"El sol no saldrá del todo hasta que no haya visto tu belleza,mamá." Faaris entró en la cocina mientras yo preparaba el desayuno. Miré ami marido, que levantó la vista de su teléfono con las cejas arqueadas.
"Faaris, no le hablés así a tu madre. Es inapropiado." Imadmiró a su hijo con cierta sospecha. "No me gusta lo que esa universidadextranjera te hizo."

Me mordí el labio cuando dijo eso. Si tan solo Imad supiera lacorrupción que se extendía bajo su propio techo. Había estado cubierta delsemen de su hijo el día anterior. Y el día anterior a ese también. Faaris y yohabíamos hecho cosas que nunca había soñado.
"Relajate, papá." Faaris le guiñó un ojo a su padre."Te casaste con la flor rara cuyo color se vuelve más vibrante cuanto mástiempo florece. Si tan solo tus propios pétalos tuvieran el doble deprofundidad y brillo, no estarías ni la mitad de sombrío. Cortemos estrellasdel cielo para poder cubrirla de diamantes."
"¿Qué?" Imad se rascó la cabeza.
“Pará, Faaris”, dije suavemente. ¿Quería avivar aún más las sospechasde su padre? ¿Estaba loco?
“Me voy a trabajar”, dijo Imad, sacudiendo la cabeza y recogiendo sumaletín. “No te metas en líos, Faaris. Lo último que necesitamos es que uses tuspalabras con alguna chica inocente y causes problemas a nuestra familia”.

“Hoy no me meteré en líos”, dijo Faaris, mirándome directamente a losojos y sonriendo. Me sonrojé muchísimo al comprender su significado. Pero mimarido, gracias a Dios, no se dio cuenta. Salió de casa todavía negando con lacabeza ante las payasadas de nuestro hijo.
“Por fin se fue”, dijo Faaris, sentándose en el asiento de su padre enla mesa. “No podía comer mientras él estaba acá. Ese hombre me da indigestión”.
“Tené algo de respeto por tu padre”. Le serví el desayuno y luego mesenté frente a él en la mesa.
"Respeto el cargo, pero no al hombre." Faaris comía conmucha delicadeza con el tenedor y el cuchillo. "Pero no perdamos mástiempo hablando de él. Al menos no ahora."
Eso me pareció bien. "Bueno, ¿de qué querés hablar?"
"¿Planeamos nuestro día?" Su sonrisa hizo que esas mariposasfamiliares revolotearan en mi estómago. Podía adivinar cuáles eran sus planes.Me deseaba como su padre nunca lo hizo.
“¿Qué... eh... tenías en mente?”
“Salgamos”. Faaris me había sorprendido. Tomó un sorbo de té y me mirópor encima del borde de su taza. “Vos y yo nos divertiremos en esta aburridaciudad. ¿Qué decís?”
“¿Solo quieres pasar un día fuera... con tu madre?”. La fría mano dela decepción me agarró el corazón. ¿Nuestra pequeña cita había terminado tanrápido? Tal vez era lo mejor.
“¿Qué hombre no querría viajar por el mundo con vos del brazo?”.Faaris, después de terminar su desayuno, se levantó y caminó hacia la puerta. “Voya prepararme. ¿Nos vamos en diez minutos?”
“Mejor dame treinta minutos, Faaris”. Quería verme presentable cuandosaliera. Me maquillé, me puse un vestido bonito y un hiyab adecuado. Estabalista. Cuando llegué a la puerta principal para irme, Faaris estaba allí depie, desnudo. Su verga estaba dura e inmensa. Ese parecía ser su estado naturalpor lo que había visto recientemente.

