El día de diciembre era brillante y blanco. Muy por debajo de miavión, las montañas nevadas se alzaban escarpadas desde las vastas llanuras. Lanieve era una novedad para mí. Me acaricié distraídamente la barriga redonda através del vestido. Jugar en el frío de Colorado no era la razón por la quehabía viajado alrededor del mundo. Estaba emocionada porque pronto vería a mihijo. Podía imaginar la sonrisa en su rostro y... la erección en suspantalones. Por fin podría compartir con él la noticia de que la semilla quehabía plantado estaba creciendo. Le sonreí a la mujer del asiento de al lado.Sus ojos seguían fijos en mi hiyab, como si representara una especie de amenazapara ella. Obviamente me juzgaba por lo superficial. ¿Qué pensaría si supieralo que había debajo? Probablemente se desmayaría si le mencionara casualmenteque llevaba a mi propio nieto en mi vientre. Casi me reí al imaginar laexpresión de horror de aquella bella señora. Casi valía la pena contárselo solopara ver su reacción.

Faaris se había ofrecido a recogerme en el aeropuerto. Pero no teníacoche, y una madre no debería molestar demasiado a su hijo cuando lo visita enla universidad. Así que recogí mi maleta, encontré un taxi y llegué a sudirección. Pasé junto a una joven muy guapa en el recibidor de su departamento.Su sonrisa parecía sincera, lo cual fue agradable. Le devolví la sonrisa. Llaméa la puerta de mi hijo y esperé, con los nervios a flor de piel.
La puerta se abrió de golpe y allí estaba mi hermoso Faaris."Deberías haber llamado desde la calle, yo habría..." Se detuvo y sequedó mirando cuando notó mi barriga. "¡Estoy encantado!" Me dio unfuerte abrazo. "Te quiero."
"Yo también te amo, Faaris." Sentí la emoción de un colibrímientras lo abrazaba. Había un leve aroma a tierra en él. ¿Era sexo lo que olí?

"Entrá, entrá." Me soltó, recogió mi maleta y miró por elpasillo.
"¿Qué buscás?" Miré también por el pasillo, preguntándome siestaría buscando a esa mujer con la que me había cruzado. ¿Había visto a sunovia?
"Me estoy asegurando de que no hayas traído a papá." Faarisse rió. "No veo al viejo."
"Lo dejé en casa, pequeño diablo." Me reí con él y entré ensu departamento. Era una decoración espartana. El espacio era pequeño. Losmuebles parecían haber visto mejores tiempos. Me sonrojé al ver los posters enlas paredes.
Jamás permitiría semejante indecencia en mi casa. Pero no estábamos enmi casa, me recordé a mí misma. "Mostrame la habitación de invitados. Meinstalaré."
"Lo haré, pero primero..." Cayó dramáticamente de rodillas yme besó el vientre a través del vestido. "Decime, mamá, ¿es mío?"
"Es tuyo o de tu padre." Le dediqué una sonrisa irónica y lolevanté. "Lo sabés."
"Pero tenés que admitir que las probabilidades están a mifavor." Me besó en los labios. Estaba lleno de pasión y excitación. Alprincipio fui cautelosa, dejando que su lengua reclamara el territorio antiguo.Después de un minuto, mi lengua se encontró con la suya y jugamos, mi anheloreprimido se cumplió de repente. La forma en que me agarró el culo me mojó aúnmás de lo que ya estaba. Su deseo era tan evidente. Después de un rato,rompimos el beso.
"Lo... admito. Las probabilidades favorecen... al joven...fuerte", jadeé
"¿Cómo es que estás aún más hermosa que cuando te dejé?" Mequitó suavemente el hiyab y me dio una palmada en el culo. "Querías ver lahabitación de invitados. Por acá, mamá."
"Gracias, Faaris." Lo seguí a una habitación con una camasin hacer, ropa en el suelo y más posters indecentes en la pared. Claramenteera su dormitorio. "Muy gracioso, pequeño diablo. Ahora enséñame dónde mequedaré."

