El sonido de la puerta abriéndose de golpe me sacó de mis pensamientos. Braian entró a la pieza tambaleándose, con los ojos inyectados en sangre, borracho, alterado y oliendo a sudor rancio, alcohol barato y calle. Apenas me vio sentada en la orilla de la cama, se aflojó el pantalón con brusquedad y me miró con una mezcla de desprecio y calentura contenida.
— ¿Qué miras, perra de mierda? Ponete en cuatro ya mismo, que hoy me debes un montón de cogidas para juntar para la leche del pibe. Me gritó Braian con voz ronca, agarrándome del pelo y tirándome contra el colchón.
— S-sí, mi amor... lo que vos digas, por favor usame todo lo que quieras, no te enojes... Le respondí cambiando la voz al instante, adoptando ese tono de puta sumisa, arrastrada y desesperada que él exigía cada vez que cruzaba la puerta.
— No te hagas la tierna ahora, trola de porquería, que sos mi puta barata y nada más. Me insultó él, abriéndome las piernas de un manotazo y clavándome sus 23 centímetros de golpe, sin importarle que todavía estuviera seca.
— ¡Aiaaah! ¡Sí, rompédela toda, métela más profundo, papi! ¡Haceme tuya, castigame! Le suplicaba con gemidos exagerados y falsos, arqueando la espalda y rogándole placer mientras por dentro lo odiaba con cada fibra de mi alma, sabiendo que cada estocada valía un maldito peso para poder darle de comer a nuestro hijo.
— Así me gusta, que te encante cómo te hago mierda, pedazo de puta insaciable. Gime más fuerte, dale. Me decía él, respirando agitado, golpeándome las nalgas con furia y cogiéndome con una violencia descontrolada que me hacía doler hasta los huesos.
— ¡Más duro, por favor! ¡Haceme tu puta por un peso, llename la concha de leche! Le seguía implorando de rodillas, tragándome las lágrimas de dolor y asco, actuando el papel perfecto de sumisión absoluta solo para asegurarme de que el padre de mi criatura siguiera viniendo a pagarme las migajas que necesitábamos para sobrevivir.
Después de una hora de embestidas salvajes donde me usó como a una verdadera prostituta callejera, el chabón se vino adentro mío con un rugido, inundándome el útero con sus chorros hirvientes. Se bajó de encima mío acomodándose la ropa y me miró con una sonrisa sádica, escupiéndome un último insulto antes de pasar factura.
— Tomá, acá tenés tu peso por la cogida de hoy, muerta de hambre. Me tiró la moneda al piso, riéndose de mi miseria mientras se servía otro trago de vino.
— G-gracias... te amo tanto, gracias por venir a usarnos... Le dije agachándome al suelo a buscar la moneda, besándole los pies con falsa devoción mientras por dentro juraba matarlo el día que pudiera.
En cuanto Braian se fue de la casa, dejándome tirada, con las piernas temblando y la vagina ardiendo, la máscara de puta sumisa se me cayó de golpe. Me encogí de rodillas en el rincón de la habitación, abrazándome el estómago vacío y llorando de pura rabia. Lo odiaba con un odio ciego, visceral y profundo; era mi bully, el monstruo que me arruinó la vida, el maldito que me convirtió en esto, y sin embargo, dependía enteramente de su verga y de sus monedas miserables para que nuestro hijo no se muriera de hambre.
Últimamente la situación económica estaba tan rota y la miseria era tan grande que ya casi no teníamos para comer nada sólido; mi dieta diaria dependía en un noventa por ciento de su semen espeso y salado. Cada vez que se corría adentro mío o me obligaba a tragárselo entero para no gastar en comida, sentía ese líquido caliente, denso y asqueroso llenándome la boca o el vientre, alimentándome a la fuerza con los desperdicios de mi propio abusador mientras el estómago me rugía de hambre.
A los pocos minutos, el maldito volvió a entrar a la habitación con el teléfono en la mano, con esa cara de psicópata que ponía cuando quería destruirme del todo.
— Arrodillate ahí en el medio de la pieza, perra. Me ordenó con una sonrisa macabra, agarrándome del cuello de la ropa y dándome un tirón seco.
— N-no, por favor, la ropa no... ¡este vestido me costó juntar un montón de pesos! Le supliqué intentando zafar, pero me arrancó la tela de un solo movimiento brusco, rompiéndomela por completo y dejándome las tetas al aire y tiritando de frío.
— Te dije que te arrodilles, carajo. Y ponete bien derecha para la cámara del OnlyFans que tenemos que subir contenido nuevo hoy, si total a los pajeros les encanta ver a la mamá del pibe con la jeta enchumbada de leche. Me gritó él, obligándome a ponerme de rodillas en el piso frío.
Con una mano me agarró de los pelos de la nuca y con la otra sacó su verga chorreante de semen, restregándomela por la cara hasta llenarme los labios, los pómulos y la nariz con su líquido blanco y pegajoso. Yo cerraba los ojos con vergüenza, sintiendo el olor salado y nauseabundo en toda mi piel, mientras él disparaba el flash del celular una y otra vez.
— Mirá a la cámara, sonreí, trola. Mostrá las tetas al aire y la cara llena de la leche de tu macho, que así es como facturamos... o bueno, como facturo yo, porque recordá que el 99% de los ingresos de la plataforma me los quedo yo, vos sos solo la mano de obra barata. Se burlaba él, sacándome fotos desde todos los ángulos posibles mientras yo agachaba la cabeza, derrotada por completo.
Me quedé helada al pensar en lo enfermo que era todo esto: en que esas fotos y videos porno que él grababa y subía para sacarse plata terminarían circulando por todos lados; en cómo algún día nuestros propios seguidores, nuestros vecinos, mis padres, mis amigos, y lo peor de todo, nuestro propio hijo cuando creciera, iban a ver en internet cómo su maldito padre humillaba, usaba y trataba como a una puta vulgar a su propia madre.
— Ahí tienes tu contenido del día, perra. Ahora limpiate esa mugre de la cara con la lengua y agradecé que te mantengo viva. Me tiró el teléfono a la cama y se marchó dando un portazo, dejándome allí de rodillas, con las tetas al aire, la cara chorreando su asqueroso semen salado, muerta de hambre y consumida por el odio más negro que un ser humano puede llegar a sentir.

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Estaba en cuatro sobre la cama, con la minifalda levantada y la vagina y el culo superabiertos y doloridos, tragándome toda la humillación mientras el hijo de puta de Braian me embestía sin piedad. El chabón había llegado borracho, alterado, furioso y caliente, dispuesto a usarme como la puta barata que me obligaba a ser para poder mantener a nuestro hijo. En medio de las embestidas salvajes, vibró el celular sobre la almohada: era mi mamá llamándome.
— Atendé el teléfono, perra, a ver si sos capaz de hablarle a tu vieja mientras te hago mierda la concha. Me ordenó Braian con una carcajada sádica, dándome un golpe seco de pelvis que me hizo arquear la espalda.
