la curva que tenía me masajeaba todo el interior del culo.
Mientras seguía rebotando y rebotando, llegó un momento en el que ya se me cansaron las piernas. Entonces simplemente me dejé caer por completo sobre él, me senté y empecé a moverme en círculos con la verga metida. Obviamente ya no me la estaba enterrando tan fuerte, pero igual sentía delicioso cómo la polla me rozaba por dentro mientras descansaba un poco.

En ese momento el nene no decía mucho. Simplemente tenía una cara de lujuria que dejaba clarísimo que también lo estaba disfrutando.
Entonces le pregunté:
—¿Qué pasó? ¿Sí te está gustando?
Y yo me respondió que sí, mientras me decía:
—Uf, demasiado lindo… tienes el culo bien rico, está completamente blanquito.
Y de repente me dice:
—Oye, ¿será que te la puedo chupar de nuevo?
La verdad me agarró un poco de sorpresa y le dije:
—Claro… ¿me pongo otra vez en cuatro o quieres seguir así? ¿Me quieres chupar el culo otra vez o qué?
Y él me respondió:
—No, no me entendiste. Te quiero chupar la verga.
Ahí sí me quedé como sorprendido y hasta me dio un poco de risa porque, a esas alturas, ya tenía otra imagen de él.
Entonces le dije, medio burlándome:
—Pero… ¿y no que eras activo? Además, si dejamos de coger, capaz se te duerme otra vez.
Y él respondió:
—No me importa.
Como ya había un poco más de confianza, le dije:
—Pero ya dime la verdad… ¿no será que ya te han cogido?
Obviamente se lo dije jugando, no para burlarme.
Y él me respondió:
—En realidad, supongo que alguna vez me dejaré culiar por un hombre… pero todavía no.
Ahí me di cuenta de que todavía tenía esa idea de que, mientras él fuera el que da verga, entonces seguía siendo completamente “hetero” o algo así. Como que todavía protegía mucho esa imagen masculina.
Entonces me dijo:
—No, ahorita la verdad me confié contigo.
Y yo le respondí:
—Bueno, pues ya estamos aquí. A disfrutar se ha dicho.
Entonces le pregunté:
—¿Cómo quieres que me ponga? ¿Arrodillado o acostado?
Y él me dijo:
—Párate. Yo me siento en la cama y te la chupo así.
—Ok, no hay problema —le respondí.
La verdad también me sirvió para descansar un poco el culo.

Entonces me puse de pie y el tipo empezó a mamarme la verga. La chupaba y chupaba mientras me agarraba de las piernas. Honestamente, no mamaba tan bien. Se notaba que era primerizo porque a veces me raspaba con los dientes. Era como cuando una chica todavía no sabe bien cómo hacerlo.
Pero bueno, también entendía que era la primera vez que le hacía sexo oral a un hombre. Y, siendo sincero, en casi todos mis encuentros yo siempre había sido el pasivo, el que mamaba. Así que esta vez simplemente le di el gusto al chico.

Después de un rato se sacó la verga de la boca haciendo ese sonido húmedo y respiró profundo.
Entonces me dijo:
—Tienes una verga bonita.
La verdad mi verga no es grande; mide unos catorce centímetros, quizá un poco menos del promedio. Pero sí tiene una estética bonita: es blanca, con la cabeza rosada, una ligera, casi imperceptible curva hacia arriba y bastante lisita. Siempre ha sido algo que les gusta a las chicas y supongo que a este nivel a él también le llamó la atención.
Entonces, después de terminar de chupármela, me miró y me dijo:
—Ahora sí… sigamos.
Y yo le respondí:
—Claro.
En ese momento ya me sentía mucho más dominante, así que le dije:
—Anda, enjuágate la verga porque ya debe estar con olor a látex y además ya se te está cayendo el condón.
El tipo quería seguir con el mismo condón medio flojo y le dije:
—No, hay que usar otro. Pero anda, lávate la verga, que ahorita te la voy a chupar otra vez.
Y el tipo, todo obediente, se fue al baño. Ahí, como ya había muchísima más confianza entre los dos, me fui detrás de él. Estaba en el lavabo lavándose y pasándose jabón cuando yo simplemente le agarré el jabón de la mano y empecé a lavarle yo mismo la verga y los huevos, como si se la estuviera masturbando.
Le enjabonaba la verga, le agarraba las bolas y le frotaba todo despacio mientras él solo se dejaba hacer.
Entonces le dije:
—Ya, ya está. Vamos.
Salimos del baño y le dije:
—Ok, pana, ahora sí te la voy a chupar arrodillado. Tú quédate de pie.
Antes, cuando él me la chupó, estaba sentado y era un poco incómodo porque tenía que agacharse. Así que yo sí me acomodé bien. Cogí un cojín que encontré por ahí, lo puse de rodillas y me arrodillé frente a él. Y empecé a mamarle la verga de nuevo.

