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Alexis: De Novio Infiel A La Nueva Puta Del Grupo

Alex antes era el típico semental arrogante de la facultad, un tipo de 1.75m que caminaba con el pecho inflado y esa sonrisa sobradora de quien se cree el dueño del mundo.
Tenía una mandíbula cuadrada, cejas gruesas que fruncía con aires de superioridad y unos ojos oscuros que transmitían una mirada fría y depredadora, la típica mirada de un tipo acostumbrado a cazar y desechar mujeres sin culpa, justo como hizo con Olivia.
Se sentía un ganador intocable, un macho alfa que miraba a los demás desde arriba por puro egocentrismo.
Pero ahora como Alexis, su realidad cambió por completo.
Su cuerpo se transmutó en una obra de arte diseñada exclusivamente para mi placer: sus hombros se encogieron, su piel se volvió tan suave como la seda y sus curvas se moldearon de forma obscena, destacando un culo redondo, firme y ultra sensible, y unas tetas nuevas que rebotan con cada uno de sus jadeos.
Su rostro sufrió el cambio más impactante de todos, borrando cualquier rastro de hombría: sus facciones se afilaron y suavizaron hasta transformarse en una cara de ángel, con labios carnosos que ahora quedan permanentemente entreabiertos, invitando al pecado.
Sin embargo, lo que realmente corona esta metamorfosis es su nueva mirada: esos ojos que antes pretendían dominar ahora están húmedos, desorbitados y cargados de una lascivia tan intensa que la hacen ver como una puta de catálogo.
Es una expresión totalmente corrompida y caliente; la mirada de una perra que ha descubierto el placer de ser sometida, con las pupilas dilatadas que reflejan una mezcla de shock, sumisión absoluta y un hambre insaciable por su dueño.
Su voz de tipo seguro desapareció, reemplazada por gemidos agudos y súplicas involuntarias que brotan desde el fondo de su garganta.
Sin embargo, el cambio más radical está en su cabeza.
Toda esa soberbia de "macho semental" se hizo pedazos bajo mi control; Alexis pasó de ser el cazador que engañaba mujeres a convertirse en una perra sumisa, una puta oficial con la mente completamente frita por el placer, que ahora necesita la dominación de su único Amo.
Alexis: De Novio Infiel A La Nueva Puta Del Grupo

El vibrador de mi celular comenzo a sonar sobre la mesa interrumpió mi calma.
Era un mensaje de Olivia, seguido de una llamada perdida. "Ale, por favor, vení a casa. Descubrí todo. No puedo más", decía el texto.
Sabía que el momento de mover mis piezas había llegado.
Ella estaba destruida.
Había descubierto que su novio, Alex, un tipo con aires de galán y actitud de superioridad, la estaba engañando con tres mujeres diferentes.
Lo que Olivia no sabía es que yo ya lo había visto en mi Visión de Esencia: Alex no era un semental, era una perra que necesitaba ser dominada.
— Gracias por venir, Ale. De verdad, no sé qué habría hecho sola. Me dijo Olivia al abrir la puerta, con los ojos rojos de tanto llorar.
— Tranquila, Olivia. Para eso están los amigos. Pero no vinimos a llorar, vinimos a cobrar la deuda. Le dije con una sonrisa fría mientras entraba al living, donde también estaba Emma, nuestra otra amiga.
— ¿Qué querés decir con cobrar la deuda? Alex viene para acá en diez minutos a buscar sus cosas. Me dijo Olivia confundida.
— Escuchame bien. Alex te humilló. Ahora nosotros vamos a humillarlo a él. Emma, ¿trajiste el vestido que te pedí? Le pregunté a mi otra amiga.
— Sí, acá está. El vestido más "puta" y sexy que tengo. Pero... ¿para qué lo querés? ¿Se lo vas a regalar a una de sus amantes? Me preguntó Emma sacando una prenda negra de encaje que yo ya había impregnado con mi Transmutación.
— No. Se lo va a poner él. Le dije con una seguridad que las dejó mudas.
Lo que nadie sabe de mi es que tengo 3 "Dones" o "Poderes".
Mis "Dones" o "Poderes" son:
1. Vision De Esencia: Tengo la habilidad de poder ver el "verdadero ser" de cualquier persona.
2. Transmutacion: Tengo la habilidad de poder convertir a cualquier persona en su "verdadero ser".
3. Confidencial: Esta tercera habilidad es un secreto por ahora.
Dejen en los comentarios qué creen que es este tercer poder.
Solo les digo que será una habilidad muy util e interesanta para mis próximos relatos.
Pero como todos los "Dones" o "Poderes" tienen sus requisitos, sus pros y contras si no seria demasiado facil no creen Jajaja.
En este relato vamos a explorar una de las formas de usar la Transmutacion.
Hay muchas maneras de usar Transmutacion pero en este relato voy a usar "Impregnación De Objeto".
Impregnación De Objeto me deja usar Transmutacion de la siguiente forma:
Pasar mi "Don" o "Poder" a un objeto en este caso a un disfraz de colegiala que tenía preparado.
Pero Transmutacion tiene sus pros y contras.
Contras: El efecto de Transmutacion solo dura 24 Horas.
Pros: El efecto de Transmutacion es PERMANENTE solo si y solo si aunque sea una gota de mi SEMEN termina en el interior de la persona.
Eso quiere decir que si hay creampie, el cambio es PERMANENTE.
En realidad tiene algunos mas pros y contras y maneras de usar Transmutacion. Pero no son relevantes por el momento.
En ese momento, la llave giró en la cerradura.
Alex entró con su habitual arrogancia, ignorándome por completo mientras se dirigía a la habitación.
— Permiso, vengo por lo mío. Espero que ya tengas todo en cajas así no pierdo más tiempo con vos, Olivia. Soltó él con una indiferencia que me dio el pie perfecto para intervenir.
— Alex, pará un segundo. Tenemos un trato para que Olivia no le cuente a todo el mundo lo basura que sos. Le dije interceptándolo en medio del living.
— ¿Ah sí? ¿Qué trato, Alejandro? ¿Me vas a amenazar vos? Me preguntó él, mirándome de arriba abajo con una mueca de superioridad.
— Ponete este vestido. Salí con nosotros de fiesta una última vez como "penitencia" y Olivia borra los chats de tu infidelidad. Le propuse, sabiendo que su narcisismo lo haría aceptar para salvar su pellejo.
— ¿Estás loco? Ni en pedo me pongo eso. Me dijo riéndose, subestimando la gravedad de su situación.
— Miralo de esta forma, "campeón"... o te metés en ese baño y te ponés lo que te ordenamos, o mañana tu familia, tu jefe y todos tus contactos reciben las capturas de tus tres amantes. Vas a quedar como el tipo más patético y rastrero del país. Elegí: o sos nuestra perrita por una noche, o te arruino la vida para siempre. Le solté, manteniendo el contacto visual, manipulando su miedo como si fuera plastilina.
Alex tragó saliva pesadamente.
Miró el vestido negro en las manos de Emma.