"Te lo estoy enseñando, mamá. Dormirás conmigo durante lasemana." Su sonrisa era amplia y descarada, incluso cuando tenía motivosde sobra para lo contrario.
"Oh, Dios mío." Mis rodillas flaquearon. Sus manos estabanpor todas partes sobre mí otra vez. Luché dócilmente contra él mientraslevantaba mi vestido. "No... todavía no... Estoy sucia por mi vuelo. Esperá...um... mmmmmm." Ronroneé cuando me chupó el cuello y me mordisqueó laoreja. "Esperá... necesito estirarme... por el bien del bebé." Queríaverlo y sentirme cómoda con él antes de darle todo. Pero él tenía otras cosasen mente.
"Te voy a estirar." Me quitó el vestido y me bajó la ropainterior. "Acá, así..." Me sentó en la cama y me estiró suavemente lapierna derecha, cruzándola sobre la izquierda, de modo que quedé un pocotorcida. Me dio otra palmada en el culo desnudo con gusto; creo que le gustabacómo se veía estirado. El corpiño era la última prenda que llevaba puesta. Peroél seguía completamente vestido.
"Vamos. Desndate y metela." Mi pecho subía y bajaba, misojos fijos en los suyos.
"Sos tan... hermosa... como una rosa en plena floración."Faaris se bajó los pantalones y la ropa interior, y metió la cabeza de su vergaen mi vagina. Solo había tenido la de su padre adentro durante meses, e inclusoeso era algo raro. Apreté los dientes. Su tamaño acabaría devolviendo a mivagina sus dimensiones de verano. Pero en ese momento, estaba demasiadoapretada para él.
"Despacio... ugh... despacio..." Todavía tenía mi piernaderecha estirada sobre la izquierda. La posición podría haberme apretado aúnmás. No se inmutó y lentamente presionó sus caderas contra mí.

"Sos... mía... mamá." Tocó fondo, se echó hacia atrás y selanzó hacia adelante. Grité con fuerza. Me pregunté qué tan gruesas serían lasparedes de su departamento. No me gustaba pensar que alguien me estuvieraescuchando aullar. Pero aullé de todos modos mientras sus caderas seaceleraban. "Sos... mía", dijo con más fuerza.
"Yo... eh... eh... estoy feliz de estar con vos... ugh... en esteextraño lugar." Pude ver por la expresión de su rostro que no había dicholo correcto.
"Decime que... ugh... sos... eh... eh... mía." Nunca lohabía visto tan alterado. Los últimos meses sin su madre debieron haber sidoduros para él. "Decime..."
"Soy... tuya..." Mis piernas temblaron. Un orgasmo masivo seformó dentro de mí.
"No... de papá... solo... mía."
"También soy... de tu padre. Nosotros... ugh, estamoscasados." Que quisiera a su madre solo para él me hizo perder el control.Grité mi orgasmo.
Me penetró durante más de una hora antes de eyacular. El tema de supadre no volvió a surgir. Más tarde, nos quedamos desnudos y felices sobre sussábanas arrugadas. Tendría que hacerle la cama después de esto. Me preguntécuál sería la situación de la ropa sucia. Una gran felicidad me recorriómientras miraba la pared. "¿Por qué tenés que tener esas cosas colgadas dela pared?”.

Faaris se rió, lamió mi pecho y siguió mi mirada. "Sin esosposters, no estarías acá tumbada con mi bebé adentro tuyo."
"Oh." Puse mi mano sobre mi vientre y él puso la suya también.No sabía a qué se refería, así que simplemente lo dejé pasar. Estaba cansadadel vuelo. Con su calor a mi lado, cerré los ojos y me quedé dormida.
El tentador aroma a ajo y cebolla salteados me despertó. Mi hijo sehabía ido de nuestra cama. Me levanté, fui a su sucio baño y me lavé la cara.No podía creer que la mujer modesta que me miraba en el espejo empañado hubieraviajado por el mundo para entregarse a su hijo. Volví al dormitorio y me puse unbuzo. Sin bombacha ni ninguna otra cosa, y fui a buscarlo a la cocina.
“¿Desde cuándo cocinas, Faaris?”. Me detuve a su lado y lo abracé porla cintura. Lo apreté con fuerza, saboreando su fuerza y presencia.
“Estás en mi casa, mamá”. Me besó en la mejilla. “Te cuidaré bien”.
"Tu novia te enseñó a cocinar, ¿verdad?" Lo apreté de nuevo,pero no respondió. Tal vez estaba nervioso por molestarme. Ya habíamosdiscutido antes sobre que él estuviera con mujeres antes del matrimonio."Bueno, huele de maravilla." Lo besé en la mejilla. "Voy aempezar a ordenar por acá." Mientras él preparaba la cena, limpié un pocosu departamento. Noté que me miraba cuando me agaché, así que empecé a hacer unespectáculo. Me subía un poco el buzo y movía el culo en su dirección. ¡Quéhambre tenía en los ojos!
Cuando la cena estuvo lista, pusimos la mesa juntos y comimos,sonriéndonos entre bocado y bocado. Después, recogimos la mesa. Antes de quepudiéramos terminar, me inclinó sobre ella y me tomó por detrás. Me preocupabaque alguien pudiera vernos por la ventana, pero me aseguró que la gente no podíaver desde la calle.