"Te... ves... impresionante." Mi hijo rebotó un poco sobrelas puntas de los pies, haciendo que su cosa se moviera y se balancearaobscenamente.
"No estás listo." Me quedé impactada. Era extraño que sucomportamiento pudiera sorprenderme aún más, pero él encontraba maneras.
"Estoy listo para algunas cosas. No para otras." Se encogióde hombros. "Lamento haberte mentido, pero quería que estuvieras arregladahoy. Y no pensé que lo harías si solo te lo pedía." Se acercó a mí yacercó sus labios a los míos, pero no me besó. Su aliento era cálido y fresco.Sabía que estaba probando si estaba enojada por su mentira.
"Tenías razón." Acorté la distancia entre nosotros y lobesé. Había tanta urgencia en la forma en que su lengua exploraba mi boca.Rompí el beso y lo miré a sus profundos ojos marrones. "¿Qué querías hacerrealmente hoy, diablito?"
Como respuesta, Faaris se arrodilló y se deslizó bajo mi vestido. Bajómi ropa interior por mis piernas. "Tengo algo especial planeado, mamá.Pero es una sorpresa. Por ahora, relajate y disfruta." Su voz estaba unpoco amortiguada por mi vestido. Abrí las piernas para él, ansiosa por el nuevorumbo que había tomado el día.
"Ooooohhhhhhhh, tu lengua es... mágica." Una vez, hace muchotiempo, lo amenacé con arrancarle la lengua a menos que pudiera controlar suspalabras. Por suerte para mí, no lo decía en serio. Era un artista con la boca.Me incliné hacia adelante y puse las manos en la puerta, gimiendo y maullando.Pensé en cómo al otro lado de esa puerta, a solo unos metros de distancia, lagente corría de un lado a otro sin sospechar que dentro de esa sencilla casauna madre había caído en desgracia. "Oh... Dios mío... Faaris, ya estoy...aaaaahhhhhhhh." Mis caderas se sacudieron al llegar al clímax. Cuando mistemblores cesaron, lo saqué de debajo de mi vestido. "Pensé... que yaestabas cansado... de mí. Cuando querías... salir."
"Nunca." Me sonrió. "¿Podría un hombre cansarse decontemplar la belleza de la luna? ¿Podría cansarse de las flores deprimavera?"
"Siempre decís tantas tonterías." Negué con la cabeza y lopuse de pie. Era mi turno de arrodillarme. "Por alguna razón, todavía nome pediste esto. Pero creo que te puede gustar." Tomé su verga rígida y laacaricié con ternura.
"Me conocés bien ¿o no?" Faaris se inclinó y me enderezó elhiyab.

"No creo que lo haya hecho." Me incliné hacia adelante ybesé la gruesa cabeza de su verga. "Pero estoy aprendiendo a conocerte".Abrí la boca de par en par. Podía ver que habría un entrenamiento en el trabajocon esta tarea. Su verga era bastante diferente a la de su padre. Tendría queadaptar mis métodos. Dejó escapar un gemido mientras pasaba la lengua alrededorde la cabeza.
"Tu cara es... uggghhh... menos bonita con mi vergadistorsionándola." Exhaló mientras tomaba su verga con mi mano izquierda ysus testículos con la derecha. "Pero te ves aún más hermosa así."
"Mmmmpppphhhhhh." Un delicioso calor subió por mi vientre aloír sus palabras. Debería haber sabido que lo convertiría en un cumplidopervertido. Lo bombeé con mi mano, pero mi boca no podía encontrar un buenritmo. Normalmente, con Imad, inclinaba mi cara hacia la izquierda alretroceder y hacia la derecha al avanzar. Pero en ese momento, solo hacía loposible por mantenerlo en mi boca. Hice pequeños movimientos rápidos yrebotantes con mi cabeza y mi hijo gimió más fuerte. Bien, parecía que legustaba. Iba a poder complacerlo. El alivio me inundó y me puse a trabajar enserio. Mis sonidos de succión fueron recibidos por sus respuestas gruñidas, conalgunas palabras de aliento intercaladas.
"Eso está bien... ugh... mamá. Ahora... más profundo."Faaris puso su mano en la parte posterior de mi hiyab y presionó mi cabezahacia él.