Su "puta interior" ya estaba reaccionando al poder que emanaba de la tela impregnada.
— Okey, lo hago. Solo una noche y me dejan en paz. Me dijo, agarrando la prenda con rabia, aunque sus manos ya empezaban a temblar por el contacto con mi energía.
Se encerró en el baño.
Emma, Olivia y yo esperamos en el living.
Yo podía sentir la energía transformándose detrás de la puerta, los huesos crujiendo y la piel suavizándose bajo el efecto de la Transmutación.
Diez minutos después, la puerta se abrió.
Alex había desaparecido.
En su lugar, apareció Alexis.
Era una mujer espectacular.
El vestido negro le quedaba tan apretado que marcaba unas caderas que antes no existían. Sus tetas nuevas eran grandes y pesadas, haciendo que el encaje del escote estuviera a punto de ceder.
Tenía el pelo largo y castaño, y unos labios carnosos que temblaban de nervios.
— ¿Qué... qué me hicieron? Mi voz... mi cuerpo... se siente todo tan sensible. Me dijo Alexis, tocándose el pecho con asombro y terror.
— Te ves como lo que siempre fuiste, una zorrita. Le dijo Olivia, pasando de la tristeza a una risa cruel al ver a su ex novio convertido en mujer.
— Mirá qué linda quedó nuestra nueva "amiga". Emma, ¿no te parece que este vestido le queda demasiado bien para ser una principiante? Le pregunté a Emma mientras me acercaba a Alexis.
— Totalmente. Parece una puta de catálogo. Alex, sos la perra más linda que vi en mi vida. Me dijo Emma, acercándose para darle un chirlo seco y fuerte en el culo nuevo.
— ¡AY! ¡No me toquen así! ¡Me quema!. Gritó Alexis, pero su cuerpo reaccionó con un estremecimiento de placer evidente, su nueva entrepierna estaba empezando a empaparse.
— Ya no sos Alex. Ahora sos Alexis. Y antes de irnos, te vas a poner este conjunto de lencería de encaje que traje especialmente para vos. Ya no necesitás boxer, ahora necesitás esto. Le ordené, mostrándole un conjunto que no dejaba nada a la imaginación.
— Alejandro... esto no puede ser real. Me siento tan expuesta. Me dijo ella, ya totalmente manipulada por el cambio químico en su cerebro.
— Dejá de taparte, Alexis. Mostranos lo que tenés. Le ordenó Olivia con desprecio.
— Olivia, por favor... esto es demasiado. Suplico.
— Calladita te ves más perra. Ponete estos tacos de 15 centímetros. Sentenció Emma.
Los tacos le hacían temblar las piernas, forzando su espalda a curvarse.
— Caminá para allá y volvé, quiero ver cómo movés ese culito nuevo. Le ordené, disfrutando de mi control.
Caminaba con dificultad, sintiendo el peso de sus nuevos pechos saltando en el escote, y el roce de sus muslos suaves.
— ¡Eso! Movelo más, que se note que sos una puta obediente. Gritó Emma riéndose.
— ¿Así? ¿Así está bien?. Pregunto, dándonos la espalda.
Alexis se puso de costado, arqueando la espalda para que sus pechos resaltaran, y luego giró la cadera con un movimiento fluido y eléctrico, haciendo que su culo rebotara y se moviera de forma hipnótica frente a mis ojos.
— Estás super sexy, Alexis. Los pibes se van a volver locos. Dijo Emma.
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— Ya está todo listo, Alexis. No llores, que se te va a correr el rímel y tenés que estar perfecta para los pibes. Le dije mientras la tomaba del mentón, obligándola a mirarme a los ojos.
— Por favor, Alejandro... no me obligues a salir así, me siento muy rara, mis pechos pesan y me cuesta respirar con este vestido. Me respondió Alexis, sollozando mientras intentaba cubrirse con las manos.
— Callate y caminate hasta el auto. Olivia, Emma, ayuden a nuestra amiga a bajar las escaleras, no queremos que se rompa un tobillo con esos tacos de quince. Les ordené, abriendo la puerta del departamento con una parsimonia que denotaba mi control absoluto.
Subimos al coche.
El viaje fue corto pero intenso, el perfume de mujer que ahora emanaba de la piel de Alexis inundaba el habitáculo, mezclándose con el olor a cuero y mi propia anticipación.
Ella iba en el asiento de atrás, apretada entre Emma y Olivia, quienes no paraban de sacarle fotos y burlarse de cómo su nueva anatomía se desbordaba por el escote.
— Bajate del auto, Alexis. Y tratá de no caerte con esos tacos, no quiero que pases vergüenza antes de entrar. Le ordené mientras estacionaba frente a la mansión de Tincho.
La música se sentía en el pavimento.
Tincho era el típico pibe de plata, un "bueno" aburrido que le venía rogando a Emma desde primer año, un tipo que pensaba que con una pileta y tragos caros podía comprarse el respeto. Para mí, solo era el escenario perfecto.
— Chicos, por favor... me tiembla todo. La gente me va a mirar, me siento desnuda con esto. Dijo Alexis, ajustándose el vestido de encaje que apenas le tapaba el culo nuevo y firme que la Transmutación le había regalado.
— Ese es el punto, Alexis. Sos el postre de la noche. Emma, Olivia, lleven a nuestra "amiga" adentro. Yo voy a disfrutar viendo cómo se desesperan los giles. Les dije con una sonrisa, observando cómo las chicas la agarraban de los brazos para arrastrarla hacia la entrada.
En cuanto pisamos el living, el efecto fue inmediato. El aire se espesó. Había una horda de pibes, todos con el mismo corte de pelo y mirada de hambre, que se quedaron mudos al ver a la morocha espectacular que traíamos.
— ¡No lo puedo creer! Emma, Oli, qué bueno que vinieron. Exclamó Tincho, acercándose rápido, pero sus ojos estaban clavados en el escote de Alexis, donde sus pechos nuevos subían y bajaban por la agitación.
— Hola, Tincho. Te presento a Alexis, una prima que vino de visita... es un poco tímida. Le dije a Tincho mientras le guiñaba un ojo a las chicas.
— Mucho gusto, Alexis... ¿de dónde saliste, nena? Sos un ángel. Le soltó un rubio que estaba al lado, estirando la mano para tocarle la cintura, mientras ella se encogía.
— No me toques, por favor. Alcanzó a decir Alexis. Su voz sonaba tan aguda y frágil, tan de "niña bien" asustada, que solo logró que tres pibes más se acercaran a rodearla como buitres sobre carne fresca.
— ¡Epa! Es arisca la muñeca, me encanta. Tiró otro, relamiéndose los labios.
— Basta, chicos, no la asusten que es nuestra invitada de honor. Vamos al sillón. Mandé yo, caminando con autoridad hacia el sector VIP de la casa.
Emma y Olivia se sentaron en el sillón de cuero negro, cruzando las piernas como las dueñas del lugar. Yo me quedé parado a un costado, controlando los hilos.