Ahí sí, completamente sumiso, incluso mirándolo a los ojos mientras se la chupaba. Y el tipo recién en ese momento empezó a agarrarme de la cabeza y a empujarme un poco hacia su polla.
Pero yo seguía a mi ritmo. Se la mamaba mientras le pasaba la lengua desde las bolas hasta arriba otra vez. Esa verga empezó a ponerse dura de nuevo. Tiesa, tiesa, tiesa.
Yo seguía chupándosela, aunque esta vez solo fueron unos dos o tres minutos porque tampoco dejaba que me empujara demasiado. Le agarraba la verga desde la base y controlaba yo el movimiento para que no me forzara tanto.

Mientras tanto, también le acariciaba las nalgas, que las tenía completamente lisas.
Entonces, una vez que ya le había parado otra vez la verga al amigo después de chupársela, cogí el otro condón, que ya era el último que tenía, y se lo puse yo mismo.
Aprovechando que él seguía de pie, yo simplemente me fui hacia la cama y me puse en cuatro frente a él, dándole las nalgas completamente abiertas. No le dije “métemela”; simplemente le agarré la verga y me la fui acomodando en el culo mientras me hacía un poco hacia atrás.
Él ya entendía perfectamente qué tenía que hacer, así que también empezó a empujar suave. Entonces volvimos otra vez a lo de hace rato: nos acercábamos y nos alejábamos despacio.
Pero, sinceramente, aunque al principio eso estaba bien, yo ya quería que el tipo tomara más iniciativa y empezara a moverse de verdad. Ya estaba completamente dilatado, mojado y relajado después de todo lo que habíamos hecho.

Así que tuve que decirle:
—Dale más rápido.
Y el tipo empezó a darme más rápido, aunque todavía no me daba duro. Sentía que me la metía, pero no terminaba de entrar con fuerza.
Entonces le dije como toda una perra:
—Dame más duro… dale… más duro.
La verdad, yo no soy mucho de hablar así durante el sexo, pero tuve que hacerlo para que el tipo se animara y entendiera lo que quería.
Y ahí sí reaccionó.

Empezó a darme rápido y duro de verdad. A empujar y empujar hasta el punto en que pensé: “Puta, ¿en qué me metí?”. Porque el tipo no era enorme, pero sí tenía un tamaño bastante considerable.
Entonces empezó a darme con fuerza y yo terminé enterrando la cara en la almohada mientras agarraba las sábanas porque sentía que me estaba dando como bombo en fiesta.
En eso veo que el tipo se sube a la cama y empieza a metérmela desde arriba, prácticamente montado sobre mí. Ya no estaba de pie; estaba encima mío y su verga entraba casi vertical hacia mi culo.
Y ahí sentí un placer increíble porque muy pocas personas me habían cogido así.
En ese momento me di cuenta de que el tipo sí sabía coger; simplemente había que animarlo un poco.