No estoy segura de cuántos orgasmos tuve esa noche, pero estoybastante segura de que Faaris tuvo tres. Cuatro si cuento el de antes de lacena. Estaba agotada al día siguiente. Todavía estaba en la cama cuando Faarisme besó para despedirse, me dio una llave del departamento y me dijo que teníaclase hasta las tres. Finalmente, me desperté y me duché. Como pueden imaginar,estaba increíblemente dolorida. Sentía las piernas arqueadas mientras caminabapor su departamento, desayunaba y me vestía.
No tenía mucho que hacer allí adentro todo el día, y no tenía ganas delimpiar. Así que tomé la llave y salí. Supongo que los edificios son muyparecidos en todas partes, y mi cuerpo estaba demasiado dolorido para una largacaminata. Encontré una cafetería, pedí un té y observé a la gente durantehoras. Había tantas mujeres con la cabeza descubierta. Me sentí tan fuera delugar observándolas a todas. Ahora podía ver cómo la omnipresencia de lacultura de otra nación podría haber afectado a Faaris. Aunque, por supuesto, yonunca sería una mujer como ellas.

Alrededor de las dos y media, Faaris me envió un mensaje de texto paraque nos viéramos en la universidad. A pesar de ser un lugar público, no moderómucho su saludo cuando lo vi. Me levantó del suelo en un gran abrazo, me diouna vuelta y me besó en la mejilla. Le di un suave golpe en la espalda y lepedí que me bajara. Salimos de la universidad para ir de compras a unos grandesalmacenes.
"Oh, mamá, te verías deslumbrante con este vestido." Faarissacó un vestido muy inmodesto del perchero y me lo puso en el pecho.
Miré alrededor de la tienda, pensando que estaba armando un escándalo,pero nadie nos prestó atención. "Nunca podría usar eso", le susurré.Era sin mangas y mostraría mi escote.
"Tal vez no en público, no. ¿Pero qué tal si te compro algo deropa para usar en mi departamento?" Me apretó el vestido, sintiendo mis tetasal mismo tiempo.
"Tu papá nunca lo permitiría."

Faaris se rió. "Escuchate, mamá. Mi profesor diría que estásoperando bajo un paradigma fallido."
"¿Qué sabe tu profesor de mí?" De repente me preocupébastante de que hubiera estado hablando de más.
"Nada, nada. Estaba bromeando." Faaris me dio la vuelta y meempujó hacia atrás, guiándome hacia los vestuarios. "Tengo que verte conesto puesto. Si no pareces un ángel, me decepcionaré."
"De acuerdo." Pensé que entraría sola al vestuario, pero meseñaló que no podría verme con el vestido, ya que no lo usaría en público. Asíque entramos juntos. Una vez que me quité el vestido, lo sorprendí mirándomefijamente. "¿Qué?" Todavía estaba en corpiño y bombacha. "Ya lo vistetodo."
"Puede que sí, pero te ves tan exquisita que es como ver miprimer atardecer carmesí, o mi primera amapola que se abre. Tu vientre estámaduro. Y tus pechos crecen para nuestro hijo. Temo que tu belleza mequeme." Me agarró el culo y me atrajo hacia él.
"Dejame probarme tu vestido indecente y podemos irnos a casa. Temostraré todo mi esplendor en privado", susurré.
"No puedo esperar". Me dio la vuelta y me acorraló contra lapared del vestidor.
"Esperá, Faaris". Sentí que apartaba mi bombacha."Esperá... maldición... esperá... acá no... no... ooooooohhhhhhhhh".Entró más fácilmente que el día anterior, pero me dolía bastante. Necesité unpoco de bombeo antes de que el dolor desapareciera. "No podemos...hacerlo... acá. Oh... Dios". Rápidamente cambié de opinión. La vergainvasora de mi hijo me convenció de que ese lugar era lo suficientementeprivado.
"Tu culo... está más redondo que antes... ugh... ugh..."Intentaba ser silencioso, pero sus gruñidos no eran discretos.
"Es tuyo... Faaris". Lo empujé. "Mientras esté acá...es tuyo".