— Alexis, vení acá, muñequita. Ponete de espaldas a la gente, contra la pared. Queremos ver cómo te queda el vestido bajo esta luz. Le ordené, señalando un rincón donde todos los pibes tenían vista directa.
— Alejandro, me están mirando todos... me quiero morir de la vergüenza. Me suplicó con un hilo de voz mientras se apoyaba contra el muro.
— Más arqueada, Alexis. Que se note que sos una perrita obediente y que ese culo no es de este planeta. Gritó Emma para que los pibes escucharan bien.
Alexis empezó a moverse, un vaivén lento y humillante.
Yo veía cómo sus nalgas redondas y pesadas vibraban con cada movimiento.
La energía de la Transmutación estaba en su punto máximo, ella ya no pensaba como Alex, pensaba como la puta que yo había creado.
— ¡Mirá lo que es eso!. Vociferó Tincho, que ya no podía disimular la erección en su pantalón.
— ¡Qué ganas de darte unas nalgadas hasta que me pidas por favor, perra! Se escuchó entre las risas de los otros pibes que sacaban los celulares para filmar.
— ¿Te gusta que te miren así, no? Se nota que naciste para esto, Alexis. Le susurré al oído mientras me acercaba por detrás, sintiendo el calor que emanaba de su piel.
— Me da mucha vergüenza... paren, por favor... no quiero que piensen que soy una puta. Lloriqueó ella, pero su cuerpo la traicionaba: arqueó más la espalda, ofreciendo su culo a la vista de todos.
— Vos hacés lo que yo te diga. Sos mi juguete hoy. ¿Entendiste? Le dije con una frialdad que la hizo estremecer.
De repente, Emma agarró el borde del vestido negro y lo levantó de golpe hasta la cintura, dejando la tanga diminuta de Alexis y sus nalgas gigantes totalmente al aire frente a toda la fiesta.
— ¡Mirá lo que es este pan dulce! ¡Te lo como entero, morocha! Gritó Nacho, totalmente sacado, mientras la multitud de pibes se amontonaba para ver la intimidad de mi creación.
— ¡Eso! ¡Sacudilo para los chicos, puta! Se burló Olivia, dándole un chirlo seco en la nalga derecha que dejó la marca roja y le hizo soltar un gemido agudo a Alexis.
Ella empezó a mover las caderas de forma frenética, obedeciendo por puro terror y placer humillante, haciendo que sus nalgas rebotaran con fuerza ante la mirada de esos veinte tipos que se morían por tocarla.
— Sos hermosa, Alexis... por favor, dame tu número. Suplicó Tincho, totalmente domado por la imagen de su cuerpo expuesto.
— Ni lo intentes, Tincho. Ella solo obedece a su dueño. Le dije, marcando territorio.
— Alejandro... por favor, sacame de acá, voy a hacer lo que me pidas. Me pidió ella en un susurro desesperado, con la mirada perdida y los labios temblando.
Al escuchar esas palabras, "voy a hacer lo que me pidas", una idea cruzó mi mente como un rayo.
Una idea que cambiaría el rumbo de esta noche y el destino de Alexis para siempre.
Si ella estaba dispuesta a todo para escapar de la mirada de esos giles, yo iba a darle una salida... pero el precio sería su humanidad definitiva.
— Tranquila, Alexis. La noche recién empieza y todavía falta que pagues tu deuda de la forma más permanente posible. Le respondí, disfrutando de cómo mis piezas habían quedado exactamente donde yo quería.
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— Ya no aguanto más, Alejandro... haceme lo que quieras pero sacame de estos buitres. Me susurró Alexis al oído, temblando mientras sentía las manos de los pibes rozándole las piernas.
— Está bien, Alexis. Le dije con una voz gélida, mientras le hacía una seña a Olivia y Emma para que se quedaran disfrutando de los tragos de Tincho.
Ellas asintieron con una sonrisa cómplice, sabiendo que el plato principal estaba por servirse.
— Camina, Alexis. Vamos para arriba, necesito que me expliques bien eso de que vas a hacer "lo que yo te pida". Le dije mientras la agarraba del brazo con firmeza, sacándola del centro del living ante la mirada de odio de todos los presentes.
La llevé del brazo, forzándola a subir las escaleras de la mansión con esos tacos que la hacían tambalear.
Cada paso que daba, sus pechos rebotaban pesadamente y los pibes desde abajo silbaban, despidiendo a la "prima de Ale" con gritos de deseo.
— ¡Eh, no te la lleves, ortiva! ¡Dejala acá que recién se estaba poniendo bueno el baile!. Gritó Nacho desde el fondo, sosteniendo su celular mientras intentaba grabarle el culo una última vez.
— ¡Vení conmigo, muñeca, que yo te voy a dar lo que ese flaco no puede! Te voy a dejar las piernas temblando. Gritaba otro pibe que estaba contra la baranda de la escalera, estirando la mano para intentar rozar el culo de Alexis.
— ¡Qué pedazo de perra, por Dios! ¡Te rompería toda contra ese sillón, mami, no sabés las ganas que te tengo!. Soltó un rubio totalmente sacado por el alcohol, mirándola con una lascivia que hacía que Alexis agachara la cabeza, avergonzada.
— ¡Hacela volver, Tincho, no dejes que se la lleve! ¡Ese pan dulce es patrimonio de la fiesta ya!. Gritó un pibe desde la cocina, provocando las risas y los abucheos de la horda de giles que me veían como el enemigo por robarles el show.
— ¡Si necesitás un hombre de verdad, buscame en la pileta, puta! ¡Te voy a hacer gritar hasta que no te quede voz!. Me gritó el último mientras empezábamos a subir los escalones, y sentí cómo el cuerpo de Alexis temblaba bajo mi mano.
Llegamos a la planta alta y entramos a la primera habitación que encontré vacía.
Era un cuarto amplio, con olor a perfume caro y una cama matrimonial que parecía esperar el sacrificio.
Apenas cerré la puerta con llave, el silencio del pasillo contrastó con los latidos acelerados que podía sentir en el brazo de mi creación.
— Alejandro, gracias... gracias por sacarme de ahí, no aguantaba más cómo me miraban esos tipos. Me dijo Alexis, soltando un suspiro de alivio mientras intentaba bajarse el vestido.
— ¿Gracias? No te equivoques, Alexis. No te saqué de ahí para salvarte, te saqué porque me molestaba que esos "betas" disfrutaran gratis de mi obra de arte. Le respondí con una voz gélida, empujándola con violencia contra la pared más cercana.
— ¡Ay! ¡Me duele, Alejandro!. Me gritó cuando sus nuevos pechos impactaron contra el muro y yo le doblé el brazo por detrás de la espalda, inmovilizándola por completo.
— Callate y disfrutá del dolor, que es lo único que te ganaste por basura. Le dije mientras usaba mi otra mano para levantarle el vestido hasta la cintura, dejando su lencería de encaje y sus nalgas gigantes totalmente expuestas.
Sin mediar palabra, hundí mis dedos en su culo nuevo.