"GGgpppphhggghhh." Hice un gorgoteo y tuve arcadas. Laslágrimas corrían por mis mejillas. Pero seguí trabajando con él, ansiosa porque recibiera la satisfacción que tan voluntariamente me daba. Se apartó cuandotuve arcadas y luego volvió a presionar. Hizo esto muchas veces durante unlargo período de tiempo. Simplemente activaba mi reflejo nauseoso, se apartabay luego volvía. Descubrí que tenía menos arcadas cada vez, mientras tomaba másde su verga. Parpadeé mirando su rostro concentrado. Me estaba entrenando. Elpensamiento me golpeó como un rayo. Me estaba enseñando a ser su mujer.
"Eso es... bueno. Suficiente". Faaris me apartó de su vergay esta salió disparada de mi boca. Debí parecer bastante sorprendida, porque serió cuando vio mi cara.
"¿Qué?" Tomé su mano y me levanté lentamente. "¿Noquerés... terminar?" Me limpié la baba de la barbilla.
"Tengo una sorpresa para vos, ¡pero me sorprendisteprimero!" Se rió y aplaudió. "No puedo permitir que arruines tumomento especial." Aún sujetándome la mano, me hizo girar. "Ahorabaila para mí. Y sacate la ropa."
"Yo... yo... no puedo bailar sin música." Era una excusapobre, pero yo no me veía como él me veía. No era una chica joven y sexy.
Faaris me llevó a la sala de estar, agarró su teléfono y puso música."Arreglado." Se quedó desnudo frente a su propia madre, pidiéndoleque se desnudara, y su sonrisa no mostraba ningún indicio de que algo anduvieramal.
Lentamente, caminé hacia el centro de la habitación, contoneando lascaderas. Sabía que debía verme fatal con el maquillaje corrido, pero a él nopareció importarle. Primero, me quité el hiyab con naturalidad. Frunció elceño. Así que intenté ser un poco más coqueta mientras me quitaba el vestido.Lo provocaba levantándolo y bajándolo. Mi cuerpo se dejó llevar por el ritmo dela música.
"¡Vamos!", me gritó. "Sacateló, mami". Faaris sesentó en el brazo del sofá y aplaudió mientras el vestido subía por encima demi cabeza. "Que Alá me castigue si no sos la mujer más hermosa de lacreación".
"Callate, diablito." Pero no pude reprimir la sonrisa en mislabios. Me movía por la habitación en ropa interior, balanceándome y girando.Había bailado muchas veces en mi vida, pero nunca había intentado ser sexy. Ajuzgar por su reacción, estaba funcionando. Le gustaba especialmente cuando ledaba la espalda y movía las caderas.

Finalmente, mis manos fueron a mi espalda y desabroché mi corpiño. Losostuve contra mi pecho por un rato. Cuando me lo quité, instantáneamentereemplacé el corpiño con mi brazo para que no pudiera ver mis tetas. Él ofrecióun "bu" consternado cuando hice eso. Amplié aún más mi sonrisa."¿De verdad te gusta tanto mi viejo cuerpo, Faaris?"
"Casi me arrancas el corazón del pecho." Lo dijo con tantasinceridad. Y su verga estaba muy dura. Le creí. Bajé el brazo y bailé, dejandoque mirara mis pechos temblorosos. Su mandíbula cayó adorablemente.
Hice un verdadero espectáculo al sacarme la bombacha, bajándolas unpoco solo para que pudiera ver mi triángulo de pelo, y luego subiéndolas denuevo. Finalmente, las bajé por completo con mi culo frente a él, meneándome deun lado a otro al ritmo de la música
Sentí sus manos en mis nalgas en el instante en que me quité la ropainterior. Aparentemente, no podía esperar más. Intenté girarme hacia él, perono me dejó mirarlo. En cambio, me guió hacia el sofá. Miré un retrato familiarque colgaba en nuestra sala de estar cuando me penetró por detrás. Jadeé,agarrándome con fuerza al sofá, y lo empujé hacia atrás.

Me había estirado tanto durante nuestro encuentro, y yo estaba tanmojada, que a pesar de su tamaño, se deslizó dentro sin problemas.
"Oh... Faaris... ¿era esto mi... sorpresa?" Lo miré porencima del hombro. Me encantaba cómo se tensaba su pecho mientras me penetraba.Era un joven tan fuerte.
"Esto... eh... eh... eh... no es la sorpresa." Las caderasde Faaris golpearon con fuerza mi culo, produciendo un sonido de lo másindecoroso. Me encantó. Volví a mirar el retrato mientras vibraba en la pared.Yo era una esposa y madre tan bonita e inocente en aquel entonces. La mujer deese cuadro no tenía ni idea de lo que era el verdadero placer.
"¿Estás... ugh... cerca?" Miré mis pechos, que sebalanceaban salvajemente debajo de mí. "Tenés que... sacarla... cuandoestés cerca." Siempre era bueno en esto, pero la madre que hay en mínecesitaba recordárselo. No dijo nada, solo gimió su necesidad.
"Quiero... ver tu cara." Se retiró de mí y me levantó en elaire.