“¿Disculpe?”. Una voz femenina provino de fuera de nuestro vestidor. “Puedooírlos ahí dentro”.
“Lo siento”. Faaris rió, pero no paró. “Estoy ayudando a mi madre a ponerse unvestido”.
“Los hombres son unos cerdos”, dijo la mujer, y su voz se fue desvaneciendomientras se alejaba.
Tenía el corazón en la garganta, pero aun así continuamos cogiendo. ¿Ysi nos atrapaban? ¿Y si esa señora informaba a la gerencia? Hice todo loposible por guardar silencio. Mi hijo eyaculó adentro mío poco después. Creoque el riesgo de ser descubiertos había avivado aún más su deseo. Curiosamente,a mí me pasó lo mismo. Con su semen adentro, me vestí rápidamente y salimos delvestidor. Bajé la mirada al suelo mientras estábamos en la tienda. Dejé queFaaris comprara el vestido antes incluso de probármelo.
La siguiente tienda a la que quería ir vendía lencería femenina. Ledije que no iría con él a un lugar así. Dijo que estaba bien, que no tardaríamás de diez minutos. Lo esperé fuera de la tienda, dejando escapar lentamentesemen en mi bombacha. Regresó dentro del tiempo prometido, cargando una bolsagrande. Mis mejillas se sonrojaron aún más que antes. ¿Qué tenía planeado paranosotros en su departamento?

Pronto lo descubrí. Apenas habíamos entrado por la puerta cuando medijo que me cambiara.
"Te invitaré a la cita que te merecés." Faaris me sonrió.
"No puedo salir vestida así." Levanté las bolsas.
"Lo sé." Agitó la mano y se dirigió a la cocina."Prepararé una buena cena y cenaremos acá, a la luz de las velas."
Hice lo que me pidió y me puse la lencería. Nunca había soñado conusar cosas tan vulgares. Me puse el vestido escaso y me uní a él en la cocina.Tuvo la osadía de ofrecerme vino. Por supuesto, lo rechacé. Me sorprendió verlobeber.
La comida fue maravillosa. Por supuesto, me colmó de elogios ycumplidos exagerados durante toda la comida. Después de terminar, me levantépara recoger la mesa.
"Dejé la mesa. Lo haré después." Faaris también se levantó ypuso música lenta. "Por ahora, no quiero nada más que bailar con la rosamás hermosa de Colorado." Me atrajo hacia él, sujetándome con fuerza porlas nalgas. Balanceamos nuestras caderas lentamente, juntos.
"Aunque estamos en tu departamento, me siento muy elegante. Comouna estrella de Hollywood." Dejé que me quitara el vestido. Bailé con laropa interior que me había comprado.
"Sos demasiado hermosa para Hollywood." Tiró de la gomaelástica de mi bombacha de encaje y las dejó volver a su sitio en mi culo.
"Oh, Faaris. A veces sos demasiado..." Me sorprendió cuandome apartó.
"Una noche como esta requiere algo especial." Me dejó ennuestra pista de baile imaginaria y desapareció en su habitación. Cuandoregresó, estaba desnudo, sosteniendo una botella que pude identificar comolubricante. Y así fue como me encontré recostada en su sofá a la luz de lasvelas, recibiendo su enorme verga en mi culo. No podría haber sido más feliz.

El resto de mi viaje transcurrió de forma muy similar. Me mantuvoconfinada en su departamento la mayor parte del tiempo. Estuve entrando ysaliendo de lencería toda la semana. Para cuando invitó a una chica a cenar,estaba tan excitada por todo el sexo que no pude hacer más que sonreír yasentir a la amable mujer. ¡Si tan solo hubiera sabido lo que llevaba puestodebajo de mi vestido conservador, y lo que se me escapaba del ano!
El momento de separarnos llegó demasiado rápido. Empaqué mis maletas,dejando atrás la lencería y el vestido corto.
"Podrías quedarte acá, mamá. No necesitaría a estas chicas occidentalessi estuvieras disponible para los descansos de estudio." Empezó adesempacar mi maleta.
"Pará, Faaris." Le di un golpecito juguetón en las manos."Sabés que no puedo quedarme. Pero a donde quiera que vaya, una parte devos va conmigo." Me froté el vientre, volví a empacar la maleta y lacerré. "Llamaré a un taxi."
"Le pedí prestado un auto a un amigo. Te llevaré. No pudesoportar separarme hasta el último minuto." Sonrió y me dio una palmaditaen el culo.
Y así fue como terminé dándole a mi hijo sexo oral que me absorbió elalma en el estacionamiento cerca del aeropuerto. Recé para que nadie se dieracuenta.