Con las manos temblando, agarré el celular, lo puse en altavoz y contesté con un hilo de voz, tratando de disimular el infierno en el que estaba metida.
— H-hola, mamá... decime... ¿está todo bien con el nene? Le pregunté, tragándome un gemido mientras Braian me clavaba los 23 centímetros hasta el fondo.
— Hola, hija... sí, el nene ya se durmió y está todo bien por acá. Te llamaba para ver cómo estabas vos, te escuché medio agitada... Me respondió mi mamá del otro lado con tono de preocupación.
— S-sí, estoy bien, mamá, un poco cansada nomás... ya te corto porque... ¡¡Mmmgh... ahh... no... ahhh!! Se me escapó un alarido de dolor imposible de disimular cuando Braian me dio una estocada brutal y desmedida.
— ¡Hija, ¿qué fue ese grito?! ¿Te pasa algo? ¿Estás sola? Preguntó mi mamá del otro lado, alterada y asustada al escucharme mal.
Antes de que pudiera inventar otra mentira, el maldito de Braian se rio a carcajadas con maldad pura, me agarró con más fuerza de la cintura, me empujó la verga con una violencia desmedida y le gritó directamente al micrófono del teléfono con total desprecio:
— ¡¡SÍ, SEÑORA, ESTÁ BIEN OCUPADA ROMPIÉNDOSE EL CULO ACÁ CONMIGO, SU HIJA ES UNA PUTA BARATA QUE TRABAJA DE ABRIRSE LAS PIERNAS POR UN PESO!!
— ¡¡¡NO, MAMÁ, NO LE CREAS, ESTOY TRABAJANDO, ES LA TELEVISIÓN... AHG... ES EL TRABAJO!! Le grité a los alaridos, llorando de terror y de vergüenza mientras sentía que el alma se me caía a pedazos.
— ¡¿Qué es esa voz de hombre que grita groserías, hija?! ¿Quién está con vos? ¿Estás segura de que estás bien? Me cuestionó mi mamá con la voz temblando de angustia desde el otro lado de la línea.
— M-mamá, te juro que no pasa nada, es una película... ay, dios... ¡ahhh! Gemicé sin poder evitarlo mientras Braian me volvía a hundir la verga hasta la raíz a puro ritmo de conejos.
— ¡No le mientas a la vieja, trola de mierda! ¡Decile la verdad, decile que trajiste a nuestro hijo acá para que me deje cogerte y grabarte el OnlyFans mientras te reviento la concha! Me gritó Braian al oído, borracho y fuera de sí, mientras me manoteaba un pecho.
— ¡Mamá, cortá por favor, te amo, después te llamo... no es nada! Le grité desesperada al teléfono, sintiendo que me moría de la culpa al saber que él me había hecho llevar al nene a otra habitación solo para usarme.
— ¡¿Cómo que OnlyFans, hija?! ¿Qué te está pasando? ¿Quién es ese degenerado? ¡Pasame con él o llamo a la policía! Gritó mi mamá llorando de la desesperación al otro lado.
— ¡SÍ, LLAMÁ A LA POLICÍA, VIEJA DE MIERDA! ¡SU HIJA ES MI PUTA! ¡ES VERDAD QUE SE ROMPE EL CULO TRABAJANDO... QUISE DECIR QUE LE ROMPO EL CULO, JAJAJA! Gritó Braian descontrolado, riéndose en mi cara mientras me cogía cada vez más duro y profundo.
— ¡¡No, Braian, por favor, callate, no le digas eso a mi mamá!! Le rogué llorando de rodillas, con el corazón roto, sintiendo que mi vida entera se derrumbaba.
— ¡SU HIJA SOLA VINO PARA SER MI PUTA! ¡LE PAGO UN PESO POR COGIDA Y LE SACO EL 99% DE LOS INGRESOS DE SU ONLYFANS, JAJAJA! Le vociferó Braian al teléfono, disfrutando de mi destrucción total.
— ¡Hija! ¡Por Dios, decime dónde estás que voy para allá! Escuché a mi mamá gritar totalmente aterrorizada y ahogada en llanto.
Sabiendo que el maldito estaba a punto de decirle algo todavía más horrendo para destrozarme la vida por completo, apreté el botón rojo y corté la llamada de un golpe, quedando temblando y soltando un llanto desgarrador sobre las sábanas.
— ¡¿Quién carajo te autorizó a cortar el teléfono, pedazo de puta?! Me rugió Braian enojado, furioso y alterado por el alcohol.
— ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Es mi mamá, estás loco, me querés arruinar del todo! Le grité con bronca y desesperación.
— ¡A mí no me grites, trola! ¡Por haberle cortado a tu vieja, ahora tu vida va a ser un infierno todavía peor! Me amenazó él, dándome el triple de duro y salvaje por la vagina.
— ¡Aiaaah! ¡Pará, me duele, por favor! Le supliqué ahogándome en mis propias lágrimas, mientras él me seguía embistiendo sin piedad.
— ¡Te voy a romper bien rota la concha y el culo por cortarle a la vieja! ¡Para que aprendas quién manda acá, puta de mierda! Me gritó Braian, riéndose a carcajadas de mi desesperación, mientras me usaba sin freno y me dejaba claro que ya no me quedaba nada.

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Dejé a nuestro hijo recién nacido en los brazos de mi mamá adentro de la casa, diciéndole que salía un segundo a la vereda a hacer un mandado rápido. Afuera, sentado en una banca de cemento a pocos metros de la puerta de mis viejos, me esperaba Braian. Venía con esa actitud pesada, borracho, alterado y con el miembro palpitando de ganas, exigiendo su cuota diaria para darme las monedas miserables que nos permitían comprar algo para comer.
— ¿Qué tanto demorás adentro, perra? Apuráte a arrodillarte acá al lado de la banca, que me estoy re calentando. Me dijo Braian con voz ronca y prepotente, bajándose el cierre del pantalón mientras miraba hacia todos lados.
— S-sí, ya voy, Braian... por favor hablemos más bajito, mirá que mis viejos pueden salir en cualquier segundo... Le dije tartamudeando, con el corazón en la boca por el terror de que mi familia nos descubriera.
— Me importa un carajo si salen tus viejos, con tal de que me chupes bien la verga y me hagas vaciar las pelotas. Acomodate ahí abajo en el piso de tierra, dale. Me ordenó el maldito, empujándome la cabeza hacia su entrepierna.
Con las tripas revueltas por el hambre, la desesperación y el miedo absoluto de ser vista, me dejé caer de rodillas sobre las baldosas de la vereda, justo a la vista de cualquiera que pasara o abriera la ventana de mi casa.
— ¿Ves por qué te tenés que portar como una puta sumisa? Si no me chupás la verga acá y ahora, no te doy el peso para la comida del nene, así que empezá a mover la boca. Me dijo él, apretándome el pelo con fuerza.