Su entrada anal se sintió como un anillo ultra estrecho y caliente que opuso una resistencia feroz al principio, conservando la firmeza de su antigua anatomía, pero al empujar mi dedo hacia el fondo, las paredes de su esfínter se contrajeron en un espasmo violento, apretándome con una fuerza desesperada, un vacío húmedo y succionador que me abrazó el dedo por completo mientras devoraba la invasión.
— ¡AAAH! ¡No, ahí no! ¡Me duele, Amo, sacalo por favor!. Me suplicó con un gemido agudo que delataba que, a pesar de sus palabras, su cuerpo estaba reaccionando con una lubricación traicionera.
— Esto es por engañar a Olivia con tres minas diferentes mientras te hacías el galán. ¡TOMÁ!. Le gritRIé mientras le daba una nalgada tan fuerte que el sonido resonó en todo el cuarto, dejando la marca de mis dedos en su piel suave.
— ¡Perdón! ¡Perdón, te lo juro, Amo!. Me respondió ella, arqueando la espalda por el impacto.
— Y esto es por ser la puta que demostraste ser ahí abajo, perreándole a esos giles. Te encantaba que te miraran, ¿no? ¡TOMÁ OTRA!. Le solté otro chirlo seco, disfrutando de cómo su piel vibraba bajo mi mano.
— ¡Sí... sí, me gustaba! ¡Soy una puta, Amo! ¡Hacé lo que quieras conmigo!. Me gritó Alexis, totalmente quebrada, aceptando finalmente su Esencia de perra mientras su mente terminaba de sucumbir ante mi poder.
— Me gusta que lo aceptes. Le dije con arrogancia.
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Alexis se quedó apoyada contra la pared, con las piernas temblando y la respiración entrecortada.
El vestido seguía levantado hasta su cintura, dejando toda su cola expuesta y marcada por los chirlos que le había dado.
Retiré mi dedo de su culo con un tirón seco, se escuchó un *plop* húmedo y sonoro que delató lo lubricada que estaba la zona, mientras sentía cómo las paredes de su esfínter hacían un vacío, resistiéndose a dejarme ir.
Alexis soltó un gemido largo y agudo que vibró en toda la habitación al sentir ese vacío repentino.
— ¿Por qué... por qué paraste? Seguí... se siente raro pero no quiero que dejes de tocarme ahí. Me preguntó ella entre gemidos, con la mirada perdida y el cuerpo entregado, totalmente sumisa a la sensación que mis dedos habían dejado.
— Ya terminamos de jugar. Ahora te voy a coger, voy a reclamar este cuerpo que yo mismo creé. Le susurré al oído mientras empezaba a desabrocharme el pantalón y liberaba mi verga, que ya estaba al límite de la presión.
— No... ¡No, Alejandro, por favor! Eso no... todavía soy un hombre por dentro, no podés hacerme eso, es demasiado... ¡Por favor, no me la pongas!. Me rogó y suplicó Alexis, intentando girarse con un resto de dignidad, pero yo fui más rápido.
Le agarré ambos brazos y los sujeté con fuerza detrás de su espalda, inmovilizándola contra el frío cemento de la pared, obligándola a sacar más el culo hacia atrás.
Ella forcejeaba, pero su cuerpo transmutado decía lo contrario: sus nalgas se arqueaban buscando el contacto, su tanga de encaje negro estaba empapada y su respiración se volvía cada vez más errática.
— Piedad, Alejandro... te lo ruego, no lo hagas, si paramos ahora no es demasiado tarde, puedo volver a ser yo... no me rompas así. Suplicaba mientras sentía la punta de mi verga presionando contra su entrada, que estaba tan cerrada que parecía una pared de carne.
— ¿Piedad? Ya te tuve piedad metiendo solo mi dedo en tu culo, Alexis. Ahora vas a sentir lo que es ser una puta de verdad. Le dije, dándole un empujón seco que la hizo jadear.
— ¡NO! ¡POR FAVOR!. Gritó ella, pero su voz se quebró cuando empecé a empujar mi verga centímetro a centímetro.
Sentia como mi verga abria su culo fue una experiencia religiosa de dominación, la entrada, que antes apenas aceptaba un dedo, se vio forzada a dilatarse de golpe, abriéndose en dos para dejar paso a mi grosor.
Las paredes de su esfínter, que conservan esa firmeza de cuando era hombre, luchan por cerrarse, pero mi poder las volvió elásticas y voradoras, succionando cada centímetro de mi verga mientras se estiraban al límite del desgarro placentero.
El roce es tan intenso que puedo sentir las rugosidades de su recto abrazando mi verga con una fuerza inhumana, mientras su próstata transmutada late con fuerza contra mí, enviándole descargas eléctricas a su cerebro de perra.
— ¡AAAAAAAH! ¡ME DUELE! ¡ME ESTÁS ABRIENDO AL MEDIO! ¡POR FAVOR, ALE, ME VAS A ROMPER TODO!. Gritó Alexis de dolor y placer, levantando la cabeza y arqueando el cuello hacia atrás mientras sus ojos se ponían en blanco y sus muslos temblaban.
— Callate y recibila toda, que esto es por Olivia, por cada una de las minas que engañaste creyéndote un semental. ¡TOMÁ!. Le dije mientras le daba una embestida profunda que la hizo impactar contra la pared, sintiendo cómo mi verga llegaba hasta el fondo de su nueva anatomía.
— ¡Hacé lo que quieras conmigo! ¡Rompeme el culo si querés, pero no dejes de darme! ¡Me siento como una verdadera puta!. Me respondió Alexis entre sollozos y jadeos.
— Mirá qué apretado que está este culito, Alexis... parece que estaba esperando que un hombre de verdad lo reclamara. Ya no hay vuelta atrás, cada vez que empujo mi verga, tu hombría desaparece un poco más. Le dije, humillándola mientras le daba estocadas rítmicas que hacían que sus pechos nuevos rebotaran contra la pared.
Alexis ya no suplicaba piedad.
Ahora levantaba la cabeza gimiendo con fuerza, entregada al ritmo de mis caderas, aceptando que su nueva realidad era estar así: sometida, abierta y siendo el juguete personal del hombre que la había destruido.
Dominante

Alexis seguía gimiendo, con el cuerpo sacudido por espasmos mientras mi verga continuaba reclamando su interior.
Estaba sufriendo, suplicando por una piedad que yo no tenía planeado entregarle.
— Por favor, Alejandro... pará un segundo, me duele mucho... siento que me voy a romper, te lo ruego, poneme un poco de lubricante, no aguanto el dolor. Me suplicó Alexis con la voz quebrada, intentando inútilmente separar sus nalgas de mi pelvis.
— ¿Lubricante? ¿Ahora me pedís piedad para tu culito adolorido después de cómo te burlaste de Olivia? Me parece que no entendiste nada, Alexis. Le dije con una frialdad absoluta, dándole una embestida tan profunda que la hizo soltar un grito ahogado contra la pared.
Me detuve en seco, retirando mi verga de su recto con un sonido húmedo y voraz que la dejó temblando.
Ella pensó que la tortura había terminado, pero mi estrategia recién estaba entrando en su fase más humillante.