Cuando llegó al clímax, me tragué hasta la última gota de su semen yme incorporé en mi asiento. No había nadie alrededor. "¿Listo, ya estásmejor?" Me ajusté el hiyab y me limpié la boca con un pañuelo de papel demi bolso.
"Mucho... mejor." Faaris jadeaba como si acabara de correruna maratón. Guardó su verga y sacó el auto del estacionamiento
"Prometeme que vendrás a visitarme en las vacaciones deprimavera.", dijo y le di una palmadita maternal en el muslo.
"Ni mil caballos salvajes podrían evitarlo.", respondí. Sedetuvo junto a la acera en la terminal de salidas.
"Adiós, Faaris." Le di un casto beso en la mejilla. "Portatebien." Salí del coche.
"Lo haré." Se rió, salió del coche y me ayudó con la maleta.También se las arregló para darme un buen apretón en el culo, el pequeñodiablo.
Nos despedimos. Lo vi subirse de nuevo al coche y marcharse.Suspirando, me di la vuelta y entré en la terminal, de regreso a una vidaaburrida. Deseando lo más pronto posible que la primavera llegara.
FIN

Faaris se había ofrecido a recogerme en el aeropuerto. Pero no teníacoche, y una madre no debería molestar demasiado a su hijo cuando lo visita enla universidad. Así que recogí mi maleta, encontré un taxi y llegué a sudirección. Pasé junto a una joven muy guapa en el recibidor de su departamento.Su sonrisa parecía sincera, lo cual fue agradable. Le devolví la sonrisa. Llaméa la puerta de mi hijo y esperé, con los nervios a flor de piel.
La puerta se abrió de golpe y allí estaba mi hermoso Faaris."Deberías haber llamado desde la calle, yo habría..." Se detuvo y sequedó mirando cuando notó mi barriga. "¡Estoy encantado!" Me dio unfuerte abrazo. "Te quiero."
"Yo también te amo, Faaris." Sentí la emoción de un colibrímientras lo abrazaba. Había un leve aroma a tierra en él. ¿Era sexo lo que olí?

"Entrá, entrá." Me soltó, recogió mi maleta y miró por elpasillo.
"¿Qué buscás?" Miré también por el pasillo, preguntándome siestaría buscando a esa mujer con la que me había cruzado. ¿Había visto a sunovia?
"Me estoy asegurando de que no hayas traído a papá." Faarisse rió. "No veo al viejo."
"Lo dejé en casa, pequeño diablo." Me reí con él y entré ensu departamento. Era una decoración espartana. El espacio era pequeño. Losmuebles parecían haber visto mejores tiempos. Me sonrojé al ver los posters enlas paredes.
Jamás permitiría semejante indecencia en mi casa. Pero no estábamos enmi casa, me recordé a mí misma. "Mostrame la habitación de invitados. Meinstalaré."
"Lo haré, pero primero..." Cayó dramáticamente de rodillas yme besó el vientre a través del vestido. "Decime, mamá, ¿es mío?"
"Es tuyo o de tu padre." Le dediqué una sonrisa irónica y lolevanté. "Lo sabés."
"Pero tenés que admitir que las probabilidades están a mifavor." Me besó en los labios. Estaba lleno de pasión y excitación. Alprincipio fui cautelosa, dejando que su lengua reclamara el territorio antiguo.Después de un minuto, mi lengua se encontró con la suya y jugamos, mi anheloreprimido se cumplió de repente. La forma en que me agarró el culo me mojó aúnmás de lo que ya estaba. Su deseo era tan evidente. Después de un rato,rompimos el beso.
"Lo... admito. Las probabilidades favorecen... al joven...fuerte", jadeé
"¿Cómo es que estás aún más hermosa que cuando te dejé?" Mequitó suavemente el hiyab y me dio una palmada en el culo. "Querías ver lahabitación de invitados. Por acá, mamá."
"Gracias, Faaris." Lo seguí a una habitación con una camasin hacer, ropa en el suelo y más posters indecentes en la pared. Claramenteera su dormitorio. "Muy gracioso, pequeño diablo. Ahora enséñame dónde mequedaré."

"Te lo estoy enseñando, mamá. Dormirás conmigo durante lasemana." Su sonrisa era amplia y descarada, incluso cuando tenía motivosde sobra para lo contrario.
"Oh, Dios mío." Mis rodillas flaquearon. Sus manos estabanpor todas partes sobre mí otra vez. Luché dócilmente contra él mientraslevantaba mi vestido. "No... todavía no... Estoy sucia por mi vuelo. Esperá...um... mmmmmm." Ronroneé cuando me chupó el cuello y me mordisqueó laoreja. "Esperá... necesito estirarme... por el bien del bebé." Queríaverlo y sentirme cómoda con él antes de darle todo. Pero él tenía otras cosasen mente.
"Te voy a estirar." Me quitó el vestido y me bajó la ropainterior. "Acá, así..." Me sentó en la cama y me estiró suavemente lapierna derecha, cruzándola sobre la izquierda, de modo que quedé un pocotorcida. Me dio otra palmada en el culo desnudo con gusto; creo que le gustabacómo se veía estirado. El corpiño era la última prenda que llevaba puesta. Peroél seguía completamente vestido.
"Vamos. Desndate y metela." Mi pecho subía y bajaba, misojos fijos en los suyos.
"Sos tan... hermosa... como una rosa en plena floración."Faaris se bajó los pantalones y la ropa interior, y metió la cabeza de su vergaen mi vagina. Solo había tenido la de su padre adentro durante meses, e inclusoeso era algo raro. Apreté los dientes. Su tamaño acabaría devolviendo a mivagina sus dimensiones de verano. Pero en ese momento, estaba demasiadoapretada para él.
"Despacio... ugh... despacio..." Todavía tenía mi piernaderecha estirada sobre la izquierda. La posición podría haberme apretado aúnmás. No se inmutó y lentamente presionó sus caderas contra mí.