— S-sí, te lo suplico, ya te la chupo... no te enojes, por favor... Le dije fingiendo una sumisión total, tragándome el asco y el odio profundo que sentía por dentro, recordándome a mí misma que lo hacía únicamente para mantener a flote a mi hijo.
Saqué su verga gorda y caliente del pantalón, sintiendo el olor fuerte a sudor y calle. Mientras con una mano empezaba a masturbarlo rápido para calmar su furia, con la otra me temblaban los dedos de los nervios.
— Mmmgh... mmmf... Me metí la carne en la boca, desesperada por terminar pronto y con el cuerpo tenso por cada ruido que venía de la puerta de mis padres.
— Eso, tragátela bien hondo, perra de mierda. Mirá qué sumisa y caliente te pones cuando sabés que dependés de mi plata. Se burló Braian, respirando agitado mientras me agarraba de la nuca.
— P-por favor más rápido... alguien puede salir... Le suplicaba entre su miembro, girando la cabeza asustada hacia la ventana de la casa a cada segundo.
— Que miren si quieren, total ya saben todos la clase de trola que sos, y encima laburando para nuestro pibe. Me insultó él, tratándome horrible pero encontrando el placer salvaje que buscaba en mi humillación.
Metí la lengua para empezar a lamerle los testículos asquerosos y sudados, sintiendo arcadas que trataba de ahogar para no hacer ruido. Lo odiaba con cada célula de mi cuerpo; cuando no estaba, mi cabeza era un hervidero de bronca contra mi bully, pero ahí, con el estómago vacío y dependiendo de su peso por cogida, volvía a ser su puta personal dispuesta a todo.
— ¡Ah, cómo apretás la boca, hdp...! Seguí chupando los huevos, no pares que me estoy viniendo con todo. Gimió Braian, arqueando la espalda en la banca mientras me exigía más ritmo.
— Mmmgh... mmmf... S-sí, ya casi me corro... digo, ya casi te corro... Me trabé tartamudeando de los nervios, tragando saliva con desesperación mientras sentía el calor de su semen acumulándose.
— Acuérdate que esto vale un peso para la leche del nene, eh. Mirá lo barato que me sale tener a la madre de mi hijo de rodillas en la vereda. Se rio él, humillándome con la economía de mierda que me imponía.
— S-sí... lo que digas... por favor correte ya que mis viejos van a salir... Le rogué con los ojos llorosos, moviendo la cabeza con desesperación sobre su entrepierna sudada.
— Bueno, perra, preparate que te voy a llenar la boca de leche acá mismo, tragátela todita sin escupir una sola gota. Me sentenció mi bully antes de darme el empujón final y vaciarse por completo en mi garganta.

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Un año después de haber parido a la criatura fruto de los abusos sistemáticos de Braian, mi vida se había convertido en un infierno de prostitución forzada. El trato seguía siendo el mismo: me pagaba una miseria de un peso por cada cogida, obligándome a abrir las piernas cientos de veces solo para juntar unas monedas y poder comprar algo en el almacén. Para colmo, el maldito me había obligado a abrir una cuenta de OnlyFans, donde grababa porno explícito todos los días, aunque él se quedaba con el 99% de las ganancias y a mí solo me tiraba migajas.
Aquel día, el chabón cayó a mi departamento totalmente borracho, alterado, estresado y con la verga dura, buscando descargar su furia como siempre.
— Escuchame una cosa, perra, preparate bien porque hoy caen invitados a casa. Me soltó Braian con una sonrisa sádica, tirándose en el sillón y abriéndose el pantalón.
— ¿I-invitados? ¿Qué clase de invitados, Braian? Por favor decime que no... Le pregunté sintiendo que el corazón se me caía a los pies de puro terror.
— ¿Quiénes van a ser, trola? Invité a tus viejos, para agradecerles supuestamente por lo mucho que cuidan al nene. Me soltó él con una carcajada burlona.
— ¡No, por favor te lo suplico! ¡A mis viejos no! Sabés perfectamente que intento evitar que se crucen con esto, te lo ruego, cancelalo... Le supliqué con los ojos llenos de lágrimas, arrodillándome frente a él.
— A mí no me rompas las pelotas, ya les avisé y están viniendo. Así que cerrá el orto y haceme caso en todo. Me gritó el hdp, dándome una patada leve en el hombro.
Cuando escuché el timbre, el terror me paralizó. Me había querido poner un vestido más o menos "normal", largo y cerrado, para que mis papás no sospecharan nada, pero Braian me había agarrado de los pelos, me había arrancado la ropa y me había obligado a ponerme un vestido de tubo hiper apretado, cortísimo y súper escotado que marcaba cada curva de mi cuerpo hiperfeminizado.
— Ponete ese vestido de puta que te compré, o te rompo la cabeza a sopapos, ¿entendiste? Me había ordenado furioso.
Al abrir la puerta, mis padres entraron cargando al nene. Apenas mi papá me vio parada en el recibidor con ese trapo diminuto y vulgar, se le cambió la cara por completo.
— ¿¡Se puede saber qué clase de ropa es esa, Alejandra!? ¿Cómo te vas a vestir así en tu propia casa, con tu hijo adelante? Me retó mi papá con la voz dura, indignado y avergonzado.
Agaché la cabeza de inmediato, sintiendo las lágrimas de humillación quemándome las mejillas, con el alma rota sabiendo que ni siquiera con el vestido más "decente" que encontré me salvaba de los gritos.
— P-papá, perdón... es que... Tartamudeé sin saber qué mentira inventar, mientras Braian aparecía por el pasillo con una sonrisa cínica, abrazando a mi papá por la espalda como si fuera el yerno perfecto.
— ¡Hola, suegro querido! No le diga nada a la piba, que a mí me encanta cómo se viste para recibirme. Dijo Braian con doble sentido, guiñándome un ojo con malicia.
Mientras mi mamá se iba a la cocina con el bebé en brazos y mi papá se sentaba en el living charlando con el maldito, Braian me hizo señas con la cabeza hacia la cocina. Tuve que arrastrarme por el suelo y meterme abajo de la mesada, de rodillas, justo a los pies de donde ellos conversaban.
— Che, suegro, sírvase otro trago, mire que acá la nata de la casa siempre sabe cómo atender bien a los invitados. Dijo Braian con una sonrisa cínica, mientras le servía el fernet a mi papá a solo un par de metros de distancia.
Con las manos temblando de pánico y la vergüenza golpeándome el pecho, me bajé el cierre del pantalón al maldito y saqué su verga gorda y sudada. El olor fuerte y rancio me pegó en la cara, pero no me quedó otra que abrir la boca y metérmela hasta el fondo.
— Mmmgh... mmmf... Empecé a chupársela bajo la mesada, intentando no hacer ruido mientras las voces de mi papá y mi bully resonaban justo arriba de mi cabeza.
