You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

La Familia De Mi Novia Pt. 1

Episodio I: La primera vez que las vi



Hacía exactamente un año que estaba con Jesi y, la verdad, nunca había estado tan enganchado con una mina. Tenía 19 años, pero era de esas pibas que te vuelven loco sin esfuerzo. Coqueta hasta la médula, siempre con una sonrisa pícara y esa forma de mirarte que te decía “soy toda tuya… pero podés hacerme lo que quieras”. En la cama era una puta completa conmigo: sumisa, masoquista, ninfómana. Le encantaba que la dominara, que la tratara fuerte, que le hablara sucio. Y yo, con mis 25 años, alto, de complexión media pero con algo de músculo ganado en el gym, la verdad que disfrutaba cada segundo de eso. Tenía buena verga y ella no se cansaba de pedírmela.

Esa noche era importante. Jesi había insistido en que por fin conociera a su mamá y a su hermana. Vivían en una casa grande en zona norte, de esas que tienen pileta y asado los fines de semana. Yo estaba medio nervioso, soy bastante tímido al principio con gente nueva, aunque después se me da vuelta la cosa y sale el lado más dominante y sádico.

Llegamos cerca de las 9 pm. Jesi me apretó la mano cuando estacioné.

—Tranquilo, amor. Les vas a caer re bien —me dijo con esa voz dulce que usaba antes de pedirme que la cogiera fuerte.

Tocamos timbre. Abrió la puerta Sofía.

La primera impresión me pegó fuerte. Era más linda de lo que imaginaba. 36 años, pero se veía espectacular. Pelo castaño con algunas mechas húmedas (como si recién saliera de la ducha), cuerpo curvilíneo, buenas tetas que se marcaban bajo una remera negra ajustada y, sobre todo, esas piernas largas y ese culo que se notaba firme incluso con jean. Me miró de arriba abajo con una sonrisa confiada, casi evaluándome.

—Así que vos sos el famoso Esteban… pasá, boludo, no te quedes ahí —dijo con voz cálida pero con ese tono dominante que después supe que era natural en ella.

Detrás apareció Mica. 18 recién cumplidos, más alta de lo que esperaba, pelo largo lacio, cara de nena buena. Vestía shortcito y musculosa. Me sonrió tímida, casi sin mirarme a los ojos. Se notaba inocente, como si todavía estuviera en esa etapa donde todo es nuevo y curioso.

—Hola… —dijo bajito, con las mejillas un poco coloradas.

Entramos. La casa olía rico, a comida casera. Jesi se pegó a mí todo el tiempo, orgullosa, y me presentaba como si fuera un trofeo. Cenamos los cuatro. Darío, el marido de Sofía y padrastro de Jesi, no estaba. “Viaje de trabajo”, dijo Sofía con un tono que sonó medio seco, casi aliviado.

La charla fluyó fácil. Sofía era coqueta sin esforzarse. Me preguntaba cosas de mi laburo, de cuánto hacía con Jesi, y cada tanto me miraba fijo a los ojos más tiempo del necesario. Mica hablaba poco, pero me observaba de reojo. Yo intentaba mantener la compostura, pero ya sentía esa tensión rara en el aire. Jesi, sentada al lado mío, me acariciaba el muslo por debajo de la mesa, juguetona.

Después de cenar nos pasamos al living. Sofía abrió una botella de vino. Yo me senté en el sillón grande y Jesi se acomodó prácticamente arriba mío, con las piernas cruzadas sobre las mías. Sofía se sentó enfrente, cruzando esas piernas espectaculares. Mica se quedó más retirada, en un sillón individual, mirando el celu pero atenta a todo.

—Así que hace un año que están juntos… —dijo Sofía dando un sorbo al vino—. Jesi habla mucho de vos. Dice que sos… intenso.

Lo dijo con una sonrisita. Jesi se rio y me dio un beso en el cuello.

—Es que lo es, ma. No sabés.

Sentí que me ponía un poco duro solo con el roce y con la mirada de Sofía. Intenté disimular. Mica levantó la vista un segundo y volvió a bajarla rápido, como si hubiera visto algo que no debía.

Pasaron las horas. Hablamos de todo. Sofía contó que con Darío las cosas no estaban del todo bien, que él viajaba mucho y que “ya no era el mismo de antes”. Lo dijo sin drama, casi como un hecho. Yo noté el detalle: no había fotos recientes de ellos dos juntos en la casa.

Cerca de la 1 am, Jesi bostezó y me dijo al oído:

—Amor… ¿dormís acá hoy? Arriba tengo mi pieza.

Sofía sonrió.

—Obvio que se queda. Total, ya es de la familia, ¿no?

Subimos. La pieza de Jesi era grande, con cama king. Apenas cerramos la puerta, Jesi se transformó.

Después, mientras nos recuperábamos abrazados, me dijo casi dormida:

—Ma te miró re caliente… y Mica estaba toda rara. Esto va a ser divertido.

Me quedé pensando en las piernas de Sofía cruzadas, en la timidez curiosa de Mica, en cómo Jesi parecía excitada con la idea en vez de celosa.

No sabía todavía que esa noche era solo el comienzo de algo mucho más grande y peligroso.

---

Si les gusto el relato agradecería puntos y comentarios, mañana parte dos

3 comentarios - La Familia De Mi Novia Pt. 1