"Sos... mía... mamá." Tocó fondo, se echó hacia atrás y selanzó hacia adelante. Grité con fuerza. Me pregunté qué tan gruesas serían lasparedes de su departamento. No me gustaba pensar que alguien me estuvieraescuchando aullar. Pero aullé de todos modos mientras sus caderas seaceleraban. "Sos... mía", dijo con más fuerza.
"Yo... eh... eh... estoy feliz de estar con vos... ugh... en esteextraño lugar." Pude ver por la expresión de su rostro que no había dicholo correcto.
"Decime que... ugh... sos... eh... eh... mía." Nunca lohabía visto tan alterado. Los últimos meses sin su madre debieron haber sidoduros para él. "Decime..."
"Soy... tuya..." Mis piernas temblaron. Un orgasmo masivo seformó dentro de mí.
"No... de papá... solo... mía."
"También soy... de tu padre. Nosotros... ugh, estamoscasados." Que quisiera a su madre solo para él me hizo perder el control.Grité mi orgasmo.
Me penetró durante más de una hora antes de eyacular. El tema de supadre no volvió a surgir. Más tarde, nos quedamos desnudos y felices sobre sussábanas arrugadas. Tendría que hacerle la cama después de esto. Me preguntécuál sería la situación de la ropa sucia. Una gran felicidad me recorriómientras miraba la pared. "¿Por qué tenés que tener esas cosas colgadas dela pared?”.

Faaris se rió, lamió mi pecho y siguió mi mirada. "Sin esosposters, no estarías acá tumbada con mi bebé adentro tuyo."
"Oh." Puse mi mano sobre mi vientre y él puso la suya también.No sabía a qué se refería, así que simplemente lo dejé pasar. Estaba cansadadel vuelo. Con su calor a mi lado, cerré los ojos y me quedé dormida.
El tentador aroma a ajo y cebolla salteados me despertó. Mi hijo sehabía ido de nuestra cama. Me levanté, fui a su sucio baño y me lavé la cara.No podía creer que la mujer modesta que me miraba en el espejo empañado hubieraviajado por el mundo para entregarse a su hijo. Volví al dormitorio y me puse unbuzo. Sin bombacha ni ninguna otra cosa, y fui a buscarlo a la cocina.
“¿Desde cuándo cocinas, Faaris?”. Me detuve a su lado y lo abracé porla cintura. Lo apreté con fuerza, saboreando su fuerza y presencia.
“Estás en mi casa, mamá”. Me besó en la mejilla. “Te cuidaré bien”.
"Tu novia te enseñó a cocinar, ¿verdad?" Lo apreté de nuevo,pero no respondió. Tal vez estaba nervioso por molestarme. Ya habíamosdiscutido antes sobre que él estuviera con mujeres antes del matrimonio."Bueno, huele de maravilla." Lo besé en la mejilla. "Voy aempezar a ordenar por acá." Mientras él preparaba la cena, limpié un pocosu departamento. Noté que me miraba cuando me agaché, así que empecé a hacer unespectáculo. Me subía un poco el buzo y movía el culo en su dirección. ¡Quéhambre tenía en los ojos!
Cuando la cena estuvo lista, pusimos la mesa juntos y comimos,sonriéndonos entre bocado y bocado. Después, recogimos la mesa. Antes de quepudiéramos terminar, me inclinó sobre ella y me tomó por detrás. Me preocupabaque alguien pudiera vernos por la ventana, pero me aseguró que la gente no podíaver desde la calle.

No estoy segura de cuántos orgasmos tuve esa noche, pero estoybastante segura de que Faaris tuvo tres. Cuatro si cuento el de antes de lacena. Estaba agotada al día siguiente. Todavía estaba en la cama cuando Faarisme besó para despedirse, me dio una llave del departamento y me dijo que teníaclase hasta las tres. Finalmente, me desperté y me duché. Como pueden imaginar,estaba increíblemente dolorida. Sentía las piernas arqueadas mientras caminabapor su departamento, desayunaba y me vestía.
No tenía mucho que hacer allí adentro todo el día, y no tenía ganas delimpiar. Así que tomé la llave y salí. Supongo que los edificios son muyparecidos en todas partes, y mi cuerpo estaba demasiado dolorido para una largacaminata. Encontré una cafetería, pedí un té y observé a la gente durantehoras. Había tantas mujeres con la cabeza descubierta. Me sentí tan fuera delugar observándolas a todas. Ahora podía ver cómo la omnipresencia de lacultura de otra nación podría haber afectado a Faaris. Aunque, por supuesto, yonunca sería una mujer como ellas.