"Bajame...." No lo decía en serio. Me gustaba cómo memanejaba.
"Todavía no." Me llevó escaleras arriba a mi habitación y medejó caer sobre mi cama boca arriba.
"Acá no, Faaris." Hice un movimiento para levantarme, peroél estaba entre mis piernas en un instante. Grité cuando volvió a entrar en mí."Ooooohhhhhhh... esta habitación es para tu padre." Parecía que estano era una línea roja brillante, porque separé más las piernas. Apunté losdedos de los pies hacia arriba mientras él penetraba profundamente en esaposición. Mi clímax me invadió.

Tuve varios orgasmos seguidos. Pensé que me estaba volviendo loca.Casi me arranco el pelo por el éxtasis que solo mi hijo podía darme. A travésde mi mente nublada, escuché sus gruñidos cada vez más fuertes. Puse mis manosen su culo y sentí la tensión allí. Iba a eyacular. "Sacla... Faaris... podéshacerlo... ugh... en cualquier lugar... pero adentro..."
"No, lo haré." Se levantó para mirarme como un conquistador."Esta... es tu... sorpresa." Sus caderas perdieron el ritmo y rugió.
El semen caliente me llenó, y debo confesar que no intenté detenerlo.Mis manos lo atrajeron hacia mí. "Oh... sí... oh... Dios mío... puedosentirlo... adentro... oooohhhhhhhh." Y otro clímax me invadió.

Para cuando recuperé la consciencia, él ya me estaba penetrando denuevo. Podía oír el semen saliendo de mí con cada embestida. Lo hecho, hechoestaba, y no tenía poder ni deseo de detenerlo. Eyaculó dos veces más adentromío ese día. Y tres veces más al día siguiente. Temía estar en problemas.Empecé a tener sexo con Imad todas las noches por si acaso. Y aún faltaban algunassemanas para que Faaris volviera a la universidad.
"Faaris, no le hablés así a tu madre. Es inapropiado." Imadmiró a su hijo con cierta sospecha. "No me gusta lo que esa universidadextranjera te hizo."

Me mordí el labio cuando dijo eso. Si tan solo Imad supiera lacorrupción que se extendía bajo su propio techo. Había estado cubierta delsemen de su hijo el día anterior. Y el día anterior a ese también. Faaris y yohabíamos hecho cosas que nunca había soñado.
"Relajate, papá." Faaris le guiñó un ojo a su padre."Te casaste con la flor rara cuyo color se vuelve más vibrante cuanto mástiempo florece. Si tan solo tus propios pétalos tuvieran el doble deprofundidad y brillo, no estarías ni la mitad de sombrío. Cortemos estrellasdel cielo para poder cubrirla de diamantes."
"¿Qué?" Imad se rascó la cabeza.
“Pará, Faaris”, dije suavemente. ¿Quería avivar aún más las sospechasde su padre? ¿Estaba loco?
“Me voy a trabajar”, dijo Imad, sacudiendo la cabeza y recogiendo sumaletín. “No te metas en líos, Faaris. Lo último que necesitamos es que uses tuspalabras con alguna chica inocente y causes problemas a nuestra familia”.

