Me estaba costando demasiado terminar el secundario porque debía unas materias. La verdad es que me la pasaba jodiendo en vez de estudiar. En ese tiempo había una chica que me gustaba desde hacía años, pero nunca le había dicho nada porque no la veía como a las demás.
Cuestión que ella volvió a la ciudad en vacaciones de invierno y, en medio de un proceso personal bastante fuerte, decidí acercarme otra vez. Empezamos a salir a caminar a la plaza varias veces, pero con el tiempo me fui desencantando de lo que había sentido por ella.
Al mismo tiempo, la presión de tener que rendir esas materias me estaba empezando a pesar, así que hablé con su mamá, que daba clases particulares. Quedamos en que yo iba a ir ciertos días a su casa para que me ayudara a preparar lo que debía.
La verdad es que al principio también iba con la esperanza de cruzármela a ella, pero casi nunca estaba. Entonces eran tres horas a la mañana sentado con la madre, estudiando a su manera.
Una mañana estábamos como siempre, yo de un lado de la mesa y ella del otro, cuando de repente sentí que me tocaba el pie con el suyo, descalzo. Ella solía estar con vestidos, y al principio pensé que era sin querer, como si creyera que estaba jugando con uno de sus perros. Pero no. Empezó a acariciarme el pie por encima de la zapatilla, y después el tobillo con los dedos.
Para ese punto creo que vale describirla un poco. No era una mujer particularmente linda, pero tenía un cuerpo que llamaba mucho la atención, sobre todo por lo grande que era su trasero, desproporcionado para lo que sería algo normal. Según ella misma contaba, de joven había sido mucho más atractiva, incluso decía que se parecía a su hija, y que después de una enfermedad empezó a subir de peso de golpe.
Mientras me hablaba de todo eso, yo seguía copiando ejercicios, tratando de hacerme el distraído.
La realidad es que sí me calentaba. Era una mujer muy madura, con un cuerpo imponente, piel trigueña tostada, y una forma de acercarse que no dejaba dudas. Pero no sé qué me pasó, no me animé a avanzar. Supongo que estaba en esa etapa medio estúpida donde uno cree que alguien es especial y no mira para otro lado.
Hoy lo pienso y siento que dejé pasar algo que en su momento podría haber sido distinto.
Igual, si me volviera a pasar algo así, no lo dejaría ir. Aunque también sé que probablemente me deje destruido… pero bueno, hay cosas que igual valen la pena.
Cuestión que ella volvió a la ciudad en vacaciones de invierno y, en medio de un proceso personal bastante fuerte, decidí acercarme otra vez. Empezamos a salir a caminar a la plaza varias veces, pero con el tiempo me fui desencantando de lo que había sentido por ella.
Al mismo tiempo, la presión de tener que rendir esas materias me estaba empezando a pesar, así que hablé con su mamá, que daba clases particulares. Quedamos en que yo iba a ir ciertos días a su casa para que me ayudara a preparar lo que debía.
La verdad es que al principio también iba con la esperanza de cruzármela a ella, pero casi nunca estaba. Entonces eran tres horas a la mañana sentado con la madre, estudiando a su manera.
Una mañana estábamos como siempre, yo de un lado de la mesa y ella del otro, cuando de repente sentí que me tocaba el pie con el suyo, descalzo. Ella solía estar con vestidos, y al principio pensé que era sin querer, como si creyera que estaba jugando con uno de sus perros. Pero no. Empezó a acariciarme el pie por encima de la zapatilla, y después el tobillo con los dedos.
Para ese punto creo que vale describirla un poco. No era una mujer particularmente linda, pero tenía un cuerpo que llamaba mucho la atención, sobre todo por lo grande que era su trasero, desproporcionado para lo que sería algo normal. Según ella misma contaba, de joven había sido mucho más atractiva, incluso decía que se parecía a su hija, y que después de una enfermedad empezó a subir de peso de golpe.
Mientras me hablaba de todo eso, yo seguía copiando ejercicios, tratando de hacerme el distraído.
La realidad es que sí me calentaba. Era una mujer muy madura, con un cuerpo imponente, piel trigueña tostada, y una forma de acercarse que no dejaba dudas. Pero no sé qué me pasó, no me animé a avanzar. Supongo que estaba en esa etapa medio estúpida donde uno cree que alguien es especial y no mira para otro lado.
Hoy lo pienso y siento que dejé pasar algo que en su momento podría haber sido distinto.
Igual, si me volviera a pasar algo así, no lo dejaría ir. Aunque también sé que probablemente me deje destruido… pero bueno, hay cosas que igual valen la pena.
0 comentarios - Cuando estudiaba con mi profesora (relato corto)