Alrededor de las dos y media, Faaris me envió un mensaje de texto paraque nos viéramos en la universidad. A pesar de ser un lugar público, no moderómucho su saludo cuando lo vi. Me levantó del suelo en un gran abrazo, me diouna vuelta y me besó en la mejilla. Le di un suave golpe en la espalda y lepedí que me bajara. Salimos de la universidad para ir de compras a unos grandesalmacenes.
"Oh, mamá, te verías deslumbrante con este vestido." Faarissacó un vestido muy inmodesto del perchero y me lo puso en el pecho.
Miré alrededor de la tienda, pensando que estaba armando un escándalo,pero nadie nos prestó atención. "Nunca podría usar eso", le susurré.Era sin mangas y mostraría mi escote.
"Tal vez no en público, no. ¿Pero qué tal si te compro algo deropa para usar en mi departamento?" Me apretó el vestido, sintiendo mis tetasal mismo tiempo.
"Tu papá nunca lo permitiría."

Faaris se rió. "Escuchate, mamá. Mi profesor diría que estásoperando bajo un paradigma fallido."
"¿Qué sabe tu profesor de mí?" De repente me preocupébastante de que hubiera estado hablando de más.
"Nada, nada. Estaba bromeando." Faaris me dio la vuelta y meempujó hacia atrás, guiándome hacia los vestuarios. "Tengo que verte conesto puesto. Si no pareces un ángel, me decepcionaré."
"De acuerdo." Pensé que entraría sola al vestuario, pero meseñaló que no podría verme con el vestido, ya que no lo usaría en público. Asíque entramos juntos. Una vez que me quité el vestido, lo sorprendí mirándomefijamente. "¿Qué?" Todavía estaba en corpiño y bombacha. "Ya lo vistetodo."
"Puede que sí, pero te ves tan exquisita que es como ver miprimer atardecer carmesí, o mi primera amapola que se abre. Tu vientre estámaduro. Y tus pechos crecen para nuestro hijo. Temo que tu belleza mequeme." Me agarró el culo y me atrajo hacia él.
"Dejame probarme tu vestido indecente y podemos irnos a casa. Temostraré todo mi esplendor en privado", susurré.
"No puedo esperar". Me dio la vuelta y me acorraló contra lapared del vestidor.
"Esperá, Faaris". Sentí que apartaba mi bombacha."Esperá... maldición... esperá... acá no... no... ooooooohhhhhhhhh".Entró más fácilmente que el día anterior, pero me dolía bastante. Necesité unpoco de bombeo antes de que el dolor desapareciera. "No podemos...hacerlo... acá. Oh... Dios". Rápidamente cambié de opinión. La vergainvasora de mi hijo me convenció de que ese lugar era lo suficientementeprivado.
"Tu culo... está más redondo que antes... ugh... ugh..."Intentaba ser silencioso, pero sus gruñidos no eran discretos.
"Es tuyo... Faaris". Lo empujé. "Mientras esté acá...es tuyo".

“¿Disculpe?”. Una voz femenina provino de fuera de nuestro vestidor. “Puedooírlos ahí dentro”.
“Lo siento”. Faaris rió, pero no paró. “Estoy ayudando a mi madre a ponerse unvestido”.
“Los hombres son unos cerdos”, dijo la mujer, y su voz se fue desvaneciendomientras se alejaba.
Tenía el corazón en la garganta, pero aun así continuamos cogiendo. ¿Ysi nos atrapaban? ¿Y si esa señora informaba a la gerencia? Hice todo loposible por guardar silencio. Mi hijo eyaculó adentro mío poco después. Creoque el riesgo de ser descubiertos había avivado aún más su deseo. Curiosamente,a mí me pasó lo mismo. Con su semen adentro, me vestí rápidamente y salimos delvestidor. Bajé la mirada al suelo mientras estábamos en la tienda. Dejé queFaaris comprara el vestido antes incluso de probármelo.
La siguiente tienda a la que quería ir vendía lencería femenina. Ledije que no iría con él a un lugar así. Dijo que estaba bien, que no tardaríamás de diez minutos. Lo esperé fuera de la tienda, dejando escapar lentamentesemen en mi bombacha. Regresó dentro del tiempo prometido, cargando una bolsagrande. Mis mejillas se sonrojaron aún más que antes. ¿Qué tenía planeado paranosotros en su departamento?