Entonces empezó a agarrarme de las caderas mientras se acercaba y empujaba. A veces hasta me daba besitos en el cuello. Bastante cariñoso, la verdad.
Cuando se pegaba completamente a mi espalda, me acariciaba las caderas mientras seguía dándome. Y ahí sentí cómo empezó a cogerme cada vez con más ritmo.
Después volvió a bajarse de la cama y me dejó otra vez bien en cuatro, abriéndome más las piernas mientras me jalaba de las caderas hacia él. El tipo ya me estaba cogiendo de verdad.

Yo, sinceramente, estaba aguantando feliz.
Entonces siguió metiéndome la verga por un buen rato. En un momento me acostó completamente boca abajo y empezó a darme mientras él estaba arrodillado detrás mío. Ahí sentía cómo me metía solo parte de la verga, pero qué rico se sentía. Empezó a besarme el cuello y a acariciarme la espalda mientras me metía toda la verga y se quedaba ahí adentro unos segundos.
Y había momentos en los que sentía que ya había llegado al fondo, pero de repente parecía que todavía entraba más. No sé de dónde sacaba más verga ese hombre, pero sentía que, justo cuando su cadera tocaba mis nalgas, todavía lograba profundizar más.

Después empezó a darme un ritmo más pausado, pero duro. Luego se levantó otra vez, me agarró de las caderas y volvió a ponerme en cuatro para seguir dándome una y otra vez.
Y yo simplemente estaba en el paraíso, agarrándome de donde podía; la almohada, las sábanas...
El tipo estaba tan excitado que, de repente, dejó de meterme la verga y volvió a bajar a mamarme el culo. Me pasaba la lengua por todos lados mientras yo seguía completamente relajado.
Después se chupó dos dedos y me los metió en el culo mientras me masturbaba un poco. La verdad, eso no me gustó tanto porque prefiero la verga antes que los dedos, pero tampoco dije nada y simplemente me dejé llevar. Luego volvió a agarrarse la verga y empezó a metérmela durísimo y rapidísimo. Se notaba que ya quería acabar. Y ahí sí empezó a cogerme como una fiera.

Después de un rato volvió a sacármela para seguir mamándome el culo y meterme la lengua otra vez. Honestamente, si hubiera habido una cámara grabando desde atrás, eso parecía porno hardcore.
El tipo me lamía el culo como un desquiciado y luego volvía a meterme la verga durante varios minutos más, completamente fuera de control. Y así repitió eso como tres o cuatro veces.
De repente el nene se sacó la verga, pero no porque hubiera acabado, sino porque ya estaba completamente cansado. Y era entendible, porque fácilmente me había dado verga durante casi media hora.

Además, iba variando todo el tiempo. A veces me la metía rapidísimo durante unos minutos; luego me la sacaba, me mamaba el culo y después volvía a metérmela, esta vez lento pero duro. Otra vez me la sacaba, otra vez me mamaba el culo. Iba cambiando entre ritmos, mamadas de culo y metidas mientras yo seguía ahí, en cuatro como una perra, completamente abierto de patas.
A veces me juntaba las piernas, otras me las abría más. Él se acercaba a darme besitos, me empujaba la espalda para ponerme boca abajo y luego volvía a agarrarme de las caderas para acomodarme otra vez en cuatro.
Entonces noté que se cansó y, como sabía que no había acabado, le pregunté:

—¿Qué pasó? ¿Ya acabaste?
Y me respondió:
—No… no puedo acabar.
Entonces le dije:
—¿Cómo así? ¿Qué pasó? ¿Por qué no acabas?
Y él solo decía:
—No sé…
Le pregunté:
—¿Estuviste tomando o algo?
—No… simplemente no puedo acabar.
Entonces le dije:
—Bueno, ¿y ya no quieres seguirle o qué onda?
Y enseguida respondió:
—No, sí… sí puedo seguir si tú quieres.
Y yo le dije:
—Claro que quiero. Yo puedo seguirle.
La verdad sí quería seguir porque la estaba pasando demasiado bien.
Entonces le dije:
—Descansa un rato. Yo voy al baño.