La agarré del pelo con fuerza y la obligué a ponerse de cuclillas frente a mí.
— Si tanto te duele ahí atrás, vas a tener que ganarte el descanso. Chupame, perra. Le ordené, posicionándome frente a su cara mientras ella me miraba con puro asombro y terror.
— Alejandro... yo no puedo hacer eso, es demasiado asqueroso... por favor. Me respondió ella, intentando desviar la mirada, pero mi agarre en su cabello se volvió de acero.
— ¿Cómo me dijiste? Te lo advertí una vez, Alex... para vos ya no soy Alejandro. Para vos soy tu Amo. ¿Entendiste?. Le solté con un tono de voz que no admitía réplica, obligándola a sentir mi verga pulsante rozando sus labios carnosos.
— No... no puedo decir eso... por favor. Se resistió un segundo más, con una chispa de su vieja hombría luchando por salir, pero el hambre de su nueva esencia y el miedo a mi poder terminaron por doblegarla.
— ¿Entonces querés que te vuelva a romper el culo? Mirá que no tengo drama en darte otra vuelta en seco si no cooperás. Le dije para humillarla, tirándole el pelo hacia atrás para que viera la frialdad en mis ojos.
— ¡No, no! ¡Por favor, no me rompas más el culo! ¡Dejame chuparlo! ¡Prefiero chupártela antes de que me vuelvas a dar por ahí atrás!. Me suplicó ella llorando, entregando lo último que le quedaba de dignidad.
— Pedímelo por favor, zorra. Rogame para que te deje tocarme con esa boquita. Le dije, disfrutando de mi dominación absoluta.
— Amo... por favor, Amo... déjeme chuparlo, no me rompa más el culo, se lo ruego. Me suplicó finalmente, entregada por completo a la jerarquía que yo había impuesto.
Me reí en su cara mientras la agarraba con ambas manos de la cabeza y le empujaba mi verga hasta el fondo de su garganta sin previo aviso.
Sentir mi verga abrirse paso en el interior de su boca fue una experiencia brutal; sus labios carnosos se estiraron al límite y su lengua, suave, cálida y empapada en saliva, intentó aplastarse contra el piso de su boca para darme espacio.
Mi grosor invadió toda su cavidad oral, obligando a sus paredes faríngeas a dilatarse a la fuerza en un acto reflejo de sumisión, mientras el calor húmedo de su garganta me abrazaba la punta de forma tan apretada que me hacía pulsar de placer.
— Traga, puta. Traga cada centímetro como la perrita obediente que sos ahora. Le dije mientras empezaba a empujar mi verga con fuerza, ignorando cómo sus ojos se llenaban de lágrimas y su rostro se ponía rojo por la falta de aire.
Era fascinante verla así, atragantándose, esforzándose por complacerme mientras sus manos finas intentaban sostenerse de mis muslos.
Me burlaba de ella, mirando desde arriba cómo mi creación se humillaba para evitar un dolor que yo, de todas formas, pensaba volver a infligirle.
— ¡Ghg-ghg! ¡Agh!. Alexis intentaba respirar, pero yo no le daba tregua, obligándola a aceptar que ahora su única función en esta vida era ser mi juguete personal.
humillacion

Alexis quedó de rodillas, jadeando y recuperando el aire mientras un hilo de saliva le caía por la comisura de sus labios carnosos.
Su orgullo estaba hecho pedazos.
— Ya terminaste de limpiar a tu Amo, Alexis. Ahora ponete de pie. El descanso se terminó. Le ordené, agarrándola del cabello para obligarla a levantarse mientras sus piernas temblaban sin control.
Saqué mi verga de su boca con un tirón brusco, se escuchó un sonido de succión húmedo y profundo, un *slurp* que resonó en el silencio de la habitación mientras ella soltaba un quejido de alivio momentáneo.
— Alejandro... por favor... no me vuelvas a coger el culo. Todavía me arde, siento que me late por dentro... todavía no se recuperó de lo de recién. Tené piedad, te lo ruego. Me suplicó Alexis con lágrimas en los ojos, pero apenas ese nombre salió de su boca, mi paciencia se terminó y le pegué un tirón de pelo tan violento que la hice arquear el cuello hacia atrás.
— ¡¿Cómo carajo me dijiste, puta?! Te lo advertí mil veces, para vos ya no existe ese nombre, para vos soy tu dueño, tu Amo. Si volvés a olvidarte de tu lugar, te juro que no vas a poder caminar por un mes. Le grité con una furia fría que la hizo temblar entera.
— ¡Perdón! ¡Perdón, Amo! No quise decirlo, por favor no se enoje... Amo, tenga piedad de mí. Me respondió ella inmediatamente entre sollozos, aterrada por mi reacción y asumiendo por completo su total sumisión ante mí.
— ¿Piedad? No te confundas, perra. Ahora que mi verga está bien lubricada con tu propia saliva, vas a ver que entra mucho mejor. Es hora de que aprendas a disfrutar de tu función. Le dije con una risa cruel, disfrutando de cómo sus ojos se abrían con terror al sentir mi punta presionando su entrada mientras la empujaba nuevamente contra la pared, forzándola a quedar en la misma posición humillante de antes.
— ¡No! ¡Por favor! ¡Amo, tenga piedad!. Gritó ella, pero su súplica se convirtió en un gemido desgarrador cuando la penetré de un solo golpe seco.
Sentía cómo mi verga entraba en su culo por segunda vez y era una experiencia totalmente distinta, porque gracias a la lubricación de su propia saliva y a que el esfínter ya había sido reclamado, mi miembro se deslizó hacia adentro con una facilidad obscena.
Ahora que ya había sido abierta, su entrada no oponía la misma resistencia, pero sus paredes internas se sentían mucho más sensibles, calientes y palpitantes con cada centímetro que ganaba.
El roce era fluido, casi eléctrico, y al estar más dilatado, yo podía sentir cómo mi verga llegaba hasta el fondo con una profundidad que la hacía vibrar entera, sintiendo su interior desesperado por retener mi grosor, abrazándome con espasmos de puro placer masoquista.
— ¡AAAAAAAH! ¡ENTRÓ TODA! ¡ME SIENTO TAN ABIERTA!. Gritó Alexis, arqueando la espalda mientras sus pechos nuevos impactaban rítmicamente contra el cemento frío de la pared.
— Mirá qué bien entra ahora, sos una puta natural, Alexis. Te quejás pero tu culo me está succionando con ganas. Sos mi perra personal, ¿entendiste?. Le dije, aumentando la velocidad de las estocadas mientras me reía de su desesperación.
— ¡Sí, Amo! ¡Soy su puta! ¡Rómpame el culo otra vez, no me importa nada!. Me respondió ella, perdiendo finalmente la batalla contra su propia naturaleza transmutada y entregándose al vaivén violento de mis caderas.
La humillación era total: Alex, el tipo arrogante que engañaba a las minas, ahora estaba ahí, gimiendo de placer mientras yo usaba su cuerpo a mi antojo, recordándole con cada embestida que su hombría era un recuerdo que yo estaba borrando para siempre.