— Y sí, Braian, esta piba siempre fue medio desobediente, hay que tenerla cortita y hacerle entender cómo son las cosas. Comentaba mi papá muy tranquilo, sin tener la más mínima idea de que su hija estaba arrodillada tragándose la leche de su propio abusador a centímetros suyos.
— Quedese tranquilo, suegro, que yo me encargo personalmente de educarla todos los días y de alimentarla todo lo que se merece. Le respondió Braian con una carcajada cínica, mientras me clavaba las manos en la nuca y me embestía la boca con su verga sudada, obligándome a mamársela con desesperación mientras mis propios padres hablaban a medio metro de mi humillación absoluta.

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Había dejado a nuestro hijo temprano en la casa de mis padres, respirando aliviada por un rato al saber que el nene estaría a salvo de este infierno. Pero sabía perfectamente lo que me esperaba al volver a casa. Braian iba a caer hoy peor que nunca: super borracho, caliente, enojado, gritón y con esa soberbia machista que me daba náuseas.
Cuando entró pateando la puerta, ya nos habíamos desnudado por completo en el medio del living. Él se tiró pesado en el sillón, con la verga dura, transpirado y apestando a alcohol, exigiéndome que me pusiera de rodillas para atenderlo como la prostituta barata que me obligaba a ser por un peso la cogida. Estábamos en plena faena cuando de repente empezó a sonar mi celular tirado en la mesa ratonera.
Miré la pantalla y vi que era mi papá.
— H-hola, papá... Dije tartamudeando y temblando, intentando recuperar el aliento mientras tenía los testículos de Braian rozándome la boca.
— ¡Hola, hija! ¿Cómo estás? ¿El nene ya se durmió bien? Me preguntó la voz de mi viejo desde el parlante, notando algo raro en mi tono cortado.
Antes de que pudiera inventar otra excusa para cortar, el muy hijo de puta de Braian se dio cuenta de quién era. Con una mueca de sadismo puro, me manoteó con fuerza del pelo y me tiró la cabeza hacia atrás con un violento tirón.
— ¡¡¡AAAGH! ¡P-papá...!? Grité del dolor, soltando un alarido desgarrador que retumbó en la llamada.
— ¡¿Qué pasa, hija!? ¡¿Quién grita así!? ¡¿Estás bien?! Se escuchó la voz de mi papá alterada y asustada al otro lado de la línea.
Sin soltarme el pelo, Braian me arrebató el celular de las manos con una sonrisa macabra y, con la otra mano, me empujó la cabeza con furia hacia abajo, obligándome a meterme sus 23 centímetros enteros de golpe en la garganta.
— ¡Mmmph... mmmgh...! Me ahogué de inmediato, sintiendo cómo su verga caliente me raspaba las paredes de la tráquea mientras el alcohol y el sudor me inundaban la boca.
— Escuchame bien, viejo de mierda, acá la que grita es tu hija que la tengo de rodillas tragándose mi leche, ¿querés enterarte de verdad cómo vive la princesita? Le largó Braian al teléfono con una voz burlona, fría y llena de desprecio, mientras me mantenía la cabeza trabada contra su entrepierna.
— ¡¿Quién sos vos, imbécil!? ¡¿Qué le estás haciendo a mi hija?! ¡Pasámela con el teléfono ya mismo! Le gritó mi papá enfurecido desde el altavoz.
— ¿Querés saber lo que le hago? Tranquilo que te lo cuento todo detallado, viejo alcahuete. Mirá, tu hijita es mi puta personal: me la cojo todos los días, le rompo el culo y la vagina hasta que no puede más, y le pago un mísero peso por cada cogida. Le dijo Braian sin ningún filtro, mientras me bombeaba la cabeza con violencia.
— ¡No... papá, cortale, por favor... no le creas... hurgué entre sus embestidas, ahogándome con su semen y mis propias lágrimas.
— ¡Callate la boca, trola! ¡Que tu viejo escuche la clase de basura que parió! Me gritó Braian, dándome un cachetazo seco en la mejilla antes de volver a hablarle a mi papá.
— ¿Te pensás que eso es todo? Le abrí un OnlyFans para hacer porno hardcore, la grabo chupándomela sucia de sudor, la hago gastarse lo poco que gana comprándome lencería diminuta, y yo me quedo con el 99% de los ingresos mientras ella me ruega por monedas. Se reía el hijo de puta, disfrutando de la desesperación absoluta de mi padre.
— ¡Estás enfermo, hijo de mil puta! ¡Dejámela en paz o te juro que voy para allá y te mato, basurero! Le rugía mi papá a los gritos, completamente fuera de sí por la bronca y la impotencia.
— Vení cuando quieras, viejo de mierda, pero vas a encontrar a tu hija con la concha bien reventada y llena de mi leche, porque ahora mismo me voy a vaciar adentro de su garganta mientras te sigo hablando. Le retrucó Braian con una maldad infinita.
— ¡Papá, cortá por favor, te lo suplico... no vengas...! Grité ahogada, con la verga latiéndome en la boca a punto de eyacular.
— ¡Callate, puta! Mirá, viejo de cabotaje, te cuelgo porque tu hija se está tragando todo mi chorro ahora mismo, y te aviso: si volvés a llamar o te hacés el loco, con tu puta hija voy a ser todavía peor, ¿o querés que le haga otro pibe más y la deje de rehén para siempre? Le soltó Braian con una frialdad macabra.
*¡Clic!*
Cortó la llamada de golpe y arrojó el celular sobre la cama. Al instante, me apretó con tanta fuerza de la nuca que me vació litros de semen espeso y hirviente directo en el fondo de la garganta, obligándome a tragarme hasta la última gota mientras yo tosía y lloraba sin consuelo.
— ¡¿Viste lo que hiciste, pedazo de inútil?! ¡Ahora por culpa de tu viejo me calenté todavía más! Me gritó Braian, sacándome la verga de la boca de un tirón.
— ¡Yo no hice nada, vos atendiste y le dijiste todas esas porquerías! Le reclamé entre sollozos, con la cara empapada y la respiración cortada.
— ¡A mí no me levantes la voz, perra de mierda! ¿Te pensás que me importa lo que piense tu viejo? ¡A partir de ahora te voy a tratar todavía peor, te voy a coger más duro y te voy a dejar más destrozada de lo que ya estás! Me bramó a los gritos, empujándome con furia contra el colchón.
— ¡Sos un monstruo... mi papá me odiará, pero aun así me defendió... y vos sos un maldito infeliz! Le grité con el corazón destrozado, sintiendo que había perdido el único hilo de dignidad que me quedaba con mi familia.