Fui al baño, oriné y, de paso, aproveché para revisarme el culito a ver cómo estaba. Me limpié un poco, me pasé un pañito y revisé que todo estuviera perfecto. No había sangre, no había nada raro y por fuera tampoco sentía molestias.
Así que pensé: “Podemos seguir sin problema”.
Entonces me aseé un poco y regresé.

El tipo seguía acostado en la cama mientras se jalaba la verga despacio, aunque ya se le estaba medio durmiendo. Y ahí me acordé de que ya no teníamos más condones, así que si se le dormía completamente la verga, el polvo terminaba ahí.
Entonces no dejé que se le bajara. Me acerqué rápido, le agarré la verga y empecé a masturbarlo otra vez. Pero sentía que con la mano no reaccionaba igual.
Y ahí pensé: “No se la voy a meter en la boca después de haberla tenido tanto rato en mi culo”. No porque oliera mal ni nada, porque honestamente estaba limpio, pero simplemente preferí no hacerlo.
Entonces seguí masturbándolo y le dije:
—Ven, párate.
Y otra vez me puse en cuatro frente a él mientras le agarraba la verga con la mano y se la sobaba yo mismo.
Y eso funcionó de maravilla.
El tipo, al verme otra vez en cuatro mientras yo le masturbaba la verga, empezó a ponerse duro de nuevo.
Entonces, aprovechando eso para que no se le volviera a dormir, le dije:
—Acuéstate. Te voy a montar otra vez.
Y esta vez me monté de frente a él.
La verdad, desde ahí arriba esa verga se veía impresionante. Entonces empecé a subir y bajar, subir y bajar, mientras él me agarraba de las piernas y de las manos.

Mientras yo seguía rebotando encima de él, empezamos a hablar un poco. En eso me preguntó:
—¿Será que podemos coger algún otro día?
Y yo le respondí:
—Puede ser… siempre y cuando seas discreto.
Entonces él me dijo:
—No te preocupes. Si te veo en algún lado, actúa como si no te conociera.
Y yo le respondí:
—Bueno, tú también haz lo mismo conmigo.
Y él se rió y me dijo:
—Claro, no te preocupes.

Y mientras seguíamos hablando, yo seguía rebotando encima de esa verga.
Pero la verdad yo ya sabía que él no iba a acabar así. Además, sí me preocupaba un poco porque era la primera vez que me pasaba estar con alguien que tardara tanto en correrse.
Entonces, después de un rato, él me dijo:
—Ya… ponte otra vez en cuatro.
Y yo simplemente le dije:
—No hay problema.
Me puse otra vez en cuatro, le abrí las piernas y ahí sí me la volvió a meter de una.
Entonces empezó otra vez a bombear rápido y duro. Y yo, para ayudarlo, también me movía hacia atrás como una perra desesperada cada vez que él empujaba.
La verdad ahí sí ya sentía un poco más de dolor, pero no me importaba. Quería que el chico se sintiera cómodo y disfrutara.
Entonces él me dijo:
—Date la vuelta. Ponte boca arriba.

Quería ponerme las patas al hombro. A mí realmente no me encanta porque implica mucho contacto visual, pero ya en ese punto no me importaba.
Así que me puse boca arriba, con las piernas abiertas, y el tipo empezó a cogerme mientras me masturbaba al mismo tiempo.
Me daba un ritmo fuerte y constante. No tan rápido como cuando estaba en cuatro, pero sí contundente.
Y curiosamente, mientras me masturbaba, mi verga empezó a pararse otra vez. Y parece que eso también lo excitó más porque empezó a meterme la verga todavía más rápido.
Hasta que, de repente, sentí que me apretó fuerte el pene, jadeó y se quedó completamente quieto, como convulsionando un poco.
Ahí me dijo:
—Ya… ya acabé.
Y yo me reí y le dije:
—Hace tiempo que no hacías nada, ¿verdad? Sé honesto.
Y él, riéndose también, respondió:
—Sí…