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— Ya estás aprendiendo cuál es tu lugar, pero todavía no terminamos de cobrar la deuda de Olivia. Vení acá. Le dije, agarrándola del pelo con un tirón seco para arrancarla de la pared y arrastrarla hacia la mesa de madera maciza que dominaba el centro del cuarto.
La empujé con brutalidad sobre la superficie de la mesa.
Alexis impactó contra la madera, apoyando sus manos finas con desesperación para no golpearse.
Por puro instinto de supervivencia y sumisión, su cuerpo reaccionó levantando una de sus piernas, ofreciéndome un ángulo perfecto y desprotegido.
— Ale... ¡Amo! ¡Por favor, no tan fuerte!. Me gritó ella, pero sus palabras se ahogaron cuando rodeé su cara con mi mano, apretándole la papada con fuerza, obligándola a mirarme, mientras yo me posicionaba detrás.
No hubo preámbulos.
Empecé a darle embestidas tan brutales y cargadas de odio que el sonido de nuestra carne chocando tapaba sus propios gemidos.
Cada estocada era un castigo por cada mentira que le dijo a mi amiga, por cada aire de superioridad que tuvo cuando era un hombre patético.
Ahora no era más que un pedazo de carne transmutada bajo mi control.
— Esto es por creerte un semental mientras humillabas a Olivia. ¡TOMÁ!. Le solté, dándole un golpe de cadera tan potente que la mesa se desplazó unos centímetros, sintiendo cómo se la hundía de golpe hasta el fondo de su dignidad.
— ¡AAAAH! ¡ME DUELE! ¡ME ESTÁS MATANDO, AMO!. Me respondió ella, con los ojos desorbitados y la cara roja, mientras su cuerpo saltaba sobre la mesa con cada impacto dominante que yo le propinaba.
— Callate, puta. Antes era dulce, ahora vas a saber lo que es que te cojan como una puta. Sos una puta barata y te voy a usar hasta que no te quede ni un gramo de orgullo. Le dije, aumentando la violencia de las estocadas, sintiendo cómo mi verga reclamaba su interior con una saña que la hacía temblar de pies a cabeza.
En esta posición, el roce ya no es solo eléctrico, es demoledor.
Cada embestida llega al fondo de su culo inexistente, sacudiendo sus órganos nuevos y forzando su esfínter al límite absoluto.
Sentía cómo mi verga abría camino a la fuerza, haciendo que sus paredes internas se contrajeran con violencia, tratando de procesar el castigo, mientras mi mano en su papada le recordaba que su voluntad me pertenece.
— ¡SÍ! ¡DAME MÁS! ¡CASTIGAME POR SER UNA BASURA!. Gritó Alexis, perdiendo la cordura, mientras sus pechos rebotaban con furia y su otra pierna flaqueaba ante la potencia de mi dominación.
Me reí de su desesperación, disfrutando de cómo el tipo que se creía el dueño del mundo ahora era una mujer quebrada, rogando por más dolor bajo el peso de mi odio y mi estrategia perfecta.
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— Amo, por favor... déjeme descansar un segundo, siento que me voy a desmayar. Usa mi boca de nuevo, te lo ruego, te la limpio toda pero no me siga abriendo así. Me suplicó Alexis con la voz quebrada, mientras su cuerpo resbalaba de la mesa, agotado por la brutalidad de mis embestidas.
— ¿Descansar? Recién estamos empezando a liquidar los intereses de tu deuda, Alexis. Y tengo un lugar mejor para mi verga que tu boca. Le dije, agarrándola de las muñecas para arrastrarla hacia el sillón.
La tiré de espaldas contra el sillón con un movimiento seco.
Ella rebotó sobre el sillón, con el pelo castaño desparramado y el rímel corrido, dándole ese aspecto de mujer destruida que tanto me satisfacía.
— ¿Qué... qué vas a hacer ahora? Alejandro, por favor, mirame... Me preguntó ella con terror, intentando juntar las piernas mientras yo me posicionaba entre ellas.
— No me digas Alejandro, puta. Para vos soy tu Amo. Y lo que voy a hacer es convertirte en mi mujer oficial, en mi propiedad permanente. Le respondi mientras le agarraba las piernas con fuerza, abriéndoselas de par en par y empujándolas hacia arriba, hasta que sus rodillas quedaron casi tocando sus propios hombros, dejándola totalmente expuesta y en el aire.
No esperé a que procesara mis palabras.
Apoyé la punta de mi verga en su nueva vagina, que Transmutación había diseñado.
— ¡NO! ¡AMO, POR FAVOR, AHÍ NO! ¡Siento que me vas a...!. El grito de Alexis se transformó en un alarido desgarrador cuando la penetré de una sola estocada, hundiendo toda mi verga en su cavidad virgen con la fuerza bruta de un prisionero hambriento que agarra a la primera puta que encuentra tras treinta años de encierro, destrozando su orgullo de un solo golpe salvaje.
Se sentía como una cerradura virgen que acababa de ser forzada.
Al ser una creación de mi poder basada en su "Esencia", estaba diseñada para ser ultra-apretada, abrazando mi verga con una urgencia que me hacía sentir cada latido de su nuevo útero.
El calor era sofocante, una humedad hirviente que succionaba mi grosor de forma humillante mientras sus paredes se estiraban para darme lugar, enviando ráfagas de dolor y placer puro directo a su cerebro manipulado por mi dominación absoluta.
— ¡AAAAAAAH! ¡ME DUELE! ¡ALE, SACALA QUE ME PARTES!. Gritó ella, retorciéndose bajo mi peso salvaje mientras sus manos buscaban desesperadamente algo de qué agarrarse en el sillón.
— ¡¿Qué te dije de mi nombre?! ¡Decime Amo, perra!. Le grité, dándole una bofetada sonora mientras empezaba a embestirla de forma violenta, ruda y rítmica, haciendo que el sillón crujiera con cada impacto potente y criminal.
— ¡SÍ! ¡AMO! ¡PERDÓN, AMO! ¡ME DUELE PERO SE SIENTE TAN BIEN! ¡ME ESTÁS HACIENDO TUYA!. Me respondió Alexis, quebrando su última resistencia y sometiéndose por completo, mientras sus ojos se ponían en blanco y sus gritos de puta llenaban toda la habitación.
— Eso es, zorrita. Disfrutá de cómo tu dueño te reclama con este odio. Ya no sos Alex, sos mi mujer, mi puta oficial, y de acá no salís hasta que entiendas que me perteneces en cuerpo y alma. Le dije, aumentando la potencia de mis estocadas brutales, disfrutando de cómo su feminidad recién estrenada se rendía ante mi manipulación y mi embestida salvaje.
De hombre a mujer

El sillón no dejaba de chirriar bajo el ritmo frenético de mi castigo.
Alexis estaba completamente rota, sus piernas temblaban en el aire mientras yo, de rodillas entre ellas, la embestía con la fuerza de un animal que finalmente ha acorralado a su presa.