— ¡Que tu viejo se pudra y que vos te tragues tu miseria! ¡Ahora ponete en cuatro, date vuelta y aguantá, porque por hacerte la viva conmigo hoy te voy a romper el orto hasta que te desmayes! Me ordenó mi bully, dándome una nalgada brutal que me dejó la piel ardiente, obligándome a someterme una vez más bajo su ley de mierda.
— ¿Qué miras, perra de mierda? Ponete en cuatro ya mismo, que hoy me debes un montón de cogidas para juntar para la leche del pibe. Me gritó Braian con voz ronca, agarrándome del pelo y tirándome contra el colchón.
— S-sí, mi amor... lo que vos digas, por favor usame todo lo que quieras, no te enojes... Le respondí cambiando la voz al instante, adoptando ese tono de puta sumisa, arrastrada y desesperada que él exigía cada vez que cruzaba la puerta.
— No te hagas la tierna ahora, trola de porquería, que sos mi puta barata y nada más. Me insultó él, abriéndome las piernas de un manotazo y clavándome sus 23 centímetros de golpe, sin importarle que todavía estuviera seca.
— ¡Aiaaah! ¡Sí, rompédela toda, métela más profundo, papi! ¡Haceme tuya, castigame! Le suplicaba con gemidos exagerados y falsos, arqueando la espalda y rogándole placer mientras por dentro lo odiaba con cada fibra de mi alma, sabiendo que cada estocada valía un maldito peso para poder darle de comer a nuestro hijo.
— Así me gusta, que te encante cómo te hago mierda, pedazo de puta insaciable. Gime más fuerte, dale. Me decía él, respirando agitado, golpeándome las nalgas con furia y cogiéndome con una violencia descontrolada que me hacía doler hasta los huesos.
— ¡Más duro, por favor! ¡Haceme tu puta por un peso, llename la concha de leche! Le seguía implorando de rodillas, tragándome las lágrimas de dolor y asco, actuando el papel perfecto de sumisión absoluta solo para asegurarme de que el padre de mi criatura siguiera viniendo a pagarme las migajas que necesitábamos para sobrevivir.
Después de una hora de embestidas salvajes donde me usó como a una verdadera prostituta callejera, el chabón se vino adentro mío con un rugido, inundándome el útero con sus chorros hirvientes. Se bajó de encima mío acomodándose la ropa y me miró con una sonrisa sádica, escupiéndome un último insulto antes de pasar factura.
— Tomá, acá tenés tu peso por la cogida de hoy, muerta de hambre. Me tiró la moneda al piso, riéndose de mi miseria mientras se servía otro trago de vino.
— G-gracias... te amo tanto, gracias por venir a usarnos... Le dije agachándome al suelo a buscar la moneda, besándole los pies con falsa devoción mientras por dentro juraba matarlo el día que pudiera.
En cuanto Braian se fue de la casa, dejándome tirada, con las piernas temblando y la vagina ardiendo, la máscara de puta sumisa se me cayó de golpe. Me encogí de rodillas en el rincón de la habitación, abrazándome el estómago vacío y llorando de pura rabia. Lo odiaba con un odio ciego, visceral y profundo; era mi bully, el monstruo que me arruinó la vida, el maldito que me convirtió en esto, y sin embargo, dependía enteramente de su verga y de sus monedas miserables para que nuestro hijo no se muriera de hambre.
Últimamente la situación económica estaba tan rota y la miseria era tan grande que ya casi no teníamos para comer nada sólido; mi dieta diaria dependía en un noventa por ciento de su semen espeso y salado. Cada vez que se corría adentro mío o me obligaba a tragárselo entero para no gastar en comida, sentía ese líquido caliente, denso y asqueroso llenándome la boca o el vientre, alimentándome a la fuerza con los desperdicios de mi propio abusador mientras el estómago me rugía de hambre.
A los pocos minutos, el maldito volvió a entrar a la habitación con el teléfono en la mano, con esa cara de psicópata que ponía cuando quería destruirme del todo.
— Arrodillate ahí en el medio de la pieza, perra. Me ordenó con una sonrisa macabra, agarrándome del cuello de la ropa y dándome un tirón seco.
— N-no, por favor, la ropa no... ¡este vestido me costó juntar un montón de pesos! Le supliqué intentando zafar, pero me arrancó la tela de un solo movimiento brusco, rompiéndomela por completo y dejándome las tetas al aire y tiritando de frío.
— Te dije que te arrodilles, carajo. Y ponete bien derecha para la cámara del OnlyFans que tenemos que subir contenido nuevo hoy, si total a los pajeros les encanta ver a la mamá del pibe con la jeta enchumbada de leche. Me gritó él, obligándome a ponerme de rodillas en el piso frío.
Con una mano me agarró de los pelos de la nuca y con la otra sacó su verga chorreante de semen, restregándomela por la cara hasta llenarme los labios, los pómulos y la nariz con su líquido blanco y pegajoso. Yo cerraba los ojos con vergüenza, sintiendo el olor salado y nauseabundo en toda mi piel, mientras él disparaba el flash del celular una y otra vez.
— Mirá a la cámara, sonreí, trola. Mostrá las tetas al aire y la cara llena de la leche de tu macho, que así es como facturamos... o bueno, como facturo yo, porque recordá que el 99% de los ingresos de la plataforma me los quedo yo, vos sos solo la mano de obra barata. Se burlaba él, sacándome fotos desde todos los ángulos posibles mientras yo agachaba la cabeza, derrotada por completo.
Me quedé helada al pensar en lo enfermo que era todo esto: en que esas fotos y videos porno que él grababa y subía para sacarse plata terminarían circulando por todos lados; en cómo algún día nuestros propios seguidores, nuestros vecinos, mis padres, mis amigos, y lo peor de todo, nuestro propio hijo cuando creciera, iban a ver en internet cómo su maldito padre humillaba, usaba y trataba como a una puta vulgar a su propia madre.
— Ahí tienes tu contenido del día, perra. Ahora limpiate esa mugre de la cara con la lengua y agradecé que te mantengo viva. Me tiró el teléfono a la cama y se marchó dando un portazo, dejándome allí de rodillas, con las tetas al aire, la cara chorreando su asqueroso semen salado, muerta de hambre y consumida por el odio más negro que un ser humano puede llegar a sentir.

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Estaba en cuatro sobre la cama, con la minifalda levantada y la vagina y el culo superabiertos y doloridos, tragándome toda la humillación mientras el hijo de puta de Braian me embestía sin piedad. El chabón había llegado borracho, alterado, furioso y caliente, dispuesto a usarme como la puta barata que me obligaba a ser para poder mantener a nuestro hijo. En medio de las embestidas salvajes, vibró el celular sobre la almohada: era mi mamá llamándome.
— Atendé el teléfono, perra, a ver si sos capaz de hablarle a tu vieja mientras te hago mierda la concha. Me ordenó Braian con una carcajada sádica, dándome un golpe seco de pelvis que me hizo arquear la espalda.
Con las manos temblando, agarré el celular, lo puse en altavoz y contesté con un hilo de voz, tratando de disimular el infierno en el que estaba metida.