“Hoy no me meteré en líos”, dijo Faaris, mirándome directamente a losojos y sonriendo. Me sonrojé muchísimo al comprender su significado. Pero mimarido, gracias a Dios, no se dio cuenta. Salió de casa todavía negando con lacabeza ante las payasadas de nuestro hijo.
“Por fin se fue”, dijo Faaris, sentándose en el asiento de su padre enla mesa. “No podía comer mientras él estaba acá. Ese hombre me da indigestión”.
“Tené algo de respeto por tu padre”. Le serví el desayuno y luego mesenté frente a él en la mesa.
"Respeto el cargo, pero no al hombre." Faaris comía conmucha delicadeza con el tenedor y el cuchillo. "Pero no perdamos mástiempo hablando de él. Al menos no ahora."
Eso me pareció bien. "Bueno, ¿de qué querés hablar?"
"¿Planeamos nuestro día?" Su sonrisa hizo que esas mariposasfamiliares revolotearan en mi estómago. Podía adivinar cuáles eran sus planes.Me deseaba como su padre nunca lo hizo.
“¿Qué... eh... tenías en mente?”
“Salgamos”. Faaris me había sorprendido. Tomó un sorbo de té y me mirópor encima del borde de su taza. “Vos y yo nos divertiremos en esta aburridaciudad. ¿Qué decís?”
“¿Solo quieres pasar un día fuera... con tu madre?”. La fría mano dela decepción me agarró el corazón. ¿Nuestra pequeña cita había terminado tanrápido? Tal vez era lo mejor.
“¿Qué hombre no querría viajar por el mundo con vos del brazo?”.Faaris, después de terminar su desayuno, se levantó y caminó hacia la puerta. “Voya prepararme. ¿Nos vamos en diez minutos?”
“Mejor dame treinta minutos, Faaris”. Quería verme presentable cuandosaliera. Me maquillé, me puse un vestido bonito y un hiyab adecuado. Estabalista. Cuando llegué a la puerta principal para irme, Faaris estaba allí depie, desnudo. Su verga estaba dura e inmensa. Ese parecía ser su estado naturalpor lo que había visto recientemente.

"Te... ves... impresionante." Mi hijo rebotó un poco sobrelas puntas de los pies, haciendo que su cosa se moviera y se balancearaobscenamente.
"No estás listo." Me quedé impactada. Era extraño que sucomportamiento pudiera sorprenderme aún más, pero él encontraba maneras.
"Estoy listo para algunas cosas. No para otras." Se encogióde hombros. "Lamento haberte mentido, pero quería que estuvieras arregladahoy. Y no pensé que lo harías si solo te lo pedía." Se acercó a mí yacercó sus labios a los míos, pero no me besó. Su aliento era cálido y fresco.Sabía que estaba probando si estaba enojada por su mentira.
"Tenías razón." Acorté la distancia entre nosotros y lobesé. Había tanta urgencia en la forma en que su lengua exploraba mi boca.Rompí el beso y lo miré a sus profundos ojos marrones. "¿Qué querías hacerrealmente hoy, diablito?"
Como respuesta, Faaris se arrodilló y se deslizó bajo mi vestido. Bajómi ropa interior por mis piernas. "Tengo algo especial planeado, mamá.Pero es una sorpresa. Por ahora, relajate y disfruta." Su voz estaba unpoco amortiguada por mi vestido. Abrí las piernas para él, ansiosa por el nuevorumbo que había tomado el día.
"Ooooohhhhhhhh, tu lengua es... mágica." Una vez, hace muchotiempo, lo amenacé con arrancarle la lengua a menos que pudiera controlar suspalabras. Por suerte para mí, no lo decía en serio. Era un artista con la boca.Me incliné hacia adelante y puse las manos en la puerta, gimiendo y maullando.Pensé en cómo al otro lado de esa puerta, a solo unos metros de distancia, lagente corría de un lado a otro sin sospechar que dentro de esa sencilla casauna madre había caído en desgracia. "Oh... Dios mío... Faaris, ya estoy...aaaaahhhhhhhh." Mis caderas se sacudieron al llegar al clímax. Cuando mistemblores cesaron, lo saqué de debajo de mi vestido. "Pensé... que yaestabas cansado... de mí. Cuando querías... salir."
"Nunca." Me sonrió. "¿Podría un hombre cansarse decontemplar la belleza de la luna? ¿Podría cansarse de las flores deprimavera?"
"Siempre decís tantas tonterías." Negué con la cabeza y lopuse de pie. Era mi turno de arrodillarme. "Por alguna razón, todavía nome pediste esto. Pero creo que te puede gustar." Tomé su verga rígida y laacaricié con ternura.
"Me conocés bien ¿o no?" Faaris se inclinó y me enderezó elhiyab.