Con cada embestida brutal y potente, ella sola levantaba más las piernas, aullando y gritando de una forma completamente humillante mientras entregaba los restos de su orgullo.
Apoyé mis manos en el sillón, justo al lado de su cintura, manteniendo mi peso sobre ella para que sintiera cada gramo de mi dominio.
Sentía cómo mi verga la partía al medio en un roce salvaje, hirviente y sumamente caliente que la hacía estremecerse entera con cada golpe de mis caderas.
Verla así, debajo mío, era la culminación de mi estrategia: el gran seductor, el manipulador de mujeres, ahora no era más que un receptáculo de carne gimiendo por mi verga.
— ¡Aaaah! ¡Amo, más... por favor, más fuerte! ¡Me rompés toda pero dale más duro, Amo!. Gritó Alexis, moviendo la cabeza hacia atrás, hundiendo su nuca en la almohada mientras cerraba los ojos, rendida al éxtasis de su propia humillación.
— Mirate cómo gritás, perrita. ¿Dónde quedó ese hombre que se reía de Olivia? Ahora sos solo una puta que no puede vivir sin que yo la llene. Le dije, soltando una risa cargada de desprecio mientras aceleraba el ritmo, dándole embestidas brutales que hacían que su cuerpo saltara sobre el sillón.
— ¡AMO! ¡SÍ, SOY TU PUTA! ¡DAME TODO LO QUE TENGAS! ¡HACEME LO QUE QUIERAS, AMO!. Me respondió ella, con la respiración entrecortada y la mirada perdida, totalmente entregada a la sensación de ser invadida por alguien que la odia tanto como la desea poseer.
— Sos mi juguete, Alexis. Mi puta oficial. Y cada vez que te miro así, gimiendo y rogando por más, me doy cuenta de que este es el único destino que siempre mereciste. Le solté, dándole una estocada salvaje que la dejó sin aire, disfrutando de cómo su feminidad apretada se aferraba a mí como si fuera su única tabla de salvación.
La habitación olía a sudor, a sexo y a la derrota total de Alexis.
Yo no era solo un hombre cogiéndose a una mujer, era un ejecutor cobrando una deuda, riéndome en la cara de su nueva realidad.
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Alexis estaba al límite, su cuerpo transmutado no podía procesar tanta intensidad.
Sus muslos no dejaban de temblar y su mirada estaba vidriosa, perdida en un abismo de sensaciones que nunca imaginó experimentar.
— ¡Amo, se lo suplico! ¡Piedad! Deje descansar mi vagina... me duele, no estoy acostumbrada a esto... me está partiendo al medio. Use mi boca, se la dejo limpia, pero por favor, ahí no más... Me rogó ella con la voz quebrada, intentando inútilmente cerrar las piernas mientras yo la mantenía abierta para mi placer.
— ¿Cansada tan rápido? Tu cuerpo fue diseñado para esto, Alexis. Para ser usado y reclamado. Le dije, ignorando sus súplicas por su boca.
— ¡Entonces use mi culo! ¡Por favor! Prefiero que me rompa el culo de nuevo antes que seguir sintiendo que me abre la vagina así... ¡Rómpame el culo, Amo! ¡Se lo ruego! ¡Úseme como la perra que soy!. Me gritó ella, entregando su última pizca de dignidad con tal de cambiar el tipo de dolor que sentía.
— Así me gusta. Rogame, puta. Rogame para que te destruya el orto una vez más. Le solté con una risa triunfal.
La agarré del pelo y la puse en cuatro patas de un tirón.
Empujé su cabeza contra el sillon, obligándola a hundir la cara en la almohada, mientras yo me posicionaba detrás, casi de cuclillas, dejando que todo mi peso y la fuerza de la gravedad jugaran a mi favor.
Apoyé la punta en su entrada anal, que todavía latía por el castigo anterior, y me hundí en ella de un solo golpe seco y vertical.
— ¡AAAAAAAAAAAAAAH! ¡ME ROMPES! ¡ME ESTÁS PARTIENDO EL CULO, AMO!. Aulló Alexis, con un grito que vibró en todas las paredes, mientras su cuerpo se arqueaba violentamente bajo la invasión.
Esta vez no hay delicadeza.
La gravedad hace que cada embestida sea una maza golpeando su próstata transmutada.
Siento cómo su esfínter intenta estrangular mi verga, pero mi potencia lo obliga a ceder, estirándose hasta lo imposible.
El roce es rudo, seco, brutal, es la sensación de romper algo que estaba destinado a ser mío.
El placer que me devuelve su interior es tan intenso que siento mi primera carga subiendo con una fuerza volcánica.
— Me encanta cómo gritás cuando te parto, Alexis. Sos mi perra anal oficial. ¡TOMÁ, PUTA!. Le grité, dándole embestidas salvajes que la hacían balbucear incoherencias.
Sentí que llegaba al límite.
Mi verga pulsó dentro de su recto y, con un empujón final que la hizo clavar las uñas en las sábanas, hundí mi miembro hasta lo más profundo de su culo, justo cuando la primera carga de semen hirviente explotó en su interior.
— ¡Ghg... ah... Amo... me llenas... me llenas toda! ¡Está tan caliente! ¡Aaaaah!. Gemía ella, con la mente en blanco, mientras sentía el chorro de mi leche inundando su recto.
Solté una cantidad de semen obscena, tanta que empezó a chorrear por los bordes de su anillo, manchando sus nalgas y las sábanas con un fluido espeso y ardiente. Alexis solo podía soltar aullidos entrecortados, con la saliva cayéndole de la boca.
— ¿Estás preparada, perra? Le pregunté al oído, mientras sentía que mi verga seguía dura como el acero a pesar de haberme corrido.
— ¿Pre... pre... para... qué...?. Balbuceó ella, con la mirada completamente perdida y el cerebro frito por el placer.
— Para que te siga cogiendo hasta que olvides cómo te llamabas. ¡TOMÁ, PUTAAAAA!. Le solté, reiniciando las embestidas con una saña animal, sin dejarla recuperarse, mientras el semen actuaba como el lubricante más humillante y caliente del mundo.
Alexis ya no era una persona, era un animal aullando bajo mi cuerpo, sacudiéndose con cada estocada mientras el sonido de nuestra carne chocando y el olor de mi semen llenaban el aire.
Parecíamos dos bestias salvajes en celo, y yo no pensaba parar hasta que su identidad de hombre fuera solo un residuo en el fondo de su memoria partida.
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El sonido de la carne chocando era lo único que llenaba la habitación, un ritmo primitivo y violento.
Saqué mi verga de su recto con un tirón seco, su esfínter, totalmente dilatado y vencido, se resistió un segundo, haciendo un vacío que succionó mi piel antes de dejarme ir con un chapoteo húmedo.
El semen que acababa de inyectarle comenzó a desbordarse, goteando por sus muslos temblorosos.
Alexis estaba destruida.
Sus brazos apenas la sostenían contra el sillon, su cabeza colgaba y de su boca solo salían jadeos erráticos.