— H-hola, mamá... decime... ¿está todo bien con el nene? Le pregunté, tragándome un gemido mientras Braian me clavaba los 23 centímetros hasta el fondo.
— Hola, hija... sí, el nene ya se durmió y está todo bien por acá. Te llamaba para ver cómo estabas vos, te escuché medio agitada... Me respondió mi mamá del otro lado con tono de preocupación.
— S-sí, estoy bien, mamá, un poco cansada nomás... ya te corto porque... ¡¡Mmmgh... ahh... no... ahhh!! Se me escapó un alarido de dolor imposible de disimular cuando Braian me dio una estocada brutal y desmedida.
— ¡Hija, ¿qué fue ese grito?! ¿Te pasa algo? ¿Estás sola? Preguntó mi mamá del otro lado, alterada y asustada al escucharme mal.
Antes de que pudiera inventar otra mentira, el maldito de Braian se rio a carcajadas con maldad pura, me agarró con más fuerza de la cintura, me empujó la verga con una violencia desmedida y le gritó directamente al micrófono del teléfono con total desprecio:
— ¡¡SÍ, SEÑORA, ESTÁ BIEN OCUPADA ROMPIÉNDOSE EL CULO ACÁ CONMIGO, SU HIJA ES UNA PUTA BARATA QUE TRABAJA DE ABRIRSE LAS PIERNAS POR UN PESO!!
— ¡¡¡NO, MAMÁ, NO LE CREAS, ESTOY TRABAJANDO, ES LA TELEVISIÓN... AHG... ES EL TRABAJO!! Le grité a los alaridos, llorando de terror y de vergüenza mientras sentía que el alma se me caía a pedazos.
— ¡¿Qué es esa voz de hombre que grita groserías, hija?! ¿Quién está con vos? ¿Estás segura de que estás bien? Me cuestionó mi mamá con la voz temblando de angustia desde el otro lado de la línea.
— M-mamá, te juro que no pasa nada, es una película... ay, dios... ¡ahhh! Gemicé sin poder evitarlo mientras Braian me volvía a hundir la verga hasta la raíz a puro ritmo de conejos.
— ¡No le mientas a la vieja, trola de mierda! ¡Decile la verdad, decile que trajiste a nuestro hijo acá para que me deje cogerte y grabarte el OnlyFans mientras te reviento la concha! Me gritó Braian al oído, borracho y fuera de sí, mientras me manoteaba un pecho.
— ¡Mamá, cortá por favor, te amo, después te llamo... no es nada! Le grité desesperada al teléfono, sintiendo que me moría de la culpa al saber que él me había hecho llevar al nene a otra habitación solo para usarme.
— ¡¿Cómo que OnlyFans, hija?! ¿Qué te está pasando? ¿Quién es ese degenerado? ¡Pasame con él o llamo a la policía! Gritó mi mamá llorando de la desesperación al otro lado.
— ¡SÍ, LLAMÁ A LA POLICÍA, VIEJA DE MIERDA! ¡SU HIJA ES MI PUTA! ¡ES VERDAD QUE SE ROMPE EL CULO TRABAJANDO... QUISE DECIR QUE LE ROMPO EL CULO, JAJAJA! Gritó Braian descontrolado, riéndose en mi cara mientras me cogía cada vez más duro y profundo.
— ¡¡No, Braian, por favor, callate, no le digas eso a mi mamá!! Le rogué llorando de rodillas, con el corazón roto, sintiendo que mi vida entera se derrumbaba.
— ¡SU HIJA SOLA VINO PARA SER MI PUTA! ¡LE PAGO UN PESO POR COGIDA Y LE SACO EL 99% DE LOS INGRESOS DE SU ONLYFANS, JAJAJA! Le vociferó Braian al teléfono, disfrutando de mi destrucción total.
— ¡Hija! ¡Por Dios, decime dónde estás que voy para allá! Escuché a mi mamá gritar totalmente aterrorizada y ahogada en llanto.
Sabiendo que el maldito estaba a punto de decirle algo todavía más horrendo para destrozarme la vida por completo, apreté el botón rojo y corté la llamada de un golpe, quedando temblando y soltando un llanto desgarrador sobre las sábanas.
— ¡¿Quién carajo te autorizó a cortar el teléfono, pedazo de puta?! Me rugió Braian enojado, furioso y alterado por el alcohol.
— ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Es mi mamá, estás loco, me querés arruinar del todo! Le grité con bronca y desesperación.
— ¡A mí no me grites, trola! ¡Por haberle cortado a tu vieja, ahora tu vida va a ser un infierno todavía peor! Me amenazó él, dándome el triple de duro y salvaje por la vagina.
— ¡Aiaaah! ¡Pará, me duele, por favor! Le supliqué ahogándome en mis propias lágrimas, mientras él me seguía embistiendo sin piedad.
— ¡Te voy a romper bien rota la concha y el culo por cortarle a la vieja! ¡Para que aprendas quién manda acá, puta de mierda! Me gritó Braian, riéndose a carcajadas de mi desesperación, mientras me usaba sin freno y me dejaba claro que ya no me quedaba nada.

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Dejé a nuestro hijo recién nacido en los brazos de mi mamá adentro de la casa, diciéndole que salía un segundo a la vereda a hacer un mandado rápido. Afuera, sentado en una banca de cemento a pocos metros de la puerta de mis viejos, me esperaba Braian. Venía con esa actitud pesada, borracho, alterado y con el miembro palpitando de ganas, exigiendo su cuota diaria para darme las monedas miserables que nos permitían comprar algo para comer.
— ¿Qué tanto demorás adentro, perra? Apuráte a arrodillarte acá al lado de la banca, que me estoy re calentando. Me dijo Braian con voz ronca y prepotente, bajándose el cierre del pantalón mientras miraba hacia todos lados.
— S-sí, ya voy, Braian... por favor hablemos más bajito, mirá que mis viejos pueden salir en cualquier segundo... Le dije tartamudeando, con el corazón en la boca por el terror de que mi familia nos descubriera.
— Me importa un carajo si salen tus viejos, con tal de que me chupes bien la verga y me hagas vaciar las pelotas. Acomodate ahí abajo en el piso de tierra, dale. Me ordenó el maldito, empujándome la cabeza hacia su entrepierna.
Con las tripas revueltas por el hambre, la desesperación y el miedo absoluto de ser vista, me dejé caer de rodillas sobre las baldosas de la vereda, justo a la vista de cualquiera que pasara o abriera la ventana de mi casa.
— ¿Ves por qué te tenés que portar como una puta sumisa? Si no me chupás la verga acá y ahora, no te doy el peso para la comida del nene, así que empezá a mover la boca. Me dijo él, apretándome el pelo con fuerza.