"No creo que lo haya hecho." Me incliné hacia adelante ybesé la gruesa cabeza de su verga. "Pero estoy aprendiendo a conocerte".Abrí la boca de par en par. Podía ver que habría un entrenamiento en el trabajocon esta tarea. Su verga era bastante diferente a la de su padre. Tendría queadaptar mis métodos. Dejó escapar un gemido mientras pasaba la lengua alrededorde la cabeza.
"Tu cara es... uggghhh... menos bonita con mi vergadistorsionándola." Exhaló mientras tomaba su verga con mi mano izquierda ysus testículos con la derecha. "Pero te ves aún más hermosa así."
"Mmmmpppphhhhhh." Un delicioso calor subió por mi vientre aloír sus palabras. Debería haber sabido que lo convertiría en un cumplidopervertido. Lo bombeé con mi mano, pero mi boca no podía encontrar un buenritmo. Normalmente, con Imad, inclinaba mi cara hacia la izquierda alretroceder y hacia la derecha al avanzar. Pero en ese momento, solo hacía loposible por mantenerlo en mi boca. Hice pequeños movimientos rápidos yrebotantes con mi cabeza y mi hijo gimió más fuerte. Bien, parecía que legustaba. Iba a poder complacerlo. El alivio me inundó y me puse a trabajar enserio. Mis sonidos de succión fueron recibidos por sus respuestas gruñidas, conalgunas palabras de aliento intercaladas.
"Eso está bien... ugh... mamá. Ahora... más profundo."Faaris puso su mano en la parte posterior de mi hiyab y presionó mi cabezahacia él.

"GGgpppphhggghhh." Hice un gorgoteo y tuve arcadas. Laslágrimas corrían por mis mejillas. Pero seguí trabajando con él, ansiosa porque recibiera la satisfacción que tan voluntariamente me daba. Se apartó cuandotuve arcadas y luego volvió a presionar. Hizo esto muchas veces durante unlargo período de tiempo. Simplemente activaba mi reflejo nauseoso, se apartabay luego volvía. Descubrí que tenía menos arcadas cada vez, mientras tomaba másde su verga. Parpadeé mirando su rostro concentrado. Me estaba entrenando. Elpensamiento me golpeó como un rayo. Me estaba enseñando a ser su mujer.
"Eso es... bueno. Suficiente". Faaris me apartó de su vergay esta salió disparada de mi boca. Debí parecer bastante sorprendida, porque serió cuando vio mi cara.
"¿Qué?" Tomé su mano y me levanté lentamente. "¿Noquerés... terminar?" Me limpié la baba de la barbilla.
"Tengo una sorpresa para vos, ¡pero me sorprendisteprimero!" Se rió y aplaudió. "No puedo permitir que arruines tumomento especial." Aún sujetándome la mano, me hizo girar. "Ahorabaila para mí. Y sacate la ropa."
"Yo... yo... no puedo bailar sin música." Era una excusapobre, pero yo no me veía como él me veía. No era una chica joven y sexy.
Faaris me llevó a la sala de estar, agarró su teléfono y puso música."Arreglado." Se quedó desnudo frente a su propia madre, pidiéndoleque se desnudara, y su sonrisa no mostraba ningún indicio de que algo anduvieramal.
Lentamente, caminé hacia el centro de la habitación, contoneando lascaderas. Sabía que debía verme fatal con el maquillaje corrido, pero a él nopareció importarle. Primero, me quité el hiyab con naturalidad. Frunció elceño. Así que intenté ser un poco más coqueta mientras me quitaba el vestido.Lo provocaba levantándolo y bajándolo. Mi cuerpo se dejó llevar por el ritmo dela música.
"¡Vamos!", me gritó. "Sacateló, mami". Faaris sesentó en el brazo del sofá y aplaudió mientras el vestido subía por encima demi cabeza. "Que Alá me castigue si no sos la mujer más hermosa de lacreación".
"Callate, diablito." Pero no pude reprimir la sonrisa en mislabios. Me movía por la habitación en ropa interior, balanceándome y girando.Había bailado muchas veces en mi vida, pero nunca había intentado ser sexy. Ajuzgar por su reacción, estaba funcionando. Le gustaba especialmente cuando ledaba la espalda y movía las caderas.