Sin darle un respiro, sin cambiar la posición de cuatro patas en la que estaba, posicioné mi verga que seguía tan dura y roja como si nunca se hubiera vaciado frente a su vagina.
La empujé de un solo golpe, hundiéndome en su humedad hirviente mientras su culo seguía escupiendo mi carga anterior.
— ¡AAAAAAAAAAH! ¡NO, AMO! ¡POR FAVOR, OTRA VEZ NO!. Gritó ella, arqueando la espalda de forma inhumana, sintiendo cómo la volvía a invadir sin piedad alguna.
— ¡Callate! Todavía me queda mucha leche para vos, zorra. Le solté, agarrándola de las caderas con tanta fuerza que mis dedos quedaron marcados en su piel pálida.
— ¡Sos un animal... sos un criminal! ¿Cómo podés seguir así? ¡Me vas a matar, me vas a romper de verdad! ¡Piedad, Ale... Amo... Piedad!. Me suplicó con lo último que le quedaba de voz, pero yo ya no era un estudiante de informática, en ese momento, era un depredador que no había comido en décadas y ella era la única presa disponible.
Empecé a embestirla con una furia criminal.
No había técnica, solo potencia bruta y odio transformado en placer.
Mis caderas impactaban contra su culo con la fuerza de un mazo, haciendo que toda el sillonse desplazara por el piso con cada golpe.
Su mente ya no existía.
Sus neuronas hacían cortocircuito.
Con cada embestida salvaje, su vagina apretada se estiraba hasta el límite, enviando descargas que la hacían aullar como un animal herido.
El contraste entre el frío de su sudor y el calor volcánico de mi verga la mantenía en un estado de shock permanente.
Sus gemidos ya no eran humanos, eran sonidos guturales, gritos de una perra que ha sido domada por completo.
Me movía como un salvaje, poseído por una energía oscura.
La humillación de verla así, con el culo chorreando mi semen y su vagina siendo martillada sin descanso, me daba más poder.
Ella balbuceaba palabras sin sentido, su lengua asomaba entre sus labios y sus ojos se ponían en blanco cada vez que yo llegaba al fondo de su útero nuevo.
— ¡TOMÁ! ¡ESTO ES LO QUE QUERÍAS, SER MI MUJER! ¡PUES BANCATE EL PESO DE TU DUEÑO!. Le grité, sintiendo que la segunda carga estaba a punto de estallar.
Le di una estocada final, tan profunda que sentí cómo chocaba contra su cuello uterino, y en ese instante de conexión total, volví a explotar.
— ¡Agh... AHHHHHHHHHHH! ¡ME LLENAS! ¡ME PARTÍS... AMO, ME PARTÍS!. Aulló Alexis, con el cuerpo sacudido por espasmos violentos mientras yo le inyectaba una segunda carga masiva de semen ardiente.
La llené hasta que su interior no pudo más, hasta que mi leche comenzó a mezclarse con su propia lubricación y a salir a chorros de su vagina.
Ella colapsó finalmente, hundiéndose en el sillon mientras yo seguía encima, respirando como una bestia triunfante sobre su trofeo roto.
Alexis: De Novio Infiel A La Nueva Puta Del Grupo

Alexis colapsó por completo sobre la cama.
Sus piernas cedieron definitivamente, abriéndose sin fuerza sobre las sábanas deshechas, revelando el estado de sumisión absoluta en el que había quedado.
La transmutación había concluido de forma irreversible, cada centímetro de su nuevo cuerpo pertenecía ahora a la realidad que yo le había impuesto, borrando cualquier vestigio de su antigua hombría.
Me quedé unos segundos contemplándola desde arriba, regulando mi respiración mientras disfrutaba de la devastación estética de mi obra.
Estiré la mano y le abrí un poco una de las nalgas, el movimiento hizo que el exceso de mi semen acumulado cediera a la presión, liberando un hilo denso y ardiente que comenzó a deslizarse lentamente por su piel.
La imagen era el trofeo perfecto de mi estrategia: su cola y su vagina estaban completamente desbordadas, conteniendo tanta cantidad de mi fluido espeso que este continuaba brotando de su cuerpo en pequeños hilos calientes que manchaban el sillon.
— Mírate, Alexis. Totalmente sellada. Ya no queda nada del tipo que entró por esa puerta, ahora eres mía, una propiedad permanente. Le dije con un tono frío, dándole una última nalgada sonora que hizo eco en la habitación y dejó su piel marcada por el golpe.
— Ah... Amo... ya no puedo más... me rompiste entera... Balbuceó ella contra la almohada, con los ojos entreabiertos y la mente en blanco, totalmente incapaz de articular una frase coherente ante el peso de su nueva existencia.
Me levanté despacio.
El castigo por lo que le había hecho a Olivia estaba cobrado, pero al verla allí tirada, rota, húmeda y completamente dependiente de mis órdenes, entendí que esto no era el desenlace de una venganza.
Esto no era el final de nada, era apenas el primer día del resto de su vida como mi juguete definitivo.
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¡El presumido de Alex es historia! Ahora Alexis es mi puta permanente, quebrada, chorreada y totalmente adicta.
Después de usarla para destruir el orgullo del semental arrogante que se burlaba de Olivia y de tantas otras minas, este proyecto de mujer entendió que no hay vuelta atrás.
Llegó creyéndose el dueño del mundo, pero su hombría quedó sepultada bajo el peso de mi Transmutación; ahora se queda ahí tirada en el sillon, con las piernas temblando, el rímel corrido y las marcas de mis chirlos en la cola.
Mientras sus conocidos se preguntan dónde carajo se metió el tipo canchero que conocían, Alexis cierra los ojos y revive cómo la garcho duro sobre la mesa y el sillon, sintiendo mi verga abrirle el culo y la vagina hasta dejarla balbuceando sin poder pensar.
Sabe perfectamente que su nueva anatomía fue diseñada por y para mi placer, y que su única función es ser el juguete de su Amo.
Ella me ruega entre lágrimas que no la suelte, me pide por favor que la siga rompiendo y llenando con mi semen hirviente mientras su mente hace cortocircuito, entregada por completo al placer prohibido, clandestino y degradante de haber sido destruida para volver a nacer como mi perra oficial.
Si quieren ver a Alexis sucumbir totalmente a su nueva realidad y ver cómo empieza la verdadera educación de mi nueva mascota... ¡Quiero ver esos puntos y comentarios explotando!
Si este post explota y me demuestran que son adict@s a este contenido de categoría GENDER BENDER, seguiré sacando más historias de este estilo y subiré la segunda parte con Alexis.
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Anterior Relato:
Beatriz: La Mama Del Nerd:
https://www.poringa.net/posts/relatos/6330602/Beatriz-La-Mama-Del-Nerd.html
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Próxima Relato:
(Próximamente)
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Anterior Mandamiento:
Mi Mandamiento 2:
https://www.poringa.net/posts/gif/6331669/Mi-Mandamiento-2.html
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Próximo Mandamiento:
Mi Mandamiento 3:
(Próximamente)

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