— S-sí, te lo suplico, ya te la chupo... no te enojes, por favor... Le dije fingiendo una sumisión total, tragándome el asco y el odio profundo que sentía por dentro, recordándome a mí misma que lo hacía únicamente para mantener a flote a mi hijo.
Saqué su verga gorda y caliente del pantalón, sintiendo el olor fuerte a sudor y calle. Mientras con una mano empezaba a masturbarlo rápido para calmar su furia, con la otra me temblaban los dedos de los nervios.
— Mmmgh... mmmf... Me metí la carne en la boca, desesperada por terminar pronto y con el cuerpo tenso por cada ruido que venía de la puerta de mis padres.
— Eso, tragátela bien hondo, perra de mierda. Mirá qué sumisa y caliente te pones cuando sabés que dependés de mi plata. Se burló Braian, respirando agitado mientras me agarraba de la nuca.
— P-por favor más rápido... alguien puede salir... Le suplicaba entre su miembro, girando la cabeza asustada hacia la ventana de la casa a cada segundo.
— Que miren si quieren, total ya saben todos la clase de trola que sos, y encima laburando para nuestro pibe. Me insultó él, tratándome horrible pero encontrando el placer salvaje que buscaba en mi humillación.
Metí la lengua para empezar a lamerle los testículos asquerosos y sudados, sintiendo arcadas que trataba de ahogar para no hacer ruido. Lo odiaba con cada célula de mi cuerpo; cuando no estaba, mi cabeza era un hervidero de bronca contra mi bully, pero ahí, con el estómago vacío y dependiendo de su peso por cogida, volvía a ser su puta personal dispuesta a todo.
— ¡Ah, cómo apretás la boca, hdp...! Seguí chupando los huevos, no pares que me estoy viniendo con todo. Gimió Braian, arqueando la espalda en la banca mientras me exigía más ritmo.
— Mmmgh... mmmf... S-sí, ya casi me corro... digo, ya casi te corro... Me trabé tartamudeando de los nervios, tragando saliva con desesperación mientras sentía el calor de su semen acumulándose.
— Acuérdate que esto vale un peso para la leche del nene, eh. Mirá lo barato que me sale tener a la madre de mi hijo de rodillas en la vereda. Se rio él, humillándome con la economía de mierda que me imponía.
— S-sí... lo que digas... por favor correte ya que mis viejos van a salir... Le rogué con los ojos llorosos, moviendo la cabeza con desesperación sobre su entrepierna sudada.
— Bueno, perra, preparate que te voy a llenar la boca de leche acá mismo, tragátela todita sin escupir una sola gota. Me sentenció mi bully antes de darme el empujón final y vaciarse por completo en mi garganta.

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Un año después de haber parido a la criatura fruto de los abusos sistemáticos de Braian, mi vida se había convertido en un infierno de prostitución forzada. El trato seguía siendo el mismo: me pagaba una miseria de un peso por cada cogida, obligándome a abrir las piernas cientos de veces solo para juntar unas monedas y poder comprar algo en el almacén. Para colmo, el maldito me había obligado a abrir una cuenta de OnlyFans, donde grababa porno explícito todos los días, aunque él se quedaba con el 99% de las ganancias y a mí solo me tiraba migajas.
Aquel día, el chabón cayó a mi departamento totalmente borracho, alterado, estresado y con la verga dura, buscando descargar su furia como siempre.
— Escuchame una cosa, perra, preparate bien porque hoy caen invitados a casa. Me soltó Braian con una sonrisa sádica, tirándose en el sillón y abriéndose el pantalón.
— ¿I-invitados? ¿Qué clase de invitados, Braian? Por favor decime que no... Le pregunté sintiendo que el corazón se me caía a los pies de puro terror.
— ¿Quiénes van a ser, trola? Invité a tus viejos, para agradecerles supuestamente por lo mucho que cuidan al nene. Me soltó él con una carcajada burlona.
— ¡No, por favor te lo suplico! ¡A mis viejos no! Sabés perfectamente que intento evitar que se crucen con esto, te lo ruego, cancelalo... Le supliqué con los ojos llenos de lágrimas, arrodillándome frente a él.
— A mí no me rompas las pelotas, ya les avisé y están viniendo. Así que cerrá el orto y haceme caso en todo. Me gritó el hdp, dándome una patada leve en el hombro.
Cuando escuché el timbre, el terror me paralizó. Me había querido poner un vestido más o menos "normal", largo y cerrado, para que mis papás no sospecharan nada, pero Braian me había agarrado de los pelos, me había arrancado la ropa y me había obligado a ponerme un vestido de tubo hiper apretado, cortísimo y súper escotado que marcaba cada curva de mi cuerpo hiperfeminizado.
— Ponete ese vestido de puta que te compré, o te rompo la cabeza a sopapos, ¿entendiste? Me había ordenado furioso.
Al abrir la puerta, mis padres entraron cargando al nene. Apenas mi papá me vio parada en el recibidor con ese trapo diminuto y vulgar, se le cambió la cara por completo.
— ¿¡Se puede saber qué clase de ropa es esa, Alejandra!? ¿Cómo te vas a vestir así en tu propia casa, con tu hijo adelante? Me retó mi papá con la voz dura, indignado y avergonzado.
Agaché la cabeza de inmediato, sintiendo las lágrimas de humillación quemándome las mejillas, con el alma rota sabiendo que ni siquiera con el vestido más "decente" que encontré me salvaba de los gritos.
— P-papá, perdón... es que... Tartamudeé sin saber qué mentira inventar, mientras Braian aparecía por el pasillo con una sonrisa cínica, abrazando a mi papá por la espalda como si fuera el yerno perfecto.
— ¡Hola, suegro querido! No le diga nada a la piba, que a mí me encanta cómo se viste para recibirme. Dijo Braian con doble sentido, guiñándome un ojo con malicia.
Mientras mi mamá se iba a la cocina con el bebé en brazos y mi papá se sentaba en el living charlando con el maldito, Braian me hizo señas con la cabeza hacia la cocina. Tuve que arrastrarme por el suelo y meterme abajo de la mesada, de rodillas, justo a los pies de donde ellos conversaban.
— Che, suegro, sírvase otro trago, mire que acá la nata de la casa siempre sabe cómo atender bien a los invitados. Dijo Braian con una sonrisa cínica, mientras le servía el fernet a mi papá a solo un par de metros de distancia.
Con las manos temblando de pánico y la vergüenza golpeándome el pecho, me bajé el cierre del pantalón al maldito y saqué su verga gorda y sudada. El olor fuerte y rancio me pegó en la cara, pero no me quedó otra que abrir la boca y metérmela hasta el fondo.
— Mmmgh... mmmf... Empecé a chupársela bajo la mesada, intentando no hacer ruido mientras las voces de mi papá y mi bully resonaban justo arriba de mi cabeza.