Pronto lo descubrí. Apenas habíamos entrado por la puerta cuando medijo que me cambiara.
"Te invitaré a la cita que te merecés." Faaris me sonrió.
"No puedo salir vestida así." Levanté las bolsas.
"Lo sé." Agitó la mano y se dirigió a la cocina."Prepararé una buena cena y cenaremos acá, a la luz de las velas."
Hice lo que me pidió y me puse la lencería. Nunca había soñado conusar cosas tan vulgares. Me puse el vestido escaso y me uní a él en la cocina.Tuvo la osadía de ofrecerme vino. Por supuesto, lo rechacé. Me sorprendió verlobeber.
La comida fue maravillosa. Por supuesto, me colmó de elogios ycumplidos exagerados durante toda la comida. Después de terminar, me levantépara recoger la mesa.
"Dejé la mesa. Lo haré después." Faaris también se levantó ypuso música lenta. "Por ahora, no quiero nada más que bailar con la rosamás hermosa de Colorado." Me atrajo hacia él, sujetándome con fuerza porlas nalgas. Balanceamos nuestras caderas lentamente, juntos.
"Aunque estamos en tu departamento, me siento muy elegante. Comouna estrella de Hollywood." Dejé que me quitara el vestido. Bailé con laropa interior que me había comprado.
"Sos demasiado hermosa para Hollywood." Tiró de la gomaelástica de mi bombacha de encaje y las dejó volver a su sitio en mi culo.
"Oh, Faaris. A veces sos demasiado..." Me sorprendió cuandome apartó.
"Una noche como esta requiere algo especial." Me dejó ennuestra pista de baile imaginaria y desapareció en su habitación. Cuandoregresó, estaba desnudo, sosteniendo una botella que pude identificar comolubricante. Y así fue como me encontré recostada en su sofá a la luz de lasvelas, recibiendo su enorme verga en mi culo. No podría haber sido más feliz.

El resto de mi viaje transcurrió de forma muy similar. Me mantuvoconfinada en su departamento la mayor parte del tiempo. Estuve entrando ysaliendo de lencería toda la semana. Para cuando invitó a una chica a cenar,estaba tan excitada por todo el sexo que no pude hacer más que sonreír yasentir a la amable mujer. ¡Si tan solo hubiera sabido lo que llevaba puestodebajo de mi vestido conservador, y lo que se me escapaba del ano!
El momento de separarnos llegó demasiado rápido. Empaqué mis maletas,dejando atrás la lencería y el vestido corto.
"Podrías quedarte acá, mamá. No necesitaría a estas chicas occidentalessi estuvieras disponible para los descansos de estudio." Empezó adesempacar mi maleta.
"Pará, Faaris." Le di un golpecito juguetón en las manos."Sabés que no puedo quedarme. Pero a donde quiera que vaya, una parte devos va conmigo." Me froté el vientre, volví a empacar la maleta y lacerré. "Llamaré a un taxi."
"Le pedí prestado un auto a un amigo. Te llevaré. No pudesoportar separarme hasta el último minuto." Sonrió y me dio una palmaditaen el culo.
Y así fue como terminé dándole a mi hijo sexo oral que me absorbió elalma en el estacionamiento cerca del aeropuerto. Recé para que nadie se dieracuenta.

Cuando llegó al clímax, me tragué hasta la última gota de su semen yme incorporé en mi asiento. No había nadie alrededor. "¿Listo, ya estásmejor?" Me ajusté el hiyab y me limpié la boca con un pañuelo de papel demi bolso.
"Mucho... mejor." Faaris jadeaba como si acabara de correruna maratón. Guardó su verga y sacó el auto del estacionamiento
"Prometeme que vendrás a visitarme en las vacaciones deprimavera.", dijo y le di una palmadita maternal en el muslo.
"Ni mil caballos salvajes podrían evitarlo.", respondí. Sedetuvo junto a la acera en la terminal de salidas.
"Adiós, Faaris." Le di un casto beso en la mejilla. "Portatebien." Salí del coche.
"Lo haré." Se rió, salió del coche y me ayudó con la maleta.También se las arregló para darme un buen apretón en el culo, el pequeñodiablo.
Nos despedimos. Lo vi subirse de nuevo al coche y marcharse.Suspirando, me di la vuelta y entré en la terminal, de regreso a una vidaaburrida. Deseando lo más pronto posible que la primavera llegara.
FIN
0 comentarios - El verano de Faaris Bakir – Capítulo 4