Finalmente, mis manos fueron a mi espalda y desabroché mi corpiño. Losostuve contra mi pecho por un rato. Cuando me lo quité, instantáneamentereemplacé el corpiño con mi brazo para que no pudiera ver mis tetas. Él ofrecióun "bu" consternado cuando hice eso. Amplié aún más mi sonrisa."¿De verdad te gusta tanto mi viejo cuerpo, Faaris?"
"Casi me arrancas el corazón del pecho." Lo dijo con tantasinceridad. Y su verga estaba muy dura. Le creí. Bajé el brazo y bailé, dejandoque mirara mis pechos temblorosos. Su mandíbula cayó adorablemente.
Hice un verdadero espectáculo al sacarme la bombacha, bajándolas unpoco solo para que pudiera ver mi triángulo de pelo, y luego subiéndolas denuevo. Finalmente, las bajé por completo con mi culo frente a él, meneándome deun lado a otro al ritmo de la música
Sentí sus manos en mis nalgas en el instante en que me quité la ropainterior. Aparentemente, no podía esperar más. Intenté girarme hacia él, perono me dejó mirarlo. En cambio, me guió hacia el sofá. Miré un retrato familiarque colgaba en nuestra sala de estar cuando me penetró por detrás. Jadeé,agarrándome con fuerza al sofá, y lo empujé hacia atrás.

Me había estirado tanto durante nuestro encuentro, y yo estaba tanmojada, que a pesar de su tamaño, se deslizó dentro sin problemas.
"Oh... Faaris... ¿era esto mi... sorpresa?" Lo miré porencima del hombro. Me encantaba cómo se tensaba su pecho mientras me penetraba.Era un joven tan fuerte.
"Esto... eh... eh... eh... no es la sorpresa." Las caderasde Faaris golpearon con fuerza mi culo, produciendo un sonido de lo másindecoroso. Me encantó. Volví a mirar el retrato mientras vibraba en la pared.Yo era una esposa y madre tan bonita e inocente en aquel entonces. La mujer deese cuadro no tenía ni idea de lo que era el verdadero placer.
"¿Estás... ugh... cerca?" Miré mis pechos, que sebalanceaban salvajemente debajo de mí. "Tenés que... sacarla... cuandoestés cerca." Siempre era bueno en esto, pero la madre que hay en mínecesitaba recordárselo. No dijo nada, solo gimió su necesidad.
"Quiero... ver tu cara." Se retiró de mí y me levantó en elaire.


"Bajame...." No lo decía en serio. Me gustaba cómo memanejaba.
"Todavía no." Me llevó escaleras arriba a mi habitación y medejó caer sobre mi cama boca arriba.
"Acá no, Faaris." Hice un movimiento para levantarme, peroél estaba entre mis piernas en un instante. Grité cuando volvió a entrar en mí."Ooooohhhhhhh... esta habitación es para tu padre." Parecía que estano era una línea roja brillante, porque separé más las piernas. Apunté losdedos de los pies hacia arriba mientras él penetraba profundamente en esaposición. Mi clímax me invadió.

Tuve varios orgasmos seguidos. Pensé que me estaba volviendo loca.Casi me arranco el pelo por el éxtasis que solo mi hijo podía darme. A travésde mi mente nublada, escuché sus gruñidos cada vez más fuertes. Puse mis manosen su culo y sentí la tensión allí. Iba a eyacular. "Sacla... Faaris... podéshacerlo... ugh... en cualquier lugar... pero adentro..."
"No, lo haré." Se levantó para mirarme como un conquistador."Esta... es tu... sorpresa." Sus caderas perdieron el ritmo y rugió.
El semen caliente me llenó, y debo confesar que no intenté detenerlo.Mis manos lo atrajeron hacia mí. "Oh... sí... oh... Dios mío... puedosentirlo... adentro... oooohhhhhhhh." Y otro clímax me invadió.

Para cuando recuperé la consciencia, él ya me estaba penetrando denuevo. Podía oír el semen saliendo de mí con cada embestida. Lo hecho, hechoestaba, y no tenía poder ni deseo de detenerlo. Eyaculó dos veces más adentromío ese día. Y tres veces más al día siguiente. Temía estar en problemas.Empecé a tener sexo con Imad todas las noches por si acaso. Y aún faltaban algunassemanas para que Faaris volviera a la universidad.
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