— Y sí, Braian, esta piba siempre fue medio desobediente, hay que tenerla cortita y hacerle entender cómo son las cosas. Comentaba mi papá muy tranquilo, sin tener la más mínima idea de que su hija estaba arrodillada tragándose la leche de su propio abusador a centímetros suyos.
— Quedese tranquilo, suegro, que yo me encargo personalmente de educarla todos los días y de alimentarla todo lo que se merece. Le respondió Braian con una carcajada cínica, mientras me clavaba las manos en la nuca y me embestía la boca con su verga sudada, obligándome a mamársela con desesperación mientras mis propios padres hablaban a medio metro de mi humillación absoluta.

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Había dejado a nuestro hijo temprano en la casa de mis padres, respirando aliviada por un rato al saber que el nene estaría a salvo de este infierno. Pero sabía perfectamente lo que me esperaba al volver a casa. Braian iba a caer hoy peor que nunca: super borracho, caliente, enojado, gritón y con esa soberbia machista que me daba náuseas.
Cuando entró pateando la puerta, ya nos habíamos desnudado por completo en el medio del living. Él se tiró pesado en el sillón, con la verga dura, transpirado y apestando a alcohol, exigiéndome que me pusiera de rodillas para atenderlo como la prostituta barata que me obligaba a ser por un peso la cogida. Estábamos en plena faena cuando de repente empezó a sonar mi celular tirado en la mesa ratonera.
Miré la pantalla y vi que era mi papá.
— H-hola, papá... Dije tartamudeando y temblando, intentando recuperar el aliento mientras tenía los testículos de Braian rozándome la boca.
— ¡Hola, hija! ¿Cómo estás? ¿El nene ya se durmió bien? Me preguntó la voz de mi viejo desde el parlante, notando algo raro en mi tono cortado.
Antes de que pudiera inventar otra excusa para cortar, el muy hijo de puta de Braian se dio cuenta de quién era. Con una mueca de sadismo puro, me manoteó con fuerza del pelo y me tiró la cabeza hacia atrás con un violento tirón.
— ¡¡¡AAAGH! ¡P-papá...!? Grité del dolor, soltando un alarido desgarrador que retumbó en la llamada.
— ¡¿Qué pasa, hija!? ¡¿Quién grita así!? ¡¿Estás bien?! Se escuchó la voz de mi papá alterada y asustada al otro lado de la línea.
Sin soltarme el pelo, Braian me arrebató el celular de las manos con una sonrisa macabra y, con la otra mano, me empujó la cabeza con furia hacia abajo, obligándome a meterme sus 23 centímetros enteros de golpe en la garganta.
— ¡Mmmph... mmmgh...! Me ahogué de inmediato, sintiendo cómo su verga caliente me raspaba las paredes de la tráquea mientras el alcohol y el sudor me inundaban la boca.
— Escuchame bien, viejo de mierda, acá la que grita es tu hija que la tengo de rodillas tragándose mi leche, ¿querés enterarte de verdad cómo vive la princesita? Le largó Braian al teléfono con una voz burlona, fría y llena de desprecio, mientras me mantenía la cabeza trabada contra su entrepierna.
— ¡¿Quién sos vos, imbécil!? ¡¿Qué le estás haciendo a mi hija?! ¡Pasámela con el teléfono ya mismo! Le gritó mi papá enfurecido desde el altavoz.
— ¿Querés saber lo que le hago? Tranquilo que te lo cuento todo detallado, viejo alcahuete. Mirá, tu hijita es mi puta personal: me la cojo todos los días, le rompo el culo y la vagina hasta que no puede más, y le pago un mísero peso por cada cogida. Le dijo Braian sin ningún filtro, mientras me bombeaba la cabeza con violencia.
— ¡No... papá, cortale, por favor... no le creas... hurgué entre sus embestidas, ahogándome con su semen y mis propias lágrimas.
— ¡Callate la boca, trola! ¡Que tu viejo escuche la clase de basura que parió! Me gritó Braian, dándome un cachetazo seco en la mejilla antes de volver a hablarle a mi papá.
— ¿Te pensás que eso es todo? Le abrí un OnlyFans para hacer porno hardcore, la grabo chupándomela sucia de sudor, la hago gastarse lo poco que gana comprándome lencería diminuta, y yo me quedo con el 99% de los ingresos mientras ella me ruega por monedas. Se reía el hijo de puta, disfrutando de la desesperación absoluta de mi padre.
— ¡Estás enfermo, hijo de mil puta! ¡Dejámela en paz o te juro que voy para allá y te mato, basurero! Le rugía mi papá a los gritos, completamente fuera de sí por la bronca y la impotencia.
— Vení cuando quieras, viejo de mierda, pero vas a encontrar a tu hija con la concha bien reventada y llena de mi leche, porque ahora mismo me voy a vaciar adentro de su garganta mientras te sigo hablando. Le retrucó Braian con una maldad infinita.
— ¡Papá, cortá por favor, te lo suplico... no vengas...! Grité ahogada, con la verga latiéndome en la boca a punto de eyacular.
— ¡Callate, puta! Mirá, viejo de cabotaje, te cuelgo porque tu hija se está tragando todo mi chorro ahora mismo, y te aviso: si volvés a llamar o te hacés el loco, con tu puta hija voy a ser todavía peor, ¿o querés que le haga otro pibe más y la deje de rehén para siempre? Le soltó Braian con una frialdad macabra.
*¡Clic!*
Cortó la llamada de golpe y arrojó el celular sobre la cama. Al instante, me apretó con tanta fuerza de la nuca que me vació litros de semen espeso y hirviente directo en el fondo de la garganta, obligándome a tragarme hasta la última gota mientras yo tosía y lloraba sin consuelo.
— ¡¿Viste lo que hiciste, pedazo de inútil?! ¡Ahora por culpa de tu viejo me calenté todavía más! Me gritó Braian, sacándome la verga de la boca de un tirón.
— ¡Yo no hice nada, vos atendiste y le dijiste todas esas porquerías! Le reclamé entre sollozos, con la cara empapada y la respiración cortada.
— ¡A mí no me levantes la voz, perra de mierda! ¿Te pensás que me importa lo que piense tu viejo? ¡A partir de ahora te voy a tratar todavía peor, te voy a coger más duro y te voy a dejar más destrozada de lo que ya estás! Me bramó a los gritos, empujándome con furia contra el colchón.
— ¡Sos un monstruo... mi papá me odiará, pero aun así me defendió... y vos sos un maldito infeliz! Le grité con el corazón destrozado, sintiendo que había perdido el único hilo de dignidad que me quedaba con mi familia.
— ¡Que tu viejo se pudra y que vos te tragues tu miseria! ¡Ahora ponete en cuatro, date vuelta y aguantá, porque por hacerte la viva conmigo hoy te voy a romper el orto hasta que te desmayes! Me ordenó mi bully, dándome una nalgada brutal que me dejó la piel ardiente, obligándome a someterme una vez más bajo su ley de mierda.
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