Entonces se sacó la verga de mi culo, se quitó el condón y vi que había descargado muchísimo.
Después se fue al baño, botó el condón y se duchó. Mientras tanto yo me quedé ahí acostado, tal como él me había dejado.
Cuando salió, le pregunté:
—¿Me puedo quedar un ratito?
Y me dijo:
—Claro, sí.
Entonces fui yo también al baño, me aseé un poco, me duché rápido y me lavé bien el culo.
Y cuando salí, él seguía ahí acosstado, ya mucho más tranquilo, con la verga otra vez completamente desinflada.
Él se sentó en la cama completamente cansado, el pobre. Entonces simplemente le dije:
—Descansa un rato. ¿Y qué te pareció tu primera vez con un hombre?
Y me dijo:
—La verdad, al comienzo estaba demasiado nervioso. No sabía ni qué hacer.
—¿Y al final qué te pareció? —le insistí.
—No, pues chévere. ¿Así es siempre?
Y le dije:
—La verdad, no. Depende mucho de con quién estés. Pero bueno, yo soy sumamente tranquilo. Espero que te haya gustado nomás.
Y él me respondió:
—No, estuvo excelente.
Entonces le dije:
—Si algún día coincidimos otra vez en la aplicación, me avisas y por ahí nos volvemos a ver.
Y él respondió:
—Claro.
Otra vez me pidió que fuera discreto y yo le dije:
—No, más bien mejor que ambos seamos discretos.

Eso me pareció chévere de él porque, bueno, no sé qué vida llevará ni cómo maneje todo eso, pero sí insistía bastante con la discreción.
Mientras seguíamos conversando, yo empecé a acariciarle la pierna y él se dejaba tranquilo. Entonces le pregunté:
—¿Te lo quieres volver a parar?
Y me dijo:
—Sí.
Así que empecé a masturbarlo despacio mientras seguíamos conversando como si nada. Honestamente, me daba risa porque parecía una charla completamente normal mientras yo le estaba jalando el huevo.
En un momento, sin que casi se diera cuenta, simplemente bajé y empecé a mamársela otra vez, ahora mucho más suave y tranquilo.
Él seguía acostado mientras yo se la chupaba con calma. A ratos paraba para descansar un poco y seguir conversando.
Entonces le pregunté:
—¿Y esa moto que está afuera es tuya?
Y me respondió:
—Sí.
—Ah, bonita —le dije.
Y ahí nos pusimos a hablar de motos mientras yo seguía chupándole la verga.
Después le pregunté:
—¿Y tú estudiaste aquí mismo en esta ciudad?
Y me dijo que sí.
La cosa es que yo le seguía sacando conversación mientras lo chupaba y sentía cómo poco a poco otra vez se le iba poniendo dura.
Pero la verdad ya no podíamos seguir cogiendo porque no había más condones y además ya era tardísimo.
Así que simplemente le di un besito en la cabeza de la verga y le dije:
—Bueno, ahora sí ya me voy.
Ya había pasado muchísimo tiempo ahí. Fácil más de una hora y media.
Entonces nos vestimos, cogí mis cosas, agarré mi casco y le pregunté:
—¿Sales conmigo o salgo yo solo?
Y él me dijo:
—No, tranquilo, yo salgo contigo. No hay problema.

Aunque sinceramente sí me parecía un poco sospechoso que alguien pudiera vernos salir así, pero bueno, tampoco era algo tan grave.
Entonces salimos juntos y, ya en la puerta, nos despedimos.
—Nos vemos —me dijo.
—Ok, chao.
Y cada uno se fue por su lado.
Y esa es la historia.

La verdad es que sí salió bastante largo el relato. No sé si llegue a aburrirles, pero sentía que había muchas cosas que contar. Además, fue la primera vez que estuve con un chico tan joven y la experiencia terminó siendo muchísimo mejor de lo que esperaba.
Espero volver a coger con él en algún momento.
Si les gustó el relato, comenten, eso me anima a seguir contando mis pendejadas acá jajaj. Y perdón por hacerlo tan largo, pero honestamente sí valía la pena contarlo.
Cuídense. Hasta la próxima.

2 comentarios - Me culeó uno de 18 años (era su primera vez con un hombre)